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4. Discusión y Conclusiones

A continuación se exponen los hallazgos bibliográficos relativos al coaching cognitivo conductual, presentados en una matriz que facilita su visualización y posterior análisis de la información recopilada. En el cuadro se describe el autor, el nombre del texto y el punto de vista en torno a la psicología del coaching y al enfoque cognitivo conductual.


Fig.6: Matriz de hallazgos bibliográficos


Autor

Texto

Postura

Anderson, John. (2002)

Executive coaching and REBT: some comments from the field.

Utilización de técnicas provenientes de la terapia conductual racional emotiva en diversas áreas de coaching ejecutivo.

Ducharme, Mary. (2004)

The cognitive-behavioral approach to executive coching.

Las técnicas cognitivo conductuales derivadas desde la psicología clínica, utilizadas en coaching ejecutivo, son apropiadas para el desarrollo y manejo de stress, mas no para situaciones que requieran de un análisis en mayor profundidad.

Grant, Anthony. (2001a)

Coaching for enhanced performance: comparing cognitive and behavioral approaches to coaching.

La utilización de un enfoque de coaching cognitivo conductual se relaciona con un incremento en el rendimiento académico, en el aprendizaje, en el autoconcepto sobre el rendimiento académico, y una reducción en la ansiedad frente a evaluaciones.

Grant, Anthony. (2001b)

Towards a psychology of Coaching.

Modelo de Coaching Cognitivo Conductual centrado en la Solución, que utiliza la Autorregulación y el Modelo Transteórico del Cambio como elementos centrales.

Grant, Anthony. (2003)

The impact of life coaching on goal attainment, metacognition and mental health.

El coaching de vida debe ser un proceso orientado a los resultados y a la solución; el coching cognitivo conductual puede ser efectivo en la creación de cambios positivos, incrementar la salud mental, la experiencia vital y el logro de metas.

Grant, Anthony. (2006a)

A personal perspective on professional coaching and the development of coaching psychology.

El desarrollo de una Psicología del Coaching puede aportar al bienestar de las personas, haciendo que la psicología sea más aceptada y accesible para los clientes.

Grant, Anthony. (2006b)

Cognitive-behavioral, solution-focused life coaching: Enhancing goal striving, well-being, and hope.

El coaching de vida grupal, desde un enfoque cognitivo conductual enfocado en la solución, incide positivamente en la obtención de metas y el bienestar de los coachees.

Joseph, Stephen.

(2006)


Person-centred coaching psychology: a meta theoretical perspective

La psicología del coaching debería desarrollarse adoptando una perspectiva meta-teórica centrada en la persona.

Linley, Alex y Harrington, Susan. (2006)

Strenghts coaching: a potencial-guided approach to coaching psychology.

Articulación de la psicología del coaching con la psicología positiva. Este enfoque permitiría desarrollar el potencial del coachee a través de sus fortalezas.

Presby, Susan. (2002)

Rational emotive behavior coaching.

Modelo que articula distintas técnicas de coaching, con técnicas propias de la terapia conductual racional emotiva.

Sherrin, Jessica y Caiger, Lee. (2004)

Rational-emotive behavior therapy; a behavioral change model for executive coching?

Se delinean elementos provenientes de la terapia conductual racional emotiva que podrían aplicarse en coaching ejecutivo.

La información bibliográfica revisada permite distinguir una serie de aspectos fundamentales, discutidos a continuación.

El coaching ha buscado constituirse como una forma de intervención independiente y distinta de la terapia psicológica. En las distintas publicaciones revisadas existe un permanente afán por desligarse de esta vinculación, marcando las diferencias entre ambas y resaltando las particularidades únicas del coaching. No obstante, la existencia de esta relación es innegable, tanto por las raíces del coaching en la psicología, como por la creciente cantidad de psicólogos ingresando a esta actividad. Lo mismo ocurre con profesionales de distintas áreas, que en su práctica como coaches recurren a intervenciones fundamentadas en la terapia. De igual forma, información importante sobre el coachee puede ser recabada a través de la utilización de pruebas y cuestionarios psicológicos, además de resultar fundamentales para su investigación.
El tema central radica en que si bien el coaching puede y debe nutrirse de cuanto la terapia psicológica pueda aportar, los cimientos teóricos que sustentan su práctica deben seguir un camino tendiente a la diferenciación. Debe existir claridad en cuanto a que el coaching no es terapia. Esta distinción debe ir más allá de lo nominal, siendo un principio que oriente tanto la investigación como la práctica. Un camino necesario para lograr lo anterior es la validación de técnicas terapéuticas para su aplicación en coaching, evitando la simple homologación de prácticas desde la terapia, desconociendo lo disímil que pueden llegar a ser ambas. De igual manera, parece ser necesario el desarrollo de técnicas de intervención propias emanadas desde la psicología del coaching, cuyo éxito debería encontrarse validado en la evidencia. Las técnicas cognitivo conductuales, dadas las facilidades comparativas para medir sus resultados, pueden presentar importantes ventajas para respaldar empírica y objetivamente el impacto de sus intervenciones.
Desde la psicología, el desarrollo del coaching presenta una gran contradicción. Por un lado, son muchos los enfoques teóricos que han intentado aplicar sus técnicas a la práctica del coaching, lo que se refleja en la amplia variedad de tipos de coaching y caminos que estos han transitado hacia su especialización en el campo académico. No obstante, es curioso que estos enfoques no hayan desarrollado un marco conceptual para una psicología del coaching basado en aplicaciones empíricas, donde se explique y detalle cómo es que se produce la facilitación del aprendizaje y el autodesarrollo.

También es relevante mencionar las implicancias del coaching como actividad, donde profesionales con lo más heterogéneos trasfondos académicos han ingresado al mercado para desempeñarse como coaches. La ausencia de un marco regulatorio determina la facilidad con que se puede ejercer como coach, con el consecuente riesgo para la salud mental del coachee que implica un practicante mal entrenado. La misma falta de normativa es válida para los centros de instrucción para coaches. Si bien es un hecho que el coaching es un negocio, es arriesgado entregarle al mercado su regulación por una razón fundamental: el coaching (enfatizando que no es terapia) conlleva una esencia inherentemente psicológica en su relación. Si bien no parece tan imperativo que un coach ostente un título académico en psicología, es fundamental que su formación haya incluido una revisión profunda y rigurosa de las ciencias conductuales, que le permitan trabajar garantizando al coachee su seguridad.


En este acápite es inevitable considerar la propuesta esbozada por la psicología del coaching centrado en la persona. Prescindir de la distinción entre funcionamiento psicopatológico y funcionamiento óptimo conllevaría la unificación de psicoterapia y coaching pues ambas tendrían la misma finalidad compartida de lograr el bienestar. No obstante, esto podría tener dos potenciales consecuencias para la práctica del coaching: por una parte, se validaría la psicología como la disciplina más apta para su ejercicio dado su mayor dominio del continuo normalidad-psicopatología; pero por el polo opuesto podría significar una trivialización de patologías clínicas de mayor severidad, del tratamiento que se les entrega y de las exigencias académicas de quienes realizan las intervenciones de coaching.
Se trata de una discusión crítica para ordenar la práctica del coaching y la metodología utilizada para educar para nuevos coaches. Con todo, se considera que la seguridad que se busca entregar al cliente dentro del contexto de la intervención exige una formación integral en la carrera de psicología, tanto en aspectos considerados normales como en aquellos psicopatológicos.
En lo que se refiere al enfoque de coaching cognitivo conductual, fue posible apreciar que si bien se ha desarrollado desde la década de 1960, dista mucho de alcanzar una madurez sólida. Existen escasas publicaciones sobre la materia, en su mayoría de índole práctico y teórico, siendo aún más escasas las investigaciones empíricas. Si bien existe un valor inherente en los aportes cualitativos derivados desde la práctica, en cuanto constituyen nuevas maneras de enfrentar el coaching, es fundamental un sustento teórico consistente que aborde en profundidad sus procesos subyacentes, junto con el respaldo empírico de sus resultados.
En su gran mayoría, las distintas aproximaciones al coaching cognitivo conductual encontradas se mantienen en un nivel superficial, sin profundizar en las raíces epistemológicas del coaching, en los procesos psicológicos responsables subyacentes del cambio, ni contando con un respaldo empírico que apoye las técnicas utilizadas.
Dada la escasez de información disponible sobre la Terapia Multimodal aplicada al coaching ejecutivo, su análisis queda restringido a las críticas planteadas por Grant (2001b): no profundiza en los procesos cognitivos y conductuales que influyen en la obtención de metas, ni tampoco da cuenta de los procesos de cambio involucrados.
Respecto del coaching conductual racional emotivo, Sherin y Caiger (2004) trabajan sobre un modelo teórico ya existente, especificando las etapas del proceso de coaching y los objetivos para cada una de ellas. Constituye una aproximación que permite ordenar las etapas involucradas y que entrega herramientas al coach para enfrentar eficazmente las distintas situaciones que pudieran surgir en la relación de coaching ejecutivo, pero que no profundiza mayormente en sus planteamientos. Otras dos investigaciones encontradas sobre este modelo se encuentran fundamentadas desde la práctica: Anderson (2002) se limita a mencionar áreas del coaching ejecutivo donde la utilización de este modelo terapéutico ha resultado exitosa, mencionando las técnicas utilizadas para ello.
Presby (2002), por otro lado, entrega un modelo ecléctico, donde se integran elementos provenientes desde la terapia conductual racional emotiva, la semántica general, junto con técnicas de un instituto de instrucción para coaches. Estos tres modelos se encuentran justificados solamente desde la teoría y la práctica, no existiendo un sustrato empírico consistente en su base.
El coaching cognitivo conductual para ejecutivos planteado por Ducharme (2004) aporta significativamente al evaluar cuan apropiada es la aplicación del modelo clínico cognitivo conductual a distintos ámbitos de acción dentro del coaching ejecutivo. Si bien dicha extrapolación se encuentra fundamentada en investigaciones clínicas, constituye un ejercicio teórico lúcido, que entrega claridad sobre la eficacia las técnicas cognitivo conductuales en ejecutivos.
Grant es probablemente uno de los pocos investigadores que ha profundizado en modelo conceptual basado en un enfoque cognitivo conductual de coaching, y además, ha investigado empíricamente su aplicación en el ámbito laboral y académico. Plantea un completo modelo para desarrollar una psicología del coaching, donde incluye elementos que dan cuenta de los procesos de cambio, obtención de metas, y las dinámicas que se dan entre los factores conductuales, cognitivos y afectivos subyacentes.
Así, sus mayores aportes se encuentran en la creación de un modelo que busca dar cuenta de la esencia más profunda de los procesos que posibilitarían un coaching exitoso, por sobre la aplicación ciega de técnicas diversas. Por otro lado, su trabajo demuestra que la ciencia de la conducta está en condiciones de realizar importantes contribuciones, en términos de establecer una psicología del coaching empíricamente validada y teóricamente fundada (Grant, 2001b). Constituye, sin duda, el aporte más completo y riguroso para desarrollar un modelo integral de coaching cognitivo conductual.
4.1 Limitaciones del Enfoque Cognitivo Conductual
A la luz de los antecedentes expuestos es posible delinear algunas limitaciones que presenta este enfoque. La primera de ellas es la juventud de esta actividad, importante debilidad a la base de su restringido desarrollo, y que en parte sido suplida por un apego casi irrestricto al enfoque terapéutico que le dio origen.
La extrapolación de técnicas terapéuticas en la práctica del coaching sin un fundamento empírico consistente adquiere un carácter de experimental, con todas las implicancias éticas que aquello conlleva, dentro de las cuales podemos mencionar principalmente la poca precisión de sus resultados; esto es, la adecuada correspondencia entre los objetivos propuestos en la metodología de intervención con desarrollo logrado por el coachee al finalizar el proceso. Por otra parte, se encuentra la imposibilidad de garantizar la seguridad para el cliente en cuanto a la inocuidad de las técnicas utilizadas, la que debe poder alcanzarse a través de resultados validados en la experiencia.
En segundo término, de la misma manera en que ciertos enfoques terapéuticos son más efectivos en relación a la problemática y características de la persona, parece razonable pensar que lo mismo ocurre con el coaching cognitivo conductual. Un ejemplo de lo anterior es su simpleza inherente, que lo haría poco adecuado para el trabajo con ejecutivos con elevado nivel de introspección. La primera consideración para el coach debe ser el bienestar y desarrollo de su cliente por sobre preferencias o compromisos teóricos personales. No obstante, para que esto ocurra es imperativo una mayor investigación, tanto en lo relativo al enfoque en cuestión como para disponer de distintas escuelas de coaching que entreguen alternativas viables de intervención para cada situación.
Asimismo, para esta situación nuevamente adquiere relevancia la necesidad de una extensiva formación en psicología y ciencias conductuales, que le permitan al coach recurrir a las distintas técnicas y enfoques disponibles, facilitándole una adaptación fluida a las necesidades puntuales de cada cliente.
Finalmente, la relativa facilidad para planificar y medir los progresos de las intervenciones de coaching cognitivo conductual puede ser un factor que juegue en contra de la aplicación de alternativas más eficaces. El factor financiero involucrado en las empresas que solicitan servicios de coaching, junto con la necesidad de obtener datos objetivos sobre los progresos del coachee, podrían constituir una presión para el coach y llevarlo a satisfacer los requerimiento de la organización a través de un enfoque de fácil medición, pero cuya eficacia no es la óptima para todos los casos, arriesgando el éxito de la relación.
De esta manera, a la luz de la presentación y análisis de la información obtenida, es posible decir que se cumplió con el objetivo general de la presente investigación teórica, llevando a cabo una revisión bibliográfica que permitiera conocer y comunicar los aspectos centrales del coaching cognitivo conductual.
4.2 Sugerencias y Proyecciones
A partir de las conclusiones de pueden desprender algunas sugerencias. La presente investigación bibliográfica tenía como objetivo principal revisar algunos aspectos esenciales del coaching cognitivo conductual. Como tal, se pudo apreciar que el coaching no sólo ha irrumpido en el ámbito de la gestión del talento humano como una herramienta que facilita el rendimiento y favorece el desarrollo de la organización, sino que también contribuye al crecimiento personal del individuo que pertenece a ella.
De esta manera, se abren espacios para investigaciones futuras que permitan validar las técnicas extraídas desde la terapia para su aplicación en una población con las características particulares del coaching, junto con desarrollar metodologías propias para el coaching cognitivo conductual emanadas desde la psicología del coaching. Por otro lado, la práctica del coaching cognitivo conductual requiere de un modelo ordenador. Un área potencial corresponde al desarrollo de un marco teórico para una psicología del coaching. Sería de gran utilidad continuar desarrollando los lineamientos planteados por Grant como modelo teórico para desarrollar una psicología del coaching, que dé cuenta de sus procesos subyacentes, además de la realización de investigaciones que permitan conocer las fortalezas y debilidades de las distintas técnicas cognitivo conductuales en su aplicación al contexto organizacional o académico.
Asimismo, las investigaciones sobre coaching y su aplicación deben atender a la sociedad donde se encuentra inserta la organización, así como a la cultura propia de la misma. La implementación del coaching y su impacto final sobre la persona y la institución deberán ser adecuadas con su entorno, procurando ser una suerte de “traje a la medida” que se ajuste a las necesidades puntuales del cliente y no a una utilización indiscriminada de técnicas foráneas. Si bien estas aportan con una riqueza invaluable, la consideración e investigación sobre los matices culturales particulares podrían hacer la diferencia entre un coaching adecuado y uno de excelencia.
Es así como se hace necesario llevar la práctica, investigación y docencia en coaching a un nivel académico universitario. En este sentido, los departamentos de psicología deben constituirse como un aporte al desarrollo del coaching; la creación de departamentos dedicados específicamente al crecimiento de esta área podría contribuir a consolidar su reputación como una intervención seria y efectiva. Además de fomentar un desarrollo riguroso de la psicología del coaching, lo anterior podría resultar en el nacimiento natural de un ente regulador y fiscalizador de la actividad.
La investigación de los mecanismos psicológicos involucrados en el cambio conductual positivo que genera el coaching se halla en plena emergencia. Existe un importante número de potenciales aplicaciones innovadoras de las teorías y técnicas existentes, que pueden hacer de la psicología del coaching una disciplina de rápido crecimiento. Por lo tanto, es de vital importancia que se examinen tales aplicaciones sobre nuestra realidad y cultura organizacional, en pos de explorar las aplicaciones del coaching ya existentes en Chile y desarrollar investigaciones que indiquen la efectividad que este proceso ha tenido o pueda tener.
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