Enfermedad terminal



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Republica Bolivariana de Venezuela

Ministerio del Poder Popular para la Educaciòn

Departamento de Salud Mental

Psicologia medica.





Dra. Ruth Monterola Bachilleres:

Cedeño Laura

Marcano Marìa

Perez Patricia

Salazar Johanmary

Ciudad Bolivar, Junio 2010

  1. Enfermedad terminal.

Enfermedad en fase evolutiva e irreversible con síntomas múltiples, impacto emocional, perdida de autonomía con muy poca o nula capacidad de responder a tratamientos aplicados y con un pronostico de vida menos a semanas o meses, en un contexto de fragilidad progresiva. Entonces, en síntesis, se dice que una enfermedad es terminal cuando:

  1. Enfermedad en evolución progresiva

  2. Pronostico de vida menos a semanas o mese

  3. Ineficacia comprobada de los tratamientos

  4. Perdida de la esperanza de recuperación.

Cuando las condiciones de salud se deterioran de modo irreversible y letal, el hombre entra en la fase terminal de su existencia. Para el se hace progresivamente precario y penoso el vivir. Al mal y al sufriento físico se unen el drama psicológico y espiritual que significa el morir.

Las entidades que llevan al síndrome terminal de la enfermedad son:



  • El cáncer.

  • Enfermedades crónicas del aparato cardiovascular: arteriosclerosis y miocardiopatias.

  • Enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

  • Cirrosis hepática

  • Tuberculosis

  • SIDA



  1. Fases por las que atraviesa el paciente terminal.

Las observaciones de diferentes autores como las de la doctora KUBLER-ROSS han permitido establecer un esquema evolutivo de la adaptación al proceso Terminal, basado en los mecanismos de reacción o defensa que entran en funcionamiento durante una enfermedad mortal.

Las siguientes son las fases que atraviesa un pacientes desde el momneot que sabe que va a morir, aunque se presentan en orden lógico, cronológicamente no se dan en ese orden, un paciente puede vivir varias veces la misma etapa que ya se creía superada.



  • Negación y aislamiento.

El rechazo sirve de tapón tras un choque inesperado, como es un diagnóstico Terminal y proporciona tiempo para recogerse y movilizarse de nuevo. Generalmente la negación es una defensa provisional y pronto será sustituida por una aceptación parcial del hecho. La mayoría de los pacientes pueden hablar brevemente de la realidad de su situación y de repente, manifestar su incapacidad para seguir viéndola de un modo realista. La conducta mas adecuada es la de no confrontar, ni reforzar la negación, nos comunicaremos por medio de preguntas abiertas. Podemos decirle que cuando esté dispuesto para hablar de ello, nos lo comunique.

  • Ira y furor.

Cuando no se puede seguir manteniendo la primera fase de negación, es sustituida por sentimientos de ira, rabia, envidia y resentimiento. Se expresa proyectando estos sentimientos a los amigos, familiares y personal hospitalario. Durante este periodo se convierte en un paciente difícil, quejumbroso y exigente, que descarga su cólera sobre los que le rodean. Los demás tenemos a tomar estos insultos como ofensas personales y a evitar aún más a tales enfermos. El paciente se pregunta. ¿ Porqué a mí ?. No solo él también sus familiares.
Es importante nuestra tolerancia ante la indignación racional o irracional del paciente y nuestra capacidad de escucha. Dejando que estos enfermos desahoguen su ira, poco a poco se vuelven más exigentes, mas amables y con frecuencia requieren menos medicación.

  • Negociación o pacto.

Es una etapa pasajera durante la cual el paciente parece estar en paz, pero en realidad está desarrollando toda una serie de contactos que se dirigen hacia lo sobrehumano, curanderos, promesas, milagros, etc. El significado psicológico de la negociación consiste en que el paciente tiene el valor de mirar de frente a lo que le acontece y pide que se le alargue la vida para poner sus cosas en orden, para concluir asuntos pendientes. Moviliza recursos internos para tener fuerzas en el final del viaje.

  • Depresión.

Indica la lucha con el sentido de una gran pérdida. Es una parte esencial y beneficiosa de la preparación para aceptar la muerte inevitable. Depende de la discrepancia entre los deseos del paciente, la preparación para la muerte y las expectativas de quienes están en el entorno del enfermo. La depresión primero es activa: lamenta pérdidas pasadas (Pérdida de un pecho, incapacidad para los quehaceres cotidianos, etc.). Una persona comprensiva no tendrá ninguna dificultad para descubrir la causa de la depresión y aliviar algo el sentimiento de culpabilidad o vergüenza excesivas que a menudo acompaña a la depresión.El segundo tipo de depresión no tiene lugar como resultado de la pérdida de algo pasado, sino que tiene como causa pérdidas inminentes. Se caracteriza por un pesar silencioso y preparatorio del duelo, ya no intenta ser sociable en absoluto, y llora las pérdidas futuras. Es una etapa difícil para los profesionales y los familiares; no debemos estimular al paciente a que mire el lado alegre de las cosas porque eso significaría que no debería pensar en su muerte inminente, será absurdo decirle que no esté triste, ya que todos nosotros estamos tremendamente tristes. Una forma de ayudar a estos pacientes es diciéndoles implícitamente o explícitamente que pueden llorar por la pérdida. Solo los pacientes que han podido superar sus angustias y ansiedades serán capaces de morir en una fase de aceptación y de paz.



  • Aceptación.




Se produce una vez se ha pasado por los anteriores estadios . El paciente, llegará a una fase en la que su “destino” no le deprimirá ni le enojará. La aceptación se describe como la capacidad para contemplar la llegada de la muerte con un cierto grado de expectativa. Debido a la fatiga y a la debilidad el paciente, tiene periodos progresivos de sueño, comienza a comunicarse más de forma no verbal que verbal, puede entrar en coma, hay pocas emociones y quiere descansar. Siente paz y que su vida se ha acabado.

Tristemente algunos pacientes nunca alcanzan una etapa de paz total, sino que más bien terminan enfadados, negativitas y luchando hasta su muerte.


Son aquellos que no han sido capaces de superar las fases anteriores por falta de apoyo o por haber negado o evitado todas las experiencias dolorosas en sus vidas. Algunos se vuelven cada vez más molestos, haciendo la vida intolerable a sus familiares y aquellos que los cuida, por lo que requieren sedación.




una muerte digan según LEON J. KASS no consiste solo en la ausencia de tribulaciones externas. La dignidad frente a la muerte no viene conferida desde el exterior sino que requiere una grandeza de ánimo que proviene de la persona misma que la afronta.

  1. La familia ante la enfermedad terminal.

Dificultades intra familiares ante la enfermedad terminal.

Básicamente la familia se ve sometida a cuatro tipos de problemas:



  • Desorganización: la enfermedad quebranta los recursos adaptativos para afrontar situaciones difíciles que antes habían sido exitosos.

  • Ansiedad: conductas hiperactivas, irritabilidad, intolerancia entre unos y otros.

  • Labilidad emocional: reacción oscilante y superficial cuando la capacidad de contener, frenar y organizar las respuestas afectivas se muestra insuficiente

  • Tendencia a la introversión: La enfermedad y la muerte son poderosas fuerzas centrípetas que ejercen un efecto de muralla en la familia, la cual para defenderse del desorden implanta nuevas normas

Todos estos factores, sumados a una grave y larga enfermedad cambia a todos los que conviven con quien la sufre en aspectos como:

  • Preocupación insistente por las consecuencias futuras (soledad-economía familiar-educación de los hijos-etc)

  • Sentimientos de culpa originados en el ir muriéndose.

  • Emociones y reacciones contradictorias derivadasdel agotamiento físico y emocional

  • Colapso de la red de comunicación intra familiar

  • Aislamiento de los miembros

  • Redistribución de los roles

  • Confusión personal

Sumado a estos factores, el estrés psicológico cambia la dinámica familiar, dentro de la cual se desarrollan nuevos patrones de afrontamiento y convivencia:

  • Constantes visitas al hospital

  • Acompañamiento a consultas

  • Análisis y tratamientos

  • Largas noches de acompañamiento

Temores ante un familiar con una enfermedad terminal:

Desde el mismo momento en que la familia toma conciencia de que uno de sus componentes va a morir en un plazo más o menos breve, surge una serie de miedos:



  1. Al sufrimiento del paciente y, especialmente, a que tenga una agonía dolorosa. incrementa con el progresivo deterioro del ser querido, aumenta aún más con la aparición de nuevos síntomas como:

  • Disnea

  • Convulsiones

  • Hemorragias

  • Vómitos

  • Estertores pre-mortem

  • Dolor

  • Grado de conciencia

  1. A que el paciente sea abandonado y no reciba la atención adecuada en el momento necesario; si está hospitalizado, sensación de poco oportunismo en la atención pues piensan que para el personal de salud esta persona "ya no vale por su incurabilidad".

  2. A hablar con el paciente. (conspiración del silencio)

  3. A que el paciente comprenda su condición física por las manifestaciones o actitudes de la familia.

  4. A estar ausente cuando la persona fallezca, a separarse de ella un rato, lo cual entorpece las necesidades de descanso y de realizar actividades propias de la vida cotidiana.

Subsistemas familiares y el paciente terminal.

Toda familia, aunque en apariencia caótica, tiene una compleja estructura de funcionamiento y convivencia. Cada familia es un sistema compuesto de subsistemas funcionalmente definidos, que mantienen unos limites dinámicos y se relacionan unos con otros según una estructura jerárquica establecida a lo largo de su formación.



  • Subsistemas conyugal:

Los cónyuges suelen estar profundamente involucrados y viven la totalidad de la experiencia del paciente con gran intensidad, suelen convertirte en el cuidador primario


La relación previa al diagnostico y progresión de la enfermedad juega un papel básico en el tipo de cuidado que se derivara posteriormente, dentro de este marco tener en cuenta:

  • Si el paciente era el miembro más activo y proveedor de apoyo, el cónyuge debe llevar la carga extra de renunciar al papel de dependiente y funcionar como cuidador (desplazamiento de roles).

  • .Si la relación era conflictiva y ambivalente, entonces se generaran sentimientos de culpa y distanciamiento intensos.

  • El grado de intimidad previo.

Sentimientos vivenciados por el cónyuge

  • Ansiedad

  • Depresión

  • Fenómenos de agresividad

  • Fenómenos de negación

  • Fenómenos de desplazamiento

  • Sentimientos de culpa

  • Proyección sobre el paciente de los deseos no reconocidos.

  • Intensificación de los mecanismos de defensa

  • Compasión y dolor secundarios a su identificación empática con el enfermo

Respuesta a las vivencias:

  • Descenso dramático en la capacidad de afrontamiento (incluso ante situaciones poco estresantes)

  • Rechazo ante hablar con el paciente sobre la muerte ( aun cuando el paciente lo desee )

  • Vigilancia constante e insistencia en mantener la conspiración del silencio en relación a la enfermedad terminal

  • Necesidad de estar acompañando al paciente constantemente ( aunque el paciente refiera que no necesita tanta intimidad )

Agresividad desplazada hacia otros cuidadores (personal asistencial, otros familiares, amigos, etc. )

  • Subsistema parental:

La enfermedad crónica en si es causa de gran angustia para los padres que cuidan de un hijo que afronta una enfermedad terminal.


La pareja de padres vivencian preocupaciones económicas que los pueden llevar a restringir las actividades que realizaban en conjunto, ya fueran placenteras o no, para dedicarse a labores productivas únicamente con relación a su hijo. Esto hace que se disminuya la disponibilidad de atención que la pareja se dedica el uno al otro llegando ambos a una sensación de soledad o perdida, además de un aumento en la tensión de las estrategias de afrontamiento individuales.
En caso de hospitalización por exacerbación de la enfermedad, la relación parental sufre una carga adicional, las madres suelen permanecer al lado del hijo muchas horas, mientras que la presencia del padre es mas reducida, si esta situación se prolonga y la coalición entre madre e hijo es intensa, el funcionamiento conyugal puede sufrir un colapso, llegando a sobrecargar este subsistema, haciendo que la madre reprenda al padre por ser muy estricto o este a la madre por sobreprotectora.

  • Subsistema filial

Estas son algunas de las respuestas encontradas en hijos de enfermos terminales:



  • Sentimientos de culpa asociados a posible participación causal en la enfermedad (pensamiento mágico)

  • Congoja por la perdida de ambos padres (uno por la enfermedad, el otro por dedicarse a cuidar del enfermo)

  • Desplazamiento

  • Ansiedad de separación

  • Rabia, temor y resentimiento por ser abandonados o "dejados a un lado"

Hostilidad ante una situación incomprensible
Explicarle en términos simples la razón por la cual los adultos se están comportando de manera tan extraña es útil y libera al niño del pensamiento de que la actitud de rechazo se debe a algo que ellos hicieron.
Se debe permitir el acceso al proceso de ir muriéndose y a la muerte en si ligado a alguien afectivamente unido al niño o adolescente y que lo guíe ante el cuerpo enfermo o fallecido de su familiar.
Se debe trabajar en la desmitificación de la muerte, recordando siempre que el niño aprende por imitación.

  • Subsistema fraternal:

Se sufre un rango de problemas similar al anterior, sumándole el trastorno agudo y doloroso en la relación entre hermanos, que teniendo en cuenta el potencial para una fuerte identificación y rivalidad, puede conducir a heridas graves y profundas.


La ocultación sistemática de la verdad ante un niño que sospecha la gravedad de la enfermedad de su hermano puede conducir a:

  • No aceptar su propio proceso de aflicción

  • Estimulación de fantasmas relacionados con su responsabilidad en la enfermedad y las preocupaciones con su propio bienestar

Aparición de enfermedades psicógenas como solicitud de recibir la misma atención del hermano, por lo que asume que debe estar enfermo para merecerla (Ej.: asma psicógena)

  • Los abuelos

Debido a las características cambiantes de la sociedad, la tecnología y la violencia, los abuelos han pasado a formar parte del proceso de aflicción, situación que no era tan frecuente anteriormente.


Respuestas de los abuelos ante la enfermedad terminal de un nieto:

  • Dolor y angustia "triple": por el nieto, por sus hijos y por ellos mismos.

  • Suposición que por ser abuelos se deben "defender mejor" y servir como ejemplo

  • Sentimientos de agresividad y culpa secundarios al no reconocimiento de los síntomas de la enfermedad terminal por ellos mismos y/o sus hijos

  • Incapacidad e impotencia física o emocional ante el cuidado de un enfermo terminal



  1. Apoyo a los familiares

Siempre debe tenerse cuenta que la adaptación perfecta de todos los familiares a la enfermedad y muerte de un ser querido no existe, además seria erróneo pretender tal condición puesto significaría una intromisión con frecuencia vivida como agresiva en sus mas intimas estrategias de afrontamiento.

Cuando se trabaja con familias con problemas, el asistente debe ante todo establecer un marco de referencia y un sentido de control, debe separar en partes el conjunto de problemas aparentemente inseparables antes de emprender cualquier trabajo constructivo , implicando siempre a la familia en la toma de decisiones

El soporte que el equipo de cuidados suministra a la familia implicando el conocimiento e identificación de las múltiples necesidades que esta puede tener a lo largo del proceso.


  1. De información clara, concisa y precisa

  2. De saber que esta haciendo algo por el paciente que no se le ha abandonado medicamente y que se procurara su alivio.

  3. De contar con la disponibilidad , compresión y apoyo del equipo de cuidados establecidos bajo un marco de continuidad.

  4. De la responsabilidad compartida en la toma de decisiones

  5. De tiempo para permanecer con el enfermo

  6. De privacidad e intimidad para el contacto físico y emocional

  7. De participar en los cuidados

  8. De comunicar los sentimientos y reparar la relación, de poder explicarse y perdonarse

  9. De compañía y apoyo emocional

  10. De expresarles emociones de expresar tristeza , el desconsuelo, la rabia, y los temores

  11. De conservar la esperanza

  12. De apoyo espiritual.

Tener en cuenta que la base de toda terapia de familia debe ser una adecuada comunicación, tanto del equipo de apoyo con la familia, como entre los mismos familiares

Evaluar únicamente los problemas que se expresan abiertamente puede ser insuficiente debido a que estos son alimentados por una mas profunda dinámica familiar.



Ya sea que las tensiones se manejen o no lo mas importante es que la familia cuente con la oportunidad de discutir y aclarar la naturaleza y el curso que seguirá dentro de lo posible.

  1. Equipo de salud ante un paciente terminal (criterios)

No es fácil ofrecer criterios generales para las distintas situaciones por las que atraviesan los enfermos terminales, algunos criterios son:

  1. El primer criterio: cada enfermo conserva siempre su dignidad y goza de una vida que le permite seguir entre nosotros. Por lo mismo, merece el máximo respeto y las mejores atenciones medicas, psicológicas, afectivas. Imaginemos un enfermo que sufre mucho que depende de complicados aparatos, que necesita de la ayuda de calmantes que lo priven de la plena conciencia, que debe recibir frecuentes transfusiones de sangre. este enfermo no puede ser visto simplemente como una “cama ocupada” o como un “gasto excesivo” para el hospital. Debemos recordar siempre que estamos ante un ser humano, un ser humano que merece el mismo respeto y amor de todos. Considerar que su vida vale menos porque no es productiva, o porque no puede realizar muchas actividades humanas, o porque depende de la ayuda de la ciencia médica y de tecnologías más o menos costosos, es caer en una mentalidad discriminatoria que ha provocado injusticias sumamente graves a lo largo de la historia humana.

  2. El segundo criterio: depende en parte de la anterior; el enfermo ha de ser informado de su estado de salud y de las alternativas que la moderna medicina ofrece para atenderla última etapa de su vida. Esta información debería incluir aquellas terapias experimentales que tal vez serian capaces de lograr un importante beneficio terapéutico. A partir de la información recibida, el enfermo debe ser escuchado y comprendido en sus deseos y aspiraciones, incluso cuando rechaza algún tratamiento que puede ser visto como excesivamente doloroso. Sin embargo cuando el enfermo pide al equipo que realice un apto que vaya contra la moral medica como por ejemplo un suicidio asistido o un acto de eutanasia , tal petición no debe ser atendida en cuanto contraria a la deontología médica y al respeto debido al mismo enfermo (necesitado en esas ocasiones de una especial ayuda espiritual y psicológica)

  3. Tercer criterio: nos recuerda la obligación moral de omitir aquellos actos técnicos que llevan a prolongar la agonía innecesariamente o a aumentar los dolores del enfermo sin ningún beneficio para la salud, es decir hay que evitar cualquier tipo de “ensañamiento terapéutico”

  4. El cuarto criterio. Dice que deben ser aplicados a favor del enfermo todos aquellos tratamientos que puedan aliviar su dolor y hacer más llevadero el decurso de su enfermedad en la etapa final. Tales tratamientos necesitan ser valorados atentamente en función de los beneficios concretos que se espera que produzcan en el enfermo terminal,. En concreto, respecto a cualquier posible tratamiento, habría que considerar:

  • De que tipo de acto terapéutico se trata: uso de un calmante o de una operación quirúrgica,.

  • El grado de dificultad y riesgo que conlleva

  • Los gastos que supone para el enfermo, la familia y la sociedad.

  • Las posibilidades de su aplicación en esta situación concreta.

  • El resultado esperado según las condiciones del enfermo, su estado de ánimo, sus fuerzas físicas.

Junto a los tratamientos orientados a la curación y a la paliación del dolor a través del uso de analgésicos y calmantes, existen una serie de atenciones que deben ser ofrecidas siempre, como la nutrición/hidratación, la atención del dolor y la higiene física. Omitir estos tratamientos implica abandonar al enfermo a su suerte y provocarle por omisión la muerte. Es decir cometer un homicidio, hacer un acto de eutanasia.

Respecto al tratamiento del dolor, conviene recordar que el enfermo puede decidir, si es consciente, la renuncia en parte del mismo, sobre todo si quiere conservar la lucidez mental o si quiere dar algún sentido religioso o ético a su sufrimiento. Pero también puede pedir sin ningún remordimiento de conciencia una mayor atención a sus dolencias a través del uso de calmantes y analgésicos eficaces. Incluso los médicos pueden facilitar tales medicinas a pesar de que pueden reducir en parte la duración de la agonía. No pueden, sin embargo, dar una dosis excesiva de analgésicos o calmantes con la intención de provocar la muerte del enfermo.



  1. La muerte

El concepto respecto a qué constituye la muerte varía según las diferentes culturas y épocas. En las sociedades occidentales, la muerte se ha considerado tradicionalmente como la separación del alma del cuerpo. En esta creencia, la esencia del ser humano es independiente de las propiedades físicas. Debido a que el alma carece de manifestación corpórea, su partida no puede ser vista, o lo que es lo mismo, ser determinada objetivamente. De aquí que, en esta creencia, se ha determinado el cese de la respiración como el signo de muerte.

En la actualidad, se cree que la muerte se produce cuando las funciones vitales —la respiración y la circulación (expresada por el latido cardiaco)— se detienen. Sin embargo, este punto de vista ha sido puesto en duda, debido a que los avances médicos han hecho posible que se mantenga la respiración y la función cardiaca mediante métodos artificiales. Por ello, el concepto de muerte cerebral ha ganado aceptación. Según éste, la pérdida irreversible de actividad cerebral es el signo principal de la muerte.

Incluso, durante los últimos años, este concepto ha sido puesto en tela de juicio, ya que una persona puede perder toda capacidad para ejercer su actividad mental superior y sin embargo mantener las funciones cerebrales inferiores, como la respiración espontánea. Por esta razón, algunas autoridades argumentan que la muerte debe ser considerada como la pérdida de la capacidad para la interacción consciente o social. El signo de la muerte según este principio es la ausencia de actividad en los centros cerebrales superiores, principalmente el neocórtex.


  1. Criterios de la muerte

El progreso esencial de este documento fue equiparar el coma irreversible a la muerte. Sus cuatro puntos centrales han sido el fundamento de todos los criterios adoptados desde entonces por la comunidad médica mundial. Ellos son:

-          Ausencia de respuesta y recepción (el paciente muestra nula respuesta a estímulos externos y no responde a estímulos dolorosos)

-          Ausencia de movimientos respiratorios (incluyendo ausencia de respiración espontánea con apnea mayor de tres minutos)

-          Ausencia de reflejos, electroencefalograma plano, pupilas fijas y dilatadas, falta de movimiento ocular aun con golpe o giro o introducción de agua helada en el oído, ausencia de reflejos osteotendinosos.


El fallecimiento de una persona se considerará tal cuando se verifiquen de modo acumulativo los siguientes signos, que deberán persistir ininterrumpidamente seis (6) horas después de su constatación conjunta:
a) Ausencia irreversible de respuesta cerebral, con pérdida absoluta de conciencia;

b) Ausencia de respiración espontánea;

c) Ausencia de reflejos cefálicos y constatación de pupilas fijas no reactivas;

d) Inactividad encefálica corroborada por medios técnicos y/o instrumentales adecuados a las diversas situaciones clínicas, cuya nómina será periódicamente actualizada por el Ministerio de Salud y Acción Social con el asesoramiento del INCUCAI.
La verificación de los signos referidos en el inciso d) no será necesaria en caso de paro cardiorrespiratorio total e irreversible.


  1. Tipos de muerte




  • Muerte por suicidio

El duelo de un sobreviviente por un ser querido que se ha suicidado es uno de los más difíciles de sobrellevar porque conlleva una importante cantidad de culpa y vergüenza.

Es común el temor a hablar de lo ocurrido, tanto por el sobreviviente como por su círculo, debido a que se piensa erróneamente que esto puede llegar a intensificar o prolongar el dolor del duelo.

Es cierto que el sobreviviente deberá enfrentarse con sentimientos de abandono, humillación y desvalorización personal. Enojo, culpa y vergüenza se potencian y muchas veces el sobreviviente siente la necesidad de autocastigarse.

El sobreviviente busca interminablemente una explicación racional para el suicidio de su ser querido.

El estigma social que implica el suicidio reduce a los sobrevivientes al aislamiento social.

Por todo esto es importante que los sobrevivientes comiencen con un proceso de asesoramiento psicológico en dónde sea posible encontrar un espacio donde poder expresar todos aquellos sentimientos y sensaciones en relación a esta pérdida.




  • Muerte por homicidio

Cuando se pierde un ser querido producto de un homicidio, aparecerán en el deudo profundas reacciones de horror, furia y deseos de venganza.



"No hay preparación para este ataque súbito, no hay comprensión para aceptar que la muerte pueda sobrevenir tan abruptamente, de un modo violento, degradante, por el acto de otro ser humano" (L. Redmond)

Es una muerte sin sentido. Nadie esta preparado para esa clase de brutalidad. La mente intenta procesar el hecho buscándole algún sentido, sin embargo esta sensación puede continuar por meses y años.

Pueden aparecer fantasías de eliminación violenta del culpable. Es común la presencia de pesadillas, imágenes traumáticas, miedo a los extraños, retracción emocional, trastornos de la alimentación y el sueño, intrusión constante de pensamientos acerca del asesino, irritabilidad, irrupciones de ira y evitación de recordatorios.


  • Muerte súbita

Las muertes súbitas son aquellas que se producen sin aviso y requieren una comprensión especial.

Varios estudios han realizado el seguimiento de algunas personas durante varios meses después de la pérdida para evaluar su resolución del duelo. En gran medida, se llegó a la conclusión de que las muertes súbitas son más difíciles de elaborar que otras muertes en las que hay algún aviso previo de la inminencia de la muerte.

Esta pérdida deja al sobreviviente con la sensación de que la misma no es real. No es extraño que se sienta insensible o aturdido. Son comunes las pesadillas, aunque no se haya estado presente en el momento de la muerte.

Los sobrevivientes de este tipo de pérdidas pueden experimentar un gran caudal de culpa. Relacionada con este sentimiento aparece la necesidad de culpar a alguien, y en el caso de una muerte súbita, esta necesidad es extremadamente fuerte. Incluso un miembro de la familia puede llegar a convertirse en el chivo expiatorio, y generalmente los niños son presas fáciles de esas acusaciones.

La sensación de impotencia también aparece. Este tipo de muerte es un ataque a nuestra sensación de poder y orden. Esta impotencia va unida a una increíble sensación de ira, y no es extraño que el sobreviviente quiera desahogarla con alguien.

Los asuntos no resueltos son otra preocupación especial de los sobrevivientes de este tipo de pérdidas. La muerte los deja con muchos remordimientos de lo no dicho y/o no hecho.

La intervención desde el asesoramiento psicológico puede ayudar al sobreviviente a centrarse en este asunto pendiente y encontrar alguna forma de concluirlo.




  • Muerte súbita infantil

La muerte súbita infantil la que se produce en niños de menos de un año.

Hay varios factores que complican la elaboración del duelo por este tipo de pérdidas. Primero, la muerte se produce sin aviso previo en niños que parecían sanos. Al aparecer de una manera tan sorprendente, no hay oportunidad de prepararse para la pérdida como en el caso de bebés o niños que mueren a causa de alguna enfermedad progresiva. Segundo, la ausencia de una causa definida produce culpa hacia uno mismo y hacia los demás, La ausencia de una información clara provoca incertidumbre, y a veces se culpa a los padres por negligencia. Es muy común que éstos se pongan a buscar de manera implacable la razón de la muerte.

En parejas que sufren este tipo de pérdida, hay una proporción importante de rupturas.

Después de la muerte aumentan las tensiones dentro del matrimonio y la pareja muchas veces no tiene la fortaleza como para enfrentarlas.

Es importante que se exploren todos los miedos que surgen a partir de la pérdida, en un contexto terapéutico.

Es importante que poco a poco, los padres se animen a hablar con otras parejas que han pasado por la misma situación. Compartir el dolor de la pérdida les permitirá sentir alivio y disminuir el sentimiento de culpa.


  • Aborto y muerte perinatal

Los padres que han sufrido estos tipos de pérdidas suelen recibir apoyo por parte de la familia y los amigos. Generalmente, cuando una mujer tiene un aborto espontáneo, la primera preocupación de todos sus seres queridos es su salud física. Es sólo más tarde cuando la gente comienza a darse cuenta lo que realmente se ha perdido.

Para una mujer que tiene un aborto espontáneo en su primer embarazo, existe la preocupación de si podrá tener más hijos. Es importante que ni ella, ni su médico, intenten enmascarar esta pérdida con la promesa de futuros embarazos.

La culpa es otra preocupación importante. A veces se necesita culpar a alguien, y el primer foco de recriminación es interno: "¿qué causó la pérdida del embarazo?". El marido también es también blanco del enojo, generalmente porque la mujer cree que él no siente el mismo dolor que ella.

Aquí, al igual que en otras pérdidas, es muy importante que la gente sea capaz de hablar abierta y honestamente de sus sentimientos. Puesto que el aborto espontáneo implica la pérdida de una persona, es importante también elaborar el duelo.

Debemos extender estas experiencias y sensaciones a la muerte perinatal. Es importante trabajar con los dos miembros de la pareja implicados en la pérdida.

Con este tipo de muerte, la familia elabora el duelo tanto por lo que podría haber tenido, como por lo que ha perdido. A veces también es muy útil concurrir a un grupo de padres que hayan pasado por la misma experiencia.



  • Muerte por enfermedad terminal

Cuando la muerte ha sido precedida por una enfermedad terminal, el duelo ha comenzado anticipadamente. Sin embargo, y aunque haya habido preparación para afrontar la pérdida, al momento de la muerte se produce un salto cualitativo, por el cual empieza el verdadero proceso de duelo.

Es importante tener en cuenta la salud tanto física como psíquica del sobreviviente, ya que la persona que se avoca a cuidar a otro durante un tiempo prolongado, sufre un menoscabo de la salud, en donde debe considerarse por un lado el estrés debido al cuidado, y la situación de la muerte propiamente dicha.



  • S.I.D.A



Los sobrevivientes de aquellos que han muerto de SIDA constituyen una población de personas en duelo para los que hay pocas pautas de atención. El hecho de que la enfermedad sea provocada por un virus infeccioso con una cura aún no conocida, arrastra un estigma social, y pone al paciente y al sobreviviente en un espacio de marginación social. Es por eso que los sobrevivientes de pérdidas por SIDA estén más expuestos a duelos inhibidos.

Los grupos para familias y pacientes de amigos de SIDA pueden ser una excelente manera de proporcionar apoyo emocional antes y después de la pérdida.




La Tanatología

Es la disciplina que estudia el fenómeno de la muerte en los seres humanos, tratando de resolver las situaciones conflictivas que suceden en torno a ella, desde distintos ámbitos del saber, como son la medicina, la psicología, la religión y el derecho fundamentalmente.

Desde la perspectiva psicológica, está enfocada, a establecer entre el enfermo en tránsito de muerte, su familia y el personal médico que lo atiende, un lazo de confianza, seguridad y bienestar, además de propiciar en el enfermo terminal, los cuidados necesarios que le aseguren una muerte digna y en paz.

Los objetivos de la tanatología se centran en la calidad de vida del enfermo terminal, evitando la prolongación innecesaria de la vida, así como su acortamiento prematuro, propiciando una "muerte adecuada", que se caracteriza por las siguientes acciones:



  • Atención al sufrimiento psicológico.

  • Atención a las relaciones significativas del enfermo.

  • Atención del dolor físico.

  • Atención al sufrimiento espiritual.

  • Atención a las últimas voluntades.

  • Atención a los aspectos legales.

Una característica importante de la tanatología como rama de la medicina, consiste en facilitar al enfermo terminal, todos los cuidados paliativos necesarios en cualquier ámbito de acción, y ayudar a la familia del enfermo, a sobrellevar y elaborar el proceso de duelo producido por la muerte de éste.

  1. Diferencias entre Duelo, Luto y Sentimiento de Perdida.

El duelo psicológico es el estado y proceso que sigue a la pérdida de un ser querido. Esta pérdida es definitiva y por ello se asocia generalmente a la muerte, pero se puede dar duelo sin muerte (como tras la ruptura de una relación, en la que tenemos pérdida, pero no muerte).

El duelo es la reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo, Se trata de una reacción principalmente emocional y comportamental en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe.[] El duelo es el nombre del proceso psicológico, pero hay que tener en cuenta que este proceso no se limita a tener componentes emocionales, sino que también los tiene fisiológicos y sociales. La intensidad y duración de este proceso y de sus correlatos serán proporcionales a la dimensión y significado de la pérdida.

El concepto psicoanalítico, postulado por Freud (1912), en que el duelo hace referencia a la “pérdida del objeto amado”, incluyéndose como pérdidas objétales, tanto la muerte de un ser querido como la ruptura sentimental o la pérdida de empleo, estableciendo la diferencia entre aflicción y melancolía, en que el afligido cumple el “duelo”, al negociar con la realidad, admitir la irreversible desaparición del objeto amado y liberar el deseo para buscar nuevos objetos de amor. El melancólico rechaza la idea de la pérdida, se identifica con el objeto y retira su deseo del mundo.



Luto: El luto, llorar lamentarse, exteriorizar la pena, vestir, comer, acudir a la iglesia, visitar diariamente la tumba, automarcarse socialmente y hacer notar los sentimientos, es una necesidad para mantener el dolor abierto y en algunas culturas hasta una exigencia social.

En otras palabras el luto es la expresión medianamente formalizada de responder a la muerte, es decir, la muestra externa de los sentimientos de pena y duelo ante el fallecimiento de un ser querido. En los países occidentales, esto incluye los entierros, las esquelas y ropa de luto, entre otros.



El sentimiento de pérdida es el estado de sentirse privado de alguien a consecuencia de la muerte. El dolor por la pérdida de un ser querido es una de las experiencias más duras que los seres humanos tenemos que vivir

El duelo, el luto y el sentimiento de pérdida, son términos que se refieren a las reacciones psicológicas de los que sobreviven a una pérdida significativa. El duelo es el sentimiento subjetivo provocado por la muerte de un ser querido. Suele utilizarse como sinónimo de luto, aunque en sentido estricto, el luto se refiere al proceso mediante el cual se resuelve el duelo, a la expresión social de la conducta y las prácticas posteriores a la pérdida. El sentimiento de pérdida es el estado de sentirse privado de alguien a consecuencia de la muerte.



  1. Patrones de Duelo

Quizás el patrón de duelo más estudiado es el que consta de tres etapas en el que individuo acepta la realidad dolorosa de la perdida, se libera gradualmente del vínculo con la persona muerta y se readapta a la vida desarrollando nuevas actividades y estableciendo nuevas relaciones. Las tres etapas planteadas son:

  1. Choque e incredulidad: luego de las muertes, los dolientes se sienten perdidos y confundidos a medida que se toma consciencia de la pérdida, el aturdimiento inicial da pasos a sentimientos de tristeza y llanto frecuente. Esta primera etapa puede durar varias semanas, en especial después de una muerte repentina o inesperada.

  2. Preocupación por el recuerdo de el muerto: en esta etapa el doliente intenta aceptar la muerte aunque no puede, esta etapa puede durar de seis meses o más. En ciertas ocasiones las personas pueden tener el sentimiento que la persona muerta es presente. Esta experiencia disminuyen con el tiempo, aunque pueden retornar en circunstancias como el cumpleaños de la persona muerta o en alguna fecha especial.

  3. Resolución. Es la etapa final ya el doliente renueva el interés en las actividades diarias. Los recuerdos de la persona muerta evoca sentimientos de alegría y tristeza y no solo dolor agudo angustia y nostalgia.

Aunque lo anteriormente descrito es corriente el proceso no necesariamente sigue una línea recta desde el choque hasta la resolución.

Muchos expertos dudan en definir fases especificas del duelo, aduciendo que podría “presionar” a las personas a seguir una secuencia establecida, lo q en realidad son patrones muy variables de duelo. Los patrones del duelo van a depender de la personalidad, la edad, el sexo, las tradiciones socioculturales así como el tipo de relación con el difunto.

Con el tiempo, la mayoría de los dolientes son capaces de aceptar la perdida y retornar a sus vidas normales con la ayuda de sus familias y amigos. Para algunos, sin embargo la terapia de duelo es lo más indicado. Los terapeutas de duelo profesionales ayudan a los dolientes a expresar pena, culpa, hostilidad e ira de una manera adecuada y estimulan a los dolientes a revisar sus relaciones con el fallecido e integrar el hecho de la muerte en sus vidas. Al ayudar a que las personas manejen el duelo, los consejeros deben tener en cuenta tradiciones familiares, étnicas y diferencias individuales.


  1. Tipos de Duelo.

  • DUELO NORMAL O NO COMPLICADO.

El duelo normal o duelo no complicado es una respuesta normal, con un carácter predecible de sus síntomas y de su desarrollo. Al principio suele manifestarse como un estado de “shock” caracterizado por aturdimiento, sentimiento de perplejidad y aparente dificultad para captar el alcance de lo ocurrido. Suele ser breve, y es seguido de expresiones de dolor y malestar como llanto y suspiros. También suelen presentarse sensación de debilidad, pérdida de apetito y peso, dificultad para concentrarse, para respirar y para hablar e insomnio; son frecuentes los sueños sobre la persona fallecida, que producen una sensación desagradable al despertar y comprobar que se trataba sólo de un sueño.

Es común el autorreproche, menos intenso que en un duelo patológico, caracterizado por pensamientos que suelen centrarse en actos relativamente triviales que se hicieron o se dejaron de hacer con el difunto.

Las personas que se sienten aliviadas de que se haya producido la muerte del otro y no la suya suelen experimentar lo que se denomina culpabilidad del superviviente; creen, a veces, que son ellos los que deberían haber muerto.

A lo largo del proceso del duelo tienen lugar varias formas de negación; con frecuencia la persona que experimenta el duelo se comporta o reacciona como si la muerte no se hubiera producido. Los intentos por perpetuar la relación perdida se manifiestan en actitudes tales como seguir comprando objetos que gustaban al difunto o estimulan su recuerdo (objetos de unión).

A su vez Bowlby 5 planteó cuatro fases en el duelo:

-  La fase 1, “fase de entumecimiento o shock”, es la fase temprana de intensa desesperación, caracterizada por el aturdimiento, la negación, la cólera y la no aceptación. Puede durar un momento o varios días y la persona que experimenta el duelo puede recaer en esta fase varias veces a lo largo del proceso de luto.

-  La fase 2, “fase de anhelo y búsqueda”, es un periodo de intensa añoranza y de búsqueda de la persona fallecida, caracterizada por inquietud física y pensamientos permanentes sobre el fallecido. Puede durar varios meses e incluso años de una forma atenuada.

-  La fase 3 o “fase de desorganización y desesperanza”, en la que la realidad de la pérdida comienza a establecerse, la sensación de sentirse arrastrado por los acontecimientos es la dominante y la persona en duelo parece desarraigada, apática e indiferente, suele padecer insomnio, experimentar pérdida de peso y sensación de que la vida ha perdido sentido. La persona en duelo revive continuamente los recuerdos del fallecido; la aceptación de que los recuerdos son sólo eso provoca una sensación de desconsuelo.

-  La fase 4, “fase de reorganización”, es una etapa de reorganización en la que comienzan a remitir los aspectos más dolorosamente agudos del duelo y el individuo empieza a experimentar la sensación de reincorporarse a la vida, la persona fallecida se recuerda ahora con una sensación combinada de alegría y tristeza y se internaliza la imagen de la persona perdida.


  • DUELO ANTICIPATORIO

El duelo anticipatorio es el que se expresa por adelantado cuando una pérdida se percibe como inevitable. El duelo anticipatorio termina cuando se produce la pérdida, con independencia de las reacciones que puedan surgir después. A diferencia del duelo convencional cuya intensidad disminuye con el paso del tiempo, el duelo anticipatorio puede aumentar o disminuir en su intensidad cuando la muerte parece inminente. En algunos casos, sobre todo cuando la muerte esperada se demora, el duelo anticipatorio llega a extinguirse y el individuo expresa pocas manifestaciones agudas de duelo cuando la muerte se produce2

  • DUELO PATOLÓGICO

El duelo patológico o anormal puede adoptar diversas formas, que van desde la ausencia o el retraso en su aparición, hasta el duelo excesivamente intenso y duradero, pasando por el duelo asociado a ideaciones suicidas o con síntomas claramente psicóticos.

Tienen mayor riesgo de sufrir un duelo patológico los que experimentan una pérdida repentina o en circunstancias catastróficas, los que están aislados socialmente, los que se sienten responsables de la muerte (ya sea real o imaginaria su responsabilidad), los que tienen historia de pérdidas traumáticas y los que mantenían una relación de intensa ambivalencia o dependencia con el fallecido.

Otras formas anormales de duelo se producen cuando algunos aspectos del duelo normal se distorsionan o magnifican hasta alcanzar proporciones psicóticas. Por ejemplo, identificarse con el fallecido adoptando alguno de sus rasgos o atesorando sus pertenencias puede ser considerado normal; pero creer que uno mismo es el fallecido o estar seguro de que se está muriendo de lo mismo de lo que murió el difunto no lo es. Oír la voz efímera y momentánea del fallecido puede ser normal; no obstante las alucinaciones auditivas complejas y persistentes no son normales. La negación de ciertos aspectos de la muerte es normal; sin embargo, la negación que implica la certeza de que la persona muerta sigue viva, no lo es2


El proceso de duelo en los niños es un proceso similar al de los adultos, sobre todo cuando el niño es capaz de entender la irreversibilidad de la muerte. El proceso de duelo se parece al de separación porque ambos tienen tres fases: protesta, desesperación y ruptura del vínculo. En la fase de protesta el niño añora amargamente a su madre o a su sustituto fallecidos y llora suplicando que vuelvan; en la fase de desesperanza, el niño empieza a perder la esperanza de que su madre regrese, llora de manera intermitente y se sumerge en un estado de abandono y apatía; en la fase de la ruptura del vínculo, el niño empieza a renunciar a parte del vínculo emocional con el fallecido y a mostrar un cierto interés por el mundo que le rodea.

La duración de un período de duelo normal en niños puede variar y depende particularmente del apoyo que recibe.

Al tratar a un niño en duelo, el médico debe reconocer su necesidad de encontrar un sustituto del padre o la madre perdidos. Los niños suelen transferir esa necesidad a varios adultos, en lugar de a uno solo. Si no encuentra a nadie que pueda satisfacer sus necesidades, puede sufrir un daño psicológico grave que le impida seguir buscando o esperar encontrar intimidad en ninguna relación futura.

La importancia de manejar la reacción de duelo en los niños se avala por pruebas de que los trastornos depresivos y los intentos de suicidio son más frecuentes entre los adultos que vivieron durante su infancia la pérdida de uno de sus padres.

Una duda que suele plantearse es si el niño debe o no acudir al funeral de sus padres. No existe una regla clara. La mayoría de los expertos coinciden en que, si el niño lo desea se debe respetar su decisión; si el niño se muestra reacio o se niega a asistir, se debe también respetar su deseo. En la mayoría de los casos es mejor, probablemente animar al niño a que asista, para que la ceremonia no quede envuelta en un misterio o fantasía aterradora.

Los niños que se encuentran en un periodo típico de duelo pueden también cumplir criterios de trastorno depresivo mayor cuando los síntomas persisten más de dos meses después de la pérdida



  • DUELO EN LA ADOLESCENCIA.

Normalmente los adolescentes no piensan mucho en la muerte, a menos que se hayan enfrentado a ella. No obstante, en muchas comunidades en que los adolescentes (in­cluso los niños menores) viven, la violencia y el peligro de muerte son hechos inevita­bles de la vida diaria. Muchos adolescentes asumen riesgos innecesarios: viajan por auto stop, conducen con imprudencia y experimentan con drogas y el sexo con resul­tados trágicos. En su afán de descubrir y expresar su identidad, quizá estén más pre­ocupados por cómo viven que por cuánto tiempo vivirán.

El suicidio es la tercera causa principal de muerte entre las edades de 15 a 24 años. La causa principal son los accidentes, algunos de los cuales pueden ser realmente sui­cidios (NCHS, 1998a). Los adolescentes varones tienen cinco veces más probabilidad que las adolescentes de arriesgar sus vidas.

Los jóvenes que intentan suicidarse tienden a tener historias de enfermedad emo­cional: depresión, abuso de alcohol o drogas, comportamiento riesgoso o antisocial o personalidad inestable. También tienden a mostrar intentos anteriores de suicidio o a tener amigos o miembros de la familia que se suicidaron.

Los adolescentes suicidas tienden a tenerse en poca estima, a sentirse desespe­ranzados y a tener bajo control de los impulsos y poca tolerancia a la frustración y el estrés. Estos jóvenes con frecuencia están alejados de sus padres y no tienen a quién recurrir fuera de la familia. Muchos provienen de familias rotas o en dificultades, con frecuencia con una historia de desempleo, prisión o comportamiento suicida, y una alta proporción ha sido maltratada o rechazada.

La disponibilidad de pistolas en el hogar es un factor principal de incremento del suicidio en los adolescentes (Rivara y Grossman, 1996). Aunque la mayoría de los jóvenes que intentan suicidarse toman píldoras o-ingieren otras sustancias, es muy probable que los que tienen éxito utilicen armas de fuego (Garland y Zigler, 1993).

Algunos programas de prevención del suicidio pueden ser nocivos al exagerar el alcance del suicidio adolescente y describirlo como una reacción normal al estrés, en vez de calificarlo como un acto patológico. Los programas deben identificar y tratar a los jóvenes que corren el riesgo de suicidarse, incluidos aquellos que ya lo han. Intenta­do; es igualmente importante combatir los factores de riesgo a través de programas que reduzcan el abuso de fármacos y fortalezcan las familias.

  • DUELO EN EDAD ADULTA

Los adultos jóvenes que han finalizado su educación v han iniciado carreras, han con­traído matrimonio o son padres generalmente están ansiosos de vivir la vida para la que se han preparado. Si fueran golpeados de manera repentina por una enfermedad potencialmente fatal o una lesión, es probable que se sintieran muy frustrados. A su vez, la frustración puede convertirse en ira, la cual puede convertirlos en pacientes difíciles.

En la actualidad, muchas personas que contraen el sida a los 20 ó 30 años (con frecuencia hombres homosexuales) deben enfrentar los temas de la muerte y la cali­dad de moribundos a una edad en que normalmente deberían tratar temas de la edad adulta temprana como el establecimiento de relaciones íntimas. En vez de tener una larga vida de pérdidas como preparación gradual para el final de la vida, "el hombre homosexual puede descubrir que su propia salud, la salud de sus amigos y el tejido de su comunidad se colapsan al mismo tiempo"

En la edad madura, la mayoría de las personas descubren con mayor certeza que antes que van a morir, pues el cuerpo les envía señales de que ya no son tan jóvenes, ágiles ni tan vigorosas como antes. Así, cada vez más piensan en cuántos años han pasado y en cómo aprovechar lo mejor de frecuencia, en especial después de la muerte de ambos padres. Existe tina nueva conciencia de la generación anciana que este próxima a morir.

Los adultos mayores pueden tener sentimientos encontrados acerca de la perspec­tiva de morir. Las pérdidas físicas así como otros problemas y pérdidas de la vejez, pueden disminuir el placer y la voluntad de vivir otra parte, cuan­do se preguntó a 414 pacientes hospitalizados, de 80 y 9(1 años, sobre errante tiempo estarían dispuestos a cambiar por salud excelente, casi 2 de cada 3 no estaban dispues­tos a ceder más de un mes de vida. Segtin Erikson, los ancianos que resuelven la crisis final de integridad frente a desesperanza (ventilase al capítulo 18) logran aceptar tanto lo que han hecho con sus vidas como la muerte inminente. Una manera de cumplir esta resolución es a través de la revisión de la vida, analizada más adelante en este capítulo. Las personas que sienten que sus vidas han sido significati­vas y que se han adaptado a sus pérdidas pueden ser capaces de enfrentar mejor la muerte.

Hay tres pérdidas que pueden ser especialmente difíciles ante la edad adulta: la muerte del cónyuge, de un padre o de un hijo.

  1. El médico ante el duelo

Médicos de familia y especialistas de la mente han descrito algunas de las características principales del duelo y han destacado la importancia de afrontarlo también desde la consulta.

"Vemos a los individuos desde que nacen hasta que mueren y parece que ahí termina nuestro cometido. Pero no es así. Tenemos una visión del entramado social y familiar de nuestros pacientes, y los parientes siguen acudiendo a nuestras consultas", explica Julio Zarco, presidente de SEMERGEN.

También puede ser útil que el médico acuda al domicilio de los pacientes, especialmente si están afrontando mal el duelo. "En el espacio natural de la vivienda es donde te das cuenta de que no han tirado la ropa del fallecido, que siguen poniéndole un plato para comer...", aclara Zarco.

Suicidio.

Aunque el suicidio va no es un crimen en las sociedades modernas, persiste un estigma en su contra debido en parte a las prohibiciones religiosas y a los interesas de la sociedad para preservar la vida. Una persona que expresa pensamientos suicidas pue­de considerarse, a menudo mentalmente enfermo.

El riesgo de suicidio se incrementa con la edad. Los ancianos son el grupo de edad con mayor tasa de suicidios consumados por intentos de suicidio, especialmente entre los varones. Entre los factores sociales relacionados con el suicidio, el matrimonio aparece como un factor protector, mientras que la separación y la viudez son predisponentes. El estatus socioeconómico correlaciona inversamente con la tasa de suicidios consumados. El aislamiento es el factor sociodemográfico que con mayor frecuencia se asocia al suicidio, aunque la calidad de las relaciones del anciano es un factor pronóstico más preciso que el echo de vivir solo.


El 20 por ciento de los ancianos que cometen suicidio o intento de suicidio presentan consumo abusivo de alcohol y el 10 por ciento problemas de alcoholismo crónico. La dependencia, la pérdida de capacidad para adaptarse a los cambios, el sistema de valores del paciente y el sentimiento de desesperanza, son también indicadores de riesgo suicida en los ancianos. Algunos ancianos consultan por primera vez con los especialistas tras un intento de suicidio.

Eutanasia

El término eutanasia deriva del griego: "eu" (bien) y "thánatos" (muerte). Es todo acto u omisión cuya responsabilidad recae en personal médico o en individuos cercanos al enfermo, y que ocasiona la muerte inmediata de éste con el fin de evitarle sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de su vida. Cabe destacar dos datos relevantes: para que la eutanasia sea considerada como tal, el enfermo ha de padecer, necesariamente, una enfermedad terminal o incurable, y en segundo lugar, el personal sanitario ha de contar expresamente con el consentimiento del enfermo.



Adelantar la hora de la muerte en caso de una enfermedad incurable, está a su vez posee dos formas:

  • Eutanasia directa: se ayuda directa y expresamente al paciente en el morir. La administración de fármacos o sustancia letales se hace con ese propósito. Entre estas tenemos:

Eutanasia activa voluntaria: Forma de eutanasia que se provee, de forma activa, a solicitud de una persona competente. Existe una acción positiva de una persona en la administración de alguna sustancia letal.

Eutanasia activa involuntaria: Forma de eutanasia realizada sin el consentimiento actual de una persona competente. Aplicable solamente al paciente incompetente (en coma) sin una manifestación adelantada de voluntad. Generalmente se da en casos de pacientes que llegan a quedar descerebrados y son los familiares o el sistema judicial quienes toman la decisión.

Eutanasia Pasiva: Acepción derivada del original y único término eutanasia donde se quiere significar que el médico en vez de administrar alguna sustancia letal con el propósito de aliviar y acabar el sufrimiento del paciente irrecuperable terminal, simplemente no realiza o pone en acción medidas extraordinarias salvadoras de vida para dejar que finalmente el paciente muera.

  • Eutanasia indirecta: se logra a través de la administración de fármacos, generalmente potentes analgésicos tipo opiáceos, los que mitigan el dolor y como efecto secundario, colateral, (no deseado originariamente) se sobreviene la muerte.



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