En la historia


El establecimiento de los salesianos en España: El arzobispo Lluch y Ga. tila y la fundación de la casa de Utrera



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1. El establecimiento de los salesianos en España: El arzobispo Lluch y Ga. tila y la fundación de la casa de Utrera

La archidiócesis de Sevilla durante la segunda mitad del siglo XIX se honró con prelados de gran talla, entre los que cabe destacar durante los años de 1877 a 1882, de acuerdo con los objetivos de nuestro estudio, a mons. Joa­quín Lluch y Garriga, a cuyo intenso celo pastoral debe la Congregación sale­siana su carta de naturaleza en suelo español.4

La Sevilla eclesiástica de la Restauración, sin embargo, adolecía aún de la carga de conservadurismo que la edad y la formación de los prelados que ha­bían ocupado su sede le habían imprimido, habiéndose convertido de algún modo, ya desde la segunda mitad del siglo, en bastión del tradicionalismo, cuya defensa mantuvieron incansablemente, entre otros, el canónigo sevillano Francisco Mateos Gago y el catedrático y publicista católico, León Carbonero - y Sol, fundador y director de la revista confesional «La Cruz», órgano oficioso de la jerarquía y de una iglesia española que intensificaba su proceso de roma­nización y que encontró en Sevilla el lugar idóneo para su nacimiento y despe­gue.5

Los aires de bonanza en las relaciones Iglesia-Estado que corrieron en los primeros años de la Restauración borbónica,6 permitieron a mons. Lluch cuando ocupó la sede híspalense desarrollar una eficaz labor de acogida y pro­tección de las órdenes y congregaciones religiosas que, o bien surgían como

4 Mons. Joaquín Lluch y Garriga nació en Manresa (Barcelona), el 22 de febrero de 1816 y falleció en Umbrete (Sevilla), el 23 septiembre de 1882. Ingresó en la Orden carmelitana, en el convento de Barcelona, en 1830. Exiliado poco después de España, a causa de la política religiosa de los gobiernos de la Regencia de María Cristina, pasó al convento de Lucca (Italia), donde estu­dió Teología y desempeñó diversos cargos dentro de la Orden. Reanudadas las relaciones diplo­máticas entre España y el Vaticano, regresó a Barcelona, donde permaneció realizando una im­portante labor pastoral hasta que fue preconizado para Canarias en 1858. Trasladado diez años después al obispado de Salamanca y nombrado en 1874 obispo de Barcelona, fue promovido al arzobispado de Sevilla en 1877, donde falleció tras ser nombrado cardenal, en 1882. Cf. J.M. GA­RULA, Biografía del excmo. e Ilmo Sr. D. Fr. Joaquín Lluch, Madrid 1880; G. WESSELS, Specimen Supplementi, Roma 1927; M.F. NÚÑEZ MUÑOZ, La Iglesia y la Restauración (1875-1881), Santa Cruz de Tenerife 1976, p. 95, nota 64.

5 M. CARBONERO Y SOL, Don León Carbonero y Sol, director de La Cruz, reseña biográfica: «La Cruz» 1 (1902) 276-345; J.M. TEJEDOR, Carbonero y Sol, León, en: Diccionario de historia eclesiástica de España, 1, Madrid, CSIC 1975, p. 344-346.

6 Cf. M.F. NÚÑEZ MUÑOZ, La Iglesia y la Restauración, p. 361.

respuestas de la Iglesia a las nuevas demandas o necesidades de los tiempos y an

de la sociedad, o bien trataban de regresar a Epaña, as en la amplia
interpretación que, al respecto, se empezó a darla la legalidad concordada.' En este sentido, se consignaba en el «Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla», con motivo de la apertura de un convento de carmelitas en Jerez de la Frontera: «Fija la idea de nuestro venerable Prelado en la erección de estos centros de santidad y de saber, procuró por todos los medios posibles, apenas tomó posesión de la Silla híspalense, ver realizados sus trascendentales pensamientos».8

En consonancia con esta actitud de acogida y de entrega pastoral, tan pronto como mons. Lluch tomó posesión de su diócesis, empezó la visita de la misma, como lo refleja el «Boletín Oficial del Arzobispado», a fin de conocer y poner remedio a las necesidades eclesiásticas y religiosas más urgentes. La ciudad de Utrera, sede posteriormente del primer colegio salesiano de España, recibía la Visita pastoral del prelado del 13 al 23 de enero de 1879,9 conociendo durante la misma la deteriorada situación socio-política y religiosa del pueblo, por lo que trató seguidamente, en lo que estaba de su parte, de ponerle remedio mediante fundaciones religioso-docentes, que atendieran a la educación de los niños y jóvenes más pobres y necesitados. A este fin se orientaron el establecimiento en Utrera de las Hermanitas de la Cruz y las gestiones realizadas por el marqués de Casa-Ulloa con los misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, para que también éstos fundaran un colegio en dicha ciudad.'°

Las dificultades, sin duda provindenciales, encontradas por el prócer utrerano para cumplir su objetivo, permitieron al arzobispo Lluch orientar la elección del marqués de Ulloa hacia la Congregación fundada por don Bosco 879, , in-al que el propio prelado se dirigió con fecha 7 de junio vitándolo a enviar salesianos a Utrera, de acuero con las condiciones que ofrecía el citado marqués en unas propuestas queda djuntaba."'

Aunque no ha quedado constancia documental de la solución del Consejo general salesiano sobre la consulta que don Bosco le hizo al respecto, así como tampoco de la respuesta delegada de don Cagliero al arzobispo Lluch, es evidente que hubo cierta diligencia por parte de don Bosco en esta primera actuación, ya que apenas transcurrió un mes entre la petice ro ió el dn formulada por el prelado a don Bosco y la carta que Lluch dirigió a Ca tia 3 e julio, agradeciéndole las esperanzas que se le habían dado de atender sus deseos, y el anuncio de la visita que el mismo don Cagliero prometía realizar a Sevilla en el siguiente mes de octubre.

7 Ibid.

8 «Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla» 1.083 (1880) 241. En adelante, lo citare: BOAS. La primera cifra se refiere al número correspondiente.

9 BOAS 1.018 (1879) 41-43.

10 M. MARTÍN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera en España. Una Institución al servicio del Pueblo, Sevilla 1981, p. 55-62.

11 Sobre la carta de mons. Lluch y las p ro es'c'ores presentadas al prelado hispalense por el marqués de Casa-Ulloa, cf. MARTÍN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera, p. 63-66.
El arzobispo expresaba también su alegría al pensar que su amada diócesis sería, en breve, «la primera en España en poseer a los salesianos».L2

La visita de don Juan Cagliero, acompañado del coadjutor Rossi se efectuó en enero de 1880, no sin antes haber puesto a prueba la paciencia y el interés de mons. Lluch, que reiteró a don Bosco la petición del establecimiento de los salesianos en su diócesis, por cuantos medios directos e indirectos estuvieron a su alcance, con tal de conseguir su objetivo.D

Cerradas el 30 de enero las negociaciones de la primera fundación salesiana de España, esta fecha debió significar para el prelado hispalense, «el gran padre de los salesianos» como lo denominaba Cagliero," la consecución de una meta muy deseada, que sólo quedaría consolidada cuando, establecidos en Utrera, los hijos de don Bosco pusiesen en práctica, en bien de los jóvenes más pobres y necesitados, el sistema pedagógico del Fundador.

Don- Bosco ratificó lo pactado en Sevilla por don Cagliero, mediante una carta dirigida al arzobispo Lluch y otra al marqués de Casa-Ulloa, fechadas ambas el 26 de febrero siguiente, en las que prometía enviar a sus hijos a Utrera para octubre del mismo ario 1880.15 La preparación de una expedición misionera para América del Sur, de la que tuvo que ocuparse Cagliero, retrasó unos meses la fecha prometida para la llegada de los salesianos a Sevilla, ya que debieron partir por mar, juntamente con los misioneros, en enero de 1881, desembarcando en Gibraltar la noche del 11 de febrero los seis religiosos que debían quedarse en España, a los que acompañó hasta su instalación el propio don Cagliero.

Las dificultades para la entrada en la colonia inglesa, así como el conocimiento que allí se tenía de la obra salesiana, y la hospitalidad dispensada por el vicario capitular de Gibraltar, mons. Narciso Pallarés, hasta que pudieron embarcar de nuevo para Cádiz tres días después, están recogidas tanto en las Memorias biográficas como en la carta que Cagliero dirigió a don Rua con los pormenores del viaje.

12 ASC 38 Utrera. Atti per la fondazione. Lettera dell'arcivescovo di Siviglia a don Cagliero del 3-VII-1879, citada por MARTÍN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera, p. 66-67, cf. nota 10.

13 Mons. Lluch, cuando vio que estaba para terminar el mes de octubre sin recibir noticias de la anunciada visita de don Cagliero, se dirigió de nuevo a don Bosco con fecha 24 del mismo mes

de octubre, solicitándole una explicación del silencio y la demora. Es posible que, simultáneamente, escribiese a Lucca, a la marquesa de Citadella, a fin de que rogara a don Bosco, cuya estancia en Lucca conocía por la prensa, que tuviera en cuenta la petición que le había hecho, de que los salesianos se estableciesen en su archidiócesis. Cf. MARTÍN GONZALEZ, Los salesianos de Utrera, p. 68-69.

14 Cf. MARTÍN GONZALEZ, Los salesianos de Utrera, p. 97.

IS Ibid., p. 101-102. La respuesta de Lluch a don Bosco, de 10 marzo de 1880, agradeciendo su carta y su promesa, se conserva en: ASC 126 Lluch: Lettera dell'arcivescovo di Siviglia, mons. Lluch y Garriga, a don Bosco, del10-.1111-1880.
' Finalmente, la tarde del 16 de febrero de 1881, Utrera recibía con inmenso júbilo a los primeros salesianos que se instalaban en España, ofreciéndose de este modo la tierra andaluza como campo abonado para que fructificara la obra de don Bosco, y se convirtiera en la espléndida realidad, que es hoy, la consigna que el Santo les diera de forma profética al despedirlos en Marsella: Propagad la devoción a María Auxiliadora»

2. Orígenes de la literatura salesiana en Andalucía

El establecimiento de los salesianos en la archidiócesis hispalense no podía reducirse únicamente a unas negociaciones concertadas entre el arzobispo Lluch y un noble católico sevillano por una parte, y don Bosco .y su delegado don Cagliero por la otra, sin que la archidiócesis y el pueblo concreto de Utrera, para el que se reclamaba la presencia de los salesianos, tuvieran una información adecuada y suficiente sobre la Congregación a la que pertenecían los religiosos, su carisma e, incluso, sobre la fama de santidad que aun en vida rodeaba a su Fundador.

Consciente mons. Lluch de la necesidad de activar este importante aspecto antes de la llegada de los salesianos a Sevilla, se convirtió, según afirman las Memorias biográficas, «en gran propagandista de la fama de don Bosco, publicando en la "Revista diocesana" una historia del Oratorio, documentada en el "Boletín Salesiano", en el que don Juan Bonetti comunicaba a los lectores, desde enero de 1879, con pinceladas magistrales, noticias sobre el Oratorio de don Bosco, que fueron después recopiladas en un volumen, con el título de Cinco lustros de historia del Oratorio de San Francisco de Sales».'s

El hecho de la propaganda del arzobispo, que aparece evidente según las Memorias, plantea, al menos, dos interrogantes: En primer lugar ¿cómo había conocido mons. Lluch a don Bosco? ¿por qué medios le había llegado la fama de su obra hasta el punto de desear tan ardientemente que los salesianos se establecieran en su diócesis? En segundo lugar, y una vez convertido en propagandista de la fama de don Bosco ¿a qué «Revista diocesana» se alude en las Memorias biográficas? ¿cuál era el contenido de la información que trasmitía? y, finalmente, ¿qué criterios de selección existía para la publicación de tales noticias?

Trataré de responder a los interrogantes planteados con los resultados dela investigación que he realizado, los cuales, desde ahora quiero adelantar, son de muy distinta naturaleza e importancia, ya que las respuestas sobre las fuentes, cauces o medios de información que pudo tener el arzobispo Lluch se sustentan más en publicaciones ya existentes o en hipótesis de difícil comprobación, que en datos inéditos.

" MB XV, 321-322.

" MARTÍ GONZALEZ, Los salesianos de Utrera, p. 155.

18 MB XV, 321-322.

Por el contrario, las aportaciones que ofrezco como respuestas al segundo bloque de interrogantes, considero que constituyen el aspecto fundamental de este estudio, ya que, pese a lo reducido de su campo temático, esclarecen una ambigüedad y deshacen un error desde la verificación documental.

2.1. Fuentes o cauces de información

Los interrogantes antes formulados, que constituyen el contenido de este primer apartado, me llevaron a plantearme el origen del conocimiento que mons. Lluch tenía de don Bosco, y cuáles habrían sido los medios, las fuentes o los cauces por los que la fama de don Bosco había llegado al prelado hispalense, hasta el punto de hacer que su admiración por él se tradujera en conseguir ser el primero en establecer una casa salesiana en su diócesis y, con ello, en España.

Las respuestas a estas dos preguntas están íntimamente unidas, ya que no es seguro que mons. Lluch conociera personalmente a don Bosco, como parece deducirse de la correspondencia que medió entre ambos. En la carta enviada por Lluch a don Bosco desde Sevilla, con fecha 10 de marzo de 1880, agradeciéndole la aprobación de la fundación de Utrera negociada por don Cagliero, escribe textualmente: «Mis achaques de salud continúan impidiéndome el reposo. Cuando pueda emprender mi anhelado viaje a Roma le avisaré a Vd. con tiempo y fijaremos con antelación cuanto se refiere a nuestro encuentro en Turín».'9 Es sabido que el encuentro no llegó a efectuarse porque la salud del prelado continuó empeorando, hasta el punto de no poder efectuar ni el viaje a Roma para recibir el capelo, al ser promovido al cardenalato en 1882.

Si descartamos el conocimiento personal, cuanto Lluch supo de don Bosco tuvo que ser necesariamente, a través de los ecos de su obra y de su fama de santidad, por lo que cabría preguntamos únicamente quién trasmitió esos ecos y qué cauces le llevaron su fama.

Es probable que el arzobispo hispalense conociera la obra salesiana a través de la correspondencia con la marquesa de Citadella, residente en la ciudad italiana de Lucca, donde Lluch estuvo exiliado tras su salida de España como religioso, a causa de la politica liberal durante la regencia de Doña María Cristina,' y donde los salesianos estaban establecidos desde junio de 1878.21 Avala esta hipótesis la afirmación que don Cagliero hacía en la carta que envió a don Bosco desde Utrera, en enero de 1880, cuando se encontraba en dicha ciudad con motivo de su viaje a Sevilla para preparar la fundación: «Nos conoció [Cagliero se refiere a Lluch] por medio de los periódicos de Lucca, y por la correspondencia con la Marquesa de Citadella de aquella ciudad» 22
19 Mons. Lluch y Garriga a don Juan Bosco, Sevilla, 10 de marzo de 1880, ASC 126, 1 Lluch: Lettera dell'Arcivescovo di Siviglia, mons. Lluch y Gamga, a don Bosco, del 10-17I-1880 da Siviglia, en: MARTÍN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera, p. 101-102.

20 Doña María Cristina de Nápoles ocupó la Regencia del trono de España durante la minoría de edad de su hija doña Isabel II, desde 1833 a 1840, después del fallecimiento de su esposo, don Fernando VII.


Prueba de esta correspondencia y envío de periódicos desde Lucca es también la carta escrita a don Cagliero por don Marenco, director del colegio salesiano de dicha ciudad, interesándose por la fundación de Utrera a requerimiento de la citada marquesa de Citadella, a quien, a su vez mons. Lluch había escrito para rogarle que, con motivo de la estancia de don Bosco en Lucca, que conocía por la prensa italiana, explorara directamente el ánimo del Fundador respecto a la petición que le tenía hecha de establecer a los salesianos en su diócesis para, en caso de que estuviera propicio, dirigirse de nuevo directamente a él.23

El cauce de información de Lucca, con ser importante no debió, sin duda, ser el único ya que, aún dentro del terreno de la hipótesis, es probable que en años anteriores, durante los viajes realizados por Lluch a Roma en función de sus deberes apostólicos, tales como la visita ad limina en 1863, siendo obispo de Canarias, o la participación en el Vaticano I como obispo de Salamanca, hubiera tenido ocasión de conocer más de cerca noticias sobre don Bosco y su obra, muy extendidas ya en esas fechas por Italia, e incluso, conocerlo personalmente.24

La prensa francesa, aunque de forma esporádica, también debió servir al prelado de medio de información, ya que en alguna carta del arzobispo Lluch y del marqués de Casa Ulloa dirigidas a don Bosco y a don Cagliero, existen alusiones a noticias que la prensa francesa insertaba sobre la obra salesiana. Así en la carta que desde Sevilla envió Lluch a don Bosco en marzo de 1880, el prelado escribe: «agradezco los periódicos que me han mandado desde Marsella que ya he recibido»,25 y en la dirigida por el marqués de Ulloa a Cagliero, aquél afirma: «Como todo lo que se refiere hoy a la Congregación de San Francisco de Sales nos es de tanto interés, hemos tenido mucho gusto en leer la relación que da el Diario de Marsella que Ud. me envió, de la reunión de los Cooperadores de aquella ciudad, y con el mismo veremos todo cuanto se refiera a Vds. y pueda comunicarnos ».26
21 MB XI, 411; MIL 678.

22 Cagliero a don Bosco, Utrera 28 enero 1880. Citada por MARTÍN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera, p. 89-90. Cf. nota 10.

" La carta de Marenco a Cagliero, sin fecha, cabe datarla hacia octubre de 1879, en relación con la carta que también mons. Lluch dirigió a don Bosco el 24 del mismo mes, inquieto por la falta de noticias acerca del prometido viaje de los salesianos a Sevilla, en el mes de octubre. Cf. MARTÍN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera, p. 68-70.

24 A. MARTÍN afirma, en su libro, que Lluch tuvo ocasión de oír directamente en el aula conciliar, durante las sesiones del Vaticano I, el panegírico que sobre don Bosco y sus salesianos hizo Mons. Comboni. Cf. MARTÍN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera, p. 117.

" ASC. 126,1. Lluch: Lettera dell'Arcivescovo di Siviglia, mons. Lluch y Garriga, a don Bosco, de110-111-1880 da Siviglia (citada en: MARTÍN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera).


Otras publicaciones francesas, de carácter no periódico, como expondré en el siguiente apartado, fueron utilizadas en Sevilla no sólo como fuentes de información sino también como medios de difusión en España de la obra salesiana y de la fama de santidad de su Fundador.

No obstante lo expuesto, el medio informativo por excelencia que sobre don Bosco tuvo el prelado hispalense debió ser el «Boletín Salesiano», que se enviaba desde Turín a partir de enero de 1879 a todos los Cooperadores. La noticia del primer número del mismo que llegó a manos de mons. Lluch aparece en la carta que el arzobispo dirigió a don Bosco desde Sevilla, en octubre de 1879: «Hoy me ha llegado el n° 7 del Boletín Salesiano, que es el único que he recibido. ¿Se habrán perdido los otros números?»

Constituido por don Cagliero el primer núcleo de Cooperadores en Utrera, con motivo de la fiesta de San Francisco de Sales de 1880,28 es de suponer que, a través del «Boletín salesiano», el conocimiento de la obra del Oratorio de Turín y de su prodigiosa expansión llegara también a los utreranos, preparando el camino para la llegada a la archidiócesis andaluza de los hijos de don Bosco.

A partir del establecimiento de la comunidad salesiana de Utrera, el arzobispo Lluch y todos cuantos de algún modo tuvieran relación con los religiosos contaron además con un medio excepcional de información sobre la obra de don Bosco: la comunicación oral que los salesianos harían de forma espontánea, con la fuerza convincente de la propia experiencia.

2.2. Órganos o medios de difusión

El segundo bloque de interrogantes al que trata de responder este estudio se orienta al conocimiento de los órganos o medios de difusión que utilizó el arzobispo de Sevilla, mons. Lluch y Garriga, para dar a conocer a sus fieles el carisma de la recién fundada Congregación salesiana y, en consecuencia, los motivos que lo habían impulsado a ofrecerle un campo de trabajo en su diócesis.

Es obvio que esta difusión tuvo que empezarla Lluch a partir del momento en que concibió la idea de establecer a los salesianos en Andalucía y pudo tener casi la certeza de su realización. La petición del arzobispo a don Bosco el 7 de junio de 1879, y la respuesta esperanzadora recibida antes de transcurrido un mes desde Turín,29 fijaron el límite cronológico del comienzo de mi trabajo: el año 1879 a partir de su segunda mitad.

26 ASC 38 Utrera. Atti per la Fondazione, p. 131-132; cfr. nota 2.

27 Ibid., p. 68.

" MARTiN GONZÁLEZ, Los salesianos de Utrera, p. 96.

Asimismo, la indicación de las Memorias biográficas acerca del órgano utilizado por mons. Lluch para su labor de propaganda, orientó mi investigación hacia el conocimiento de la «Revista diocesana» que en ellas se cita,3° encontrando que esta denominación podía corresponder a dos publicaciones distintas: el «Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla» y «La Revista Católica» de la misma capital. El análisis del contenido de ambas publicaciones periódicas, en lo que a noticias salesianas se refiere, constituye el objeto de este apartado.

2.2.1. El Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla

El Boletín eclesiástico hispalense debe su fundación e impulso inicial al arzobispo de Sevilla, Judas José Romo,' quien confió su dirección al prestigioso catedrático y publicista católico, León Carbonero y Sol, durante sus primeros años.32 La periodicidad de la publicación, que en sus comienzos fue quincenal y posteriormente mensual, la encontré que era semanal durante los años que había acotado para mi estudio. Estos años, que había limitado en principio al período de preparación y establecimiento de los salesianos en la diócesis de Sevilla (1879-1881), los amplié después hasta 1888 por considerar que era precisamente la noticia del fallecimiento de don Bosco, la que debía marcar el final de mí trabajo; aunque realizado el análisis del Boletín he podido comprobar que el número de noticias salesianas publicadas hasta 1881 es mayor que todas las que aparecen en los restantes años hasta 1888.

El estudio del «Boletín del Arzobispado de Sevilla» como medio utilizado por mons. Lluch para propagar el conocimiento de la obra salesiana me llevó a la búsqueda de sus fuentes, encontrando que el carácter específico de la publicación era el de Boletín informativo de la vida de la diócesis, a través de su sección principal, la Crónica diocesana, siendo muy contadas las otras secciones del mismo que publicaban noticias ajenas a su finalidad.

Con relación a la obra de don Bosco, las noticias que aparecen en el «Boletín diocesano» están tomadas en su mayoría de las actividades desarrolladas por los salesianos en la casa de Utrera, cuando dichas actividades eran novedosas o muy brillantes, como fiestas, ampliaciones o proyectos del propio colegio. Aquellas otras noticias que se pudieran considerar de propaganda o conocimiento de la Congregación y de sus actividades fuera de la diócesis se publicaron sólo esporádicamente, teniendo su fuente en el «Boletín Salesiano» y ni por su número ni por su calidad responden a lo consignado en las Memorias biográficas de que en la «Revista diocesana» de Sevilla se publicaba una historia del Oratorio, tomada del Boletín de Valdocco,33 como se puede constatar en el análisis, que presento a continuación, de los contenidos del Boletín del arzobispado híspalense con relación a la obra salesiana, en los años acotados para este estudio.
29 Ibid., p. 63-67.

" MB XVI, 321-322.

" Judas José Romo, nació en Cañizar (Guadalajara) el 7 de enero de 1773, falleció en Umbrete (Sevilla) el 11 de enero de 1855. Ocupó la sede hispalense desde 1847 a 1855. Fue elevado al cardenalato en 1850.

32 Cf. J.M. TEJEDOR, Carbonero y Sol, León, en: Diccionario de historia eclesiástica de España I, p. 344-346.




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