Entre el tiempo y el espacio, o sobre plazas, campanas e iglesias en popayáN



Descargar 28.73 Kb.
Fecha de conversión04.09.2018
Tamaño28.73 Kb.

ENTRE EL TIEMPO Y EL ESPACIO, O SOBRE PLAZAS, CAMPANAS E IGLESIAS EN POPAYÁN.


Por José Enrique Urreste Campo


ANTROPOLOGO/POLITOLOGO

Maestría en gobierno de la ciudad, con mención en centralidad urbana y áreas históricas, FLACSO-ECUADOR.
A principios del siglo XX en Latinoamérica las ciudades hidalgas se convirtieron en ciudades burguesas, por lo cual los aristócratas que vivían en los segundos pisos de las casas que rodeaban el parque principal, se trasladaron a otras geografías de sus respectivas urbes, una forma metafórica y material de borrar con el pasado colonial que se deseaba superar (Romero 1976). Sin embargo en Popayán las denominadas “familias de la plaza”, la aristocracia local, vivió en este sector de la ciudad hasta el año de 1983, dado que un terremoto destruyó parte de este sector de la ciudad, obligándoles a trasladarse hacia nuevos barrios, creando una nueva arquitectura; pero sin embargo el centro se reconstruyo de la misma manera, perdiéndose la oportunidad de transmutarla.
La arquitectura se proyecta por medio de un modelo codificado, por lo tanto los seres humanos se relacionan con la ciudad material a través de la experiencia comunicativa que surge en la decodificación del objeto arquitectónico. “En este sentido, lo que permite al hombre el uso de la arquitectura (pasar, entrar, detenerse, subir, reposar, estirarse, encerrarse, etc) son por encima y más allá de las posibles funciones de los objetos, los significados conectados con esos objetos, que predispone a determinados usos funcionales de estos” (Eco 1994:23).
Se debe tener en cuenta que la verticalidad en las ciudades medievales europeas, se expresaba arquitectónicamente en la ubicación de los grupos privilegiados en las partes altas de las torres de los castillos. Sin embargo en las ciudades del nuevo mundo el modelo vertical se transforma en un orden horizontal a partir de la Plaza Central, para el sector social superior desde el que se organiza el resto, ubicándose en los bordes los sectores sociales subordinados (Monsalve 2004:10).
En Popayán las familias de la plaza que representaban a la aristocracia local tenían como casas de habitación los segundos pisos del Parque Caldas; es la verticalidad de la estratificación social que simbólicamente se capta al considerar la preeminencia del amo de estar ubicado por encima de su siervo, la que se desplaza en la horizontalidad de la dominación arquitectónica; en este lugar se materializa la memoria hegemónica establecida por la sociedad dominante, hecho que se patentiza desde un análisis proxémico, desde el espacio que comunica y produce sentido, el que organiza virtualmente todo en la vida social, coincidencia que se manifiesta en Popayán entre el espacio real y el espacio simbólico (Grimson 2000).
Desde el centro de la Plaza Caldas las familias aristocráticas tenían una visión para controlar el orden social, favorecida por las calles rectas sin obstáculos, que se reforzaba con las torres de vigía de las iglesias y los conventos; la ciudad ha principios del siglo XIX sólo contaba con 14 manzanas en sentido norte-sur y 13 en sentido oriente-occidente, sumando un perímetro de 90 manzanas (Sánchez, Moreno en (Monsalve 2004:33). Es de tener en cuenta que el tamaño de las casas era ínfimo comparado con el tamaño de las iglesias, por lo cual el payanes se sentía atrapado en una atmósfera de religiosidad de un Dios todopoderoso vigilante.
La fractura del terremoto de 1983 se dio verdaderamente, cuando los patrones de vida en el centro colonial se transformarón. En palabras de Doña Ruth en (Echeverri 2002:51) “desgraciadamente el terremoto nos cambio la ciudad”, transformó la funcionalidad del centro y clausuró dos épocas estéticas que habían mantenido por un lado, un claro gusto por la intimidad urbana que albergaba la calleja colonial y por otro, la sensación de que todo el universo transcurría al interior del “centro” de Popayán porque este lugar era en palabras de Don Fernando “todo el mundo, por eso gustaba tanto”. De igual manera encontramos que un año antes del sismo, este sector urbano era el ideal del ascenso social, un símbolo de la aristocracia payanesa, las personas subían a la Plaza Mayor, se bajaba a los barrios periféricos y simplemente se iba a los alrededores (Torres 1989:52). De igual manera Whiterford (1963) evidencia que en la ciudad se tenía la creencia de que cuando más lejos se estaba de la Plaza Caldas menos se estaba ligado a las significaciones de Popayán; es el símbolo del estar adentro. Después del terremoto de 1983 se fundaron espacios ajenos históricamente, extraños estéticamente a Popayán, que no son Popayán, sin vértice en el tiempo y por ende sin significado para los payaneses.
En las leyes de indias se encontraban los trazos de las ciudades latinoamericanas, que fueron una metáfora arquitectónica por medio del cual los españoles borraban con el Islam que los había sometido durante los ocho siglos anteriores al descubrimiento de América, Arabes que tendían laberintos dentro de la red urbana; por el contrario estas leyes contenían diseños cuadriculados para la tierra recién descubierta, que se desplaza desde la Plaza Central, centro del poder militar, religioso y político del imperio español.
Metáfora desplazada por la mentalidad burguesa, que presenta cuatro constantes en su diseño: una tendencia a la universalidad, de homogeneidad que rompe con la singularidad de cohesión histórica de ciertos grupos sociales; Implementación de la maquina para la maximixación del tiempo en aras a la producción en serie; abandono del adorno, que en Popayán se mantiene por mediación del arte barroco que decora la ciudad, ya que la modernidad decía que el adorno era una impronta de sociedades no civilizadas cuyos principios eran oscuras creencias emocionales, y que además requerían demasiado trabajo para lo cual ya no se disponía de tiempo ni de mano de obra; la estética cartesiana que impone orden, ciudades pensadas matemáticamente, precisas y funcionales para el orden de la producción (Echeverri 2002:57,58).
Por el contrario en Popayán existe una convergencia hacia un eje céntrico, La Plaza Caldas, momento de atracción de lo periférico hacia adentro, lugar para la permanencia, receptáculo del poder político y religioso atrayendo lo ausente hacia el interior de la ciudad; es la estética de la Jerusalén de América que converge al centro. Reproducción que se sigue en la arquitectura de las casas patojas, casas que en su interior tienen un patio rodeado de habitaciones, replicas de la Plaza Caldas de Popayán; es un patrón simétrico en que cada parte del sector histórico se mantiene sin disonancia; según don Diego en (ibid:66) es bellísima, es amable, muy agradable, y nos hace vivir, disfrutar plenamente lo que se evidencia en los conjuntos armónicos de los techos de las casas. Arquitectura para el goce estético, no para un parámetro de producción, las que se borran con la alquimia del color, una respuesta que ya se había usado en el pasado para rechazar al innovador.
A mediados del siglo XX en Popayán se construyo el Paraninfo de la Universidad del Cauca y el Teatro Municipal para la recepción de las artes extranjeras, el Banco de la República para el capitalismo, la que se excluyeron de la estética de la ciudad por mediación del color, el primero es curuba, el segundo verde, y el tercero no es arquitectónicamente de la ciudad: “Estos edificios están dentro del sector colonial, sin embargo por la época que representan y por la carga simbólica de esa época, hacen parte del afuera; al no poder aislarse como ocurre con la periferia, y domesticarse con esa exclusión por ser objetos extraños, entonces se pintaron de color. El color desde luego recuerda que están allí pero que no son parte fundante del territorio” (Echeverri 2002:74).
En este orden de ideas Duvignaud nos sugiere que ante la arremetida del capitalismo algunas ciudades se conservaron como enclaves históricos, como puntos para deleitarse en el placer de su arquitectura; es el arte barroco que se conserva en las iglesias de la ciudad, es:

Una iconología hierofántica, que revela lo sagrado por medio de la materia trabajada, una visión atormentada del hombre mismo, sobrecogido por la agresión de lo invisible y abandonado al juego histérico de un enfrentamiento con lo absoluto. Visión sin duda catastrófica (...) Un mundo que pone a las figuras cognoscibles al servicio de un impetuoso impulso hacia lo alto y parece responder a un irresistible llamado del aire hacia lo sublime y lo incognoscible, drenando a los seres y a las cosas en la misma fogosa ascensión (Duvignaud 1982:108).


El barroco esta en relación con la ideología jesuita, la contrarreforma, el catolicismo romano y su universo de formas, no es una simple deformación, es la psicología cristiana vuelta forma (Duvignaud 1982:109); es la histeria de la ruptura entre dos mundos, entre el mundo feudal y el mundo burgués: Cristos atormentados, hombres y mujeres poseídos por la religiosidad, rostros deformados por una obsesión invisible, tormento del cuerpo, desgarres de la carne, sangre, suplicio, tormento, histeria del sufrimiento humano mezclado con voluptuosidad. Es el enfoque de una realidad desconocida; los valores tradicionales se han alterado, es el arte lamentadose por la destrucción del mundo que se conocía, aquel que destruye el capitalismo. Imagen de lo terrible y lo desconocido, “el barroco trata de explorar metafóricamente, mediante la ficción de una psicología exaltada, una realidad que no capta” (Duvignaud 1982:114).
Es el mito del alma, que se encuentra en la imagen, la que alienta la contrarreforma, el icono que no permite exaltar el proceso del pensamiento, es para adorar no para analizar, para ver más no para abstraerse, proceso último que se da en las culturas del libro, en las que se encuentra “el mito de la conciencia de si mismo”, lectura hecha pensamiento racional (Duvignaud 1982:114).
Sin embargo, lo que nos interesa destacar aquí es que ante la arremetida del mundo capitalista, que descubre el oro de América y la fascinación del plusvalor, los seres humanos se encontraron ante dos opciones: la mayoría se abrazo al capitalismo, pero otros realizaron un desenfreno de consumo suntuario, lanzando a Dios una invocación de formas y de figuras construyendo una sociedad voluptuosa; es el oro convertido en imagen, (Duvignaud 1982:118) que se le arranca a la circulación del capital, al intercambio comercial, a la acumulación abstracta y cuantitativa, es valor de uso para el goce estético y no valor de cambio para el enriquecimiento, es el oro impregnando la forma. Es Popayán transmutada en el arte barroco de sus iglesias, de sus edificios, de sus calles, de su gema colonial; es un presente, un don, un regalo ofrendado a Dios y a los patojos.
Es la tradición que se arraiga no en una sociedad sino en una comunidad, aquella que desmantelo el avance del sistema capitalista, la que legitimo entre otros el discurso del filosofo alemán Federico Hegel (1975); los seres humanos son liberados de sus ataduras tradicionales y por ello la familia debe desvanecerse, los hijos son criados hasta cierto limite de edad, después de la cuál deben acudir como herederos o como seres libres que mediante un contrato se convierten en un engranaje del sistema de producción burgués mediante la creación de corporaciones (gremios económicos); para lo cual en su calidad de propietarios acuden al espacio de la sociedad civil para discutir sobre los asuntos públicos (sus intereses).
Este proceso se empieza a gestar en las ciudades europeas del siglo XIII; ella se “relacionaba con las posibilidades de individualización de cada uno, de desarrollar las propias capacidades, de dirigir racionalmente el destino individual y del grupo social (...) con el deseo de gozar de cierto bienestar material en una casa que estuviera pegada a otra casa (...) la posibilidad de aplicarse a una actividad que permitiera el ascenso económico y anhelo de vivir dentro de una sociedad compacta en la que se equilibrara la solidaridad social con un libre desenvolvimiento del individuo racional” (Romero 2001:239-240).
Latinoamérica se opuso a este conjunto de ideas, a la razón se le opuso la tradición, la costumbre, el alma nacional; a la nación se le opuso la región; al saber racional la intuición. Igual oposición estalló en Europa con el nombre de romanticismo (Romero 2001:31).
Oposición que se mantiene en Popayán, conservándose como una comunidad, los hijos no son expulsados de las familias, por el contrario se los abraza en el seno de los linajes, los blasones, y los adultos que aún subsisten con sus lazos familiares, la propiedad no es individual sino heredada colectivamente; el trabajo es mal visto, y se procura que la riqueza este oculta a los ojos de la cotidianidad, incluso hasta los pobres son ricos, y no existen espacios de exclusión; más aún la distinción entre lo público y lo privado se hace difuso en medio de su arquitectura colonial, por ella no transitan los problemas de la política sino los menesteres de su mayor momento ritual, la Semana Santa, que no le dan paso al individuo emancipado de la religión, sino que carga con la tradición de sus símbolos religiosos.
Así Popayán formo a sus hijos en el ethos de una religión que no separa lo público de lo privado, expresándose en una religiosidad externa, aquella que nos presenta sus mártires atormentados, es una religión para sufrir, donde lo único verdaderamente legitimo es la salvación del alma inmortal, la que ritualmente se reaviva anualmente en las procesiones de Popayán, la que no permite construir un pensamiento abstracto que desemboque en un proceso racional, sino que mediante la catequesis del dogma crea seres sumisos, obedientes, súbditos del rey del trono tradicional.
En la modernidad la libertad y la igualdad son principios consustanciales a todo hombre, que se reconocen sin la “mediación” externa. Contrario a ello en Popayán los seres humanos se reconocen como hijos de Dios, hermanos sujetos a un padre celestial, pertenecen no a la sociedad sino a una comunidad cristiana: “la idea de libertad en el contexto de la comunidad cristiana es una condición interna del espíritu y no una condición externa del cuerpo. El hombre es libre pero moralmente, en tanto tiene la facultad de creer o elegir entre el bien y el mal (Rosero 2003:110). Fukuyama (1992:274) establece que “el problema para el cristiano es que se postula la realización de la libertad humana no aquí, en la tierra, sino sólo en el reino de los cielos”.
Con la modernidad nace el individuo, el ciudadano y las clases populares; para lo cual el ser humano necesitaba representarse, transmutarse en símbolo para descubrirse dentro de él, es la necesidad de representarse a sí mismo, para ello se utilizó la fotografía, la historia del daguerrotipo es la historia del hombre moderno; la mentalidad burguesa y liberal en ascenso durante todo el siglo XIX, fue quien con mayor intensidad propició su descubrimiento.
Sin embargo esta misma autora evidencia que las fotografías que se realizan en Popayán tiene como temática central su centro colonial, desechando al individuo de las mismas, sin registrar la vida periférica de la ciudad; barrios periféricos que son borrados de la historia de la ciudad, que se mantiene sin seres humanos, la ciudad del retrato arquitectónico es una ciudad fantasma. Se capta la arquitectura que desplaza al ser humano, en tanto el mismo no es un individuo emancipado, sino atado a las calles, tejados, muros, iglesias, santos, claustros, y museos que circundan a la gema colonial; se retrata “al Popayán bonito, al Popayán de antes”, como nos lo dice Don Pedro en (Echeverri 2002:50). Es un ser humano que no mira hacia su presente y su futuro sino hacia el eterno retorno de su pasado, hacia el locus que lo representa, hacia su sector histórico.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Duvignaud Jean (1982) El juego del juego. México. FCE.
Echeverri Zambrano Claudia del Pilar. Popayán: discurso estético y nicho urbano (2002). Tesis de pregrado en Antropología. Universidad del Cauca.
Eco Humberto (1968) La estructura ausente: inducción a la investigación semiológica. Madrid: limusa.
Fukuyama Francis (1992) El fin de la historia y el último hombre. Colombia: planeta, S.A.
Grimson Alejandro (2000) Interculturalidad y comunicación. Bogotá: norma.
Hegel Georg Wilhem Friedrich (1975) Rasgos Fundamentales de la Filosofía del derecho. Argentina: sudamericana.
Monsalve Herrera Fabián Andrés. Percibiendo los territorios del centro de Popayán. Tesis de pregrado en Antropología. Universidad del Cauca.
Romero José Luís (1976) Latinoamérica: las ciudades y las ideas. Argentina: siglo XXI.
Romero José Luís (2001) Situaciones e ideologías en América Latina. Colombia: Editorial Universidad de Antioquia.
Rosero Morales José Rafael (2003) Del santo y el misterio del desencanto: primero de Mayo en Popayán. Santiago de Cali: FAID editores.
Torres Hernán (1989) “Metaphors and the translation of cultures. The torre of Popayán, Colombia”. Anthropology and humanism quarterly. Washington: the society for humanistic anthropology. Nº 2 V 14 (june).
Whiterford Hunter Andrew (1963) Popayán y Querétaro. Comparación de sus clases sociales. Colombia: Universidad nacional.


Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad