En la historia



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Comprobar la casi total ausencia de noticias salesianas durante el bienio 1879-1880 no fue para mí ninguna sorpresa, dado que las gestiones para la fundación de la casa de Utrera no se empezaron hasta junio de 1879, y sólo en enero de 1880, después del viaje a Sevilla de Cagliero y Rossi, el arzobispo Lluch pudo tener cierta seguridad de que los salesianos se establecerían en la diócesis. Publicar antes cualquier noticia al respecto resultaba sin duda aventurado. El Boletín de 1880 carece de noticias salesianas, salvo la que inserta en el mes de noviembre, en la Crónica diocesana, en la que dentro de una referencia global a las actividades del prelado, se dice únicamente: «Son también aguardados en Utrera los salesianos, para la obra de los Talleres Católicos» 34

El mayor número de noticias referidas a la obra de don Bosco publicadas en el Boletín hispalense se encuentran, como ya he indicado, en las crónicas diocesanas de 1881, que recogen los hitos principales del establecimiento de los salesianos en Utrera. La primera noticia de la fundación aparece en marzo, apenas transcurrido un mes de la llegada de los salesíanos. En ella se resaltan, después de una breve alusión a la expedición misionera con la que partieron de Turín, tomada sin duda del «Boletín Salesiano» o del propio relato verbal de los religiosos, los motivos que impulsaron al arzobispo Lluch a llamar a los salesianos, y los objetivos de su establecimiento en la diócesis:

«Tres sacerdotes y tres hermanos de aquella expedición desembarcaron en Gibraltar, para dirigirse a esta provincia y ejercer aquí su ministerio bajo la dirección de nuestro amantísimo Prelado, que noticioso del bien que estos dignos operarios evangélicos hacían en varias regiones del Orbe, los llamó hace más de dos años, para que le ayudaran en el cultivo de esta interesante porción del campo evangélico que el Señor ha confiado a su solicitud».35

La naturaleza jurídica de los salesianos y el campo concreto de su misión presente y posterior expansión, quedaban también definidos en la noticia:

«Los salesianos son ciudadanos ante la ley y eclesiásticos ante el Prelado. Nuestro Sr. Arzobispo les ha encargado el servicio de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de la ciudad de Utrera, en donde el clero es escaso y grande la población. El M.I. Sr. Marqués de Ulloa les da noble hospitalidad en su propia casa, casi contigua al mencionado santuario.

" MB XV, 321.

34 BOAS 1.113 (1880) 581.

35 BOAS 1.129 (1881) 146-147.

Estos beneméritos sacerdotes se dedican allí a procurar el esplendor del culto, a fomentar la piedad entre los fieles y la enseñanza de la Doctrina Cristiana a los niños pobres entregados al ocio y a la disipación, reuniéndolos en su oratorio los días festivos, que son los de más peligro para la juventud desamparada. Luego que cuenten con recursos, se emplearán en mejorar la condición de las clases llamadas desheredadas, estableciendo talleres y asilos de aprendices de artes y oficios» 36

La obra de Utrera, respaldada por la iniciativa y cariño del arzobispo Lluch y protegida por la munificencia del prócer utrerano, tenía, sin duda, ante sí un porvenir espléndido si los religiosos, como de hecho ocurrió, colmaban las esperanzas que en ellos se depositaban y atendían a la población juvenil más pobre y necesitada.

La fundación salesiana de Utrera proporcionó este mismo año dos nuevas noticias al Boletín de la archidiócesis, referida una al viaje que el 14 de junio hizo mons. Lluch a Utrera con el objeto primordial, y así lo hacía constar la Crónica, de «visitar a los religiosos Salesíanos, que merced a su levantada e insaciable caridad han fundado en dicha ciudad una de sus casas, donde albergan, instruyen, educan y dan oficio a los niños pobres y desvalidos».37 La impresión que el prelado sacó de su visita aparece también en la Crónica: «Su Excelencia quedó altamente complacido de la nueva fundación que, a pesar de dar principio hoy, promete prósperos y felices resultados para la causa de la Fe y de la Moral».38

La segunda noticia, correspondiente también al mismo mes de junio, se inserta dentro de un mensaje enviado por la ciudad de Utrera al prelado, agradeciéndole la visita realizada y las múltiples atenciones pastorales que había tenido con la población utrerana desde su llegada a la archidiócesis. La referencia a la obra salesiana — «acaba de instalarse, promovido por su celo, la primera Congregación en España de sacerdotes seculares de San Francisco de Sales, dedicada a la educación y enseñanza del niño»" — incluye la opinión de la diócesis sobre la misma : «Congregación santa, santísima, porque la acción propia de la enseñanza cristiana es convertir los niños en hijos de Jesucristo, y esto es santo»."

La actividad que empezaron a desarrollar los salesianos en Utrera causó un profundo impacto en el clero y en la población, como lo refleja el Comunicado dirigido al arzobispo, que insertó el Boletín eclesiástico del mes de julio, dándole cuentas de la tarea apostólica que llevaban a cabo en la ciudad los Hijos de San Francisco de Sales, como los denominaban. La gratitud, deber moral según se afirmaba, necesitaba expresar la transformación experimentada en los cultos religiosos:

36 Ibid.

" BOAS 1.145 (1881) 330.

" Ibid.

39 BOAS 1.144 (1881) 342-343.



40 Ibid., p. 343.

«La iglesia de Nuestra Señora del Carmen antes desierta, se ve hoy tan frecuentada de los fieles, que pasan de ciento las comuniones semanales y gran multitud la que diariamente asiste al Santo Sacrificio de la Misa y al devoto Rosario, actos celebrados en las horas más oportunas para este pueblo esencialmente agrícola».4'

La descripción de la novena y fiesta de la Virgen del Carmen, titular de la iglesia encomendada a los salesianos, constituye un canto de alabanzas a la actividad y celo apostólico que desplegaban. La actitud de benevolencia y cariño que tanto el pueblo como el clero diocesano mostraban hacía los salesianos, queda reflejada en el párrafo que se transcribe a continuación, en el que resalta cómo los fieles acogían la predicación de los hijos de don Bosco, a pesar de las dificultades que tenían para expresarse en castellano: «mas debo hacer particular mención de las tres pláticas a cargo de los Salesianos, que tan agradable impresión han dejado en nosotros; la dificultad del idioma por el poco tiempo que aún llevan en España, quedó vencida por el celo y entusiasmo que estaban poseídas sus almas, produciendo en los circunstantes una tierna conmoción que muchas veces se tradujo en abundantes lágrimas».42

La última noticia sobre la obra salesiana que publicó el Boletín de la archidiócesis en 1881 corresponde al mes de diciembre y es la única tomada del «Boletín Salesiano»; se refería a la celebración del cuarenta aniversario de la fundación de la obra del Oratorio, que se cumplía el día de la Inmaculada de este mismo año. La noticia fue comunicada a los Cooperadores en el «Boletín Salesiano» del mes de noviembre, con la publicación del encuentro de don Bosco con Bartolomé Garelli en la iglesia de San Francisco de Asís. Esta misma narración, insertada también en el «Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla» como homenaje a la obra de don Bosco, fue la noticia con la que se cerraron las referencias a los salesianos en el ario 1881.43

En los años siguientes, hasta 1888, las noticias sobre la obra de don Bosco en el Boletín hispalense son muy escasas. De ellas cabe destacar las crónicas de las novenas y fiestas de San Francisco de Sales, sobre todo la de 1884, que contó con la presencia del nuevo arzobispo de Sevilla, Fray Zeferino González y Díaz Tuñón," que demostró así su deferencia por los salesianos dignándose, incluso, presidir la conferencia de Cooperadores que tuvo lugar. Este acto, como afirma la Crónica, fue notable por dos circunstancias, una por ser la primera reunión de esta clase que se tenía en España, y la otra, por haberla presidido el arzobispo. El canónigo hispalense García Sarmiento, que acompañaba en esta ocasión al prelado, hizo en su nombre el panegírico de la Congregación salesiana, llamada según él «a cumplir en el mundo moderno la magnífica mi‑

4' BOAS 1.148 (1881) 390.



Ibid., p. 391.

" BOAS 1.168 (1881) 612-613.

44 El cardenal Lludi y Garriga falleció en 1882, habiendo sido nombrado, para sucederle, el obispo de Córdoba, Fray Zeferino González y Díaz-Tuñón.

Sión que cumplieron el clero secular y el clero regular en la sociedad del tiempo pasado ».45

En los años siguientes no aparece en el Boletín del Arzobispado de Sevilla noticia alguna sobre los salesianos ni sobre el colegio de Utrera, debido sin duda a la etapa de crisis y dificultades que pasó contemporáneamente a la fundación de Barcelona." Sólo en el Boletín eclesiástico de agosto de 1886 aparece la propaganda del recién creado colegio de internos, en la misma casa de Utrera. Se pedía en ella a los párrocos que informasen a los padres de familia que en el colegio salesiano encontrarían una educación esmerada y cristiana en la que, sin desatender las necesidades de la enseñanza científica y literaria, se daría preferente lugar a la religiosa.' Superada la crisis del establecimiento, los salesianos continuaron trabajando en favor de la juventud utrerana, aunque su incansable apostolado no ofreciera motivos lo suficientemente novedosos como para insertarlos en el Boletín del arzobispado.

Una noticia triste y universal llegó finalmente en febrero de 1888. El fallecimiento de don Bosco fue recogido en una sentida Nota necrológica en el «Boletín Hispalense».

«Ha fallecido en Turín, rodeado de sus hijos los Religiosos Salesianos, y llorado de millones de niños huérfanos y abandonados, el Rvdo. P. Don Bosco, llamado el san Vicente de Paul de Italia. Los prodigios que ha obrado este apóstol de los niños en los cincuenta años empleados en fundar el Instituto Salesiano y extenderlo por todo el mundo son tantos que no se pueden contar, como las casas establecidas, los hospicios y talleres abiertos, donde se da albergue a millones de niños que al par que reciben los cuidados corporales necesarios, se les da educación sólidamente cristiana y un oficio manual, que los haga obreros temerosos de Dios, observadores de su divina ley, laboriosos e inteligentes»."

La intuición de que había muerto un santo quedaba también recogida en la Necrología:

«El Padre Don Bosco ha muerto, pero su obra vivirá como obra de Dios, como viven las obras de los Santos. Los millones de niños asilados que hoy lloran al Padre más solicito y más cariñoso, los Sacerdotes, misioneros y cuantos conocen y siguen con amor el Instituto Salesiano, elevan hoy al Cielo sus oraciones en sufragio de su virtuoso Fundador, si es que sus grandes méritos no le han asegurado ya la mansión de los santos ».49

El análisis realizado del contenido del «Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla» en relación con las noticias salesianas, considero que deja fuera de

" BOAS 9 (1884) 330.

46 Cf. MARTÍN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera, nota 10. " BOAS 79 (1886) 119-120; 80 (1886) 151452.

48 BOAS 122 (1888) 143-144.

49 Ibid., p. 144.

dudas la falta de correspondencia entre la afirmación que contienen las Memorias biográficas sobre la publicación de una historia del Oratorio en la «Revista diocesana» de Sevilla y las noticias realmente publicadas en el mismo." No cabía para ello otra explicación que la existencia de un error de interpretación con relación al título de «Revista diocesana» como sinónimo de Boletín de la archidiócesis 51 Esta deducción orientó mi búsqueda hacia otra publicación que el propio Boletín diocesano me había revelado: «La Revista Católica» de Sevilla, que se me presentó como una nueva, interesante y desconocida fuente para mi investigación.

2.2.2. «La Revista Católica»

«La Revista Católica», fundada en diciembre de 1877, contaba como responsable de su edición al propio arzobispado de Sevilla, y llegó a presentarse como Semanario de Ciencias Eclesiásticas y Literatura Religiosa, dedicado a Su Santidad el Papa León XIII. Esta era la Revista diocesana por excelencia, como lo evidencian la dignidad de su presentación y la importancia de sus colaboradores.52 Organo oficioso de la archidiócesis, contribuía a la defensa y difusión de sus intereses y a la consecución de sus objetivos, uno de los cuales era reforzar los lazos de unión con la Santa Sede mediante la publicación de los documentos pontificios y decretos de las Congregaciones vaticanas, junto con las cartas pastorales y principales documentos del arzobispado hispalense.

Con relación a la información que sobre la Congregación salesiana proporcionaba «La Revista Católica» durante los años que interesan al presente estudio, he podido constatar que presentaba una clara tendencia de adhesión y simpatía hacia la misma, publicando numerosas noticias de diversa índole y .extensión, tomadas algunas del «Boletín Salesiano» que fueron apareciendo de acuerdo con los intereses de la diócesis y la cadencia de los acontecimientos.

El arzobispo de Sevilla, Lluch y Garriga, — afirman las Memorias biográficas — «se había convertido en gran propagandista de la fama de don Bosco a través de la Revista diocesana»." No cabe duda que, para mons. Lluch, esta labor de propaganda tenía un objetivo: preparar la diócesis para acoger a los hijos de don Bosco, a quienes con tanta insistencia había mandado llamar. Pero ¿cuándo y cómo empezó esta preparación? Trataré de responder analizando el ritmo seguido por la propia Revista.

5° Cf. MB XV, 321-322.

" Cf. MARTIN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera, p. 297.

" «La Revista Católica» fue continuación de la «Semana Católica», editada también con el mismo carácter, por el arzobispado hispalense, la cual había dejado de publicarse en el mes de junio anterior. La dirección de «La Revista Católica» fue confiada inicialmente a don Ventura Camacho Carbajo, pero en los años correspondientes a nuestro estudio, su dirección la tenía don Cayetano Fernández, dignidad de Chantre de la catedral de Sevilla, miembro de número de la Real Academia española, y Vice-director de la Academia hispalense de Santo Tomás de Aquino.

53 MB XV, 321.

Las noticias sobre la obra salesiana en «La Revista Católica» tuvieron un majestuoso prólogo con la publicación, en mayo de 1879, de la carta dirigida por León XII( a los salesianos de Argentina el año anterior, carta que había sido ya publicada en «L'Unitá Cattolica» de Turín. La Revista hispalense transcribía, junto con el texto pontificio, el comentario que el periódico «La América del Sur» de Buenos Aires hacía al respecto:

«La humildad de los Padres Salesianos residentes en esta capital, les ha hecho guardar silencio sobre la carta que les ha dirigido el Sumo Pontífice León XIII. [...] El celo que los Padres Salesianos despliegan en favor de todas las clases de nuestra sociedad, ya con el asiduo ejercicio del sagrado ministerio, ya con la cristiana instrucción de la juventud, tanto pudiente como menesterosa, les hace dignos de este honor del nuevo Papa».54

Ciertamente que con la anterior noticia la semilla de la propaganda estaba echada, y el interés y la fraterna acogida a la Congregación salesiana no tardarían en florecer en las cálidas tierras andaluzas.

Las reiteradas gestiones realizadas por el arzobispo Lluch para el establecimiento de los salesianos en su diócesis habían tenido como resultado las seguridades dadas por don Bosco tras el viaje de Cagliero a Sevilla, de que los salesianos estarían en Utrera para octubre de 1880. Urgía por tanto dar a conocer, de forma concreta, la obra salesiana al clero y fieles de la archidiócesis. Y a este fin fue dirigida la publicación, durante siete semanas — de junio a agosto de 1880 —, del opúsculo de L. Mendre, presbítero de Marsella, titulado Don Bosco, presbítero, fundador de la Congregación de los salesianos. Noticia de su obra, el Oratorio de San León en Marsella y de los oratorios salesianos fundados en Francia.55 Los artículos, que en su conjunto tienen una extensión aproximada de 25 páginas, aparecieron siempre en portada, siendo evidente el propósito de dar a conocer su contenido.

El primer artículo está precedido de una especie de prólogo o presentación, titulado Una obra grande de caridad, firmado por el traductor del opúsculo, el académico hispalense Cayetano Fernández, uno de los eclesiásticos sevillanos más ilustres de las últimas décadas del pasado siglo. Unido a los elogios que el citado eclesiástico dedicaba en su prólogo a la Congregación salesiana y a su misión específica, aparecía el anuncio de la próxima fundación en la archidiócesis:

«España ha abierto ya sus puertas a los Sacerdotes Salesianos y con ellos a la obra de Don Bosco, cien veces bendita con las bendiciones del Cielo.

Utrera es la ciudad afortunada que, merced a las inspiraciones de nuestro prelado

54 «La Revista Católica» 79 (1879) 310.

" Los artículos corresponden a los siguientes números de «La Revista Católica»: 135 (1880)

401-406; 136 (1880) 417-419; 137 (1880) 433-435; 138 (1880) 449-451; 139 (1880) 469-472; 140

(1880) 485-488; 141 (1880) 501-505.

celosísimo, verá la primera en su suelo la obra de Don Bosco; todo está dispuesto para la inmediata fundación» 56

También el objetivo de la publicación estaba expresado abiertamente:

«Siendo empero, todavía la santa obra no muy conocida de todos, se está precisamente en el caso de (como ahora se dice) formarle atmósfera, para que conociéndola se la ame, y amándola se le ayude, y ayudándola se ponga en práctica sin tardanza. Y es puntualmente lo que me propongo con la traducción y publicación de las siguientes páginas, escritas en francés con cierta amenidad y buenos datos, por L. Mendre, Presbítero de Marsella».57

Prescindiendo del análisis del contenido del opúsculo, que no interesa al objetivo del presente trabajo, y que no es más que una síntesis de los momentos y aspectos más relevantes de la obra realizada hasta entonces por don Bosco, desde el encuentro con Bartolomé Garelli en diciembre de 1841, hasta la expansión alcanzada por la Congregación en América y en Francia, cuyas casas se analizan con mayor detención, quiero sí destacar el epílogo que el mismo Cayetano Fernández puso a la obrita de L. Mendre al concluir su publicación un mes y medio después. El traductor, ante todo, ratifica su objetivo: «He terminado, a Dios gracias, mi tarea de dar a conocer por menudo en España a Don Bosco y su admirable instituto Los TALLERES CRISTIANOS, con la traducción del opúsculo de L. Mendre, presbítero de Marsella»;58 y a continuación exhorta a sus conciudadanos a emular el apoyo que americanos y franceses prestaban a la obra de Do'n Bosco, convencidos de la misión providencial que estaba llamada a desempeñar en favor de los jóvenes y de una sociedad en cambio:

«Mas ahora lo que urge por todo extremo entre nosotros es venir a la práctica, traducir en hechos las convicciones que hemos podido adquirir, viendo y observando lo que los italianos principalmente y luego los franceses y americanos han hecho y continúan haciendo con Don Bosco, sus Talleres y sus Salesianos [...]; nadie que tenga ojos puede dejar de ver que las masas no serían de la revolución si, como Don Bosco hace, se santificasen las almas y se protegiese y santificase el trabajo de las clases pobres».59

Con una retórica apelación a los poderosos, ricos, clases acomodadas y católicos todos, Cayetano Fernández terminaba su epílogo pidiendo apoyo económico para una obra y una Congregación que, desde la humildad de su origen y la dulzura de su método, contribuirían a la paz social:

«Aportad recursos, edificad, organizad TALLERES CATÓLICOS, abrid las puertas a

26 «La Revista Católica» 135 (1880) 402.

'7 C. FERNÁNDEZ, Una obra grande de caridad, en «La Revista Católica» 135 (1880) 402.

" C. FERNÁNDEZ, «La Revista Católica» 141 (1880) 503. s9 Ibid., p. 504.

los Sacerdotes Salesianos, que ellos harán de los hijos de los pobres los amigos que más necesitáis en este mundo y para la eternidad».60

El retraso de la fundación de Utrera, prevista para octubre de 1880, provocó, junto con la incertidumbre de la llegada, un silencio informativo que sólo se rompió con el anuncio del viaje inminente. De inmediato, «La Revista Católica», fiel a su objetivo, comenzó de nuevo a crear ambiente a la causa salesiana, publicando el encargo, hecho a don Bosco por el Pontífice, de continuar en Roma la erección de la nueva iglesia al Sagrado Corazón de Jesús, a la que se uniría un colegio salesíano. Tras esta preparación, se insertaba la noticia de la fundación salesiana de Utrera:

«Según noticias fidedignas, pronto la diócesis de Sevilla se verá favorecida por los salesianos discípulos de Don Bosco, llamados a dirigir en Utrera la obra de los Talleres cristianos» 61

La llegada de los religiosos y los comienzos de la fundación quedaron en silencio hasta que, transcurridos los primeros meses, el «Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla» publicó un cálido elogio de la actividad desarrollada por los salesianos con motivo de la fiesta del Carmen, que «Revista Católica» reprodujo íntegramente del Boletín.' También en enero de 1882 la Revista tomó del Boletín la síntesis de las actividades pastorales que el arzobispo Lluch había realizado el año anterior, entre las que se incluía el establecimiento de los salesianos en Utrera.63

A comienzos del año 1882, «La Revista Católica» dio a conocer el celo desplegado por los salesianos de Utrera, con motivo de la novena y fiesta de Navidad pasadas:

«Dios bendiga los esfuerzos de tan humildes Sacerdotes, que con incansable actividad procuran la salvación de las almas y en especial de la juventud sobre la cual estriba el porvenir de nuestra sociedad», para terminar exhortando a todos los católicos a hacerse cooperadores de tan benemérita obra:

«Desearíamos que todos los verdaderos católicos procurasen realizar los fines de esta Congregación religiosa, haciéndose sus Cooperadores, cuyo objeto fundamental es la propia santificación y el ejercicio de la caridad hacia el prójimo y particularmente hacia la juventud que a tantos peligros se halla expuesta en nuestros días».65

La invitación a cooperar en la obra salesiana fue un tema constante en «La



60 Ibid.

61 «La Revista Católica» 165 (1881) 63.

62 BOAS 1.148 (1881) 390-392; «La Revista Católica» 195 (1881) 539-540.

63 «La Revista Católica» 218 (1882) 70.

64 «La Revista Católica» 214 (1882) 11. Ibid.

Revista Católica», que publicó algún que otro artículo exponiendo, incluso, las industrias espirituales propuestas al católico Cooperador para su santificación personal;66 pero, sobre todo, se esforzó por dar a conocer cómo pontífices, prelados y otras dignidades eclesiásticas se honraban con el título de Cooperador:

«La Asociación de los Cooperadores fundóla el gran Pontífice Pío IX, quien la aprobó y enriqueció con muchas indulgencias. El Papa actual, León XLII, es el primero de los Cooperadores »,67

los cuales competían en generosidad y entusiasmo con la población y las autoridades civiles, en apoyar a los salesianos en su benemérita labor e incansable sacrificio, que ya reclamaban para si, en España, otras ciudades andaluzas.68

En función de la labor preestablecida, de apoyo y difusión de la obra salesiana y dentro de la corriente de simpatía que hacia la misma mostraba la propia dirección de la Revista, se insertan las noticias que aparecieron en los años siguientes, alusivas unas a las celebraciones litúrgicas de las fiestas de San Francisco de Sales y de la Virgen del Carmen, titular del colegio de Utrera, y otras a los frutos espirituales que dichas fiestas reportaban a pequeños y mayores.69 Las noticias relativas a la actividad docente del mismo colegio y su posterior desarrollo fueron publicándose al ritmo de sus éxitos o necesidades, y así en 1882 la Revista dio a conocer la creación de las escuelas nocturnas, para proporcionar enseñanza a quienes no podían asistir a las diurnas y deseaban que se estableciesen clases en horario compatible con sus ocupaciones: «a cuyo efecto, despreciando estos incansables operarios el doblado sacrificio que el nuevo trabajo les imponía, abrieron hace cerca de tres meses escuelas de noche para niños y adultos, en las que ingresó desde luego un número de jóvenes mayor aún que los que cómodamente permite el local de la casa que habitan, con grande satisfacción de aquellas almas generosas que ven correspondida su solicitud verdaderamente paternal por el mucho celo e interés con que esos nuevos discípulos acuden a oir sus enseñanzas ».7°

66 Industrias espirituales propuestas a los Cooperadores salesianos, en «La Revista Católica» 264 (1882) 803-804.

67 Objeto de la obra de Don Bosco, en «La Revista Católica» 398 (1885) 442.

68 UN COOPERADOR SALESIANO, Novena y función religiosa en honor de San Francisco de Sales en Utrera, en «La Revista Católica» 220 (1882) 103-104; UN COOPERADOR SALESIANO, Los padres salesianos en España, en «La Revista Católica» 250 (1882) 573-576.

69 Los artículos publicados en «La Revista Católica» sobre los cultos salesianos en Utrera son los siguientes: Solemne novena en honor de San Francisco de Sales en Utrera, 219 (1882) 87-88;

Novena y función religiosa en honor de San Francisco de Sales en Utrera, 220 (1882) 103-104; Noticias: Los padres salesianos establecidos en Utrera, 271 (1883) 79; Solemnes cultos celebrados en la vecina ciudad de Utrera por la Congregación salesiana, 324 (1884) 88-89; La fiesta del Carmen en Utrera, 452 (1886) 473-474; Solemnes cultos a San Francisco de Sales en la inmediata ciudad de Utrera, 480 (1887) 91.

70 Escuelas nocturnas de los padres salesianos en Utrera, en «La Revista Católica» 231 (1882)

La creación del colegio de internos en la misma casa de Utrera también fue dada a conocer en las páginas de «La Revista Católica», con la explicación de su objetivo:

«El fin es de proporcionar así a los niños de las familias que no pueden pagar una mensualidad crecida, como lo exigen la mayor parte de los colegios particulares, como a los de la clase más menesterosa, una instrucción y educación religiosa y científica».71

Dentro de la línea de difusión de la obra salesiana, que había adoptado «La Revista Católica», cabe citar la publicación de otro tipo de artículos que, sin duda, tenían su fuente de información en el «Boletín Salesiano» y mediante los cuales, aunque considerados en su conjunto no pueda afirmarse que constituyen una historia del Oratorio, sí es cierto que cualquier lector asiduo de la Revista podía llegar a tener un conocimiento suficiente de la misión salesiana, de la santidad de su Fundador y de la prodigiosa expansión de sus casas por Europa y América.72 Incluso la Memoria redactada por don Bosco sobre el estado de su Instituto, titulada La Congregación salesiana en 1882, fue también publicada íntegramente en «La Revista Católica», proporcionando con ello al lector andaluz y al español en general, dada la amplia área de difusión de la Revista, un conocimiento bastante completo de la Congregación, tanto de sus éxitos y expansión como de sus necesidades, contribuyendo de este modo al objetivo que don Bosco se había propuesto con su escrito, según lo expresan sus propias palabras:

«Prestadme, pues, generosamente el apoyo de vuestra caridad en todas esas obras de religión y de verdadera civilización, yo por mi parte os prometo en retorno las más dulces bendiciones del Señor».73

El respaldo que a la Congregación salesiana daban las noticias que publicaba «La Revista Católica» acerca de las deferencias y la confianza que León XIII tenía con don Bosco, permitía a la misma Revista apelar, por cuenta propia, a la cooperación espontánea de la población católica para el sostenimiento de las obras salesianas: «ayuden los católicos a este hombre providencial y a esta ilustre "personalidad" del siglo presente; cada buen ciudadano se gloríe de concurrir con él a dar a la sociedad hombres morigerados y probos».74
n Nuestra Señora del Carmen en Utrera (Sevilla). Colegio de Primera y Segunda Enseñanza, en «La Revista Católica» 465 (1886) 536-537.

72 Los artículos que publicó «La Revista Católica» de Sevilla sobre la obra salesiana fuera de España, además de la traducción del folleto de L. Mendre, fueron los siguientes: Carta de Su Santidad a los misioneros de la Congregación salesiana de Buenos Aires, 77 (1879) 310-311; Los padres salesianos, 250 (1882) 573-576; Los salesianos llamados al Pará, 251 (1882) 589-591; Los salesianos en América, 257 (1882) 695-696; Las oraciones de don Bosco, 297 (1883) 491-492; B.F.D. ivoraE, El padre don Bosco y su obra, por Albert du Boys, 369 (1884) 804-807; Objeto de la obra de don Bosco, 398 (1885) 441:442; Misiones de la Patagonia, 575 (1888) 783.

" SACERDOTE JUAN BOSCO, La Congregación salesiana en 1882. Memoria del P. Bosco, en «La Revista Católica» 283 (1883) 262-266.

La visita de don Bosco a Barcelona en 1886 fue recogida por «La Revista Católica» a través de la «Revista Popular» de aquella capital, de la que reprodujo las noticias relativas a la llegada y despedida, así como la carta de agradecimiento enviada a Barcelona desde Turín por don Viglietti en nombre de don Bosco."

Transcurridos dos años, «La Revista Católica» vestía de luto sus propias páginas publicando en portada la dolorosa noticia: Don Bosco ha muerto. La sentida nota necrológica — firmada por el mismo ilustre eclesiástico, Cayetano Fernández, que ocho años antes diera a conocer en España la obra salesiana, mediante la traducción y publicación del opúsculo de L. Mendre76 — se abría con una reflexión profunda, densa en elogios:

«Todos los días estamos viendo a la muerte haciendo sin oposición sus víctimas a millares; y, sin embargo, nada nos sorprende tanto como ver a esta implacable enemiga del humano linaje, arrebatar en un momento a uno de esos hombres que, o por sus virtudes o por sus talentos o por sus obras, han merecido que con razón se les denomine grandes. [...] Don Bosco había edificado las almas con el aroma de sus virtudes; había morigerado la juventud con la enseñanza católica, santificado el trabajo con la invención de los Talleres Cristianos, esparcido por todo el mundo la buena doctrina en excelentes libros con la pasmosa fecundidad de sus prensas salesianas, enviado a los cuatro vientos sus operarios evangélicos, los cuales han penetrado ya hasta en los paises más apartados e incultos, en la Patagonia! y, en fin, para que sus obras no fuesen pasajero meteoro de luz que se apagase con su existencia, logrado había asimismo infundir su espíritu, comunicar su celo, repetirse por decirlo así, en cada uno de sus hijos, fundando el ya célebre Instituto, que el inmortal Pío IX puso bajo el patronato y advocación del Santo de los obreros, San Francisco de Sales. Y no obstante todo eso — doloroso es repetirlo — el Sacerdote ilustre Don Juan Bosco ha muerto! ».77

A continuación, el editorialista confiesa abiertamente la línea seguida por la Revista en relación con la obra salesiana y su predilección por la misma, de la que se había convertido en promotor de su causa y pionero de su conocimiento y difusión en España:

74 León XIII y don Bosco. Promoviendo la fundación de una iglesia y de un hospicio en Roma, en «La Revista Católica» 345 (1884) 419-421.

" Sobre el viaje de don Bosco a Barcelona, «La Revista Católica» publicó los artículos siguientes: El padre dom Juan Bosco en Barcelona, 439 (1886) 268-269; Despedida de Dom Bosco, 443 (1886) 330; Carta de Dom Bosco después de su viaje a Barcelona, 446 (1886) 481.

76 C. FERNÁNDEZ, Una obra grande de caridad, en «La Revista Católica» 135 (1880) 401-406; 141 (1880) 501-505. Cf. nota 55.

77 C. FERNÁNDEZ, Don Bosco ha muerto, en «La Revista Católica» 533 (1888) 97.

«Nosotros que desde esta misma Revista fuimos hace pocos arios los primeros en dar a conocer en España a Don Bosco y su inspirada obra, y que desde entonces, hemos profesado admiración sin límites al primero y predilección muy especial a la segunda, no podemos ver hoy con ojos serenos, la incalculable pérdida que la Iglesia y la sociedad acaban de sufrir con la muerte de este Justo, ni dejar de ofrecerle, como lo hacemos, nuestro humilde, luctuoso homenaje, en estas lineas necrológicas».78

La intuición de que había fallecido un santo quedaba también patente en la Nota: «Es piadoso y noble creer que desde la altura de los Cielos, Don Bosco será ahora más que nunca, el amantísimo Padre de sus hijos»,79 aunque con ello no se pretendiera, como se advertía expresamente, anticiparse al juicio de la Iglesia.

La carta de don Rua comunicando a la Familia salesiana la dolorosa pérdida, en la que también brillaba un gran párrafo de esperanza — «Don Bosco dijo que su obra no se menoscabaría con su muerte, porque estaba confiada a la bondad de Dios, protegida por la poderosa intercesión de María Auxiliadora y sostenida por la generosa caridad de los Cooperadores y Cooperadoras, que continuarán siempre favoreciéndola»g° —, fue publicada también como un nuevo homenaje que la prestigiosa Revista ofrecía a don Bosco y a su obra, a la que, como creo ha quedado demostrado, dio a conocer en España y allanó el camino de su primera andadura, creándole una cálida atmósfera, que Andalucía supo transformar en adhesión y cariño imperecederos.

2.2.3. La prensa andaluza

La investigación realizada en los periódicos andaluces, y más concretamente en los de Sevilla, por ser ésta la única diócesis que contó con una casa salesiana al comienzo de los años ochenta del pasado siglo, ha resultado casi totalmente infructuosa.

La noticia de la fundación del colegio salesiano de Utrera no aparece en ninguno de los diarios que he podido consultar, así como tampoco aparece, años después, la visita de don Bosco a Barcelona. Sin duda, las circunstancias políticas de la nación, tendentes a la consolidación de un liberalismo cada vez más radical, que hacía temer a la Iglesia de España la reanudación de pasadas hostilidades, no permitían a los redactores de la prensa oficial o de opinión ofrecer noticias que ni por su carácter ni por su procedencia podían resultar gratas en la España de la Restauración. Unicamente el fallecimiento de una personalidad como la de don Bosco pudo romper el silencio informativo que caía sobre las noticias religiosas que no resultaban polémicas, siendo recogida por el diario político de Sevilla «El Español», que publicó escuetamente:

Ibid., p. 98.

" Ibid.

8° Carta del padre Miguel Rúa a los Salesianos, Hijas de María Auxiliadora, Cooperadores y

Cooperadoras Salesianos, en «La Revista Católica» 533 (1888) 107.

«Ha fallecido en Turín el conocido sacerdote Don Bosco al cual se deben las fundaciones de un sinnúmero de Colegios, dirigidos por los salesianos»."

Tras la brevedad de la noticia se podía intuir el conocimiento que la población tenía de los hijos de don Bosco, a los que no hacía falta presentar.

El carácter de periódico católico político, con que se definía el «Diario de Sevilla», le permitió una amplitud mayor en la Nota necrológica que dedicó, en primera página, a la noticia del fallecimiento de don Bosco:

«La muerte del ilustre fundador de la Congregación Salesiana ha cubierto de luto al mundo entero, que le conocía por sus obras y por sus fastos, y que manifiesta en estos momentos su dolor por medio de la prensa de todos los paises».82

A este concierto universal de dolor y de preludios de gloria se sumaba Sevilla, con parquedad informativa ciertamente, pero con explosión vital de amor y de simpatía hacia una obra que, en los aún cortos años de su existencia en el sur peninsular, había echado ya raíces profundas.

3. Difusión de la literatura salesiana en España

Sin pretender hacer en este apartado un estudio de los cauces de difusión, de las noticias impresas sobre la obra de don Bosco en España, desde la llegada de los primeros salesianos a Sevilla, sí deseo exponer en el mismo que, mientras no aparezcan nuevas fuentes para la investigación de este tema, cabe afirmar que fue a partir del conocimiento que de la Congregación salesiana se tuvo en Andalucía, con motivo de la fundación de la casa de Utrera y de la información que sobre don Bosco la precedió, cuando se difundieron por España las noticias salesianas, multiplicándose en periódicos y revistas por todo el área peninsular, como lo demuestran los testimonios que expongo a continuación.

Las Memorias biográficas son las que proporcionan la primera información en este sentido. Al referirse al desembarco en Gibraltar de los primeros salesianos destinados a Utrera, se afirma:

«Por la Península Ibérica se habían difundido las noticias de los salesianos. Los viajeros pudieron constatarlo muy pronto en Gibraltar. Perdido el barco que zarpaba todos los viernes con rumbo a Cádiz, se vieron obligados a esperar hasta el martes siguiente. [...] El Vicario Capitular y sus diez sacerdotes demostraron estar muy informados sobre Don Bosco y sus vicisitudes, de modo que aceptaron con agrado la invitación de inscribirse entre los Cooperadores salesianos».83

" «El Español», 2 febrero 1888, 2.

82 «Diario de Sevilla», 14 febrero 1888, 1.

83 MB XV, 321-322.

Esta información se completa con la enviada por Cagliero a don Rua en la carta que le escribió desde el mismo Gibraltar, con fecha 14 de enero de 1881:

«Mons. Narciso Pallarés es un viejecito simpático que hace ahora de Vicario Capitular. Apenas supo que éramos salesianos nos dio un fraternal abrazo. Por medio de La Revista Popular está informado acerca de Don Bosco y de las obras salesianas tanto como nosotros mismos» .84

La fuente de conocimiento sobre la Congregación de don Bosco, como ya se ha indicado anteriormente, partía del arzobispo de Sevilla mons. Lluch y Garriga de quien también se afirma en las Memorias biográficas:

«El arzobispo de Sevilla se había convertido en gran propagandista de la fama de Don Bosco, publicando en la Revista diocesana una historia del Oratorio documentada en el Boletín Salesiano».85

Pero la información sobre la obra salesiana que se publicaba en «La Revista Católica» de Sevilla, que era el título de la «Revista diocesana» a la que se alude en las Memorias biográficas, como también se ha demostrado en el apartado anterior, servía a su vez de fuente para otras publicaciones peninsulares. Un primer testimonio se encuentra en las propias Memorias al referirse a las publicaciones fomentadas por el arzobispo Lluch:

«A su vez, la Revista Popular de Barcelona y periódicos de Madrid y de otras provincias, reproducían los artículos de Sevilla, dando gran nombradía por toda España a las gestas del hombre de Dios».86

Esta información de las Memorias biográficas está ratificada también por otra carta de Cagliero a don Bosco, fechada en Sevilla en febrero de 1881, en la que escribía:

«Las cosas salesianas son aquí tan conocidas ya como en Italia y en Francia, porque el Sr. Arzobispo publica en la Revista diocesana de Sevilla la historia del Oratorio, la cual es reproducida por la Revista Popular de Barcelona y por otros periódicos de Madrid. Y así somos conocidos perfectamente por montes y mares de esta Península Ibérica»."

" Juan Cagliero a Miguel Rúa, Gibraltar 14 de enero de 1881, ASC 603 Missioni, 2, Pacco 40 (G.XV-40). Viaggio di D.G. Cagliero in Utrera (Espana) 1879-1881. El hecho que de esta carta se conserve sólo una copia sin fecha plantea la duda si Cagliero escribió «Revista Diocesana» o «Revista Católica» en lugar de «Revista Popular», dado que existe menor distancia de Gibraltar a Sevilla que a Barcelona, y mayor comunicación marítima y terrestre.

8' MB XV, 322.



Ibid.

87 Juan Cagliero a don Bosco, Sevilla, 23 de febrero de 1881. Cf. MARTIN GONZALEZ, Los salesianos de Utrera, p. 191.

Avalan los anteriores testimonios salesianos, los que proporciona la propia

«Revista Católica» de Sevilla, que se propuso, meses antes de la fundación de la casa de Utrera, crear un clima favorable de acogida a los nuevos religiosos, en el pueblo y clero de la diócesis:

«Siendo empero, todavía la santa obra no muy conocida de todos, se está precisamente en el caso de (como ahora se dice) formarle atmósfera».88

Posteriormente, el eclesiástico sevillano Cayetano Fernández escribía con ocasión de la muerte de don Bosco:

«Nosotros [...] desde esta misma Revista fuimos, hace pocos años, los primeros en dar a conocer en España a Don Bosco y su inspirada obra».89

El medio que escogió «La Revista Católica» para dar a conocer la obra salesiana fue la tradución y publicación del opúsculo de L. Mendre titulado Don Bosco presbítero, fundador de la Congregación de los salesianos, editado en Marsella en 1879."

El primer artículo, de los siete en los que se distribuyó la traducción de la citada obrita, apareció en el n° 135 de «La Revista Católica», de 27 de junio de 1880, terminándose su publicación en el n° 141, correspondiente al 8 de agosto del mismo año. En la reflexión con la que, a modo de epílogo, cierra la serie de artículos su traductor y editor, Cayetano Fernández, escribe:

«He terminado, a Dios gracias, mi tarea de dar a conocer por menudo en España a Don Bosco y su admirable Instituto Los Talleres Cristianos con la traducción del opusculito de L. Mendre, presbítero de Marsella. Y desde luego me felicito por la buena acogida de mi humilde trabajo, que he visto reproduCido y con recomendación en revistas y periódicos de la Península».91

Entre las revistas y periódicos de la Península a los .que se alude que reprodujeron el opúsculo de L. Mendre cabe destacar la «Revista Popular» de Barcelona que empezó a publicarlo literalmente, a partir del 4 de noviembre del mismo año 1880, con el título Don Bosco y los talleres cristianos, aunque sin consignar su fuente de información, y poniendo sólo las iniciales del traductor: C.F.

No cabe duda de que la reproducción que hizo la «Revista Popular» de Barcelona no fue la primera, porque como he indicado, el propio traductor Cayetano Fernández es quien aludía a la existencia de reproducciones en el n°141 de «La Revista Católica», correspondiente al 8 de agosto del 1880, y la «Revista Popular» no comenzó la publicación de la obrita hasta primeros de noviembre del mismo año. Es pues un aspecto por investigar aún, qué revistas o periódicos se anticiparon a la misma, lo que no afecta para nada a la tesis que trato de demostrar, ya que todas las reproducciones que se híceron, bebieron de la fuente sevillana.


C. FERNÁNDEZ, Una obra grande de caridad, en «La Revista Católica» 135 (1880) 402. 9° C. FERNÁNDEZ, Don Bosco ha muerto, en «La Revista Católica» 533 (1888) 98. 9° Cf. notas 55 y 57.

9° C. FERNÁNDEZ, Don Bosco presbítero, fundador de la Congregación de los salesianos. Noticia de su obra, del Oratorio de san León de Marsella, y de los Oratorios salesianos fundados en Francia, en «La Revista Católica» 141 (1880) 503.

La prestigiosa revista madrileña «La Cruz», dirigida por el publicista católico León Carbonero y So1,92 difundió también en sus páginas noticias salesianas, aunque con mucha menor profusión que las ya citadas. Como órgano oficioso de la jerarquía, dedicaba una especial atención a los intereses de la Santa Sede, por lo que no es extraño encontrar en ella un amplio artículo, publicado en 1881, sobre el encargo hecho por León XIII a don Bosco, de erigir en Roma un templo al Sagrado Corazón de Jesús.93 Otras noticias, sin embargo, tales como el establecimiento de los salesianos en Utrera o en Sarriá, son brevísimamente consignadas." En cambio, el viaje de Don Bosco a Barcelona en 1886 fue recogido por «La Cruz» con brevedad y respeto:

«El 8 de Abril llegó a Barcelona, siendo entusiastamente obsequiado, el venerable religioso Don Bosco, fundador de la Congregación de Padres salesianos, apóstol de los niños y cuya fama por sus virtudes es bien conocida en España, existiendo en Sarriá una fundación de su congregación»,95

aunque fue únicamente, para el período que estudiamos, la noticia del fallecí- liento de don Bosco la que mereció, por parte de la prestigiosa revista, una amplia nota en la que se hacía una apretada síntesis de la vida y obra del santo fundador, se reconocían sus virtudes y lamentaba su pérdida:

«El verdadero amigo de los pobres, el apóstol del siglo XIX, el fundador y caritativo Rdo. P. D. Juan Bosco acaba de morir»."

Con los datos hasta ahora aportados considero que se pueden completar las respuestas que R. Alberdi da a las preguntas que él mismo planteaba en su libro Una ciudad para un Santo:97 Antes de 1884, año de la fundación de los Talleres de Sarriá, « ¿quién supo entre nosotros del Fundador de la Congregación Salesiana? ¿quién asumió la tarea de hablarnos de él? >>.98

" Cf. nota 5.

" Templo al Sagrado Corazón de Jesús, con hospicio anexo, en el monte Esquilino en Roma, en «La Cruz» 3 (1881) 567-570.

9° Cf. «La Cruz» 2 (1880) 650; 2 (1884) 115.

9° Cf. «La Cruz» 1 (1886) 597.

" Don Bosco. Datos biográficos. Sus obras, su muerte y funerales, en «La Cruz» 1 (1888) 205-206.

" ALBERDI, Una ciudad para un Santo, p. 229. 98



Ibid. p. 70.

A los órganos de difusión que como respuesta a sus interrogantes R. Alberdi analiza en su libro, a saber, la «Revista Popular» de Barcelona y el folleto del entonces obispo de Milo Marcelo Spínola y Maestre, Don Bosco y su obra,99 creo que hay que añadir el «Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla», que desde la sencillez de la noticia cotidiana de la vida de la diócesis, recoge en sus páginas los primeros pasos de la Congregación salesiana en tierras andaluzas y, sobre todo, «La Revista Católica» de Sevilla, primera en dar a conocer en España la obra de don Bosco y su fama de santidad.

La respuesta que ofrezco podría ampliarse aún, si se añade a lo ya expuesto una fuente oral de excepcional importancia, me refiero a la primera comunidad salesiana de Utrera y más concretamente a su primer director, don Juan Branda,m que se había formado en contacto directo con el Fundador y vivido las extraordinarias experiencias del Oratorio de Turín. Esta fuente oral debió ser, sin duda, el principal medio de información que pudo tener don Marcelo Spínola para escribir su librito sobre Don Bosco y su obra. Es cierto que como Cooperador, Spínola recibiría desde los primeros momentos el «Boletín Salesiano», en el que don Bonetti comunicaba a sus lectores noticias sobre el Oratorio de Valdocco, pues es el propio don Marcelo quien alude en su obra a fuentes escritas: «No es posible leer sin conmoverse [escribe] las escenas de que era teatro el pequeño Asilo de Don Bosco el año 1848».101 Pero es también cierto que tanto «La Revista Católica» de Sevilla como el «Boletín Oficial del Arzobispado» proporcionan pruebas abundantes de la amistad y el afecto que el futuro cardenal hispalense profesaba a los salesianos, cuyo trato frecuentaba, y de cuyas conversaciones, que girarían constantemente en torno a don Bosco, su carisma e inquietudes apostólicas, no es aventurado deducir que Spínola recibiría la información que luego reflejó en su obra.

Entre las ocasiones del trato de don Marcelo Spínola con los salesianos, destaca su participación activa en las fiestas de San Francisco de Sales en el colegio de Utrera. Hasta su traslado en 1884 a la sede de Coria, era éste un hecho habitual, y así lo reflejan las crónicas diocesanas. Refiriéndose a la fiesta de 1882, la primera celebrada por los salesianos en tierras de España, escribe un Cooperador:

«Ha cooperado el Ilmo. Sr. Obispo de Milo, prestándose gustoso a honrar con su asistencia desde la víspera del día del Santo hasta la mañana del siguiente, estos cultos, tomando en el de la fiesta la principalísima parte de pontificar en ella, sin tener en cuenta las molestias que a su delicado estado había de proporcionar lo extraordinario de la hora, y no contento con esto, dando también una respetable limosna al mismo objeto».102

" M. SPINOLA Y MAESTRE, cf. nota 2.

" Don Juan Branda fue director de la casa de Utrera desde 1881 a 1883. Le sucedió don Ernesto Oberti durante los años de 1883 a 1889. Cf. MARTINI GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera, p. 187-197.

'I CARDENAL. SPINOLA, Don Bosco y su obra, 3' edición, Editorial María Auxiliadora, Sevilla 1947, p. 80.

102 UN COOPERADOR SALESIANO, Novena y función religiosa en honor de San Francisco de Sales en Utrera, en «La Revista Católica» 220 (1882) 103.

Queda asimismo constancia del deseo del obispo de convivir fraternalmente con los salesianos durante su estancia en Utrera, lo que sin duda posibilitaría el diálogo, desde los primeros encuentros:

«[...] el Sr. Obispo como el Sr. Magistral de Málaga no quisieron otro alojamiento que la modesta casa de los Padres salesianos, lo cual proporcionó a aquellos ilustrísimos señores reiteradas pruebas de consideración y afecto de este vecindario, siendo muchas las familias que a porfía proveyeron con caridad, cuanto los Padres salesianos necesitaban para atender y obsequiar dignamente a sus esclarecidos huéspedes».103

La fiesta de 1883 contó también con la presencia de don Marcelo Spínola:

«En la mañana del domingo 28, fue recibido en la estación de Utrera el Ilmo. Sr. Obispo de Milo por los Salesianos y el clero todo; su Ilustrísima asistió a los ejercicios de la tarde. El número de comuniones en la mañana del 29 fue muy considerable; a las once ofició de Pontifical el Ilmo. Sr. Obispo de Milo [...]; por la noche ocupó la Sagrada Cátedra el mismo Sr. Obispo. [...] El día 30 se celebró una Misa solemne de Requiera por el eterno descanso de los Cooperadores difuntos».104

Finalmente en la fiesta de 1884, a la que dio especial realce la presencia del nuevo arzobispo hispalense, Fray Zeferino González, la actuación de Spínola, como era habitual, ocupó un lugar destacado:

«Corona y remate de este memorable día fue la función nocturna. Rezado el santo Rosario y los actos del último día de la novena, subió al púlpito el Ilmo. Sr. don Marcelo Spínola, Obispo titular de Milo. [...] El pueblo de Utrera estuvo como extático por más de una hora, pendiente de los labios del orador».'°'

La óptima impresión que el arzobispo sacó de la fiesta, la refleja la Crónica:

«Creemos que los Padres salesianos estarán satisfechos pues nos consta que el Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo salió complacidísimo de Utrera, habiéndose afirmado y aún acrecentado en su alma, tan amante de todo lo bueno y todo lo grande, después de haber visto las Escuelas fundadas por los hijos de Don Bosco y asistido a la comida de los alumnos, la estima que ya tenía de la hermosa Institución del humilde sacerdote de Turín».'°6

La satisfacción del arzobispo se concretó en una sustanciosa aportación material, a la que unió la suya acostumbrada don Marcelo Spínola: «Su Excma. Rvdma. el Sr. Arzobispo dejó a la Congregación 200 pesetas para los gastos de las escuelas y el Ilmo. Sr. Obispo, su acostumbrada crecida limosna para los gastos del culto».



103 Ibid., p. 104.

" «La Revista Católica» 271 (1883) 79.



105 Solemnes cultos celebrados en la vecina ciudad de Utrera por la Congregación salesiana, en

«La Revista Católica» 324 (1884) 89; BOAS 9 (1884) 330. 1°6 Ibid.

De todo lo expuesto estimo que se puede concluir que la participación frecuente y activa en las fiestas salesianas, por parte de mons. Spínola así como su habitual limosna, que aparece constantemente en las citas, denotan por una parte el indudable aprecio que don Marcelo tuvo a los salesianos desde su establecimiento en la diócesis y, por otra, prueban indirectamente que el conocimiento profundo, al par que concreto y puntual, que de la obra salesiana y de su Fundador demostró tener en su libro iba más allá del que pudo recabar de las escasas publiCaciones hasta entonces existentes,108 o de las noticias que publicaba el «Boletín Salesiano» y que más bien fue fruto del diálogo, de la conversación cálida, de la información oral y directa de los hijos de don Bosco establecidos en Utrera.

4. A modo de conclusión

Los objetivos del presente trabajo, orientados en principio a estudiar los contenidos y las formas de la propaganda salesiana que realizaba mons. Lluch y Garriga, desde su archidiócesis hispalense a comienzos de los años ochenta del pasado siglo, según se hace constar en las Memorias biográficas, se han visto superados por los resultados del mismo, ya que la investigación ha conducido al conocimiento del Origen de la literatura salesiana en España, que se identifica con la de Andalucía.

Mons. Lluch, en su intento de crear un clima favorable al establecimiento de los salesianos en su diócesis, propició el conocimiento de la obra de don Bosco a través de los principales medios de difusión de que disponía, que eran el «Boletín Oficial del Arzobispado» y «La Revista Católica». Ambas publicaciones cumplieron su cometido, dentro de la peculiaridad de su respectivo carácter, más allá de los deseos del prelado y de los años de su existencia, almenos hasta el fallecimiento de don Bosco, límite cronológico del presente estudio.

El carácter específico de cada una de estas publicaciones hace que sea «La Revista Católica» la que contenga el material de mayor interés para este trabajo, ya que el «Boletín Oficial del Arzobispado», por el carácter informativo que le era peculiar, contiene sólo noticias de las actividades desarrolladas por los salesianos tras su establecimiento en la diócesis hispalense.

«La Revista Católica» por el contrario, autodefinida como Semanario de



107 Ibid.

" La bibliografía que sobre don Bosco se conocía en España hasta 1884, además del opúsculo de L. Mendre, eran el libro de Ch. D'ESPINEY, Dom Bosco, Nice 1881, y el de A. Du BOYS, El padre don Bosco y su obra, sobre el que publicó «La Revista Católica» una amplia recensión, firmada por B.F.D. IvontE, en 369 (1884) 804-807.



Ciencias Eclesiásticas y Literatura Religiosa, tenía capacidad suficiente para insertar en sus páginas las noticias del mundo salesiano, que ya en aquellos años era intercontinental. La simpatía y el interés por la obra de don Bosco fueron una constante de su línea informativa, consciente de la cooperación que con ello le aportaba, reputando como timbre de gloria, y así lo publicaba en un editorial, haber sido «los primeros en dar a conocer en España a Don Bosco y su inspirada obra».'°9

La identificación de «La Revista Católica» con «La Revista diocesana» de Sevilla, de que hablan las Memorias Biográficas, deshace el error de considerar dicha expresión — «Revista diocesana» — como sinónima de «Boletín Oficial del Arzobispado».

La difusión por España, a partir de las publicaciones de Se,. fila, del conocimiento de la obra de don Bosco, a través de prestigiosas revistas de Barcelona y Madrid, como la «Revista Popular» y «La Cruz» respectivamente, no dejan lugar a dudas de la prioridad que en este tema corresponde a Andalucía, como cuna también en la nación, de la propia obra salesiana.

Con relación a los cauces de información que se presentan, el «Boletín Salesiano » aparece como el de mayor importancia, ya que era el medio escogido por el mismo don Bosco para dar a conocer su obra, sus objetivos, sus necesidades, y para recabar por medio de él, las ayudas que necesitaba. El «Boletín Salesiano», como se demuestra, llegaba a los Cooperadores de España, cumpliendo de esta forma la finalidad de su publicación.

Los otros dos medios elencados: Prensa y Correspondencia, aunque aparecen como seguros y verificables, presentan un débil matiz informativo que sólo investigaciones posteriores podrán reforzar.

Por último, en el terreno de los cauces de información se incluyen las fuentes orales, que sí bien adolecen de una mayor carga de hipótesis que de verificación, no se las debe descartar, por lo evidente aunque no comprobable de los argumentos en que están basadas. El viaje de don Cagliero a Sevilla, y sus conversaciones con el arzobispo Lluch, así como las de éste con el director y la primera comunidad de Utrera, debieron proporcionar al prelado, sin duda alguna, una información tan amplia y cálida, como para hacer de él el «gran Propagandista de la fama de Don Bosco», como afirman las Memorias."°

También mons. Marcelo Spínola tuvo que beber, necesariamente, de la fuente oral que le proporcionaba su frecuente relación con los salesianos de Utrera, desde el establecimiento de la comunidad hasta 1884, año del traslado del obispo de Sevilla a Coria, y año también de la publicación de su folleto sobre Don Bosco y su obra, fruto del conocimiento que sobre el mismo había adquirido.

709 Cf. nota 89. 10 MB XV, 321.

Fuentes o cauces de información, órganos y medios de difusión, quedaron fuertemente enlazados en la tarea providente de conocer y difundir en España la obra de don Bosco como obra de Dios, en favor de la juventud y la niñez más pobre y necesitada. Cupo a Sevilla el protagonismo del conocimiento, de la acción y de la difusión. Desde ella partíeron a todo el ámbito peninsular las noticias salesianas y los hijos de don Bosco. Andalucía, siempre fecunda en el dar, se presenta en nuestro estudio con la riqueza de su fundación y de sus revistas, que parece ofrecer con premura a otras regiones y a otros hombres, que debían contribuir a cimentar y a difundir también la obra de don Bosco en todo el suelo español.
DON BOSCO, PEDAGOGO DE LA ALEGRÍA

Buenaventura DELGADO

Constataba Max Scheler que, en el espíritu moderno y sobre todo en el espíritu alemán del XIX, se había producido una «traición a la alegría», como consecuencia de un «falso heroísmo» o de una inhumana «idea del deber», propugnada por el pensamiento «burgués» y «prusiano».'

Scheler se refería a la alegría como fuente y necesario movimiento concomitante de la vida moral; para él la alegría no es un fin en sí mismo sino una necesaria consecuencia de la acción moral.

Si hojeamos cualquier historia de la educación, podremos comprobar fácilmente que la alegría ni ha acompañado ni ha brotado espontáneamente del quehacer pedagógico; antes, por el contrario, ha estado muy lejos y en abierta oposición al mismo.

No parece sino que la escuela haya sido ideada como lugar de dolor, puesto que sus paredes han sido mudos testigos de las incontables lágrimas y horas de angustia de sus infelices moradores. La escuela más antigua de la que tenemos noticia, la eduba sumeria, de hace cuatro milenios probablemente, basaba toda su pedagogía en el terror:

«El que está encargado de dibujar (dice): ¿Por qué cuando yo no estaba aquí te levantabas? Y me pegó. El que está encargado de la puerta (dice): ¿Por qué cuando yo no estaba te marchaste? Y me pegó. El que está encargado de ... (dice): ¿Por qué cuando yo no estaba cogiste el ... ? Y me pegó. El que está encargado de los Sumerios (dice): Tú hablas ... Y me pegó».2

Y me pegó ha sido el estribillo de una pedagogía triste e inhumana, que ha estado vigente durante milenios hasta época muy reciente. «La oreja del joven está en sus espaldas. No escucha más que a quien le golpea», decía un viejo pensamiento egipcio.

El Antiguo Testamento — tan influido de los libros sapienciales egipcios y sumerios — apoya una pedagogía tan poco gratificante como la de sus modelos:

M. SCRELER, Amor y conocimiento, Buenos Aires, Sur 1960, p. 103.

2 S.N. KRAMER, Schooldays: A sumeriam composition relating to the education of a scribe, en «Journal of the American Oriental Society» 69 (1949) 199-215.

«Odia a su hijo el que da paz a la vara; el que le ama se apresura a corregirle» (Prov 13,24).

«La necedad se esconde en el corazón del niño, la vara de la corrección la hace salir de él» (Prov 22,15).

«La vara y el castigo da la sabiduría» (Prov 29,15).

«¿Tienes hijos? Instrúyelos, doblega desde la juventud su cuello» (Si 7,25).

«¿Tienes hijas? Vela por su honra y no les muestres un rostro demasiado jovial» (Si 26,13).

«El que ama a su hijo tiene siempre dispuesto el azote para que al fin pueda complacerse en él» (Si 30,1).

Esta pedagogía del temor y del castigo penetró con fuerza en el cristianismo y ha estado vigente hasta nuestros días. ¿Qué otro sentido tiene el dicho de la sabiduría popular castellana de «quien bien te quiere te hará llorar»? ¿Cómo justificar, de acuerdo con nuestro punto de vista y sensibilidad modernos, que el amor ha de ser doloroso?

Es sabido que el cristianismo no se ha nutrido únicamente de los veneros culturales judíos, sino también de otras fuentes como el helenismo. Judaísmo y helenismo coinciden en su visión optimista del hombre y de la naturaleza, aunque generen pedagogías distintas. Para el judaísmo la naturaleza es buena, como creada por Dios. El origen del mal no está en la materia creada por Dios sino en el ser; no existe dualismo cuerpo y alma, sino «carne», es decir, hombre, como principio único. La filosofía y la cultura judías giran en torno al axioma de la pertenencia al pueblo escogido y segregado entre los demás pueblos, guiado y conducido personalmente por Dios y por sus enviados. El centro de gravedad del pueblo hebreo está en Díos, mientras que para el pueblo helénico está en el hombre, concebido como la medida de todas las cosas. Este antropocentrismo, que impregna toda la vida del hombre griego como ciudadano, pensador y religioso y que se manifiesta en todas las manifestaciones culturales como son la arquitectura, la escultura, la poesía, el teatro y la música, se resume en una palabra que es el calmen de las aspiraciones del hombre bien educado: la kalokagathia, la belleza corporal y espiritual.

Antes de Sócrates, los griegos se habían inclinado más hacia la belleza física. Platón descubrió que, para llegar a la armonía entre el cuerpo y el espíritu, había que supeditar la paideia a la paidia, es decir, la educación al gozo, por lo que era preciso aprender jugando, divirtiéndose, bromeando.

«Quien no haya pasado por la escuela del gozo en los movimientos rítmicos y en la armonía de las canciones corales, es un hombre inculto. El hombre cultivado es el que posee el sentido de las bellas danzas»?

Obsesionado por la trascendencia del juego, Platón desarrolló una pedagogía lúdica inimaginada hasta entonces y redescubierta recientemente por los movimientos contemporáneos de vanguardia.

W. JAEGER, Paideia. Los ideales de la cultura griega, México, F.C.E. 1957, p. 1035.

En su opinión el niño adquiría con el juego el sentido del orden, del ritmo y del equilibrio, con el que era posible adquirir en una edad temprana un ethos adecuado. Tan convencido estaba de su descubrimiento que en el libro VII de Las Leyes estableció la ley de que había que aprender deleitándose, dejando plena libertad a los niños, para que ejercitasen su inventiva mediante los juegos, entre los tres y seis años. Terminada esta etapa infantil, no por ello terminaba la actividad lúdica sino que el juego se convertía en agente educativo, de la mano de los educadores expertos.

Desgraciadamente para el niño, estas sorprendentes ideas fueron sepultadas por el polvo de la historia. Los historiadores de la educación occidental querríamos hallar un puer luden, algún lugar donde haya existido una pedagogía gozosa y alegre, unas escuelas acogedoras, unos maestros optimistas y entusiasmados con su profesión, unos pueblos orgullosos de su sistema educativo así como unos muchachos satisfechos de sus esfuerzos y del resultado de sus afanes escolares.

Querríamos ignorar que la pedagogía del temor y del látigo magistral han destrozado ingenios y han hecho aborrecer el estudio, antes de que los niños fuesen capaces de saber lo que era. En vano aconsejó Quintiliano evitar en los primeros años al magister aridus, non minus teneris adhuc plantis siccum et sine umore ullo solum,4 dado que la amargura del primer aprendizaje podría extenderse más allá de la edad de la ignorancia.5

La realidad ha sido que el mejor y único recurso del maestro ha sido el látigo. Manum ferulae subducere era una perífrasis con la que se designaba la actividad del estudio. El orbilianismo fustigado por Horacio, el magister anidas denostado por Quintiliano y el doctor amaras de Aurelio Prudencio6 han sido los tipos de maestros de todas o de la mayoría de las escuelas del occidente europeo con muy pocas excepciones como las de Clemente de Alejandría, Ramón Llnll, Vittorino da Feltre, Erasmo, Vives..., defensores en vano de una pedagogía humana y alegre, que apenas si pasó del umbral de la escuela. Si bene non scribis — se decía en la Edad media — scribam tua dorsa flagellis, tua dura rumpantur dorsa flagellis.

Los cambios introducidos por el humanismo renacentista no fueron capaces de cambiar la escuela. Erasmo describió la escuela de su tiempo como escuela de terror y del látigo; más que escuelas le parecían muladares y calabozos. Otro tanto escribieron Rabelais, Palmireno, Boldacio y muchos otros.

La Ratio studiorum de los jesuitas no prescindió de los medios coercitivos.

Previó un corrector encargado de la administración de los azotes conseguidos en el aprendizaje. La Salle por su parte recomendaba en su Guía la vara y la palmeta.

M.F. QUINTILIANI, Institvtionis oratoriae libri dvodecim, 2.4, 8-9, Oxonii, Oxford Classical Texts 1950.



Ibid., 1.20.

A. PRUDENCIO, Passio sancti Cassiani Forocorneliensis, en: Himnos a los mártires. Edición, estudio preliminar y notas por M.J. Bayo, Madrid, CSIC 1946, pp. 140-144. .

Lancaster, propagador del sistema que lleva su nombre, flagelaba a sus alumnos atados a la columna, o bien los colgaba en un cesto. Llevaba razón Comenio cuando escribió lo siguiente:

«Para educar a la juventud se ha seguido generalmente un método tan duro, que las escuelas han sido vulgarmente tenidas por terror de los muchachos y destrozo de los ingenios, y la mayor parte de los discípulos, tomando horror a las letras y a los libros, se ha apresurado a acudir a los talleres de los artesanos o a tomar otro cualquier género de vida».

A lo largo de los siglos el aprendizaje escolar ha sido atroz. En Inglaterra el castigo nacional ha sido el látigo, considerado con carácter aristocrático y no como algo infamante. En Alemania se ha usado tradicionalmente el schlague, la «varita de junco», cuyo empleo ha estado reglamentado en las escuelas con rigor germánico, precisando el lugar donde podía golpearse, el número de golpes y el ceremonial litúrgico de su aplicación, a puerta cerrada y en la ausencia de los alumnos, a diferencia de castigos semejantes impartidos en el mundo anglosajón.

Un estudioso de los castigos corporales escolares de nuestro siglo llegó a contabilizar 34 tipos de castigos distintos, muchos de los cuales ha sufrido la generación a la que pertenezco.

Esta triste pedagogía ha tenido, no obstante, sus paréntesis y sus momentos placenteros, como han sido las fiestas escolares, principalmente la del obispillo, el teatro escolar, las fiestas de toros típicamente hispanas y más modernamente las competiciones deportivas.

La fiesta del obispillo, episcopellus o episcopus puerorum fue popular, a partir del siglo XIII en Inglaterra, Francia y España. El seis de diciembre, día de San Nicolás, patrón de los estudiantes, se escogía un obispillo entre los escolares de las escuelas catedralicias y ejercía su mandato hasta el 28 de diciembre, día de los Inocentes, en que volvía a reestablecerse el imperio de Herodes.

Más importancia adquirió el teatro escolar, las farsas escolares y los juegos de escarnio medievales, representados en fiestas señaladas ante las autoridades, a pesar de que con frecuencia eran el blanco de las burlas de los improvisados comediantes.

Con el tiempo los responsables de los estudios descubrieron el potencial didáctico de estas fiestas escolares y decidieron orientarlas desde el punto de vista educativo. En Salamanca el profesor de gramática estuvo obligado a representar con sus alumnos dos comedias de Terencío o de Plauto, alrededor de la fiesta de San Juan.

El incremento del teatro en Salamanca a finales del XVI fue tan considerable, que algunos daustrales elevaron su voz de alarma, llegando a prohibir que, en cualquier época del año, ni cómicos ni faranduleros representasen comedias ni tragedias, puesto que eran «grandísima ocasión de perturbar e alterar los estudios de los mancebos de esta Universidad e los echan a perder e inquietar e no studiar».7

De poco sirvió esta prohibición, puesto que la afición al teatro, tanto en Salamanca como en otras ciudades universitarias, siguió con extraordinaria fuerza. Las comedias se representaban en un corral público, en los colegios universitarios, en las casas de pupilajes y en las casas particulares. Los actores eran los estudiantes y compañías profesionales.

Los jesuitas comprendieron la virtualidad del teatro y lo incorporaron a su sistema educativo. Multiplicaron el número de representaciones, desarrollaron un mayor fasto y complicaron los recursos escénicos, hasta llegar a un exagerado barroquismo. No hubo género dramático que los jesuitas dejaran de cultivar: obras clásicas, alegóricas, teológicas, bíblicas y populares, con fines educativos y a la vez de propaganda fueron representadas en los colegios de jesuitas de España, Italia, Francia, Países Bajos y América ante la presencia de las autoridades locales.' Los escolapios prosiguieron la tradición jesuítica sin renunciar al teatro. San Juan Bosco no tuvo que empezar de cero, sino aprovechar los recursos y experiencias acumulados durante siglos en la tradición pedagógica católica, adaptándolos a las necesidades de cada momento. Pudo escoger entre una pedagogía autoritaria de fuerza, que era la que en su tiempo estaba mayoritariamente en vigor, y una pedagogía de la dulzura y de la alegría, que para muchos equivalía a un fracaso.

En la Historia de la Educación, don Bosco sobresale por su talante jovial, alegre y optimista, entendiendo por «talante» el hábito emocional de carácter entitatívo, el modo personal que determina o condiciona el modo de enfrentarse a la realidad, como piensa J.L. Aranguren. Bien es cierto que don Bosco no procede de un análisis previo, que le lleve a elaborar conscientemente un método, sino que va improvisando según Dios le da a entender en cada circunstancia, según él mismo confiesa.'

Este talante jovial y alegre aparece en la vida de don Bosco de modo permanente. En el seminario de Chieri funda con un grupo de amigos la «Sociedad de la Alegría», cuya obligación primordial era «suscitar conversaciones y pasatiempos que pudieran contribuir a estar alegres», prohibiendo «todo lo que ocasionara tristeza».

Libros de Claustros de la Universidad de Salamanca 57, 32 v.-33. Cf. L.E. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, La Universidad Salmantina del Barroco período 1598-1625, Salamanca, Publicaciones de la

Universidad de Salamanca,111, 1986, p. 426.

Cf. N. GRIFFIN, Jesuit school drama. A checklist of critical literature, London/Valencia,

Grand-Culter Ltd., 1976; F. SEGURA, El teatro en los colegios de los jesuitas, en «Miscelánea Comillensis» 43 (1985) 299-327; J.M. VALENTIN, Le Théatre des jesuites dans les pays de Langue Allemande (1554-1680), Frankfurt, 1978, 3 vols. y Répertoire bibliographique (1555-1773), Stutgart,1982, 2 vols.

9 «ll mio metodo si vuole che io esponga: ma se nemmeno io lo so! Sono sempre andato

avanti come il Signore mi ispirava e le circostanze esigevano» (cit. por P. BRAMO, Il sistema preventivo di Don Bosco, Zürich, PAS-Verlag 1964, p. 25).



'° Obras fundamentales de San Juan Bosco. Edición de J. Canals Pujol y A. Martínez Azcona,

Es significativo que sus oratorios fuesen festivos y que en ellos su creador asumiese el papel de animador sociocultural, tan de moda en la novísima pedagogía social. «Tengo la impresión de encontrarme en un paraíso terrenal escribió Domenico Ruffino — porque todos están alegres, con una alegría verdaderamente de cielo, y sobre todo cuando don Bosco se encuentra en medio de nosotros »."

La alegría es el secreto de la pedagogía de don Bosco. Comprendió a la perfección que, si existe alegría en el quehacer pedagógico, no es preciso imponer la disciplina, porque brota espontáneamente y es aceptada de buen grado, no como algo que viene del más fuerte, sino como una necesidad del trabajo pedagógico. Esta alegría que es preciso buscar y practicar es aconsejada por don Bosco como fórmula de vida:

«Si quieres hacerte bueno practica sólo tres cosas, y todo irá bien.



  • ¿Y cuáles son esas cosas?

  • Helas aquí: alegría, estudio, piedad. Este es el gran programa, y si lo pones en práctica, podrás vivir feliz y hacer mucho bien a tu alma».12

Alegría, estudio y piedad vienen a ser el carácter distintivo de la pedagogía bosquiana. El estudio y la piedad son consustanciales con la historia de la educación cristiana de todos los tiempos; durante el Renacimiento se insistió con especial énfasis en la pietas litterata como el programa pedagógico de la época, pero no se prestó atención a la alegría, lógica consecuencia de una piedad estudiosa o de un estudio piadoso. Tampoco era costumbre en algunas familias tratar con dulzura a los hijos, por considerarlo como negativo para la educación. Es preciso recordar el comentario de Vives respecto a su madre, de la que dice que casi nunca le sonrió ni le demostró indulgencia ninguna, a pesar de que quería a su hijo con la mayor ternura." Don Bosco posee la originalidad de presentar la alegría como el máximo exponente y como el fruto más sazonado de una vida de piedad y de estudio. A su discípulo Domingo Savio le aconseja como algo primordial «una constante y moderada alegría»," como santa Teresa pedía a sus monjas. 15 Alaba reiteradamente la constante jovialidad «hiciese bueno o mal tiempo»,'6 incluso a las puertas de la muerte.

Madrid, B.A.C. 1978, p. 368-369.



" Carta a un amigo (1857), en: Ibid., p. 156.

Obras fundamentales, p. 302. Algo semejante escribió en la biografía de Miguel Magone: «El pulso indicaba que estaba a las puertas de la muerte y, sin embargo, su aire sereno, su jovialidad y el perfecto estado de su razón eran de una persona en completa salud» (Ibid., p. 261).

13 L. VivEs, Formación de la mujer cristiana, Lib. II, cap. XL en: Obras completas, vol. I. Traducción de L. Riber, Madrid, Aguilar 1947, p. 1144.

" Obras fundamentales, p. 508.

" El aviso 24 dice lo siguiente: «Cuando estuvieres alegre, no sea con risas demasiadas, sino con alegría humilde, modesta, afable y edificativa». En la carta 267 enviada a las carmelitas descalzas de Sevilla les dice: «Procuren estar alegres y considerar que — bien mirado — todo es poco lo que se padece por tan buen Dios».

San Pablo había aconsejado insistentemente a los cristianos de Filipo que estuviesen siempre alegres en el Señor: Gaudete in Domino semper; iterum dico: gaudete; y don Bosco utiliza la fórmula davidiana de Servite Domino in laetitia, aconsejándola a los jóvenes y a las religiosas. No es cierto que los jóvenes hayan de llevar una «vida melancólica y privada de toda diversión y placer» — escribió en El joven cristianos' — ni que las monjas hayan de vivir en su retiro compungidas y sumidas en la tristeza. No sólo les aconseja que se mantengan «alegres, sanas y santas»,1° sino que les obliga estatutariamente a estar siempre alegres y de buen humor: «Las TIMA estarán siempre alegres con las hermanas, reirán, bromearán, etc. ».19

La justificación de la alegría no se apoya para un cristiano en razones de índole filosófica, que pueden empujar más bien hacia la desesperación y pesimismo, sino en razones de tipo religioso. Sólo la fe justifica el optimismo, porque sólo ella garantiza la vida más allá de la vida biológica. San Juan Bosco escribió que únicamente «la práctica constante de la religión puede hacernos felices en el tiempo y en la etemidad»,20 afirmación que todo cristiano acepta, porque la fe proporciona la seguridad que al hombre le falta, al saberse y sentirse en precariedad óntica. El cor irrequietum del hombre únicamente recupera la paz y con ella la alegría al saberse hijo de Dios. Sólo de esta creencia dimana, como de río desbordado, la alegría; sin ella el hombre se ve empujado inexorablemente al hedonismo, al agnosticismo, a la angustia y en algunos casos al suicidio.

Don Bosco estuvo obsesionado por que en sus oratorios, en sus centros educativos y en sus comunidades reinase la alegría y se manifestase externamente como el mejor reclamo pedagógico para los observadores. Sí hay alegría, si los muchachos se divierten y están alegres, hay garantía de que todo marcha bien y de que el espíritu del maligno está lejos:

«Si dia ampia facoltá di saltare, correre, schiamazzare a piacimento. La girmastica, la musica, la dedamazione, íl teatrino, le passeggiate sono mezzi efficacissimi per ottenere la disciplina, giovare alla moralitá ed alla santa»?'

«La gioia — añade por su parte Pietro Braido — é per Don Bosco forma di vita, ch'egli deriva da un'istintiva valutazione psicologica del giovane e dallo spirito di famiglia. Don Bosco, in un tempo generalmente austero par l'educazione familiare, comprende che il ragazzo é ragazzo e permette e vuole che lo sia; sa che la sua esigenza piú profonda é la gioia, la liberta, il gioco, la " Societá dell'allegria"».22

" Obras fundamentales, p. 508.

" Plática del 23 de agosto de 1885, en: Ibid., p. 699.

19 Art. 114 de las Reglas o Constituciones del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.

20 Obras fundamentales, p. 339.

21 Bosco, Scritti pedagogici, p. 168.

22 P. BRAMO, Esperienze di pedagogía cristiana nella storia, vol. II: Sec. XVII-XIX, Roma, LAS

1981, p. 370.

Con el transcurso de los años los oratorios festivos, al parecer, acabaron perdiendo la frescura y espontaneidad de sus primeros tiempos, afectando inevitablemente a la alegría. Así lo vio su fundador al final de su vida. Una noche, al rezar las oraciones que de niño le había enseñado su madre, recuerda el espíritu de los primeros oratorios festivos y los compara con los de entonces, disciplinados, pero poco espontáneos:

«Mi pareva di essere nell'antico Oratorio nell'ora della ricreazione. Era una scena tutta vita, tutta moto, tutta allegria. Chi correva, chi saltava, chi faceva saltare. Qui si giuocava alla rana, lá a tiara rotta, ed al pallone. In un luogo era radunato un crocchio di giovani che pendeva del labbro di un prete il quale narrava una storiella. In un altro luogo un chierico che in mezzo ad altri giovanetti giuocava all'asino yola e al mestieri. Si cantava, si rideva da tutte parti e dovunque chierici e preti, e intorno ad essi giovani che schiamazzano allegramente. Si vedeva che fra giovani e Superiori regnava la piú grande cordialitá».23

Don Bosco pedía a los educadores que no sólo fuesen maestros de cátedra o predicadores de púlpito, sino amigos de los muchachos, compañeros de sus juegos, capaces de ganarse su amistad y confianza: «Aflora regnera nell'Oratorio la pace e l'allegrezza antica».24

Estoy convencido de que este mensaje de don Bosco conserva hoy día toda su frescura. Los pedagogos y educadores de nuestro tiempo se afanan intentando conseguir la eficacia de sus actuaciones planificando al milímetro, desmenuzando el currículum, inventando nuevos sistemas cibernéticos y esforzándose por aplicar a la educación las más novedosas tecnologías. Todo ello es laudable y aconsejable; no se pueden cerrar los ojos al mundo que nos rodea ni tiene sentido practicar una pedagogía obsoleta y anacrónica. Es comiM el deseo de hallar métodos infalibles, que hagan aprender a los inapetentes muchachos; que reduzcan al mínimo, o lo hagan desaparecer, el alarmante y creciente fracaso escolar y que justifiquen ante la sociedad la inversión cada vez mayor de los presupuestos del Estado en un sistema educativo que hace aguas por todas partes.

Sin embargo a toda la moderna barahúnda pedagógica le falta algo esencial que don Bosco practicó y predicó: la alegría, la simpatía, el amor al educando. Comprendió muy bien que una pedagogía triste es una triste pedagogía.

Desde nuestro punto de vista actual cabe preguntarse a qué se debe que la alegría esté tan alejada de los centros educativos y por qué no ha sido capaz de arrasar prejuicios, rutinas, prácticas y métodos que impiden la comunicación cálida y humana entre el educando y el educador. ¿Por qué los centros llamados educativos siguen ocupados mayoritariamente por maestros áridos, malhumorados y descontentos con su profesión?



23 Bosco, Scritti pedagogici, p. 286.

24 Bosco, Scritti pedagogici, p. 297.

Es indudable que son múltiples y variadas las causas que provocan la frialdad educativa. Es cierto también que el viejo proverbio de «la letra con sangre entra» no tiene hoy más valor que el de una frase incluida en una colección de expresiones en desuso. Es cierto que ha desaparecido la coacción física, pero sigue en pleno vigor otro tipo de coacción más sutil quizás, que se manifiesta en la sobrecarga de los deberes escolares, en el sistema de las evaluaciones, en las relaciones nada cordiales y en la función docente ejercida sin entusiasmo y sin alegría. Las escuelas modernas no son ya muladares ni calabozos, pero tampoco son centros en los que la alegría tenga su sede.

Un siglo después de don Bosco los educadores seguimos sin resolver satisfactoriamente el reto de ofrecer una pedagogía amable, atractiva y gozosa de la que brote espontáneamente una alegría profunda y duradera.

UN MODELO HUMANISTA DE EDUCACIÓN CRISTIANA

Andrés SOPEÑA

Este estudio es una reflexión sobre la Carta de Roma, del 10 de mayo de 1884, enviada por don Bosco a Turín. Sigo el texto de la edición española recogida en las Constituciones y Reglamentos de los Salesianos de Don Bosco (1985).

Parto del supuesto de que, en la Carta, se recoge lo esencial de la concepción educativa de don Bosco. Hablo de modelo, y lo considero como síntesis lógica y dinámica de la realidad viva reflejada en la Carta. Su lectura me ha sugerido un Modelo de organización educativa estructurado en tres niveles, con una distribución de nueve elementos, o fases programáticas del proyecto educativo.'






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