Familia anormal



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FAMILIA ANORMAL
Juan Pérez Cobacho1

autor de la Agenda Estudiantil Convivencia Diaria.



E-mail: juan.perez@murcia.es

“Esta familia no es normal”, decía una vecina. Seis hijos, todos estudiosos, trabajadores y equilibrados, que forman sus propias familias y mantienen el mismo esquema de convivencia de nietos y bisnietos con pleno entendimiento del “uno para todos y todos para uno”. Dice el refrán que en todas partes cuecen habas, pero a ellos les salen los michirones directamente”.
Puede parecer algo mágico, pero todo tiene su explicación y trabajo. En este caso, se ha conformado un grupo de 30 personas siempre dispuestas a solucionar cualquier problema, no sólo intrafamiliar sino a cualquier persona que lo requiera. Su lema: “hacer el bien atrae el bien”. Celebran, conjuntamente, todos los santos, cumpleaños y fiestas significativas, porque el contacto facilita la unidad, la comprensión y el entendimiento.
Efectivamente puede parecer algo extraño, sobre todo si tomamos como referencia los guirigáis televisivos y las noticias de revistas que presentan en todas las casas ciertas actitudes como referentes de normalidad. Pero eso es lo anormal, porque si los “mindundi” fueran la mayoría natural, esta sociedad estaría volviendo hacia la selva.
Sin embargo, existen miles de familias que actúan positivamente y, gracias a ellas, funciona el sistema en que vivimos; lo que ocurre es que eso no es noticia. ¿Cómo podría desarrollarse esta sociedad nuestra sin buenos arquitectos, técnicos, ingenieros, médicos, periodistas, profesores, informáticos, administrativos y un largo etcétera de profesionales que disponen de excelentes conocimientos y cumplen con sus obligaciones laborales?. ¿De dónde salen los mejores profesionales?. Detrás del éxito de un buen estudiante siempre hay una familia responsable. El aprendizaje implica esfuerzo por parte del joven, motivación del profesorado y empuje constante de la familia organizada. A cuanto sucede en el aula y en la vida no es ajena la familia.
El apoyo de los padres es un trabajo ímprobo pero necesario e imprescindible. Tienen que ayudar a sus hijos a crear hábitos positivos, a ser personas capaces de respetar y ser respetadas. Asistirles en el desarrollo intelectual y en la construcción de una personalidad equilibrada, dispuesta para afrontar las dificultades y dominar sus propias tendencias hacia el mínimo esfuerzo, mediante el planteamiento de retos y afán de superación.
No es fácil inculcar la ilusión por el esfuerzo y el trabajo bien hecho, pero estas muchas familias “anormales", de que estamos hablando, lo consiguen día a día con las herramientas que pueden disponer hasta los hogares más pobres: educar los sentimientos, la sensibilidad, el respeto, el deseo de superación y el cumplimiento de las normas de convivencia con cariño y humor. En síntesis: hacer personas responsables. Cuando se quiere se puede, se busca la orientación necesaria y se obtiene la recompensa. Familias especiales, sí, pero más abundantes de lo que pueda parecer.
La entrega de los padres a la formación de los hijos sí que es una fórmula mágica. Implica un desgaste, pero consigue la más dulce recompensa por el esfuerzo de la vida cuando Noelia, con 19 años, dice a sus padres: “Nos habéis educado muy bien”. Es la mejor herencia.



1 Juan Pérez Cobacho es Doctor en Psicología, profesor en la Universidad de Murcia, Inspector de Educación y Asesor Pedagógico del Consejo Escolar de la Región. Es autor de varios libros universitarios y de la Agenda Estudiantil Convivencia Diaria. E-mail: juan.perez@murcia.es



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