Ensayos éticos



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INTRODUCCIÓN
A nivel mundial, la Ética está hoy en auge. La filosofía tiene en la Ética su expresión más fructífera y promisoria. Lo más representativo del mundo académico apuesta por una salida ética para la filosofía. Pero, esa actualidad no se circunscribe al gremio de los especialistas; la moral, el objeto de estudio de la Ética, se encuentra entre las prioridades de las grandes masas. La carga que los problemas globales contemporáneos arroja sobre los pueblos resulta insoportable. No sería aventurado afirmar que la Humanidad sólo podrá salir adelante por medio de una cruzada moral que oponga valladares y establezca riberas a las dificultades prevalecientes.
La sucesión histórica de las teorías éticas nos muestra la enorme fecundidad de

una disciplina filosófica -la Ética- que ha sabido afrontar los problemas de cada época elaborando nuevos conceptos y diseñando nuevas soluciones. Las teorías éticas han pretendido dar cuenta del fenómeno de la moralidad en circunstancias sociohistóricas diversas, por lo que las respuestas ofrecidas distan mucho de ser unánimes. Cada teoría ética ofrece una determinada versión de la moral y la analiza desde una perspectiva diferente. Todas ellas están construidas prácticamente con las mismas categorías, porque no es posible hablar de moral prescindiendo de valores, virtudes, bienes, deberes, felicidad, libertad, justicia, etc. La diferencia que observamos entre las diversas éticas no viene, por tanto, de las categorías que manejan, sino del modo como las ordenan en cuanto a su prioridad, del contenido que se les adjudica a esas categorías y de los métodos que emplean los discursos éticos para vertebrar las elaboraciones teóricas.


Aunque la historia de la Ética recoja una diversidad de teorías, a menudo contrapuestas, esto no debe llevarnos a la ingenua conclusión de que cualquiera de ellas puede ser válida para nosotros –los seres humanos del siglo XXI- ni tampoco a la desesperanzada inferencia de que ninguna de ellas puede aportar nada a la solución de nuestros problemas. Por el contrario, los principales aportes de las corrientes éticas precedentes constituyen un referente insoslayable para perfilar nuevas teorías éticas que podamos considerar a la altura de nuestro tiempo.
En esta perspectiva, el enfoque de la Ética que necesitamos se inserta en el devenir del pensamiento anterior pero con aportes renovadores que respondan a las exigencias epocales, situadas ante la Humanidad, en los comienzos de un nuevo milenio. Es decir, un pensamiento ético que incorpore la herencia conceptual acopiada en el pasado, teniendo muy presente el contexto planetario contemporáneo, para brindarnos así una ética fundamentadora de la moralidad que nuestra especie demanda, a fin de convertir el cosmos terrestre en un mundo verdaderamente humano.
En definitiva, nos encontramos en una etapa histórica en la que el desarrollo de la Humanidad exige una moral universal para las cuestiones de justicia, un universalismo que a partir del respeto a lo plural tenga en cuenta aquellos mínimos esenciales que garanticen la imprescindible comunidad en la diversidad. Este universalismo moral abarca valores como la vida, la libertad, la igualdad, la solidaridad y la tolerancia. Estos valores se fundamentan, en última instancia, en el valor absoluto de las personas y de este reconocimiento de la dignidad de las personas, se derivan los derechos humanos que actualmente consideramos indispensables para alcanzar y mantener una vida personal y social propia de seres racionales.
En la segunda mitad del siglo XX maduran y comienzan a desarrollarse novedosas ideas, que se expresan en:

  • La superación del reduccionismo como instrumento metodológico privilegiado en la ciencia disciplinaria,

  • La búsqueda de un método de pensamiento nuevo,

  • El avance hacia la comprensión de los objetos del mundo como sistema o entidades complejas, irreductibles, imposibles de ser agotadas,

  • La superación de la idea del objeto dado,

  • La tendencia a comprender de una manera nueva los “objetos” del mundo y la Naturaleza como totalidad,

  • La comprensión de la artificialidad del mundo del hombre y sus construcciones cognitivas,

  • El cuestionamiento de la división rígida entre ciencias naturales y sociales,

  • La transdisciplinariedad e interdisciplinariedad crecientes,

  • La consideración de la subjetividad en el análisis de la objetividad científica y el planteo de los límites culturales de dicha objetividad.

Estas nuevas ideas, así como las urgencias que movieron al hombre hacia el cuestionamiento moral de la ciencia, la tecnología y sus instrumentaciones prácticas generaron una nueva visión de lo ético –no como reflexión y regulación de lo humano de espaldas al mundo natural, sino de frente a la Naturaleza, considerándola parte de una totalidad integrada-. Es en esta búsqueda de nuevos saberes éticos (que comporta la crítica de la relación instrumental con la Naturaleza, las ideas de la complejidad del mundo, la necesidad de tener en el centro de las preocupaciones a la vida en el sentido más amplio y la pertinencia de una concepción ecológica que integre) donde se fragua la aparición de la Bioética, la Ética Ecológica, la Ética Compleja, tres abordajes éticos de obligada referencia para construir la Ética que reclama nuestro proceloso y promisorio siglo XXI.


Estamos urgidos de una Ética que sin echar en saco roto el orden moral que, basado en una racionalidad clásica, heredamos de la Ilustración, se abra a la perspectiva de una racionalidad compleja que tenga en cuenta lo contingente, lo incalculable e inconmensurable; que conjugue la causalidad y la probabilidad, lo universal y lo particular, la lógica y el azar, el cosmos moral y el caos; que se preocupe por las normas correctas y la justicia, pero también por fines, móviles, actitudes y virtudes. Para ello es preciso sobrepasar las unilateralidades hasta ahora vividas, los enfrentamientos entre fines y móviles, deberes y virtudes, normas y vida buena, individualismo y colectivismo, para acceder a un tercer momento que sea la síntesis de los anteriores. Sólo así, la Ética cumplirá su tarea crítica, en lo social y lo individual, expresada en la idea de que debe ser de otro modo, porque nuestro mundo actual no tiene todavía altura humana.
En la medida en que avanzamos por los caminos inexplorados del socialismo acrece la importancia del factor moral y por esta razón, se hace insoslayable el estudio de la teoría ética que constituye el fundamento conceptual de la moralidad que necesitamos.
La dedicación personal a la enseñanza de la Ética me ha convencido de la influencia positiva que ejercen los contenidos de esta disciplina como coadyuvante en la formación moral de un hombre nuevo.
Como se ha recalcado por nuestros pensadores más esclarecidos, el desarrollo moral de las nuevas y viejas generaciones constituye un objetivo básico de ese grandioso proceso que conduce a la forja de un tipo superior de personalidad.

Sin embargo, sin instrucción ética la educación moral deviene espontánea y ciega.


La presente compilación recoge una serie de ensayos que constituyen el fruto de reflexiones del autor con respecto a cuestiones básicas de la Ética. Estos ensayos que ponemos a su disposición han sido agrupados en tres capítulos. En el primer capítulo, se desarrollan aspectos conceptuales básicos encaminados a esclarecer la naturaleza de la moral y las especificidades de la Ética como disciplina filosófica. En el segundo capítulo, se brinda un panorama de las principales corrientes de pensamiento ético que desde la antigüedad hasta nuestros días han contribuido a la riqueza teórica que caracteriza a la Ética en la contemporaneidad. En el tercer capítulo, se revela

el vínculo de la Ética con diferentes disciplinas y esferas del quehacer humano, lo que nos muestra su vocación ecuménica y transdisciplinaria. Si estos ensayos ayudan a esclarecer el objeto de estudio de la Ética y contribuyen a despertar el interés por estas temáticas, el autor se sentirá profundamente satisfecho.



ENSAYOS ÉTICOS

CAPÍTULO I: ÉTICA Y MORAL





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