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LOS NEGOCIOS SOCIALMENTE RESPONSABLES EN PERSPECTIVA DE ECONOMÍA PARA LA VIDA
Ingrid Alarcón Díaz1 - Yuly Paulín Moya Garzón2

MESA: Emprendimientos sociales, sustentabilidad y nuevas formas empresariales.
Resumen

Bajo el nombre de Negocios Socialmente Responsables, se consolida una propuesta ética y educativa que busca contribuir a la resignificación de las prácticas exclusivamente lucrativas y privadas encarnadas en las formas empresariales tradicionales, para encontrar desde el contexto latinoamericano, nuevos sentidos que posibiliten en el circuito económico la reafirmación de la vida. De manera que, esta ponencia decanta algunos elementos críticos de lo que significa construir hoy en los márgenes del sistema capitalista de mercado, ideas productivas que reorienten sus dinámicas de producción y comercialización hacia la solidaridad, la productividad consciente, la reciprocidad con la naturaleza, el consumo responsable y la generación de lazos comunitarios, con el fin de fortalecer las economías locales y garantizar la vida plena y digna de todos los seres.


Abstract
Socially Responsible Business is the name of an ethical and educational proposal. This proposal seeks to give new meaning to exclusively lucrative and private practices in traditional business models, finding in Latin American contexts new ways to make economic circuits be life affirming. This paper develops some critical elements of what it means to construe productive ideas at the margins of today’s capitalist market system to redirect its production and marketing dynamics towards solidarity, conscious productivity and reciprocity with nature, responsible consumption and the generation of community bonds. The objective is to strengthen local economies and guarantee a full and dignified life to all beings.
Las reflexiones aquí expuestas hacen parte de los procesos investigativos y de las experiencias comunitarias adelantadas por el Centro de Educación para el Desarrollo de la Corporación Universitaria Minuto de Dios UNIMINUTO en Colombia, que buscan resignificar la noción de desarrollo para Latinoamérica, así como agenciar nuevas formas de economías locales a través de los Negocios Socialmente Responsables. Esta categoría conceptual de Negocio Socialmente Responsable nace como fruto de la sistematización de la experiencia del Proyecto de Responsabilidad Social Ciudadanos Emprendedores, que desde el año 2010 tiene como objetivo fortalecer las ideas productivas de las comunidades cercanas al territorio local de UNIMINUTO, “desde el cual se hace posible repensar los vínculos entre sociedad/universidad, conocimiento/práctica, economía/ética, desde el horizonte de la co-responsabilidad y la vida como criterios de la acción de los negocios” (Neira y Moya, 2015, p.28).

En este sentido, la ponencia que presentamos centra su interés en tres preguntas que atraviesan hoy las discusiones por las relaciones del mercado en el modelo hegemónico del capital, en el que nuevas formas empresariales al rescate de la vida en todas sus dimensiones, constituyen mecanismos de resistencia: ¿Por qué se hace necesario recuperar las reflexiones alrededor de la relación economía- vida?, ¿Qué significa pensar hoy en construir formas empresariales desde una perspectiva de Economía para la Vida?, y ¿Cómo desde los Negocios Sociales Responsables podemos apostar por la reivindicación de las economías locales?

Dichos interrogantes atraviesan las discusiones éticas, económicas, sociales y pedagógicas que se sostuvieron durante el proceso de investigación del Proyecto Ciudadanos Emprendedores, en el que los diversos actores sociales: estudiantes, docentes, directivos universitarios, personas de la comunidad y organizaciones sociales que lideran procesos de economías alternativas, aportaron desde sus experiencias y saberes, a las reflexiones que exponemos hoy y a la transformación del Proyecto que desde la denominación de Negocios Socialmente Responsables continua trabajando en diversas comunidades de Bogotá por la recuperación de las economías locales, bajo la apuesta ética del Buen Vivir Andino.

¿Por qué se hace necesario recuperar las reflexiones alrededor de la relación economía- vida?
Los condicionamientos de una economía de mercado han impactado fuertemente las relaciones entre todos los seres vivos, estableciendo jerarquías de poder entre unos y otros, que obedecen a la idea moderna de que el sujeto humano es centro del mundo y dueño de privilegios y tributos sobre los otros seres. En este sentido, el modelo económico hoy vigente concibe a la naturaleza como un recurso o un bien, a favor de la supervivencia y el desarrollo, desde donde se cuantifican sus beneficios. Así por ejemplo, el agua, la tierra, los frutos, los animales son utilizados en el circuito económico como insumo o materia prima, mas no como elemento constitutivo de la vida.

“Y no es difícil verlo cuando el poder se ha ido prefigurando como un poder sobre la vida íntegra (esto es un biopoder). Y la economía ha ido extendiendo su campo para abarcar no solo a dos fuerzas en pugna, el capital y el trabajo, sino el sistema que contiene infinitud de formas de vida humana y de otras especies naturales, intentando someterlas a su administración integral. (…) esto es como dice Fumagalli (2010), la difusión de formas de control social, guiados por la pulsión antropocéntrica, de imponer el poder totalizador e invasivo de la acumulación capitalista para avasallar todas las formas de vida”. (Useche, 2014 en Gutiérrez y Monsalve, p.114)

Es así, como la noción antropocéntrica de la vida, impulsada desde la visión moderna y movilizada por el Estado, la empresa privada y otras instituciones sociales; se ve reflejada en el ordenamiento de la vida íntima y social, originando y acentuando determinadas prácticas de consumo y producción, que están mediadas por las manos aparentemente invisibles del mercado.

En consecuencia, el reordenamiento liderado por el mundo occidental como un proceso de industrialización y de crecimiento económico, ha incidido en el orden ecológico del cosmos, que desde la visión amerindia3 está en crisis, y por tanto, es necesario pensar hoy en nuevas formas de economía, que mantengan una armonía y equilibrio como un principio esencial de todo aquello que es parte del mundo vivo (Medina, 2006).

En palabras del científico Lovelock (1983) dicho principio, parte de reconocer al planeta tierra como un ser vivo: “Gaia está viva”, y entonces es preciso retornar a la visión de siglo XVII, bajo la cual el reencantamiento del mundo nos recuerda que el ser humano no puede verse ajeno al cosmos sino como un partícipe de su misterio (Berman, 1987).

Reconociendo a Gaia como misterio vivo y por tanto mutable, es preciso cuestionarnos, ¿cómo la influencia de los humanos en el equilibrio del cosmos, representa en sí misma un peligro para la sobrevivencia de la propia especie? En otras palabras, si las dinámicas de producción y consumo alteran los ciclos naturales del planeta, a futuro dicho organismo vivo se reacomodará y regenerará, reiniciando nuevos ciclos desconociendo cual será el lugar de la especie humana en el mundo.

Y si nos preguntamos por nuestro lugar actual en el mundo, se hace evidente la concepción de superioridad del ser humano, que justifica la organización de la vida social: nuestro sistema económico y su expansión, la explotación, la invasión de las urbes en los espacios rurales: en conclusión, la destrucción de la vida en aras del progreso.

Esta superioridad que como hemos mencionado representa una jerarquía de poder, no sólo se hace evidente entre lo humano y lo natural, sino que se agudiza de manera profunda en el establecimiento de las relaciones entre humanos. Varios autores Quijano(2000), Escobar (2007), Hinkelammert y Mora (2005:2007), Castro (2007:2008), entre otros, han venido sustentando cómo el modelo económico capitalista ha planteado un ordenamiento de los países y en esta misma vía de los sujetos que los integran, en el que históricamente se han instaurado distintas condiciones de privilegio y de exclusión que de acuerdo a la clase, la cultura, la raza, la educación, entre otros aspectos, han otorgado a un pequeño grupo de países “primer mundistas” e individuos, -denominamos por algunos “élites”-, el poder económico y político sobre el planeta y especialmente el poder sobre las dinámicas de desarrollo de los países “tercermundistas”.

Este poder, ha sido utilizado por dichos grupos para sostener y apalancar el modelo económico vigente, estableciendo el sistema de mercado como principal objeto de la relación entre naciones y entre humanos. De manera que el sistema de mercado capitalista, guía las dinámicas de nuestros deseos, necesidades, capacidades, oportunidades, y en general de nuestras realidades, a través de la producción y el consumo. En palabras de Arturo Escobar:

(...) La economía política se estructuró alrededor de las nociones de producción y trabajo. Sin embargo, además de racionalizar la producción capitalista, la economía política tuvo éxito al imponer la producción y el trabajo como códigos de significación de la vida social en su conjunto. Sencillamente, la gente moderna llegó a ver la vida en general a través de la lente de la producción. Muchos aspectos de la vida se volvieron cada vez más economizados, incluyendo la biología humana, el mundo natural no humano, las relaciones entre las personas, y las relaciones entre la gente y la naturaleza. Los lenguajes de la vida diaria quedaron totalmente invadidos por los discursos de la producción y el mercado (2007, p.110).


Ahora bien, en esta vida economizada en el que la producción y el consumo se asumen como elementos de la cotidianidad de los sujetos, es paradójica la distancia que se sostiene entre productores y consumidores, pues a pesar de ser dos procesos aparentemente interdependientes, en la lógica de esta economía de mercado resultan ser fragmentados y aislados constantemente. Así, puede notarse el desconocimiento de los consumidores de la trazabilidad del proceso productivo, frente a las historias de los territorios, las comunidades y los sujetos productores, y en general, frente a las prácticas productivas y a su incidencia en el mundo de la vida.

En este sentido, es necesario rescatar el lugar y el poder que tienen los consumidores, que trascendiendo del juego de oferta y demanda, pueden incidir en la transformación de las lógicas productivas a través de sus decisiones de consumo. Por tanto, es responsabilidad de los consumidores buscar los mecanismos de información para conocer el origen y la historia del producto, los procesos sociales y ambientales tras su producción, así como las implicaciones en su comercialización.

Desde otro lugar, los productores supeditados a las características de la eficiencia, eficacia, calidad y competencia, que imponen las dinámicas de mercado, han ido determinando un estilo particular de actuación en los procesos productivos que lideran, en donde resulta más importante y conveniente reducir costos aunque ello implique salarios no justos, utilización de materias primas e insumos que impactan la salud y el ambiente, la consolidación de monopolios y estrategias de mercadeo no transparentes, entre otras prácticas.

Todo ello nos devuelve a la pregunta sobre la relación economía- vida, que tal como hemos venido enunciando, se vuelve trascendental para reflexionar las posibilidades de retornar al equilibrio de Gaia y garantizar la existencia de humanos y no humanos en ella. De manera que se trata de reconocer el lugar de la vida en la economía, tal como lo mencionan Hinkelammert y Mora (2005):

Y cuando hablamos de “vida”, nos referimos a la vida real de los seres humanos reales no a la vida imaginaria e invertida de las teorías económicas neoclásica y neoliberal (…). Una Economía para la Vida se ocupa de las condiciones que hacen posible esta vida a partir del hecho de que el ser humano es un ser natural corporal. Se ocupa por tanto particularmente de las condiciones materiales que hacen posible y sostenible la vida a partir de la satisfacción de las necesidades y el goce de todos y por tanto del acceso a los valores de uso que hacen posible esta satisfacción y este goce: que hacen posible una vida plena para todos y todas. (p.24)
En coherencia con estas reflexiones, la propuesta de Negocios Socialmente Responsables acoge la Economía para la Vida como perspectiva ética, que viabiliza y potencia la acción de los negocios en las economías locales, ya que hace consciente la influencia que tienen los procesos productivos sobre la cotidianidad de los sujetos y su contexto.

Desde este horizonte, se plantea la existencia de unas condiciones materiales que no sólo se reducen a la dimensión económica propuesta por los economistas clásicos, en el que la producción, la comercialización, la circulación y el consumo son los únicos elementos que la componen; sino además, a ello, se integra la dimensión ecológica comprendiendo que la existencia de la vida humana sólo es posible, bajo la garantía de la existencia de la naturaleza, y asimismo reconociendo la condición diversa de la dimensión cultural en las sociedades, en donde es justo entender el trabajo humano, como elemento transformador para producir bienes con valor de uso.

Así, economía, ecología y cultura se integran en esta visión de Economía para la Vida, precisando la complejidad de las condiciones materiales y superando la idea de ver al sujeto llanamente como agente económico y a la naturaleza como factor de producción; lo que hace evidente la relevancia de la corporalidad humana, ya no exclusivamente en la búsqueda de la riqueza desde una visión abstracta del modelo económico, sino principalmente en las formas sociales que desde una visión real y contextual permiten un vínculo entre sujeto y naturaleza, orientándolo a la reproducción de la vida.

En consecuencia, ¿Qué significa pensar hoy en construir formas empresariales desde una perspectiva de Economía para la Vida?
En primer lugar, es preciso mencionar que a partir de la edificación de nuevas formas empresariales nace un discurso sobre de la gestión empresarial, pero también y especialmente un paradigma “del emprendedor”, que ha permitido movilizar la construcción de empresas bajo las lógicas del mercado. Por tanto, la investigación buscó indagar por las significaciones de este discurso y sus dinámicas, pues durante la experiencia del proyecto solía reflejarse una naturalización por parte de los sujetos de las nociones emprendimiento-emprendedor-empresa, como si se tratará de la naturaleza misma de la economía.

Con este propósito se rastrearon las principales perspectivas que a partir del nacimiento del modelo capitalista empiezan a surgir sobre el emprendimiento, en las que sus construcciones han tenido distintas condiciones históricas y diversos desarrollos conceptuales, de acuerdo a las realidades sociales, políticas y económicas, tanto locales para nuestro caso -el contexto Colombiano-, como globales. De manera que fue importante contrastar las vertientes del emprendimiento en el que se enmarcan los procesos productivos en Colombia.

De una parte, el emprendimiento clásico empresarial fundamentado especialmente desde dos escuelas: la Escuela Estadounidense y la Escuela Austriaca. En la Estadounidense se plantea la innovación como una forma para cambiar los condiciones de equilibrio del mercado, y en correspondencia ,la acción emprendedora se torna en un proceso de destrucción creativa, que busca aprovechar las oportunidades del mercado y movilizar nuevas empresas (Schumpeter, 1934); “el emprendedor y empresario adquieren preponderancia en el mundo productivo, toda vez que ellos representan el dispositivo de cambio y transformación permanente en el mercado, a partir de la nueva concepción de la destrucción creativa, incorporada por Schumpeter” (Perdomo, 2009, p.163).

Desde la Escuela Austriaca se considera la perspicacia, la acción humana y la información del mercado como causales para determinar los comportamientos de la oferta y la demanda. “En este orden, Von Mises, plantea que la acción humana permea la condición de empresario, (el homo agens como lo denomina), puesto que es este sujeto quien tiene una propensión a identificar y perseguir eficientemente sus fines, teniendo anticipadamente claros los propósitos a alcanzar y los medios disponibles, lo que lleva al empresario a asumir una actitud perspicaz, astuta y sagaz de forma constante” (Kirzner, 2007, citado en Neira y Moya, 2015, p.163).

Puede notarse en estas dos escuelas, cómo la lógica del emprendimiento clásico empresarial tiene su génesis en el modelo hegemónico del capital, y especialmente, cómo se superpone un ideal de sujeto sobre la economía. Dicho sujeto ha sido configurado a través de una serie de valores y características propias de la modernidad, que sostienen y aseguran el libre mercado, generando y perpetuando relaciones de poder desiguales; en este caso genera a un humano competitivo, innovador, individualista, patriarcal y exitoso, que centra su acción emprendedora en la generación de ingresos y la acumulación de la riqueza y por tanto, no se plantea reflexiones acerca de las implicaciones de su acción.

Ahora bien, la lógica del libre mercado acompañada por una dinámica de sujeto emprendedor trae además, una transformación de la visión y las funciones de los Estados-Nación, en donde el Estado como Institución ya no es el máximo garante del bienestar de los ciudadanos, sino el mediador en las relaciones entre el mercado y la sociedad:

Es por ello, que el Estado-Nación ha iniciado un cambio radical en la manera de pensar sus políticas sociales, sus prioridades de inversión y su interacción con la ciudadanía, orientándose a ser el mediador que facilita las posibilidades del mercado, la libre empresa y las acciones encaminadas a fomentar las inversiones de grandes multinacionales y transnacionales. El giro se ha encauzado hacia un Estado Neoliberal, cuya política social se enfoca en el diseño de programas para atender a poblaciones específicas en aras de propiciar la formación de consumidores efectivos. Un ejemplo de esto [en el contexto colombiano] son los programas de Familias y Jóvenes en Acción, en donde las estrategias se dirigen a la formación para el trabajo y la entrega de recursos que se consolidan como maniobras para incluir al ciudadano en el modelo económico como trabajador, emprendedor y consumidor. (Alarcón y otros, en Neira y Moya, 2015, p.156)
En efecto, en el contexto colombiano la perspectiva legislativa que desde el modelo neoliberal del Estado se ha desarrollado en los últimos 25 años, ha impulsado la creación de empresa privada como principal estrategia para dinamizar el crecimiento económico y ha adoptado una visión de desarrollo, que privilegia la propiedad privada sobre la colectiva, tal como se declara en la Constitución Política de Colombia (Artículo 58).

Al vaivén de los grandes movimientos de capitales trasnacionales y de la imposición de dinámicas de enriquecimiento de una pequeña élite, que no tiene miramientos con el bienestar del conjunto de la sociedad, se han debilitado las barreras estatales para contener tal voracidad de los intereses mezquinos. Es más, el Estado no sólo ha sido vaciado en sus funciones regulatorias y de trazado de estrategias redistributivas (Jeesop, 2002; 2007), sino que ha sido abiertamente tomado por los intereses de las élites plutocráticas. (Useche en Neira y Moya, 2014)


Y bajo esta visión desarrollista dominante, se han formulado una serie de políticas públicas y estrategias para impulsar el emprendimiento como principal herramienta de progreso. Así por ejemplo, la Ley de Fomento a la Cultura del emprendimiento en Colombia, lo expresa como:

Una manera de pensar y actuar orientada hacia la creación de riqueza. Es una forma de pensar, razonar y actuar centrada en las oportunidades, planteada con visión global y llevada a cabo mediante un liderazgo equilibrado y la gestión de un riesgo calculado, su resultado es la creación de valor que beneficia a la empresa, la economía y la sociedad. (Ley 1014 del 2006, artículo 1, numeral C.)


Ante dichas políticas adoptadas por el Estado Colombiano, en las cuales se hace evidente la inequidad social, la apropiación indiscriminada de la tierra, la liberación económica, así como, el fortalecimiento de los grandes grupos económicos en detrimento de las economías locales, de los procesos productivos asociativos, de la armonía con la naturaleza, es cada vez más necesario y urgente promover y construir formas empresariales alternativas que se resistan a esta perspectiva. Y ello sólo es posible, si hoy comprendemos los principios éticos de una economía que más allá de las fronteras del mercado, nos permita replantear las formas de ser y relacionarnos en donde el único propósito debe ser la vida.

Esta reflexión ha sido planteada desde hace varias décadas por las vertientes del emprendimiento social y solidario, reconociendo su nacimiento en procesos alternativos de grupos sociales diversos, en donde se recrea una manera distinta de la economía, que parte del conocimiento de las condiciones sociales, espaciales, culturales, históricas y económicas del contexto. De manera que en estos emprendimientos, los principios de solidaridad, cooperación, autogestión, eficiencia y viabilidad, han dado posibilidades para promover organizaciones económicas desde iniciativas colectivas y/o locales, que centran su atención en el bienestar común, en las que el lucro tiene como valor la posibilidad de generar ingresos y fortalecer los procesos comunitarios orientándose al mejoramiento de las condiciones de vida de los sujetos.

De una parte, los emprendimientos sociales se enmarcan en la “búsqueda de soluciones a problemas sociales, a través de la construcción, evaluación y persecución de oportunidades que permitan la generación de valor social sostenible, alcanzando equilibrios nuevos y estables en relación con las condiciones sociales, a través de la acción directa llevada a cabo por organizaciones sin ánimo de lucro, empresas u organismos gubernamentales” (Guzmán y Trujillo, 2008, p. 110).

De otra parte, los emprendimientos solidarios nacen en América Latina como un modelo alternativo de la economía que persigue nuevas formas de coexistir con el modelo capitalista y el paradigma de desarrollo vigente, acercándose a las formas de economía popular impulsadas por las comunidades usando recursos personales puestos en común y buscando alternativas con la intención de satisfacer sus necesidades.

Una característica fundamental es que (...) intentan ser alternativas con respecto al sistema dominante, ya que aportan a la transformación hacia modelos de sociedad más justos. Este último es un elemento que pone de relieve la integración entre lo económico y lo político, en tanto que no sólo se plantea como una alternativa de supervivencia económica para los sectores populares, sino como una fuerza que busca la transformación social. Esta característica, sobre todo, es la que distingue a los planteamientos de la economía solidaria en Latinoamérica. (Cortes & Otros, 2009, p.5)
En América Latina cada vez más, existen experiencias de economía solidaria que ponen de manifiesto las condiciones de inequidad, de exclusión, de pobreza y de injusticia, derivadas de los sistemas de mercado y la globalización, desde donde las comunidades resisten por medio de la creación de organizaciones populares y comunitarias que movilizan prácticas asociativas, no solo frente a las iniciativas productivas, sino frente a la identidad, el territorio, la historia y el cambio social, lo que otorga al emprendimiento solidario un sentido político (Alarcón y Otros, en Neira y Moya, 2014).

Y es aquí, donde cobra valor proponer hoy una economía que en perspectiva de Economía para la Vida, reconoce las implicaciones sociales, políticas, ambientales, culturales y económicas de cualquier forma empresarial que se pone en marcha, y que no es ajena al contexto en donde se desarrolla. Con ello, queremos hacer evidente la urgencia de plantear un diálogo profundo alrededor de los sentidos éticos que subyacen a las formas empresariales recreadas en nuestros contextos, en los que muchas veces suele verse superfluamente la responsabilidad social empresarial, como la compensación de los impactos generados en las comunidades y sus territorios, mas no en la pregunta por la sostenibilidad de la vida y su goce, pues hoy comprendemos que una Economía para la Vida es la posibilidad de vivir una vida plena.

El sentido de la vida es vivirla, ante todo estamos reafirmando una voluntad de vivir, reivindicando una lógica de la vida que permita reorientar la organización de la sociedad por el imperativo ético de la vida: mi vida, la vida del otro, la vida de la naturaleza. (Hinkelammert y Mora, 2005, p. 25)
Ante la posibilidad de vivir una vida plena, ¿Cómo desde los Negocios Sociales Responsables podemos apostar por la reivindicación de las economías locales?
Retornardo a los inicios de la experiencia del proyecto Ciudadanos Emprendedores, como propuesta educativa que buscaba construir con diversas comunidades locales ideas de negocio, es importante mencionar algunos elementos de sentido, que fueron siendo pistas hacia la construcción de formas empresariales alternativas, donde no sólo se reconocía el contexto local en el que eran diseñadas, sino además, se planteaban opciones reales de sostenibilidad de la economía familiar.

Las ideas de negocio, así como la expectativa de creación de empresas, suelen surgir de las necesidades, los intereses, las experiencias y las visiones que las personas y las comunidades asumen frente a la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida. En este sentido, debe reconocerse el significado que para la gente tiene el poder involucrarse en procesos educativos, para hacer viable su proyecto productivo.

Por consiguiente, la experiencia que hoy ponemos en común, parte de evidenciar los tránsitos de la propuesta inicial de formación empresarial, que en principio estaba regida por los contenidos clásicos demandados por el pensamiento administrativo empresarial dominante. Y que luego, fueron cuestionándose a través de la inserción de dos elementos de sentido ético: el comercio justo y la apuesta por la responsabilidad ambiental. Así:

El proyecto de Ciudadanos emprendedores, ahora Negocios Socialmente Responsables, (…) establece una tensión, (…) entre una aproximación crítica de la realidad económica capitalista y un ‘realismo’ vital, que (…) intenta mediar entre las visiones críticas del capitalismo mercantil, como sistema hegemónico de relaciones económicas, sociales, políticas y culturales, y las tendencias acríticas de dicho sistema, que buscan simplemente tecnificar, calificar y cualificar a los individuos para la inserción eficaz en el sistema hegemónico de la economía (Orrego, en Neira y Moya, 2014, p.202).


Esta mediación siempre puesta en orden de las realidades, las historias, los saberes y las dinámicas de las comunidades, resulta ser el camino para reconstruir el lazo social de los sujetos, pues es precisamente en el encuentro de esas historias, realidades, etc., donde es posible generar nuevas redes que redundan en los procesos productivos que se agencian.

Es allí donde la re significación del concepto de 'negocio' transforma su sentido, pues no es pretensión de esta nueva forma empresarial acudir a su denominación tradicional que entiende el negocio como estrategia de lucro, sino más bien, a su sentido político que emerge de la idea de negociación, y se comprende como la posibilidad de deliberar, acordar y pactar en condiciones de equidad, logrando consolidar nuevas relaciones de producción entre los sujetos.

Estas nuevas formas de relacionamiento, nos recuerdan las prácticas comunes y cotidianas de nuestros países latinoamericanos, en donde el trueque, la ñapa (yapa en quechua), el compadrazgo, la solidaridad y la confianza resultan ser ejercicios de la economía que suceden en espacios locales como la tienda, la plaza y los comercios populares, y ello es lo que permite apostar por la reivindicación de la economía local al margen de las grandes superficies del mercado (Orrego, en Neira y Moya, 2014).

De manera que la noción de Negocios Socialmente Responsables, como propuesta educativa y ética representa:

(…) la posibilidad de replantear una dinámica de la economía del hogar, que en un contexto urbano, permita a los sujetos construir iniciativas productivas, posibilitándoles vivir dignamente y en equilibro con otros seres, lo que significa conversar con el modelo económico vigente, como una forma de resistencia a él, desde acciones en las economías locales (Alarcón y Otros, en Neira y Moya, 2015, p. 177).
En esta economía del hogar se insertan los negocios y las ideas productivas de las personas y las comunidades con las que trabaja el proyecto, en las que por lo general se dinamizan unidades productivas familiares, que se ubican en actividades económicas de subsistencia -la panadería, el supermercado, la pañalera, la papelería y el salón de belleza-.

Así, se insiste en construir Negocios Socialmente Responsables, como una forma empresarial que moviliza las economías locales y que busca traspasar la denominada responsabilidad empresarial, cuestionándose sobre su lugar en las comunidades y direccionando su quehacer hacia acciones productivas conscientes y críticas. Por tanto, los Negocios Socialmente Responsables se conciben como un sistema de prácticas de producción, reproducción e intercambio, dentro de las cuales los sujetos promueven una ética de la vida en relación recíproca y solidaria con otros seres, posicionando la vida como característica vertebral de las economías locales.

¿Para qué nos importa entender la producción de bienes y servicios si no es para analizar su capacidad de reproducir personas? Necesitamos desplazar el eje analítico desde los procesos de valorización de capital hacia los procesos de sostenibilidad de la vida, entendiendo la socio-economía como un circuito integrado producción-reproducción, trabajo remunerado-trabajo no remunerado, mercado-Estado-hogares; valorando en qué medida genera condiciones para una vida que merezca ser vivida; y comprendiendo cómo las relaciones de poder se reconstruyen mediante su funcionamiento (Pérez, 2014, p. 47).
Ahora bien, ¿cómo ha sido posible implementar una propuesta ética y educativa de negocios que se reconozca como una forma empresarial alternativa y socialmente responsable? En el proceso de formación en Negocios Socialmente Responsables, quisiéramos destacar dos elementos que a partir de las experiencias vividas, dan claves hacia la formulación de este tipo de ideas productivas que buscan reivindicar las relaciones comunitarias, y desarrollar procesos de producción éticos.

Un primer elemento, se sustenta en la comprensión del contexto de los sujetos generadores de las ideas de negocio, pues desde el reconocimiento de dicho contexto, es posible detonar ideas de negocio acordes a las condiciones y necesidades de las comunidades; “dirigiéndose al análisis de las realidades que circundan a las economías locales y a la economía del hogar, poniendo especial atención a las dinámicas de consumo que llevan a cabo los sujetos, y en donde el autoanálisis se convierte en estrategia central (…) que les permite concientizarse frente a la apuesta ética de los negocios” (Alarcón y Moya, en Neira y Moya, 2015, p.132).

Este resulta ser un diferenciador sustancial de las formas empresariales que desde el modelo hegemónico se imponen en los contextos, y que poco o nada dejan ver la responsabilidad ética que tienen los sujetos impulsadores de los negocios. De esta forma, la propuesta ética y educativa que plantean los Negocios Socialmente Responsables, es el punto de partida para “fortalecer la postura ética de la idea de negocio y especialmente, agenciar procesos de concienciación, reciprocidad y complementariedad, de acuerdo a las realidades de los negocios que los [sujetos] han construido” (Alarcón y Moya, en Neira y Moya, 2015, p. 131).

De manera que esta propuesta a través de la ética del cuidado de la vida, busca generar ideas de negocios basándose en las necesidades de las comunidades y no en la producción de deseos propia del capitalismo. Pues:

Cuando estas necesidades son sustituidas por simples preferencias, el problema de la reproducción de la vida es desplazado si no eliminado, de la reflexión económica, pero éste es, de hecho el problema fundamental de la praxis humana y el punto de partida de una Economía para la Vida. La satisfacción de las necesidades hace posible la vida, la satisfacción de las preferencias puede hacerla más o menos agradable. Pero para poder ser agradable, la vida “antes” tiene que ser posible. (Hinkelammert y Mora, 2005, p.35)
Un segundo elemento que emerge en la propuesta, busca viabilizar la construcción de ideas de negocio en perspectiva para la vida a partir de tres dimensiones: productividad consciente y compartida, reciprocidad entre seres vivos, y comunidades solidarias e informadas. De estas dimensiones, se derivan nuevas relaciones de producción que plantean dinámicas de relacionamiento recíprocas con la naturaleza, con las comunidades y con los contextos en donde se desarrollan los negocios.

Con relación a la productividad consciente y compartida es importante mencionar, que la propuesta busca el establecimiento de unos mínimos éticos y de reciprocidad involucrando a todos los seres vivos que hacen parte del circuito económico de la vida. De manera tal, que en esta nueva forma empresarial cobran relevancia las acciones de los negocios que promueven la dignidad y la justicia para todos los que hacen parte del proceso productivo, que es distinto al “todo vale” promovido por las formas empresariales de la economía de mercado.

Dicha productividad, caracterizada en los Negocios Socialmente Responsables por ser suscitada por sujetos conscientes de las dinámicas y acciones de la empresa que afectan social, cultural y ambientalmente los contextos, se aleja de pensar la productividad como fórmula de cantidad de bienes producidos sobre recursos utilizados, para aproximarse a construir una nueva visión de productividad que dimensiona la solidaridad y las responsabilidades de todos los involucrados en el circuito económico: proveedores, empleados, distribuidores, clientes y aliados.

Por esta razón, desde la propuesta educativa de los Negocios Socialmente Responsables se han planteado diversas acciones que permiten a las empresas transitar de la productividad basada en la eficiencia y la eficacia, hacia una productividad consciente de las implicaciones de su actividad económica en el contexto. Así, cuando los negocios se generan desde las necesidades, cuando se garantizan ingresos equitativos, trabajo digno y salarios justos, cuando se seleccionan proveedores que responden a criterios éticos y de reciprocidad, así como, cuando se mantienen relaciones transparentes con clientes, proveedores, empleados y distribuidores, con información rigurosa y veraz; se hace posible pensar que estas nuevas formas empresariales no sólo inciden en sus procesos de producción, comercialización y consumo, sino que permean y median con el sistema de mercado, propiciando dinámicas alternativas en la economía local y reconociendo en la Economía para la Vida una vía distinta de hacer negocios.

De otra parte, la dimensión de la reciprocidad entre seres vivos, cuestiona la re relación que en las formas empresariales tradicionales los sujetos han establecido con la naturaleza como ser vivo, pues como hemos mencionado a lo largo de la ponencia, la naturaleza ha sido asumida como medio para la supervivencia de la humanidad y no como parte fundamental de reproducción de la vida. En consecuencia, muchas formas empresariales aunque realizan acciones para mitigar los impactos de la actividad productiva, poco se cuestionan sobre las prácticas para garantizar la preservación de la vida de todos los seres.

Así, apuestas vitales como el Buen Vivir, inspiran a transformar las relaciones que en la modernidad el sujeto ha tenido con la naturaleza, sobrepasando la idea del cambio de algunas prácticas productivas para realizar un giro hacia una nueva forma de relacionamiento con los otros no humanos, buscando una armonía permanente entre todos los seres, lo que conlleva a sustentar en los principios de reciprocidad y reproducción la posibilidad de la existencia de la vida, entendiendo que de lo que se trata, es de dimensionar los Negocios Socialmente Responsables. (Alarcón y Otros, en Neira y Moya, 2015, p.193)


Desde esta premisa, toda forma empresarial construida como un Negocio Socialmente Responsable se hace cuestionamientos sobre las dinámicas y ritmos de producción que se exigen en el sistema capitalista, irrumpiendo en el ciclo vital de los seres; para promover desde la ética de la vida ideas productivas que respeten los ciclos naturales de las plantas, los animales, los minerales y el agua; así como para generar productos o servicios que impulsen un consumo consciente y responsable. Igualmente, desde la apuesta por esta nueva forma empresarial los negocios son conscientes de las consecuencias generadas de la producción y buscan agenciar procesos que hacen uso de tecnologías limpias, energías alternativas y producción agroecológica, además de proponer mecanismos para la reducción de desechos y la reutilización de materiales que puedan ser integrados nuevamente al circuito económico.

Finalmente, en cuanto las comunidades solidarias e informadas, incita a pensar las posibilidades de construir formas empresariales que rebatan la idea de negocio sustentada en la competencia y el individualismo, para hacer posible plantear diversas formas de negocios que reconocen la experiencia, la solidaridad y la reciprocidad entre los sujetos, como perspectiva en las relaciones de producción y como agencia de la Economía para la Vida “Para reconstituir nuestra vida necesitamos impulsar acciones en muchas dimensiones: locales, nacionales e internacionales; emerger de una conciencia comunitaria para vivir bien; comprender que debemos empezar por integrarnos a todo y a todos, que necesitamos acercarnos a los demás” (Huanacuni, 2010, p. 31)

De ahí que, en los Negocios Socialmente Responsables se hace importante transformar la mirada individual de las formas empresariales que ponen siempre en competencia a los sujetos, viendo a otros en las relaciones económicas como contendores y opositores. Por ello,

(…) renunciando al concepto de competitividad como premisa o estrategia de los negocios, que ha llevado a que unos puedan tener o ganar más a costa de otros, se piensa por el contrario, cómo esos otros sujetos que hacen, producen y/o comercializan algún producto o servicio similar o sustituto, pueden asumirse desde un principio de Ayni, “que es la complementariedad o ayuda mutua y permanente dentro la comunidad, reciprocidad en el mismo tiempo o en otros tiempos” que se plantea como una práctica comunitaria desde el pueblo Aymara (Huanacuni, 2010, p. 59).


Por consiguiente, plantear en la dinámica de los Negocios ejercicios solidarios y comunitarios, pasa por reconocer cómo el negocio puede agenciarse como actor clave en el territorio para incidir o transformar junto con otros sujetos e ideas productivas el contexto. Y esto se hace viable, cuando desde las prácticas productivas se privilegia la generación de empleo en condiciones justas al interior de la comunidad, y a través del consumo responsable, se opta por negocios locales, asociativos y/o comunitarios.

De manera tal, que los Negocios Socialmente Responsables se constituyen como una práctica comunitaria particular que persiguen el goce de la vida humana, la recuperación del tejido social y cultural y de la naturaleza misma. Pues:



Muchas son las voces, propuestas y alternativas que en todos los rincones del continente americano, especialmente en América Latina, se levantan para emprender iniciativas sociales, comunitarias y educativas para la vida; propuestas que por demás se tejen a los márgenes de la racionalidad impuesta por el sistema económico vigente. Tras todas ellas, parece pervivir la convicción de que es posible construir educación, sociedad, cultura y vínculos económicos en clave del disfrute de la vida para una inmensa mayoría de seres humanos y de la naturaleza misma; también desde la necesaria visión de la responsabilidad, de aquel vínculo ético que no permite pensar la sociedad, la economía y la política, sin tener como paradigma un mundo donde “todos los mundos quepan” (Neira y Moya, 2014, p. 27)

REFERENCIAS
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1 Economista de la Universidad Católica de Colombia y Especialista en Gerencia en Gobierno y Gestión pública de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Se ha desempeñado como consultora y asesora en procesos ambientales, empresariales y de comercio justo en diferentes organizaciones sociales, educativas y gubernamentales. Ha participado en procesos de investigación sobre fortalecimiento de organizaciones sociales, derechos humanos, consumo responsable y negocios socialmente responsables. Se ha desempeñado como docente e investigadora del Centro de Educación para el Desarrollo, de la Corporación Universitaria Minuto de Dios – UNIMINUTO –. Actualmente es coordinadora de programas de la Corporación Econexus Colombia – INSITU – y docente de UNIMINUTO virtual y a Distancia y de Emprendimiento. (ingridalarcondiaz@gmail.com)


2 Licenciada en Psicología y Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional. Magister en Desarrollo Educativo y Social del CINDE. En la actualidad se desempeña como asesora pedagógica, investigadora y docente de desarrollo social contemporáneo del Centro de Educación para el Desarrollo –CED -, adscrito a la Unidad de Proyección Social de UNIMINUTO. Ha trabajado como asesora y formadora de Docentes de educación Preescolar, Básica, y Media y en sus proyectos de Investigación Aplicada. (ymoya@uniminuto.edu)


3 Por visión amerindia hacemos referencia a la comprensión del pensamiento originario de los pueblos indígenas de América, especialmente los de América Latina, cuya comprensión del mundo se basa en el paradigma comunitario de la cultura de la vida para el Buen Vivir, que se sustenta en comprensión del cosmos como un todo interconectado, es interdependiente y está interrelacionado.



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