En la historia


El modelo educativo de don Bosco



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1. El modelo educativo de don Bosco

Es el conjunto, sistema, de elementos ideales y experienciales de que se trata. Toda organización se concibe como sistema; sistema se refiere a la unidad esencial y funcional de la realidad organizativa compleja, en su constitución y en su funcionamiento. El contenido de este modelo educativo se refiere a Dios y al hombre, por eso hablo de «Modelo Humanista de Educación Cristiana».

Me refiero a términos o conceptos de la Carta, y señalo con un número la línea en que éstos aparecen en la edición española citada. De P. BRAIDO, La lettere di don Bosco da Roma 10 maggio 1884 (Roma, LAS 1984), tengo en cuenta el manuscrito K (pp. 41-62) de la edición crítica, como contraste de fidelidad en la edición española. Esta redacción, muy reducida, a los efectos de la publicación, puede sugerir un modelo de lectura de la Carta de Roma, que es la que directamente ofrece su mensaje educativo, con Plenitud de sentido y con fuerza de evidente convicción de principios.

2. La sistematización del modelo

En referencia a la organización, hablo de tres niveles, entre los que se distribuyen los nueve elementos:



  1. Definición configuradora (elementos 1, 2, 3);

  2. Activación productora (elementos 4, 5, 6, 7);

  3. Logro de producto (elementos 8, 9).

3. Contenido esencial de los elementos del modelo 3.1. El funcionamiento óptimo (I-1)

Se subraya la esencia permanente de un espíritu educativo, apelando al pasado, sistema (230), personas (314).



  1. Se contraponen dos funcionamientos antitéticos.

  2. Se establecen los principios de identidad, unidad y acción, de caridad y obediencia (53), de unidad en caridad (356).

  3. Se definen los fines que dan razón de la existencia de la organización, fines: de fiesta eterna (275), anticipada en el tiempo (2), compartida en convivencia (341), vivificada por la Gracia (278).

3.2. La estructura de la organización (I-2)

Garantiza el funcionamiento óptimo, según normas y funciones.



  1. No es fría, facilita la cordialidad en comunicación de corazones: «No se puede substituir el amor por la frialdad de un reglamento» (220).

  2. No es rígida, estimula la espontaneidad y la alegría (33, 61, 167). Deben reinar vida, movimiento, alegría (37).

  3. No es represiva: es carta de paz en familia de Dios con rostro humano. Familiaridad (184), felicidad (230), confianza (246): todo conduce suave y libremente por la «senda del Señor» (367).

3.3. Los recursos de modelación (I-3)

La organización funciona con un «modelo» de aprendizaje orientado a un ideal con espíritu, actuaciones y efectos concretos, previstos.

a) La modelación resulta de la dinámica de la pedagogía de Dios. La educación se sitúa en horizonte de salvación (105), en presencia salvífico-modeladora de Dios, actuante en la relación de la práctica cristiana (19, 52, 86 ).

Jesús aparece con ejemplaridad y fuerza modeladora activa y positiva (346); es también modelo para los educadores (201). Se despliega una estrategia de Gracia promovida y defendida (235, 239, 241, 309).

b) La modelación corresponde también a la dinámica de la pedagogía del hombre. Humanidad, por la esencia humana del amor y la expresión humanizada y humanizante del amor (142). Pedagogía de rostro humano, regado con sangre de trabajo y sacrificio (112), eficaz en la respuesta que se provoca: «Lo consiguen todo de los jóvenes» (197). Se sigue al individuo, se le habla al oído(195).

c) Se da una modelación eficaz por la pertenencia a una familia viva, que es núcleo estimulante de aprendizaje social. En la familiaridad confluyen como causa y efecto todos los factores educativos (49); ella es el núcleo del estilo que se invoca, garantía del éxito (49, 183). Es la expresión auténtica del amor que realmente existe (116). Don_Bosco, centro de una «familia», es el modelo de sus seguidores (160). No falta, en esta familia, la Madre, la Santísima Virgen (354).

3.4. La dinámica de la comunicación (II-4)

La comunicación asegura la vitalidad de la organización.

a) Se da una comunicación de corazones identificados en unidad de intenciones: «El amor lo regulaba todo» (151). El amor es eficaz, despierta sintonía (196). Comunicación ideal, en que reinan «la mayor cordialidad y confianza» (46). Hay que «formar un solo corazón y una sola alma» (176). Comunicación de un amor que se tiene y que se expresa (185), para el bien de los jóvenes (231).

b) Comunicación de vidas, de convivencia participativa en reciprocidad de interés y de acción. La motivación positiva es fundamental: los jóvenes se verán complacidos en lo agradable y quedarán dispuestos a lo dificultoso (123). Los educadores se entregan con sacrificio (270), y sienten una alegría imborrable (33). La motivación intrínseca se establece en los jóvenes como consecuencia, ésa es la recompensa para los educadores. Aquí ha quedado establecido un principio de participación con dinámica motivadora. Comunicación de vida, «siempre con los jóvenes»(149).

c) Se da toda una comunicación de bienes, en el servicio del diálogo orientador, de la orientación modeladora. EI amor dispone a una comunicación de escucha (232); en la escucha se descubren, y así pueden remediarse, en el clima de la confianza, las necesidades (198), de toda índole, espiritual y temporal (234).

3.5. La iniciativa de la familiaridad (11-5)



La familiaridad define la esencia del clima funcional de la organización. El amor define el tipo de la interacción educativa, el tipo de esta forma de organización. El amor es necesario, y «sin familiaridad no se demuestra el afecto» (184). Los jóvenes necesitan sentirse amados, y a los educadores corresponde la iniciativa de las pruebas del amor gratuito (200, 222).

  1. Se trata de familiaridad con esencia y presencia de «humanismo humano» por razón y amor. La Carta entera es lin proyecto bien concebido y bien orientado a la práctica. No le falta al sistema sentido común, que no es poca razón; no le falta lógica. Abunda en implicaciones psicosociológicas, muy al alcance de la experiencia y de la ciencia, tanto en lo religioso como en lo humano. No es el momento de aducir la correspondencia de frases y conceptos con teorías humanistas y existencialistas de ciencias de la conducta actuales. Las convicciones, y los resultados de la aplicación, suponen en don Bosco la asociación íntima entre amor e inteligencia en la existencia humana, en el funcionamiento educativo, en la comunicación que es esencialmente humana.

Las alusiones concretas se refieren a la formación intelectual de los educadores (270) y a los bienes intelectuales de los jóvenes (90). Estos bienes van a lograrse, dentro de una formación integral, en la dinámica de un amor ofrecido, sentido y correspondido (98). El amor aparece como principio estimulante, como motivación intrínseca del proceso de aprendizaje (125, 96). La Carta resulta una argumentación fundamentada y una fundamentación en el amor.

  1. La familiaridad es comunicación que se expresa en confianza, cordialidad y afecto. Así se consigue todo (197, 84, 229). Las pruebas de afecto sitúan a los jóvenes en experiencia grata de humanidad, y a ella responden familiarmente (116, 123). La imitación de Jesucristo, «maestro de familiaridad» (225, 250), da peso a esta carga de humanidad. La observancia exacta (247) y la necesaria obediencia (160, 179) dan paso al sentido del orden en la familia sobre la base del amor: no se debe «substituir el amor por la frialdad de un reglamento» (220). La familiaridad indica que es el amor el que hace inteligentes las estructuras y las convierte en fácil escala de ascensión educativa.

  2. La familiaridad se anima con espíritu de religión, que también permite tener a la Auxiliadora como Madre: se trata de una familia de Dios con encarnación y rostro muy humanos. En la organización, Dios está presente como fuente de paz (279), en el tiempo y para la eternidad (375). Dios es Padre providente (235), de cuya paternidad Jesucristo es expresión de humana familiaridad, en la que Él es también modelo de educadores (225). La Virgen Santísima Auxiliadora es la Señora de su «casa» (354), que alienta y protege en la tierra y espera en la casa del Padre (375).

3.6. La confirmación por la reciprocidad (II-6)

La reciprocidad ofrece criterios de información sobre el control del funcionamiento en la organización educativa, el sistema, el Oratorio.



  1. La reciprocidad se da en las muestras de aceptación de un amor que despierta amor: «El que quiere ser amado, es menester que demuestre que ama» (185). Este principio tiene su traducción concreta: «Amen (los educadores) lo que agrada a los jóvenes, y los jóvenes amarán lo que agrada a los superiores» (167). Es así como «se establece como una corriente eléctrica entre jóvenes y superiores» (198). Así es como se garantiza la eficacia educativa. Los educadores, porque aman, son amados; y así «lo consiguen todo, especialmente de los jóvenes» (197).

  2. La reciprocidad se muestra en un amor sin condiciones que despierta confianza: «Sin la familiaridad no se puede demostrar afecto, y sin esta demostración no puede haber confianza» (184). La iniciativa les corresponde a los educadores (183), que sólo así podrán derribar «la barrera fatal de la desconfianza» (175). La confianza que se da es aceptación de la persona en quien se confía; la confianza engendra confianza, como el amor, como la familiaridad: «La familiaridad engendra afecto y el afecto confianza» (49).

  3. La reciprocidad supone comprensión desde la autenticidad que despierta sinceridad y compromiso. Las experiencias de amor y confianza suponen transparencia y tienen un alcance directo de autenticidad. La situación facilitadora es la de la espontaneidad (33, 61). No hay temores ni inhibiciones, se da la sinceridad (50); ahí se da la familiaridad (49), como la cordialidad y la confianza (45), que son componentes esenciales de la autenticidad. Ahí se descubre, en el educador, a un hermano (188), en el predicador, a un amigo (191), y se da la conversión hacia el mejor yo (194). Se trataría de un aprendizaje social por y hacia la autenticidad, en el compromiso.

3.7. La significación de la alegría (11-7)

La alegría es una expresión de paz en un ambiente de familia.

a) Es marca de identidad y prueba de buen funcionamiento, en la aproximación a los ideales (37). La situación ideal es «de vida, de movimiento, de alegría» (37). La alegría es reflejo y estímulo de apertura, en sinceridad, en docilidad estimulada por amor y por amor ejercida (50). La alegría está fundada en la paz (278), y como la paz es interior y social, elemento dinámico en el ambiente de aprendizaje social, en el que se modelan las individualidades en la medida en que individualmente se alcanzan y se expresan. Se da en la espontaneidad (37), acompaña a la reciprocidad del amor, de la confianza, de la interacción agradable (123).


  1. La alegría es símbolo de unidad en la comunicación de los espíritus y en la participación de la vida. El nervio de la unidad recorre la esencia y el funcionamiento de la organización en el sistema, por el principio unitivo y operativo del amor, y por el estado de paz personal y social que de él se deriva (279, 180): la dinámica paz-alegría es de unión. La alegría auténtica resulta del compartir y dispone a compartir.

  2. Es estímulo de eficacia de la acción de cara a fines de ideal ilusionado. La alegría no es sólo un buen postre que da fin a un buen banquete: la alegría es «el mejor plato en una buena comida» (249). La alegría dispone a la acción con características de disposición y de prontitud, da impulso al peso del querer. La alegría salta del corazón feliz a la expresión bulliciosa (45), su llama se mantiene con el éxito y facilita el éxito en la acción. Es impulsora y contagiosa. Es rostro del amor, participa de la eficacia del amor.

3.8. El estado de paz (III-8)

El estado de paz certifica la pertenencia viva de cada uno a la organización, al tiempo que es indicio de un buen «tranquilo» funcionamiento.



  1. Se da en primer lugar la paz con Dios, comunicación con el motor primero de la organización (278). Paz que se mantiene y se recupera por los sacramentos, en la vida de piedad (86, 294). Es paz que reclama intimidad decidida, propósitos firmes (296, 303). Es paz que revierte en las relaciones sociales, pero que también resulta facilitada por la familiaridad experimentada (52). Es, pues, fundamento del bienestar reinante en el sistema (282).

  2. La paz consigo mismo, en la intimidad de sí, encuentro transparente consigo mismo, encuentro de vivencia de autorrealización, de sentido de la existencia. Se expresa en «vivacidad, alegría, expansión» (96), en «dichosa despreocupación» (67). Se da en lo personal, psicológicamente, y con posibles referencias a la paz con Dios (278), y con sus derivaciones de paz social (238, 72, 68).

  3. La paz con los otros aparece en el fondo ennoblecido de sí, transparente fundamento de comunicación humana por el corazón. Es cierto que la paz con Dios asegura la paz con los demás (278); pero la paz con los demás, en la medida én que llega a otra persona, y llega por la caridad (196), se convierte en estímulo de paz. Dios es paz por su gracia (278): en los pacíficos Dios se hace presente, y desde ellos Dios apela a la necesidad de paz de los insatisfechos. La fuerza de modelación de la organización llega hasta ahí.

3.9. Un modelo para un plan de salvación (III-9)

La salvación consumada en el paraíso se constituye como cumbre de la pirámide jerárquica de valores.



  1. La salvación aparece como fundamento y corona de una educación integral. Se trabaja para la tierra y el cielo (2); se proporciona pan, albergue y formación, pero sobre todo se busca la salvación de las almas (102). Se adivinan las líneas de lo que llamaríamos socialización, profesionalización, personalización, humanización, cristianización. Ciudadanos felices en el tiempo, cristianos destinados a la fiesta eterna del paraíso (376).


  2. SESIÓN DE CLAUSURA
    La religión es energía vital en el funcionamiento humano-divino del organismo sobrenatural enraizado en Jesucristo. Lo sobrenatural es connatural en el modelo. La eternidad feliz es el objetivo (2); el proceso educativo termina en la fiesta eterna (376). La «santa Gracia de Dios» (279) va dando sentido y profundidad a todo y en todo se busca la mejor realización. La comunicación integral, la formación integral se anima en caridad que se fundamenta en Jesucristo y estimula al máximo rendimiento. La práctica religiosa anima todo el proceso de autorrealización en el modelo.

  3. La pedagogía de Dios es pedagogía de la salvación, en una organización «evangélica», centrada en Jesucristo y en la presencia de la Santísima Virgen. Se trata de una pedagogía de la felicidad que anima un funcionamiento del modelo en programa de bienaventuranzas. Jesús es el Maestro (225), el modelo de humanidad cristiana, que pasó haciendo el bien, y todo lo hizo bien.

4. Conclusión

Dios es amor. En el modelo de don Bosco, la caridad, como sistema de funcionamiento humano, se hace pedagogía de la comunicación. Esta comunicación funciona en esos dos niveles humano y divino. La alegría humana es un preanuncio de la fiesta eterna, que se logra trabajando en este mundo en paz y por la paz, con amor. Todos los términos, fundamentalmente los elementos del modelo, son aspectos de la misma realidad: tienen significado y valor en cada uno de los tres niveles de la organización. Están en la definición de objetivos, son fuerza impulsora de realización y se alcanzan como logro de plenitud salvadora, personal y social, religiosa.

PRESENTACIÓN

Card. Antonio María JAVEERRE ORTAS



  1. Agradezco mucho la invitación que se me hizo a tomar parte en la clausura de este ter Congreso Internacional de Estudios sobre San Juan Bosco.

Confieso no sentir ninguna simpatía hacia cierto ejercicio de las llaves: «abrir o cerrar» un congreso, sin haber participado en sus trabajos y sin conocer a fondo los resultados de sus estudios.

Por fortuna, no es éste el caso. Pero aun prescindiendo de las diferencias, la calidad de los oradores de esta tarde da valor sustancial a la clausura. Por no hablar de las relaciones íntimas que me ligan a un Congreso de gran altura y bien logrado.



  1. No hablo por lo que he oído decir, gracias a la, posibilidad de una participación, que en este caso me parecía obligada. Pero ha habido además una presencia de otro tipo, que me agrada dar a conocer ahora.

Más de uno de los participantes me ha preguntado con cierta preocupación: «¿No os molestaréis vosotros, los salesianos, si nosotros, por respeto a la historia, damos la impresión de querer suprimir ciertos pedestales un poco superfluos o inconsistentes?».

La primera reacción, instintiva, para quien se encuentra por deseo del Papa cuidando la Biblioteca y los Archivos, fue referirme al pensamiento de León XIII, cuando puso los documentos hasta entonces secretos, a disposición de los estudiosos de todo el mundo: «La primera ley de la historia es no atreverse a decir nada falso; y después, no callar nada verdadero». F.1 latín me parece aún más fuerte: «Primam esse historiae legem ne quid falsi dicere audeat; deinde ne quid veri non audeat».

Como estudiosos, los salesianos que gastan su vida, por obediencia, en el mundo universitario, saben también que están siempre al servicio incondicional de la verdad; la cual — sigue hablando el Papa — «obscurari aliquanto potest, extingui non potest».' Los hijos de don Bosco saben que su Padre es una obra de arte; y que la realidad no sufre ningún retoque, aun cuando se haga con buena intención. Deseo verlo como es, no como alguno quisiera que fuese.

LEO XIII, Saepe numero considerantes, 18 Aug. 1883, en ASS 3 (1884) 268.

3. Con vuestro permiso, quisiera dispensarme de seguir la norma que establece que, antes de dar la palabra a los oradores, el que preside diga que éstos no tienen necesidad de presentación, para pasar luego a presentarlos, a lo mejor con un largo discurso. Los nuestros no tienen necesidad de que se recuerden sus títulos y publicaciones, porque todos los conocen. Pues bien: ahorremos el tiempo de una presentación superflua y ofrezcámoselo a los conferenciantes.

El Profesor Scoppola tiene mucho que decir sobre un binomio sugestivo: «Don Bosco» y la «modernidad». Todos estamos sumamente interesados en oír, sobre un concepto tan denso y controvertido, el parecer de un especialista de la historia moderna. Los miembros de la Familia salesiana recuerdan la apertura del Centenario en Turín y se sienten felices al saber que será el mismo profesor Scoppola quien precise la relación de don Bosco con el otro término del binomio.

Don Braido (un nombre ligado ya inseparablemente al «Sistema preventivo») desarrollará luego el tema «Perspectivas e iniciativas de la investigación

sobre don Bosco». Muchos de nosotros tienen muy presente el balance lucidísimo publicado con ocasión del Centenario en «La Civiltá Cattolica». Concluía el artículo invitando a conservar la tradición recibida de don Bosco, a recoger su aportación original y a superar, por último, el horizonte del siglo pasado, pero a la luz de una metodología no trasnochada. Tenemos curiosidad por saber los caminos concretos que nos va a sugerir don Braido en base a sus reflexiones y aportaciones del Congreso, que toca ya su conclusión.

Volviendo a la Biblioteca y al Archivo del Vaticano, pienso poder decir no sin cierto orgullo — que también en la UPS está en vigor la norma dada a los archiveros por Pablo VI. Es decir, que también nuestros historiadores profesan «el máximo respeto por los monumentos» y por los documentos. Porque también ellos sienten que tener ese culto por los papeles es, «como reflejo, tener el culto de Cristo, tener sentido de Iglesia, darnos a nosotros, dar a los que vengan, la historia del paso de esta fase del transitus Domini en el mundo».2 Y, como Él decía en una ocasión parecida, es apasionante evocar la historia de la Iglesia a partir de datos seguros. Porque «también el más modesto de los documentos, conservado con este espíritu, se convierte en un signo de su presencia en el mundo, en argumento de su misión, en una huella del Cuerpo Místico en el camino secular de la historia».

Y a ella pertenece don Bosco, cuyos rasgos fisonómicos intentan precisar con rigor, a partir de los documentos, los dos ilustres especialistas.

2 PABLO VI, 26 set. 1963, Insegnamentil, 1963, p. 614.

DON BOSCO Y LA MODERNIDAD

Pietro SCOPPOLA

El tema «Don Bosco y la modernidad» puede, tal vez, ofrecer un punto de vista interesante para una valoración de conjunto del papel de don Bosco en la vida de la Iglesia y en la historia italiana. El tema no es nuevo: una aportación muy significativa en esta dirección la ha ofrecido el precioso volumen dirigido por Francesco Traniello, editado por la SEI hace poco más de un dio: Don Bosco nella storia della cultura popolare, y en él, en particular, el estudio de Piero Bairati;1 y también un ensayo del mismo Traniello sobre Don Bosco e il problema della modernita.2

1. Don Bosco ¿es moderno?

Los motivos que han movido, tratándose de don Bosco, a hablar de modernidad son muchos, de diverso orden y ya conocidos: Don Bosco es moderno por un método educativo que valoriza la libre expresión del joven, sus recursos más íntimos y personales, en vez de someterlo a modelos preconstituidos. Pero veremos enseguida lo complejo y controvertido que es el sentido de la palabra «modernidad». Pietro Prini, en la introducción al volumen de Palumbieri,3 ha visto en don Bosco una anticipación de algunas intuiciones del humanismo personalista de nuestro siglo. Don Bosco es moderno porque utiliza un instrumento antiguo de formación juvenil como el «Oratorio», transformándolo, sin embargo, en un medio eficaz de inserción y de presencia de la Iglesia en la nueva realidad urbana. Es moderno por su atención, y yo diría predilección, por la ciudad en contraposición a una cultura católica dirigida más bien a favorecer el campo.

1 P. BAIRATI, Cultura salesiana e societá industriale, en: F. TRANIELLO (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, Torillo, SEI 1987, p. 331-356.

2 F. TRANIELLO, Don Bosco e il problema della modernita, en: Don Bosco e le sfide della modernita (Quaderni del Centro Studi «C. Trabucco», 11), Torillo, Stabilimento Poligrafico Editoriale «C. Fanton» 1988, p. 39-46.

En la presentación del volumen de S. PALUMBIERI, Don Bosco e Nom° nell'orizzonte del personalismo, Torillo, Gribaudi 1987.

Es moderno por haber sabido realizar un sabio equilibrio, como ha puesto en evidencia Luciano Pazzaglia,4 entre escuela, formación profesional y trabajo en unos años en los que el problema estaba completamente ausente de la legislación italiana. Y aún más: este sacerdote, nacido en una pequeña aldea campesina, se muestra capaz de encontrar y seguir un camino original dentro de la realidad del naciente capitalismo italiano, de crear una espiritualidad cristiana, que alimenta actitudes y virtudes de iniciativa, de responsabilidad y de solidaridad; de hecho contribuye, en cierto modo, a dar un alma a la nueva economía, mereciendo, como es sabido, la estima de los grandes magnates de la industria. Estos aspectos de la obra de don Bosco han sido discutidos y estudiados en profundidad en este Congreso. Ciertamente tiene razón Tramontin cuando en su comunicación invita a no ceder a la tentación de ver en don Bosco «anticipaciones filosóficas o teológicas». El juicio sobre las anticipaciones es siempre peligroso en campo histórico porque puede hacer perder el sentido del contexto en el que una figura y una obra han de ser situadas. Pero aun con esta observación, el problema, como trataré de explicar, sigue totalmente abierto, porque don Bosco sobrepasa a su tiempo en el sentido que supera, de hecho y en varias direcciones, sus límites, tanto en el plano de la mentalidad, como en el de las obras emprendidas.

Sin embargo, la intención de mi intervención no quisiera ser el de resumir estas cosas, sobre las cuales, por lo demás, tuve ya ocasión de llamar la atención hace un año al recordar la figura de don Bosco en Turín con ocasión de la celebración del centenario de su muerte.5 Tal vez para matizar mejor alguna afirmación, mi propósito hoy quisiera ser el de situar esta reflexión acerca de la modernidad de don Bosco en el contexto más amplio del debate abierto en los últimos años sobre el tema de las relaciones entre Iglesia y modernidad; con el fin de verificar sí, y en qué medida, el caso de don Bosco puede contribuir a orientarnos en una cuestión que se presenta muy complicada.




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