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CAPITULO 2
LA MEDICIÓN, LA EVALUACIÓN Y EL DIAGNÓSTICO EDUCATIVO Y PSICOLÓGICO: UN REPLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
Todas las ramas del saber científico incluyen, de una u otra forma, los aspectos relacionados con la teoría y la práctica de la medición; sin embargo, no creo que en otras ciencias este problema haya sido tan polémico como en la Psicología, la Pedagogía y demás ciencias sociales. Intentaré realizar algunas reflexiones sobre las razones históricas que, a nuestro juicio, constituyen la causa de esta situación; aunque también nos detendremos a exponer la importancia que posee la medición para el desarrollo de cualquier ciencia y en particular para las mencionadas y precisar que, no obstante lo polémico del tema, sí existe un desarrollo de la medición en estas ciencias y una historia que, si estudiamos y analizamos críticamente, servirá para alcanzar niveles superiores en un futuro cercano.
Existe una realidad innegable, los psicólogos, pedagogos y demás científicos sociales, como cualquier otro investigador o profesional, necesitan instrumentos de medición: cuestionarios, tests, técnicas que le permitan obtener información a partir de las cuales puedan elaborar una conclusión o diagnóstico sobre los individuos o grupos que estudian, con el objetivo de orientar y contribuir a solucionar los problemas que se les presentan. Constituyen una necesidad, desde el punto de vista profesional, que estos instrumentos estén elaborados sobre la base de las exigencias técnicas y científicas requeridas y que sean empleados tomando en cuenta sus posibilidades reales y limitaciones.
Dado este análisis nos viene a la mente una cita de L.S. Vigotsky, la cual compartimos totalmente en la cual se observa cómo este autor, a pesar de opinar que los resultados y conclusiones que se derivan del proceso de medición de la psicometría, resultan superficiales y fríos, no deja de considerar el fuerte valor metodológico de este procedimiento para la psicología como ciencia. Dice Vigotsky:
Por eso afirmo, refiriéndose a la psicometría, a pesar de que más de una vez se haya visto comprometida, a pesar de que su valor práctico sea casi nulo y sus teorías con frecuencia ridículas, que su importancia metodológica es enorme” (Vigotsky, 1991, pag. 357).
Le agregaría a esta idea, que es imprescindible hacer una labor como la que pretendemos realizar con este estudio y análisis crítico acerca de las tergiversaciones e hiperbolizaciones que ha sufrido la medición en el campo de las ciencias sociales y en particular en la investigación y la actividad profesional de la Psicología y la Pedagogía. Con él pretendemos rescatar los aspectos positivos que le permitieron apreciar a Vigotsky, y hacerme ver a mí, en la actualidad, el enorme valor metodológico e instrumental de este contenido de las ciencias.
Esta necesidad es muy fuerte desde la práctica científica y profesional, pero, en sentido general, los psicólogos, pedagogos y demás científicos sociales, no estamos lo suficientemente preparados para brindarle una solución adecuada a este problema, debido a que se han dedicado más esfuerzos a criticar las técnicas de medición en este campo del saber humano, que a estudiar sus defectos y sus aspectos positivos, para elaborar una orientación sobre su empleo, sus límites y posibilidades, para conocer cómo se insertan en el trabajo particular del psicólogo, el pedagogo, psicopedagogo, maestro o profesor, en una empresa productiva, de servicio, en un policlínico, en una escuela, en un centro de orientación y diagnóstico u otro sector de la producción o los servicios.
La fuerte necesidad que demanda la práctica de utilizar los instrumentos de medición en la actualidad, puede provocar un uso indiscriminado de los que existen e, incluso, realizar procesos de construcción y validación inadecuados que sí nos conducirían a errores imperdonables en el desarrollo de la ciencia y sus aplicaciones prácticas. Es preciso enfrentar el momento con un sentido práctico pero con la suficiente preparación técnica que el hecho requiere, con el objetivo de que la medición en psicología encuentre su justo lugar.
Comenzaremos hablando de algo básico, pero a mi juicio muy necesario, porque sirve de base a lo que constituye el uso de las pruebas psicológicas o tests en el contexto de un proceso de diagnóstico y evaluación y que se ha tergiversado en la práctica pedagógica o educativa y en la psicológica.
¿Sabemos realmente qué es medir? ¿Qué es la medición?
Muchos psicólogos, pedagogos, psicopedagogos y maestros no se refieren a este problema, lo evaden y otros expresan opiniones contrarias de ataque y de rechazo al empleo de la medición o, por el contrario, otros utilizan los instrumentos de medición como único y excepcional medio para evaluar y diagnosticar el conocimiento adquirido o el desarrollo y formación psicológico del ser humano. Cualquiera de estas tres posiciones las considero erróneas y dañinas para las ciencias y su utilidad práctica.
Sin dejar de comprender alguna de las razones por las cuales este fenómeno se presenta, nuestra opinión es que resulta inaceptable que un especialista, investigador o científico posea cualquiera de estos tipos de actitudes ante este importante aspecto de las ciencias. Es verdad que el objeto de estudio de las ciencias sociales y en particular de las ciencias mencionadas, es complejo, subjetivo, multivariado, pero esto sólo nos debe alertar sobre el trabajo que debe realizarse en el campo de la medición en estas ciencias, el cual tiene que ser muy cuidadoso, serio, escrupuloso y alejado de todo tipo de rutina, dogma y formalismo. ¿Cómo podríamos explicar que en estas ciencias, en particular, no podemos medir, cuando para las ciencias en general es un acto esencial el hacerlo? ¿cómo utilizar los instrumentos de medición en estas ciencias sólo como una fuente importante de obtención de datos, pero no cómo la única y suficiente, para elaborar una evaluación, un diagnóstico y una explicación científica sobre algún problema?
Una de las causas que quizás pueda explicar la actitud señalada, es el desconocimiento acerca de lo que es medir, y el ignorar que siempre, el que investiga, analiza, evalúa, diagnostica, está midiendo: aunque no se lo imagine, aunque lo niegue. Medir no es sólo calcular la longitud, el área, el volumen, la masa de un cuerpo, esto pertenece a la medición en ciencias como la física y la química. Trasladar este concepto particular de la medición a un fenómeno social o psíquico, es realmente un grave error, una orientación reduccionista que mucho daño puede hacerle a las ciencias.
Entre los psicólogos, por ejemplo, es muy habitual estudiar actitudes, conceptos, opiniones, valoraciones, tendencias, motivos y obligatoriamente los investigadores, organizan a partir de los datos e información obtenida, las categorías que permiten agrupar esos datos y aproximarse, cuando es parte del problema a estudiar, a una valoración grupal o poblacional del hecho estudiado. En ocasiones han podido llegar hasta el establecimiento de un cierto orden jerárquico entre una categoría u otra. Cuando un investigador realiza estas acciones en el análisis de sus datos está midiendo. Se encuentra en una primera etapa del proceso de medición o de construcción de una escala o de un instrumento; pero ya lo está haciendo.
El concepto más general de lo que es medir, es comparar lo que estudiamos, los datos de que disponemos con un patrón o una norma. Si partimos de esta definición, me atrevería a afirmar que aquello del ojo clínico, que en ocasiones se contrapone a lo medible o medido, es también un acto de medir. Lo es, porque el patrón y la norma los ha elaborado el especialista como resultado de su larga experiencia individual al constatar, analizar o integrar la información o los datos acerca del fenómeno en cuestión, lo que le ha permitido elaborar una síntesis de los elementos cognoscentes esenciales, acumulado a través de la experiencia profesional.
Después de lograrse esto, ante un nuevo caso, éste es comparado con el patrón o norma ya existente en la experiencia profesional y rápidamente surge la conclusión, a partir de una generalización y transferencia de los elementos integrados o sintetizados en ese patrón y los datos que brinda el caso individual.
Siempre comparamos, cuando evaluamos indiscutiblemente estamos comparando y cuando comparamos estamos midiendo, luego ¿por qué temerle a la medición? a lo que hay que temerle es a la transferencia mecánica de lo que es medir de una ciencia a otra, eso sí es lo dañino.
Podríamos seguir ampliando estas ideas pero creo que con lo señalado hasta aquí se destacan tres aspectos importantes:


  • La medición es una necesidad para el progreso de las ciencias y además, es un indicador del desarrollo alcanzado por ellas. Los psicólogos y la psicología científica desde sus inicios han intentado avanzar en este importante aspecto.




  • El desarrollo de una teoría de la medición es necesaria en la psicología, pedagogía y demás ciencias sociales y es posible e importante hacerlo.




  • El rechazo y las críticas a la medición en estas ciencias no se justifica totalmente porque incluso los críticos más agudos de este aspecto utilizan métodos de medición aunque sean elementales.


¿Por qué decimos que no es totalmente injustificado el rechazo y las críticas a la medición en las ciencias mencionadas? El lector debe suponer que existen algunas razones que sí podrían explicar esta actitud entre los científicos y profesionales de las disciplinas mencionadas. Para responder esta interrogante es esencial hacer un poco de historia sobre el proceso de desarrollo de la medición en estas ciencias y en particular en la psicología.
La elaboración de instrumentos de medición surge con la propia psicología experimental y científica, procurando utilizar los logros alcanzados por la investigación en ese momento histórico, y con la intención de caracterizar, aún más, la psicología como ciencia, por tanto, se puede señalar que la medición ha reflejado de cierta forma los conocimientos acumulados por la ciencia para construir los instrumentos. Lo que es necesario precisar es que tanto como las ciencias avancen en el conocimiento de las características y naturaleza de su objeto de estudio, así mismo avanzarán en el perfeccionamiento y la calidad de los instrumentos de medición, los cuales, a su vez, contribuirán a mayores logros en el conocimiento del objeto de estudio de la ciencia. Este proceso ha sido de esta forma en todas las ciencias.
Esta es una idea universal y ninguna disciplina se la puede atribuir como particularidad. Considero que la valoración no acertada de este hecho en el proceso de evaluación del pensamiento psicológico y el conocimiento de su objeto de estudio, ha provocado una crítica indiscriminada y absoluta acerca de las pruebas psicológicas elaboradas hasta la fecha. El efecto de esto en el sentido práctico, ha sido el de contribuir a la inseguridad en el uso y al rechazo dogmático de los instrumentos que se utilizan sin permitir la asimilación crítica y dialéctica que cualquier proceso exige.
Considero que la falta de una mayor sistematización acerca de un conocimiento más general y conceptual acerca del saber acumulado por la psicología y demás ciencias afines, de una práctica constructiva y crítica, de conceptos y explicaciones más acabadas e integrales, sobre el proceso de formación psicológica, sus fuerzas motrices y la génesis de este proceso, es una de las causas más importantes que, a mi juicio, produce este estado de cosas en el campo de la medición en esta ciencia.
Los logros alcanzados en las primeras décadas del siglo XX, en relación con los tests y su construcción permitió obtener una información rápida y sistemática acerca de la psicología humana, que hasta ese momento era imposible de lograr. Esto produjo un uso indiscriminado de esos valiosos instrumentos que indudablemente no estaban exentos de insuficiencias y limitaciones.
La vulgarización y la práctica anticientífica en el uso de los tests, impulsada por las necesidades de una práctica muy exigente, y por las concepciones biologicistas que se apoderaron de los test y su aplicación, e, incluso, exigieron que estos tuvieran la propiedad de no medir una cualidad psicológica contaminada con los efectos de la cultura, la instrucción o la educación -lo que considero absolutamente imposible y por demás innecesario, sobre todo cuando partimos de la concepción que todo lo psicológico en el ser humano está estrechamente relacionado con lo cultural y lo social- contribuyó a una actitud negativa y un rechazo por los tests, que está completamente justificada, pero que es necesario superar, analizando, criticando y evaluando tal situación para poner a los instrumentos de medición en psicología en su justo lugar.
Otro hecho que contribuye, a nuestro juicio, a estas posiciones extremas de rechazo, lo constituye el fenómeno de que al existir una gran demanda y un uso indiscriminado de este tipo de instrumento de medición, en muchos casos se construyeron pruebas o tests que no poseían una adecuada base teórica y metodológica debido a que aún el conocimiento acumulado por las ciencias no lo permitía. Este hecho provoca que se generalicen criterios acerca del empirismo de los tests, lo cual responde a una parte del problema, pero no puede constituirse en un elemento de negación a la existencia de instrumentos de medición ajustados a los adelantos de la ciencia y a una adecuada fundamentación hipotética-teórica que permiten su utilización acorde con un conjunto de criterios y recomendaciones científico-técnicas.
Por último, otro aspecto que ha podido influir en la formación de opiniones contrarias al uso de los tests es la de considerar sus resultados sólo como tal y hacer diagnósticos, evaluaciones o conclusiones, directamente a partir de ellos, incluso utilizarlos fríamente, después de introducir en una computadora los resultados de una batería de pruebas, para decidir acerca de la vida futura del sujeto. Esta situación se creó como consecuencia de la práctica indiscriminada y el empleo no científico de los instrumentos de medición en psicología.
La utilización de pruebas psicológicas elaboradas en los países más desarrollados y empleadas directamente en otros países, sin previo estudio, restructuración y normalización acorde con los aspectos culturales y sociales de la región, ha sido otro de los errores y deficiencias técnicas que más han influido en el rechazo y la actitud negativa formada en muchos psicólogos, principalmente en los países en vías de desarrollo.
Otro hecho que ha caracterizado el uso de los tests o pruebas standar de evaluación del conocimiento, ha sido el carácter o función clasificatoria, selectiva y discriminadora que se le han dado a los resultados o información que brindan, incluso sin utilizar otros datos que serían necesarios para arribar a un juicio o explicación más adecuada desde el punto de vista científico. Generalmente, estos hechos han estado asociados a una concepción de que las personas que resultan mal evaluadas por los tests, poseen una herencia biológica fatal, fija e inmutable y todo esto sólo ha contribuido a estigmatizar por vida al sujeto y dañar su calidad de vida personal y social.



A nuestro juicio, todos estos males o defectos producidos en el proceso de asimilación por la práctica de los instrumentos de medición en psicología, han sido las causas fundamentales que han producido el rechazo de estos valiosos instrumentos en el campo de la aplicación de la psicología y en la propia actividad científica de esta ciencia.
Sin embargo, y no obstante existir este orden de cosas, no han faltado en la medición en psicología reflexiones, llamados de alerta y análisis que nos indican que el camino pudo haber sido otro y, por tanto, constituyen hoy los puntos o datos históricos de los que tenemos que apertrecharnos para darle a la medición en psicología el lugar que le corresponde.
Resulta interesante enfatizar en los límites que establecen los psicólogos que han utilizado históricamente los tests como instrumentos de medición, y con una actitud científica y seria. En este sentido en El diccionario de Psicología Larousse, editado en 1967, se señala lo siguiente sobre lo que representa o significa la psicometría y en particular los tests.
Psicometría: ...Sin embargo, la utilización en psicología de resultados cuantitativos no deja de ser peligroso. Un número no tiene otro valor que el de indicador. El no es más que un elemento del diagnóstico que el psicólogo es el llamado a formular. El refuta o confirma una hipótesis y debe siempre estar acompañado de otras observaciones y la historia del individuo examinado...( Larousse, 1967, pág. 234-235).
Como puede apreciarse en esta definición se postula que es esencial la interrelación de los datos cuantitativos y cualitativos para establecer una adecuada conclusión o diagnóstico sobre un determinado sujeto. Aunque se valora positivamente el papel de los tests, se señalan las vías para evitar que las limitaciones que ellos poseen puedan conllevar a errores en su utilización.
En el caso de la definición de tests se plantea lo siguiente:
...un buen tests no es más que un medio de exploración psicológica. El suministra información precisa, pero no es el diagnóstico. Este es el juicio fundado en un razonamiento complejo que integra los resultados psicométricos, las observaciones no cuantitativas, lo dado por la intuición y los elementos aportados en la historia del sujeto. Los tests no tienen nunca un carácter absoluto...

( Idem pág. 297-298).
Otra idea importante en este sentido y que, como las demás, no forman parte de la concepción histórico cultural, pero sí de lo más positivo de las ideas y concepto de una psicometría o medición en la psicología como la que hay que construir reconceptualizándola y depurando todo lo negativo que en ella aun existe, es este punto de vista de un investigador norteamericano, en el campo de la evaluación y el diagnóstico educativo y psicológico. Dice el mencionado autor:
... en el mejor de los casos, la medición sólo nos proporciona información, no juicio. Una prueba solamente nos dará información, no la conclusión que pueda sacarse de sus datos. La información es el material bruto con el que deberá trabajar el discernimiento, tanto en la clínica como en el aula o en el laboratorio de experimentación. La experiencia, el entrenamiento y la sagacidad producirán el discernimiento que cogerá los datos de que se disponga acerca de un individuo o de un grupo, sabrá cuanto crédito conceder a cada uno de ellos, qué significado darles y sacar de los mismos una conclusión sólida, o un plan de acción.” (Thorndike, R.L. y E. Hagen 1975, pag. 24)
El no haber tenido en cuenta estas concepciones en el uso de los tests es lo que ha desnaturalizado y desvirtuado el papel de estos valiosos instrumentos de medición y de búsqueda de información en la psicología.
No se puede negar que sea posible construir instrumentos de medición, cada vez más precisos, objetivos y avalados por una concepción teórica más acabada en la Psicología, la Pedagogía y las demás Ciencias Sociales. Sin embargo, seguiría siendo válido lo planteado en las anteriores reflexiones. No se puede limitar la complejidad de ningún hecho científico, al simple resultado obtenido por un instrumento de medición. Aún en las ciencias donde se emplean técnicas con las características descritas no se deja de analizar el contexto en el cual se produce el fenómeno, o se realiza un control estricto de variables, influyente, o se utilizan variadas formas de obtención del dato. Esto se debe a que no existe o existirá un instrumento de medición, por preciso que sea, que no posea un margen de error propio o el naturalmente producido por el propio proceso de medición.
Criterios como los de Anne Anastasi confirman esta concepción en el ámbito de la psicología norteamericana. Esta autora en su libro Psicología Diferencial señala:
“Otra zona de la psicología en la que es probable que surjan confusiones en cuanto a la herencia y el ambiente es la referente a la interpretación de los tests psicológicos. Las persona que no están familiarizadas con su desarrollo y empleo esperan a veces que tales tests midan la inteligencia nativa, las capacidades innatas, las predisposiciones hereditarias de la personalidad y cosas semejantes. Obvio es que tamañas suposiciones son un completo absurdo”. (Anastasi 1966, pág. 77-79)
Más adelante concluye:
...Los tests psicológicos no miden las capacidades nativas. Esperar que lo hagan refleja un desconocimiento de la naturaleza de la herencia y de su interacción con el ambiente...(Idemne)
Henry S. Dyer es otro autor norteamericano, especialista en elaboración de pruebas y todos los recursos anexos necesarios, que también ha expresado criterios muy interesantes en relación con la base teórico conceptual y el empleo de los tests, que nada se parece a lo que se ha producido como consecuencia de una falta de profesionalismo en la utilización de estos instrumentos de exploración psicológica y que corrobora todo lo señalado por los otros psicólogos mencionados:
En este sentido y al referirse a los que escriben sobre los tests señala:
“Algunas de las críticas son convincentes y sanas y pueden cumplir con un propósito útil al disminuir el entusiasmo infundado de muchos optimistas desorientados que han penetrado últimamente en el terreno de las pruebas. Lo que preocupa al psicómetra consciente es que el típico criterio hostil menosprecia al examinador, o le adjudica ideas que éste está lejos de sostener y puntos de vista que un examinador considera fantasioso e incluso falso. Y le preocupa aún más que aquellos que defienden calurosamente las pruebas psicológicas tienen el curioso hábito de adjudicarle opiniones y actitudes que él considera intelectualmente imposibles de sostener” (Morse y Max Wingo, 1967, pag. 230).
En esta reflexión se puede observar la angustia de un profesional serio por el uso vulgarizado y carente de un verdadero conocimiento profesional al que han estado sometidas las pruebas psicológicas. Más adelante el propio autor se cuestiona si estos instrumentos pueden evaluar lo que de hereditario tenga la inteligencia e insiste en la necesidad de tener en cuenta el medio en que se desarrolla el sujeto y la estimulación recibida en el momento de interpretar no sólo un resultado frío y final de una prueba, sino el desenvolvimiento del sujeto durante todo el proceso de aplicación y las respuestas, comentarios, esfuerzo realizado por éste ante la muestra de situaciones experimentales que supone una prueba o tests psicológico.
En este sentido señala:
“La calificación de una prueba de aptitud en sí, no dice literalmente nada acerca de la capacidad nata de un niño en particular...”( Idemne)
Lo que mide una prueba de aptitud es la calidad de ejecución de un sujeto, a partir de, poseer o no, una serie de operaciones mentales, ligadas a esa ejecución o tareas. Indica la forma en que podrá enfrentarse a tareas como las de la prueba en el momento en que se le aplica ésta, pero no da ningún otro indicio... la inferencia de


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