En la historia


O. Observaciones preliminares



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O. Observaciones preliminares

Empiezo por decir que si los italianos, según un tópico conocido, no leen epistolnrios,2 el de don Bosco no debería estimular la conocida inapetencia de hacer notar enseguida que se toma el término «epistolario», simplemente, en el sentido de «colección de todas las cartas». Es decir, no se hace distinción entre cartas escritas con una finalidad particular, en circunstancias concretas, y efectivamente mandadas a un destinatario (cuyo colación, obra de un estudioso, se debería llamar propiamente «colección de cartas») y cartas reunidas con finalidad artística por el mismo autor y, frecuentemente, dirigidas a un lector ficticio (habitualmente definidas por los estudiosos con el término «epistolario»).



Cf. Proposte per un piano di lavoro unitario e comune, en RSS 1 (1982) 95. Conviene 2 En cambio, en otros países, las publicaciones de cartas de literatos, pintores, músicos, poli-ticos y de otros personajes ilustres encuentran creciente favor entre los lectores comunes. Los estudios sobre el fenómeno epistolar y sobre la naturaleza y función de la carta están en todas partes de actualidad. En Francia, desde hace tiempo, se organizan «coloquios» acerca del tema y se han creado centros de documentación e investigación de correspondencia epistolar moderna y conmis compatriotas, al menos por cuatro razones que expongo brevemente:

  1. Ante todo, la nueva edición que se proyecta no promete en absoluto satisfacer el discutible gusto por el sensacionalismo ni desvelar vidas secretas inéditas del escritor. Don Bosco en sus cartas, que se sitúan también entre los escritos de franqueza inmediata y con la más alta tasa de sinceridad, tiende (y con frecuencia lo logra) a no revelar su profunda vida interior, sus dramas de conciencia, su íntimo sentimiento de cada momento. Aparte el hecho de que en «su armario es totalmente inútil buscar esqueletos».

  2. Idéntica desilusión tendría el que, considerando que se trata del copiosísimo epistolario de un sacerdote santo, de un educador no común, de un fundador genial, de un instrumento social de actividad increíblemente vasta, esperase amplios y exhaustivos tratados de carácter espiritual, ascético, pedagógico. No; sólo acá y allá, perdidas entre expresiones dictadas por las innumerables preocupaciones del vivir diario, se pueden encontrar perlas brillantes de doctrina y de sabiduría, fruto de santidad de vida, de audacia pastoral, de acertada pedagogía.

  3. No tendría mejor fortuna la posible espera de descubrimientos sensacionales de naturaleza política, social, religiosa. Cierto que don Bosco, por vivir y trabajar en aquel período fuertemente atormentado y que se conoce con el nombre de «Risorgimento», habla explícitamente o alude a hechos o personajes históricos de primerísima línea, da juicios sobre hechos políticos, sociales y religiosos de su tiempo; pero la política, en sentido estricto, el análisis de la sociedad civil y religiosa en cuanto tal entran en su radio de interés sólo en la medida en que vienen a incidir en el tejido ordinario de su vida, ritmada por sus responsabilidades de padre, educador, emprendedor, superior, amigo, administrador de sumas muchas veces ingentes.

  4. Por fin, también sería una decepción para el que esperase de las cartas de don Bosco una obra de arte, un modelo epistolográfico al que atribuir la dignidad de «género literario». Don Bosco no redactó sus cartas como ejercicio retórico o. instrumento para pasar a la gloria literaria, costumbre, por otra parte, tan querida en su siglo. En el plano de la revisión formal no sometió sus cartas a especiales intervenciones estilísticas o de léxico. Escriba al papa o al ministro o se dirija al humilde pueblerino o al joven colegial, su estilo es sustancialmente el mismo: lleno de sencillez, de franqueza, de familiaridad, de astucia, no exento de dudas en la escritura y en la ortografía, salpicado de piamontesismos y galicismos, nutrido con frecuencia de irregularidades gramaticales y sintácticas, por otra parte no importantes, ya que iba destinado a quedar en el ambiente reservado de los destinatarios.'

temporánea. En Italia sólo recientemente se ha notado un fuerte incremento cuantitativo y cualitativo de «expertos». Reuniones de este tipo se han tenido en Bressanone (1983), en Urbino (1984) y aún más recientemente en Génova. En 1986 surgió la editorial «Rosellina Archinto» que publica sólo epistolarios. Apreciables artículos de divulgación, publicados en revistas y periódicos, vienen a subrayar, de cuando en cuando, el notable interés que la correspondencia privada puede tener como fuente histórica y linguistica.

La correspondencia de don Bosco es una correspondencia de «asuntos», de «administración normal», diríamos hoy, o sea, redactada con la máxima rapidez y sólo para comunicar un mensaje utilizable para quien lo recibe: frases concisas y sin énfasis, comunicaciones directas, breves, a veces lapidarias, medidas en apertura e intimidad por el uso de los mismos patterns, propios de quien escribe bajo la presión de muchas ocupaciones y corre el riesgo de sentirse a cada momento envuelto por ellas.4 Si hubiese tenido a su disposición el teléfono, le habría ahorrado cientos de horas de trabajo y nosotros, los compiladores tendríamos en las manos, en vez de un rico tesoro, un botín decepcionante. Escribió porque estaba obligado por las inderogables exigencias de su misión sacerdotal y educativa, por la dura necesidad de proveer de pan a los millares de muchachos acogidos en sus obras, por el deber de ayudar, dirigir, sostener a los que le abrían el corazón: cartas de felicitación y de anuncio, de congratulación y de agradecimiento, de invitación y de excusa, de justificación y de despedida, de súplica y de consejo, de reprensión y de recomendación, de presentación y de ánimo, de pocas lineas y de varias páginas, burocráticas y circulares. Con fundamento se puede decir que cada categoría epistolar está representada por algún ejemplar.


a No creo que se haga una profanación o revelación del secreto epistolar cuando se ofrece al público cuánto don Bosco cubrió con el velo de la intimidad. Las cartas escritas hace más de un siglo han dejado ya de ser confidenciales y entrado a formar parte de la historia. Entre otras consideraciones, hay que decir que don Bosco mismo no excluyó una eventual publicación, aunque con algunas cautelas. En efecto, escribió en su «testamento espiritual»: «Se mai accadesse di stampare qualche mia lettera italiana si usi grande attenzione nel senso e nella domina, perché la maggior parte furono scritte precipitosamente e quindi con pericolo di molte inesattezze. Le lettere francesi poi si possono bruriare; ma se mai taluno volesse stamparne, mi raccomando che siano lette e corrette da qualche conoscitore di quella lingua francese, affinché le parole non esprimano un senso non voluto e facciano cadere la burla o il disprezzo sulla religione a favore di cui furono scritte» (Bosco, Scritti pedagogici, p. 336-337).

4 En las MB se subraya muchas veces la prisa con la cual don Bosco redactaba sus cartas: «Era anche ammirabile la sua attitudine nello scrivere con grande celeritá. Pió volte in valí anni Ch. Durando accompagnó D. Bosco al Convitto di S. Francesco per aiutarlo nella speclizione delle lettere. Ed ecco che cosa accadeva. D. Bosco, scritta una lettera, la porgeva a Durando il quale h piegava, la suggellava e vi scriveva sopra l'indirizzo. Ma prima che il chierico avesse compita h suddetta operazione, ecco dinanzi a lui una seconda lettera finita. II chierico si affrettava, ma nor ne aveva ancor finito l'indirizzo, che sopraggiungeva un terzo foglio, e cosí vía via per ore ed ore Quando finalmente veniva il momento di ritornare all'Oratorio, D. Bosco, ringraziato il Signore esclamava sorridendo, sen7a mostrarsi stanco: — Ecco il modo di sbrigar moltí affari! — E certa mente il numero di lettere ch'egli scriveva sembrerebbe ftavoloso se non vi fossero molti testimon di questa meraviglia» (MB V, 609-610). Parece que, en los últimos años de su vida, don Boscc confesó a don Barberis: «Oggi, come quasí tutti i giorni, alle due e un quarto dopo pranzo, erc gil al tavolino a lavorare; non mi sono mosso fino alle otto: eppure non ho potuto sbrigarmí d tuno. Ho ancora il tavolo coperto di lettere, che aspettano risposta. E non si puó dice che io val adagio nello scrivere. Ne fo passare del lavoro sotto le mie dita! Mi accorgo che a forza di pratid e dell'incalzarsi di una cosa sull'altra, ho acquistato una celeritá, che non so se possa darsi mag giore» (MB XII, 38-39).

Puestas estas premisas, parece más que legítimo preguntarse qué sentido tiene entonces afrontar la comprometida atención a un epistolario de este género.

1. La razón constitutiva del epistolario y de su edición crítica

¿Para qué, pues, tomarse tanta molestia? Porque cuando un hombre ha jugado un papel no indiferente en la «Historia» de su país, cuando su influencia ha alcanzado, viviendo todavía, a varias naciones y en el siglo siguiente prácticamente a todo el mundo, cuando las múltiples facetas de su personalidad han sido y siguen siendo todavía objeto de reflexión (y de esto este Congreso es una prueba clarísima) es importante poder disponer de instrumentos de análisis lo más completos y serios posible.

Ahora bien, para el conocimiento de don Bosco, de su figura moral, de las vicisitudes de su vida, de sus métodos de acción, ¿qué hay más seguro y completo que los miles de cartas que escribió a lo largo de más de 40 años? Tanto más que estamos ante un personaje que hizo del compromiso epistolar una de las ocupaciones principales de sus jornadas?

1.1. Un servido insustituible para el biógrafo y el historiador

El biógrafo y el historiador que van avanzando en su tarea se dan cuenta de que no se puede contar una vida sin la ayuda de materiales documentales, y el primero de todos, la correspondencia. Es verdad que cualquiera sabe que de las cartas no se puede esperar una historia exacta, sino más bien reflexiones fragmentarias, que necesitan integraciones y profundización. Un epistolario debe cribarse con el rigor crítico que se aplica comúnmente a cualquier otra fuente: así, por ejemplo, no se pueden minusvalorar los puntos flacos intrínsecos en toda correspondencia: el carácter personal, subjetivo, singular del testimonio, la transparencia inevitable del yo que podría inducir a engaño, la ausencia de elementos de contexto, etc.6 Pero esto no quita que cualquier intento serio de indagar con escrúpulo histórico la persona y la obra de un personaje nos exija un análisis atento de sus cartas, que es muchas veces el único modo de llegar a hechos u opiniones de valor decisivo.
Aunque se deben acoger con algunas legítimas reservas, he aquí algunos testimonios de los autores de las MB y de don Bosco mismo: «Le lettere da lui ricevute o spedite son incalcolabili. Tra la giornata e la notte ne scriveva e postillava fino a 250. Sbalordisce la moltitudine e la varietá delle materie sulle quali era obbligato a rispondere o a tratare [...]. Ne ricevette da ogni parte del mondo, e siamo persuasi che non vi ha quasi cittá in Europa nella quale non siano pervenute, qua poche, lá moltissime, delle sue lettere» (MB IV, 540-541). En la carta del 4 de julio 1881, don Bosco se dirigía al Cav. Carlo Faya en estos términos: «Scrivere a Lei mi é di moho sollievo in mezzo alle mie 500 lettere, cui vado in questo momento a cominciare la risposta». Ya viejo, confiaba melancólicamente a los suyos: «Certi giorni scrivevo anche piú di cento lettere» (MB XVII, 459). Cf. también nota precedente.

El epistolario de don Bosco, como es obvio, no escapa a esta regla. Considerado atentamente, mirado con múltiples métodos de investigación, convenientemente descodificado, constituye una fuente segura en la que se obtiene seguridad sobre hechos y circunstancias, razones de sus opciones y, con frecuencia,-la plena expresión de sus convicciones y de su espíritu. Cartas escritas currenti calamo en el paréntesis de un descanso sereno o en el ímpetu de una amargura cruel, en el impulso de un corazón alegre o bajo la opresión de un peligro inminente, casi permiten violar su privacy, de entrar en su habitación, de verlo sentado a la mesa de trabajo, fotografiarlo inmerso en problemas, dificultades, esperanzas, ideales. Puestas, como pretendo hacer, en estricto orden cronológico y, por tanto, en el aparente desorden de cartas de asuntos o de felicitación, de sugerencias espirituales o de petición de ayuda material, expresan al mismo tiempo la vida y el comentario de quien las ha escrito. Si pensamos que para el período más intenso de su actividad de educador habrá una media de una carta cada 3-4 días,' es fácil deducir que los biógrafos e historiadores podrán y deberán convertirse en asiduos estudiosos de un epistolario como éste.

He usado a propósito el tiempo futuro «podrán y deberán», porque, a pesar de la vastísima literatura publicada sobre don Bosco en estos cien arios que nos separan de su muerte, la historiografía sufre todavía la carencia de datos seguros, exhaustivos y definitivos (naturalmente en el sentido que asumen estos términos en las cuestiones históricas). La larga vida de don Bosco, la amplísima gama de sus actividades, la complicada serie de hechos en los que fue protagonista o en los que se vio implicado, esperan todavía hoy un no sencillo trabajo de verificación. Los mismos hechos que se refieren en las voluminosísimas Memorias biográficas exigen una comprobación sistemática, y las limitadas pero prometedoras investigaciones actuales en esa dirección han estimulado sólo la sed de ulteriores búsquedas.8 Una vez sabido de verdad «cómo han ido las cosas», para expresarnos con la áurea fórmula de Ranke, una vez precisados con cuidado los hechos, se podrá avanzar en la crítica histórica proponiéndose interrogantes historiográficos sustanciales y corrigiendo valoraciones, juicios y prejuicios debidos a aparente evidencia de causas y efectos, a subfondos documentales inseguros, cuando no falsos o ideológicos.9 Además, la riqueza de detalles ilumina por sí misma una serie de cuestiones muy delicadas y facilita una fuente de temas críticos y de observaciones que tal vez no puede decirse hoy que hayan sido enteramente utilizadas y agotadas.
6 «La correspondance est un matériau d'un maniement délicat, un témoignage trompeur malgré les apparences et qui reste nécessairement lacunaire, par défaut de conservation des envois et des réponses, par volonté expresse ou negllgence de l'auteur, á cause de diverses formes de censure, par le fait que rarissimes sont le lettres "sincéres". etc. Les correspondaces étant presque toujours tout sauf ce qu'on voudrait qu'elles fussent: un matériau fiable, á valeur documentaire, au premier degré...» (Préface di G. Ulysse a La correspondance 2 Actes du Colloque International, Aix-en-Provence. Université de Provence 1985, p. VI). De todas formas, es cierto que situaciones, sentimientos, emociones de la vida cotidiana y personal de don Bosco se pueden localizar mejor en sus cartas que en otros escritos, gracias a la disminución de aquella atenta vigilancia sobre los elementos de contenido y forma, a que normalmente don Bosco sometía los textos destinados a la imprenta.

7 Del decenio 1830-1840, se conserva sólo una minuta de carta escrita en un cuaderno durante el ario escolar 1835-1836. Del primer quinquenio de los años cuarenta quedan prácticamente pocas cartas, redactadas al final de 1845. El último texto ológrafo es del mes de diciembre de 1887. Resulta difícil hacer cálculos, aun aproximados, acerca de cuántas cartas haya podido escribir don Bosco durante su vida. Don Cenia afirmaba en 1933: «Le lettere di don Bosco pubblica te sono assai meno numerose di quelle che o andarono perdute o giacciono nell'oblio» (ME XIV, 556).

De modo que el motivo principal de interés ofrecido por el epistolario de don Bosco es precisamente el de darnos una notable documentación para ponerla en la base de la futura reconstrucción histórica, de modo que haga menos precisa o, si queremos, para completar la valoración de su compleja personalidad: y esto a través de la voz viva de su protagonista, grabada de un modo inmediato y vivo.

No creo que de la maciza aportación documental del epistolario en cantera, tuviera que salir una imagen radicalmente «otra» de la ya conocida en el círculo de sus mejores estudiosos, pero es indudable que el don Bosco que surge de las cartas se aparta más de lo que pudiera creerse del que presenta cierta literatura aún reciente. Una cosa es el don Bosco de los sueños, el don Bosco de los milagros y los prodigios, el don Bosco de lo «numinoso» y otra es el don Bosco «ferial» del carteo epistolar, que se presenta en clave de vida concreta y llena de problemas, de contradicciones e incertidumbres, en una longitud de onda muy de esta tierra. En sus cartas, don Bosco brilla, por decirlo así, con la luz de lo diario, sin ningún ropaje enigmático, que, aun sin quererlo, daría lugar a una rara atmósfera tejida de ambigua imprecisión.

1.2. Instrumento de trabajo para muchos estudiosos

Otro elemento no despreciable que ofrece la correspondencia en cuestión es el hecho de que la extraordinaria riqueza de relaciones sociales que vivió

8 Abrió los estudios, en esta perspectiva, el artículo de J. KLEIN - E. VALENTINI, Una rettiftcazione cronologica delle Memorie di san Giovanni Bosco, en «Salesianum» 17 (1955) 581-610. Recientemente se han publicado ensayos análogos en varios números de RSS. Puede verse, a este propósito, la comunicación de Desramaut en este mismo congreso.

9 Presenta un ejemplo de «revisión» de pasadas interpretaciones (necesitadas de correcciones) la comunicación de Tuninetti en este mismo Congreso sobre la larga y dolorosa controversia que tuvo don Bosco con mons. Lorenzo Gastaldi.

don Bosco, nos ofrece un panorama de la vida social, política, cultural, económica, eclesial de aquella segunda mitad del siglo pasado tan violentamente sacudida por contrastes de toda clase. La carta, todos lo saben, es un instrumento social y por tanto presenta la figura del que la escribe y de sus corresponsales en una situación determinada, frente a contingencias precisas, tanto personales como colectivas; por consiguiente, en su conjunto, puede darnos de algún modo el sabor de una época y elementos para tener un perfil más exacto de los personajes que se movieron en ella.

Sin que queramos asumir aquí el inútil cometido de apologista del epistolario, lanzado contra sus posibles detractores y como prueba de lo dicho hasta ahora, basta advertir la enorme variedad de sus destinatarios: autoridades civiles, como jefes de estado y de gobierno (Vittorio Emanuele II, Cavour, Rattazzi, Ricasoli, Minghetti, Lanza, Emperador de Austria...), personalidades eclesiásticas como papas, cardenales, obispos, superiores de institutos religiosos (Pío IX, León MI, card. Antonelli, Rosmini...), escritores y hombres de cultura (Tommaseo, Balbo, Pellico, Vallauri, padres de la «Civiltá Cattolica») aristócratas y exponentes de la nobleza piamontesa, florentina, romana, de Niza, París, Marsella, Barcelona, sudamericana, humildísimos bienhechores, clero diocesano, religiosos y religiosas, adultos y jóvenes de baja extracción social, etc. Ahora bien, aunque la correspondencia con esas personas se sitúa con mucha frecuencia en un ámbito estrictamente pecuniario, sin embargo permite distinguir a veces algunos aspectos de su personalidad y de su ambiente, pone de relieve la relación que entablan con don Bosco y deja captar su situación moral y espiritual.

Si nos preguntamos qué nos pueden decir las cartas de don Bosco, la respuesta podrá ser «muchísimo» o, al menos, muchas más cosas de lo que podríamos conocer sin ellas. El epistolario de don Bosco, en la forma crítica en la que va a editarse, nos da signos, no sólo de la dirección de la biografía y de la historia, sino también de la psicología y del psicoanálisis, de la economía y de la sociología, de la teología y de la espiritualidad, de la literatura y de la lengua,. de la historia local y de la política, de la genealogía y de la pedagogía.1° Podemos acercarnos a él según criterios de integración pluridisciplinar y convertir de ese modo en un lugar revelador de coordenadas epistemológicas de cultura y de civilización, al utilizarlo sincrónica y diacrónicamente, por caminos analíticos o sintéticos. Y, más aún, el epistolario de don Bosco podría facilitarnos apoyos documentales útiles y a veces indispensables para el salto de calidad en el conocimiento que se desea de don Bosco desde diversas vertientes y no sólo desde hoy.
" Los diversos significados y aspectos de un epistolario han sido objeto de discusión en diversos contextos. Por ejemplo en varios «quaderni di retorica e poetica», dirigidos por G. Folena, son recogidos recentísimos modelos: cf. La Lettere familiare I, Padova, Liviana Editrice 1985; para el área francesa, véase el citado coloquio internacional de Aix-en-Provence (La correspondance). Sobre algunas posibles lecturas de los escritos de don Bosco, y, por tanto, también de sus cartas, son útiles las sugerencias de R. FARINA, Leggere don Bosco oggi. Note e suggestioni metodologiche, en: P. BROCARDO (ed.), La formazione permanente interpella gli istituti religiosi, Leumann (Torino), Elle Di Ci 1976, p. 349-404.

En esta óptica, hasta los titubeos en la escritura, los errores de ortografía y de sintaxis, las frases tachadas pero aún descifrables, la frecuencia de formas idiomáticas, una vez decubiertas, en vez de estorbar, pueden servir para dar idea del nivel de aprendizaje de la lengua por parte del escritor, su capacidad de expresarse por escrito, pero en clave de «hablado», la forma literaria propia de una época, un ambiente, un personaje.



2. Los problemas fundamentales de método

Afirmada así la utilidad de la edición crítica en el taller, los problemas de método que se me han planteado son los comunes a todos los editores de epistolarios de amplio contenido. Se han dado muchos pasos en la ciencia y en el arte de editar cartas, pero aún hoy no se han fijado los principios editoriales (y tal vez no se fijen nunca) con absoluta certeza, dada la peculiaridad de cada epistolario." De todos modos, son tres las cuestiones: la recogida de textos, su transcripción, las diversas notas críticas e históricas.

Sin embargo, antes de exponer brevemente el modo con que ha sido resuelto cada uno de estos tres problemas en la edición que estamos preparando, creo que debo responder a una pregunta: ¿para quién se han recogido y se van a publicar estas cartas? Y esto, porque definir el público a quien se dirige significa adoptar un método en vez de otro. Si, en efecto, uno se propone agradar a los especialistas, hará falta darles minuciosa información y detalles, que el lector común no encuentra de ningún interés y que seguramente definirá como «pedantería» o «idolatría documental». Pero si se quitan esos

" Se siente el problema en todas las naciones. En el ámbito italiano, los títulos bibliográficos sobre el tema no son muy numerosos. De todos modos, se pueden consultar con provecho: M. MARTI, L'epistolario come «genere» e un problema editoriale, en: Studi e problemi di critica testuale. Convegno di Studi di Filologia Italiana, Bologna 1961, p. 203-208; entre las más útiles introducciones a colecciones de cartas, citamos la de E. Garin a: A. LABRIOLA, Epistolario 18611890, a cura di D. Dugini e R. Martinelli, Roma, Editori Riuniti 1983. En ámbito francés: PUBLICATIONS DE LA SOCIETÉ D'HISTOIRE LITIERAIRE DE LA FRANCE, Les éditions de corrispondances. Colloque 20 avril 1968, Paris, Librairie Armand Colin 1969; Écrire Publier Lire les correspondances. Actes du colloque international: «Les correspondances». Colloque 20 avril 1968, Paris, Librairie Armand Colin 1969; Écrire publier Tire les correspondances. Actes du colloque international: «Les correspondances». Publications de l'Université di Nantes 1983. En lengua inglesa: F. Bowas, Some principies for scholarly editions of nineteenth-century american authors, en «Studies in Bibliography» (1964) 223-228; G.T. TRANSELLE, Some principies for editorial apparatus, en «Studies in Bibliography» (1972) 41-88. Para autores de lengua alemana: S. SCHEIBE, Some notes on Letter editions: With special reference to german writers, en «Studies in Bibliography» (1986) 36-148. Recordamos que en Toronto (Canadá) tienen lugar, desde hace años, «simposios» de «editing texts», cuyas actas son publicadas regularmente.

elementos, el erudito podrá considerarlo como un intento de «popularización» y de «divulgación» que, por tanto, escapa totalmente a sus intereses.

Aesa pregunta ya he respondido en parte antes: el papel editorial que he adoptado es el de ofrecer un instrumento de trabajo exhaustivo y útil, lo más posible, a los investigadores y estudiosos de las diversas disciplinas. Se dirá: ¿Pero quién tiene necesidad de todas las anotaciones o explicaciones que preceden o siguen al texto de la carta? ¿Quién exige esa extrema escrupulosidad al texto que, a lo mejor, impide una lectura fluida? La respuesta es: «nadie». Pero el texto no se edita para una persona sola. Se publica para un gran número de personas, comprendidos los que no son especialistas de ninguna disciplina, los que conocen poco o no conocen nada de la historia de don Bosco y de los orígenes de la Congregación salesiana, los que no saben mucho de la situación social, politica, cultural, religiosa de Italia en el siglo XIX.

En otras palabras, intentaré ofrecer una edición crítica, erudita, científica, pero que no exduya el acceso del gran público, la lectura seguida del honrado lector, que no es necesariamente un estudioso o un ratón de biblioteca. Y como es siempre difícil resistir a la tentación de decir todo, es igualmente posible escribir poco para algunos y demasiado para otros. Como criterio general de redacción de las anotaciones descriptivas y explicativas, se recurrirá, más que a normas abstractas, a la experiencia de otros, a la comparación, al sentido de medida que nace del propósito de mantener aun tipográficamente en primer plano el documento de don Bosco y de limitar su ilustración a lo que pueda servir para entenderlo.

Pero volvamos a los principios editoriales de los que hablábamos.

2.1. La recensión ecdótica

Es inútil subrayar que tampoco para el editor del epistolario en cuestión se han dado las condiciones ideales de trabajo, es decir, todas las cartas autógrafas de don Bosco, todas las respuestas que recibió y los documentos que permiten comprender bien las cartas escritas y recibidas. Aunque no tengamos ningún derecho a plantear ninguna crítica a los que se aventuraron a publicar antes que nosotros las cartas de don Bosco, hay un hecho: que tanto los compiladores de las Memorias biográficas como don Cenia en el Epistolario editado por él12 procuraron asegurar el contenido de las cartas (y que se reveló, por

12 Los 19 volúmenes de las MB recogen en orden, no siempre cronológico, unas 2360 cartas. De éstas se sirvieron tanto G. Luzi (S.G. Bosco, Lettere scelte, Torino, Paravia 1945) como el octogenario E. Ceda, para su edición de los cuatro volúmenes del Epistolario di S. Giovanni Bosco (Torino, SET 1955-1959), en el que se recogen 2845 textos. Desgraciadamente, don Cena, a pesar de haber tenido en su manos temporalmente los originales de muchas cartas por concesión de los legítimos propietarios, casi en ningún caso indicó el lugar en que se encontraban dichos originales. Por eso el responsable de la edición crítica, en muchas de las cartas, tendrá que reproducir el

otra parte, no siempre impecable filológicamente) sin plantearse el problema del continente, es decir, del soporte de archivo que es el único que garantiza su autenticidad y su valor.

Por este motivo he comenzado por la regla de que no creo que se pueda poner en duda la legitimidad, es decir, ver personalmente los autógrafos o, por lo menos, sus fotocopias. Su búsqueda y recogida han ofrecido hasta ahora la abundante mies de más de 3.000," incluidas las de pocas líneas, a las que se deben añadir varios centenares de textos impresos no respaldados por el encuentro del manuscrito, pero garantizados por testigos dignos de fe.

No es éste el lugar para anticipar la historia de archivo ni la historia de la tradición manuscrita o impresa de las cartas. Basta decir que la tarea laboriosa de inventariar, las molestas clasificaciones, las fructíferas o decepcionantes investigaciones se hicieron, por ahora sobre todo en Italia, a partir de indicaciones de repertorios, afortunadas iniciativas personales, encuestas exploratorias en centenares de archivos y bibliotecas públicas y privadas, civiles y eclesiásticas, en familias a las que se llegó gracias a los medios de comunicación social. Evidentemente, no se ha descuidado recurrir al anuncio de esta pesquisa en marcha en revistas especializadas y a la sensibilización de todas las comunidades salesianas del mundo."

Dejo también de contar sabrosos o desconcertantes episodios de los que he sido testigo, de comentar actos de generosidad y de avaricia, de subrayar la destrucción de originales por incuria de los herederos o por exceso de devoción, de insinuar una pizca de diplomacia para tener al menos copia de manuscritos guardados por coleccionistas especialmente celosos ante el editor oficial. Ni gasto palabras para iluminar un aspecto no secundario de la investigación: el comercial, agudizado por el hecho de que muchos textos han pasado las fronteras originales y que el centenario ha animado la carrera y el precio de los autógrafos por parte de los anticuarios. Un nombre por todos: la famosa casa de subastas de Londres, Sothebys, puso hace unos arios en el catálogo y vendió dos cartas originales de don Bosco, probablemente de importancia no muy notable. A pesar de varios intentos, todavía hoy no he logrado localizarlas.

texto de su predecesor, sin poder verificar la completa fiabilidad del mismo. Además, de algunas cartas se conserva sólo un resumen (debido a una tradición parcial) o bien una simple noticia de su existencia. Fueron igualmente tomadas del epistolario de don Cenia las docenas de cartas publicadas en: G. Bosco, Scritti spfiltuali, 2 vol., a cura di J. Aubry, Roma, Cittá Nuova 1976 (recientemene reeditados en un solo volumen).

13 Con la convicción de que las cartas que se deben publicar en el primer volumen (relativas a los años 1835-1864) difícilmente se pueden encontrar en países extranjeros (que, por otra parte, son numerosos, y no sólo en Europa), la búsqueda sistemática se ha hecho, hasta ahora, sólo en territorio italiano. Prácticamente no ha habido un periódico o revista de amplia difusión, que no haya acogido la invitación a publicar la noticia de la búsqueda en curso. Las celebraciones del centenario de la muerte de don Bosco han contribuido también a difundir dicha noticia.

so

" Los originales o las fotocopias de las cartas inéditas, conservadas en el ASC actualmente n más de un millar. Un cierto número de las cuales son de relevante valor histórico.

El aún provisional censo ha puesto en evidencia, en todo caso, grandes vacíos cronológicos, la destrucción o pérdida definitivas de correspondencia autógrafa aun importante,15 la gravedad de los daños que pueden derivarse para el material epistolar y para la edición crítica íntegra de un epistolario por archivos privados de inventario preciso.

Las mayores colecciones de originales se encuentran en el archivo salesiano central, en el archivo secreto vaticano, en el archivo municipal de Turín, en el archivo central del Estado en Roma, en algunos archivos diocesanos, especialmente del que fue reino de Saboya.16

Los documentos llegados ofrecen un cuadro cualitativo de notable variedad diplomática: se va desde numerosas minutas hasta originales hológrafos, apócrifos con firma autógrafa en copias autenticadas de diversa forma, simples transcripciones de textos impresos, por desgracia no irreprensibles, a los que faltan los originales, y que habrá que aceptar por ello.

2.2. La edición del texto

El objetivo de una edición crítica es dar al lector un texto auténtico y cuidado, de modo que lo pueda utilizar cualquiera que tenga algún interés por él. Si no fuese así, aun el más minucioso y completo aparato editorial resultaría falto de valor.

Piénsese en la falta, casi total, de correspondencia con mons. Fransoni, bajo cuya jurisdicción don Bosco trabajó durante casi veinte años. Igualmente, no se ha podido consultar, hasta ahora, el archivo de la Casa Saboya; que debería custodiar escritos de mucho interés. Se han perdido, por una serie de circunstancias, cartas a autoridades del gobierno central. El traslado de la capital de Turín a Florencia, y de Florencia a Roma fue una de esas circunstancias, y no precisamente la más insignificante. Sería una empresa casi desesperada intentar recuperar el manuscrito original de las docenas de misivas enviadas a la familia Callori (afortunadamente ya publicadas, en gran parte).

16 Por lo que se refiere a la búsqueda de la correspondencia de don Bosco con el papa y con la curia romana, sólo en el archivo secreto vaticano se deben consultar centenares de fascículos esparcidos en una serie de fuentes: Segreteria di Stato, Epistulae latinae, Epistulae ad príncipes, Spogli Cardinali, Nunziatura di Torino, Brevi etc. Se deben añadir también los archivos de las Congregaciones romanas, cuyos fondos no- han confluido en dicho archivo secreto: Congregazione dei Vescovi e Regolari, Propaganda Fide, Indice etc. Teniendo presentes la amplitud y la organización de los fondos del archivo secreto vaticano, se puede comprender la complejidad de una investigación exhaustiva. He dado ya algún. paso en esta dirección; y algunos hallazgos han sido publicados en la revista del «Istituto Storico Salesiano» y en L'azione mediatrice di don Bosco nella questione delle sedi vescovili vacanti in Italia dal 1858 alta morte di Pio IX (1878), en el volumen: BRAMO, Don Bosco nella Chiesa, p. 251-328. También el ASC está en fase de reorganización y no se excluye la posibilidad de que se descubran nuevas cartas o indicaciones sobre las mismas. Por lo que se refiere al archivo histórico del ayuntamiento de Turín, no se esperan especiales sorpresas, ya que se ha realizado recientemente una investigación de cierta envergadura en varios fondos: cf. la introducción del reciente estudio (en tres partes): G. BRACCO (ed.), Torino e don Bosco, Torno,

Archivio Storico della Cittá di Torino 1989.

¿Cómo reproducir las cartas de don Bosco? Exactamente tal cual, sin modificaciones o intervenciones arbitrarias del editor: es decir, con los mismos criterios filológicos con los que se publicaría cualquier otro escrito de un autor. Si se tuviese que corregir desde el punto de vista historiográfico algún error, habría que recurrir a las «notas» del pie de página. La letra del educador piamontés, como muchos saben, supone algún problema de lectura: pero para el que la tiene ya como algo familiar, las dudas se reducen casi sólo a la elección entre una mayúscula y una minúscula, a descifrar una letra o una sílaba que parece (o tal vez es) una, pero que no puede ser más que otra, a interpretar una palabra que no se ve bien. Otra cosa es el problema, evidentemente, de destacar las muchas correcciones hechas por él o por otros en las minutas y a veces también en los originales.

En todo caso, nuestra edición, que no será de carácter diplomático (pero con las técnicas fotográficas modernas y para textos del siglo XIX, ¿tiene todavía sentido una transcripción diplomática?), reproducirá el texto de las cartas más filológicamente atendible, aunque «corregido» con los mínimos e indispensables retoques de puntuación y ortográficos, con el uso de cursiva para los títulos de las obras o para expresiones en otras lenguas, con la inclusión de evidentes lapsus calami (indicados siempre, por otra parte), y con diversa división en párrafos respecto al original.

2.3. Notas del editor

La articulación de las notas será la siguiente:



  1. El texto de la carta irá precedido por notas descriptivas. En ellas se darán todas las informaciones relativas al manuscrito (o texto impreso) que se edita: posición de archivo, dimensiones, posible color del papel y de la tinta, condiciones de conservación, señas especiales, timbres postales, tipología diplomática, ediciones anteriores aparecidas en las Memorias biográficas o en el Epistolario editado por don Cenia, breve resumen de la carta. Naturalmente, queda siempre la posibilidad de que don Bosco no haya enviado la carta.

  2. El aparato de las variantes se situará inmediatamente después del texto de la carta y de la dirección correspondiente. En los casos en que se tenga la minuta de la carta, se la cotejará con el autógrafo original o el hológrafo, y por tanto el aparato crítico presentará todas las variantes. La honradez exige que digamos enseguida que en casi todo los casos, más que de interesantes desarrollos de ideas o de nuevas aportaciones sustanciales, se trata de añadidos o supresiones de interés limitado, o bien de correcciones formales de evidente poco valor literario. Deseamos que un conjunto de variantes de este género no constituya un solitario monumento a la pedante obsesión del editor, sino que pueda convertirse en un posible instrumento de análisis lingüístico y de mejor conocimiento del personaje don Bosco.

  3. Finalmente, seguirán las anotaciones históricas que, dada la naturaleza del epistolario en cuestión, se colocarán sobre todo en la línea:

— de la biografía, en relación con los numerosísimos corresponsales o personajes citados, desconocidos con frecuencia no sólo en los repertorios nacionales, sino hasta en los regionales o locales;

— de los archivos, por las respuestas a cada carta o para otros documentos a los que se alude. Ayudará notar aquí que quien no se sienta interesado podrá pasar por alto determinadas alusiones, expresiones o modos de hablar que, en cambio, interesarán a quien esté más al tanto de las «cosas secretas» de los que pertenecen a la familia espiritual de don Bosco;

— de las crónicas o historiografía local, por los acontecimientos en marcha, sus antecedentes y consecuencias.

Después del cotejo de textos, el mayor problema lo constituye su ilustración oportuna y precisa. El peligro al que se aludía está en aplastar bajo el peso de anotaciones excesivas el texto de la carta, que es el moven de una edición. Subordinando, como es justo, mi cometido al del escritor, querría llegar a dar sistemáticamente todas las aclaraciones indispensables y nada más. Está claro que, en relación con esa indispensabilidad, las opiniones son diversas. Con todo, como mucho, las notas históricas o de explicación servirán para identificar al destinatario, a los personajes y los lugares que se citan, para justificar posibles propuestas de fechas, para explicar palabras o expresiones de difícil comprensión a un lector corriente de nuestros días, para informar sobre algunos lugares, ambientes, situaciones que resultarían incomprensibles a un público no únicamente italiano o que ofrezcan su difícil localización por parte de los mismos estudiosos.

Se dejarán para quien esté dotado de especial competencia los análisis lingüísticos y estéticos, las interpretaciones históricas, los juicios de valor, la biografía crítica de don Bosco. En cambio, nos aprovecharemos de esas notas para dar in extenso, en extractos o en síntesis, las cartas a don Bosco, en el caso en que pudiesen servir para comprender mejor las de don Bosco. Del mismo modo se hará con muchos de los documentos de cierto valor, como promemorias, billetes, escritos de diversa naturaleza que, aun sin ser cartas propiamente dichas,'' parezca importante publicarlas con el epistolario. En el caso de excesiva extensión, podrá servir para este fin un apéndice documental.

'7 Por «carta» entendemos una comunicación escrita de un individuo a otro, con una fecha y un lugar de proveniencia, un lugar de destino, un característico comienzo (incipit) y un saludo condusivo, seguido de la firma.





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