Estudio del aporte de un instrumento (Test de Actitudes Alimentarias eat-26)



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Universidad de Chile

Facultad de Ciencias Sociales

Carrera de Psicología
ESTUDIO DEL APORTE DE UN INSTRUMENTO (TEST DE ACTITUDES ALIMENTARIAS EAT-26),

EN LA EVALUACIÓN DE CAMBIOS EN ADOLESCENTES SOMETIDOS A UN PROGRAMA DE PREVENCIÓN DE OBESIDAD.

Memoria para optar al Título de Psicólogo

Lic. Ps. Leonor Corada Luis, Lic. Ps. Alejandra Montedónico Arancibia.

Profesor Patrocinante y Asesor Metodológico:

Ps. y Mag. Elisabeth Wenk Wehmeyer

Santiago, Noviembre de 2007



Agradecimientos
Agradecemos muy sinceramente a las personas que nos permitieron trabajar en la ejecución del Programa de prevención de obesidad “Alimentación saludable y actividad física para la prevención de enfermedades crónicas en niño(a)s y adolescentes” y nos brindaron su apoyo para realizar nuestra memoria a partir de los datos obtenidos. Agradecemos al equipo coordinador del programa, en primer lugar a nuestra profesora patrocinante y coordinadora metodológica del programa de prevención de obesidad, Ps. Elisabeth Wenk, por su apoyo incondicional, comprensión y cariño a lo largo de estos meses, y por ser un gran ejemplo para nosotras como profesional y en especial en su labor formadora. También agradecemos al Director de la Clínica de Atención Psicológica de la Universidad de Chile, Ps. Juan Yáñez por darnos la oportunidad de participar y entregarnos todo su apoyo y ánimo para realizar esta investigación, y a las Doctoras Claudia Sagredo y Constanza Echeñique por su preocupación y esfuerzo en sacar adelante un proyecto como éste.

Por último agradecemos a la Ps. Rosa Herrera por su perseverancia y trabajo como coordinadora del equipo de evaluación y a todas las personas que trabajaron en la ejecución de la intervención psicológica dentro del Programa de prevención de obesidad: Ps. Valeria Mandakovic, Ps. Macarena Espinoza, Valeria Francesetti y Luciana Marín.




En primer lugar, agradezco a mi familia por su constante amor, valores, apoyo y por ayudarme a convertirme en la persona que soy. Gracias por darme la fuerza para finalizar esta etapa.

Gracias Mamá por tu ejemplo de fortaleza, por el gran amor y cariño que me entregas día a día y por ser siempre un gran ejemplo a seguir como persona y profesional.

Tuto, gracias por tu apoyo y por enseñarme que con perseverancia todo se puede.

Gigio, gracias por enseñarme que se puede soñar y por ser un ejemplo de perfeccionismo como persona y profesional.

Anto, gracias por tu comprensión y apoyo constante.

Cata y Martina, gracias por su inocencia y locuras que iluminan y le dan energía a mi vida.

Cristian, gracias por tu amor, paciencia y comprensión.

…Y muy especialmente gracias a ti Papá, porque se que desde el cielo debes estar disfrutando este momento.

Alejandra.

Gracias familia por ser mi sustento, por el apoyo constante y por darme la oportunidad de realizarme plenamente como persona y como profesional.

Gracias Mamá por ser el más hermoso ejemplo a seguir, por el inmenso amor que me entregas y porque en mis momentos de mayor angustia e incertidumbre siempre has estado ahí.

Gracias Papá por enseñarme a que uno debe reponerse de las frustraciones y mirar siempre hacia adelante para superarse. Gracias hermanos por mostrarme el camino a seguir y por apoyarme en todos mis sueños.

Gracias María Eugenia por ser como una madre para mí y por ser mi gran amiga en las buenas y en las malas.

Gracias Santiago e Isidora por ser una luz en mi vida y darme la energía necesaria para finalizar esta etapa.

Leonor.


Tabla de Contenidos



  • Resumen……………………………………………………………………………………3

  • Introducción………………………………………………………………………………...4

  • Antecedentes………………………………………………………………………………6

    • Obesidad: Un Problema Nacional Actual..……………………………………..6

    • La Adolescencia como Grupo de Riesgo………………………………………7

    • Sociedad y Trastornos de la Conducta Alimentaria…………………………..8

    • Iniciativas y Estrategias contra la Obesidad………………………………….10

    • Test de Actitudes Alimentarias EAT-26……………………………………….12

  • Objetivos…………………………………………………………………………………..13

  • Hipótesis General de Investigación………………………………………………….…14

  • Método…………………………………………………………………………………….14

    • Variables………………………………………………………………………….14

    • Tipo y Diseño de Investigación……………………………………………...…16

    • Colectivo y Muestra…………………………………………………………..…17

    • Instrumento………………………………………………………………………17

    • Procedimiento…………………………………………………………………....18

  • Análisis de Resultados…………………………………………………………………..20

    • Descripción Sociodemográfica de la Muestra………………………………..20

    • Análisis Descriptivo y Comparativo……………………………………………22

  • Conclusiones……………………………………………………………………………..40

  • Referencias Bibliográficas………………………………………………………………46

  • Anexo I: Sesiones Taller Psicológico…………………………………………………..49

  • Anexo II: Test de Actitudes Alimentarias EAT-26…………………………………….55



Resumen

La presente investigación tiene por objetivo evaluar si el Test de Actitudes Alimentarias EAT-26 es sensible a detectar cambios cuando se realiza una intervención dentro del marco del Programa de prevención de obesidad “Alimentación saludable y actividad física para la prevención de enfermedades crónicas en niño(a)s y adolescentes” en una población específica, lo cual representa un aporte a la Validez de Constructo del instrumento.

Este trabajo corresponde a un estudio de carácter metodológico aplicado y estadístico, de enfoque cuantitativo, con un tipo de estudio descriptivo y comparativo y de diseño pre-experimental de preprueba-postprueba con un solo grupo.

La muestra utilizada está compuesta por 95 sujetos de entre 12 y 18 años, 74 mujeres y 21 hombres, pertenecientes a 3 establecimientos educacionales municipales de nivel socioeconómico medio.

Los resultados obtenidos indican que no existen diferencias estadísticamente significativas en ninguno de los análisis realizados, lo cual permite concluir que el Test de Actitudes Alimentarias EAT-26 no es sensible a detectar cambios en una población de preadolescentes y adolescentes entre 12 y 18 años. Asimismo, se puede concluir que las variables Sexo y Grupo Etáreo se presentan de manera indiferenciada, expresándose como factores no determinantes en los resultados de esta investigación. Esto se observa en el Grupo Antes del Proceso de Intervención, en el Grupo Después del Proceso de Intervención y en la comparación de ambos grupos en forma conjunta.

Introducción
En el último tiempo las condiciones de vida y los hábitos de alimentación han sufrido importantes cambios, tanto a nivel de país como de América Latina. Es en este sentido que se ha observado un aumento considerable de las enfermedades crónicas no transmisibles relacionadas con la nutrición (ECNT). En especial, el tema de la obesidad es de gran preocupación por la predominancia cada vez mayor de enfermedades asociadas, trasformándose en un problema de morbimortalidad, tanto desde el punto de vista médico, psicológico como social. Esto se asocia a los cambios dietéticos generados por un nuevo modelo de consumo, que se caracteriza por una alta cantidad de grasas y alimentos procesados. (Albala, Burrows, Díaz y Kain, 2000).

Este tipo de cuadro tiende a manifestarse desde etapas tempranas del desarrollo, como lo es la infancia y la adolescencia. Es por esta razón que se hace necesario trabajar en torno a disminuir el impacto de la obesidad en Chile. En este contexto, el Ministerio de Salud (MINSAL) y FONASA, en el año 2006, comienzan a desarrollar el Programa “Alimentación saludable y actividad física para la prevención de enfermedades crónicas en niño(a)s y adolescentes” (Echeñique, Muñoz, Sagredo, Wenk y Yáñez, 2006).

Dentro de este Programa de prevención, que considera evaluaciones físicas desde un enfoque médico, se incluyen evaluaciones psicológicas en donde se utiliza una batería de pruebas proyectivas y objetivas, entre las cuales está el Test de Actitudes Alimentarias EAT-26, que constituye la base de la presente investigación y a través de la cual se pretende responder si este Test es sensible a detectar cambios, cuando se lleva a cabo algún tipo de intervención en una población específica.

La importancia de realizar este estudio se asocia con que el aporte, desde un punto de vista metodológico, posibilita entregar datos e información del instrumento que permitan enriquecer el campo de conocimiento ligado al Test de Actitudes Alimentarias EAT-26, específicamente en relación a su capacidad para detectar cambios. A su vez, los resultados obtenidos entregarán una contribución a la caracterización de la población adolescente con riesgo de ECNTs. Ahora bien, desde un punto de vista teórico, se intenta entregar información con relación a si se producen cambios en la población estudiada, en virtud de analizar la efectividad de las intervenciones. Con relación a la relevancia práctica, la investigación intenta ser un aporte para poder realizar intervenciones más efectivas, con mejores herramientas para enfrentar una problemática de la magnitud como lo es la malnutrición en exceso.

En torno a las proyecciones de esta investigación, se proponen dos posibles líneas de trabajo. Un primer aporte va en la línea de la aplicación y utilización de la prueba EAT-26 para futuras intervenciones en el ámbito de la obesidad y trastornos alimentarios, dado que este estudio se orienta a entregar información acerca de la sensibilidad de la prueba a cambios en las actitudes alimentarias, lo cual es relevante en el trabajo de prevención en dichos ámbitos y constituye un primer aporte a la Validez de Constructo del instrumento. Un segundo aspecto se relaciona con la contribución de los estudios de réplica de la investigación global efectuada, ya que en la medida que éstos se realicen, se estarían aportando evidencias a la eficiencia de la intervención, lo que también constituiría un aporte a la Validez de Constructo del Programa de prevención de obesidad llevado a cabo.

Debido a que se trabaja con las características de una prueba objetiva, como lo es el EAT-26, y que se desarrolla una investigación de carácter metodológico aplicado y estadístico, se utiliza un enfoque cuantitativo. Para llevar a cabo el estudio se ha considerado a los preadolescentes y adolescentes que participaron en el Programa de prevención de obesidad antes mencionado, y la realización de mediciones del Test de Actitudes Alimentarias EAT-26 en dos momentos, lo que constituye un diseño pre-experimental de preprueba-postprueba con un solo grupo. Por otra parte, ya que se pretende recoger información sobre la sensibilidad de la prueba a los cambios y establecer relaciones entre ambas mediciones, el tipo de estudio es descriptivo y comparativo.



Antecedentes
Obesidad: Un Problema Nacional Actual.

La obesidad se entiende como una patología crónica caracterizada “por un incremento de la grasa corporal a un nivel que compromete la salud” (Rozowski y Arteaga, 1997, p. 1218), que se ha definido internacionalmente como Índice de Masa Corporal (IMC) igual o mayor a 30 kg/m2, a su vez que el sobrepeso se define con un IMC igual o superior a 25 kg/m2 (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2000).

Esta patología es considerada actualmente un problema de salud pública nacional que afecta indistintamente de la edad y sexo de las personas, y que manifiesta una tendencia que ha ido en aumento a través de los años. Estadísticas Nacionales de Sobrepeso y Obesidad muestran que en los sujetos menores de 6 años se presenta un 25% de sobrepeso y obesidad, en los de 7 a 9 años un 35%, en los de 10 a 19 años un 20%, en los de 20 a 49 años un 38%, y en las personas mayores de 50 años un 50% (Ministerio de Salud [MINSAL], 2002). El Mapa Nutricional de JUNAEB del año 2005 revela que el 18.5% de niño(a)s de primero básico a nivel nacional se encuentra en situación de obesidad (Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas [JUNAEB], 2005). Por otra parte, un estudio de prevalencia de sobrepeso y obesidad en adultos de Santiago, realizado por Fagalde y Atalah (2003,en Atalah, 2005), demuestra que los adultos entre 20 y 39 años presentan un 41.8% de sobrepeso y un 11.2% de obesidad, los sujetos entre 40 y 49 años un 48.9% de sobrepeso y un 15.2% de obesidad, los individuos entre 50 y 59 años un 55.8% de sobrepeso y un 20.7% de obesidad, y en los adultos mayores de 60 años un 50.5% presenta sobrepeso y un 26.3% obesidad.

El sobrepeso y la obesidad van ligados directamente tanto a cambios en el estilo de alimentación, con un aumento considerable de grasas y azúcares, como a una disminución de la actividad física, favoreciéndose estilos de vida sedentarios. En la Encuesta de Calidad de Vida y Salud realizada por el Ministerio de Salud el año 2000, se encontró una prevalencia de sedentarismo de 88.8% en adultos varones y de 93.3% en mujeres adultas (Olivares, 2002). A pesar de esto, diversos estudios han demostrado que esta enfermedad “presenta una etiología multifactorial con un grado de presentación extremadamente variable” (Rozowski y Arteaga, 1997, p. 1218).

La presencia de obesidad en un individuo está asociada a hipertensión arterial, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, intolerancia a la glucosa, síndrome metabólico, enfermedades cardiovasculares (MINSAL, 2005), vinculándose también a una mayor ocurrencia de varios tipos de cáncer, colelitiasis, trastornos osteoarticulares, de músculos y ligamentos (Albala et al., 2000). Estas patologías, y el riesgo vital que ellas implican, más los altos índices de obesidad en los distintos grupos etáreos, hace necesario tomar medidas al respecto para evitar que esta suerte de epidemia siga afectando a la población chilena. De sobre manera se hace importante trabajar en torno a la prevención de esta enfermedad en grupos que están en etapas de formación y desarrollo, como lo es la niñez y la adolescencia.
La Adolescencia como Grupo de Riesgo.

La adolescencia ha sido definida como un período de “transición durante el desarrollo entre la niñez y la edad adulta que entraña importantes cambios físicos, cognoscitivos y psicosociales” (Papalia, Wendkos y Duskin, 2005, p. 431), que no tiene una duración determinada, pues varía según las distintas culturas y personalidades. Dentro de lo que se conoce como adolescencia existe una etapa temprana, conocida como Preadolescencia, que abarca desde los 12 hasta los 14 años y que marca la transición real entre la niñez y la adolescencia misma. Esta etapa generalmente está marcada por el desarrollo de la Pubertad, entendida como el proceso mediante el cual se alcanza la madurez sexual y capacidad para reproducirse. Desde los 15 a los 21 años aproximadamente, se consolida la etapa de la adolescencia, tanto desde el punto de vista del desarrollo sexual como cognitivo (razonamiento hipotético-deductivo) (Papalia et al., 2005).

Según Erikson, la tarea principal de la adolescencia es lograr la identidad personal, entendiendo ésta como un proceso de constante construcción (Márquez, 2004). “Según este proceso, el individuo se juzga a sí mismo a la luz de lo que percibe como la manera en que los otros los juzgan a él comparándolo con ellos” (Erikson, 1968, p. 19, en Márquez, 2004, p. 97). La adolescencia vendría a ser el período en que los sujetos alcanzarían su identidad individual coherente, siempre y cuando logren resolver adecuadamente la crisis “Identidad versus confusión de identidad” que plantea el autor. (Márquez, 2004).

Dentro de la elaboración de la identidad, el adolescente debe vivir diversos procesos de gran relevancia para su formación, como lo es el desarrollo de la autoestima, del ámbito afectivo relacional, entre otros. En estos procesos se torna de gran importancia el tema del autoconocimiento y la valoración personal, dentro de los cuales se encuentra como uno de los ejes articuladores la identidad corporal. Es precisamente durante la adolescencia que se produce el desarrollo puberal, en donde se comienza a manifestar una asimétrica distribución de las grasas corporales y consecuentemente una diferencia en la estructura corporal para hombres y mujeres. En este contexto, el cuerpo y su valoración tienen un gran peso en la formación de la identidad personal, ya que se sobrevalora el cuerpo y se establecen cánones estrictos de belleza que son reforzados por la sociedad y los medios de comunicación (Lameiras, Rodríguez y Carrera, 2005). Los jóvenes que se encuentran fuera de estos cánones comienzan a vivir una situación de discriminación generalizada. “Con la edad, el rechazo por parte de sus pares y la incapacidad de rendir físicamente repercute en la autoestima, la que suele ser normal en los niños pequeños pero está disminuida en los niños mayores y en los adolescentes” (Burrows, 2000, en Albala et al., 2000, p. 151).


Sociedad y Trastornos de la Conducta Alimentaria.

A raíz de lo anterior podría hablarse “de un descontento “normativo” con el cuerpo, lo que resulta alarmante, pues este descontento puede dar lugar, en muchos casos, a consecuencias tan graves como pueden ser los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), y en todos los casos a la insatisfacción con uno/a mismo/a y a las dificultades en la relación con los/as demás” (Lameiras et al., 2005, p. 50). En la sociedad occidental actual está instalada una modalidad particular de inclinación a la autosuperación, en la cual el mayor logro se identifica con la obtención de una configuración corporal ideal que resalta la delgadez. Los ideales estéticos implican exigencias cada vez mayores con respecto, principalmente, a la imagen corporal en relación al peso (Behar, 1996). Con relación a esto, se postula que “dondequiera que exista disponibilidad de alimento, unido a ciertas influencias socioculturales, surgirán sujetos vulnerables, tanto mujeres como hombres, cuya persecución de lo superior e insuperable se confirma en y se traslada a una patología tan autodestructiva como es un Trastorno del Hábito del Comer” (Behar, 1996, p. 260).

Dentro de los Trastornos de la Conducta Alimentaria que afectan principalmente a lo(a)s jóvenes, los dos más importantes son la Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa. La Anorexia Nerviosa es un síndrome en donde existe un deseo irrefrenable por alcanzar la delgadez a toda costa, caracterizándose “por una pérdida significativa del peso corporal (superior al 15%), habitualmente fruto de la decisión voluntaria de adelgazar” (Toro, 1999, p.7)

Los criterios para diagnosticar la Anorexia Nerviosa, según el DSM-IV (American Psychiatric Association [APA], 1995) son:



  1. Rechazo a mantener el peso corporal al nivel o sobre un peso mínimo normal para la edad y la altura (por ejemplo: pérdida de peso que conduce a un peso corporal de menos del 85% del esperado o fracaso en obtener el peso esperado durante el período de crecimiento y que conduce a un peso corporal de menos del 85% de lo esperado).

  2. Intenso temor a la ganancia ponderal o a la gordura aún estando emaciada1.

  3. Distorsión del modo como se experimenta el propio peso o silueta corporal, influencia inapropiada del peso o silueta corporal en la autoevaluación o negación de la seriedad del bajo peso corporal actual.

  4. En las mujeres, ausencia al menos de tres ciclos menstruales consecutivos (amenorrea primaria o secundaria).

Especificación del tipo:

    • Tipo restrictivo: durante el episodio de Anorexia Nerviosa el individuo no recurre regularmente a comilonas o a purgas (por ejemplo: provocación del vómito o uso excesivo de laxantes, diuréticos o enemas).

  • Tipo compulsivo/purgatorio: durante el episodio de Anorexia Nerviosa el individuo recurre regularmente a comilonas o a purgas (por ejemplo: provocación del vómito o uso excesivo de laxantes, diuréticos o enemas).

Por su parte, la Bulimia Nerviosa es un trastorno que se caracteriza por “episodios recidivantes de ingesta incontrolada de alimentos, seguidos de conductas compensadoras para evitar los efectos de la gran cantidad de alimento que se ha consumido, con lo que el efecto neto consiste en que el paciente suele mantener su peso normal” (Parmelee, 1998, pp. 150-151).

Los criterios para diagnosticar la Bulimia Nerviosa, según el DSM-IV (APA, 1995) son:


    1. Episodios recurrentes de comilonas.

    2. Conducta compensatoria inapropiada recurrente para prevenir la ganancia ponderal como vómitos autoinducidos, mal uso de laxantes, diuréticos, enemas u otros medicamentos, ayunos o ejercicio excesivo.

    3. La comilona y las conductas compensatorias inadecuadas ocurren en promedio al menos dos veces a la semana por tres meses.

    4. La autoevaluación es inapropiadamente influenciada por el peso y silueta corporales.

    5. El trastorno no ocurre exclusivamente durante episodios de Anorexia Nerviosa.

Especificación del tipo:

      • Tipo purgativo: durante el episodio de Bulimia Nerviosa el individuo se provoca regularmente el vómito o usa laxantes, diuréticos o enemas en exceso.

      • Tipo no purgativo: durante el episodio de Bulimia Nerviosa el individuo emplea otras conductas compensatorias inapropiadas, como el ayuno o ejercicio intenso, pero no recurre regularmente a provocarse el vómito ni usa laxantes, diuréticos o enemas en exceso.


Iniciativas y Estrategias contra la Obesidad.

Es frente a lo expuesto anteriormente que se ha hecho evidente, en el marco de la Salud Pública Chilena, la importancia de desarrollar planes de acción que permitan prevenir y manejar el tema de la obesidad y sus consecuencias. Dentro de esto, es que en el año 2005 el Ministerio de Salud comenzó a lo largo del país una “Estrategia de Intervención Nutricional a través del Ciclo Vital”, que revela la situación nutricional mediante la consejería en vida sana en distintas acciones en salud. En este contexto, se hace necesario realizar análisis, estudios e intervenciones específicas en los grupos etáreos de riesgo para intentar disminuir el impacto de este fenómeno. Específicamente y tal como expresado anteriormente, en el año 2006 el Ministerio de Salud y FONASA promueven el Programa “Alimentación saludable y actividad física para la prevención de enfermedades crónicas en niño(a)s y adolescentes” (Echeñique et al., 2006), que “consiste en desarrollar un programa piloto de intervención en niño(a)s y adolescentes obesos, con alto riesgo de desarrollar síndrome metabólico. El propósito es disminuir en esta población el riesgo de síndrome metabólico, a través de intervenciones sucesivas con seguimiento alimentario-nutricional, con apoyo de educación, actividad física y asesoramiento en estilos de vida saludable” (Echeñique et al., 2006, p. 5), con el objetivo de mejorar la situación nutricional de una determinada población, para aminorar el riesgo de Síndrome Metabólico y ECNTs., asociados al sobrepeso y obesidad. (Echeñique et al., 2006)

Este Programa se orienta a trabajar con una población de niño(a)s y adolescentes entre los 6 y 19 años, con un IMC  al percentil 95 para edad y sexo, con un Perímetro de Cintura (PC)  al percentil 90 NHANES III, y con al menos uno de los siguientes antecedentes en padre, madre, hermanos y/o abuelos: obesidad, dislipidemia, DM2 y/o infarto al miocardio o accidente vascular encefálico antes de los 50 años. Los criterios de exclusión para participar en el Programa son antecedentes de enfermedades con compromiso orgánico o psiquiátrico de relevancia, patología oncológica, embarazo y lactancia, y cualquier otra patología que represente contraindicación para el ingreso. (Echeñique et al., 2006).

Las atenciones que contempla el Programa consisten en 4 meses de intervención con consultas individuales con médico, nutricionista y psicólogo; actividades grupales con psicólogo, nutricionista y profesor de educación física o kinesiólogo; sesiones guiadas de actividad física a cargo de un profesor de educación física o kinesiólogo; y exámenes de laboratorio realizados al ingreso y al 4º mes. También se contempla un control tardío a los 6 meses y a los 12 meses realizado por cualquiera de los profesionales involucrados (Echeñique et al., 2006)

A través de estas actividades se busca “promover cambios hacia hábitos más saludables, sin dañar la autoestima ni la imagen corporal del menor, considerando la alta vulnerabilidad de los adolescentes a desarrollar trastornos de su conducta alimentaria (TCA) y/o trastornos del ánimo secundarios” (Echeñique et al., 2006, pp. 4-5). Es por esta razón que el equipo de salud mental, conformado por psicólogos, se enfoca en dos áreas de acción, una orientada al desarrollo de talleres de psicoterapia grupal y la otra vinculada a la evaluación a través de instrumentos psicológicos. Dentro de esto último, se utiliza una batería de pruebas que incluyen test proyectivos como el Test de Zulliger y Pruebas Gráficas (Dibujo Libre, Figura Humana, Persona Bajo la Lluvia y H.T.P), y pruebas objetivas tales como el Test de Autoestima Escolar (TAE), la Escala de Evaluación de Insatisfacción Corporal en Adolescentes (EEICA) y el Test de Actitudes Alimentarias EAT-26, prueba en que se centra la presente investigación.
Test de Actitudes Alimentarias EAT-26.

El Test de Actitudes Alimentarias (EAT) tiene por objetivo identificar, a través del autoreporte, síntomas y preocupaciones características de los trastornos alimentarios en muestras no clínicas (Garner, Olmster, Bohr y Garfinkel, 1982). Esta prueba fue elaborada por David Garner y Paul Garfinkel en el año 1979 y su primera versión, conocida como EAT-40, consta de 40 reactivos agrupados en 7 factores: conductas bulímicas, imagen corporal con tendencia a la delgadez, uso o abuso de laxantes, presencia de vómitos, restricción alimentaria, comer a escondidas y presión social percibida al aumentar de peso. Posteriormente se diseñó una segunda versión que consta de 26 reactivos, conocida como EAT-26, en la cual se suprimieron 14 ítemes, por considerarse redundantes y que no aumentaban la capacidad predictiva de la prueba. Maloney y colaboradores en el año 1988, crean una versión para niños denominada CHEAT-26 que utiliza un lenguaje más sencillo (Iñarritu, Cruz y Morán, 2004). Para identificar a los sujetos con algún tipo de TCA se han propuesto los siguientes puntos de corte: “más de 30 puntos para el EAT-40 y más de 20 puntos para el EAT-26 y el CHEAT-26” (Iñarritu et al., 2004, Eating Attitudes Test, 2). El Test de Actitudes Alimentarias ha sido recomendado como una prueba de filtro para determinar la presencia de riesgo de cualquier TCA, aunque se advierte la posibilidad de perder algunos sujetos con Trastornos de la Conducta Alimentaria No Específica (TANE) (Iñarritu et al., 2004).

Específicamente el EAT-26 ha sido considerado como una de las pruebas estandarizadas más utilizadas en el ámbito de los Trastornos Alimentarios, ya que posee altos índices de confiabilidad y validez (Garner et al., 1982). Esta prueba ha sido utilizada “como una herramienta de “screening” para determinar “Riesgo de Desorden Alimentario” en colegios, universidades y otros grupos especiales de riesgo como los atletas” (Garner, Rosen y Barry, 1998 en About the EAT-26, (s./f.), EAT-26 Scoring and Interpretation, 3). Al ser una prueba de tamizaje (screening), se asume que una anticipada identificación de un desorden alimentario puede conducir a un tratamiento temprano, reduciendo así ciertas complicaciones físicas y psicológicas e incluso la probabilidad de muerte (About the EAT-26, (s./f.), EAT-26 Scoring and Interpretation, 3). Los puntajes iguales o mayores a 20 puntos en el EAT-26 son frecuentemente relacionados con actitudes y conductas alimentarias de riesgo, pudiendo asociarse a un desorden alimentario (Jones, Bennett, Olmsted, Lawson y Rodin, 2001).

Los itemes de la prueba se agrupan en 3 factores: El Factor 1 Dieta se relaciona con la evitación de alimentos que engordan y la preocupación por estar delgado(a), el Factor 2 Bulimia y preocupación por la comida refleja pensamientos sobre la comida e indicadores de Bulimia, y el Factor 3 Control Oral esta relacionado con el autocontrol en el comer y en el percibir presión desde los otros por aumentar de peso (Garner et al., 1982).




Objetivos


  • Objetivo General:

Evaluar la sensibilidad del Test de Actitudes Alimentarias EAT-26 para detectar cambios, cuando se lleva a cabo algún tipo de intervención en una población preadolescente y adolescente específica.


  • Objetivos Específicos:

    • Describir los resultados de la prueba EAT-26 aplicada a los preadolescentes y adolescentes participantes en el Grupo Antes del Proceso de Intervención (Grupo API), con relación al grupo global y a las variables sexo y grupo etáreo.

    • Aportar a la Validez de Constructo del EAT-26 al comparar los resultados de la prueba aplicada a los preadolescentes y adolescentes participantes en el Grupo Antes del Proceso de Intervención, con relación a las variables sexo y grupo etáreo.

    • Describir los resultados de la prueba EAT-26 aplicada a los preadolescentes y adolescentes participantes en el Grupo Después del Proceso de Intervención (Grupo DPI), con relación al grupo global y a los variables sexo y grupo etáreo.

    • Aportar a la Validez de Constructo del EAT-26 al comparar los resultados de la prueba aplicada a los preadolescentes y adolescentes participantes en el Grupo Después del Proceso de Intervención, con relación a las variables sexo y grupo etáreo

    • Aportar a la Validez de Constructo del EAT-26 al comparar los resultados obtenidos en la aplicación de la prueba en el Grupo Antes del Proceso de Intervención con el Grupo Después del Proceso de Intervención, descartando a los sujetos que desertaron del Programa, con relación al grupo global, sexo y grupo etáreo.

    • Aportar a la Validez de Constructo del EAT-26 al comparar, dentro del Grupo Antes del Proceso de Intervención, los resultados de la prueba, entre los preadolescentes y adolescentes evaluados que finalizaron su participación en el Programa y aquellos que desertaron de su participación en el Programa.




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