En la historia


Don Bosco en el contexto de la Restauración



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1. Don Bosco en el contexto de la Restauración

Don Bosco fue hombre que reflejó nítidamente las características y peculiaridades de la Restauración, del antijansenismo y del antigalicanismo. Bastaría, probablemente, este juicio somero, repetido por alguno de sus mejores estudiosos para encuadrar la figura y su pensamiento edesiológico; pero ¿qué quiere decir, en realidad, esta afirmación no sólo demasiado general sino, sobre todo, susceptible de matizaciones e interpretaciones de diverso calibre?

Son diversos los factores que contribuyeron a centrar en el tema de la autoridad la discusión de los agudos problemas planteados a la Iglesia por los postulados de la Ilustración y por los estragos que causó la Revolución en las diversas Iglesias. Señalaré dos que me parecen fundamentales:

1°. La constatación de que la Revolución dejó tras de sí un montón de ruinas, y el convencimiento de que el caos producido fue consecuencia, sobre todo, del rechazo del principio de autoridad o, por lo menos, de haberlo echado en olvido.

2°. Ante el desorden político, social y religioso, el hombre del siglo XIX ansió obtener nuevas garantías de seguridad en el ámbito cultural y religioso. De este planteamiento resultó fácil concluir con el convencimiento de la necesidad de la sumisión a la autoridad de la Iglesia, y con el interés renovado por una centralización edesial que aniquilara los movimientos centrífugos. Quisiera recordar aquí dos eximios representantes de esta postura.

José de Maistre presentó la autoridad papal como un postulado ineludible de la restauración europea. Su concepción eclesiológica puede ser compendiada en estas dos tesis: primera, la Iglesia debe ser comprendida en total analogía con la sociedad política, y, segunda, la Iglesia halla su plena concentración y realización en el Papa, y éste infalible.

* Esta ponencia fue redactada y leída en castellano por el autor (n.d.e.).

Don Bosco cita este paso en su Simia d'Italia y puntualiza: «Nelle sovrania teniporali l'in‑

«No puede darse sociedad humana sin gobierno, ni gobierno sin soberanía, ni soberanía sin infalibilidad».' Probablemente, su planteamiento, era mucho más político que teológico, y su interés por recalcar la autoridad pontificia tenía claros antecedentes en su rechazo de cuanto recordase soberanía popular, pero su influjo en la eclesiología ultramontana fue decisivo.

Quiero recordar dos afirmaciones suyas que, dé una manera u otra, iban a ser repetidas con frecuencia a lo largo del siglo: «Pour faire court, voici mon sentiment: aux conciles le moins possible, aux papes le plus possible».2 Y esta otra: «Plus de Pape plus de souveraineté, plus de souveraineté, plus de foi».3

Lamennais, por su parte, consideraba que entre las demás sociedades humanas, el cristianismo era la única sociedad perfecta, con su autoridad suprema, sus dogmas y sus leyes. La negación de esta autoridad suprema llevaba por necesidad a rechazar a la Iglesia y con ésta a Dios mismo. Para él era absurdo hablar de una Iglesia infalible si no se admite, al mismo tiempo, la infalibilidad del Papa, ya que sólo a través de un Papa que tiene que ser infalible, lo es también ella. Aquí Lamennais hizo suya la conocida frase de San Francisco de Sales: «Le Pape et l'Ég,lise c'est tout un».

Podríamos decir que resumió su doctrina de esa primera época con la afirmación tan repetida después: «Point de Pape, point d'Église; point d'Église, point de christianisme; point de christianisme, point de religion, au moins pour tout peuple qui fut chrétien, et par consequent point de societé».4

Evidentemente, podríamos continuar, pero me parece suficiente en mi intento de delinear un punto de referencia de la formación eclesiológica de don Bosco y de quienes en su tiempo estudiaron en la mayoría de los seminarios italianos. Se trataba del tradicionalismo de la Restauración, de la compenetración buscada y deseada entre sociedad y religión, religión e Iglesia, Iglesia y papado. Se trata de una eclesiología que presenta la imagen de Iglesia paradigma de sociedad organizada, gobernada por la jerarquía. Don Bosco escribe: «La chiesa é la societá dei credenti governata dai propri pastori, sotto la direzione del Sommo Pontefice», definición paralela a la del catecismo diocesano de Turín de 1844; y en otra ocasión resume su pensamiento en una idea que aparecerá de mil maneras diversas a lo largo de su obra: «La chiesa cattolica é fondata snll'autoritá del Sommo Pontefice, e si conserva e propaga solo in virtó, della fede e riverenza che si conserva a questa autoritá e [...] perció é cosa della massima importanza il propagare ed accrescere la fede e riverenza verso l'autoritá del Papa».

fallibilitá é umanamente supposta, e nella spirituale del Papa é divinamente promessa» (G. Bosco, Opere e scritti editi e inediti, vol. IfI, Torino, SEI 1935, p. 435).

2 Citado por C. LASTREILLE, Joseph de Maistre et la Papauté, Paris 1906, p. 170.

3 J. DE MAISTRE, Lettres et opuscules inédites, vol. II, Lyon, A. Vaton 1851, p. 296. F.R. LAMENNAIS, Oeuvres complétes VII, Paris, Pagnerre 1844, p. 122. 132. 141.

Don Bosco acostumbraba recitar la siguiente oración: «Padre nostro, che sei ne' cíeli, sia santificato il tuo nome, venga il tuo regno, si dilati e trionfi la chiesa cattolica, la sola vera chiesa di Gesú Cristo, tutte le nazioni riconoscano i suoí diritti e quelli del suo Capo e dei suoi vescovi, tutti gli intelletti a lei docente aderiscano come l'unica depositaria delle veritá rivelate, testimone divina della autenticitá ed autoritá dei libra sacri, maestra infallibile degli uomini, giudice supremo inappellabile nelle questioni dottrinali. A lei tutte le volontá obbediscano nell'osservanza delle sue leggi morali e disciplinari, anché Jopo le vittorie sulla terra entri a trionfare eternamente nei cieli, colle moltitudini delle anime salvate».5

Según era común en la teología de la época, que ignoraba el significado escatológico de la predicación de Jesús, se da por sentado que la Iglesia terrestre se identifica con el Reino de Dios. De dicha identificación nace el espíritu de triunfo que proclama constantemente la victoria de la Iglesia sobre sus adversarios. Surge asimismo la visión de una Iglesia sin pecado, ni errores ni fallos históricos.

Para don Bosco la institución edesial es absolutamente sólida y sin fisuras, caracterizada por su normatividad. Su tutela se extiende no sólo a la vida religiosa, sino también a la vida social y ello tanto en d ámbito diocesano como en el de cada parroquia.

La Iglesia se presenta como un grupo monolítico que propone la verdad inmutable, sin variaciones históricas, transmitida en forma pura e incontaminada a lo largo de los siglos. Los demás hombres y grupos se encuentran en el error y, por tanto, no tienen los derechos de que goza la verdad. El mismo Pío IX, en una frase que puede desconcertar, pero cine expresaba esta mentalidad dominante afirmaba que él quería la libertad de cultos allí donde el catolicismo era minoría, pero que no podía admitirla allí donde constituía la mayoría.6

Se trataba de la edesiología de la societas perfecta, dominada por la centra-. lización doctrinal y disciplinar de la Curia Romana y cerrada a cualquier apertura o integración con las corrientes modernas que entonces eran representadas por Rosmini,7 Dupanloup, Manzoni, Newman, Sailer, Montalembert o Scheeben. Intransigente en materia política, religiosa y ecuménica, con una fuerte piedad generalmente de tipo devocional y con la teología de las escuelas romanas como única intérprete reconocida del pensíamento católico. En conjunto parece tratarse de lo que podríamos denominar catolicismo popular, que, por un lado desarrolla las expresiones devocionales de la fe más dirigidas a la fantasía que a la razón, y, por otro, alimenta las formas práctico-sociales de pertenencia eclesiástica de tipo educativo y asistencial. Esta pastoral fomenta y favorece el «mundo católico», es decir, una especie de civilización católica distinta y bastante rígidamente separada de la civilización dominante y circundante.


  • MB II, 272.

  • «El Papa quiere la libertad de conciencia en Rusia, pero no como principio general» (G. MARTINA, La Iglesia de Lutero a nuestros días, vol. III, Madrid 1974; ID., Pio IX (1851-1866) Roma, Universitá Gregoriana 1986, p. 329.

  • «D. Bosco, che venerava riel Rosmini la santitá del sacerdote, non condivideva neppure ir mínima parte questo entusiasmo per il suo sistema filosofico» (MB XIII, 20).

Por esta razón, don Bosco era tajante en el tema de la pertenencia a la Iglesia, desarrollando en su explicación las analogías de camino, casa, madre, nave, rebaño, cuerpo.8 Es decir, un grupo compacto, bien organizado, piramidal, jerárquico. Y en esta misma dirección, nos puede ayudar en la comprensión de esta concepción si nos fijamos en las imágenes que utiliza para describir la Iglesia: reino, monarquía, familia.8 Bellarmino utilizaba también este planteamiento: «ecclesia quasi status», y su influjo ha perdurado de alguna manera casi hasta nuestros días. Pocos años antes de morir escribía don Bosco: «Siccome nei regni della terra vi ha un ordine, per cuí si parte dal Sovrano e si discende a grado a grado sino all'ultimo dei sudditi, cosi nella Chiesa Cattolica esiste un ordine, detto gerarchía ecclesiastica, per cuí secondo questa gerarchia noi partiamo da Dio, che della Chiesa é Capo invisibile, veniamo al Romano Pontefice, di Lui Vicario e Capo visibile in terra, índi passiamo al Vescovi ed agli altri sacri ministri, da cuí i divini voleri sono comunicad a tutti i rimanenti fedeli sparsi nelle varíe parti del mondo ».1°

Esta Iglesia católica costituye la «unica arca di salvezza», el único lugar donde se mantiene íntegramente la doctrina de Jesús," el lugar en el que con carácter absoluto y exclusivo se puede hallar la salvación, el único espacio donde es posible la virtud y la santidad.

A las tendencias del racionalismo, liberalismo y panteísmo, que exaltaban el valor del individuo, y a los varios postulados individualistas del panteísmo opone la Iglesia «como única arca de salvación», y como representante de Dios y dotada de autoridad divina. «No, fuera de esta Iglesia nadie puede salvarse; así como aquellos que no estuvieron en el arca de Noé perecieron en el diluvio, así, dice San Jerónimo, perece inevitablemente el que se obstina en vivir y morir separado de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, única Iglesia de Jesucristo, sola depositaria de la verdadera religión»."
Cf. STELLA, Don Bosco II, p. 125.

9 «P. Supponete una famiglia che debba durare sino alla fine del mondo, come potra conservarsi? F. Questa famiglia conserverassi guando abbia sempre un buon capo che la governi. P. Comprendete ora chi sia questa famiglia e chi ne sia il Capo? F. Basta, basta; abbiamo ottimamente capito. Questa grande famiglia é la Chiesa, questo capo é fi Romano Pontefice»

(G. Bosco, II cattolico nel secolo. Trattenimenti famigliari..., Torillo, Tip. e Libreria Salesiana 1883, p. 138).

Ibid., p. 163 ss.

" «Voi dite che credete a Cristo ed al Vangelo, ma non é yero perché non credete a tutto quello che c'insegna Gesú Cristo nel suo Vangelo, non credete alla sua Chiesa, non credete al Pontefice Romano stato da Gest' Cristo stesso stabilito per governare la Chiesa. Inoltre permettendo voi ad ognuno la libera interpretazione del Vangelo di Gest' Cristo, aprite con ció una larga vía all'errore, nel quale é quasi inevitabile fi cadere guidato solo dal proprio Jume. Perció voi, o Protestanti, siete come membri d'un corpo sena Capo, come pecorelle sena pastore, come discepoli sena maestro, separati dalla fonte della vita che é G. Cristo» ([G. Bosco], La Chiesa Cattolica-Apostolica-Romana é la sola vera Chiesa di Gesú Cristo, Torillo, Tipografia Speirani e Ferrero 1850, p. 17-18.

Don Bosco escribió mucho sobre la Iglesia: dedicó veintidós libros y opúsculos a este tema, además de los veinticuatro escritos de historia en los cuales el argumento edesial ocupa un lugar importante,'' pero creo que nos equivocaríamos si nos plantáramos en la música de la letra sin ir más allá. Su insistencia manifiesta la importancia concedida a una religión-institución-jerarquíaRoma, que es la Iglesia católica, pero su vida gota a gota indica la centralidad concedida a la gracia, a Cristo, a María, a los sacramentos. No existe confusión, pero tal vez especialización: los escritos subrayan un aspecto y la actividad pastoral otro.

Esta Iglesia santa y divina es la única que puede conducir a los hombres a Dios. Este convencimiento explica su lucha contra los valdenses y contra los protestantes en general. En sus escritos leemos que «una sola é la vera Religione», que «le Chiese degli Eretici non hanno i caratteri della Divinitá.», que «nena Chiesa degli. Eretici non c'é la Chiesa di Gesú Cristo».14 Por estas y otras razones concluye que «chi é imito al Papa, é imito con Gesú Cristo, e chi rompe questo legame fa naufragio nel mace burrascoso dell'errore e si pende miseramente»," o, en otro lugar, «pronti a patine qualunque male, fosse anche la morte, anziché dire o fare alcuna cosa contraría alla Cattolica ReliIone, vera e sola Religione di Gest). Cristo, fuori di cuí niuno puó salvarsi»."

3. Una sociedad piramidal y autoritaria

Poco antes del Vaticano I, Turín se había convertido en un centro vivo de opinión conciliar y antiinfalibilista. En 1869 se traduce el libro de Dóllinger, 11 papa e il concilio; Pasaglia escribía y actuaba en Turín, y en la Facultad de Teología eran bien conocidos y utilizados los autores más críticos con el ultra-montanismo y la infalibilidad pontificia.

Sin embargo y a pesar de este ambiente, uno de los aspectos más conocidos, significativos y comentados de don Bosco es su ilimitada devoción al pontificado y su incansable defensa, de modo que, en cierto sentido, podríamos resumir y sintetizar su eclesiología con este rasgo.'' Todos los autores, desde los primeros años, han puesto de relieve esta característica.18

u J. Bosco, Fundamentos de la religión católica, en: R. FIERRO TORRES, Biografía y escritos de



San Juan Bosco, Madrid, BAC 1955, p. 535.

" Cf. E. VALENTINI, Don Bosco e la Chiesa, en: In Ecclesia, Roma, LAS 1977, p. 215-234.

" [G. Bosco], Avvisi al cattolici, Torillo, Tip. Dir. da P. De-Agostini 1853, p. 17.

12 G. Bosco, Ii Centenario di S. Pietro Apostolo, Torillo, Tip. dell'Oratorio di S. Francesco

di Sales 1867, p. IV.

16 [Bosco], La Chiesa Cattolica, p. 6.

En su lecho de muerte confiaba al arzobispo de Turín: «Tempi difficili. Eminenza! Ho passato tempi diffícili... Ma l'autoritá del Papa... L'autoritá del Papa... L'ho detto qui a monsignor Cagliero che lo dica al Santo Padre che i Salesiani sono per la difesa dell'autoritá del Papa, dovunque lavorino — dovunque si trovino»,19 y el cardenal Alimonda recordaba poco después en el funeral que «su vida entera, privada y pública, conocida es de todo el mundo como un testamento papal».

Juan XXIII resumía este aspecto con una bella frase: «Per chi sa leggere a fondo nella vita di D. Bosco, Egli appare insieme il sacerdote della giovinezza e il sacerdote del Papa», y don Bosco, a menudo, en sus pláticas y escritos unía ambos aspectos: «Pertanto, figliuoli miei, nella vostra vita non dimenticate mai che il Papa vi ama, e quindi dalla vostra bocca non esca mai parola che possa essere a lui d'insulto, le vostre orecchie non ascoltino mai con indifferenza ingiurie e calunnie contro la Sacra sua persona, i vostri occhi non leggano mai giornali o libri, che osino vilipendere l'altissima dignitá del Vicario di Gesú Cristo ».2°

Para él el inspirar amor por el Papa constituía un medio y remedio infalible contra las actividades de las sectas y de los disidentes, y por esta razón creemos que se puede afirmar que su tema preferido como escritor fue, sin duda, el Papa, hasta el punto que sus numerosas vidas de los diferentes papas constituyeron una ocasión y un modo de mantener vivo el amor al papado y de rebatir los errores y animosidades entonces tan extendidas. De hecho, él pensó en escribir una historia de los papas al comprobar que «certi autori pare che abbiano rossore di parlare dei Romani Pontefici e dei fatti piú luminosi che direttamente alla S. Chiesa riguardano».21 Pero no sólo se trataba de un planteamiento doctrinal y teórico, sino también de una actitud práctica y de gobierno ya que consideraba que la devoción al Papa constituía una condición necesaria para ser superior, y para considerarse auténtico católico.

" Ya en 1845 pidió a Gregorio XVI la indulgencia plenaria in articulo monis para él y su familia. Más tarde explicaba que «non le sole indulgente gli stavano a cuore, ma che non vedeva I'ora di mettersi in relazione diretta con la Santa Sede e con le Congregazioni romane» (E I, 11).

18 Existe toda clase de testimonios. Elijo el siguiente de Ballesio: «In D. Bosco l'amore al Papa era il pió bel frutto della virtó della fede. "Sacerdote schietamente cattolico di fede e di opere, D. Bosco aveva l'amore, direi istintivo dei Santi, per la Chiesa e per il Papa"» (L. TERRONE, Lo spirito di San Giovanni Bosco, Torino, SEI 1934, p. 64).

19 MB XVIII 491.

20 MB VIII, 720.

21 F. MOLINARI, La «Storia ecclesiastica» di don Bosco, en: BRAMO, Don Bosco nella Chiesa, p. 204. Recordemos también su testimonio: «Pió volte ho tra me pensato al modo di calmare l'odio e l'avversione che in questi tristi tempi taluno manifesta contro al Papi e contro la loro autoritá. Mezzo molto efficace mi sembró la conosc>nza dei fatti che riguardano la vita di quei supremi pastori stabiliti a fare le veci di G. C. sopra la terra e a guidare le nostre anime per la via del Cielo» (G. Bosco, Vita di San Pietro..., Torino, Tip. di G.B. Paravia e Comp. 1856, p. 3).

Evidentemente, este planteamiento iba más allá de la mera devoción a la persona del Pontífice ya que, en realidad, planteaba su concepción de Iglesia y su idea de la organización eclesiástica, tan deudora de la teología entonces predominante.

Lemoyne resumía así su pensamiento: «Don Bosco sosteneva che il perno di, una storia ecdesiastica, attorno a cui essa doveva aggirarsi, era il Papa, e quindi una vera storia della Chiesa dover essere essenzialmente una Storia dei Papi. Il Papa non é egli il Capo, il Príncipe, il Supremo Pastore? diceva D. Bosco. [...] Non é forse necessario che si sappia doversi tutto al Papi, onore, gloria, obbedienza come a centro d'unitá, senza del quale la Chiesa non é piú Chiesa? E' un grande errore scrivere della Chiesa e lasciar trascorrere lunghi periodi senza far menzione del suo Capo».23

No podríamos, ciertamente, atacar a don Bosco por su concepción de la historia, ya que era la entonces dominante y, en gran parte, la actual. A los historiadores nos resulta más fácil hablar de papas y de sus relaciones con los Estados que de la vida interna, de la presencia de la gracia divina en la comunidad edesial. ¿Podríamos imaginarnos, dada su sensibilidad, una historia de la Iglesia escrita por don Bosco y centrada en la santidad presente en la congregación de los fieles cristianos? Pero, en realidad, en él, más allá de un enfoque entonces dominante, se daba, como vemos, un decidido planteamiento eclesial centrado en el Romano Pontífice.

. En el tratamiento de la figura del Papa no se permite ningún ejercicio de discernimiento ni hermenéutica de sus prescripciones. Hay que defenderlo en todo. Más aún, la voluntad de identificarse con el Papa debe llevar a pensar, sentir, hablar como él quiere. La razón de tan grave exigencia está en que el Papa es el Vicario de Cristo; quien está con el Papa, está con Cristo y con Dios. En una ocasión confiaba a Pío IX: «Santo Padre, i miei figli Vi arcano! Ví hanno nel cuore! Il vostro nome lo portano intrecciato con quello, di Dio! »...

Y, en realidad, la figura del Papa que se deduce de sus escritos es la de un superhombre alrededor del cual gira absolutamente todo en la Iglesia: «Come al tempo della vita mortale del Salvatore gli Apostoli raccoglievansi attorno a Gesú come a centro sicuro, e maestro infallibíle: cosi noi tutti dobbiamo schierarci intorno al degno sucessore di Pietro, intorno al grande, al coraggioso Vicario di Gesú Cristo, al forte, all'incomparabile Pio IX. In ogni dubbio, in ogní pericolo, ricorriamo a luí, come ad ancora di salvezza, come ad oracolo infallibile. Né mai alcuno dimentichi che in questo portentoso Pontefice sta il fondamento, il centro d'ogni veritá, la salvezza del mondo. Chiunque raccoglie con lui, edifica fino al Cielo; chi non edifica con lui, disperde e distrugge fino all'abisso. Qui mecum non colligit disperdit».24

n «Non si puó essere buoni Cattolici se non si presta anche in questo obbedienza pratica al Papa. Chiunque se la piglia col Papa é perduto. [...] Se ti parlo del potere temporale del Papa non lo fo che sotto il punto di vista della religione e della coscien7a, che invano si vorrebbe restringere alle cose invisibili» (MB VI, 481). 23 MB V, 575.

De algunas afirmaciones podría deducirse que la existencia del clero en sus diferentes niveles sólo es debida a la imposibilidad de que el Papa pueda hacer él solo todo y llegar a todos: «Ma questo Capo, ossía il Romano Pontefice, non potendo da sé solo attendere ai bisogni particolari di ciascun fedele, é necessario che vi siano altri ministri inferiori, dal Papa dipendenti, i quali colla predicazione della parola divina, e coll'amministrazione dei Santi, Sacramentí promuovano la domina e la santitá negli uomini».25 La actuación real de don Bosco y la consideración otorgada al sacerdocio redimensionará esta primera impresión.

Los concilios ecuménicos son considerados por don Bosco como actos supremos del Papado. Esta afirmación, en sí, non significa mucho o, al menos, no se aparta del sentir general. Pero da la impresión de que los concilios constituyen simplemente un marco más solemne de lo ordinario de la actuación pontificia habitual. De hecho, aunque resultan útiles, no le parecen necesarios: «perché il Papa supremo pastore di tutti i cristiani puó fare da sé solo tutto quello che puó fare un concilio anche generale», ya que en su opinión «é sol-tanto il Papa che colla sua conferma comunica al Concilio nelle cose di fede e di morale l'infallibilitá e gli fa godere nella Chiesa una autoritá suprema».26

En realidad, hoy podríamos decir que don Bosco considera a la Iglesia como una única inmensa diócesis cuyo obispo efectivo es el Papa, imagen reforzada en buena parte de los católicos después del Vaticano I. No resultaría atrevido afirmar que las iglesias particulares son consideradas simplemente como partes o porciones de la Iglesia universal, gobernada por el Papa.27 En este sentido, a veces, se manifiesta con afirmaciones que hoy nos resultan sorprendentes: «I vescovi accolgono le suppliche, sentono i bisogni dei popoli e li fanno pervenire fino alla persona del supremo Gerarca della Chiesa. fi Papa, poi, secondo il bisogno, comunica i suoi ordini ai vescovi di tutto il mondo ed i vescovi li partecipano ai semplici fedeli cristiani».28 ¿Y a qué quedan reducidos los obispos en esta perspectiva? A útiles y necesarios intermediarios. En este mismo sentido, P. Stella considera que «facilmente é portato a vedere i vescovi in funzione, non solo subordinata, ma quasi sussidiaria a quella del Papa: come suoi rappresentanti e portavoce prenso i fedeli che per moltissime ragioni non possono direttamente comunicare con il padre comune».29 En este sentido don Bosco escribía: «I nostri pastori, e specialmente i vescovi, ci uniscono col Papa, il Papa cí uniste a Dio».3° Evidentemente esto no quería decir che don Bosco no respetase plenamente la figura de los obispos e, incluso, de los párrocos: «Perciocché io non sarei giammai per mandare alcuno dei nostri preti o maestri in qualche diocesí, senza il pieno gradimento dell'ordinario da cui intendo ora e sempre ognuno debba dipendere, siccome appunto le nostre regole prescrivono»;31 aunque ésta, naturalmente, tenía sus límites: «Ecco in breve il motivo per cui cono andato a Roma e in generale ció che ho fano coa. Abbiamo ottenuto esenzioni e privilegi, ma noi saremo sempre obbedientissimi ai Vescovi ed ai parroci, e non ci serviremo delle nostre facoltá, se non esaurití tutti gli altri mezzi anche di umile deferenza».32

24 MB XII, 641.

" G. Bosco, II Cattolico istruito nella sua religione. Trattenimenti..., Torino, Tip. Dir. da P. De-Agostini 1853, p. 4.

26 G.M. MEDICA, I Concili generali della Chiesa cattolica nel pensiero di D. Bosco, en «Riviita di Pedagogia e Scienze religiose» 1 (1963) 2, 22.

27 Cf. P. RIFA, L'argomentazione delle «note» della Chiesa nell'apologetica popolare di San Giovanni Bosco, Colle Don Bosco, Ist. Sal. Art. Grafiche 1971, p. 33.

28 F. DESRAMAUT, Don Bosco e la vita spirttuale, Torino, LDC 1967, p. 93.

Passaglia y otros teólogos con él, insistían en que los obispos no eran meros delegados del Papa. Este era centro de unidad en la Iglesia, pero sólo a Cristo correspondía ser fuente de potestad en su cuerpo místico. Para ellos, entre el primado y el episcopado se da una relación de complemento recíproco que deja intactos los derechos de cada uno. Don Bosco, en realidad, no realiza una reflexión estrictamente teológica ni sobre el pontificado ni sobre el episcopado, pero su posición antigalicana le lleva a acentuar la subordinación de los obispos al Papa, sujeto de la autoridad suprema sobre la Iglesia universal, así también como maestro y juez supremo en materias de fe.33

Frente a la permanente insistencia sobre el papel de Pedro, salta a la vista la casi total ausencia de la correspondiente corresponsabilidad de los obispos. Don Bosco concede espacio e importancia a las asambleas conciliares no por sensibilidad al principio de colegíalidad sino porque los concilios, gracias a la aprobación pontificia, que los hace infalibles, pulverizan las herejías y determinan la verdad.

No se trata, evidentemente, de falta de respeto a los obispos, ni de que no considerara o valorara su puesto en la Iglesia, sino del hecho de que la centralidad del papado era concebida de tal manera que automáticamente la razón de ser de los obispos quedaba devaluada. Escribía el 13 de febrero de 1863 a Pío IX: «La morte, l'esilio di non pochi Vescovi ha messo in diffidenza i meno fervorosi e fece si che il clero si strinse vie piú tra sé, portando esclusivamente e clirettamente il pensiero al centro della veritá, al Vicario di Gesú Cristo [...]. Dirá cosa strana ma che credo vera. In questo momento sembra che i Vescovi facciano maggior bene dal loro esilio o dalle loro carceri, che forse non farebbero nella loro sede; giacché col fano pubblicano, difendono il principio dell'autoritá divina nel suo capo visibile, che é la base di nostra santa cattolica religione».34
29 STELLA, Don Bosco II, p. 133. De hecho, en las propuestas que hizo a Pío IX para nombramientos episcopales eligió siempre candidatos dóciles al Pontífice y de clara tendencia infalibilista, incapaces de crear dificultades al Papa en el gobierno eclesiástico.

" STELLA, Don Bosco 11, p. 122.

" MB XIII, 456. En el volumen X, 931, Amadei escribe: «Gli premeva soprattutto che i salesiani si prestassero in aiuto del parroco del luogo ove esisteva la casa». Y en 1861 escribía: «Del resto Ella sa che da vent'anni ho sempre lavorato e tuttora lavoro e spero consumare la mia vita lavorando per la nostra diocesi ed ho sempre riconosciuto la vote di Dio in quella del Superiore ecclesiastico».

32 MB IX, 565-567.

33 La Santa Sede «é una Suprema Autoritá che concede e limita i poteri e regola l'esercizio dei medesimi» (E IV, 59).

34 E L 258.

Parece duro que la centralización de la Iglesia ha adquirido a lo largo de la historia ritmos más rápidos a medida que las dificultades doctrinales o las persecuciones políticas exigían un respaldo más consistente de Roma, generalmente más fuerte y con más capacidad de apoyo, a los obispos individual o colectivamente considerados, generalmente más débiles y más fácilmente dominados o chantajeados por el poder civil. A esto se refiere indirectamente don Bosco en el citado párrafo, pero también se puede deducir de su lectura esa división típica del siglo pasado entre obispos dóciles a Roma y, por tanto, buenos, y obispos más autónomos y, consiguientemente, dignos de reforma y conversión.

El autor de las Memorias biográficas responde a esta mentalidad simplista cuando señala que «in Francia i giornali cattolici liberali si schierano decisamente coi gallicani, coi Giansenisti, contro la definizione dell'infallibilitá. Le sciagurate stampe del Janus, del Gratry, di Mons. Maret, o del Dupanloup facevano il resto».35 El motivo del juicio y de la división entre buenos y malos no era tanto el de la ortodoxia doctrinal sino el de la defensa más o menos entusiasta del ultramontanismo. Así se explica esa amalgama sorprendente e injusta de nombres no equiparables. Para los ultramontanos convencidos y decididos un Maret, un Dupanloup o un Gratry eran tan peligrosos como Dóllinger.

En esta organización eclesiástica, ¿qué parte y qué papel cumplían los laicos? Evidentemente, más bien poca. Es verdad que Rosminí en su obra Las cinco llagas de la Santa Madre Iglesia encuentra uno de sus pilares fundamentales en el descubrimiento del laicado y de su participación activa en la comunión edesial. Rosmini pedía mayor colaboración entre clero y pueblo, reivindicaba el sacerdocio de los fieles y asignaba al laicado una participación activa en el nombramiento de los obispos.36 Rl había recogido las instancias más aceptables de los grupos reformistas, algunos de ellos bastante radicalizados, que, ciertamente, no eran escuchados ni tenidos en cuenta por la Curia Romana ni por la mayoría del los obispos. De hecho, no cabe duda de que la condena de las Cinco llagas el 30 de mayo de 1849 resume y significa la victoria de una eclesiología hostil a la nueva apertura.

35 MB IX, 777.

36G MARTINA, L'atteggiamento della gerarchia di fronte alle prime iniziative organizzate di apostolato dei laici alla metá dell'Ottocento in Italia, en: Spiritualitá e azione del laicato cattolico italiano, Padova, Ed. Antenore 1969, p. 317.

El P. Curci, fundador de la «Civiltá Cattolica», por su parte, defendió una participación más activa en la vida de la Iglesia, recordando los primeros siglos, cuando «La multitudo fidelium ed i viri fratres vi avevano una parte notevole e maggiore che argomentandolo dal sistema prevalso modernamente»,37 pero esta postura la mantuvo en su época más conflictiva, fuera ya de la Compañía de Jesús.

Resultaba más común la actitud del cardenal Antonelli cuando recordaba que el Papa consideraba «soramamente doloroso [...] essere l'Italia ridotta a sostener la religione cattolica coi mezzi proposti», es decir, con la acción organizada de los laicos católicos. Y el mismo Pío IX declaraba con energía que «al Papa ed all'Episcopato [...] spetta unicamente la tutela della Religione»,38 y es el mismo Papa quien subraya el adverbio, que excluye cualquier pretensión de los laicos en este campo.

¿Cuál era el pensamiento de don Bosco?

A primera vista, cuando uno lee su abundante epistolario, en gran parte dirigido a laicos, llega a la conclusión de que fundamentalmente le interesaban sus bolsillos, es decir, su dinero, tan necesario para las obras que llevaba entre manos. Por otra parte, su insistencia y casi obsesión por el sacerdocio, por el papel y la necesidad de sacerdotes, puede dar a entender que los laicos erano meros sujetos pasivos de la acción edesial. ¿Cuál era la función de los laicos en la Iglesia? En realidad, habría que preguntarse sobre cuál es la función, la razón de ser de los sacerdotes. Era la de santificar a los laicos, dirigirlos hacia la salvación. Los laicos estaban en la Iglesia para ser santificados por la acción del clero y para obedecer.39 «Sismo adunque docili alle voci dei sacri minístri, come le pecore lo debbono essere alla voce del loro pastore. Dio ce li ha .dati per nostri maestri nella scienza della religione; dunque andiamo da essi ad impararla e non dai maestri mondani. Dio ce li ha dati per guida nel cammino del cielo, dunque seguitiamoli ne' loro ammaestramenti».46

Evidentemente, el tema es complejo y no conviene simplificarlo. Desramaut, con su habitual talante equilibrado, considera que «é interessante rilevare che pensó al crístiani, al modo di esistenza che loro conveniva, al loro compito missionario nella chiesa e alla loro santificazione nella vita corrente e nell'apostolato diretto»,41 pero parece evidente que también en este tema don Bosco se encontraba más cerca de Pío IX que de Newman,42 y de quienes propugnaban una eclesiología más renovada y menos clerical.


37 G. Mucci, Il primo direttore della «Civiltá Cattolica». Carlo Curci tra la cultura dell'immobilismo e la cultura della storicitá, Roma, Ed. La Civiltá Cattolica 1986, p. 193.

38 MARTINA, L'atteggiamento della gerarchia, p. 345.

39 «Nella Chiesa devonsi considerare due classi di persone, quelle cioé che insegnano e comandano, e queste sono nella Gerarchia, e la forman; e quelle che obbediscono e queste sono sotto la Gerarchia. E questi ultimi sono tutti i semplici fedeli, ricchi e poveri, re e principi» (G. Bosco, La Chiesa cattolica e la sua gerarchia, Toririo, Tip. dell'Oratorio di S. Francesco di Sales 1869, p. 67). Recordemos a este respecto el conocido párrafo de la encíclica Vehementer de Pío DI: «Sólo en el cuerpo pastoral reside el derecho y la autoridad necesaria para mover y dirigir todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y, dócil grey, seguir a sus pastores».

40 G. Bosco, Il mese di maggio consacrato a Maria SS. Immacolata ad uso del popolo, Torino, Tip. G.B. Paravia e Compagnia 1858, p. 46.

Este planteamiento profundamente piramidal, jerárquico y centralizador, era, como ya he afirmado, propio de una eclesiología y de una mentalidad que es bien conocida y ha sido suficientemente estudiada." En don Bosco encuentro, además, algunos argumentos propios de su carácter y peculiaridad, que refuerzan la argumentación anterior, pero con un talante menos doctrinal y más existencial.

Don Bosco está convencidísimo de que la estructura ha sido querida por Cristo y que servía para la salvación de las almas, pero creo que, de manera más o menos explícita, considera la Iglesia a modo de una gran familia donde la autoridad resulta necesaria sobre todo en cuanto es útil y beneficiosa para conseguir sus objetivos:14 Se trata de una imagen cercana y substancial en su concepción pedagógica,45 en su planteamiento de la nueva congregación religiosa,46 y, ciertamente en la imagen que vive y transmite de la comunidad eclesial.47

En la manera como concibe y gobierna su congregación religiosa se encuentra «la tendenza a sentirsi un padre que godeva tutta la confidenza e la fiducia dei figli associati in tutto alla sua opera», de forma que las primeras redacciones de las Reglas resultaban extremadamente centralizadas y autocráticas.48 De hecho, por ejemplo, el cuarto Capítulo o Congregación general, tras

41 DESRAMAUT, Don Bosco e la bita spirituale, p. 209.

42 MARTINA, Pio IX, p. 176.

" Cf. A. ANTÓN, El misterio de la Iglesia II, Madrid, BAC 1987.

44 «Ora questo Padre é il Papa, e i suoi figli sono i cristiani, fi regno é la Chiesa, il Re supremo ed invisibile é Gesú Cristo, il Re visibile n'é Il suo Vicario, i1 Romano Pontefice» (Bosco, cattolico nel secolo, p. 173).

45 «El alumno tendrá siempre gran respeto a su educador, recordará complacido la dirección de él recibida y considerará en todo tiempo a sus maestros y superiores como padres y hermanos suyos» (El sistema preventivo en la educación de la juventud, en: Sj. Bosco, Obras fundamentales, Madrid, BAC 1979, p. 565); cf. Carta sobre el espíritu de familia, en: Ibid., p. 612-620.

46 Cf. MB IX, 572-573; cf. G. BOSCO, Scritti spirituali, vol. II, a cura di J. Aubry, Roma, Cittá Nuova 1976, p. 128. 159.285-286.

47 «Ora io considero tutto il clero del mondo come un vasto seminario rispetto al Papa. [...] Del resto noto ancora come al Papa, anche come Dottore privato, si debba avere molta deferenza e che sia conveniente conformarsi al suo modo di pensare. Cosi i buoni figliuoli usano di portarsi verso il loro padre» (MB XIII, 21). P. Stella subraya también este aspecto: «Come formato nel primo quarantennio dell'Ottocento agisce in forza di una religiositá, la cui ossatura di base é familiale e paternale, che tende a vedere nel rapporto Padre-figli; di comando, di obbedienza (o consacrazione: darsi a Dio) e di esecuzione» (STELLA, Don Bosco I, p. 253). Estas expresiones se repiten con frecuencia en sus obras: «Questa gran famiglia é la Chiesa, questo Capo é il Romano Pontefice» (Bosco, II cattolico istruito, p. 41-42). El, «a guisa di padre universale, regola e governa tutta la cattolica famiglia» ([Bosco], La Chiesa Cattolica, p. 22).

48 Cf. STELLA, Don Bosco I, p. 159.

trabajar, reflexionar y medir, después de determinar y dictaminar..., decidió que don Bosco podía cambiar y modificar todo lo que quisiera.49 Esta característica que se encuentra también en otros Institutos del tiempo responde a una eclesiología que desembocará en el Vaticano I.

En esta familia, como en todo organismo, la autoridad era necesaria y, en este caso, resultaba imprescindible para encauzar la salvación. A veces, probablemente, a causa de su estricto planteamiento teológico, da la impresión de que su defensa de la autoridad es fundamentalmente utilitaria en el sentido de que considera que únicamente una Iglesia homogénea, compacta, bajo un solo jefe es capaz de responder con eficacia a las dificultades existentes. En este sentido, su insistencia en la definición de la infalibilidad aparece, a menudo, motivada por los continuos ataques infligidos a la Iglesia, por el convencimiento de la necesidad de una guía centralizada «como un ejército en guerra», y por el deseo de que no se repitiesen males pasados: «la definizione dommatica avrebbe posto termine agli errori del Gollicanesimo in Francia e del Febronianismo in Germania: mentre era necessaria per le missioni e qua-lora il Sommo Pontefice venisse a trovarsi nene dolorose strettezze di Pio VPI»?° De subrayar, sin duda, el motivo de un trabajo más eficaz en las misiones como exigencia de la definición. Y este deseo de eficacia le hacía pedir, tembién, un catecismo único, universal, obligatorio, compuesto y promulgado por la Sede Romana." Esta motivación no teológica sino de conveniencia se extiende a la esfera civil: (La definición de la infalibilidad) «es de gran utilidad a los soberanos y a toda la sociedad, pues, haciéndose oír a los pueblos con más autoridad la voz infalible del Soberano Pontífice para inculcarles el deber de sumisión a los príncipes, llega a ser por esto el sostén más poderoso de su trono y también la mejor garantía de la tranquilidad pública» 52

4. Mentalidad práctica y utilitaria

Creo que conviene subrayar y resaltar la mentalidad utilitaria, práctica de don Bosco. P. Stella, como una descripción feliz, así resume lo que quiero decir: se trata de la teología del campesino que se hace cura, del hombre práctico que tiene muy claro su objetivo y que utiliza todos los medios honestos que tiene a mano para conseguirlo. Esta actitud, de hecho, relativiza, en gran parte, su defensa del centralismo eclesial. Don Bosco en su práctica diaria relativiza la teología absoluta.


49 «Mi scriveva un salesiano solamente ieri: Mi basta che una cosa sia disposta dai Superiori, che subito mi piace e non vado a cercarne il perché. Io vorrei che proprio tutti poteste dire cosi» (MB XIII, 91). Lemoyne confirmará que don Bosco «sapeva far valere la sua autoritá, né tollerava impunita la resistenza» (MB VII, 118); cf. DESRAMAUT, Don Bosco e la vita spirituale, p. 91.

50 MB IX, 779.

51 MB IX, 827. El tema del catecismo único planteó en el Vaticano I las diversas direcciones eclesiológicas. De hecho, a menudo, quienes se oponían a este proyecto pertenecían generalmente a la minoría conciliar (cf. L. NORDERA, Ii catechismo di Pio X. Per una storia della catechesi in Italia [1896-1916], Roma, LAS 1988, p. 45).

Bosco, Fundamentos de la religión católica, en: FIERRO TORRES, Biografía y escritos, p. 541.

En la eclesiología de algunos teólogos italianos y alemanes tenía un papel decisivo el pueblo de Dios en el que se inserta la jerarquía. En don Bosco es la jerarquía la que tiene y ejerce este papel. Sin embargo, en la vida práctica, da la impresión de que es el bien del pueblo cristiano el que obtiene la prevalencia, aunque sea a costa de semiengaños o subterfugios.

En las Memorias biográficas encuentro un párrafo delicioso que podría ser juzgado por algunos como cínico, pero que en español puede ser sintetizado con la expresión clásica: A Dios rogando y con el mazo dando: «Don Bosco aveva eziandio riflettuto sull'importanza di potersi gíovare in certe occasioni dell'influenza che l'Abate Rosmini esercitava in Torino sugli uomini nuovi rivestiti di autoritá, e quindi la convenienza di averío amico e protettore. Era suo sistema premunirsi diligentemente con ogni mezzo umano, lascíando poi con fiduciosa rassegnazione, che la Divina Provvidenza guidasse le cose a suo beneplacito >>.53

«Es hijo dócil, hijo obediente, pero también hábil», dice P. Stella: «Egli sa scegliere i momenti, i morfi e anche le persone a cuí parlare. Ha il seno della Gerarchia, ma anche quello del carisma singolare donato a luí e alle sue opere. Ardisce presentarsi talora come portavoce del Signore».54 Hay que tener en cuenta que esta habilidad, la desarrolla también con la jerarquía y la Curia Romana, y es en este sentido en el que quiero insistir. Belardinelli llega a afirmar que «D. Bosco non mancó di collegare l'impégno "infallibilista" al sostegno delle sue opere: nell'udienza del 12 febbraio presentó a Pio IX la collezione delle "Letture cattoliche" e della "Biblioteca" ottenendo il plauso papale, e con ció stesso un potente avallo per la diffusione, anche a dispetto delle diffi denze di molte curte piemontesi, di efficaci strumenti di comunicazione socia-le»." En otras ocasiones utilizaba la protección pontificia para conseguir facilidades y ayuda,56 o se aprovechaba de la conmoción producida por la muerte de Pío IX para animar a la generosidad: « A D. Bonettí che prepari un articolo pel Bollettino salla chiesa di S. Giovarmi dicendo: 1° Esser opera consigliata, benedetta, sussidiata da Pio IX, 2° Non potersi promuovere miglior monumento che condurre a termine un'opera da Pio IX cominciata, consacrata al suo nome, e che é secondo il suo ultimo ricordo: Abbiate cura della povera gioventü».57
53 MB III, 248. En este sentido «furbo», de habilidad, encuentro incomparable su defensa de los jesuitas utilizando palabras y juicios de Gioberti (MB III, 310).

54 STELLA, Don Bosco II, p. 138.



55 M. BELARDINELLI, Don Bosco e il concilio Vaticano I, en: BRAIDO, Don Bosco nella Chiesa,

p. 249.


56 Escribía a don G. Cagliero: «Mi scriverai poi la visita che farai coll'Arcivescovo a Carmen o Patagones; dirai al medesimo che il Santo Padre desidera tanto nuovi esperimenti pei selvaggi ed applaude al nostri sforzi per aprire case di educazione sui loro confirú» (E III, 95).

Preguntado por qué favoreció el nombramiento de Gastaldi como arzobispo de Turín, contestaba: «Oltre a questo io aveva tutte le ragioni di credere che egli ci sarebbe stato sempre largo del suo favore. Che vuoi? Appena divenne Arcivescovo di Torino, cambió registro ».58 Éste, por su parte, se quejaba amargamente de Don Bosco: «Diminuisce assai Pautoritá dell'arcivescovo di Toríno, e introduce lo scisma nel clero [...] ma io sono costretto a invocare la protezione della Santa Sede contro gli attentati di questo ecclesiastico, il quale ha la mente plena e la riempie a' suoi dello spirito di autonomía e di indipendenza»." No olvidemos que también su antecesor, mons. Riccardí había tenido fuertes y prolongados contrastes con don Bosco por su deseo de conseguir plena autonomía para su Instituto.60

Por su parte, don Bosco invocó sucesivamente diversas protecciones en función de las diversas circunstancias. En el proceso de aprobación de las constituciones, utilizó todas las artes para que fueran aceptadas tal cual él las había redactado. A Pío IX le habló de una inminente fundación en Hong-Kong, que, naturalmente, exigiría una pronta aprobación; al Secretario de la Congregación le habló del Prefecto y a éste del Papa. En relación con esta aprobación se dio cuenta de que el camino de los obispos podía resultar complicado, por lo que se apoyó decididamente en Roma. «Al Santo Padre D. Bosco aveva mandato 11 libro con un intento speciale: desiderava che Sua Santitá vedesse con quale alacritá i salesiani lavorassero e quanto fosse il loro attaccamento alla Cattedra di Pietro e che sforzi facessero per istillare negli altri l'ossequio e l'amore verso il Vicario di Gesó Cristo. Gli paree dí ayer ottenuto il suo scopo e santamente se ne compiacque».61

Claro que esta absoluta y sincera aceptación del significado de la Curia Romana no le impidió no aceptar sin más las correcciones de la Regla realizadas por la Congregación Romana correspondiente. Don Bosco dijo a sus hijos que estuviesen tranquilos porque su Congregación había sido aprobada por la autoridad infalible, pero acto seguido intentó «manipular» o cambiar algunos artículos de esas constituciones aprobadas que a él no acababan de satisfacer.62


57 Carta a don M. Rua en: E III, 305-306.

58 MB 23.

59 MB XIII, 336. Naturalmente la realidad era mucho más compleja y estas difíciles relaciones manifestaron no sólo dos maneras de ser y de actuar, sino también, la objetiva dificultad existente en el acomodamiento de la autoridad episcopal con la exención de los religiosos. Como contrapunto a la opinión del arzobispo podríamos recordar las siguientes frases de don Bosco: «Tuttavia, sebbene io sia persuaso di non ayer ecceduto la fattami concessione nel falto accennato, per l'avvenire me ne asterró assolutamente, poiché tale cosa é di gradimento al superiore ecdesiastico» (E II, 405); y Lemoyne estaba convencido de que «questi fascicoli delle vite dei Papi, prima esposte da Don Bosco sal palpito, ispiravano nel suo giovane uditorio un grande rispetto e sottornissione alle prescrizioni non solo del Pontefice, ma di tutti i vescovi e specialmente a quelle dell'Arcivescovo di Tocino» (MB VI, 52).

60 Cf. G.G. FRANCO, Appunti storici sopra il Concilio Vaticano, a cura di G. Martina, Roma, Universitá Gregoriana 1972, p. 104.

61 MB XIII 517.

Yo no sé si puedo traer a colación el siguiente texto como explicación de su manera de ser y de actuar en esta materia. Hablando con Pío IX sobre la actuación del papa Honorio — actuación largamente utilizada por los antünfaliMistas como argumento demostrativo de la existencia de errores dogmáticos le decía: «Io peró ritengo che se cunctavit, se temporeggió, egli l'abbia fatto per prudenza, e siccome si puó temporeggiare sena mancare, cosi peno che Papa Onorio non abbia commesso neppure peccato veniale».63

En cualquier caso, conviene recordar también su pretensión de conseguir una total autonomía económica no sólo con relación a la autoridad diocesano, sino también en relación a la Santa Sede."

P. Stella parece relacionar el rechazo romano de estas pretensiones con las condenaciones posteriores del liberalismo católico o de la Democracia de Murri. No cabe duda de que se trata de un filón histórico interesante, pero a mí me resulta más sugestivo en esta panorámica preguntarme si esta pretensión no revelaba un redimensionamiento de la autoridad romana. De hecho, en nuestros días se ha dado algún caso semejante en relación con alguna institución eclesial más reciente.

Por otra parte, este hombre supo manejarse e instrumentalizar las diversas autoridades en función de sus necesidades. Se apoyó en Roma para conseguir la aprobación de los salesianos, pero, cuando encontró dificultades en la Congregación de Obispos y Regulares en el tema de la Hijas de María Auxiliadora, no dudó en apoyarse en el obispo de Acqui y en otros ordinarios diocesanos que las aprobaron según sus deseos.

No se trataba tanto de maquiavelismo o de sorprendente capacidad de manipulazión cuanto de un sentido innato del compromiso con el fin de conseguir su objetivo principal. Por ejemplo, en otro orden de cosas, en aquellos mismos años el P. Curci, en Il moderno dissidio della Chiesa e ¡'Italia defendía la necesidad de un acuerdo, mientras que Manning, en The independece of the Holy See, demostraba absurda cualquier probabilidad de acuerdo. Por su parte don Bosco deseaba el acuerdo, «ma in modo tale che innanzituno si assicurasse l'onore di Dio, l'onore della Chiesa, il bene delle anime». Frente a dos mentalidades doctrinales, una práctica que le ayudó a permanecer en buenas relaciones con ambas orillas del Tíber, en un momento en que esto parecía imposible.65

62 MB XIV, 229. Sobre este tema resulta imprescindible consultar: P. BRAMO, Don Bosco per i giovani: L' «Oratorio». Una «Congregazione degli Oratori. Documenti, Roma, LAS 1988. También: P. STELLA, Le Costituzioni salesiane fino al 1888, en: J. AUBRY - M. MIDALI (eds.), Fedelti e rinnovamento. Studi sulle Costituzioni salesiane, Roma, LAS 1974, p. 52.

63 Mg IX, 817.

64 P. STELLA, Don Bosco nella storia economica e sociale (1815-1879), Roma, LAS 1980,

p. 399. Ver también: E W, 505-508.540-544.

65 Escribía a G. Lanza, presidente del Gobierno, el 11 de febrero de 1872: «Io scrivo con confidenza e l'assicuro che mentre mi professo sacerdote cattolico ed affezionato al Capo della Cattolica Religione, mi sono pur sempre mostrato affezionatissimo al Governo, per i sudditi del quale ho costantemente dedicate le deboli mie sostanze e le forze e la vita» (E II, 195).

66 BRAIDO, Don Bosco per i giovani, p. 10.

67 MB I, 89.

68 E I, 88-89.

69 Ver, por ejemplo, el caso del conde Gays (E 111, 352-354.364).

70 STELLA, Don Bosco I, p. 155-156.


En relación con los obispos, aparece evidente su síncera voluntad de colaborar con ellos en la pastoral diocesana, pero también su deseo de llevar adelante su obra según su talante e inspiración, y, por consiguiente, con la autonomía necesaria. De hecho, a propósito de la ordenación de Cagliero parece evidente que con un tono respetuoso y sumiso, don Bosco mantiene íntegro su planteamiento de autonomía.67 En 1854 Rosmini le pide que informe al Vicario general acerca de los proyectos comunes sobre una tipografía, proyecto que se encontraba ya bastante adelantado. Don Bosco le contesta: «In quanto al parlare al nostro sig. Vicario generale giudicherei bene differire ancora: e forse sará meglio cogliere Poccasione che qualcheduno dell'Istituto passi a Lione per parlare verbalmente all'arcivescovo medesimo; ma il parlare di ció al nostro Vicario (che é un sant'uomo; ma pochissimo pratico delle cose del mondo) forse sarebbe suscitare difficoltá dove io credo non ci siano».68 Evidentemente, se trata sólo de una anécdota sin importancia, pero probablemente constituya también un indicio de cómo actuaba sorteando aquellas autoridades que consideraba problemáticas para apoyarse en las que le eran afectas en el caso concreto. Creo que se puede afirmar que don Bosco siempre pensó que el cuidado de las almas debía prevalecer sobre la organización y la administración.

En cuanto a los lazos y complicaciones jurídicas eclesiásticas, no estoy seguro de que don Bosco les concediese la importancia que se les daba habitualmente.69 Los estudiantes que dejaban la Congregación parece que podían permanecer como externos. ¿Podría esto indicar que de hecho no atribuía tanta transcendencia a los lazos jurídicos? P. Stella se pregunta: «Che cosa era dunque il noviziato secondo Don Bosco? Una casa di studio? Un semenzaio di vocazioni per i Salesiani e per qualsiasi altro istituto nella Chiesa? Un modo per far prendere contatto con l'Opera salesiana, con lo stato ecclesiastico e quello religioso? [...] Leggendo necrologie di salesiani vien da chiedersi se piú d'uno sapesse esattamente a quale titolo si trovava in casa di D. Bosco».7° Manifiesta la misma libertad de espíritu con relación a los religiosos de vida contemplativa. Convencido como estaba de que lo más importante era la salus animarum, no dudaba en afirmar que estos religiosos debían extender su celo a otros ámbitos explicando el catecismo a los niños, instruyendo religiosamente a los adultos y escuchando sus confesiones. Para él, las reglas y las costumbres no estaban por encima del bien de las almas sino a su servicio. En este sentido resulta significativa la siguiente narración: «A porporati che gli movevano difficoltá per il conseguimento di favori necessarí a rendere stabile e operosa la Congregazione, soleva dire: Io ho bisogno che mi aiutino a superare le difficoltá e non a farne. Vorrei che si considerasse non tanto la persona diD. Bosco, ma il tiene e il vantaggio della religione e delle anime: perché io lavoro per la Chiesa»." Obviamente, también los cardenales trabajaban para la Iglesia, pero consideraban que había que cumplir las disposiciones legales existentes, disposiciones que en este caso para don Bosco se reducían a trabas y dificultades que había que superar.

Non cabe duda de que conocía a la perfección la situación de la Curia Romana y los diversos partidos e influjos en ella existentes, conocimiento que le proporcionó motivos y ocasiones para bandearse con éxito en el difícil y complicado mundo romano. A propósito de la cuasi condenación de su obra Centenario di S. Pietro, escribía a un amigo: «... di questo ne fui minacciato in Roma ed anche Jopo la mia partenza, ed una persona moho a mica ne diede la ragione principale: perché in Roma ho avuto di preferenza molta familiaritá coi Gesuiti. Qui peró prudenza somma e silenzio».72 Sin duda ésta es una regla de oro de actuación, pero denota, en todo caso, su capacidad de navegación y movimiento en las aguas procelosas del mundo romano y su distinción de los diversos niveles existentes en toda autoridad."

Es decir, y terminando este apartado, creo que se puede subrayar el sentido empírico, práctico de la eclesiología de don Bosco. Curia Romana, Obispos, Párrocos son más cultivados o marginados en función de la ayuda que dispensan a la obra de los jóvenes. Don Bosco estaba totalmente convencido de que esta obra era de Dios, y en función de este convencimiento y de esta realidad instrumentAlizaba a la jerarquía con el fin de que su obra saliese adelante. Nos encontramos ante un hombre, un santo, que en la práctica relativiza la teología absoluta. En este sentido, deberíamos afirmar que don Bosco se acerca a los reformistas en la acción práctica, en cuanto redimensiona la autoridad de la jerarquía en su actuación, en la vida de cada día, en sus relaciones y determinaciones inmediatas.

5. Don Bosco y Pío IX

7' MB XIII, 504. n E I, 461.

73 Apenas elegido León XIII, le envió un escrito que «giudicava venire dal Signore» en el que, entre otras cosas, le aconsejaba: «Queste novelle istituzioni hanno bisogno di essere giovate, sostenute, favorite da coloro che lo Spirito Santo pose a reggere e governare la Chiesa di Dio» (E DI 304).

Sobre las relaciones de estos dos personajes tan sugestivos y sugerentes existe numeroso material y creo que se ha escrito suficientemente. Yo quisiera simplemente apuntar un interrogante. Dada la benevolencia y simpatía manifiesta del pontífice por el fundador, ¿por qué encontró tantas dificultades en la aprobación de la Regla? ¿No parece darse una cierta contradicción entre las conversaciones de ambos, entre la insistencia de don Bosco en que su mana constituía casi una iniciativa de Pío IX, por una parte," y las reticencias fiestas de la Curia Romana, por otra? Cuando escribía al Papa: «Societas Salesiana quam Tu, Beatissime Pater, opere et consilio fundasti, direxisti, consolidasti, nova beneficia a Magna dementia Tua postulat», ¿consideraba que la protección pontificia sería suficiente para superar las dificultades existentes? ¿Por este motivo infravalorará las animadversiones que le mandaron de Roma?

¿Eran reales las promesas y concesiones del Papa? Así lo creía, al menos su biógrafo: «... piú di una volta noi abbíamo avuto occasione di recordare come per il governo interno della societá Pio IX l'avesse munito oralmente di facoltá amplíssime, tanto Egli si fidava della sua prudenza».75 De hecho, don Bosco afirmó en más de una ocasión haber recibido «vivae vocis oraculo» dispensas de Pío IX 76

Yo concuerdo plenamente con el juicio de P. Braido: «Lascia, semmai, perplessi il fano che la conclamata benevolenza verso don Bosco non li abbia indotti a un tempestivo discorso chiaro e perentorio; a meno che non ne siano stati dissuasi dalle adamantina persuasioni del Fondatore torinese, convinto tanto della bontá della causa quanto delle proprie capacitó di manovra e delle potenti amicizie».77 Uno puede preguntarse, seguramente, si Pío IX prometió tanto como imaginaba don Bosco o si éste interpretaba con demasiado optimismo las palabras del pontífice. Probablemente Pío IX actuaba con el santo turinés como actuaba en política: se entusiasmaba con lo que el Santo le contaba y le prometía el oro y el moro, pero más tarde tenía que echar marcha atrás. Tal vez así puede explicarse el que, por una parte, el Papa prometía a don Bosco (o, al menos éste lo entendía así) mientras que por otra parte, el Cardenal y Secretario de la Congregación correspondiente actúen más restrictivamente sin que aquél diga o haga nada.78

No cabe duda de que tenían muchos puntos en común, y por eso sus encuentros eran gozosos y convergentes." Para ellos el demonio estaba muy presente en sus actividades y en la vida de la Iglesia,8° defendieron una infalibilidad personal amplia,81 confiaron el uno en el otro.
74 «In seguito a quena udienza (e altra o altre) don Bosco tenderá ad accentuare soprattutto un aspetto: la parte avuta da Pio IX, rievocato come colui che traccia quasi ad un quanto mai improbabile ignaro fi profilo di una "nuova" Congregazione religiosa, che d'altra parte coincide punto per punto a quello che don Bosco continuerá a difendere anche in contrasto con il diritto dei religiosi piú comunemente accettato» (BRAmo, Don Bosco per i giovani, p. 96).

75 MB XIII, 237.

76 E II, 126; III, 347. 361.

77 P. BRAMO, L'idea della Societa Salesiana nel «Cenno istorico» di don Bosco del 1873/74, en

RSS 6 (1987) 304.

78 Hay que tener en cuenta también que no era infrecuente que Pío IX cayese en contradicciones (cf. MARTINA, Pio IX, p. 605).

79 Don Bosco escribió el mismo día de la muerte de Pío IX: «Entro brevissimo tempo sará certamente sugli altari» (E lit, 294).

En cuanto al tema de la infalibilidad por el que tanto luchó y se movió, don Bosco utiliza un argumento curioso: «Il Signore ha dato rinfallibilitá alla sua Chiesa: resta solo a vedere dove questa risieda. Ogni vescovo (da solo) é per certo fallibíle, quindi non nei singoli si ha da cercare questo dono; e se ciascuno é fallibile anche radunati tutti insieme i Vescovi non potranno divenire infallibili per il solo fatto di essersi radunati. Che cosa li rende adunque e dá loro ció che non hanno? É l'essere collegati col Papa».82

Por el mismo tiempo escribía Newman que, tras el Concilio de Nicea, la gran mayoría de los obispos había caído en el error, pero que la recta doctrina se había mantenido gracias a los laicos. Evidentemente, también en este punto la sensibilidad de Pío IX era mucho más cercana a la de don Bosco que a la del clérigo inglés.

6. Una Iglesia santa y santificante

Todos los que conocen más y mejor a don Bosco insisten en que resulta necesario leer y comprender sus escritos como parte inseparable de una experiencia.83 A menudo, en la pura teoría, no resulta original, copia con desparpajo, repite lo que ha estudiado y le resulta apropiado. Su genialidad y su verdadera personalidad aparece en su vida, en su actuación continuada, en su experiencia hecha vida.

En el tema de la santidad, punto clave y determinante en su concepción de Iglesia, encontramos igualmente este planteamiento dual. En su concepción estrictamente doctrinal, la confesión de la santidad de la Iglesia, públicamente pronunciada en el Símbolo de los Apóstoles, es entendida de una forma que conduce no sólo a negar que la comunidad cristiana sea sujeto colectivo de pecados comunes, infidelidades y ofensas al Evangelio, sino incluso a rechazar los fallos y errores históricos, o sencillamente el que la Iglesia hubiera llegado tarde a responder a determinados problemas o necesidades humanas.

En este planteamiento se distinguía los pecados de los católicos y la actitud de la Iglesia. Con esta distinción se introducía una consideración ideológica que pretendía salvar a la Iglesia, es decir, a la institución o a la jerarquía, de sus fallos y responsabilidades históricas. Pero se hace a costa de un desdoblamiento por el cual determinados cristianos, solos o agrupados, que cometen errores e infidelidades al Evangelio, no parecen ser Iglesia. Es decir, por una parte, se da una identificación subliminar entre Iglesia y Jerarquía: y por otra se desconoce que los pecados de los creyentes hacen a la Iglesia menos apta para ser signo eficaz de salvación en cada momento de la historia.

8° G. CANATAN1, II diavolo, Roma e la rivoluzione, en «Rivista di Storia e Letteratura Religiosa» 8 (1972) 485-516; MB V, 694; Bosco, Scritti pedagogici, p. 301.

81 Como cuando declara que todos deberían aceptar la opinión del Papa incluso en los temas de libre opinión, como doctor privado (cf. MB VIII, 277-278).

82 BELARDINELLI, Don Bosco e il concilio Vaticano I, p. 246.

" «Il veto Don Bosco é quello che risulta da una considerazione globale, unitaria e vitale, di tutti i suoi scritti, di tutte le sue realizzazioni e scelte operative e di tutta la sua vita» (R. FARINA, Leggere don Bosco oggi. Note e suggestioni metodologiche, en: P. BROCARDO (ed.), La formazione permanente inteipella gli istituti religiosi, Leumann [Tormo], Elle Di Ci 1976, p. 351).

En don Bosco esta actitud generalizada quedaba probablemente mediatizada y complementada por el hecho de no utilizar la analogía del cuerpo místico sino el de familia y madre," es decir, una vez más, por su concepción eclesiológica vertical y no horizontal y, sobre todo, por su amplio y complejo concepto de Iglesia.

En efecto, don Bosco identificaba Iglesia con Religión,85 y ésta con santidad. La santidad en don Bosco es la más teológica de las cuatro notas de la Iglesia. Desde el punto de vista apologético se manifiesta por medio de la presencia de medios eficaces de santificación, de los numerosos casos de santidad y de los extraordinarios milagros en ella presentes.86 Me parece que su concepto fundamental, el criterio que inspira sus acciones pero, de hecho, también sus teorías y formulaciones, es el de la santidad de los cristianos. A esta santidad subordina todo y en función suya concibe, más o menos explícitamente, la organización eclesiástica en sus diversas vertientes. La Iglesia fue fundada por Cristo, escribe nuestro santo, «mentre viveva su questa terca, e perché da lui formata dentro al suo sacratissimo costato, consacrata e santificata col suo sangue. Essa é da luí ripiena del suo Santo Spirito, che esso le mandó perché rimanga con lei e le insegni ogni veritá sino al termine dei secoli».87

«Ció che stava a cuore di D. Bosco — dice el autor de las Memorias biográficas —: salvare anime» o, en otro lugar: «La salute delle anime unico scopo della sua vita», o, también en otra página: «Le anime sono un tesoro affidato al sacerdote» 88 Por esta razón, como indicaré enseguida, el sacerdocio constituyó una de las obsesiones de su vida.

En la dimensión histórico-salvífica, la Iglesia es, según Newman, el pueblo de Dios.

«11 fatto poi che nella Chiesa vi siano peccatori non suscita nei suoí scritti gravi problemi dottrinali. Don Bosco infatti, piú che alla analogia del Corpo Mistico, allorché discorre del peccato e dei peccatori, si rifá a quena di famiglia e di madre. La Madre Chiesa é santa, sen7a macchia e sena ruga. Tale rimane, anche se molti suoi figli siano peccatori, anche se suoi figli la combattano e la rinneglun' o» (STELLA, Don Bosco II, p. 140).

85 «Pueblos católicos, abrid los ojos; se os tienden gravísimas asechanzas cuando intentan alejaros de la única santa religión que es la Iglesia de Jesucristo» (Bosco, Fundamentos de la religión católica, en: FIERRO TORRES, Biografía y escritos, p. 545).

86 RIPA, L'argomentazione delle «note», p. 36.

87 MOLINARI, La «Storia ecclesiastica» di don Bosco, p. 221-222.

88 Escribe don Bosco en sus memorias: «il prete non va solo al cielo, non va solo all'inferno. Se fa tiene andrà al cielo con le anime da lui salvate col suo buon esempio; se fa male, se a scan-dalo andrà alla perdizione colle anime dannate pel suo scandalo» (Bosco, Scritti pedagogici, p. 314).

Naturalmente, el pueblo de Cristo tiene también una organización social, pero en todo momento reconoce la prioridad de su realidad espiritual. La igualdad fundamental de todos los miembros de este pueblo en virtud de la fe y de los demás bienes sobrenaturales de la existencia cristiana tiene prioridad sobre la distinción entre las diversas categorías de personas en razón de las funciones específicas que están llamadas a ejercer en el seno de este pueblo. Para Newman — dice Congar — «la Iglesia no era primariamente un sistema de doctrina, ni tampoco una institución. Ella estaba constituida fundamentalmente por el don de la gracia que Dios ofrece a los hombres, y éstos, aceptándola, se unen entre sí y forman un solo Cuerpo».89

Tengo la impresión de que don Bosco, a pesar de que nunca haya escrito algo parecido, ha actuado a lo largo de su vida en esta misma longitud de onda, aunque no cabe duda de que en sus escritos acentúa y desarrolla fundamentalmente y casi exclusivamente el carácter individual de la salvación: «Ogni parola del prete deve essere sale di vita eterna e ció in ogni luogo e con qualsivoglia persona. Chiunque avvicina un sacerdote deve riportare sempre qualche veritá che gli rechi vantaggi all'anima».9° Salvación que permanece, también, relacionada con la figura del Papa: «Fortunati que' popoli che sono uniti a Pietro nella persona de' Papi suoi successori. Essí camminano per la strada della salute; mentre tutti quelli che si troyano fuori di questa strada e non appartengono all'unione di Pietro non hanno speranza alcuna di salvezza; perché Gesú Cristo ci assicura che la santitá e la salvezza non possono trovarsi se non nell'unione con Pietro sopra cui poggia l'immobile fondamento della sua Chiesa».91

En su Storia ecdesiastica la santidad aparece como un objetivo de la vida y, sobre todo, como un distintivo de la Iglesia. De hecho, no.resulta difícil advertir el predominio de la vida y la acción de los santos en su historia que acaba de transformarse en un reclamo implícito de la característica eclesial de la santidad. En las otras Iglesias, dirá, no existen santos,92 llegando a afirmar que inmoralidad y herejía van unidas." «Dai Valdesi giunto Don Bosco nel corso della sua Storia alle luride, empie e sanguinarie figure di Lutero, di Calvino e di Arrigo VIII, loro contrapponeva la celeste visione dei figli della Chiesa Cattolica che vissero ad essi contemporanei: San Gaetano da Thiene [...] e cento altri. La santitá é una sola cosa con la veritá».94 Siguiendo esta argumentación relacionará enseñanza y prácticas religiosas con moralidad 95

89 Citado por ANTÓN, El misterio de la Iglesia, p. 275.

90 11113 VI, 381.

91 Bosco, Vita di San Pietro, p. 164-165.

92 «Egli é proprio della sola Religione Cattolica ayer dei Santi e degli uomini segnalati in (MB XIV, 229).

93 E II, 23.

" MB W, 307. En otras ocasiones relacionará protestantes con inmoralidad: ... «sí sono purtroppo stabiliti i Protestanti che in mille modi fiaudulenti minacciano il costume e la credenza degli adulti e dell'incauta gioventá» (E III, 30).

95 «Le povere ragazze [...] non avendo né luogo né comoditá di frequentare la scuola, nemmeno di intervenire alle funzioni religiose, versano in grave pericolo per la moralitá» (E III, 30).

«O Religione Cattolica, religione santa, religione divina! Quanto sono grandi í beni che tu procuri a chi ti pratica, a chi in te spera e in te confida! Quanto sono fortunati quelli che si troyano nel tuo seno e ne praticano i precetti».96 Don Bosco estaba tan seguro de esto que dedicó su vida y fundó una congregación con el fin de que los jóvenes y, en general, todas las personas fueran capaces de conseguir estos bienes. Este convencimiento espoleó su interés y su preocupación constante por las misiones. «Nei casi poi di esercizi spirituali, tridui, novene, predicazioní, catechismi, si faccía 1-llevare la bellezza, la grandezza, la santitá di questa religione che propone dei mezzí cosi facili, cosi 'mili alla civile societá, alla tranquillitá del cuore, alla salvezza dell'uomo, come appunto sono i santi sacramenti».97

Tan convencido estaba de esta realidad que se atrevió a escribir a Pío IX: «Vostra Santitá secondi l'alto pensiero che Iddio Le ispira nel cuore proclamando ovunque possa la venerazione al SS. Sacramento e la divozione, alla Beata Vergine, che sono le due ancore dí salute per la mísera umanitá».98

Toda su vida estará centrada en este deseo: que todos vivan la religión, permanezcan en la Iglesia, es decir, en la verdad, se santifiquen con los sacramentos, sean devotos de María. Para que esto sea posible resultan imprescindibles los sacerdotes, y a la tarea de conseguir y formar sacerdotes dedicará permanentemente su esfuerzo: «Ricordiamoci che noi regaliamo un gran tesoro alla Chiesa guando noi procuriamo una buona vocazione: che questa vocazione o che questo prete vada in Diocesi, nelle Missioni, o in una casa religiosa non importa. E sempre un gran tesoro che si regala alla Chiesa di Gesú Cristo».99 Toda su vida consistió en una manifestación palpable de su concepción del sacerdocio, de la grandeza del sacerdocio, de la total dedicación que debe caracterizar al sacerdote."

96 STELLA, Don Bosco II, p. 139. Este autor afirma que «la sua riflessione sulla santitá della Chiesa e dei fedeli s'inserisce consapevolmente in una mentalitá accentuatamente cristologica e soteriologica» (Ibid., p. 140).

" P. BRAMO, Il progetto operativo di don Bosco e ¡'utopia della societá cristiana, Roma, LAS 1982, p. 16-17. Resulta llamativo y digno de notarse su devoción y su insistencia en la indulgencia plenaria in articulo mortis.

98 E I, 259. «Dígase cuanto se quiera acerca de los diversos sistemas de educación; pero yo no encuentro base segura sino en la frecuencia de la confesión y de la comunión; y no creo exagerar afirmando que, sin esos dos elementos, la moralidad queda descartada» (BOSCO, Obras fundamentales, p. 306). Conviene recordar el influjo de San Alfonso María de Ligorio en G. Bosco, G. Cafasso, L. Guanella a través del «Convitto ecdesiastico» de Turín. San Alfonso fue el santo de las misiones poprolares, de la devoción eucarística y mariana, de la devoción al Romano Pontífice (cf. G. ANGELINI, La realtá religiosa tra escatología e storia, en: Coscienza civile ed esperienza religiosa nell'Europa moderna, Brescia, Morcelliana 1983, p. 379).

99 MB XVII, 262.

100 Decía don Bosco a B. Ricasoli: «Eccellenza, sappia che Don Bosco é prete all'altare, prete in confessionale, é prete in mezzo al giovani, e come é prete a Torino, cosi é prete a Firenze, prete nella casa del povero, prete nel palazzo del re e dei ministri» (MB VIII, 534).

Se podría decir, de alguna manera, que lo más importante para don Bosco son los sacerdotes porque ellos se dedican directamente a la evangelización, a la santificación del pueblo. Los obispos, en general, no eran líderes de evangelización ya que, de hecho, su tarea era más administrativa, más jurídica. En este sentido, con toda la imprecisión del significado, tal vez se podría afirmar que para don Bosco los sacerdotes eran, de hecho, más importantes que la jerarquía y que la estructura en la tarea de santificar, evangelizar y edificar al pueblo de Dios.




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