Evaluación del conflicto de pareja desde la perspectiva cognoscitiva conductual



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EVALUACIÓN DEL CONFLICTO DE PAREJA DESDE LA PERSPECTIVA COGNOSCITIVA CONDUCTUAL

Parra, C.*


Abstract

Este artículo revisa la teoría referente a la evaluación del conflicto marital, específicamente la que se realiza en el tratamiento cognoscitivo conductual. Se plantea inicialmente diferentes definiciones del conflicto, resaltando las diferentes posibles variables asociadas a éste. Se presenta como se lleva acabo el proceso de evaluación, presentando una extensa revisión de los instrumentos que permiten evaluar el conflicto y sus componentes.


Palabras claves: evaluación, conflicto de pareja, tratamiento cognoscitivo conductual, satisfacción, comunicación, motivación, cognición.
This article reviews the theory concerning the assessment of marital conflict, specifically the one carried out by cognitive behavioral treatment. Initially, various definitions of the conflict are presented, emphasizing the possible variables associated with the conflict. The assessment process is then presented, showing an extense review of the assessment innstruments that enables the assesment of the conflict and its components.
Key words: Assessment, marital conflict, cognitive behavioral treatment, satisfaction, communication, motivation, cognition.

Introducción

La familia es el núcleo fundamental de la sociedad, es el medio a través del cual los seres humanos se desarrollan; esto hace que el vínculo matrimonial se vuelva un área de suma importancia en la formación de individuos para construir una sociedad equilibrada y en armonía y facilitar la funcionalidad dentro de un contexto (Hawkins y cols., 1992)

En la actualidad, el conflicto marital se ha convertido en una de las mayores problemáticas de la sociedad, en los Estados Unidos conlleva al 50% de divorcio (Epstein, Baucom 2002) en donde uno de cada ocho esposos han incurrido en agresión física contra su esposo y más de 2 millones de mujeres, son severamente golpeadas por su compañero masculino y el 30% de los matrimonios experimentan en algún momento de la relación una manifestación agresiva físicamente (Munroe, Meehan, Rehman y Marshall 2002). En Colombia, según el Estudio de Salud Mental del 2003, el 3.5% de los hombres y 3.4% de mujeres, presentan ansiedad por separación. (Ministerio de Protección Social, 2003).

Los índices anteriores muestran la importancia de analizar el conflicto marital, ya que éste puede más adelante afectar el desarrollo, formación y consolidación de la familia como lo señala Hawkins y cols., (1992), y afectará a los hijos, los cuales tendrán una alta probabilidad de presentar dificultades en su socialización, afectividad, emocionalidad, aprendizaje y cogniciones, que se ven reflejados en los problemas de violencia intrafamiliar, adicciones, abondono temprano del hogar por parte de los hijos, depresión, trastornos alimentarios, rendimiento académico, embarazos tempranos asociados con madresolterismo y altos índices de suicidio (Robins, 1980); así mismo puede predecir algunos factores de riesgo, para desarrollar problemáticas como delincuencia y abuso de drogas (Penning y Barnes, 1982; Robins, 1980; Farrington, Gallagher, Morley, Ledger y West, 1985; McCord, 1979; Rutter y Giller, 1983). Rutter y Giller también anotaron que el conflicto parental está asociado con conducta antisocial en los niños incluso cuando el hogar está roto. Simcha-Fagan, Gersten, y Langner (1986), encontraron que el uso de SPA está fuertemente asociado con conflicto marital y parental.

La terapia marital es una forma de abordar el problema de pareja aminorando los factores de riesgo de ciertas problemáticas mencionadas anteriormente, ya que permite identificar las variables que confluyen en el conflicto y su modificación. Comprender las áreas problemáticas en el matrimonio puede enfocar los esfuerzos de la intervención de una manera más eficaz, partiendo de un proceso de evaluación, el cual puede llevarse a cabo con entrevista, observación o la aplicación de instrumentos. Los inventarios maritales permiten recoger información que ordinariamente tomaría varias sesiones (Filsinger, 1983).

Hace parte de esta revisión entrar a evaluar qué clase de instrumentos se están aplicando para realizar una valoración dentro de la terapia de pareja, con el fin de obtener información relevante que confirme hipótesis planteadas y que apunten hacia el abordaje de una herramienta válida y confiable que permita mayor información acerca de los diferentes problemas que están afectando a la pareja y que hacen que se presente el conflicto marital.

Este trabajo tiene por objeto realizar un análisis sobre los diferentes tipos de instrumentos que se utilizan para hacer la evaluación de pareja, teniendo en cuenta el soporte teórico Cognoscitivo Conductual.

Modelos de Terapia de Pareja

Algunos planteamientos llevan a considerar que si bien es cierto que existen variables individuales que influyen en la manera de solucionar los diferentes conflictos que se puedan presentar dentro de la relación de pareja (Schneewind y Gerhard, 2002), es pertinente entrar a considerar los aspectos en los cuales se puede trabajar para realizar las modificaciones tanto a nivel cognoscitivo como a nivel conductual, ya que estos aspectos van a ser relevantes en la intervención terapéutica que posteriormente se vaya a implementar con la pareja, así mismo el volumen de las disputas matrimoniales también es una parte importante dentro de la terapia marital (Fowers, 1990).

Existen diferentes enfoques a partir de los cuales es posible abordar el conflicto de pareja, entre ellos se encuentra la orientación psicoanalítica, la cual hace énfasis en centrarse en la relación “terapeuta–paciente” y la relevancia de la experiencia interna vs. la experiencia externa. Ellos repetidamente identifican la calidad de la alianza terapéutica esencial para crear un contexto en el cual el cambio dentro de la relación de pareja se presente (Gurman y Jacobson, 1995).

Las teorías psicosociales Integran explicaciones de factores sociales a los comportamientos individuales; en este grupo se ubica la perspectiva sistémica, ligada en sus orígenes a la teoría general de sistemas: es un abordaje psicoterapéutico y una de sus características es la de terapia familiar, se centra en la familia y la pareja como sistemas abiertos, ven a la violencia como disfunciones de las relaciones, imposibilidad de comunicar, y ésta es vista como un campo de estudio, de articulación y desarticulación de las relaciones. La terapia es juzgada como la intervención mas apropiada, a fin de crear una interacción mas saludable (Elkain, 1995).

La terapia conductual de pareja empezó como una terapia dirigida al cambio en los procesos adaptativos de la pareja, basados en la premisa que una relación es definida como el intercambio conductual entre la pareja; cada quien monitoreaba los comportamientos de su compañero y con base a tales evaluaciones, los contratos contingentes fueron desarrollados para reducir el disgusto y aumentar las conductas placenteras dentro de la relación (Azrin et al., 1973; Stuart, 1969; Weiss et al., 1973). Epstein y Edilson (1981) fueron los primeros directamente en evaluar las cogniciones en terapia de pareja con el Inventario de Creencias en la Relación. Encontraron que el estrés en la pareja era debido más a creencias destructivas o a negativismo que a la satisfacción marital (Eidelson y Epstein, 1982).

Según el modelo de Bradbury (1995), hay tres grandes variables asociadas con los problemas de las relaciones: el proceso adaptativo dentro del sistema de pareja, la resistencia del individuo a las vulnerabilidades de la pareja, y los eventos estresantes que chocan con el sistema de la pareja.

Los procesos adaptativos se refieren a los procesos conductuales, cognitivos y afectivos que ocurren durante la interacción de la pareja. La vulnerabilidad se refiere relativamente a la estabilidad en los factores históricos, personales y experienciales que produce cada pareja dentro de la relación y los eventos estresantes se refieren a las transiciones de desarrollo y a las circunstancias agudas y crónicas en las que chocan ellos, ya sea dentro de la relación de pareja o a nivel individual (Bradbury, 1995).

En la terapia conductual de pareja que se introdujo el componente cognoscitivo, el cual se centra en las cogniciones alteradas de cada uno de los miembros. Se utiliza procedimientos de la terapia cognoscitiva para los problemas de pareja (p.e., estrategias de autoinstrucción, usadas para modificar atribuciones negativas, Baucom y Lester, 1986).

Estos tratamientos están enfocados en la identificación del conflicto marital, sus componentes, forma de evaluarlo y de intervenirlo, sin embargo es importante hacer mención que no existe un consenso entre los autores, por lo que a continuación se presentarán algunas de ellas.

El Conflicto

Definición de Conflicto


Emery (1982), habla del problema marital para referirse a la discordia en parejas unidas o separadas, y el término conflicto lo utiliza únicamente para referirse a la hostilidad abierta entre las parejas; sin embargo, Epstein, Baucom y Rankin (1993), no considera que la hostilidad abierta sea la característica que define el conflicto, sino que es el producto de dos situaciones en la relación: 1) las dos personas tienen metas incompatibles; y 2), la consecución de las metas del uno interfiere con la obtención de las metas del otro.

Christensen y Pasch (1993), definen que existe una diferencia entre el conflicto estructural de intereses y el conflicto abierto. El primero se refiere a una incompatibilidad de necesidades, deseos y preferencias, mientras que el segundo a su interacción respecto a estas preferencias. Un conflicto de intereses puede existir sin que se presente un conflicto abierto.

Margolin (1987), Burman, John y Margolin (1992), Margolin Burman (1993), consideran que el conflicto es inevitable en cualquier relación íntima y que inclusive para algunas parejas, este tiene una función constructiva, aunque para otras sea destructiva. Según Stuart (1980), el conflicto puede entenderse como una carga emocionalmente fuerte para presionar cambios en la relación desde la otra persona. Finalmente, algunos autores como Finchan y Osborne (1993), plantean que no hay en la literatura un análisis conceptual del conflicto marital que permita una definición única.

Independiente de la definición de cada autor, el conflicto es visto como la confluencia de una o varias variables, por ejemplo Stuart (1980), identificó las fuentes del conflicto en la terapia de pareja, las cuales son en primer lugar, la que se deriva de la suposición general acerca de lo que “debe” ocurrir dentro de la vida matrimonial. Una segunda fuente del conflicto se relaciona con la observación que “los antecedentes siempre están convirtiéndose en derechos”, así, los cónyuges frecuentemente discuten cuando se presentan malas acciones y se olvidan de las expectativas positivas y pronostican mayor daño en los años venideros. Tercero, el matrimonio interactúa en otras actividades de sus vidas, esta interdependencia en varias áreas crea innumerables oportunidades para el conflicto. Igualmente plantea que durante los primeros años de matrimonio, por lo general los tópicos en los cuales aparece con mayor frecuencia disturbios en parejas jóvenes son sexo, dinero, y generalmente comunicación y que se presentan dos perspectivas dentro de las cuales se puede analizar: la orientación que cada esposo toma hacia el desacuerdo con el otro y la intensidad con la que la batalla se lucha, es cuando se plantean estrategias de ganar–perder, perder-perder y ganar–ganar (Stuart, 1980, Robbins, 1992; Filley, 1975).

Lo que determina la funcionalidad de un conflicto, es el impacto que este tiene sobre la familia, no solamente sobre algún miembro en particular. Se considera un conflicto funcional aquel que apoya las metas de la familia y mejora su desempeño en la misma, y un conflicto disfuncional aquel que perjudica el desempeño del grupo familiar. El conflicto es constructivo cuando mejora la calidad de las decisiones, estimula la creatividad y la innovación, alienta el interés y curiosidad, proporciona el medio para discutir los problemas y liberar la tensión y fomenta un ambiente de auto evaluación y cambio (Rodríguez, 1994). Probablemente se producen cambios positivos ante un conflicto cuando ambos esposos emplean la táctica ganar–ganar.

Por otra parte, es importante aclarar que el componente afectivo en las relaciones de parejas, juega un papel importante en el proceso de la comunicación. Según Baucom y Epstein (1990), existen formas específicas en las cuales el afecto influencia la interacción marital y describen cuatro aspectos importantes a tener en cuenta: a) cada uno de los esposos presenta un grado de emociones positivas y negativas hacia su pareja, b) conocimiento de su emoción y de las causas de la emoción, c) el grado con él cual el esposo(a) expresa su emoción y responde a cada expresión del otro y d) formas e intensidades de afecto que pueden interferir con buen funcionamiento marital y afectar la comunicación.

Por último otras fuentes causantes de conflictos fueron propuesta por Gurin y cols. (1960) encontrando que el 42% de quejas de las parejas se referían a su interacción; el 12% se dirigía a problemas en el manejo de los niños, y el 5% correspondía al manejo de la interacción con las leyes y otros miembros de la familia.

Queda claro que las fuentes del conflicto son varias y que depende de una exhaustiva evaluación la adecuada intervención en el conflicto, aún así es necesario tener en cuenta que existen variables más amplias que pueden involucrar muchas de las mencionadas anteriormente, una de ellas es la satisfacción marital, razón por la cual se mencionará a continuación.


Satisfacción Marital


La teoría del intercambio conductual de satisfacción marital, postula que los eventos que proporcionan agrado y desagrado en el intercambió entre las parejas tienen un componente mayor de funcionamiento marital que lleva a experimentar satisfacción o dolor (Jacobson y Margolin, 1979; Stuart, 1969; Weiss, Hops y Patterson, 1973; Weiss y Margolin, 1977).

Diferentes estudios han estudiado la importancia de tener en cuenta algunas variables cognoscitivas, como por ejemplo, las atribuciones (Bradbury y Fincham, 1990), percepciones (Arias y O'Leary, 1985), y actitudes (Broderick y O'Leary, 1986) que determinan la satisfacción marital. Estos estudios sugieren que las percepciones o juicios subjetivos de los cónyuges hacia la conducta de sus parejas pueden jugar un papel importante en el refuerzo y castigo de las mismas y de igual manera afectan la satisfacción marital.

Las relaciones varían según las necesidades que puedan satisfacer y las funciones que cumplan. Castro (1994), manifiesta que las relaciones que sirven como medio para satisfacer las necesidades externas a la relación, es decir, que cumplen una función instrumental, son relaciones funcionales, las cuales son el medio para lograr un objetivo. Destaca que el componente emocional no es el factor más importante, como tampoco lo son las características de las personas involucradas en la relación. Hay otro tipo de relaciones en las cuales se satisfacen las necesidades de tipo emocional, compañía o afecto, estas son las relaciones funcionales o afectivas y cumplen la función de llenar necesidades emocionales de las personas involucradas como por ejemplo dar y recibir afecto, tener el apoyo de alguien, compartir sentimientos, comunicarse o ser necesario para alguien. A diferencia de las relaciones funcionales, las características de las personas involucradas en la relación afectiva son muy importantes, los criterios con que se establecen las reglas de la relación y la duración de la misma es mayor: tienden a ser más permanentes; además, por su naturaleza son más difíciles de disolver y sustituir (Castro, 1994).

Problemas Relacionados


En terapia de pareja se pueden identificar otros trastornos que surgen en comorbilidad con el conflicto marital, bien sea del eje I (p.e., depresión, abuso de sustancias, trastorno generalizado de ansiedad) o en el eje II (p.e., trastornos de personalidad); algunas veces estos problemas pueden mejorar de forma conjunta con la relación de pareja (Dattilio, y cols., 2000).

Si las personas buscan terapia para problemas tales como depresión y agorafobia, muchos de estos problemas están comúnmente relacionados a dificultades en sus matrimonios y relaciones familiares (Epstein y Baucom, 1993). Igualmente Kitson y Morgan, (1990), plantean que las personas separadas y las divorciadas presentan tasas más elevadas de enfermedad y muerte.

Las adicciones no se escapan de ésta comorbilidad, Epstein (2001) manifiesta que antes de considerar la relación entre el funcionamiento de pareja y los problemas de alcoholismo, es importante tener en cuenta la naturaleza de beber por sí mismo. Muchas investigaciones han demostrado que la conducta de abuso de sustancias afecta la calidad y la naturaleza de la relación de pareja, y de igual manera, las relaciones de pareja afectan al uso de sustancias, así, desde una perspectiva sistémica, las dos dominan la función (uso de sustancias y relación de pareja) de interconexión (Epstein y McCrady, 1998). Epstein y McCrady, también reportan que las parejas de alcohólicos presentan niveles elevados de insatisfacción marital y problemas maritales. Los esposos alcohólicos son similares a los esposos en otros conflictos de pareja en cuanto que evitan su responsabilidad para con sus problemas en sus relaciones de pareja (O’Farell y Birchler, 1987).

Las muestras clínicas y no clínicas revelan una relación cercana entre alto consumo y la relación de violencia marital (Leonard y Senchak, 1993), como también se encuentra que los hombres alcohólicos y sus parejas tienen menos satisfacción sexual, menos frecuencia de intercursos sexuales, y mayores desacuerdos acerca del sexo que las parejas no conflictivas (O’Farrell, Choquette, Cutter y Birchler, 1997). Las esposas que conviven con parejas que son bebedores activos, tienen elevados niveles de depresión, ansiedad y complicaciones psicosomáticas y utilizan más medicamentos (Moos, Finney y Gamble, 1982; Moos y Moos, 1984)

Por otra parte, en un meta-análisis en donde se estudiaron 26 tratamientos, se investigó la asociación entre estrés matrimonial y depresión. Los resultados indicaron que la baja satisfacción marital se encontró asociada con altos niveles de depresión (Wishman, 2001). Wishman calculó que la disfunción marital cuenta con el 18% de varianza de la depresión de las esposas, opuesto al 14% de la varianza de la depresión de los esposos. Además, una media del 44% de la varianza estaba asociada con síntomas de depresión, explicado simultáneamente con la insatisfacción marital.

Por otra parte se ha encontrado que la depresión es más alta en adultos que finalizan sus relaciones de pareja. De manera particular las mujeres durante la separación, reportaron reacciones más intensas de depresión que los hombres (Bruce y Kim, 1992; Horowitz, White, Howell–White, 1996). También se encontró que la presencia de estrés en las relaciones de pareja incrementa el riesgo de presentar síntomas de depresión y ansiedad (Bradbury y Fincham, 1990; Beach y O’Leary, 1993; Brown y Moran, 1994; Gurman y Jacobson, 1995; Fincham et al., 1997; Dehle y Weiss, 1998; Kurdek, 1998).

La comorbilidad de diferentes problemáticas con el conflicto de pareja está relacionada de manera significativa, encontrándose en algunos casos una relación bidireccional o en otros relaciones causales. Identificar ésta relación y las fuentes del conflicto son primordiales para la efectividad del tratamiento y esto se lleva a cabo con una evaluación adecuada, teniendo en cuenta cómo realizar este proceso y en que instrumentos se va a soportar.

Evaluación


Se han descrito brevemente factores importantes que posibilitan dar una visión general sobre el conflicto de pareja, y desde allí, se evidencia la necesidad de tener en cuenta la evaluación que permita revisarlo e identificar qué tipo de instrumentos son los que se utilizan en terapia para poder detectar las fuentes del conflicto, las áreas de ajuste de cada uno de los miembros de la pareja y los problemas relacionados o en comorbilidad con el conflicto.

Existen diferentes formas de evaluar el conflicto de pareja, entre ellas se encuentra el uso de entrevistas, cuestionarios, y la observación conductual. Estas estrategias de medición permiten hacer una valoración a nivel individual, de pareja y del contexto en sí de los cónyuges (Epstein y Baucom, 2002).

El modelo cognitivo-conductual utiliza un plan de intervención, el cual aborda a la pareja desde los dos miembros de la pareja, su interacción diádica y su interacción con su ambiente. Los objetivos globales para la evaluación son: identificar los problemas por los cuales la pareja ha solicitado ayuda; identificar los factores en la vida de la pareja que influencian la presentación de los problemas; clarificar si la terapia de pareja es apropiada para los clientes; identificar la existencia de fortalezas en la relación, las cuales pueden usarse para mejorar y ayudar a resolver los problemas de la pareja (Epstein y Baucom, 2002).

Los pasos y métodos que utiliza para la evaluación son: la identificación inicial de los problemas presentados y los objetivos de la pareja que busca terapia, con base en el contacto inicial telefónico, el uso posible de cuestionarios de autoreporte, una historia de la relación y evaluación del funcionamiento actual, historia individual y funcionamiento actual de cada miembro de la pareja, recibiendo retroalimentación del terapeuta (Epstein y Baucom, 2002).

Se han encontrado ventajas y desventajas en cada uno de estos métodos de evaluación anteriormente nombrados (Weiss, 1980; Epstein, Pretzer, y Fleming, 1987; Jacob y Tennenbaum, 1988; Baucom y Epstein, 1990; Snyder et al., 1995), lo cual ha llevado a la conclusión que una aproximación multimetódica para evaluar el conflicto de pareja es una técnica más amplia para llegar a obtener información confiable y válida (Epstein y Baucom, 2002).

Como se ha mencionado, los instrumentos buscan medir las diferentes variables que participan en el conflicto, desde la identificación de problemas a través de cuestionarios que evalúen la historia individual del compañero y el funcionamiento actual como por ejemplo la Escala de Tácticas de Conflicto (CTS2; Straus, Hamby, Boney-McCoy y Sugarman, 1996), hasta la interacción diaria de la pareja y su comunicación.

Antes de hablar de las clases de evaluación a implementar según el área que se pretende medir, es relevante hablar acerca de la entrevista inicial. Algunos autores consideran que ésta entrevista debe realizarse de manera conjunta, otros consideran que es mejor individual. Es mejor pensar en términos de las necesidades de los pacientes antes de hacer una elección, ya que dependiendo de la situación (y de la persona que haya tomado la iniciativa para asistir a un proceso terapéutico) se debe tomar la decisión (Jacobson y Margolin, 1979).

Evaluación de la Conducta

Es importante a la hora de evaluar, tener en cuenta específicamente cada una de las áreas que se desean medir con el fin de diseñar o implementar la estrategia pertinente y aplicar una estrategia de intervención que trabaje en las necesidades específicas de cada uno de los sujetos de una manera apropiada.


En gran parte, la tarea del clínico es identificar la presencia y ausencia de conductas importantes y secuencias conductuales que contribuyen al estrés marital (Baucom y Epstein, 1990). La valoración inicial consiste en cuatro fases: primero, la historia marital; segundo, discusión de las preocupaciones actuales y fortalezas de la relación; tercero, proporcionar (entrenar) una muestra de diferentes tipos de comunicación; y cuarto, los clínicos mantienen una discusión con la pareja y posteriormente dan una retroalimentación con respecto al problema identificado y a la intervención a implementar. Consecuentemente, se necesita tener mayor información sobre las conductas actuales específicas que preocupan a la pareja (Baucom y Epstein, 1990). Varios inventarios existen que pueden proporcionar información útil para estructurar una discusión de las preocupaciones actuales. A continuación se nombrarán:

Cuestionario de Áreas de Cambio (ACQ), el cual consta de dos parte: la primera el respondiente especifica cómo vería la conducta de su pareja: más, menos o ningún cambio en el área particular de interacción marital; y la segunda, difiere sólo en términos que la conducta está siendo discutida (Weiss et al., 1973).

La Escala de Ajuste Diádico (DAS) original de Spanier (1976) y utilizada por diferentes colegas en la práctica clínica (p.e., Busby, Christensen, Crane y Larson, 1995; Touliatos et al., 1990, entre otros) y el Inventario de Satisfacción Marital (MSI; Snyder, 1979, 1997; Snyder, Wills y Keiser, 1981; Snyder y Aikman, 1999) son de mayor uso en la práctica clínica, ya que evalúan el funcionamiento de la relación desde aspectos tales como el afecto, la intimidad sexual, el tiempo libre, calidad de la comunicación, entre otras (Epstein y Bauman, 2002).

La Lista de Chequeo de Observación de la Pareja (SOC; Weiss et al., 1973) realiza un resumen de evaluación en cada una de las áreas dirigidas. Esta lista describe las conductas que ocurren a diario dentro de la relación y a partir de allí, establece la valoración de las conductas que miden la satisfacción marital de la pareja.

El automonitoreo y monitoreo por parte del cónyuge da un informe interesante con respecto a la secuencia conductual que ocurre durante la interacción (Epstein y Bauman, 2002).

La evaluación de la comunicación se realiza por medio de varios sistemas de codificación desarrollados para valorar las interacciones verbales y no verbales, como por ejemplo, el Sistema de Codificación de Interacción Marital – tercera versión (MICS-III; Weiss y Summers, 1983); Sistema de Codificación de Interacción de la Pareja (CISS; Gottman, 1979; Notarius y Markman, 1981); y el Sistema Categorizado para la Interacción Entre Parejas (KPI; Hahlweg et al., 1984) y la ”Escala de Comunicación Marital de Navran”. Igualmente existen otras que evalúan diferentes áreas incluyendo comunicación como: “Escala de Actitudes Disfuncionales”, “Inventario de Satisfacción Marital” de Douglas K. Zinder; “Cuestionario de Áreas de Cambio” de Weiss y Birchler; “Escala de Felicidad Marital” de Azrin, Nasterm, y Jones (1973) y El Cuestionario de Patrones de Comunicación (CPQ) de Christensen y cols., para evaluar las percepciones de la pareja de los patrones diádicos en sus áreas de conflicto concernientes a la comunicación en su relación.

La Medida de Autoreporte de Interacciones Conductuales de Weiss, Hops y Patterson (1973), evalua la insatisfacción marital en términos del grado en el cual los miembros de la pareja quieren que el otro haga cambios en comportamientos específicos.

Evaluación de las Cogniciones


En esta parte, es importante que el terapeuta elicite los pensamientos importantes de la pareja. Para ello, se utilizan diferentes técnicas de evaluación, como por ejemplo, la Lista de Chequeo de Observación a la Pareja (SOC, Weiss et al., 1973) que establece qué conductas ocurren y cuáles no ocurren actualmente dentro de la relación. Así, compara las respuestas de la esposa y el esposo y es posible clarificar las percepciones de los eventos que han ocurrido.

El inventario de Comunicación e Interacción de Pareja, permite realizar una evaluación más profunda acerca de cómo se recibe la información en términos de escucha y distorsión de la información (Baucom y Epstein, 1990).

Las atribuciones se miden por medio del Inventario de Autoreporte de Atribuciones, el cual se centra en los eventos hipotéticos maritales o eventos que actualmente ocurren dentro de la relación de pareja (Baucom y Epstein, 1990).

El Inventario Atribucional Diádico (DAI; Baucom et al., 1987), también utiliza eventos maritales hipotéticos, por medio de la identificación de las fuentes estable / inestable; global / específico.

El Cuestionario de Atribución de Fincham y O’Leary (1983), fue el primer cuestionario de atribución marital publicado, el cual consta de doce escenas: seis describen conductas positivas y las otras seis, conductas negativas (Epstein y Baucom, 2002).

La Encuesta de Actitud Marital (MAS; Pretzer et al., 1985) desarrollado para evaluar el contenido específico de las atribuciones de los problemas maritales, resultando de las siguientes subescalas: atribución de su propia conducta, conducta de la pareja, personalidad propia, personalidad de la pareja, mala intención de la pareja y pérdida de amor de la pareja (Epstein y Baucom, 2002).

El Registro Diario de Pensamientos Disfuncionales (DRDT; Beck et al., 1979) es una estrategia que se utiliza para registrar los pensamientos durante un estado de ánimo específico.

El protocolo de Agendas Marital (1983), involucra tres tipos de evaluación: primero cada esposo presenta diez áreas de funcionamiento marital, la segunda relacionada directamente con las expectativas, y por último, utilizar una puntuación resumiendo las expectativas a través de las relaciones en el área.

También se encuentra el Inventario de Creencias Irracionales (IBT; Jones, 1968), realizado para evaluar las creencias irracionales dentro de un contexto de terapia racional emotiva.

La Encuesta de la Actitud Marital (MAS; Pretzer, Epstein y Fleming, 1991) el cual evalúa las atribuciones y expectativas; el Inventario de Creencias de la Relación (RBI; Eidelson y Epstein, 1982)



Evaluación del Área Afectiva

Hay cuatro aspectos del afecto que el terapeuta necesita evaluar para entender la naturaleza de las interacciones problemáticas de la pareja: 1) la cantidad de emociones positivas y negativas; 2) grado en el cual los esposos son concientes de sus emociones; 3) expresión inadecuada disfuncional, y 4) grado en el cual el estado afectivo particular interfiere con el funcionamiento dentro de la vida de pareja. Para su evaluación se utiliza el DAS, el MSI, la escala de Felicidad Marital (MHS; Azrin et al., 1973; Bornstein y Bornstein, 1986) la cual consta de once áreas de evaluación del matrimonio, entre las cuales está, responsabilidad en el hogar, crianza de los niños, responsabilidades, actividades sociales, dinero, comunicación, sexo, entre otros.

Hay otras como por ejemplo, Escala de Tasa de Felicidad General (Terman,, 1938), Cuestionario de Sentimientos Positivos (PFQ; O’Leary, et al., 1983), el Registro Diario de Pensamientos Disfuncionales (DRDT; Beck et al., 1979), entre otras (Baucom y Epstein, 1990).

Otras Áreas a Evaluar

Hay otras evaluaciones que se implementan para evaluar diferentes áreas, entre ellas se encuentra el Inventario de Necesidad de Realización (NFI) de Prager y Buhrmester (1998) que se enfoca en el grado en el cual se percibe que las necesidades están reunidas dentro de la relación. Evalúa las necesidades humanas dentro de tres grandes grupos: a) aglomeración, correspondiente a aquellas necesidades que están orientadas individualmente, por ejemplo, autonomía, logros, poder, auto-actualización; b) comunal (p.e., compañerismo, nutrición, intimidad realización sexual; y c) supervivencia, (p.e., salud, alimentación, seguridad física (Epstein y Bauman, 2002).

Se encuentra también el Inventario de Interacción Sexual (SII; Lopiccolo y Steger, 1974) o el Inventario de Satisfacción Sexual de Golombok-Rust (GRISS; 1986) para valorar la disfunción y satisfacción sexual (Epstein y Bauman, 2002).

Existen otros inventarios para evaluar diferentes aspectos relevantes en la pareja tales como: el Inventario Familiar de Cambios y Eventos de la Vida de McCubin y Patterson (1987) el cual puede ayudar a la pareja a identificar las demandas que ellos tienen. Otras escalas confiables y válidas evalúan las cogniciones de la relación, tal como el Inventario Estándar de Relaciones Específicas (ISRS; Baucom, Epstein, Rankin y Burnett, 1996) el cual evalúa los estándares personales de la pareja, concernientes a las dimensiones principales de la relación (Epstein y Bauman, 2002).


Investigaciones sobre Evaluación del Conflicto Marital


Se han realizado diferentes estudios en los cuales se han evidenciado distintos resultados con respecto a la implementación de cuestionarios a parejas, con el fin de identificar y de profundizar en los ítems en los cuales se denota mayor problema.

Los procedimientos de evaluación ayudan a orientar a la pareja hacia la clase de problemas que son relevantes para sus dificultades y ayudan a visualizar la relación de otra forma (Filsinger, 1983). Es importante que las parejas completen un inventario para poder identificar las dificultades y los aspectos positivos que se están presentando en la relación, esto ayuda a relativizar el conflicto (Snyder, 1981).

Un estudio de Baucom, Epstein y cols. (1996), exploró la importancia de las relaciones estándar en el funcionamiento matrimonial a través del uso del nuevo inventario de autoreporte: el Inventario de Normas Específicas de las Relaciones (ISRS), donde los resultados indicaron que las parejas de la comunidad que mantienen una relación centrada en la norma (es decir, aquellos que esperan mucho de sus matrimonios) puntúan más alto en todos los índices de funcionamiento marital que los esposos con una relación menos centrada en la norma. Los resultados demuestran que dos aspectos de la información sobre las normas de un esposo son importantes: la norma propiamente dicha y si esa norma se enfrenta con la relación. Inesperadamente, las normas extremas y las diferencias entre las normas de los esposos eran un poco menos relacionadas al funcionamiento marital.

Whisman y Jacobson (1992), revisaron una comparación entre los resultados del tratamiento a partir de la medida de la Escala de Ajuste Diádica (DAS) y la Escala de Estrés Global (GDS) donde las parejas completaron un programa de terapia de pareja conductual. La GDS proporcionó una estimación más conservadora de la eficacia del tratamiento, evaluado por el efecto de las apreciaciones con base en las puntuaciones de cada una de las parejas, y la significancia clínica de las estadísticas con base en las puntuaciones de la pareja y el esposo. Se planteó que la diferencia se debía a que los ítems del GDS evalúan la historia de insatisfacción en matrimonios que no son afectados por el tratamiento.



Por otra parte, Fışıloğlu y Demir, (2000) investigaron la confiabilidad y validez de la Escala de Ajuste Diádica (DAS) en parejas Turcas. Los resultados indicaron que el DAS proporciona una medida confiable y válida de ajuste marital para la muestra de parejas Turcas que tomaron dichos investigadores.

Otros estudios han examinado si en la organización de las conductas positivas, durante las discusiones en la solución de problemas maritales, se discriminaban las parejas satisfechas de las insatisfechas (Julien y cols. 2000). Usaron un análisis secuencial para evaluar la sincronización entre los cambios de los niveles de inmediatez conductual de las dos parejas. Los hallazgos mostraron que la sincronización interaccional es usualmente un marco de trabajo para la discriminación de los patrones de comunicación de las parejas satisfechas e insatisfechas. Además, el análisis de la organización de volver a la conversación puede ayudar a entender la comunicación positiva en el matrimonio.

También se han utilizado otros instrumentos para evaluar las relaciones conyugales, con el fin de proporcionar un examen más balanceado que involucra la observación de parejas, con especial atención hacia el uso de la observación para la evaluación clínica. En tales revisiones, se puede denotar que se han hecho avances en el entendimiento del conflicto de pareja a través del uso de la observación (Heyman, 2001; Johnson, 2002; Guay y cols., 2003).

Guay y cols. (2003) revisaron si los datos de tres medidas diferentes de comunicación (autoreporte, cuasi-observacional y observacional) pueden predecir el ajuste y la estabilidad de las relaciones un año después cuando se han usado conjuntamente en una muestra de parejas jóvenes. Estas tres medidas de comunicación fueron la Prueba de habilidades Sociales – Revisada (CST-R), la Caja de Comunicación (CB) y el Cuestionario de Patrones de Demanda/Distracción (DWPQ) y los resultados se analizaron a través de un análisis de regresión múltiple, donde se mostró que la CST-R y el DWPQ, predicen el ajuste de las relaciones de género un año después cuando se usan conjuntamente y parece ser útil para predecir longitudinalmente el ajuste de las relaciones.

Las conductas conyugales, obtenidas a través de una lista de chequeo diaria de las actividades maritales individualizadas en una dimensión importante, relacionada con la satisfacción marital global y diaria, observó que la evaluación individualizada proporciona una alternativa válida, viable y de costo efectivo para evaluar los eventos conyugales diarios relacionados con satisfacción marital (Johnson y O’Leary, 1996). Factores tales como el estilo de apego, también afectan la satisfacción marital (Fraley y Shaver, 1998; Keelan, Dion y Dion, 1998).

Conclusiones

El conflicto marital es una problemática que se ha incrementado en las últimas décadas, afectando a los miembros del vínculo, a sus hijos y por ende a una sociedad. Existen diferentes tipos de definiciones, no existiendo un consenso, sin embargo las fuentes parecen estar relacionadas, con la interacción, cognición, historia del individuo y su motivación, las cuales convergen a la satisfacción marital.

El abordaje de éste comportamiento de pareja se ha realizado desde diferentes soportes teóricos, siendo el Cognoscitivo Conductual el que se ha revisado más ampliamente en éste documento, enfatizando en el proceso de evaluación. Este proceso se realiza a través de la entrevista individual y conjunta, observación conductual y la utilización de diferentes instrumentos que valoran las diferentes áreas del problema marital y los aspectos individuales.

Éste proceso de evaluación es básico para comprender las variables que participan en el conflicto y con base en esto dirigir la intervención de forma eficaz. Es necesario desarrollar una cultura en donde se identifique rápidamente la necesidad de una intervención pronta para el vínculo.



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