Escuela del mañana



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Escuela del mañana
Esperanza ante la creciente tecnologías docentes


1. Pedagogía prospectiva. El eterno mañana
Las respuestas a las diversas incógnitas y a las diversas teorías sobre el aprendizaje que se han aludido en las páginas de este estudio que no existen de mera categórica. El futuro es siempre imprevisible. Pero el presente nos dice que caminamos en una dirección y hay que ser previsores. Ese niños que entra hoy a los tres años en un centro escolar, en el año 2010 por ejemplo, y terminará y terminará sus planes de formación en el 2030, no puede ser educado como el que hace cincuenta años frecuentaba las aulas en que hoy entra el nuevo alumno.

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La tecnología del mañana acaba de nacer o está naciendo todavía hoy y ella obliga a todos los educadores y profesores a tomar medidas y precauciones de manera que los hombres que forman aprendan lo que deben saber para el porvenir. Deben ser preparados adecuadamente para lo que viene
Para unos esta reflexión pueden parecer vana curiosidad y no conviene desbocar el corcel de la fantasía con interrogantes impertinen­tes. Para otros puede resultar deseo baladí al no poder controlar lo que se avecina con afanes oportunis­tas, siendo mejor dejar que el mundo avance. Pero casi todos concederán que es bueno pensar algo en el mañana



+ Los educadores ingenuos se sorprenden cuando se habla del porvenir, pues sospechan las cosas van a ser como las que conocemos aunque las aventuramos un poco diferentes. Les agradan las estadísticas, las previsiones, la preanuncios, pero por curiosidad, no por previsión y compromiso. No está hecha para ellos la prospectiva, pues se hallan cómodos en el presente.
+ Los educadores pesimistas se inquietan con sus visiones negativas de la realidad previsible y auguran destrucciones y extinciones, más rápidas de lo que van a acontecer según las leyes vitales de los grupos.
+ Los educadores optimistas sospechan que las dificultades y los vaivenes son fenómenos pasajeros y es preciso saber esperar con paciencia a que las aguas vuelvan a sus cauces y se reanude el hilo normal de la Historia pasada, que en nada o en poco variará de los cauces predeterminados.
+ Los racionalistas, los calculadores, los matemáticos, los sociólogos, los naturalistas, aventuran hipótesis de cambios y formulan leyes de incrementos y decrecimientos alternativos; y lo hacen con la frialdad del médico que diagnostica sobre la salud ajena.
+ Los indiferentes y apáticos, desde dentro o desde fuera de las mismas sociedades e instituciones, se sienten desinteresados de un tema que tiene mucho de especulación. Sospechan que poco tiene que ver con ellos, más preocupados por superar el momento presente.




En lo que todos tienden a coincidir es en que nunca se sabe con seguridad lo que va a ser el futuro, inmediato o remoto, aunque ciertamente es de prudentes el prepararse para lo que viene. No cabe duda de que podemos reflexionar, con más o menos garantía de acierto, con cálculo de probabilidades más o menos cuantificable, con un análisis de situación más o menos verificable. La cuestión es si debemos hacerlo o si es rentable en clave eclesial y apostólica o si es preferible dejar de suposiciones en aras de inquietudes más presentes.
El proceso tecnológico que hoy experimentamos nos impulsa a pensar que las transformaciones que van a venir en los años venideros no van a ser menores que las que han acontecido en la década pasada. Y del mismo modo nos invita a pensar que el ritmo se va a acelerar, por los intereses de todo tipo que existen en los organismos y en las personas que los promueven. Y que se van a extender a más población humana, como consecuencia precisamente del incremento cuantitativo y cualitativo de la comunicación.




Prospectiva y aprendizajes
Se precisa prever el porvenir de la sociedad y de los jóvenes con cierto rigor y precisión. ¿Cuáles pueden ser los recursos y las técnicas que el educador puede emplear para conseguir la visión seria del mañana?

La ciencia llamada Prospectiva no puede pretender leyes, códigos, normas, diseños o previsiones, con la misma contundencia con que lo hacen las ciencias experimen­tales. Pero posibilita el objetivar juicios o el tamizar deseos. Se apoya en cálculos realistas y trabaja con posibilidades y con probabilida­des. Poco a poco se diseñaron sus procedimien­tos más o menos ingeniosos, técnicos y prácticos. Y, en parte se aplicaron metodologías de previsión con suficientes garantías.

Como ciencia, su nacimiento viene de mediados del siglo XX. Entonces se comenzó a desechar la fantasía como forma de previsión y se reempla­zó por la lógica y el cálculo matemático de probabilidades. Se superó la intuición como sistema y se tendió a la argumentación deductiva o inductiva.

Se considera iniciador de la Prospectiva, con categoría de ciencia objetiva, al pensador Gastón Berger (1896-1960). Sus estudios de mediados de siglo sobre "Ciencias humanas y anticipación" (en Revue des Deux Mondes. Febrero 1957) y su obra póstuma "El hombre moderno y su educación" fueron valiosos. Fundó en Paris el Centre Universitaire International et des Centres de Prospective
Con Berger se inició una inquietud que cuajó en la década de los sesenta en multitud de publicaciones exploradoras del porvenir y en diversidad de previsiones científicas, sociales, económicas, intelectuales. Después se acrecentaron esos afanes en todos los campos, incluidos los éticos y los antropoló­gicos.

Las dimensiones científicas de la Prospectiva, y su clara diferenciación de la Futurología, arte basado en la fantasía y en la intuición, más que en la lógica y en el cálculo de probabilidades, se incrementaron posteriormente. Se multiplicaron los estudios, los organismos, los modelos de previsión, afectando de alguna forma a muchos pensadores y a todos los terrenos del saber, del vivir y del actuar.
Y es que la curiosidad por predecir el futuro viene de lejos en la ciencia. Tan antigua como el hombre, se pierde en la noche de los tiempos. Testimonio de ellos son la cadena de sortilegios, adivina­ciones, recursos astrológicos, zoomór­ficos, mágicos, con ritos y hechi­cerías, con sortilegios, etc. con que se pretendió satisfacer esa natural afición previsora. Hubo exceso de fantasía y carencia de lógica.
Pero la ciencia objetiva y rigurosa es de reciente conquista. Surgió como quehacer intelectual ante la necesidad de dar respuesta al descon­cierto que provocaban las transforma­ciones aceleradas de la sociedad y de la vida, de la técnica y de la economía. Se buscó en la tecnología y en las matemáticas (cálculo de probabilidades) la forma de hacerla
En las postrimerías del siglo XX, la ola de estudios prospectivos se multiplicó enorme­mente.




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