Espiritualidad escolapia


SIMILITUD DE PAULA CON CALASANZ



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SIMILITUD DE PAULA CON CALASANZ:

UNIDOS POR UNA MISMA PASIÓN

M. Paula tiene muchos puntos de similitud con Calasanz. Un mismo carisma los une:


Calasanz descubre y se deja subyugar por la niñez abandonada, sin la más mínima instrucción y se compadece de ella. Dirigió su acción a los niños de las clases populares, a quienes no tenían acceso a la cultura.
M. Paula capta la pobreza de la mujer, sin ninguna instrucción ni bagaje cultural y quiso poner remedio eficaz a este problema, dedicándose a la educación para acercar la cultura a las niñas que estaban privadas de ella.
Calasanz empezó dando catequesis, los domingos, en una parroquia de Roma, pero vio que no era suficiente para elevar el nivel de los niños. Fue el creador de una escuela nueva, de la escuela popular.

M. Paula fue catequista en la parroquia de Arenys de Mar, pero su labor, bonita y entregada, le pareció insuficiente. Por eso pasó a crear una escuela donde, además de la Doctrina católica y formación en la fe, tuviera un gran contenido de materias.


Calasanz deseó transformar la sociedad mediante la educación.
M. Paula quiso además, fijarse en la transformación de la familia, como elemento nuclear en la sociedad, partiendo de la educación de las niñas.
Calasanz utilizó como medio una educación integral y cristiana con una pedagogía fundamentada en el amor, en la paciencia, en la entrega desinteresada y apasionada.
M. Paula quiso educar según el método de Calasanz, ofreciendo a las niñas las mismas posibilidades educativas que tenían los niños, con una pedagogía llena de amor y de entrega generosa.
La espiritualidad de M. Paula se empapó de la espiritualidad propuesta y vivida por Calasanz. Como él vivió con humildad, sin darse importancia, dejando que otras fueran las primeras, con paciencia, con amor y se caracterizó, especialmente por su gran obediencia.
Como Calasanz profesó un amor entrañable a la Virgen. Quiso que nos llamásemos Hijas de María; el escudo lleva el anagrama de su nombre como Madre de Dios; la devoción mariana impregna la espiritualidad de la escolapia.
Fue amante de la pobreza como su modelo Calasanz. Pobreza que es la base de la humildad y de la sencillez. Por eso quiso pasar el final de su vida en la casa más pobre que tenía el Instituto.
Como Calasanz quería estar siempre en comunión con la Iglesia. Deseó, con toda su alma, que fueran reconocidas por el Papa nuestras Constituciones.
Creía, como Calasanz, firmemente en el poder de la oración, como base de todo el edificio personal y del Instituto. Por ello pasaba largas horas ante el Señor y confiaba plenamente en la fuerza de la oración de las niñas.


NUCLEOS DE LA ESPIRITUALIDAD

VIVIDA POR MADRE PAULA

La Escuela Pía masculina y femenina ha captado del Evangelio la figura de Cristo Maestro; de Jesús enseñando a los niños, acercándose a ellos, acariciándolos, abrazándoles, de un Jesús lleno de ternura y de entrañas de misericordia hacia los pequeños; de un Jesús que quería liberar del error, de la ignorancia y que se apiadaba de las mujeres poco valoradas por la sociedad de su tiempo.

Madre Paula encarnó en la propia vida el ministerio de Jesús maestro, insertada en la misión de la Iglesia y como testigo del Resucitado, para continuar su obra de expansión del Reino.
Para la escolapia la atención a los niños y a los jóvenes no es un acto puramente profesional, sino un acontecimiento teológico, un lugar de encuentro con el Señor. M. Paula quiso que la escolapia actuara como Cristo maestro, copiando, como ella lo hizo, sus virtudes. Seguir a Jesús manso y humilde de corazón que se acercaba a los niños y a los sencillos, y los miraba con amor. En cada pequeño descubría al mismo Cristo y ella actuaba como lo haría el Maestro. Se puede decir que pasó haciendo el bien.
Madre Paula no dejó ningún tratado de espiritualidad; toda ella fue un modelo de vida. Muchas expresiones denotan que alcanzó una profunda intimidad con el Señor y que, llena de este amor, vivió una entrega total a Dios y al prójimo, especialmente a las niñas más necesitadas.

1. Encarnó a lo largo de su vida

el espíritu de las bienaventuranzas
Las bienaventuranzas son el Programa de actuación propuesto por Jesús a toda persona que quiera vivir en profundidad el cristianismo. M. Paula cumplió este deseo del Señor, yendo mucho más allá.

Bienaventurados los pobres en el espíritu.

Madre Paula fue pobre en sentido espiritual, viviendo en total dependencia de Dios, buscando cumplir siempre su voluntad. Pero también practicó la pobreza material, arriesgándose a una tarea difícil, sin miedos ni seguridades, y sufriendo muchas incomodidades. Fiada en la inspiración divina, como Abraham, salió de su tierra, de su pueblo, de su seguridad y se embarcó en una obra superior a sus fuerzas, confiada y abandonada en la Providencia. Se necesita mucha confianza en el Señor y una gran fuerza interior para emprender una misión en bien de las niñas y de las jóvenes.

En Madre Paula descubrimos una predilección por las niñas pobres a las que ayudaba en todo lo que podía, y estaba contenta de vivir en Olesa de Montserrat por ser la casa más sencilla del Instituto.

Bienaventurados los humildes.

Madre Paula era bondadosa, afable, delicada en el trato. Son manifestaciones de vivir la bienaventuranza de la humildad. No estaba ansiosa por ocupar puestos importantes, sino que realizaba el bien de una manera callada, sin darse importancia.

Ella, la fundadora, nunca fue superiora general. Se olvidaron de nombrarla provincial, y, aunque lo fue, todo lo decidía la general. Murió prácticamente sola, invocando a su Madre del cielo como a única compañera de sus últimos momentos de vida, mientras la comunidad continuaba realizando sus tareas cotidianas. Ninguna autoridad del Instituto se hizo presente. La humildad fue una tónica en su vida. En una carta a una novicia escribe: “Para llegar a la cumbre de la perfección hemos de practicar la santa humildad y la obediencia”.

Bienaventurados los que lloran.

A Madre Paula no le faltaron sufrimientos de todo tipo y los vivió con entereza y confiada siempre en el Señor, dejando todo en sus manos amorosas, pero, al mismo tiempo, poniendo todos sus esfuerzos para afrontarlos. La situación de su infancia, la complejidad de su familia, las guerras que atacaron a su pueblo natal, el tener que abandonar Figueres por un tiempo, a donde había ido a fundar, la necesidad de dejar la casa de Olesa de Montserrat por la situación política desencadenada. Son hechos que no podían dejarla indiferente. Y lo importante es que todos los acontecimientos los aceptó viendo en cada uno de ellos la mano amorosa de Dios.



Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.

Ella quería que todas las niñas tuviesen cultura y no quedaran al margen de la cultura, centradas solamente en las tareas domésticas. Tenían que estar a la altura de las exigencias de la sociedad y ser valoradas como personas. Madre Paula luchó para vencer esta discriminación cultural. Quería que se sintieran hijas muy queridas de Dios y les enseñaba cómo tenían que orar al Padre del Cielo. Su denuncia profética de la injusticia fue humilde y silenciosa, pero eficaz. Su grito fue el del testimonio personal de entrega a esta causa tan noble.

Madre Paula se iba identificando cada vez más con Jesús. Vivió intensamente su unión con Dios. Numerosos testigos nos dicen que se pasaba largas horas en oración compaginándolo con una intensa actividad. En el Sagrario encontraba el impulso para tirar adelante su compromiso.

Bienaventurados los compasivos

Madre Paula había experimentado a un Dios bueno, lleno de ternura, con entrañas de misricordia, que se compadece de los que sufren, de los olvidados, de los apartados de la sociedad, de los no valorados. Movida por este Dios compasivo, se compadeció de las niñas sin cultura, especialmente de las más pobres, de las que tenían necesidades materiales y espirituales, de las no valoradas. Quería que sus escuelas fuesen gratuitas, si las religiosas podían tener otros medios para subsistir. Su amor desbordante le ayudó a buscar caminos de solución. Pudieron conseguirlo procurando subvenciones por parte de los ayuntamientos y realizando oposiciones; de esta manera ocupaban las plazas oficiales de maestras en la propia escuela.



Bienaventurados los limpios de corazón.
Madre Paula era limpia, transparente, sin doblez. Nunca hubo en ella segundas intenciones. Buscaba hacer el bien. Su vida estaba orientada hacia lo esencial. Su unión con Dios la llevaba a contemplar y a descubrir la belleza de las cosas creadas, como un reflejo de la bondad de Dios. Al contemplar la naturaleza se conmovía y exclamaba “Dios mío ¿quién lo haría sino Vos?” Sólo quien tiene un alma limpia y sencilla puede conectar y descubrir la belleza de las cosas.

En una de sus cartas escribe: “Tenemos la obligación de buscar la tranquilidad y el progreso de la sociedad, los cuales sólo son posibles con una mirada limpia, que es la que Dios nos pide”.


Bienaventurados los pacíficos.
Con gran tacto y prudencia Madre Paula ponía paz donde había conflictos. Buscaba siempre la unión entre las religiosas. Cuando en un colegio surgían dificultades, Madre Paula era llamada para poner soluciones.

La superiora general, decidió cambiar la forma de la toca, en contra de lo que decían las Constituciones. Esto produjo división entre las religiosas. M. Paula en aquel momento era consejera general y optó por acatar la decisión e inculcar a otras a hacer lo mismo; pero acudió a la Santa Sede junto con otras dos consultoras, expuso de una manera equilibrada el problema, aceptando cualquier decisión. La Santa Sede aprobó el cambio y así se puso fin a un tema que podía haber tenido muchas consecuencias negativas.


Bienaventurados los que padecen persecución.

La persecución física no vemos que Madre Paula la sufriera; pero si por tal entendemos no ser valorada ni tenida en cuenta durante muchos años en su retiro de Olesa por parte de los superiores, quedando al margen de la marcha del Instituto, podemos decir que llevó la cruz de la incomprensión como Jesús.


Los tiempos que vivió M. Paula tampoco fueron fáciles. No se puede decir que ella padeciera persecución, pero sí que tuvieron que dejar la actividad en varios momentos, por motivos políticos.
2. Apasionada por Dios. Vivía en su presencia amorosa.
Podemos destacar además unos rasgos que impregnaron toda su vida y que nos ha legado a la Escuela Pía Femenina:
Ya en su juventud comienza a despertar en ella la conciencia de la presencia de Dios en todos los acontecimientos. Cuando comulgaba nos dicen que su rostro se transformaba y le gustaba hablar de la Eucaristía.
Entre las numerosas devociones legadas a sus hijas destaco algunas que ayudan a vivir esta presencia: El rezo del salmo 83 al levantarse, la oración del ángelus tres veces al día, las letanías a María, al dar la hora del reloj, el “Bendita y alabada sea la hora...“, seguida de la comunión espiritual: “Yo creo, Jesús mío, que estáis en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo recibiros en mi corazón, contrito, humillado y reconocido”. Y otras muchas.

En el Examen de conciencia para los días de retiro, atribuido a M. Paula hay una pregunta: ¿Fuiste en la presencia de Dios siempre?


En las Constituciones de 1853 encontramos varios puntos que ponen de relieve la importancia de andar en la Presencia de Dios. Por ejemplo, en el capítulo cuarto leemos: “Procurará la superiora local que sus hermanas vayan siempre en la presencia de Dios”.
Cuando se habla de la Maestra de novicias, se le dice: “Les enseñará el modo de andar siempre en la presencia de Dios por medio de jaculatorias, y dirigir todas las cosas que hagan con rectitud y pureza de intención”.
De las cosas que las novicias debían dar cuenta de conciencia encontramos este punto: ¿cómo se ejercita en la presencia de Dios?
Una persona que la conoció comentó: “Sólo con mirar a M. Paula se adivinaba su trato íntimo con Dios. Su presencia en ella era constante”.
Su oración continua era muy sencilla e imitable por todos, incluso para los pequeños: Conservar el rescoldo de la oración de la mañana durante todo el día. Es decir, hacer que el ofrecimiento de obras correspondiera a una actitud permanente y habitual de relación con Dios.
3. Admiraba la naturaleza como obra de Dios.

A los amigos de Dios no les cuesta encontrar sus huellas en los pequeños detalles que les rodean. Así le pasaba a Madre Paula.


El amor a Jesús fue configurando en ella un corazón limpio, puro, agradecido, humilde, abierto a los demás, que la predisponía para descubrir a Dios en todas sus obras y en las mismas personas. El hecho de poder contemplarlas le ocasiona una inmensa alegría.
Numerosos testimonios nos hablan de esta capacidad de saber descubrir a Dios en la naturaleza, en las niñas, en los acontecimientos de cada día, e incluso en la misma enfermedad. Todo lo convertía en un himno de gratitud. Los achaques de su vejez los calificaba de “regalitos de mi Amado Esposo”.
Esta Presencia y actuación del Señor en su vida, la llevaba a admirar la belleza de todo lo creado. Cuando salía al jardín se detenía en cada árbol, en cada flor y decía a las que la acompañaban: “Dime, dime ¿quién sino Dios podía crear tanta hermosura? Sea bendito y alabado el Señor que os ha creado”. Y ante cualquier detalle exclamaba: “Dios mío, ¿quién lo haría sino Vos?”.
4. Una oración intensa.

El cuidado de la oración es una consecuencia de este apasionamiento por Dios. Se nos dice en la Positio, que la oración la tenía en un continuo trato y comunicación con su divino Amado.


El ratito de oración, el tiempo que a ella dedicaba de manera especial, iba empapando y fecundando su corazón. A menudo estaba en el oratorio y no quería que nadie la interrumpiese, ni aceptaba se le dieran recados en aquellos momentos de intimidad con el Señor. Si esto sucedía, al salir le decía a la persona: “Cuando se habla con el Creador que no interrumpan las criaturas pues sería muy tonto dejar el todo por la nada”.

Hablaba de la oración con un lenguaje muy llano para que todos pudieran entenderlo, incluso las niñas. “En la oración de la mañana hemos de procurar encender el braserillo de amor de Dios, y conservando el rescoldo durante el día, basta en la oración de la tarde apartar la ceniza para que arda de nuevo”.


Para ella este rato era sagrado y lo prolongaba siempre que podía. Cuando ya era mayor se levantaba con la comunidad, aunque ya estaba muy gastada por la enfermedad y los años, para hacer oración.“¿Es posible, Amor mío, que haya un solo ser que no te ame? Yo no lo comprendo; pero, si hubiera alguno, que mi corazón Te ame por él”.
Cuando veía que alguna hermana se dormía en la oración les decía: “¡Cuán ricas sois, pues que no teniendo nada que pedir al Señor os podéis dormir!”.
A todas sus religiosas recomendaba: “Sed almas de oración, sólo así progresará nuestro amado Instituto”.
Hay detalles en las Constituciones que nos indican cómo la cuidaba y orientaba a sus hermanas:


  • Preparación remota: Por la noche, en el oratorio, después de rezar las letanías de los santos, se leía en comunidad el punto de la meditación del día siguiente. Por la mañana, al despertar, después del recitado del salmo 83, se procurará recordar los puntos que se van a meditar.




  • Al entrar en el oratorio, tomar agua bendita y hacer una profunda reverencia a la Majestad Divina, adorándola humilde y devotamente, hacer la señal de la cruz e invocar al espíritu Santo.




  • Cuidar el momento de la oración: “cerrar los ojos del cuerpo y abrir los del alma”.




  • Recordar los puntos de la meditación e imaginarse la escena visiblemente.




  • No turbarse si Dios permite imaginaciones, pensamientos contra nuestra voluntad, se ganan muchos méritos llevándolo con paciencia.

  • Dialogar interiormente con Dios y con María sobre el tema que está meditando.




  • Al terminar preguntarse ¿cómo he hecho la oración? ¿qué dificultades he tenido?

M. Paula tenía mucho interés en que sus hermanas aprendieran a orar bien, ya que tenían que ser especialistas en enseñar a las niñas a orar.


Sabía por experiencia que la oración es la fuente de donde brota la vida y el amor de Dios y que el Hijo se revela en lo secreto y en el silencio.
Su oración era una adoración al Dios Trinidad, una alabanza al Dios creador, una declaración de amor a Cristo. Una devoción muy particular, que rezaba cada día, era el trisagio. Oraba desde los detalles de la vida cotidiana. Dejaba espiritualmente su corazón en el sagrario para que se contagiase del amor de Cristo. Le decía a Cristo: “No lo necesito más que para emplearlo en tu amor”. Sabía que los buenos frutos provienen del amor a la oración.
El peso de la oración se mide por el amor. Una persona vale por la donación que hace de su vida. Ésta se aprende en el diálogo con Dios Amor y se demuestra en una vida que lo transforma todo en amor y servicio. Paula decía: “Cuando mi corazón esté dispuesto de esta suerte, envíame cruces y penas, que todo lo sufriré con alegría. Mas, si un instante de mi vida he de dejar de amarte, ¡oh!, entonces, quédatelo; no me lo devuelvas, pues no lo necesito más que para emplearlo en tu amor”
5. Jesús crucificado era su esposo amado.

El amor de Dios cautivó su corazón y M. Paula se dejó seducir por la voz del Maestro y se enamoró de Él.


En su Iglesia parroquial ¡cuántas veces habría contemplado el retablo que va narrando escenas de la vida de María y de Jesús!. Escenas de la pasión: la flagelación, la oración en el huerto, la coronación de espinas, el camino del Calvario. ¡cuántas veces ella acudió a rezar al Santo Cristo de la ermita del Calvario!
Estas miradas por fuerza tenían que ir grabando en su corazón una imagen viva de Jesús, provocando una experiencia que la llevó a dar generosamente su vida para el bien de otros, arriesgando todo tipo de dificultades.
Estas miradas a Jesús crucificado la acompañaron toda su vida.

Ella quiso para las escolapias que la meditación de Jesús y éste crucificado fueran el meollo de nuestra contemplación.


En las Constituciones se nos dice que nuestra meditación ha de ser sobre Cristo y éste crucificado. Fruto de esta contemplación es el gran deseo de estar con Él, de tenerle cerca. Decía: “¡Cuándo me uniré con mi Amado y daré un abrazo a mi Santísima Madre, la Virgen María!”.
Cuando se despertaba por la noche venían a su pensamiento las palabras del Cantar de los Cantares: “Mi Amado es para mí y yo para mi Amado”.
6. Obediencia a la voluntad de Dios.

En todo veía su mano.
Las enfermedades y achaques eran para ella regalos de su amado Esposo; y pedía que la ayudaran a darle las gracias.
Una exclamación muy suya: “La santa obediencia lo ha dispuesto así: ¡hágase en todo la voluntad de Dios”, decía ante cualquier situación que no entendía.
En el Capítulo de las Constituciones que hablan de la obediencia, vemos que ésta va muy unida a la humildad y recomienda ver en el superior al mismo Señor. “Acostúmbrense pues a no mirar quién es la persona a quien obedecen, sino antes bien quien es Aquel por quien y a quien obedecen en todos los superiores, que es Jesucristo nuestro Señor”.
Consideraba la obediencia como la plena aceptación de la voluntad de Dios a través de las mediaciones humanas. Manifestó más de una vez, que sus deseos no coincidían con lo que habían dispuesto sus superiores; pero la obediencia la llevaba a una total disponibilidad. Durante su vida podemos ver cómo va variando de lugares y de cargos, siempre fiel a la voluntad de Dios y a lo dispuesto por sus superioras.
Su vida no resulta cómoda. Son muchos los pasos que ha de dar de un lugar a otro. La vemos marchar el año 1829 a Figueres, junto con su amiga Inés. En 1842 va a fundar a Arenys de Mar y cuatro años más tarde, en 1846 marcha a Sabadell, para abrir la tercera escuela, siendo superiora y directora de la misma. En 1849 pasados sólo tres años, en Igualada funda la cuarta escuela y se queda allí como superiora y directora. Al año siguiente va a fundar al Vendrell, donde también desempeña los mismos cargos. Una nueva comunidad se abre en El Masnou y allí va Madre Paula.. Y en el mismo año la vemos al frente del noviciado. En 1859 funda la séptima casa en Olesa de Montserrat. Al año siguiente ha de estar un tiempo en Barcelona para atender a esta fundación, aunque no la realizó ella directamente.
Es nombrada Consultora General y Superiora Provincial de Cataluña en 1874. Y en el año 1883 cesa como Superiora de Olesa.
7. Amor entrañable a María.
María está muy presente en la vida y en toda la obra de M. Paula. Su espiritualidad es fuertemente mariana. Ya desde muy pequeña, María ocupaba un lugar preferente en su corazón. Las cofradías a las cuales perteneció, para vivir con mayor intensidad su compromiso cristiano, fueron Congregaciones dedicadas a María, bajo la advocación del Rosario y de los Dolores.
La oración mariana de Paula se expresa siempre como una actitud de escucha de la Palabra de Dios y de respuesta a la misma, como María que todo lo meditaba en su corazón.
La unión de Paula con Jesús Eucaristía tenía esta faceta mariana. Decía: “Que este amor sea sólo para Ti y para tu Madre y mi Madre, la Virgen Santísima”. Para ella unirse a Cristo era equivalente a estar también con María. Eran dos amores inseparables. La Madre nunca esrá lejos del Hijo, ni el Hijo de la Madre.
En la lectura espiritual siempre que encontraban el nombre de la Santísima Virgen, decía: “Calla, calla, no prosigas... ¡María!, María es nuestra Madre y la Madre de Jesús. Dime, ¿no te conmueve este pensamiento? ¡Pensar que somos sus hijas! ¡Oh!, qué alegría experimento al pensar que muy pronto vendrá a buscarme y me llevará en su compañía”.
Ella quiso poner el Instituto bajo el Amparo de María, Madre y Educadora de su Hijo, poniéndole el nombre de “Hijas de María” . El rosario colgaba del ceñidor, el escudo era el anagrama de María, Madre de Dios, y se rezaba cada día el Oficio Parvo a la Santísima Virgen y la letanía lauretana.
En la fórmula de la profesión se pide la intercesión de María de una manera especial: “Para vivir este don de la consagración, confía plenamente en la fuerza del Espíritu Santo, en la intercesión de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios”.
María está presente y muy presente en la vida de Madre Paula. Su jaculatoria preferida, “Madre, Madre mía”.
Las opiniones de los testigos que declararon en el proceso nos dicen: “Amaba a la Santísima Virgen y hacía rezar el Rosario, e incluso invitaba a que pusiésemos flores a su imagen”. “ Su amor a la Virgen desbordaba, y el camarín de la Virgen de Montserrat de nuestro colegio (Olesa) es testigo de los amorosos coloquios de Madre Paula con la Virgen, a quien llamaba Madre, y a la que acudía siempre con humildad, amor y confianza”
María es Madre y es intercesora y a ella le encomenda la naciente Institución. “Deseamos ardientemente la bendición de nuestro inmortal papa Pío IX y su suprema aprobación de nuestro Instituto (...) rogamos fervientemente a Dios , y a nuestra bondadosa Madre, la siempre Virgen María...”
Quiso que la figura de María impregnara nuestra vida y nuestras Constituciones, ya que María era la vela de nuestra embarcación, movida por el Espíritu Santo.
Las siete principales festividades de María se preparaban de manera especial con una vigilia de ayuno. Tres veces al día quiso que se rezaba el Ángelus y las niñas cada hora invocaban a la Virgen. La oración “A tu amparo y protección”, pone fin a todos los rezos y actividades.
La mayoría de las casas por ella fundadas, llevan el título de alguna advocación de María: Nuestra Señora de la Providencia, Virgen del Rosario, La Inmaculada, Virgen de las Escuelas Pías, Nuestra Señora de Montserrat...
María es, para M. Paula, Madre, Protectora, Modelo de vida, Guía en el camino hacia Jesús.


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