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Introducción

El presente trabajo nació como un intento de aproximación a tres ejes que atraviesan el escenario de la organización de los trabajadores argentinos. A partir de la concepción de que la clase trabajadora ha sufrido transformaciones que permanecen correlativas a la Central de Trabajadores Argentinos, consideramos la necesidad de discutir su existencia significativa – discursos-, su legitimidad social –identidad– y su sentido de lo creíble –imaginario-.



Nuestro interés se basó en entender el análisis de la Central en tanto refleje tales transformaciones y supriman el concepto vacío de cambio. Auguró delinear los análisis a partir de diferentes conceptos que hacen a la constitución de prácticas sociales por medio del buceo que permite la entrevista.
Damos las gracias aquí a todos los que nos ayudaron en las búsquedas que nos sumergieron al interior de nuestra Central. Ante todo por su colaboración incondicional, su energía y apoyo a nuestra compañera María Méndez. Por sus ideas y tiempo, a Mercedes Calzado. A los entrevistados por el tiempo, la dedicación y la paciencia de respondernos. A los compañeros Leopoldo González, Miguel Romero y Rodolfo Arrechea por los testimonios y materiales. A los oídos críticos que soportaron nuestro acecho y, especialmente, a todos nuestros compañeros trabajadores de la Central que construyen día a día la idea de un mundo justo.

Karina Arellano Lucía De Gennaro

IDENTIDADES




I.


Identidades. Rodolfo recuerda aquel 14 mayo del 89’ cuando Menem ganó las elecciones. Elige ese momento. Lo considera sintomático de lo que sucedería días más tarde en el Congreso de la CGT del Teatro San Martín porque en el hotel Presidente iba a hablar Saúl Ubaldini desde el balcón... pero no lo dejaron. Después, otro día, algo lo dejó perplejo. Menem le ofreció a Saúl Ubaldini ir como embajador a España.
Eran las 8 de la mañana del martes 10 de octubre de 1989. Era primavera sobre la Avenida Corrientes y pleno comienzo del Congreso de la CGT. La importancia de la elección de los 1500 delegados esta vez sería distinta porque solamente podrían ingresar al teatro estrictamente aquellos que fueran congresales. Miguel ya se había acreditado como uno de los 80 delegados de ATE. Ritos: himno nacional y marcha peronista. Se prestaba a escuchar atentamente a Saúl Ubaldini, que invocaba a Dios, cuando Lesio Romero interrumpió al cervecero con sarcasmo “Ya agarraste el micrófono” decía el menemista de la carne y continuaba su mosión: “Primero la patria, después el movimiento y por último los hombres”, con la obvia intención de vincular a Ubaldini a la trasgresión de esa norma sagrada entre los peronistas. Desconcierto ¿Cuál era la razón de tanta ira? Identidades. Rodolfo en la calle. La espera. A medida que pasaban las horas, gritos y cánticos desde las pancartas favorables a Saúl, endurecían las respuestas de los sectores menemistas.
Lorenzo Miguel se acercó al estrado para difundir la proclama ubaldinista. Silbidos y aplausos. Desorden. “Cumplamos el pedido del Sr. Presidente”, reclamó Lorenzo. La elección de la palabra señor en vez de compañero, levantó iras entre los menemistas. Identidades. El metalúrgico propuso una moción: conservar una conducción de 30 miembros salvo los dos cargos máximos de Secretario General y del Adjunto. “Nosotros en esa votación lo apoyamos a Ubaldini”, anticipó. Muchos ubaldinistas gritaron “aprobado”. Rodríguez de UPCN, se apuró a recordar que era necesario seguir con el orden del día. Cincuenta minutos de discusión. Miguel apenas escuchó a Andreoni cuando concluía que “no hay congreso constituido hasta tanto no se elija la Comisión de Poderes y confirme que nuestras credenciales, como congresales, están en regla”. Cada grupo escuchaba sólo lo que quería escuchar. Desasosiego. El minero Cabrera preguntaba si no sabían que había primero que construir el congreso para después decidir. Varios le gritaron “andá a sacar carbón de las minas”. Por lo bajo, les contestó “traé a tu hermana”.
Finalmente, el Congreso comenzó. Zanola y Alderete, que habían apoyado la moción de Lorenzo Miguel, dejaron de respaldarlo. ¿Por qué? Desconcierto. ¿Hacia dónde? El primer triunfo menemista fue ganar en la conformación de la Comisión de Poderes. Aquella votación fue la primera derrota parcial de una batalla que aún se sigue librando. Cuarto intermedio. ¿Hacia dónde?
Identidades. “Si lo tirán a Saúl al bombo va a haber quilombo” y los redoblantes suenan atrás, “Menem conducción”, “Barrionuevo, Barrionuevo”. La disputa callejera aumentó cuando se conoció el resultado de la elección. La imagen de Zanola y Barrionuevo al dejar el teatro provocaron una nueva exaltación en los dos grupos de trabajadores. Lucha. Detenciones. Patrulleros. A Rodolfo lo apuntaron con una carabina. Estaba junto a una compañera, enfermera del Tobar García. Se fue. ¿Quedaba aún la posibilidad de que la durísima confrontación llegue a un acuerdo?
Una cita a la media mañana del miércoles en el local de SMATA. Zanola y Alderete escucharon las propuestas del menemismo. Les ofrecían la secretaría adjunta de la CGT a cambio de su voto en el segundo día de sesión del Congreso del Teatro San Martín. Participantes que no habían votado en la primer elección ingresaron al Teatro avalados por la Comisión de Poderes que modificó los padrones de congresales. Al mediodía los trabajadores que apoyaban a Ubaldini ya tenían la seguridad de que la fractura era inevitable. ¿Hacia dónde?
Eran casi las tres de la tarde del miércoles 11 de octubre, cuando el teatro San Martin quedó casi vaciado. El abandono se reflejó también sobre las puertas que daban a la Avenida Corrientes, y cruzaba toda la extensión de la calle. “Sin la UOM y A.T.E. no agarro”, refutaba el “Gringo” a los reclamos de West Ocampo. “Así que ahora pones condiciones, con todos los favores que nos debés”, sentenciaba el mercantil. Pasadas las cuatro, Pedraza proclamó la nueva conducción de la CGT, elegida por 872 votos a favor y ninguno en contra. El “Gringo” Andreoni, encabezaba la lista.
Volver a las fuentes. Atrincherados en Azopardo. “En el sindicalismo, y en general en la vida, hay una materia muy difícil de aprobar que se llama lealtad”, reclamaba Ubaldini. Diferenciarse. Gesto constitutivo de identidad propia. Estatales, docentes, actores, judiciales, trabajadores del neumático, de prensa, fruteros, se unían a las filas ubaldinistas. Resistían con el edificio cegetista como bastión simbólico. Todavía era tiempo de dar pelea dentro de la estructura. Abandonar el Congreso era comenzar el duelo. Dejar el Congreso, rechazar a un gobierno peronista. ¿Irse de la CGT? ¿Hacia dónde?




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