Escultura barroca española introducción


Hay dos grandes focos de imaginería barroca: Castilla y Andalucía



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Hay dos grandes focos de imaginería barroca: Castilla y Andalucía.




      1. Castilla.


La ciudad principal de este foco es Valladolid porque casi era la capital de España (estuvo a punto de serlo) y porque allí había una gran tradición de escultura en el siglo anterior con Alonso Berruguete y Juan de Juni. Comentario de la Piedad de Gregorio Fernández
Pero el creador de la imaginería castellana y vallisoletana fue Gregorio Fernández. Formado con Francisco Rincón, insiste en la tradición anterior de Berruguete pero con elementos ya barrocos. Tras él, Valladolid pierde importancia.
Su estilo es muy peculiar, domina perfectamente el oficio y hace una escultura bien acabada en todas sus partes. Le interesa el realismo y la verosimilitud. Trata con cuidado la anatomía y las texturas de la piel, en sus obras, cabeza y manos son fundamentales, las cabelleras las peina en mechones cortos y aplastados, como mojados y pegados a la cabeza. Las manos son expresivas, los dedos los suele colocar hacia delante, con el envés. Sus ropajes y plegados son acartonados, duros, porque en esos ropajes busca un contraste expresivo, con las superficies pulimentadas de la piel. La policromía es mate, sin brillo (eso es una característica de toda la imaginería caste­llana en general).



Cristo muerto. En el museo de Valladolid. Hay un tratamiento anató­mico perfecto en su desnudo, el cual contrasta con el plegado geométricamente. Sus cabezas son siempre expresionistas, con rostros desencajados, heridas con sangre, con mucho morbo, con más patetismo que realismo. En la escuela castellana es frecuente presentar al Cristo crucificado muerto y en Andalucía agonizando) Comentario del Cristo Yaciente de Gregorio Fernández


      1. Andalucía


Tiene a su vez dos focos: Sevilla y Granada. En Sevilla trabaja un escultor de éxito: Juan Martínez Montañés, el cual nace en 1568 y muere en 1648. Con él se forma Alonso Cano, el principal escultor de la escuela granadina. Con Montañés hay una mayor continuidad con la tradición pero su estilo crea escuela y todos los escultores pequeños de taller siguen los preceptos dictados por él.


Tiene un estilo diferente a Gregorio Fernández ya que Montañés se formó en un ambiente clásico tardo-manierista. Por eso sus figuras son reposadas, solemnes, no expresan rasgos tan patéticos como las de Gregorio Fernández. Emplea esquemas anatómicos todavía manieristas. Su escultura es serena, realista pero sin patetismos. Su policromía es más rica y variada que en la escuela castellana y va siempre en brillo.
El Cristo de la Clemencia fue realizado en 1603 y es el encargo de un ca­nónigo de la Catedral de Sevilla donde todavía está. El encargante le dijo como había que representarlo, vivo pero agonizando, que mire a cualquiera que le mire, desde cualquier punto de la capilla donde está situado y Montañés así lo hizo. La sangre es menor que en Castilla, son chorritos pequeños. El paño de pureza es real, cae reposadamente con plegados minuciosos y más naturalistas que los de Gregorio Fernández. El torso está alargado al igual que las piernas y los brazos, son rasgos manieristas para realzar esa belleza formal.


Inmaculada. Está en el trascoro de la Catedral de Sevilla y se le conoce en el ambiente popular como la cieguecita por sus párpados. Está hecha para ser vista desde un punto de vista bajo, ósea arrodillado (adaptación de la escultura al espectador). Es una figura de gran solidez, puesta sobre una gran basa lo que le da más consistencia.

Sólo hay tres elementos que rompen este esquema y lo acercan hacia un Barroco español: las manos están hacía el lado izquierdo la, cabeza está hacia abajo y sobresale un bulto a la altura de rodilla. Con las manos hace girar todo el esquema y el plegado del manto en diagonal. Con la cabeza introduce una rectificación anatómica: un cuello excesivamente alargado que le da mayor esbeltez y belleza y una porte más elegante. Esto son pervivencias manieristas que se mezclan con el Barroco.


En Granada el principal escultor de esta escuela es Alonso Cano, además de pintor y arquitecto, diseñó en parte la Catedral de Granada. Es pues el ideal de artista renacentista que domina todas las artes. Es un artista que en su escultura y en su pintura representa el clasicismo barroco italianizante.

Nace en 1601 y muere en 1667. Es coetáneo, amigo y discípulo de Velázquez. Pasó en Sevilla bastante tiempo y dejó allí abundante obra escultórica. De 1638 a 1652 se va a Madrid llamado por Velázquez donde hace pintura y escultura. En 1652 se va a Granada donde morirá. No le gustaba la vida de la Corte y se hizo clérigo y tra­bajará al servicio del cabildo. Murió pobre por su enemistad con el Cabildo ( su temperamento debía ser bastante duro)


La Virgen de la Oliva pertenece a su etapa sevillana (1638), Acusa el influjo de Martínez Montañés pero ya lleva rasgos propios de Cano que luego se desarrollarán. De Montañés es el tipo de escultura bloque, el rostro sereno de la Virgen que apenas tiene relación con el Niño. Sus rasgos p
ersonales son: tendencia a componer las figuras en forma de uso, estrecho por los pies, ancho en las caderas y estre­cho de nuevo en la cabeza, es un rasgo de origen clásico.
La Inmaculada. Otra imagen de la mismo tipología., ésta de la Catedral de Granada. Es una obra ya de plena madurez, también con el esquema en uso. La expresión de gracia, ternura y delicadeza es enorme. Es esto es lo que perseguía la Iglesia a la hora de representar a la Virgen. Pone las manos sobre un lado, como la otra. Presenta a la Virgen como adolescente. La policromía no es la original, Los plegados son más pictóricos (busca las calidades en el efecto de la luz) que escultóricos. Comentario de La Inmaculada de Alonso Cano
Otro escultor de la escuela granadina es Pedro de Mena (1628-88) . Hereda el estilo de Alonso Cano. En su María Magdalena representa a la Santa en una escultura pequeña, en madera y poco policromada. Sin feminidad, túnica de palma rígida. Rostro de arrepentimiento, pies descalzos, cruz humilde, ojos llorosos, frente arrugada, mirada de entrega

Escuela Murciana. Comentario de María Magdalena de Pedro de Mena

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