Esquema desarrollado documento : GÉnero y políticas públicas



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Cuadro VIII



Fecundidad Adolescente

Encuestas

Tasas 15-19 años por mil

Tasa global de fecundidad

Porcentaje de la fecundidad adolescente

ENF’ 77

97,0

4,22

11,5

ENF’93

81,3

2,72

14,9

ENPOFAM’98

86,5

2,73

15,9


Fuente: Redpob/Fnuap (2002).

Por otra parte, de las 30.622 pacientes menores de 19 años pertenecientes al Distrito Federal (hoy Distrito Capital), que asistieron a la Maternidad Concepción Palacios entre 1990 y 1994, el 17 % acudió por aborto (PNUD/Avesa, 1999); y de las 327 mujeres que murieron en Venezuela en el año 2000 por causas relacionadas con el embarazo, parto y puerperio, el 14 % tenía edades comprendidas entre 10 y 19 años (Fernández Alonzo, 2003).


Entre los riesgos del embarazo en adolescentes se encuentran tanto los riesgos para la salud de la madres e hijos/as, como el abandono escolar y los efectos negativos de esta situación sobre el empleo y la pobreza (Guzmán et. al., 2001). Según los resultados de la investigación “Género y Pobreza en Venezuela”, “la causa más importante en la reproducción de la pobreza extrema es el embarazo precoz y dentro de la pobreza extrema, la causa más importante de la feminización de la pobreza es el embarazo precoz (Castillo, 1998:51).
La pobreza, la poca escolaridad y la ruralidad también se constituyen en posibles causas de la fecundidad temprana y no planificada. “Las adolescentes que residen en áreas menos urbanizadas, las menos escolarizadas y las pobres se inician sexualmente y tienen su primera unión de pareja más temprano, por lo que tienen mayores riesgos de alta fecundidad no planificada, lo cual se traduce en menor calidad de vida y menor acceso a oportunidades para salir de la pobreza13 (Jiménez y Yañez, 2002); los hombres, en cambio, no enfrentan esta problemática.

III. d.1.2. ITS y VIH/SIDA en Adolescentes.
Se ha estimado que para fines de 1999, 33.6 millones de personas vivían con VIH/SIDA. Casi la mitad de las personas que contraen VIH se infectan antes de los 25 años y fallecen antes de llegar a los 35. El 95% de los/as infectados/as habitan en los países en desarrollo. Aproximadamente 1,7 millones de habitantes en América Latina y el Caribe entraron al siglo XXI con esa infección.
Diversos estudios señalan que los y las adolescentes son un grupo de alta vulnerabilidad por razones fisiológicas, psicológicas y socioculturales. Un estudio realizado en 25 estados de Estados Unidos encontró que los y las jóvenes de 13 a 24 años representaban una proporción mucho más alta de casos de VIH que de casos de SIDA, lo que significa que en el futuro la distribución más alta de casos de SIDA por edad será entre los y las jóvenes. También se halló que a diferencia de otros grupos de edad hubo una declinación muy baja en el número de nuevos casos. También se encontró que, si bien en el grupo de personas de 25 años o más el 71% de los casos diagnosticados son de hombres, en el grupo de 20 a 24 esta cifra es del 56%, y en el rango de edad de 13 a 19 años las mujeres representan casi dos tercios del total.
Los y las adolescentes presentan más riesgo que los adultos de adquirir ITS o VIH/SIDA porque están expuestos a un mayor número de relaciones sexuales sin protección, entre otras razones por el poco acceso a la educación sexual y a servicios de salud sexual y reproductiva adecuados para esta población. Por otra parte, el proceso de construcción de la masculinidad promueve prácticas de riesgo, y los roles sociales asignados a las adolescentes limitan sus posibilidades de negociación con la pareja para las medidas de prevención necesarias (Guzmán et. al, 2001).
Las estimaciones de ONUSIDA hasta el año 2001 para la epidemia de VIH/SIDA en Venezuela calculan unos 62.000 casos. Sin embargo, el Programa Nacional de SIDA del Ministerio de Salud y Desarrollo Social ha registrado un total de 10.571 casos de SIDA, correspondientes a personas que viven con VIH, y 5.849 defunciones a causa de SIDA (MSDS/PNUD/ONUSIDA, 2003:21).
Aunque el Plan Estratégico Nacional de VIH/SIDA señala que en el perfil epidemiológico se aprecia la incidencia de casos en edades tan tempranas como entre 10 y 20 años, no se ofrece ninguna información estadística específica que permita conocer con rigor cuál es la situación de la población adolescente y juvenil en relación a los riesgos y tendencias del VIH/SIDA mencionados anteriormente. Tampoco se dispone de datos diferenciados por géner; sin embargo, se señala en este mismo documento: “en otros contextos ya se ha hecho evidente que la prevalencia por infección del VIH es mayor en mujeres jóvenes entre los 15 y los 25 años, pero en los hombres tiene su cúspide diez años más tarde en el grupo de 25 a 35 años, patrón que además fue reconocido desde 1986” (MSDS/PNUD/ONUSIDA, 2003:35).
Recomendaciones en el área de Salud Sexual y Reproductiva:
Los Lineamientos Estratégicos para la Promoción de la Salud Sexual y Reproductiva (2003) y el Plan Estratégico Nacional VIH/SIDA (2003) contienen una serie de propuestas para enfrentar y superar los problemas planteados en este punto. De ellos se propone resaltar y enriquecer los siguientes:


  • Desarrollar un sistema vigilancia epidemiológica de VIH/SIDA en la población adolescente (10 a 19 años) diferenciada por género, y contentiva de los indicadores de seguimiento y evaluación descritos en el Plan Estratégico Nacional de VIH/SIDA.

  • Garantizar el acceso a la educación sexual y reproductiva, empleando medios que permitan conocer sobre sexualidad y reproducción con enfoque de género y mecanismos de prevención y de control del VIH/SIDA.

  • Promocionar la salud sexual y reproductiva adolescente a través de: cobertura universal de orientación, consejería y comunicación en salud sexual y reproductiva y capacitación al personal de salud en salud sexual y reproductiva con enfoque de género.

  • Enriquecer y fortalecer los contenidos sobre educación sexual incorporados en la reforma curricular de 1997, procurando una perspectiva menos biologicista y más integral de la sexualidad.

  • Crear y fortalecer programas de prevención destinados a transformar los patrones sociales de masculinidad perpetuadores de la inequidad y la violencia basada en género.

  • Crear alianzas con las ONG´s con experiencia en el diseño de programas de educación no formal, formación de promotores juveniles de la salud sexual y reproductiva y servicios de atención individualizada.

  • Fortalecer el Plan Nacional de Prevención y Control de la Mortalidad Materna e Infantil.

  • Fortalecer el Proyecto de Prevención Integral, ITS/VIH/SIDA, Embarazo Precoz y Violencia Intrafamiliar.


V. Violencia Basada en Género en Venezuela.
V.1. Violencia Sexual y Doméstica.
La violencia contra la mujer constituye un tipo de violencia que, según Naciones Unidas, se define como: “cualquier acto de violencia basada en género que produzca o pueda producir daños o sufrimientos físicos, sexuales o mentales en la mujer incluidas las amenazas [...], la coerción o la privación arbitraria de la libertad, tanto en la vida pública como en la vida privada” (Naciones Unidas, en Buvinic et. al, 2002:333), y comprende actos como la violación y el abuso sexual, la mutilación genital, el tráfico de mujeres (prostitución forzosa), el acoso sexual y la violencia doméstica14, que consiste en el maltrato físico, psicológico o sexual por parte de la pareja o de cualquier otro familiar.
La violencia social, sexual y doméstica contra la mujer está profundamente relacionada con las estructuras patriarcales que determinan la construcción social de los roles de género, tanto de los hombres como de las mujeres. Los patrones de socialización tradicionales de género promueven como valores básicos de la masculinidad el ejercicio de la autoridad, la defensa del honor y la agresión, mientras que en la mujer estos patrones estimulan la condición de subordinación y resignación. Es así como “a nivel mundial y en América Latina, los hombres adultos tienden a ser víctimas de un extraño o de un conocido ocasional, mientras que para las mujeres es más probable ser víctima de un familiar o de la pareja” (García-Moreno, en Bunivic et. al, 2002:334).
En América Latina se registra una prevalencia de hasta un 40% de mujeres víctimas de violencia física por parte de su pareja a lo largo de su vida (Cuadro IX).

Cuadro IX
Prevalencia de la violencia doméstica contra la mujer en el Continente Americano.


País

Tipo de muestra

Muestra

%

Barbados (1990)



Nacional

264 mujeres entre 20 y 45 años, incluyendo mujeres que nunca han estado en una relación

30%*

Bolivia (1998)

3 distritos


289 mujeres mayores de 20 años


17%

Chile (1997)


Santiago

1.000 mujeres de 22 a 55 años en relaciones de pareja por más de 2 años

26%

Colombia (1995)

Nacional

6.097 mujeres entre 15 y 49 años con pareja

19%

Haití (1995)

Nacional

1.705 mujeres

36%

México (1996)


Monterrey


1.064 mujeres mayores de 15 años que han tenido relación de pareja


17%*

Nicaragua (1998)

Nacional

8.507 mujeres entre 15 y 49 años que han tenido relación de pareja

12%

Perú (1997)

Lima

359 mujeres de nivel de ingreso medio y bajo, entre 17 y 25 años, que tiene actualmente pareja


31%

Puerto Rico (1996)

Nacional

5.755 mujeres de 15 a 49 años que han tenido una relación de pareja

13%

Uruguay (1997)

Montevideo y Canelones


545 mujeres entre 22 y 55 años,

actualmente con pareja

10%*

Estados Unidos

(1993)

Nacional

8.000 mujeres de más de 18 años incluyendo aquellas que no han estado en una relación de pareja


22%

Canadá (1993)

Nacional

12.300 mujeres de más de 18 años que alguna vez estuvieron en una relación de pareja

25%

Estudios realizados durante la década de los noventa.


* Violencia Física o Sexual.
Fuente: Buvinic et. al, 2002.

En Venezuela, la información disponible sobre la prevalencia de las expresiones de violencia de género, específicamente violencia sexual y doméstica, es bastante limitada debido a:




  • Los datos obtenidos son registros parciales.

  • Existe un enorme subregistro debido, en parte, a la discrecionalidad existente en relación a la aceptación o no de los hechos de violencia sexual y doméstica como delitos por parte de la sociedad, las instituciones y hasta las propias víctimas.

  • Es insuficiente la implementación de la perspectiva de género contemplada ahora en el marco de las políticas públicas, lo cual condiciona la existencia de registros sobre violencia hacia la mujer en los distintos ámbitos de la vida nacional: salud, trabajo, educación, ente otros.

V.2. Violencia Doméstica.


Un estudio exploratorio llevado a cabo por Avesa en 1998, sobre la oferta de servicios de las instituciones en contra de la violencia sexual y doméstica en Venezuela (PNUD/Avesa, 1999:111), se encontró que en 37 organizaciones a nivel nacional -que prestan servicios de atención psicológica y/o legal- fueron atendidos 9.951 casos durante los primeros nueve meses del año 1998. De ellos, el 50% fueron casos de violencia doméstica contra mujeres entre los 21 y 35 años; el 39% vivía en pareja, 27% de ellas estaban casadas y el 34% solteras. Del total de los casos, sólo el 47% denunció el hecho. El 53% no lo denunció.
Otro estudio realizado en 1998 en uno de los hospitales más grandes de Caracas (San Juan, en Banco Mundial, 2001) evidenció que, en el Servicio de Emergencia, el 64% de los pacientes atendidos fueron mujeres. De ellas, el 62% presentó heridas y traumas físicos, resultado de situaciones de violencia doméstica que fueron reportados como “accidentes”. 70% de las heridas fueron propinadas dentro del hogar, 30% fueron causadas por el esposo, 20% por el ex esposo y 10% por el novio. En la mayoría de los casos (52%) el agresor había consumido alcohol, y en un 50% de los casos la situación de violencia era reincidente. Este mismo estudio arrojó resultados que evidencian que el número de mujeres víctimas de homicidio en sus hogares es cuatro veces mayor que el de los hombres, manteniéndose esta tendencia para los casos de heridas intencionales graves. g
Según el diagnóstico llevado a cabo sobre la situación de la violencia de género contra las mujeres en Venezuela (PNUD/Avesa.1999:53), la mayor parte de las investigaciones en el área de violencia doméstica y sexual han sido realizadas por Ong’s que atienden la problemática. Éstas, sin embargo, poseen limitaciones de tiempo y presupuesto, lo cual ha impedido trabajar con muestras suficientemente representativas. “Frecuentemente se utiliza una metodología descriptiva, poco rigurosa, desconociéndose la hipótesis de trabajo y estadísticas, así como los criterios para evaluar la validez y confiabilidad de los instrumentos utilizados para recabar información (...), dificultando tanto la generalización de los resultados como la continuidad o corroboración de las conclusiones obtenidas.
En Venezuela, según la Ley sobre la Violencia contra la Mujer y la Familia están facultados para recibir denuncias las Prefecturas y Jefaturas Civiles, los Órganos de Policía y el Ministerio Público. Pero cada uno de estos organismos lleva registros y protocolos de atención que no están homologados. Tampoco hay una instancia que centralice la información, por lo cual las pocas estadísticas oficiales disponibles (de la División Contra la Violencia hacia la Mujer y la Familia del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, de las Policías Municipales y de las Jefaturas y Prefecturas) son fraccionadas, están subregistradas y son locales. Urge entonces construir un Sistema de Vigilancia Epidemiológica que permita la recolección sistemática, continua, oportuna y confiable de los datos. Esto permitirá conocer con rigor la situación de la violencia sexual y doméstica en Venezuela, y proveerá mejor fundamento analítico para el diseño de estrategias preventivas y para la evaluación de políticas y programas adoptados. Esta actividad está dentro de las previstas en el Plan Nacional de la Prevención y Atención de la Violencia hacia la Mujer 2000-200515.
V.3. Violencia Sexual.
Los actos de violencia sexual tipificados como delitos se encuentran en el Código Penal vigente16 bajo el título de Delitos Contra las Buenas Costumbres y el Buen Orden de las Familias, entre los que se incluyen la violación, seducción, rapto, ultraje al pudor, corrupción de menores, actos lascivos e incesto. Según datos del INE (2001), en el año 1998 hubo un total de 7.145 casos conocidos; a éstos habría que agregarle los casos de robo con violación, contenidos dentro de los llamados Delitos contra la Propiedad –un total de 129 ese mismo año-. Esto suma un total de 7.274 casos de violencia sexual en ese año, lo cual significa que fueron agredidas sexualmente 19,9 personas por día, la gran mayoría de ellas mujeres y niñas17 (Ver Cuadro X).
Cuadro X

Casos conocidos de Delitos contra las Buenas Costumbres y el Buen Orden de las Familias, por tipo de delito cometido. Venezuela, 199818.


Delito19

Casos

Tasa20

Violación

3314

14,26

Seducción

332

1,43

Rapto

1111

4,78

Actos Lascivos

1584

6,82

Acto Carnal

725

3,12

Ultrajes al Pudor

10

0,04

Corrupción de Menores

26

0,11

Incesto

27

0,12

Robo con Violación

129

0,56

Total

7258

31,24



Fuente: INE/PNUD, 2002.

Actualmente se está llevando a cabo un proceso de reforma del Código Penal en la Asamblea Nacional, el cual está siendo coordinado por la Comisión Mixta de Reforma del Código de Justicia Militar, Código Procesal Penal y Código Penal, a través de la Subcomisión de Reforma del Código Penal. En agosto de 2002 fue introducida en esta subcomisión una comunicación contentiva de una serie de propuestas elaboradas por un grupo de expertas en el tema, con relación a las reformas necesarias en el tema de los delitos sexuales. Es de hacer notar que el actual Código Penal tiene casi 100 años, y la concepción que sustenta la visión de estos temas es profundamente discriminatoria contra la mujer y bastante proteccionista hacia los agresores. Las reformas propuestas también incluyen la incorporación de la penalización de la violencia doméstica en el Código, lo cual se considera como una de las medidas básicas para el control de esta forma de violencia (Buvinic et. al, 2002:368).



Según una investigación realizada en 1995 por el Instituto Universitario de Policía Científica (IUPOLC) en el área metropolitana de Caracas, de 539 denuncias por violación recibidas el 64% de los agresores eran familiares, vecinos o conocidos de la víctima; 45,26% de las violaciones ocurrieron en la residencia de la víctima; en el 74,25% de los casos la víctima fue sometida por la fuerza, bien sea por la fuerza física (37,95) o por arma de fuego (36,30%). Las edades de los victimarios oscilaban entre los 10 y los 60 años, concentrándose el 65,82% entre los 15 y 24 años; las víctimas se encontraban entre los 0 y los 60 años, concentrándose el 71,82 % de los casos entre los 0 y los 19 años de edad. Estos datos coinciden con los proporcionados por algunas ONG´s que ofrecen servicios de atención psicológica y legal a víctimas de violencia sexual. En Avesa, por ejemplo, de 1.992 casos atendidos entre 1992 y 1998 (total compuesto por mujeres, adolescentes, niños y niñas víctimas de algún tipo de agresión sexual), el 40% ocurrieron en la residencia de la víctima y un 12,5% fueron agredidos/as por algún familiar (PNUD/Avesa;1999:54).
Como puede observarse, los sucesos de violencia sexual suelen ocurrir en un ambiente donde la víctima se siente segura, y pueden ser perpetrados por una persona conocida o cercana. Así, para muchas mujeres y niñas el hogar puede ser un lugar de máxima peligrosidad en la vida cotidiana.
V.4. Abuso Sexual.
El abuso sexual incluye toda actividad sexual que los niños o las niñas no puedan comprender, porque se encuentran inmaduros/as físicamente y porque no están preparados/as para dar su consentimiento al respecto. En el abuso sexual infantil se incluyen la prostitución y la pornografía infantil de cualquier tipo (Buvinic et. al, 2002:341).
La agresión sexual causa graves daños físicos y psicológicos a las niñas, niños y adolescentes que la sufren. Algunos de los riesgos que enfrentan las/os sobrevivientes de abuso sexual son: embarazos no deseados, contagio de ITS/SIDA, problemas sexuales severos y alteraciones en la salud mental; a largo plazo, los riesgos incluyen prácticas como actividad sexual prematura sin protección, desorden emocional, intento de suicidio, abuso de drogas y alcohol y comportamiento delictivo, entre otros (WHO/PAHO, en Guzmán et. al, 2001:204,207).
Con relación a esta grave problemática, la situación de Venezuela en cuanto al registro riguroso de los datos es aun más grave que en los casos ya descritos de violencia sexual y doméstica en la población adulta. En un documento publicado por el Ministerio de Salud y Desarrollo Social se señala: “El abuso y la explotación sexual son problemas que reflejan las inequidades asociadas al género e inciden de manera significativa en la salud sexual y reproductiva de los adolescentes. Aunque no se dispone de registros oficiales que ilustren la magnitud del problema de la violencia, de las cifras disponibles se destaca que el 72% de las denuncias corresponde a niñas, niños y adolescentes y el 66% de los agresores fueron jóvenes de entre 15 a 24 años (MSDS/UNFPA/OPS, 2003a:12).
En las XIX Jornadas de Atención a la Infancia, Cecodap (Centros Comunitarios de Aprendizaje) presentó estimaciones según las cuales entre 10% y 20% de la población infantil ha sido abusada sexualmente, aunque sólo se conoce uno de cada diez casos (PNUD/Avesa, 1999). Según cifras oficiales del Instituto Nacional del Menor (INAM), en el año 1997 esta institución atendió 71 casos de abuso sexual en todo el país, mientras que en Avesa -que abarca sólo el área metropolitana- se atiende un promedio de 100 casos anualmente. En 1998 se atendieron allí 104 casos, de los cuales el 40% no fue denunciado. Estos datos son evidencia del importante nivel de subregistro existente (PNUD/Avesa,1999:61).
En los casos de abuso sexual se confirman los datos que evidencian que el propio hogar es un espacio de riesgo, y que personas cercanas como familiares y allegados son en un importante porcentaje los transgresores: en el 68% de los casos atendidos por el INAM en el año 2000 la violencia ocurrió en el hogar de la víctima, y en el 69% de los casos los agresores fueron familiares; en Avesa, en el 82% de los casos atendidos en el primer semestre de 2001 la víctima fue agredida en el hogar o en la casa de algún allegado, y en el 47% de los casos la persona agresora era un familiar; en casos conocidos por Cecodap, el 60% de las veces el agresor era un familiar, mientras que Fondenima reporta que, en el año 2000, en el 75% de los casos los agresores eran familiares de la víctima (Avesa/ Embajada de Australia, 2001).
Según el documento publicado por el MSDS, también la prostitución y la explotación sexual son problemas que afectan a la población infantil y adolescente. Fondenima estima que el 5% de los niños y niñas con menos de 15 años son víctimas de esta problemática. Hasta hace 5 años, el 90% de las víctimas eran niñas, pero en la actualidad el 75% corresponde al sexo femenino y el 25% a los varones, sobre todo a adolescentes (MSDS/ UNFPA/ OPS, 2003a:12).
También en los casos de abuso sexual se hace necesaria la creación de un sistema de vigilancia epidemiológica que permita conocer en profundidad los alcances de tan grave problemática, para así poder evaluar el impacto de las medidas jurídicas y de los programas de prevención y capacitación ejecutados.


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