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Investigación finalizada el 18 de Enero de 2009

Titulo

“El duelo y sus señuelos en la migración


Un estudio Cualitativo del duelo y su elaboración en familias de emigrantes de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra Bolivia”

Nombre de las autoras

Fabiana Chirino Ortiz

Maggie Jaúregui Ortiz



Cargo

Psicólogas Investigadoras del PIEB (Programa de Investigación Estratégica en Bolivia)

Correo electrónico


fachirino@gmail.com

m_jauregui@hotmail.com

Teléfono

(591) 700-89777 / (591) 3390- 0194

(591) 708-40430


FICHA DE IDENTIFICACIÓN DE TRABAJO Y AUTORAS


“El duelo y sus señuelos en la migración”

Un estudio Cualitativo del duelo y su elaboración en familias de emigrantes de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra Bolivia


A modo de Introducción
La emigración es una temática que en tiempos recientes ha empezado a llamar la atención de las distintas disciplinas e instituciones, tanto por la creciente ola migratoria, como por los efectos que se empiezan a “sentir” en los que se quedan. Mas, si de sentir se trata lo más evidente y llamativo son las manifestaciones de dolor, vacío y conflicto afectivo en las familias locales, lo cual nos remite al duelo migratorio, sus procesos, recursos e impasses.
En Bolivia, la emigración ha dejado vacíos, a nivel de los sistemas e instituciones, familiar, educativa, social y productiva generando crisis y desestabilizaciones que han requerido y aún requieren de habilidades para afrontar las pérdidas e iniciar un proceso de reorganización. Es por ello, que el presente estudio cualitativo centra su interés en el duelo migratorio en las familias de la Ciudadela Andrés Ibáñez, en la zona urbana de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, y las construcciones religiosas que las familias de personas emigrantes generan como soporte a la elaboración del duelo.
Nuestra investigación aporta a la comprensión de la dimensión más sensible de la emigración, el sufrimiento de los hijos, hijas, madres, padres, esposos y esposas que se quedan. Sin embargo, la propuesta apunta a un reconocimiento del proceso, de los impasses en él, pero principalmente de los recursos o habilidades que cada familia y sujeto en su particularidad construyó para enfrentar la separación, resignificar la pérdida y establecer nuevos, y más profundos vínculos con los que aquí ya no están, pero que persisten en su subjetividad y afectividad. Por ello desde un enfoque de la complejidad de la migración, duelo y construcciones religiosas, proponemos una lectura de las trayectorias en la elaboración del duelo y las huellas migratorias que dejan.
Este documento forma parte de la investigación titulada “Huellas Migratorias: Duelo y Religión en Familias de personas emigrantes del Plan 3000 en la ciudad de Santa Cruz, Bolivia” fue realizada en el marco institucional del Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB), que junto a El Defensor del Pueblo, Pastoral de la Movilidad Humana auspiciaron 7 investigaciones sobre los efectos de la emigración transnacional en las comunidades de origen. El presente documento es parte del informe final de investigación presentado a estas instituciones para dar cuenta de los resultados del estudio cualitativo realizado durante los meses de Julio del 2008 a Enero del 2009.

  1. La Separación Afectiva en la Emigración

La emigración es un proceso en el que una persona se separa temporal o definitivamente de las personas amadas, de la patria, de la vida y de los lugares y relaciones que forman parte de su cotidianeidad. Es por lo tanto un momento que marca un antes y un después, generando cambios en la dinámica de las personas que se van y de las que se quedan.


Partir requiere de la capacidad de dejar a los que se ama, de soportar la pérdida de una vida que en muchos casos se creía garantizada, o iniciar una nueva vida, emocionante o enigmática. En todos los casos, la pérdida desencadenará un proceso de reorganización afectiva que se denomina duelo. El término duelo, proveniente del latín duellum, significa guerra, combate; lo que nos remite a un “conflicto o pelea entre dos, a consecuencia de un reto o desafío” (RAE; 2001).
Así, el duelo implica un conflicto entre dos aspectos: entre el deseo que retener lo perdido, de retornar al lugar de origen, y el deseo de conocer, crecer y cumplir metas. Es un conflicto entre lo que se deja y lo que se quiere lograr, entre el yo y el objeto, entre la realidad vivenciada y la deseada. Es un combate entre dos fuerzas que después de la lucha deberán dar paso a un reequilibrio o adaptación del sujeto a la nueva situación. Sin embargo este proceso no está exento de sentimientos de dolor, lástima o aflicción, lo que nos conduce a otra de las acepciones del duelo, dolor (Del lat. dŏlus, por dolor) (RAE; 2001).
La vida es un continuo de uniones y separaciones, de construcción de vínculos y la disolución de los mismos. Sin embargo, cada partida es interpretada de manera particular; como una pérdida o como una momentánea separación, aspectos que fueron registrados en los dichos y en el decir de las personas que participaron de la investigación.

    1. La partida del ser querido: Separación

En la emigración, la partida del ser querido inicia un proceso de separación que revivirá situaciones similares de la historia particular de cada sujeto, dado que la construcción de vínculos afectivos con otro, implica un proceso dialéctico de alienación- separación.


Desde la teoría psicoanalítica lacaniana, la alienación nos remite, al estado de desvalimiento inicial del ser humano, quien desde su nacimiento depende de Otro para sobrevivir. Por su parte, este Otro1 (madre o sustituto materno), responderá o no, desde su deseo a la demanda de este infante, satisfaciendo sus necesidades, amparándolo y/o protegiéndolo, de allí que éste queda sujetado (sujeto) en posición de dependencia con respecto a este Otro de quien espera no solo objetos de satisfacción sino también palabras y mirada, en la búsqueda de ser amado (Lacan; 1993).
Sin embargo, la relación con el Otro está marcada por el desencuentro, dado que el niño ni puede dar, ni recibir todo de este Otro, que en algún punto puede faltar o fallar, dando lugar a la separación que genera angustia y se traduce en preguntas como ¿qué desea el Otro? ¿Qué soy para el Otro? ¿qué quiere de mi? ¿Quiere mi pérdida? (Polaco; 2007). En la trayectoria individual de cada sujeto, esta separación será resignificada a posteriori a partir de nuevas experiencias de separación, como en el caso de la emigración de los padres, donde cada hijo/hija responderá de manera particular.
En la investigación realizada con familias de personas emigrantes, realizamos entrevistas con niños y adolescentes, en quienes se evidenció que la angustia se asocia a la indefinición del deseo de los padres, cuando se marchan sin comunicación previa, como ocurre con Daniel cuya madre se va a España sin decirles nada: “Y entonces yo me fui al colegio y volví… no estaba ella” (EF11.D. Carlos Daniel 10 años), o como refiere otro niño de 7 años que comenta: “Vamos al aeropuerto me dijo, y cuando fui allá, ya mi mamá estaba viajando…” (EGN6) y con Gabriela donde la madre “…de un día para el otro, me voy a ir, dijo”. (EF3.B Gabriela 17 años).
En los relatos de otros adolescentes y niños, encontramos que los padres viajan pero no regresan en los plazos anunciados, generando angustia y sentimientos ambiguos, como en Emerson de 12 años, cuya madre está en Argentina hace 7 años y no ha definido cuando regresar: “Yo no sé que hace mi mamá allá lejos” (EGP.8). También lo comenta una niña en otra entrevista grupal “Ella dice que va a venir, pero no se sabe que quiere. ¿Para qué se queda tanto?” (EGN: 3).
Para J. Bowlby (1990) la separación es una vivencia subjetiva dolorosa, que en circunstancias ambiguas o conflictivas puede producir un “derrumbe afectivo”, que se manifiesta de diversas maneras, desde la tristeza, el llanto o el aislamiento y silencio. La experiencia de Cinthia refleja lo señalado: “Uuuh! harto nos sentimos mal un tiempo, yo lloraba y ellos se ponían a llorar (los hermanos menores)… tuvimos un buen tiempo así, ya no teníamos ganas ni de comer, ni de ir a la escuela…” (EF2.C: Cinthia 19 años). La tristeza como una sensación de soledad, desencanto se expresa en el llanto o en el cuerpo, en el decaimiento y dolor físico que es manifestación de la conmoción afectiva, que no se puede soportar.
Por que cuando se fue me sentí triste” (EF11.D. Carlos Daniel 10 años).
Me acuerdo cuando fuimos al aeropuerto nos despedimos y se fue, lloré hartísimo” (EF10.E Brayan 13 años).
Ella se despidió… chau papitos, me voy a trabajar, ellos se fueron al colegio…. (Llora) a mi me dio mucha pena los extraño harto… le pido a Dios que me de fuerzas, hasta que ella llegue…” (EF11.A Eliza 70 años).
Cuando se estaba yendo pucha nos sentíamos muy triste, me acuerdo una noche antes de irse nos echábamos y esa noche no pudimos dormir… fue muy difícil” (EF12.A Aracely, 28 años).
La separación y las vivencias subjetivas asociadas, variarán de acuerdo al vínculo que se haya construido con la madre o padre ausente, de modo que dolerá más la partida de la madre, si con ella se sostuvo una relación de apego y dependencia afectivas importantes, como refiere Cinthia: “…yo nunca me había separado de mi mamá, en las buenas, en las malas, siempre estuve con mi madre” (EF2.C. Cinthia 19), relación de apego que también se registra en Karina quien refiere sentimiento de tristeza frente a la ausencia de la madre, figura significativa en su vida y en la de sus hermanos menores, así lo expresa: “Hemos compartido mucho, cuando se han ido tristeza por los niños que dejaron porque eran muy pequeños” (EF13. Karina 21 años). De modo que un vínculo menos estrecho genera a partir de la separación menos angustia y tristeza, como en María José, que comenta “No, no me sentí triste porque no paraba mucho con nosotros porque ella trabajaba todos los días, en la noche, en la mañana” (EF10.C María José, 11 años).
Pero así como algunos niños reaccionan con llanto y tristeza, otros manifiestan su mal-estar a través del enojo o rabia por la madre o el padre que los “dejó”, es lo que le sucedió a Elmer, hermano de Cinthia: “Él harto se enojó, estaba enojado con mi mamá, yo le dije “no te enojes…” (EF2.C Cintia, 19 años).

    1. La pérdida Ambigua: Ausencia Presente

La pérdida de una persona amada constituye una de las experiencias más penosas por las que un ser humano puede pasar. Y no sólo resulta penoso sufrirla sino que también ser testigo de ella, aunque sea porque nos sentimos impotentes para brindar ayuda (Bowlby; 1983: 31).


Sentir la partida de una persona amada como una separación, no es lo mismo que vivenciarla como una pérdida, ya que en éste caso la sensación de abandono y soledad es más profunda y la posibilidad de restablecer lazos, más compleja. Bowlby (1983) plantea que para comprender la pérdida afectiva, es necesario remitirse al vínculo que se establece con el objeto amado perdido, ya que no se experimenta pérdida alguna, sino es frente a un objeto con el que se ha establecido un vínculo afectivo de apego. Para este autor, a la pérdida de la figura de apego sobrevienen conductas de protesta y esfuerzos por recuperar el objeto, que luego son sustituidos por la “desesperanza y desdicha inenarrable” (Bowlby; 1983: 33).
Esta sensación de desesperanza y de desdicha es considerada como parte del malestar de vivir en la cultura, ya que la vida en sociedad y el lazo afectivo con el otro enfrenta al sujeto a procesos de unión y separación dolorosas. De allí que Freud anotará tres fuentes de sufrimiento en el ser humano: “la supremacía de la naturaleza, la caducidad de nuestro propio cuerpo y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el estado y la sociedad” (Freud; 1999b: 31), siendo las relaciones humanas de dependencia afectiva, las que generan mayor sufrimiento, en tanto están sujetas a encuentros, desencuentros y pérdidas.
En efecto: jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos, jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor… (Freud; 1999b: 37)
En los datos generados se escuchó la asociación de la partida de los padres con la pérdida. Sin embargo, se trata de una pérdida ambigua en tanto los padres existen, no se han perdido en lo real, pero sí en lo simbólico, como figuras de protección, amparo o regulación normativa, donde “la pérdida es confusa, incompleta, o parcial, es útil para entender la pérdida del inmigrante” (Boss; 1999:8 en Falicov; 2007). Boss, considera dos tipos de pérdida ambigua, una donde la persona está “físicamente ausente pero psicológicamente presente [y otra donde] un miembro de la familia está físicamente presente pero psicológicamente ausente” (Boss; 1999: 10, en Falicov; 2007), en ambos casos esta pérdida es dolorosa y desencadena un proceso de duelo, que movilizará recursos subjetivos (cognitivos y afectivos) en los familiares que se quedan.
La emigración representa ambos tipos de pérdida ambigua simultáneamente. Por un lado, la gente y los lugares queridos están físicamente ausentes, y al mismo tiempo, están agudamente presentes en la mente del inmigrante. Por otro lado, la nostalgia y el estrés de adaptación pueden dejar a algunos miembros de la familia psicológicamente ausentes, aún cuando se hallen físicamente presentes. En las entrevistas se registraron casos donde la emigración de los padres se vivencia como una pérdida ambigua, que enfrenta a los niños y adolescentes a la presencia – ausencia de los mismos y a sentimientos ambiguos de amor, extrañamiento, pero también de ansiedad, enojo, decepción, como en Benjamín (14 años), quien interpreta la ausencia del padre como un abandono y “olvido” de su familia “...es una decepción lo que sentí yo, o sea… bueno, eso es lo que yo siento, ¡a ver!… tanto tiempo acá y olvidarse… nooo!!!” (EF8.A Benjamín, 14 años).
Esta sensación de pérdida está asociada a lo que los niños y adolescentes pierden con la partida de los padres, protección, atención, ayuda o consejo. Esto es referido por Carolina, quien considera que ya “no tengo ni a mi padre ni a mi madre” (EF1.A), y otra adolescente de 16 años que escribe en una nota a su madre en España: “Ahora ya no es lo mismo puesto que no tengo ni tenemos a mi madre para que nos ayude y nos brinde amor, claro está que lo tenemos a mi padre pero no es lo mismo un padre que una madre” (NE.40). Mientras que para Benjamín la vivencia resulta más intensa y conmovedora ya que la partida de los dos padres significa la pérdida de todo:
I: y cuando se fueron los dos…?

B.: No, ya de ahí ya perdimos todo (EF8.A Benjamín, 14 años).
En otros casos la pérdida ambigua del ser querido evoca el temor por la muerte, como una amenaza real frente a la re-unión anhelada, que revive el temor infantil frente a la muerte de los padres y al desamparo inicial del ser humano. En el caso de Bernarda, cuyas hijas han emigrado a España, la pérdida es vivenciada intensamente generando un deseo de morir frente a la falta insoportable.
Uju, era uno capaz de morirse al principio. Digamos, porque uno está acostumbrado a que siempre están con uno, o salen a trabajar y siempre ellos llegan. Uno extraña su llegada” (EF10.A Bernarda).
Mientras, que las notas de dos jóvenes a sus familiares en España dan cuenta de la angustia por la muerte del emigrante y la imposibilidad del reencuentro. Transcribimos:
Después de perder un padre es difícil perder otra persona que trató de llenar ese vacío que alguien deja, para que nuevamente tú, tío querido, te vayas lejos de tu país y de tu familia, regresa con vida y pronto por favor, no quiero perderte a ti más” (EIC7).
Tías queridas, vuelvan pronto a cuidar a su madre, ella está en un mar de soledad, NO ESPEREN A QUE SE MUERA (la mayúsculas son de la sujeto) para demostrarle cuanto la quieren, los detalles de AMOR se demuestran en vida” (EIC8).
Así, la emigración puede considerarse como una experiencia en la que se producen pérdidas de tipo real, o ideal que dejan en los sujetos un vacío y sensación de dolor, que en muchos casos se compara con la muerte, más aún cuando se trata de una pérdida de algo que no termina de partir, pero no concluye de llegar, generando un conflicto interno entre la retención del objeto y la separación definitiva, que caracteriza al duelo.

    1. El antes y después: Narraciones gráficas

Cuando se observan los dibujos, se ven transmitidas cosas que ellos jamás habrían podido verbalizar aunque hubiesen podido conciencializar algunos de los sentimientos que los afectaban (Hammer; 1992: 21).


El dibujo es considerado como un medio de proyección, a través del cual se manifiestan aquellos aspectos que permanecen acallados por el sujeto, debido a la angustia que provocan, o por ser desconocidos por el mismo. Por lo tanto, el dibujo se constituye en una técnica de generación de datos que posibilita capturar aquellos aspectos de la subjetividad y de la vivencia interna de los niños, que a través de la palabra no pueden ser expuestos. Más aún frente a personas extrañas a su cotidianeidad. De allí que propusimos a los niños y niñas participantes de la investigación, dividir una hoja en dos para dibujar en una de las partes cómo ellos se sentían antes de que sus padres emigraran, y cómo se sienten ahora

El análisis de estos dibujos retoma dos vertientes, la de la forma y la del contenido, en tanto los dibujos pueden ser tratados como textos, material simbólico que puede ser interpretado. Al respecto, Hammer (1992) señala la ventaja de los dibujos y la pintura, en tanto permite la objetivación de las dificultades inconscientes con mayor facilidad que el discurso. En cuanto a la forma, que incluye tamaño, presión y ubicación, Hammer, dirá “la línea utilizada puede ser firme o tímida, insegura o atrevida, o puede consistir en una manipulación de salvaje raspado hasta perforar el papel” (Hammer; 1992: 43), lo que dará cuenta de los aspectos subjetivos que se movilizan al dibujar una situación o a las personas que en ella están involucradas. Mientras que el contenido incluye a los objetos, las personas, las situaciones dibujadas, tanto como las omisiones, que además dan cuenta del modo en que los niños construyen su realidad. Entre los dibujos realizados por niños y niñas cuyos padres se encuentran en el exterior, se seleccionaron aquellos que muestran con mayor claridad la simbolización de los aspectos subjetivos relativos al duelo. Uno de ellos es realizado por Fabiana de 6 años (NG4) quien dibuja:



Antes: Una casa, con tres personas en su interior, una madre y dos hijas sonrientes, que según el relato “están en la casa juntas” y tiene un árbol con 6 frutos. La ubicación del dibujo en la parte superior, da cuenta de una situación idealizada correspondiente a la fantasía o al recuerdo.

Después: La despedida de la madre. Tres personas, las dos niñas y su tía (actual tutora), que se encuentran observando un avión, donde va una sola persona: La madre. Aquí la casa aparece en color amarillo, y más pequeña, mientras que el mismo árbol está junto a la casa con sólo 5 frutos, lo que evidencia el registro de la falta, ya que ahora falta un elemento, representado en el segundo dibujo con una flor grande. En este caso, la falta de la madre es un elemento que angustia a la niña que dice “mamita volvé que te extrañamos”. Sin embargo es un caso donde se ha elaborado de alguna manera la separación, dando cuenta de un momento actual donde la niña cuenta con un soporte familiar que la contiene “una casa, un árbol y una tía que forman parte de su hogar”.

En el dibujo de Julio César de 7 años (NG1), los dos dibujos muestran una secuencia. En el primero un niño acompaña a su madre hacia la flota que la llevará a la Argentina. En el segundo dibujo, el niño está solo, encorvado mira el suelo, despidiendo a su madre que se va en bus. Es un dibujo que a nivel de la forma muestra un tamaño pequeño que expresa sentimientos de inseguridad e indefensión. Por otro lado, el bus que se va, hace referencia a la partida de la madre, ausente en el segundo dibujo. “ahora está solito porque su mamá se fue en flota”. La vivencia subjetiva de este niño se diferencia de la primera, en la medida en que después de la madre, para este niño no queda nada, se encuentra solo, ya que no se registra ninguna referencia a una constelación familiar donde se inscriba.
Un tercer dibujo que muestra con claridad la soledad y dolor vivenciado frente a la partida de la madre, es el elaborado por Luis Fernando de 8 años (NG14).


En el dibujo, correspondiente al Antes hay un niño abrazado de su madre, en un lugar de verdes pastos y nubes celestes, alrededor de la madre y el niño abrazados flotan corazones que dan cuenta de afecto expresado entre ambos, mientras otro niño pequeño demanda la atención de la madre extendiendo sus brazos en su dirección. Se trata de una situación real o fantaseada, vivida o anhelada que se ubica en el tiempo pasado, donde el niño es objeto de deseo y atención de la madre, casi de manera exclusiva.


Mientras que después, el segundo dibujo muestra una situación desoladora, un niño sin brazos observa llorando a una mujer también sin brazos, que mira al frente, indiferente al dolor del niño. El panorama cambia, ya no hay ni pasto, ni nubes, hay poco color, y el trazo es grueso y desordenado, lo que da cuenta de angustia frente al contenido dibujado. Este dibujo es significativo para representar la sensación de soledad y abandono del niño frente a la figura de la tutora, que no logra sustituir a la madre ausente.
Otro dibujo que evidencia gran monto de ansiedad frente a la situación actual, es el de Gabriel de 12 años (NG32) que divide la hoja en dos partes desiguales. En la primera parte dibuja a un hombre y a una mujer que se encuentran enojados, con el brazo izquierdo extendido, sin que lleguen a tocarse, dice que “están peleando”, se ríe y luego dice: “mentira…están enojados nomás”. En el niño se evidencia que el chiste o la broma operan como mecanismo de defensa que le permite decir lo que siente, retractándose sin quedar involucrado afectivamente en los conflictos familiares representados en los dibujos.
En este primer dibujo, al fondo se registra una casa gris, de techo remarcado, que expresa conflictos a nivel familiar, mientras que el sol, referencia paterna, se ubica sobre el padre, dando cuenta de la necesidad de protección y amparo. Debajo de los padres, dibuja un niño pequeño “este es su hijo deforme….Mentira” y luego lo borra. Esto puede significar la angustia frente a los conflictos paternos y la ausencia de un lugar para él en la dinámica familiar. Ya que, en el caso de este niño la madre emigró a la Argentina hace 7 años, mientras que el padre vive con otra mujer y los hijos con la abuela paterna.
La angustia referida, se explicita aún más, cuando en el lugar de la actualidad, dibuja un monigote echado, frente a lo cual se le pregunta y responde “es un niño muerto”, pero luego lo borra y pone un signo de interrogación enmarcado y escribe: “no cé que ase mi mama alla”, lo que nos remite a la pregunta por el deseo del Otro ¿Qué quiere el otro?, ¿qué me quiere? ¿Quiere mi pérdida? (Polaco; 2005). Finalmente dibuja a un niño apuntando con un arma al padre, se ríe y borra el arma, para luego dibujar los brazos extendidos en señal de abrazo, evidenciando la ambivalencia afectiva del niño frente a los padres, a quienes parece reclamar el doble abandono.
Finalmente el dibujo elaborado por un niño de 11 años que no registró su nombre, muestra la percepción de un antes, con una familia unida, compuesta por el padre, la madre y un niño, al fondo se observa una iglesia, un árbol y un sol. Es la escena de un paseo familiar a la iglesia donde los miembros de la familia se ven alegres. Después el niño está solo, tiene el rostro de tristeza, lo que era una iglesia, ahora es una casa lejana, de puerta pequeña y ausencia de ventanas, representando la tendencia al aislamiento en situación de angustia. Ha desaparecido el sol, y el árbol ahora está pintado con fuerza, lo que evidencia conflictos a nivel del pensamiento, preocupaciones asociadas, muy posiblemente, a la ausencia de los padres. Persiste en el dibujo la sensación de soledad, mientras que la falta del sol y de la iglesia, pueden significar la pérdida de referentes paternos de amparo y protección.
Los dibujos, en tanto construcciones simbólicas, se asientan en el mecanismo psíquico de la proyección a través de la cual el sujeto expresa en un elemento objetivo (dibujo), aspectos de la subjetividad del mismo, que en el caso de estos niños hacen referencia a la vivencia subjetiva de pérdida, soledad, desprotección. Esta vivencia tendrá que ser elaborada y posteriormente resignificada, lo que implica lograr ponerla en palabras, aquella desconfiguración psíquica que trae la pérdida, y la desconfiguración de lo familiar, que ha dejado vacíos y ausencias frente a las cuales habrá que poder construir.




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