Familias y diversidad sexual en el departamento del atlántico, colombia ligia cantillo barrios1 Colombia, Universidad del Atlántico Resumen



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FAMILIAS Y DIVERSIDAD SEXUAL EN EL DEPARTAMENTO DEL ATLÁNTICO, COLOMBIA

LIGIA CANTILLO BARRIOS1

Colombia, Universidad del Atlántico



Resumen

Esta ponencia presenta el derecho de la diversidad sexual a tener familia propia en el departamento del Atlántico, Colombia. Pero estos no se cumplen plenamente, ya que social y jurídicamente prevalece en la cultura patriarcal y judeocristiana la impronta de la familia nuclear y monogámica, como modelo ideal, lo cual desconoce que las familias son dinámicas.

Introducción

El departamento del Atlántico está localizada al norte de Colombia, su población se ubica en la cosmovisión identitaría de la Gran Cuenca del Caribe, la cual es producto de la condensación multicultural, multilinguistica y multirreligiosa, que surgió del encuentro de la diversidad étnica, cultural, religiosa y de las migraciones constantes. En este sincretismo diverso se sostiene y reafirma la cultura patriarcal con su impronta heteronormativa, falocéntrica, penetrativa y reproductiva, presentándola como modelo ideal de la vida cotidiana. De esta manera, por esa conformación se normatiza la heterosexualidad como la razón válida de la sexualidad humana. Este expresar, también se observa en las acciones de la cotidianidad, en particular, en la forma de construirse el modelo de familia. Por tanto, la familia que no responda al patrón del trinomio matrimonio/heterosexual/monogámico se asume como “anormal” y por ello, se discrimina y excluye.



Descripción del tema

En el departamento del Atlántico, la diversidad sexual, la cual circunscribe, lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTBI), es excluida y discriminada socialmente, sobre todo cuando forman familias fuera del contexto de lo heterosexual. Por ello, las familias homoparentales, como uno de los modelos de familias más recientes, son discriminadas y excluidas en el departamento. Pese a que existe una normativa jurídica que les reconoce el derecho a formar familias propias, aún persisten muchas limitaciones.

No obstante, esta comunidad como movimiento social realiza acciones jurídicas y de movilización social para exigir el reconocimiento de sus derechos y su dignidad humana. Aunque se ha avanzado en la consecución de los mismos, pero la normativa jurídica no avanza al mismo ritmo que la cultura, y por ende, el logro de sus derechos es aún lento. De esta manera, todavía no alcanza la ciudadanía plena, en un Estado social de derecho como Colombia y en particular el departamento del Atlántico.

Objetivo

Identificar la limitación que tienen la diversidad sexual en el departamento del Atlántico de tener una familia propia, pese a que existe un bloque constitucionalista nacional e internación que la reconoce como un derecho fundamental, sin ningún tipo de exclusión.



Tesis principales

Las familias homoparentales tienen limitado sus derechos humanos en un estado social de derechos, porque la impronta de la cultura patriarcal y judeocristiana plantea lo heterosexual como “normal” y lo homosexual como “anormal”.

Las familias como construcción social se adecuan a las dinámicas sociales de tiempo y espacio. Pero se ha idealizado el modelo de la familia nuclear monogámica, lo cual limita el reconocimiento de otros tipos de familias.

Esta ponencia es parte de la investigación en curso: “La caracterización de la diversidad sexual en el departamento del Atlántico", que desarrolla la misma autora.



Desarrollo

La familia es el primer escenario individual o colectivo para vivenciar las diversas dimensiones humanas cotidianas. Es una construcción social dinámica adecuada a cada tiempo y espacio. Es un hecho universal: no existe un modelo único de familia y su característica es la diversidad. Es considerada la unidad básica de la sociedad por las importantes funciones socializantes que cumple para la formación de las nuevas generaciones. Es decir, es la bisagra que abre y cierra la vida pública y la vida privada de las personas.

En la actualidad, el modelo de familia nuclear monogámica ha sufrido cambios significativos, como producto de las nuevas dinámicas sociales que permean la cotidianidad. Esos cambios incluyen la valoración del rol productivo de la mujer al trabajo asalariado, el cual la condujo a su emancipación. Este hecho produjo transformaciones significativas al interior de la familia, entre ellos: los roles tradicionales femeninos y masculinos; el debilitamiento de la figura patriarcal paterna; la significación de la figura maternal y la relación con los hijos e hijas. Igualmente, el surgimiento del sentimiento, la afectividad y la compatibilidad en las relaciones conyugales y el proceso de individuación que reconocen la necesidad de asumir la vida y las acciones desde la individualidad, entre otros.

Estas trasformaciones de la vida familiar se contextualizan en un mundo globalizado que permea y afecta toda la vida humana. Así mismo, tal como los afirman las teorías sociológicas contemporáneas, estos hechos se suceden en el desenclave institucional (1997) y el mundo desbocado (2007) sustentado por Anthony Giddens, la disolución de los sólidos y la movilidad de los líquidos planteada por Zygmunt Bauman (2005), la tiranía de la intimidad de Richard Sennett (2005), la teoría del riesgo de Ulrick Beck (2006), la construcción de las subjetividades de Alain Touraine como tono central de la convivencia en el marco de la modernidad y el desastre de los afectos de Guilles Lipovetsky que presentan nuevas formas para la interrelación personal y social y por tanto de vida familiar.

Por otra parte, la sexualidad plantea la diferencia de lo erótico afectivo entre lo heterosexual y lo homosexual. La primera se asume como la forma normatizada y por tanto, socialmente aceptada e idealizada, mientras que la segunda, figura como “anormal” y excluida y discriminada. Sobre el tema se han planteado diversas teorías desde la interdisciplinaridad en esta ruta, Marcela Lagarde (2003), Judith Butler (2007) y Anthony Giddens (2008), afirman que la sexualidad está en todas las sociedades, se construye cultural y socialmente de manera normatizada. En ella opera el poder y lo económico; asimismo, ocupa un espacio central en la vida personal y que, además, no solamente se reduce a los impulsos biológicos. También, Lagarde (2003, 185), manifiesta: “En sociedades como la nuestra, la sexualidad está presente en todos los ámbitos de la vida y es el fundamento de muchos de ellos. (…) la sexualidad es elemento organizador y núcleo de la identidad de grupos que se constituyen en torno suyo, como los géneros, y de la autoidentidad de cada individuo”. En la misma línea, Platero Lucas (2012; 126,127) afirma, “La sexualidad no normativa engloba toda una serie de experiencias diversas tanto del deseo, la identidad y la filiación, que habitualmente se han señalado bajo el epígrafe homosexualidad”.

De esta manera, la homosexualidad o diversidad sexual es un concepto que surge con la declaración de las variadas manifestaciones de vivenciar lo erótico afectivo, fuera de la heteronormativo. Es una forma de evidenciar el ser “diverso” o “diversa”, ser diferente y desigual, y estar por fuera de lo que la sociedad patriarcal ha denominado como normatizado y aceptado socialmente. En este sentido, Jeffrey Weeks (2000), afirma que la diversidad abarca las sexualidades “plurales, polimorfas y placenteras” como la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad y el transgénero (travestis y transexuales) ya sea como identidades esencializadas o como prácticas sexuales sin carácter identitario. Es, según el mismo autor, un continuum de comportamientos en donde ninguno de los elementos tiene mayor valor que los otros.

La cultura de dominación masculina y judeocristiana incide sobre los efectos de la manera como se vivencia la diversidad sexual en el contexto y, en particular, en la región Caribe, ya que aquí, se espera que los hombres sean heterosexuales, proveedores, reproductores, padres con familia nuclear y religiosa. Mientras que las mujeres deben ser además de lo anterior, madres abnegadas, sumisas en función de lo doméstico y de la ética del cuidado de otros y otras.

De esta manera, trasgredir esa impronta del modelo heteronormatizada de lo erótico afectivo en una cultura con esta traza, es violentar la norma establecida. La sociedad se desquita a través de la estigmatización, exclusión y discriminación, las cuales se expresan por medio de la homofobia, lesbofobía, transfobía y bifobía. Este hecho se reafirma cuando se trata de la institución familiar, la cual goza de un gran valor simbólico como formadora de las nuevas generaciones pero claro está, según los estándares de la sociedad heteronormatizada. Para superar esta visión, se requiere cambiar la triada institucionalizada: familia-matrimonio-heterosexualidad, por otras relaciones vinculantes más abiertas, democratizantés e inclusivas

En el pasado, las familias se asumían como parte del ámbito privado y por ello, estaban por fuera de la órbita del Estado. En este sentido, carecían de un marco normativo que justificara su intervención en su vida privada. Al mismo tiempo, no se tenían en cuenta sus modificaciones, puesto que se consideraba que existía un solo modelo único de familia, la familiar nuclear monogámica. En la actualidad, la vida familiar forma parte de lo público y por ello, el Estado entra a intervenirla. De esta manera, se ha creado un marco jurídico internacional y nacional que la protege como institución social e igualmente, a sus integrantes.

Desde esta perspectiva en Colombia, según la Constitución Política de 1991 la familia adquiere relevancia constitucional y se considera destinataria de atención y protección. De esta forma, se reconocen los derechos inalienables de la persona y se considera esta institución como básica de la sociedad. En este sentido, se decretan toda una serie de normas jurídicas para el reconocimiento de ese derecho.

Por su parte a nivel internacional, el Artículo 16 º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos decreta: “los hombre y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución de matrimonio”. Igualmente, el Artículo 17º de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre de 1948, afirma que “toda persona tiene derecho a constituir familia, elemento fundamental de la sociedad y a recibir protección para ella”.

La normativa jurídica colombiana promulga el derecho de las personas a decidir sobre el deseo de tener o no una familia conyugal. Sin embargo, esto es válido solo en el marco de la concepción binaria hombre/mujer establecida por la cultura patriarcal y sacramentada por la ideología religiosa, que solo reconoce la familia heterosexual en lo social y lo jurídico. Esto no guarda concordancia con la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y los derechos humanos y los derechos sexuales y reproductivos. Por tanto, esta normativa jurídica colombiana tal como está planteada, es violatoria de los derechos de un gran sector de la población que no inscribe su identidad sexual en lo heterosexual.

En este sentido, la normativa excluyente para la homosexualidad sobre familia expresada en el Artículo 42º de la Constitución Colombiana, el Código Civil, la Ley 294 de 1996 y la Ley 1361 de 2009, han sido revisadas y replanteadas por la Corte Constitucional a través de la Sentencia T-572/09, cuando afirma: “conviene precisar que el concepto de familia no puede ser entendido de manera aislada, sino en concordancia con el principio del pluralismo. De tal suerte que, en una sociedad plural, no puede existir un concepto único y excluyente de familia, identificando a esta última únicamente con aquella surgida del vínculo matrimonial.”

De esta forma, la Corte Constitucional se aleja del concepto de la familia heterosexual y monogámica expresada en la Constitución del 1991 y del resto de normas que la reglamentan, al reconocer y proteger las distintas formas de familias, que las personas en el contexto deciden tener independiente de lo que establecen la normas jurídicas, sociales y religiosas, las cuales suelen estar alejadas de las nuevas dinámicas sociales y por ello, no responden a los nuevos imaginarios del mundo globalizado y tecnificado.

Este un estudio descriptivo y cualicuantitativo y las técnicas de investigación utilizadas son la revisión bibliográfica, encuestas (212); entrevistas (66) y observación directa. Tanto la población como el tamaño de la muestra son aleatorias ya que en el departamento no existen datos cuantificados sobre dicha comunidad. También porque no toda la población asume su identidad sexual en forma abierta.

Los resultados del estudio señalan, que esta población, en el contexto de acuerdos con sus intereses personales puede asumir su identidad sexual, ya sea en forma abierta o encubierta en unos o en todos los espacios de su cotidianidad. Es decir, a quienes lo hacen abiertamente en su vida cotidiana, a quienes solo lo hacen en unos espacios y otros en ninguno y por tanto, lo mantiene en la clandestinidad. Esto en razón a la estigmatización que sufre por el hecho de no tener una sexualidad normatizada.

Al realizar la caracterización de su identidad sexual se autodefinieron así: 46,7% gays; 32,4% lesbianas; 15,2% bisexuales (8,1% hombres y 7,1% mujeres); 4.7% transexual (3.3% hombres y 1.4%) y 1.0%. Esta identidad la definen en cualquier etapa de su vida, la cual puede identificarla en la niñez, la pubertad, la adolescencia y la juventud, y también es variable. En este sentido, Olga Viñuales (2006, 53) afirma: “cualquier identidad, incluso las que se construyen como sexualidad identidades, no puede ser monolítica u homogéneo. Las identidades nunca están acabadas”. Aunque, ya sea en cualquier etapa de su vida, asumir una identidad no heterosexual, generalmente les produce incertidumbre por la estigmatización sobre la homosexualidad en el contexto. Esto es considerado por Ricardo Llamas y Francisco Javier Vidarte (2001:133) quienes afirman que este es el exilio que sufre esta comunidad cuando abandona la heterosexualidad: “En últimas el exilio es la homosexualidad y su manifestación es el continuo sentimiento de incertidumbre y de las dificultades para vivir en ella. El exilio no es más que la vivencia cotidiana de cada gay y de cada lesbiana del mundo”

La población diversa estudiada está inscrita en un promedio de edad de 14 a 60 años. Su nivel educativo corresponde a todos ciclos de educación, desde la primaria, la secundaria, pregrado y hasta el posgrado. Igualmente, su estado civil, va de la soltería cruzando por la unión libre; casamiento y viudez, entre otros. Son de origen urbano y rural y se ubica en los diferentes estratos socioeconómicos en los cuales se divide el departamento (1 al 6). Igualmente, están vinculados a la actividad productiva formal o informal.

Para esta comunidad, su decisión de mantener su homosexualidad en forma abierta o encubierta, les generan ventajas y desventajas en lo personal y lo social. Aunque no hacerlo les suele negar su autorrealización plena, igualmente, hacerlo suele generarles exclusión y por ende discriminación en los espacios donde interactúan. De allí que a veces deciden por el ocultamiento como una forma de garantizar su estabilidad emocional y económica, en razón de que, descubrirse es estar propenso a la violación de su dignidad humana. De esta manera, el lugar donde más se le violentan es su propia familia; le siguen la calle, los centros comerciales, los centros educativos y el ámbito laboral. En este sentido, Olga Viñuelas, (2006, 75) afirma: “Las reacciones que puede tener la familia son diversas y van desde la plena aceptación pasando por los primeros días o semanas de sorpresas, hasta el exilio total de la casa y del parentesco”.

A pesar de que la familia es el espacio donde debería sentir más protección y seguridad por los lazos de consanguinidad y afecto que en ella se realiza, es precisamente el lugar más violentador, particularmente, esta exclusión, es la que más hiere y aísla en lo personal y afectivo. La misma se puede manifestar con el retiro del apoyo económico, desconocérsele e incluso con la expulsión del seno familiar. Es decir, se le abandona a su suerte. Sin embargo, existe un sector de la familia que asume la comprensión y protección, ya sea en forma total o parcial y son tolerantes con esa decisión, aunque no se muestran estar, totalmente de acuerdo. Igualmente, los otros tipos de exclusión afectan su dignidad humana y les hace sentir, inferiores debido al acoso social de que suelen ser objetos en cualquier espacio con tendencias homofóbica, lesbofóbica, transfóbica y bisfóbica. Estos hechos de exclusión son violatorios de sus derechos humanos. Sin embargo, así como existe la intolerancia, también hay tolerancia e inclusión en algunos espacios y sectores sociales.

La población diversa del departamento del Atlántico procede de la multiplicidad de familias que se consideran en la actualidad. Van desde la nuclear monogámica, pasando por las extensas, ensambladas y monoparentales, entre otras. Las mismas, según los resultados de las encuestas y las entrevistas, poco o nada han incidido para optar por una identidad sexual no heteronormativa.

En la identificación de su condición erótica afectiva, el 44,7% de esa comunidad se autoreconoce con pareja sexual y el 55,3%, dice no tenerla. De esa población con parejas, el 8,0% tiene formado una familia en la cual cohabitan formalmente de acuerdo con su querer y poder económico. De esta manera, viven independientes, con la familia de una de las parejas o en casa de amistades, entre otras. Quienes tienen prole, pueden convivir con su pareja e hijos e hijas de una de la pareja o de las dos parejas. Es decir, que las familias homoparentales en el departamento del Atlántico como en toda Colombia son una realidad de la vida cotidiana, indistintamente de la forma que elijan para realizar su cohabitación o si son o no son reconocidas jurídica o socialmente.

La realidad es que existen y cada vez son más numerosas. Su trayectoria en la formación, es que inicialmente, la pareja decide cohabitar conjuntamente, ya sea separadas o en la familia de una de las parejas o amistades. El hecho puede generar sorpresa o incluso rechazo y hasta conflictos pero con el tiempo, tanto las familias y el vecindario lo aceptan y se acostumbran. Cuando hay prole de alguien de la pareja, generalmente conviven en esa familia dentro de las relaciones familiares propias de cualquier ambiente familiar.

Según los resultados de este estudio, el 7.5% de la población de diversidad sexual tiene hijos e hijas biológicos como resultado de una relación heterosexual antes de decidir asumir su identidad no heteronormatizada. Algunos de estos padres o madres biológicas, como ya se dijo, en la actualidad, cohabitan con su prole al lado de su pareja del mismo sexo. Esto configura la vida familiar homoparental y monomaternal de hecho. Es decir, que existe un sector de la comunidad diversa en el departamento del Atlántico que vivencian la paternidad y la maternidad biológica afectiva en forma real en el marco de una familia diversa, con o sin legitimación estatal.

La formación de estas familias homoparentales y monomaternales de hecho, explica el porqué del interés de esta comunidad por el reconocimiento del matrimonio igualitario en Colombia. Los resultados señalan que el 80,5% está de acuerdo con que se legalice ese matrimonio, mientras que el 19,5% está en desacuerdo. Igualmente, los resultados frente a su deseo de disfrutar la maternidad y la paternidad, señalan que el 69,2% está de acuerdo y el 30,8% no está de acuerdo. Aunque ya existen quienes lo son de hecho. A la par, se consultó su percepción sobre si estaban de acuerdo o no estaban de acuerdo con la adopción a la comunidad diversa. Los resultados señalan que el 67,8% lo aprueba y el 32,2% no lo aprueba. La adopción en el país para esta población tiene unas restricciones, pueden hacerlo si una de la pareja es la madre o el padre biológico, lo cual presenta limitación de ese derecho.

Los resultados de la investigación señalan que, no es precisamente la familia nuclear monogámica el único modelo de familia que tiene las capacidades económicas y valores para la adopción. Dado que el asumir una identidad sexual distinta a la heterosexual, no guarda relación con el modelo de familia de origen ni de crianza. Tal como lo señala la presente investigación el mayor porcentaje de esta población diversa (56.6%) procede de familias nucleares monogámicas y el resto, el 20.5% monomaternal; 1,9% monopaternal; 4.6% familia ampliada; 3,8% familia recompuesta con padrastro y 1,0% familia recompuesta con madrastra; 1.2% otro tipos de familia y 0.4% adoptado. Estos resultados muestran que tipo de familia poco o nada incide en tomar la identidad sexual. En el mismo, sentido, Eva Buil, Estrella García‐Rubio y otras (2004:95) afirman que la mayor influencia en la crianza de hijos e hijas es el adecuado desarrollo psicológico y la falta de conflictos familiares más que el sexo de sus padres o madres, para la definición de la orientación sexual, dado que no se establece diferencias entre madres/ padres homosexuales y madres/padres heterosexuales, en razón a que lo que tiene mayor relevancia en sus vidas a la paternidad más que a su orientación sexual.

Esta investigación muestran que arrogarse una identidad sexual distinta a la heterosexual, guarde poca relación no solo con el tipo de familia, también, con las relaciones que se entrecrucen en su interior, tales como: las condiciones del ambiente familiar, poca o mucha autoridad y quién la maneja; si recibió o no recibió afecto; si sufrió o no violencia intrafamiliar; si fue o no fue abusado sexualmente en la infancia; si tuvo ausencia o presencia del modelo patriarcal o maternal; el lugar que ocupe en el número de hermanos o hermanas; si procede o no procede de una familia numerosa o es hijo único o hija única; si estuvo en un ambiente masculinizado o feminizado; si fue subestimado o no; y si creció en un espacio de mimos o sobreprotección o no, entre otras. Esto en razón, a que suele encontrársele relación a la identidad sexual con alguno de estos hechos. Sin desconocer que estos factores pueden incidir pero no son determinantes para ser homosexual, tal como lo muestra los hallazgos de esta investigación, cuando en la población estudiada ninguna de esos causas pueden identificarse como factores determinantes para la identidad sexual diversa.

Sin importar cuál es la causa para definirse lesbiana, gays, bisexual y transexual, las cuales pueden ser múltiples, lo que importa es que existen como sujetos de derechos y por tanto, es responsabilidad del Estado y la sociedad reconocerles sus derechos plenos y legítimos. Es decir, la normtización social de lo heterosexual que excluye la homosexualidad no es razón ni jurídica ni social para que se prescinde a este sector de la población por tener una identidad sexual no generalizada. En este sentido, Ángel Luis Morato (2006), afirma que nacemos en un mundo donde las creencias y actitudes institucionales naturalizan la heterosexualidad como “normal” y la homosexualidad como “anormal”.

La sociedad y el Estado requieren develar otras formas más incluyentes y democráticas de socialización que presenten otros estereotipos y arquetipos de personas sin rótulos específicos, que les limita su desarrollo integral. Importa humanizar la sociedad con gente que esté en capacidad de ser agentes de cambio y de trasformación social. De esta manera, puedan adaptarse con el devenir histórico del presente y futuro, y así, se les garantice a las generaciones futuras mejores condiciones de vida en la inclusión.

Desde esta perspectiva, cualquier tipo de familia puede asumir la responsabilidad de formar y educar niños y niñas sanas y aptas para integrarse positivamente en la sociedad, siempre que se le brinden las condiciones óptimas para su desarrollo integral físico y mental. Porque si el modelo de familia nuclear monogámica es el ideal, ¿cómo se explica qué la población en estudio procede el más del cincuenta por ciento (56.6%) de ese modelo?. Si este modelo de familia es el ideal para evitar la homosexualidad, ¿cómo se explica que la población en estudio su familia de origen mayormente es heterosexual? y ¿Por qué seguir apegado a un modelo de familia como la ideal para el mantenimiento de la estabilidad social y en particular, como referente de la sociedad heterosexual, si en su interior también, se genera la homosexualidad?.

En este sentido, es necesario que tanto la norma jurídica como la sociedad heteronormatizada develen y acepten que las familias como constructo social son cambiantes y se acomodan a sus tiempos y espacios. De esta forma, en una sociedad tan variable como la actual y con tendencias más democratizantés, la institución familiar debe adecuarse a las necesidades sociales para evitar la exclusión de un sector social con derechos. Dado que este hecho de no reconocimiento de las familias a la diversidad sexual, repercuten su estigmatización y exclusión.

Conclusiones

El modelo de familia como las características de su ambiente familiar poco o nada inciden para definir la identidad sexual, ya sea heterosexual u homosexual, según lo señalan los resultados de la población en estudio. .

Las familias homoparentales son una realidad en el departamento del Atlántico pese a que se les limite sus derechos. De esta manera, están de acuerdo con la aprobación del matrimonio igualitario, la maternidad, la paternidad y la adopción como derecho fundamental.

La comunidad diversa en el Atlántico para la reivindicación de sus derechos tiene varias organizaciones sociales, las cuales confluyen en representatividad en la Mesa LGTBI. Esta les permite interactuar con las entidades públicas, organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil y otras.

Se requiere readecuar todos los estamentos de la sociedad sobre la necesidad de formar sociedades inclusivas, como una estrategia para responder a las exigencias de las nuevas dinámicas sociales. De esta manera, construir nuevos imaginarios sobre la inclusión de las minorías sociales a su derecho a tener derechos.

Las políticas públicas sobre la diversidad sexual en el país y el departamento del Atlántico deben diseñarse no solo para atender las necesidades específicas de la comunidad, sobre todo, para generar procesos de no discriminación y exclusión a un sector social fuertemente vulnerado por el solo hecho de responder en lo erótico afectivo en forma distinta a lo heteronormatizado.

Se requiere que la comunidad académica, investigue las diversas manifestaciones y significados de la diversidad sexual para de esta manera, direccionar rutas de intervención social que garanticen una vida digna a una población violentada por su condición sexual.

La humanización de la sociedad requiere resignificar formas más democráticas e incluyentes que valore la persona como centro de las necesidades sociales y sin ningún tipo de exclusión para lograr la armonía cósmica que se necesita y encontrar la felicidad como principio integrador de la vida deseada.



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1 Socióloga, Especialista en Género Planeación y Desarrollo; Maestría en Estudios Políticos y Económicos. Coordinadora de la Maestría estudios de género y violencia intrafamiliar, Docente- investigadora, integrante del Grupo de Investigación: Mujer, Género y Cultura. Universidad del Atlántico, Barranquilla, Colombia.

Catálogo: acta -> 2015 -> GT-08
GT-08 -> Congreso alas costa rica 2015
2015 -> El cambio en el sistema de admisión de la Universidad Nacional de Colombia: un estudio de caso de la Facultad de Ciencias Humanas Brayan Alexis Rubio Fonseca
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