En la historia


Los motivos que movieron a don Bosco



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2. Los motivos que movieron a don Bosco

Después de esta premisa, es oportuno adentrarse ya en la dimensión más específica de la actividad editorial de don Bosco, para preguntarnos, ante todo, cuáles fueron los motivos que movieron a don Bosco a añadir, a sus no



6 L. GrovANNim, Le «Letture Cattoliche» di don Bosco, esempio di «stampa cattolica» nel se-colo XIX, Napoli, Liguori 1984. Esta obra no carece, sin embargo, de algunas imprecisiones que debilitan la validez de su enfoque.

7 P. SCOPPOLA, Don Bosco nella storia chile, en: Don Bosco e le sfide della modernit,i (Qua-demi del Centro Studi «C. Trabucco», 11), Torillo, Stabilimento Poligrafico Editoriale «C. Fan-ton» 1988, p. 7-20.

F. TRANIELLO (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, Torino, SEI 1987. 9 S. PIVATO, Don Bosco e la «cultura popolare», en: Ibid., p. 253-288. TRANIELLO, Don Bosco nella storia della cultura popolare, p. 10.
insignificantes iniciativas sociales, pedagógicas, asistenciales y recreativas, el no insignificante peso que suponía (desde el punto de vista económico y desde el punto de vista personal) la impresión de numerosas y varias publicaciones periódicas.

La respuesta a este interrogante puede venir de dos motivos. El primer motivo se puede encontrar en una especie de pasión no disimulada de don Bosco por la prensa, por el libro, por la actividad editorial, por el trabajo tipo- gráfico; casi una fiebre que le lleva a multiplicar sus iniciativas en este campo, a hacer proyectos de ediciones, de colecciones, de publicaciones periódicas, aun cuando los recursos sean escasos y las fuerzas limitadas; y que le lleva a crear tipografías llamadas a crecer y a multiplicarse milagrosamente. Pero es claro que esta pasión, esta fiebre es también el reflejo de un problema que don Bosco detecta claramente en la realidad social, política, cultural de aquellos años. Es decir, la exigencia que el mundo católico de aquellos años — desde la primera década del Ochocientos en adelante — había manifestado, cada vez más claramente, de impulsar, desarrollar y difundir la «buena prensa», como se decía entonces.

Eta un viejo tema que encontramos ya a principios del siglo en Piamonte, en el seno de la asociación de las «Amicizie cattoliche», dirigidas por Cesare , d'Azeglio, cuyo fin principal era la difusión de buenos libros." Una asociación que, como es sabido, se caracterizaba por su visión legitimista objetivo de la vida palí- printica, que tenía una estructura aristocrática, y se proponía, como

cipal, la difusión de «buenos libros». o

Los acontecimientos psterires, desde los movimientos de 1821 en adelante; el afirmarse de las corrienteso liberales y de una política eclesiástica de los gobiernos sardos encaminada a limitar el ámbito de movimiento de la Iglesia; el irrumpir de una prensa violentamente anticlerical, que ponía en discusión los antiguos valores de la Iglesia y de la religión; el espacio que encontraba la propaganda protestante, especialmente de los valdenses, son todos elementos que concurren a preocupar más al mundo católico, que se siente asediado de libros, gacetas, periódicos que insinúan ideas lejanas y contrarias a los valores de la fe católica.

Se trata de una preocupación que llega hasta la jerarquía eclesiástica piamontesa. En el mes de julio de 1849, se reúnen en Víllanovetta, diócesis de Saluzzo, los obispos del Piamonte, para solicitar la «difusión de buenos libros», con el fin de oponer a las «armas de la irreligiosidad y de la inmoralidad el antídoto de las buenas lecturas».' Los obispos piamonteses, entre los que se distinguió mons. Moreno, obispo de Ivrea, encontraron sin duda en don Bosco una valioso ejecutor de las directrices emanadas por ellos. Es más, don Bosco había anticipado muchas de las indicaciones del episcopado piamontés.

" Cf. G. DE ROSA, Storia del movimento cattolico in Italia, vol. I: Dalla restaurazione all'etá

giolittiana, Bari, Laterza 1966, p. 1 3 -38.

12 Cf. GIOVANNINI, Le «Letture Cattoliche», p. 71s.

3. Las «Letture Cattoliche»

1


Entre 1844 y 1848, ve la luz una serie de libritos, que por muchos aspectos (carácter divulgativo, formato reducido, argumentos de carácter hagíográfico, ameno y útil) comenzaron a constituir el primer núcleo de una producción destinada a los jóvenes, a los ambientes populares, a las clases no cultas, al mismo clero, para ayudarlo en su trabajo con el pueblo. Datan de estos años los primeros libritos de don Bosco: el titulado Cenni storici sulla vita del chie­rico Comollo'5 es de 1844; Il divoto dell'Angelo custode" y Corona dei sette do­lori di Matia15 son de 1845. En el mismo año apareció también la primera edi­ción de la Storia ecdesiastica ad uso delle scuole.'6 En 1846 vio la luz, entre otras, Le sei domeniche e la novena di San Luigi Gonzaga." En 1847, Esercizio di divozione della misericordia di Dio18 y el más conocido, Il giovane provveduto per la pratica de' suoi doveri degli esercizi di cristiana pietá.l9 Finalmente, 11 cri­stiano guidato alla virti e alla civiltá secondo lo spirito di san Vincenzo de' Pao‑

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t fue publicado en 1848.

Al año siguiente, en 1849, don Bosco emprende, con escaso resultado, el camino de una publicación periódica dirigida a los jóvenes, «L'Amico della Gioventii» que llevaba el subtítulo: «giornale politico-religioso». Se trata de una publicación trisemanal que tuvo vida difícil y corta (salieron 61 números, entre los meses de enero y mayo de 1849). Pietro Stella ha reconstruido aten­tamente la trayectoria de este periódico, haciendo un análisis que tiene en cuenta el contexto histórico, que hace de telón de fondo al «L'Amico della Gioventú» en el Piamonte que atravesaba la crisis político-mililtar del 1848­49, y que, en campo católico, veía apagarse lentamente las posiciones modera­das para dejar lugar a actitudes intransigentes.' Tales actitudes favorecieron la afirmación de lo que puede ser considerado el primer periódico católico in­transigente, «L'Armonia della religione colla civiltá», fundado en 1848 y diri­gido, en un primer momento, por Guglielmo Audisío y, a continuación, por Giacomo Margotti,22 que le dio un más neto e incisivo enfoque intransigente y antíliberal.

13 G. Bosco, Cenni storici sulla vita del chierico Luigi Comollo monto nel seminario di

Chieri..., Torino, Tip. Speirani e Ferrero 1844.

" G. Bosco, Il divoto dell'Angelo custode..., Torino, Tip. Paravia 1845.

15 G. Bosco, Corona dei sette dolori di Maria..., Torino 1845.

6 G. Bosco, Storia ecclesiastica ad uso delle scuole..., Torino, Tip. Speirani e Ferrero 1845.

'7 G. Bosco, Le sei domeniche e la novena di San Luigi Gonzaga..., Torino, Tip. Speirani e

Ferrero 1846.



" G. Bosco, Esercizio di divozione alla misericordia di Dio, Torino, Tip. Botta 1847.

19 G. Bosco, Il giovane provveduto per la pratica de' suoi doveri..., Torino, Tip. Paravia 1847.

20 G. Bosco, Il cristiano guidato alla virtú ed alla civiltá..., Torino, Tip. Paravia 1848.

2' Cf. STFILA, Don Bosco nella storia economica, p. 340-347.

22 Sobre la «Armenia», cf. B. MONTALE, Lineamenti generali per la storia dell'«Armonia» dal 1848 al 1857, en «Rassegna Storica del Risorgimento» (Iuglio-settembre 1956); E. LUCATELLO, Don Giacomo Margotti, direttore dell'«Armonia», en: Giornalismo del Risorgimento, Terbio 1961; G. FARREL VINAY, Nuovi documenti sulla storia dell'«Armonia», en: Cattolici in Piemonte. Linea­menti storici (Quaderni del Centro Studi «C. Trabucco»), Torino 1982, p. 71-89.
La experiencia poco positiva de don Bosco con «L'Amico della Gio- ventii», que dejó también tras sí problemas de carácter financiero y judicial, fi debió de convencerlo, seguramente, de que la fórmula del periódico tradicio- I nal no respondía plenamente a sus exigencias de mediación cultural y relí-

losa.Mediación que había ya, en parte, logrado con los pequeños volúmenes / publicados en los años precedentes. Con otras palabras, la solución adoptada por don Bosco daba mayores garantías de responder a los objetivos que él se \ ,,,1); proponía alcanzar: ofrecer un producto en grado de ser, al mismo tiempo, - medio de inculturación, de guía espiritual y de entretenimiento. Este objetivo era más fácilmente alcanzable a través de la publicación periódica, pero no de , un periódico, sino de un pequeño libro de bolsillo, que no tenía el carácter I efímero, transitorio y ligado a la actualidad del periódico tradicional. Al con- t nado, los libritos ofrecidos mensualmente por don Bosco - mediante la feliz fórmula de las «Letture Cattoliche» - no perdían con el tiempo su frescura; y constituían la base para una bibliotequita que ofrecía conocimientos de historia sagrada y de historia civil, noticias sobre la vida de los santos, lecturas amenas, narraciones divertidas o edificantes, noticias prácticas y útiles. No faltaban ejemplos de publicaciones de este tipo en la prensa católica del Ocho- , cientos."

Las «Lecturas Católicas» fueron una fórmula muy feliz, que don Bosco logró realizar en 1853. Con ella venía a secundar, por una parte, las directrices de los obispos piamonteses (encontrando en m ons. More libno un el apoyo no des-

éxito deñable), y, por otra, venía a cubrir un campo dejado re por escaso obtenido por la «Collezione di buoni libri a favore della religione cattolica», publicada por el editor Botta, que no había tenido tampoco mucha aceptación de parte del episcopado piamontés, a causa de un cierto enfoque filoaustríaco de la misma, por la escasa capacidad de traducir en un lenguaje comprensible conceptos y problemas de carácter religioso, y por la falta de contenidos más ., ligeros o amenos, capaces de suscitar la atención y el interés de los ambientes populares.'

Ciertamente no es posible analizar, en este momento, con la atención que merecerían los centenares de pequeños volúmenes que forman la colección de las «Lecturas Católicas». Se puede decir que éstas respondieron constantemente al enfoque sugerido e indicado por don Bosco al lanzar la iniciativa en el «Piano dell'Associazione delle Letture Cattoliche». En dicho plan habla de libros «de estilo simple y lenguaje popular», dedicados a «materias que se refieren exclusivamente a la Religión católica»." Si se quisiera cuantificar, aun. Cf. GIOVANNINI, Le «Letture Cattoliche», p. 70-88

24 Cf. STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 348-350.

" Cf. VALENTINI, Don Bosco e l'apostolato della stampa, p. 13.

que fuera en modo aproximado, los géneros propuestos durante el período


comprendido entre el comienzo de la publicación y la muerte de don Bosco, se

podría afirmar que cerca de la mitad de los volúmenes se referían a argumentos de instrucción dogmática y moral; la parte más consistente de la otra mitad estaba dedicada a las vidas de santos y a la historia religiosa; mientras que la parte restante estaba compuesta de historias amenas y lecturas entretenidas. De todas formas hay que precisar que, más allá del género elegido, prevalece siempre, de un lado, la preocupación educativa y religiosa, y, de otro, el esfuerzo de ofrecer textos muy claros_ycomprensibles. Se usa frecuentemente el diálogo entre diversos personajes, para hacer más viva la narración y para poner mejor de relieve los diversos aspectos de una cuestión.

En el prefacio a la Vita di San Pietro, publicada en el número de enero de 1857, don Bosco precisaba: «Yo escribo para el pueblo y, por tanto, evitando todo amaneramiento de estilo, toda duda y toda discusión inútil, trataré de reducir el estilo y la materia a aquella sencillez que exige la exactitud de la historia unida con la teología y con las reglas de nuestra lengua italiana».26 No se debe olvidar tampoco las frecuentes referencias a los problemas conexos con los diversos oficios, a las relaciones que existían entre pobres y ricos frente a la vida y frente a los comportamientos religiosos, a la práctica y a las exigencias de la fe.

De los 432 fascículos publicados desde 1853 a 1888, don Bosco escribió personalmente cerca de 70, sirviéndose, para los demás, de la colaboración del prior de Santa Sabina (Génova), Giuseppe Frassinetti, del padre Francesco Martinengo, del padre Carlo Filippo da Poirino, del canónigo Lorenzo Gastaldi, más tarde arzobispo de Turín, y de otros. De la escuela de don Bosco provenían varios escritores de las «Lecturas Católicas», como Giovanni Battista Lemoyne, Giovanni Bonetti, Giulio Barberis, Giovanni Battista Francesia y Stefano Trione.

Hay que recordar, junto al problema de los contenidos y de los autores, el tema de la difusión de estas publicaciones, sobre el que se ha detenido ya Francesco Traniello en su ponencia, dando importantes indicaciones. Aunque no siempre las cifras coinciden, ha sido subrayado por numerosos estudiosos que, desde los primerísimos años, don Bosco logró difundir muchos miles de ejemplares de las «Lecturas Católicas». Las cifras relativas a los años sucesivos son todavía más consistentes. Las suscripciones alcanzaron cifras significativas (de 12 a 14.000 cada año); pero, sobre todo, algunos de los fascículos más afortunados tuvieron numerosísimas reimpresiones.27 Según un cálculo aproximado, en los primeros cincuenta años, el total de los volúmenes impresos superó 1.200.000 ejemplares. Indudablemente favoreció no poco la difusión de

26 G. Bosco, Vita di San Pietro..., Tocino, Tip. Paravia 1856.

27 No todos los estudiosos de don Bosco concuerdan en la evaluación de las cifras relativas a la difusión real de las «Lecturas Católicas». Nos parecen atendibles y documentadas la cifras que indica STELLA, Don Bosco nella simia economica, p. 357-366.

las «Lecturas Católicas» su precio extremadamente reducido, fijado en L. 1,80 anuales en 1853, y que sufrió mínimas variaciones en el curso de los años si‑

guientes.

En 1888, a la muerte de don Bosco, el precio era de L. 2,25 anuales. Pero el problema de la difusión y del precio se relaciona íntimamente con el problema de la distribución, un antiguo problema para todos los editores, que '1 don Bosco logró resolver con notables intuiciones organizativas. Utilizó, por una parte, sobre todo las estructuras eclesiásticas, en particular el clero y los párrocos, con su capacidad de convencimiento y de penetración en el tejido socia1.28 Por otra parte, la utilización de correspondientes, encargados de recoger las suscripciones se demostró un sistema muy eficaz para mantener contactos con los pueblos o regiones más lejanas.

Las «Lecturas Católicas» constituyen, en último término, el núcleo central / y más importante de la actividad editorial de don Bosco por lo que se refiere a las publicaciones periódicas. No hay que descuidar, sin embargo, la iniciativa emprendida por don Bosco de dar vida en primer lugar, en 1877 al «Bollettino Salesiano», cuya función era muy diversa respecto a las «Lecturas Católicas». El «Boletín Salesiano» se convertía, como ha subrayado E. Valentini, en «un vínculo», que debía unir estrechamente entre sí y al mismo tiempo con el centro los cooperadores salesianos desparramados por todo el mundo.29

28 Al parecer, don Bosco había manifestado, en 1876, la intención de reimprimir los Bolandistas. A los que le hablaban del coste insostenible de la iniciativa, replicaba: «Io sostengo che con 12 coila lire di fondo mi sentirei di intraprendere la stampa, sicuro che si verrebbe a guadagnare

assai. [...] Andrei a Roma per ottenere la benedizione pontificia ed un Breve che mi autorizzasse ed incoraggiasse a ció; si manderebbero manifesti a tutti i Vescovi della Cristiana; ci metteremmo in relazione con tutti i librai d'Italia ed i principali d'Europa; manderemmo intorno alcuni viaggiatori che trattassero personalmente coi nostri corrispondenti. Si farebbe un'associazione avvertendo che chi s'associa all'opera di principio, la otterrá a mea prezzo di quello che costerebbe guando fosse compíuta; e cosi con l'acquisto che molti farebbero del primo volume, potremmo far fronte alle spese del secondo. Condizione d'associazione sarebbe non pagare tutta l'opera da principio, ma volume per volume in ragione di tanto per foglio, ed ogni armo uscirebbe un volume. Io credo che con queste precauzioni si arriverebbe a stampare, con un vantaggio inmenso per l'Italia e per l'Europa, la pió grande delle opere che si possegga. Ora costa circa due coila lire o almeno mille cinquecento; ed io mi sentirei di darla a seicento lire, prelevando ancora il mio guadagno netto di sirca la mea» (MB XI, 438s.).

29 Cf. VALENTINI, Don Bosco e l'apostolato della stampa, p. 24. En la conocida circular del 19 marzo 1885 don Bosco hacía este balance de sus numerosas iniciativas editoriales, dirigidas sobre todo a los jóvenes: «Colle Letture cattoliche mentre desiderava istruire tuno il popolo, aveva di mira di entrar nelle case, far conoscere lo spirito dominante nei nostri collegi e trarre alla virtó i giovanetti, specialmente colle biografie di Savio, di Besucco e simili. Col Giovane provveduto ebbi in mira di condurli in Chiesa, loro istillare lo spirito di pietá e innamorarli della frequenza dei sacramenti. Colla collezione dei dassici italiani e latini emendati e colla Storia d'italia e con altri libri storici o letterari volli assidermi al loro flanco nella scuola e preservarli da tanti errori e da tante passioni che loro riuscirebbero fatali pel tempo e per l'eternitá. Bramava come una volta essere loro compagno nelle ore della ricreazione, e ho meditato di ordinare una serie di libri amen che spero non tarderá a venire alla luce. Finalmente col Bollettino salesiano, fra i molti miei fini ebbi anche questo: di tener vivo nei giovanetti ritornati nelle loro famiglie l'onore dello spirito di San Francesco di Sales e alle sue massime e di loro stessi fare i salvatori di altri giovanetti» (circu‑

.

4. La prensa de don Bosco en el cuadro de la prensa católica

Encaminándonos hacia a la conclusión, es oportuno preguntarse de qué modo viene a colocarse la prensa de don Bosco en el más amplio cuadro de la prensa católica de aquellos años de la segunda mitad del Ochocientos. Es conocido el desarrollo de esta prensa, especialmente en su componente intransigente, en todas las regiones italianas. Es una prensa que se mueve en el ámbito de la tenaz oposición al Estado liberal y en la denodada defensa de los derechos «imprescriptibles» de la Santa Sede. Estos aspectos están ausentes de los escritos de don Bosco, a pesar de que en el Almanaque anual de las «Lecturas Católicas», titulado «Il Galantuomo», junto a noticias varias, datos, informaciones útiles, no faltaban frecuentemente algunos escritos de actualidad que se referían claramente a los problemas de la realidad social italiana y recordaban tonos familiares a la intransigencia católica. Se leía en el primer fascículo del «Galantuomo»: « ¡Pobre de mí! Yo oigo hablar todos los días de libertad e igualdad; y, mientras tanto, veo continuamente a señores que viajan en bellos carruajes, habitan en suntuosos palacios, se sientan a opíparas mesas; y yo — si por lo menos me encontrara solo, pero desgraciadamente somos muchos—, yo camino a pie, obligado a hacer servir la piel de mis calcañales como tacones de zapatos; todos los meses tengo que cambiar de casa, porque no puedo pagar el alquiler, y apenas logro disponer de un poco de polenta para dar de comer a mis cuatro hijos, cuya camisa les sirve de casaca, de camiseta y hasta de pantalón ».3°

Pero, más allá de estas realistas imágenes de un país marcado por profundos desequilibrios sociales, no hay en don Bosco ni en sus publicaciones aquel muestrario muy del gusto de la intransigencia católica. Don Bosco no lanza sus dardos contra el estado liberal y la monarquía de la casa de Saboya, no reivindica los violados derechos del Papa prisionero en el Vaticano. La mayor parte de los estudiosos de don Bosco subrayan que su posición es ajena a la política. Con todo, es indudable que no aparece completamente extraño al área de la intransigencia católica, a pesar de que estaba lejos de ciertas acentuaciones an‑

! tünstitudonales, y frecuentemente se mostraba propenso a la colaboración con las autoridades civiles. Pero su acción estaba también encaminada a conservar en torno a la Iglesia y a la parroquia a aquel mundo rural, que parecía marginado respecto a los problemas de la unidad nacional. En el fondo, don Bosco dirige sus publicaciones y se mueve dentro de la misma área del devocionalismo y de la piedad popular, es decir, en aquel contexto sociorreligioso en el cual operó el catolicismo intransigente. Hay que recordar que el movimiento católico decimonónico fue sólo parcialmente un fenómeno político. El catoli‑

lar reproducida en: Don Bosco a carattere di stampa, Roma, SDB 1985, p. 9-12; cf. también, en la misma obra, los dos ensayos de E. Frzzarn, Perché quella lettera circolare y Produzione editoriale di don Bosco).

'° [G. Bosco], Ai miei lettori, en «Ji Galantuomo». Almanacco nazionale pel 1854, p. 37.

císmo militante, en muchos aspectos, se encontró comprometido en un abanico de intereses y de actividades que, en realidad, no están muy lejos de los seguidos por don Bosco. No era una casualidad que, entre las múltiples actvidades de la Obra de los Congresos, no estuviera ausente el tema de la difusión de la «buena prensa».

De todos modos, se trata de una hipótesis aún por estudiar y verificar. Se trata, con otras palabras, de releer las vicisitudes del movimiento católico, teniendo presente esta excepcional presencia salesiana en la historia de la Italia católica del siglo XIX. Los estudios sobre el movimiento católico, los estudios sobre la historia social y religiosa de nuestro país, los estudios sobre la prensa católica en el Ochocientos — yo trato de resarcir daños — han olvidado hasta ahora la rica y estimulante presencia de don Bosco y de sus iniciativas, que marcan profundamente, no sólo la historia religiosa, sino también la historia de nuestra sociedad civil, la historia de nuestro país.3'

" Sobre este problema, se pueden leer las lúcidas observaciones de P. STELLA, Le ricerche su don Bosco nel venticinquennio 1960-1985, en: BRAMO (ed.), Don Bosco nella Chiesa, p. 373-377.

DON BOSCO Y LA MÚSICA Giulio SFORZA



La musique creuse le riel.

La musique souvent me prend comme une mer.

Que no parezca irreverente este estremecimiento de Baudelaire. A lo largo de mi breve intervención se justificará. No he venido aquí a contaros lo que todos vosotros sabéis mejor que yo acerca de la disposición natural de don Bosco hacia la música, su formación en ese sentido, la obra de promoción que hizo de ella y su andadura. Estoy aquí para comunicaron las reflexiones y comparaciones que esa pasión musical me ha sugerido. Reflexiones y comparaciones que podrán parecer parciales, orientadas a llevar el agua de la concepción de don Bosco al molino de mi filosofía de la música; pero que, lo juro, han surgido de buena fe con el deseo de identificar los principios y conceptos que puedan servir de fundamento a la pasión de la que he hablado y el papel insustituible reservado por don Bosco a la música en la formación del hombre.

He leído en algún lugar que la música es uno de los siete (sic) secretos educativos de don Bosco. En realidad, a mí me parece que él la consideraba algo más y que tenía de ella aquella concepción totalizante que tuvo la filosofía romántica.

Si fuese así, no habría que asombrarse. Don Bosco vive en el corazón del siglo romántico, y no hay que excluir que los aún prohibidos Alpes llevasen hasta él un poco del clima y de la atmósfera que la grandiosa música alemana y no alemana y la reflexión que de ella hicieron los Hegel, Wackenroder, Hoffmann, Heine, Schelling, Schopenhauer, Schumann, Beethoven en los Cuadernos de conversación y por último, Wagner, crearon en Europa y en el mundo. Para aquella reflexión, la música es algo más que un puro ébranlement nerveux (Marcel): principio supremo de conocimiento, más aún, fuente de salvación, razón participativa que de algún modo consiente la experiencia del Absoluto y de la Totalidad, que por definición se prohibe a la razón objetivante. Antes que a Marcel hay que darle a ella «una universalidad que no pertenece al orden conceptual y esta universalidad es el secreto de la idea musical».

Así pues: Don Bosco es del siglo XIX, el siglo de la gran música y de la gran reflexión sobre ella (produce placer por una vez subrayar el deslumbra‑

miento en el Hegel de la Estética: parece exactamente que el pájaro de Minerva no esperó el crepúsculo para elevar su vuelo). Él respira la música con el... tiempo. Cuando nace don Bosco, Ludwig está en la plenitud de la madurez creadora; y aquel Richard ve la luz que las premisas beethovenianas arrastrarán hasta allá, más de lo que no será posible osar; y aquel Verdi nace para discutir al Lipsiense durante mucho tiempo el primado. No se puede imaginar que no le llegue a Bosco ningún temblor de aquel fervor creativo: de atmósfera, dije, a la que es imposible sustraerse. Prejuicios filosóficos y teológicos no podrán permitirle, parece obvio, hacer de la experiencia musical la experiencia, aquella a la que se revela la esencia; hacer de la música el templo de la Isis oculta, a cuya denudación de la verdad y descubrimiento del misterio sólo a sus sacerdotes les es dado asistir. Pero no le impedirán tenerla como primera entre las siervas, si bien sierva de la fe, razón participativa también ella: y ¡pocos secretos de la señora quedan ocultos para la sierva!



«Ne impedias musicam». Don Bosco parece convencido de que, como educación y vida coinciden, son igualmente inseparables educación, música y vida. De la música teme, sin duda, el poder demoníaco, y el episodio del violín hecho añicos lo demuestra. Pero más que a la música, parece temer su uso impropio: ella es fin y no medio, elevación del alma y no caricia de pasiones inferiores. Al contrario, si es música, es exaltación y purificación de pasión. Y si es grande, ¿para qué noche del alma podrá creer Tolstoj que es pecaminosa La Sonata a Kreutzer, una de las más puras criaturas de Beethoven?

«Ne impedias musicam», pues. Porque «un oratorio sin música es como un cuerpo sin alma».

Pietro Braido entiende de tal modo la fundamentalidad y el poder de la afirmación, casi como temiéndola y sintiéndose en la obligación de situarla en un contexto que la explica.

Yo he ido a ese contexto y me parece que, gracias a Dios, no explica nada. Toda la obra de Juan Bosco, en el testimonio general de sus biógrafos, informa de una fe suya en la música, no como simple instrumento entre los instrumentos, sino como atmósfera, estilo, ambiente en los que sólo es posible una acción positiva y una positiva reacción educativa. Lo que afirma el don Cenia de los Annali: que se debe buscar la razón principal de aquella afirmación «en la saludable eficacia que le [a la música] atribuía sobre el corazón y la imaginacion de los jóvenes con el fin de ennoblecerlos, elevarlos y hacerlos mejores», no es en realidad suficiente para justificarla. Don Bosco dice más. Dice que la música es el alma del Oratorio, y el Oratorio es la totalidad de la educación, y, por tanto, la música es, si me lo permitís, la entelecheia e prote del soma educativo, la forma primera, el primer principio vital. Sín música, a la educación le falta la respiración, el proceso de crecimiento es asfictico, los fines que se propone una educación auténtica «desvelar», ante todo, «el reino de lo prodigioso y de lo inconmensurable y el deseo nostálgico de lo infinito» (los caracteres, según Hofmann de la música beethoveniana) no se pueden alcanzar.

La altísima consideración en que don Bosco tiene a la música explica tam

bién la seriedad con que él pretende que se enseñe. La aproximación, tan común en ciertas esferas religiosas, no le agrada. Música recreativa no significa para él música de mal gusto. Sabe muy bien que ninguna música es recreativa sí no es creativa y que, por tanto, sólo la gran música recrea. Y el Oratorio, el lugar del aprender gozoso y lúdico, del aprender, lo diré, músico y musical, es también el lugar que sabe producir complejos vocales en condiciones de proponerles los Cherubini, los Haydn, los Gounod, los Palestina, el lugar en que se enseña el gregoriano según la gran escuela solesmiana de los Poithier y de los Mocquereau, que visitan el Oratorio y no desdeñan enseñar en él, el lugar en el que surge un conjunto de música instrumental de alto nivel dispuesto a colaborar, hasta la prohibición del arzobispo, en las funciones religiosas, como para consagrar aquel encuentro de instrumentalidad y vocalidad, aquel místico connubio entre palabra y sonido que, en la Fantasia per Coro pianoforte e orchestra op. 80, se llama hacerse la luz:

Wenn der Tóne Zauber walten und des Wortes W eihe spricht mufa sich Ehrliches gestalten Nacht und Sturme werden Licht.

Es el lugar que genera maestros como Cagliero, Costamagna, Dogliani, que no sólo ofrecen una producción propia óptima, sino que abren la puerta a los Donizetti, los Verdi, los Rossini. Es el lugar cuyas veladas son una ocasión de grandiosa elevación de aquel arte «che a Dio par figlia e non quasi nepote» (el endecasílabo es involuntario; no querría se creyese que es la primitiva versión de Dante). Y si no es hija, seguro que sí es embajadora: cada vez que envía misioneros, los embajadores de Dios, don Bosco se preocupa de que entre ellos haya también un buen músico.

Escribe don Cenia: «Quien no haya oído al menos a alguno de los que vivieron en aquel tiempo en el Oratorio, no puede hacerse una idea de la pasión que allí reinaba para todo lo que era música». El subrayado es mío, y vale la pena. Aquí don Cena abandona toda prudencia. Pasión dominante, dice. Y esto es grandioso. Grandioso y terrible. Y me asombra que el promotor de la fe no lo señalase y que la pasión dominante oratoriana y de don Bosco no figurase entre las animadversiones del proceso de beatificación...

Fuera de toda broma, la realidad es que don Bosco se hizo santo también gracias a la música (como también mediante la música se encaminó hacia la santidad el jovencito destinado a ser el patrono de los Pueri Cantores). Había afirmado: «La música es un medio eficacísimo para sostener la moralidad y la santidad». Como el Goethe del testimonio de Mazzini, confía a la música el mismo papel que tiene la santidad: «el descubrimiento, y la vida va en ello, de un mundo que los sentidos no lograrán nunca expresar». La misma piedad, la misma humildad, la misma disponibilidad, que constituyen la base del proceso de ascesis se exigen a quien pretenda orientar sus pasos hacia la música. Fija

en el Regolamento: se excluye de la formación musical a aquellos «que fuesen negligentes en las funciones religiosas del Oratorio o que tuviesen notoria mala conducta». Aquí, si parece que hay, y tal vez haya, una contradicción de fondo (ano sirve, entonces, la música para dulcificar las conductas?), es evidentísima una vez más la alta estima de don Bosco por la música, realidad tan pura y tan grande que la insensibilidad religiosa y la grosería moral prohiben que se practique y se comprenda.

Es que en la visión de don Bosco música es oración: no un leibniciano raptus animae se nescientis, ¡ay!, numerare, y mucho más que un schopenhaueriano exercitium methaphysices occultum nescientis se philosophari animi: sino que es raptus animae se scientis orare.

También para don Bosco cantar es propio del que ama. El enamorado de Dios es el cantor de Dios: él lo alaba, lo admira, exalta y participa en su misterio. Y como lo sagrado es el lugar del misterio participado, el canto sagrado es la más alta expresión de la música que es también siempre y toda, en sus cumbres, sagrada. Entre los géneros musicales, el género sagrado es el propio de los «que se maravillan sonriendo y gozan de corazón del hecho de que Dios sea mucho más grande que ellos» (Wackenroder). Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam. No es casualidad que las pocas composiciones de don Bosco de que se tiene noticia se inspiren en el principio de la alabanza, de la maravilla, de la admiración: Ah si canti in suon di giubilo, Lodato sempre sia, Gloria, Magníficat. Y que su cuidado mayor se dirija al gregoriano y a la polifonía de Palestrina, los monumentos insuperables de un sentimiento de la sacralidad que se exalta en forma de canto. Se lee: Animaba (soy yo el que subraya) las clases con lecciones sobre el canto gregoriano y después hacía aprender a los internos el canto firme E...] y no permitía que entrasen a formar parte de la escuela de música si no conocían antes el canto gregoriano» (ano pidió tal vez a Pío IX una indulgencia especial para los maestros y cantores del mismo?). Y las ejecuciones polifónicas de Palestrina cuidadas por él o sus colaboradores eran tales que se pudo escribir: «Ejecuciones musicales y cantos religiosos tales no se oyen más que en Roma en el más grande de los templos del mundo. Después de Roma, sólo don Bosco es capaz de ejecutar en sus iglesias obras musicales de esa altura, hacerlas gustar al pueblo cristiano y embellecer el culto católico» («L'Unitá Cattolica»).

«Pensad que con el canto divino alabáis a Dios y que los ángeles del cielo hacen eco a vuestra voz. [...] Un cantor no debería tener otro fin más que alabar a Dios y unir su voz a la de los ángeles».

Cantar es orar, y orar es asombrarse. Don Bosco lo entendió con aquel «al que Dios había cerrado el oído para que no hubiese más sonidos que los suyos» y que «coronó el mundo con una cúpula de música» (Rilke); aquel para el cual «Zum erstaunen sind wir da». Estamos aquí para admirar.

NOTA BIBLIOGRÁFICA: P. BRAMO, L'esperienza pedagogica di Don Bosco, Roma, LAS 1988; G.F. HEGEL, Esthétique, Paris 1984; R. COLOMBO, La musica, mezzo educativo in Don Bosco (Tesi di Magistero in Canto gregoriano), Roma 1982; E.T.A. HOFFMANN, Kreisleriana, Roma, Bibl. Unív. Rom. 1984; L. MAGNANI, Beethoven nei suoi quaderni di conversazione, Torino, Einaudi 1977; M. RIGOLDI, Don Bosco e la musica, Carugate 1988; A. SCHOPENHAUER, Scritti sulla musica e suite arti, Milano, Discanto 1981; G. SFORZA, Studi Variazioni Divagazioni, Pavia, La Goliardica 1978; W.H. WACKENRODER, Fantasie sulla musica, Milano, Discanto 1981; RM. RILKE, Quaderni di Malte Laurids Brigge, Milano, Garzanti 1974.

ORIGINALIDAD DE LAS MISIONES PATAGÓNICAS EN DON EOSCO*

Jesús BORREGO

Esta última comunicación oral del Congreso se refiere al quehacer misionero de don Bosco. Se ha escrito que intencionalmente su vocación — y hasta su estrategia — misioneras nacieron con él, con su vocación de apóstol de la juventud, pero temporalmente constituyó la etapa final de su proyecto «oratoHan°. »,' hecho realidad precisamente en las misiones de la Patagonia, la única experiencia gestada y vivida por don. Bosco — en sus hijos, se entiende — en tierras de misión propiamente dicha. Y la vivió, e hizo vivir, con tan entusiasmante entrega que, al medio año de llegar los salesianos a Argentina, aseguraba ya al prefecto de Propaganda Fide que, «expuesto el humilde proyecto [sobre la evangelización de la Patagonia], deseo consagrar los restantes días de mi vida a esta única misión», que es «el objetivo prioritario de la misión salesiana», «la empresa más grande de nuestra Congregación»?

Así pues, el objetivo prioritario de la misión salesiana, esculpido en su Testamento espiritual — «el mundo nos recibirá con complacencia mientras nuestra solicitud vaya dirigida a los salvajes, a los muchachos más pobres y en mayor peligro de la sociedad» — encuentra en las zonas misioneras «un lugar privilegiado donde logra su plena realización».3 Siendo la obra de don Bosco, en su origen y en la realidad, una institución esencialmente educativa, toda su con‑

* Esta comunicación fue redactada y leída en castellano por el autor (n.d.e.).

Annali, p. 245: Summarium... beatificationis et canonizationis, Servi Dei Joannis Bosco... Po-sitio super introductione causae..., p. 254.306.319.401.527...; MB II, 20; R. CASTILLO LARA, Il piccolo seme é diventato albero gigante, en: Centenario delle Missioni Salesiane 1875-1975 - Discorsi commemorativi, Roma, LAS 1980, p. 83; A. FAVALE, 11 progetto missionario di don Bosco, Roma, LAS 1976, p. 4-10.

2 E III, 61 (carta al card. Franchi, 10.5.1876); III, 34 (Súplica de don Bosco a Pío IX en favor de don P. Ceccarelli, párroco de San Nicolás de los Arroyos, 9.4.1876); IV, 14 (carta a don Fagnano, director de Carmen de Patágones, 31.1.1881).

3 Memorie dal 1841 al 1884-5-6 pel Sac. Gio. Bosco a' suoi figli salesiani [Testamento spirituale], en RSS 4 (1985) 127: MB XVII, 273; L. RICCERI, Le missioni, strada al rinnovamento, en ACS 267 (1962) 20. Respecto al término «salvaje» E. Cenia puntualiza: «Selvaggi sotto la peana di Don Bosco é termine comprensivo, indicando tutti gli abitatori del territorio patagonico, non piú tutti Irsdi alio stato selvaggio, il che spiega come si potesse sperare di trovar figli di Irsdi suscettivi di essere preparati al sacerdozio» (E III, 95).

cepción misionológica — advertía Alberto Caviglia — «asume su carácter y, sir más, su valor en el hecho de ser desarrollo y dilatación de la idea germinal, d( la que ha dimanado toda su multiforme actividad apostólica»: la idea de salvas la sociedad, también la infiel, «ante todo mediante la educación de la juventud y mediante el estilo y los medios concebidos para ella en el pensamiento pedagógico de don Bosco».4 Ello será su aportación específica, bajo la forma de «proyecto operativo», o «estrategia misionera ».5

1. Patagonia, ¿proyecto original?

Desde los albores de la aventura misionera — siempre como fondo la Patagonia — habla pomposamente de «nuevo proyecto», de «serie de proyectos que parecen fábulas o cosa de locos a los ojos del mundo, pero [...] Dios los bendice»; con lo que manifiesta que no se trata de un proyecto definitivamente estructurado, sino que, como siempre sucede en don Bosco, la elaboración y ejecución progresiva de iniciativas y proyectos se amplia y se enriquece ininterrumpidamente con su experiencia vital y con la de cuantos actúan con él en unidad de espíritu y de métodos.'

El llamado proyecto patagónico — ideado entre 1876-1879 basándose en sus conocimientos juveniles, estudios, «en el amaestramiento de la historia que tiene en cuenta cuanto otros han dicho o hecho», y hasta en la iluminación sobrenatural' — estaba definido con claridad sólo en su doble objetivo: evangelización' con la plantatio Ecclesiae en las Pampas y Patagonia, precedida de la ayuda, sobre todo espiritual, a los emigrados italianos. Este segundo objetivo, además de servir de trampolín natural para la penetración misionera en la Patagonia, significaría el medio más apto para radicarse los salesianos en el pueblo argentino, como luego en el uruguayo, brasileño, egipcio, iraní... Entremezclado el elemento nativo con el inmigrado, se escribirá uno de los capítulos más fecundos de la actividad salesiana."

A. CAVIGLIA, La concezione missionaria di don Bosco e le sue attuazioni salesiane, en «Omnis Terra adoret Te» 24 (Roma 1932) 5.



  • 5 STELLA, Don Bosco 1, p. 174; P. PAESA, Planes y métodos en la evangelización de la Patagonia después de 1879, en: La expedición al desierto y los salesianos, 1879 (de J. BELZA - R. EN'TRAIGAS - C. BRUNO - P. PAESA), Buenos Aires, Ediciones Don Bosco Argentina 1979, p. 206-240; P. BRAIDO, Ilprogetto operativo di Don Bosco e l'utopia della societá cristiana, Roma, LAS 1982, p. 24‑

28; J. BORREGO, Estrategia misionera de don Bosco, en: BRAMO, Don Bosco nella Chiesa, p. 143202.

6 E LIÉ, 52.72 (cartas a don G. Cagliero, 27.4 y 3.7.1876); BRAMO, 11 progetto operativo...,

13.- 5.

' E 111, 257 (Memorandum al card. Franchi, 31.12.1877); FAVALE Il progetto, p. 4-14; MB I, 328.415; STELLA, Don Bosco I, p. 168-169.



G. ROSOLI, Impegno missionario e assistenza religiosa agli emigrati nella visione e nell'opera di don Bosco e dei salesiani, en: F. TRANTELLO, Don Bosco nella storia della cultura popolare, To‑

La originalidad del proyecto ideal se verá condicionada por su escasa experiencia misionera; se sirvió de la ajena. Durante el concilio Vaticano I ‑

confiesa él mismo — varios obispos le pidieron «con insistencia la apertura de

una casa en Asia, Africa y América» y otros lo visitaron en Turín, como los de Santiago y Concepción — «la diócesis más meridional de la República Chilena», precisa —, a quien en julio de 1876 ya escribía pidiendo licencia para «intentar un experimento de anunciar el Evangelio entre los patagones y los

pampas» .5 Tuvo contactos personales y epistolares con grandes misioneros — Massaia, Lavigerie — y, particularmente con Comboni, quien visitó varias veces el Oratorio de Turín, le remitió su Moción en favor de los negros de Africa Central, presentada al concilio Vaticano I y le había dado a conocer su escrito fundamental — Plan para la regeneración de Africa, — que se reducía a crear en torno al continente africano un cinturón de institutos de educación para ambos sexos, donde pudieran vivir y trabajar los misioneros, tanto europeos como autóctonos. De tales institutos, formados jóvenes de raza negra, partirían hacia el interior grupos de personal masculino — religiosos, catequistas, maestros (artesanos, agricultores) — y de personal femenino — religiosas, catequistas, maestras, — grupos destinados a penetrar gradualmente en las regiones de Africa central y crear centros — familias, «misiones-colonias», comunidades que irradiasen la presencia del cristianismo y de la civilización.'" Don Bosco hace suyo el Plan comboniano, no ocultando, ya en agosto de 1876, que el método adoptado por él en la evangelización de la Patagonia «es idéntico al que intenta poner en práctica mons. Comboni en el centro de Africa».'1

Helo aquí hilvanado con pespuntes de textos complementarios, que muestran a simple vista, que la identidad con el plan comboniano pasa por su experiencia personal e institucional dé estilo inconfundible:

rino, SEI 1987, p. 289-329. La actividad salesiana, a la muerte de don Bosco registraba, aparte los centros misioneros de la Patagonia, diecinueve casas en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile y Ecuador: parroquias, oratorios, escuelas para estudiantes y artesanos, internados, imprentas, librerías

(cf. STELLA, Don Bosco 1, p. 182-183).

9 La imprevista suspensión del concilio Vaticano I° impidió llevar a término la publicación del decreto sobre las misiones — Schema Constitutionis super missionibus apostolicis (MANSI col. 45-53) —, y las numerosas propuestas presentadas por los padres conciliares, en las que emergían las de la escuela, bajo formas diversas: necesidad de multiplicar las escuelas, los seminarios, las casas de formación para el clero nativo; urgencia del apostolado educativo en las zonas geográficas comprendidas entre Austria e India, entre las costas argelinas y Abisinia; exhortación al concilio de aprobar y recomendar al mundo católico la difusión de la Obra de las Escuelas cristianas de Oriente (MANSI DIE, col. 152-153.349.571-574). Peticiones de fundación: MB IX, 891-892; X, 546.626.658.732.739.769-771.1270-1272.1358-1375; E In, 79-80 (carta de don Bosco al obispo de Concepción, mons. José Hipólito Salas, 29.7.1876).

l° Con el card. Lavigerie: MB IX, 472. 734. 769-771. 940; MB IX, 888-889, carta, escrita desde Roma, el 30.7.1870, y en la que don Comboni le anuncia el envío de su Postulatum (MANSI LIE, col. 633-634). Cf. P. CinocaLETrA, Daniele Comboni:" Carte per l'Evangelizzazione dell'Africa, Bologna, EMI 1978, p. 215-233 (Piano...), p. 235-247 (Postulatum...).

" ASC 110 (1-Quaderno 8) Cronichetta-Barberis, p. 87.

«111 metodo che noi abbiamo adottato [...]: piantar case á confini e cercare di allevarsi un clero indigeno [...]. Fra 7 anni avremo come per certo missionari indigeni giá preti [...]. Noi possiamo [...] credere che si andrá avanti in queste missioni, perché cí attacchiamo alla gioventú povera [...] attaccarsi alla massa del popolo coll'educazione

della povera gioventü».12

«L'unico mezzo che pala atto a mettersi in esecuzione sembra sia il sistema di colonizzazione, impiantando van paeselli e piccoli forti sui confini, e qui cominciare ad aprire collegi, case d'educazione, ricoveri, ospizi ed orfanotrofi per fanciulli dei selvaggi, che siano affatto abbandonati, e per mezzo loro tentare poi col tempo il sistema di evangelízzare i Patagoni coi Patagoni stessi; poiché attirati i giovani, si potra coll'educazione dei figli farsi a diffondere la religione Cristiana anche fra i genitori».13

Apenas llegaron los salesianos a la Patagonia, «le prime loro sollecitudini furono dirette alla erezione di chiese, di case di abitazione, di scuole pei fandrilli e per le ragazze. Mentre alcuni si occupano cosi ad insegnare arti, mestieri e l'agricoltura alle colonie costituite, altri continuano ad avanzarsi tra i selvaggi per catechizzarli, e, se é possibile, fondare colonie nene regíoni piú interne del deserto. [...] Cose da farsi [...]: 1° Una prefettura o un Vicariato Apostolico [...]; 3° Formulare una proposta con cui, accettando le buone disposizioni del Govemo Argentino [aprile 1880], si assicuri lo stato religioso e civile degji Irsdi che vengono alla fede»."

Proyecto tácticamente ingenioso, análogo al que en su larga experiencia de educador y dirigente de obras educativa ha encontrado eficaz. Si bien en su

conjunto el proyecto resulta primorosa utopía, brinda los rasgos determinantes de su estrategia misionera.

2. Argentina-Patagonia, tierra de promisión

Se me antoja el primer rasgo determinante. En el comportamiento de don Bosco se ve palpable — advierte Pietro Stella — que el Euntes in mundum universum docete omnes gentes «no es sólo objeto de conocimiento y de fe [mandato apostólico], sino un mandato de misión jurídica, solicitado y obtenido

Está tomado de una larga conversación con don Barberis, 12.8.1876 y en ella dejó el meo‑

llo de la estrategia misionera. ASC 110 (1-Quad. 8), Cronichetta-Barberis, p. 75-76.87. Resumido en MB XII, 279-280.

" G. BARBERIS, La Repubblica Argentina e la Patagonia, en «Letture Cattoliche» nn. 291-292 (1877) 93-94. Es reflejo de lo dicho por don Bosco a los salesianos el 6.6.1876 (MB XII, 221223), al card. Franchi el 10.5.1876 (E III, 58-60) y el 31.12.1877 (E III, 257.261) y lo escrito en BS

2 (1878) 11, 1-2. Rememorado por el mismo don Barberis, Resoconto delle missioni salesiane. Atti del 1° Congresso Intemazionale dei Cooperatori Salesiani tenutosi in Bologna al 23-25 aprile 1895, Torino, Tip. Salesiana 1895, p. 196-197.

14 E III, 569.573-574: Memorkle intorno alle missioni salesiane, a Leone XIII, 13.4.1881. A finales de marzo de 1882 manda otro Memorandum «All'Opera della Propagazione della Fede a

Lione» — «Relazione completa salle missioni patagoniche» — y expone su estrategia (E IV, 123-127).

del Papa, padre de toda la familia de los creyentes», y que se transforma en «una motivación de su trasplante a América», convencido de que con la inserción de su Sociedad en el movimiento misionero, ésta adquiría una «realidad mucho más vasta, proporcionada al campo de apostolado misional ofrecido

por la Iglesia a la actividad salesiana»" en Argentina.

Ante las ofertas de los obispos conciliares y las instancias africanas de

Comboni, sopesadas las fuerzas — sugiere don Bosco — se prefirió Argentina «principalmente porque nuestra Congregación está en sus comienzos». Lo que para él significaba: cercanía en «costumbres, cultura, lengua» — sin olvidar la religión — y «el hecho de que allá los suyos no se encontrarían aislados sino entre amigos, entre innumerables compatriotas con los que se podría crear un clima análogo al de la patria lejana»." Es decir, a factores de vecindad, paisanaje y apoyo afectivo se unían razones más profundas de evangelización del

prójimo por cercanía cultural y por deber de solidaridad.

Además, en él sur argentino merodeaban «sus» salvajes, los pampas y pa‑

tagones, en los que le pareció descubrir — tras arios de estudio «serio y diligente», de presagios e informaciones — a los vistos en el sueño tenido entre 1870-1872, a los que, por si fuera poco, desde el lejano 1848, consideraba los pueblos «más abandonados»17 de la tierra, ya que, aún a finales de 1875, no había «penetrado la religión de Jesucristo, ni la civilización, ni el comercio; donde ningún pie europeo logró hasta hoy dejar huella alguna» y «donde el

gobierno, si lo hay, cuenta poco»."

Narrado el sueño en plena euforia patagónica (julio-agosto 1876), entonces

no sabe a eufemismo retórico la confesión de don Bosco a don Barberis: «He vivido más de 60 años sin haber oído mencionar apenas el nombre de la Patagonia, ¡y quién me iba a decir que me vería obligado a estudiarla ahora, palmo a palmo, en todas sus circunstancias! ».'9 En mayo ha expuesto a Propaganda Fide su proyecto patagónico, que incluye «la creación de una Prefectura Apostólica», y Propaganda, que poseía «conocimientos muy vagos de estos lugares»,20 le exige un amplio Informe sobre dicha zona. El Informe — intitulado

1-5 MB XII, 14; STELLA, Don Bosco I, p. 169-170; FAVALE, Il progetto, p. 21-29.

16 MB XI, 384; BARBERIS, La Repubblica Argentina, p. 182; STELLA, Don Bosco I, p. 171.

17 En el sueño le pareció encontrarse en una región completamente desconocida — luego con su estudio «serio», e informaciones, sabría que se trataba de Patagonia: MB X, 1267-1273 — en la que salvajes crueles mataban a misioneros de diversas Ordenes religiosas, los descuartizaban, clavando los trozos de carne en sus lanzas; luego aparecieron los misioneros salesianos que se acercaron a «los salvajes con rostros alegres y precedidos de una falanje de jovencitos», con el rosario en mano, acogidos benévolamente y escuchados (MB X, 53-55). En cuanto a ser «los más abandonados» (MB III, 363), cf. J. BORREGO, Primer proyecto patagónico de don Bosco, en RSS 5 (1986)

43-47.

" MB XI, 385-386 (plática de despedida a la 1' expedición).



ASC 110 (1-Quad. 7) Cronichetta-Barberis, 17.5.1876, p. 55-56.

20 EDI, 58-60 (Memorandum al card. Franchi, 10.5.1876). Barberis el 15.5.1876 anota en su Cronichetta: «Secondo le spiegazioni che mi diede dopo a voce questo lavoro é per mandarsi a



La Patagonia e le terne australi del Continente Americano, descubierto en 1983 — está basado, según propia confesión, «en los autores más serios qué han tratado este tema». Cita a D'Orbigny, Lacroix, Guinnard, Daily, V. Quesada, Ferrado, junto con las «Lettere Edificanti», la revista «Museo delle Missioni Cattoliche» y «particularidades de cartas escritas por nuestros misioneros ya desde su campo de trabajo». Tras una información minuciosa de la Patagonia física, histórica, antropológica y religiosa y de sus escasos experimentos evangelizadores, como conclusión ofrece su «estado presente» — con noticias atendibles sobre la lamentable situación sociorreligiosa — y su «Nuevo Proyecto» para realizar una experiencia evangelizadora en la Patagonia?' Es el documento más extenso del pensamiento misionero de don Bosco, que refleja, sin duda, la Patagonia tal como era conocida en Europa en 1876.

Estas ansias de saber patagónico no se apagarían jamás. Son patentes en sus informes a la S. Sede o Propaganda, en su correspondencia y en artículos del Bollettino Salesiano, donde desde 1881 al 1884 aparecerán actualizadas las tres primeras partes del Informe, recogiendo las aportaciones de los recientes exploradores: Luis Piedra Bueno (1859), Ernesto Rouquaud (1872), Francisco Moreno (1878) y Giacomo Boye (1883).23 Lo reflejó en la conferencia dada el 14 de abril de 1883 a la Sociedad Geográfica de Lyon, que le otorgaba «la medalla de plata por sus benemerencias en el campo de la ciencia geográfica tal como se entiende en nuestro tiempo, es decir, como contribución al estudio y al progreso de los hombres y de las cosas en países extranjeros». Algunos geógrafos y científicos han considerado toda esta labor patagónica de don

Roma alfa Congregazione di Propaganda poiché il Sto Padre affidó al Sig. D. Bosco doé al Salesiani la cura spirituale di quelle regioni, non phi ancor corse da alcuna missione. La Congregazione di Propaganda non ha nessuna cognizione — [«nozioni assai vaghe», atenúa en E IIL 58] di quei luoghi; ed ora si lavora per erigerla in Prefettura Apostolica». ASC 110 (1-Quad. 7), p. 49.

21 G. Bosco, La Patagonia e le Terne Austral' del Continente Americano, Torino 1876. Manuscrito de 164 páginas, con fecha y firma autógrafos de don Bosco. Ha sido descubierto en 1983, en la biblioteca de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, por el salesiano p. Ernesto Szanto, que lo ha publicado en facsimil con traducción castellana: E. SZANTO, La Patagonia y las Tierras Australes del Continente Americano. Presentación, traducción y notas del «Proyecto Patagonia Don Bosco». Bahía Blanca, Archivo Histórico Salesiano de la Patagonia Norte 1986. Edición crítica por J. BORREGO, en RSS 7 (1988) 255-418.



22 E III, 58-60 (Memorandum a Propaganda Fide, 10.5.1876), 275 (Otro del 31.12.1877), 569574 (Relazione... a Leone XIII, 13.4.1881). Significativas las cartas escritas, en agosto-septiembre 1885: E IV, 313, 328 (a mons. Cagliero, 102. y 6.8.1885), 333 (a don Costamagna, 10.8.1885), 334 (a don Fagnano, 10.8.1885), 336 (a don Tomatis, 14.8.1885), 339s (a don G.B. Allavena, 24.9.1885), 341 (a don L. Lasagna, 30.9.1885).

23 BS 4 (1880: nn. 2.4.5.6.9.11); 5 (1881: nn. 4.7.10); 6 (1882: n. 4); 7 (1883: mi. 2.4.9.); 8 (1884: nn. 1.4.7.10). Sobre G. Boye, MB XVII, 454. 644. Cf. J. BORREGO, Primer proyecto patagónico, p. 32-35. Para todo esto: J. BEI.ZA, Sueños patagónicos, Buenos Aires, Instituto de Investigación Histórica Tierra del Fuego 1982.

Bosco la primera aportación «científico»-geográfica de las misiones salesianas.24

3. «No había misiones salesianas en el Sur [argentino y rbileno] sino colegios, granjas, iglesias... »25

Es uno de los dos reproches fundamentales, que se hacen, apenas muerto don Bosco, a su estrategia misionera, cuando, por el contrario, plasma su rasgo más original.

«El rasgo original de la fisonomía salesiana — recordaba el card. Baggio es la opción de clase, una opción constante, coherente, indeclinable que se mueve entre las dos paralelas de los pobres y de los jóvenes [...]. En los lugares de misión esto es de una claridad meridiana»; opción mantenida por don Bosco desde el quinto consejo a los primeros misioneros hasta su Testamento espiritual: «A su debido tiempo tendremos misiones en China [...] mas no olvidéis que vamos para los muchachos pobres y abandonados», prioritaria-mente, y «con ellos para un pueblo entero». Sobre el terreno comprobarían que no existía otro camino para preparar una plebs christiana.26

La evangelización y plantatio Ecclesiae, fines específicos de toda animación misionera, lo fueron también para don Bosco. La evangelización propia y directa se hace dominante fin salvífico-religioso en sus discursos de despedida a las expediciones misioneras y en su correspondencia epistolar. Sus salesianos sacerdotes, coadjutores y hermanas — son «enviados» a «anunciar la palabra

de Dios», a «propagar la fe», a «llevar», «promulgar», «dilatar el Evangelio entre los pampas y patagones». Sufrirán al no poder ofrecer en su plenitud el

24 MB XVI, 69; XVIII, 31-32.637. Considerado «científico» por Alberto De AGOSTINI, Don Bosco geógrafo, BS 84 (1960) 6-8; D. GRIBAUDI, en «Bollettino della Sodetá Geografica Italiana» (1961) 312; P. SCOTTI, Missioni Salesiane: contributi geografici, en: Missioni salesiane 1875-1975. Studi in occasione del centenario, Roma, LAS 1977, p. 267. Sin olvidar los discursos en ocasión de la fundación de la ciudad de Brasilia («Agen7ia Missionaria Salesiana» 1960/1) y su «XXV Anniversario» 12-14 dicembre 1985 a Roma.

26 Las misiones salesianas de la Patagonia. Su labor durante los primeros cincuenta años. Bahía Blanca 1930, p. 54-56; G.B. FRANCESIA, Francesco Ramello, chierico salesiano, missionario nell'America del Sud, S. Benigno Canavese, Tip. e Lib. Salesiana 1888, 117: «Alcuni osservano che D. Bosco, che le sue missioni in America non consistino ormai che in aprir Collegi e far Ospizi...». Entre ellos el escalabriniano p. Pietro Colbachini, quien escribía a un sacerdote de Vicenza el 28.2.1887: «I Salesiani di Rio, di S. Paolo, dí Montevideo, Buenos Aires, e tutti i Salesiani del mondo non si occupano di missione, eccetto pochi della Patagonia [...]. Essi vengono a fare da maestri e da prefetti dei collegi di arti e mestieri che tengono in queste partí: 1 una grande missione, ma é in tutto diversa da quello che dai piú si persa...» (M. FRANCESCONI, Inizi della Congregazione scalabriniana L1886-1888i, Roma, CSE 1969, p. 104).

26 MB XI, 381; XVII 273; Annali I, p. 243; S. BAGGIO, La formula missionaria salesiana, en: Centenario delle missioni salesiane..., p. 43; L. RICCERI, Il progetto missionario di Don Bosco, en: Ibid., p. 14.

mensaje evangélico, debiendo «atenerse a las cosas más esenciales del catecismo».27

Supuesto esto, «el fulcro de la acción y el principio vital de la misionología salesiana es — en sentir de Alberto Caviglia — la redención de los infieles por medio del ministerio educativo entre la juventud y la niñez [...]. Donde la miá:5n es salesiana al lado y junto al ministerio sacerdotal [anuncio directo del mensaje evangélico] ha de existir el ministerio y magisterio de la escuela Todas las casas salesianas — [parroquias, oratorios, de enseñanza, técnica, profesional, agrícola, de orientación laboral] — son una escuela [...] un instrumento especifico de penetración cristiana».28

De acuerdo que la escuela, más o menos valorada, nunca permaneció ajena a la actividad misionera. Don Bosco mismo hará escibir en las «Letture Cattoliche» que la obra evangelizadora de los misioneros en Latinoamérica cotizó mucho el «educar a la juventud — [aunque sabemos que no a toda] — y abrir cuantas escuelas pudieran para instruirla»; y procurará recalcar que «en cada reducción [jesuita] había dos escuelas: una para los rudimentos básicos de letras, la otra para la gimnasia y la música» 29 Pero en don Bosco sabe a novedad la escuela porque no constituye un elemento más o menos utilizable, sino que la función educativa «forma parte de la organización y de la estructura de la actividad misional»: «Tniciada una misión extranjera — precisa en su "Testamento espiritual" — esfuércense en crear escuelas»,3° con el acompañamiento consabido: iglesias, viviendas, internados, residencias, hospicios de beneficencia, facilitando simultáneamente «entre los indios el conocimiento y la práctica de las artes, de las profesiones, de la agricultura» y «el comercio», «de la ciencia, la moralidad y la civilización».

La referencia, sin embargo, a módulos clásicos no resulta mera repetición mucho menos en las zonas misioneras, — al insertarlas en la perspectiva global, fundamentalmente humanístico-cristiana, que caracteriza todo su proyecto operativo. Y, en efecto, para don Bosco la garantía máxima de conseguir una Patagonia cristiana y civilizada está en formar, entre la juventud — como en Europa — «buenos cristianos y honrados ciudadanos». Se lo revela a los exaluimos del Oratorio en el encuentro anual de 1884:

«Quando [...] le migliaia di fanciulli saranno raccolti nei nostri collegi, i loro prin‑

27 MB XI, 390. Baste pensar a las pláticas a la primera (MB XI, 383.387) y tercera expedición (MB XIII, 375); a su correspondencia (E III, 261.331.572-574.606 con nota 22); a los artículos en

BS 4 (1880) 11; 5 (1881) 6; 7 (1883) 7; 10 (1886) 7 y 8; 12 (1888) 1; L. CARBAJAL, La Patagonia -Studi general!' - Serie Quarta..., vol. IV, S. Benigno Canavese, Scuola Tip. Salesiana 1900, p. 150151.

28 CAVIGLIA, La concezione missionaria, p. 8-10.12.20.24-26.

29 G.B. LEMOYNE, Fernando Cortez e la Nuova Spagna, en «Letture Cattoliche» nn. 279-280(1876) 37-44; C. CHULA, Da Torino alla Repubblica Argentina. Lettere dei missionari salesiani, en «Letture Cattoliche» nn. 286-287 (1876) 208.

30 MB XVII, 273; CAVIGLIA, La concezione missionaria, p. 8.

cipii saranno quelli stessi che voi avete imparati nell'Oratorio. In un secolo cosi poco curante di religione, essi puye faran vedere al mondo come si possa amar Iddio ed essere nello stesso tempo onestamente allegri: essere Cristiani e nello stesso tempo onesti e laboriosi cittarlini».3'

Este binomio clásico de don Bosco — «honestos ciudadanos y buenos cristianos» — lo traduce, en perspectiva individual y social misionera, al no menos repetido en los años 80: «evangelización y civilización», «bien de la humanidad y religión», «religión y verdadera civilización». Evidentemente, para él se trata de la «civilización cristiana», persuadido de «que no hay civilización fuera del catolicismo, la única religión verdadera», la cual «santifica, unifica y civiliza a los pueblos». Pone, pues, en evidencia el concepto, entonces en boga, de sociedad civil por cristiana — en el caso patagón: de sociedad civilizada por evangelizada — en cuanto constituida como tal en fuerza de la asimilación de la cultura de los pueblos civilizados y, en concreto, de la civilización europea occidental, forma histórica del cristianismo.32

Para actuar esta empresa misionera, desde siempre don Bosco contó con todas las fuerzas vivas de su familia religiosa. Los cooperadores, calificados por él «co-apostóles de la Patagonia», — frente externo de hombres y mujeres, en el antiguo y en el nuevo Continente — son el apoyo moral, espiritual y hasta material33 de la gran empresa, en la que — proclama — «todos, todos — sacerdotes, estudiantes, artesanos y coadjutores — podéis ser obreros apostólicos» 34 Desde la primera expedición, en ninguna faltarán a la cita los salesianos coadjutores — que don Bosco llama significativamente «catequistas» — y entre los ocho pioneros de la Patagonia (en enero de 1880) — cuatro salesianos y cuatro Hijas de Maria Auxiliadora — iba un coadjutor, sin cuya presencia, acrecentada de inmediato, además de la labor catequística y educativa, «habría sido imposible realizar tantas obras» de tipo social, como «la enseñanza de la agricultura con las artes y oficios más corrientes» 35

31 Festa di Famiglia, en BS 8 (1884) 8, 113; 5 (1881) 10; 7 (1883) 5; 8 (1884) 4; 9 (1885) 1, 11; 11 (1887) 2; E DI, 572.577.606.615; IV, 129.238-239.289; L. CARBAJAL, Le missioni salesiane nella Patagonia e regioni magellaniche — Studio storico-statistico, S. Benigno Canavese, Scuola Tip.Salesiana 1900, p. 53-54.71-72.166.

32 E III, 331 (Audiencia con León XIII, 23.3.1878), 576-577 (carta a don F. Bodratto, Inspector de América, 15.4.1880); IV, 364 (carta a un cooperador, 1.11.1886); BS 3 (1881) 2, 3; (Conf. a los Cooperadores de Turín, 20.1.1881); R. ENTRAIGAS, Los Salesianos en la Argentina,vol. III, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra 1969, p. 84-85; BRAIDO, Il progetto operativo, p. 24-26.

33 Riquísima fuente su Epistolario sintetizada en E IV 360-363, arcolare ai Cooperatori Salesiani, Tocino 15 ottobre 1886; BS 10 (1886) 3, 32 (Tre pensieri di Don Bosco ai Cooperatori,21.1.1886); 4 (1880) 1; 10 (1886) 10. La praxis es seguida en América: «La missione di Mons. Cagliero in Concezione [del Chile] era terminata: aveva giá fondato il Taller de S. José, aveva giá formato quel gruppo di Cooperatori, che é quasi una necessitá per ogni casa salesiana, perché abbia vita e riceva incremento...» (Monsignor Cagliero nel Chili, en BS 11 (1887) 9, 111).

34 MB XII, 141.626 (Conf. a los salesianos de Valdocco, 19.3.1876).

" CHULA, Da Torino, p. 28.30.36-37: «Don Bosco diede loro il titolo uffidale di catechisti»;

Elemento caracterizante en la estrategia misionera de don Bosco es la presencia temprana y numerosa de la religiosa, Hija de Maria Auxiliadora, — entonces todavía no usual en la Iglesia, — causando estupor en la opinión pública bonaerense por «tratarse de la primera vez [...] que se ven monjas en aquellas remotas tierras australes», y siendo, a poco, calificada su presencia de «verdadera providencia», ya que sin su actuación «no se habría podido hacer el bien hecho a la mujer y a las muchachas» patagonas. Entra, pues, en su proyecto sistemático la ardiente exhortación (ya en 1885): «Todas las solicitudes de los salesianos y de las Hijas de Maria Auxiliadora vayan dírigidas a promover vocaciones eclesiásticas o religiosas, tanto para hermanas como para salesianos »36 en las zonas misioneras.

He aquí una de sus intuiciones fundamentales. «En una época en la que las misiones, no sólo católicas, eran con frecuencia la avanzada del colonialismo europeo — ha matizado el prof. Scoppola — don Bosco intuye que la obra de evangelización de la Iglesia no echará profundas raíces en las tierras de misión si no llega a formarse un clero indígena estable».

Aleccionado por su prolongada experiencia de educador cristiano, don Bosco está convencido de que también en los países de misión los jóvenes, recibida «una educación científica y cristiana», constituirán «el instrumento más apto para atraer a los adultos a la fe y dar a la sociedad patagónica su nuevo rostro cristiano y civilizado» y «los patagones evangelizarán a los mismos patagones».3' Desde 1876 se aventura a pronosticar que «el proyecto de formar misioneros indígenas parece ser el bendecido por el Señor», por lo que «den‑

BS 9 (1885) 11, 165; CARBAJAL, Le missioni salesiane, p. 39-40. A la vista de Patagonia, en efecto, don Bosco promete al arzobispo de Buenos Aires «que, cuanto antes, cada pueblo de ambas márgenes del río Negro tendrá su sacerdote y maestro; que en Carmen de Patagones se establecerá un asilo para Indios y otro para chinas [sic], a cargo de nuestras hermanas, Hijas de María Auxiliadora; y que, en lo sucesivo, zarparán para Patagones hermanos coadjutores que enseñen la agricultura con las artes y oficios más corrientes» (carta a mons. Aneiros, 13.9.1879: cf ENTRAIGAS, Los salesianos 111, 85). Hasta la muerte de don Bosco trabajaron en la Patagonia 19 «salesianos laicos o coadjutores» (cf. CARBAJAL, Le missioni salesiane, p. 41.61.71-72).

36 «Ancora all'inizio del secolo XIX era quasi inconcepibile pensare di associare le suore altro de siete años contaremos ciertamente con misioneros indígenas».

missionari; íl loro inserimento ha quasi di prodigioso Le prime suore italiane furono le Francescane missionarie d'Egitto nel 1859» (M. LUDOVICI, II movimento missionario in Italia nel secolo XIX, Milano 1952, p. 315-334). «A los misioneros salesianos se unen esta vez las también dignas hijas de don Bosco, las hermanas de la caridad del instituto de Maria Ausiliatrice [...]. Es la primera vez que se verán hermanas [...] en aquellas remotas regiones, y sus dulces maneras, su caridad proverbial contribuirán sin duda muchísimo a la conversión de los indios a la religión católica, única verdadera» (Los verdaderos héroes del desierto, en el diario bonaerense «La América del Sur», 4 (1880) 1152). Cf. C. BRUNO, Los Salesianos y las Hijas de kl° Auxiliadora en la Argentina, vol. I, Buenos Aires, Inst. Salesiano de Artes Gráficas 1981, p. 201s.; BS 3 (1879) 11; 7 (1883) 2; 8 (1884) 4; MB XVII, 305; E IV, 333. A la muerte de don Bosco habían recibido instrucción religiosa unas 6000 muchachas: cf. CARBAJAL, Le missioni salesiane, p. 63-64.

" MB XII, 659; XVII, 299-305; E III, 59.90.257.320.456.569; IV, 124; BS 9 (1885) 1, 3; P. SCOPPOLA, Commemorazione civile di Don Giovanni Bosco nel centenario della sua morte, Torino 30 gennaio 1988, Roma, Tip. don Bosco 1988, p. 22.


Transcurrido dicho período su correspondencia sigue siendo paterna insistencia, plasmada en su Testamento espiritual: «Abierta una casa en el extranjero [...] esmérense constantemente en despertar vocaciones al estado eclesiástico, o Hermanas entre las niñas». Don Bosco no vio en vida realizado su sueño de contar con indígenas entre sus filas, pero «el que lo contemple — repetía ilusionado — podrá asegurar que este punto hace época, y una gran época, en la historia de las misiones »?8

4. Los salesianos «no formaron verdaderas "reducciones" al estilo de las jesuíticas del Paraguay»

Segundo reproche recriminatorio de su estrategia patagónica. Sin embargo no fue por no soñarlo, idear. lo y, en cierto sentido, intentarlo. En la aculturación de los pampas y patagones don Bosco se mostraba entusiasta del método evangelizador practicado por los jesuitas en Paraguay, familiar a la colonización y evangelización hispana en América. Ésta rememoraba — siempre en sentir de don Bosco — «el método de los misioneros del medievo, que, al convertir a los pueblos germanos, identificó la conversión de aquellos pueblos salvajes con la formación política y con el desarrollo del mismo país — [es decir, la antigua idea de "reductio ad Ecclesiam et ad politicam et humanam vitam"; así los jesuitas, en Paraguay], estableciendo poco a poco reducciones o parroquias cristianas, organizaron una especie de estado independiente, al que por su índole tan peculiar se dio el nombre de República Cristiana».39

Adaptado al enclave argentino, don Bosco lo transforma en el sugestivo proyecto patagónico, presentándolo en abril de 1876 al ministro de Asuntos Exteriores de Italia, para implantar, en una zona de la costa atlántica entre el río Negro y el estrecho de Magallanes, una colonia totalmente italiana — con «lengua, costumbres, gobierno italianos», — basado en el convencimiento, adquirido por «errónea información», de que allá no existía «ni vivienda, ni puerto, ni gobierno con derecho alguno».


36 E 111, 90 (Appello per la 2' spedizione missionaria, 25.8.1876), 95 (carta a don Cagliero, 12.9.1876); ASC 110 (1-Quad. 8); Cronichetta-Barberis, 12.8.1876, 75; MB XVII, 273; nota 22. Don Bosco no vió relizado el sueño, si bien, en 1900, en el aspirantado de Bernal (Buenos Aires) había «doce jovencitos de las zonas de Río Negro [...] dos de los cuales hijos de padres indios»; y las salesianas contaban en Viedma y Patagones con «varias jovencitas Indias profesas [.J. Algunas de las Patagonas eran maestras y misioneras en otros lugares, distantes de los que las vieron nacer» (cf. CARBAJAL, Le missioni salesiane, p. 63-64.104). Sin olvidar que está introducida la causa de beatificación del hijo menor, Ceferino, del cacique Manuel Namuncurá. R ENTRAIGAS, El mancebo de la Tierra. Ceferino Namuncurá, Buenos Aires, Instituto Salesiano de Artes Gráficas1974.

» CHIALA, Da Torino, p. 207. Descripción de las reducciones del Paraguay, que concluye: «II Muratori dipinse con una sola parola questa Repubblica cristiana intitolandola [...]. 11 cristianesimo felice [...]. O malizia dell'umana specie! Perché non lasciar vivere in pace chi a quest'ora avrebbe resa felice tutta la parte meridionale d'America» (p. 215).

Al mes siguiente propone al prefecto de Propaganda Fide «establecer allá una Prefectura Apostólica, que en caso de necesidad ejerza la autoridad eclesiástica sobre los pampas y los patagones», y motiva la propuesta también en el hecho de que «en aquella vastísima región [...] ninguna autoridad, civil o eclesiástica, pudo extender su influjo o dominio [...] no perteneciendo por ahora a ningún Ordinario diocesano ni a régimen alguno de gobierno civil»."

Pese a recibir de sus hijos «americanos» la advertencia de que se trataba de un proyecto «bueno pero aquí inoportuno e imposible» por lo que la prudencia recomendaba «diferirlo para tiempos mejores», don Bosco — aun reconocido el error — continuará opinando que «el sistema de colonias» era «el medio más adecuado para reducir [la Patagonia] a pueblo cristiano y civilizado», y jamás perderá de vista la erección regular de uno o varios Vicariatos, por juzgarlo imprescindible para «consolidar, de modo estable, la difusión del Evangelio» con la culminación de la plantatio Ecclesiae, y para «dar aún mayor solidez a la obra civilizadora entre aquellos pueblos, siendo [el Vicariato Apostólico] centro de las colonias presentes »41 y futuras.

Con la erección del Vicariato de la Patagonia septentrional y central (1883) y de la Prefectura Apostólica de la Patagonia meridional (islas Malvinas y Tierra del Fuego), don Bosco ve, por fin, que se delinea realmente su ideado proyecto de ofrecer «a Dios, a la Iglesia, a la Sociedad la Patagonia cristiana y civilizada», organizada socialmente: — partiendo de la reducción de los indios a comunidades básicas, aldeas y colonias; — con personal propio y autóctono «gran número de sacerdotes, de catequistas y de hermanas» — y con suficientes medios materiales indispensables para la vida social y el culto divino»; — y contando con abundantes «estaciones», «residencias fijas de misioneros», sin las cuales «es casi imposible la plena evangelización y civilización de aquellas tribus dispersas ».42

4° E III, 44-45 (Memorandum a Melegari, 16.4.1876), 60 (Memorandum al card. Franchi, 10.5.1876); BORREGO, Primer proyecto patagónico, p. 24-39.

41 ASC 126.2, cartas a don Bosco de don Fagnano, 2.3.1876; de don Cagjiero, 5-6.3.1876, y de Malvano, secretario de Melegarí, 18.8.1876: «Rispetto al progetti di colonizzazione in Patagonia il Ministro si riserva di pensarci ancora [...]. Esacerbata in questi ultimi tempi l'antica controversia tra il Chil.i e l'Argentina per lo spartimento del rispettivo dominio in quelle regioni, parrebbe quindi cosa prudente di differire ogni disegno fino a tempi migliori».

42 BS 10 (1886) 10, 113; 8 (1884) 7, 94; 11 (1887) 2, 15; 12 (1888) 10, 123. Expresa claramente las condiciones requeridas para constituir en el mundo indígena convertido un estable «pueblo cristiano» al anunciar la ida de mons. Cagliero: «Mons. Cagliero in Patagonia non troverá nulla di quanto abbisogna all'eserciz' io del pastorale ministero e alla formazione di una cristianitá [...]. Dovrá pertanto fabbricare, se non delle chiese, almeno delle cappelle in varii punti del suo Vicariato e fornirle di sacri arredi; dovrá nei luoghi piú popolati e centrali erigere ospizi per ricoverare giovanetti, onde poterli pin facilmente ammaestrare ed incivilire, e per mezzo loro gettare solide fondamenta di una popolazione cristiana, e ridurre alla fede i padri coll'aiuto dei figli; dovrá crearsi almeno un seminario, per formarsi dei sacerdoti indigeni, che a suo tempo

«Con una buena dosis de imaginación — observa P. Braido — se hubiera deseado encontrar de nuevo en don Bosco la ansiada utopía de una "sociedad cristiana", que coincidiera con la nación patagona evangelizada, versión más creible que "la sociedad cristiana", ideada en 1876, trasplantada de Italia. Pura fantasía. Al norte y sur del Trópico de Capricornio existían presupuestos históricos, políticos y culturales, y de una y otra parte del Océano tales esquemas mentales hacían simplemente absurda semejante concepción».43

Baste pensar que por las mismas fechas, en las que, sin darlo a conocer al Gobierno argentino, se erigía el Vicariato (1883) y hacía su ingreso en el el Vicario Apostólico (1885), el 1 de enero de 1885 se producía el total sometimiento indígena del sur argentino. Desde entonces los grupos indígenas subsistentes — menguados notoriamente por falta de lo indispensable, por la emigración forzada y voluntaria (su congénito nomadismo), por las enfermedades — cesaron de ser fuerza militar, motivo de molestias, obstáculo a la colonización, que sería forjada por elementos de dispares nacionalidades — con americanos convivieron italianos, españoles, alemanes, rusos, franceses —, a los que ya el presidente Sarmiento invitaba a sentirse «no extranjeros», sino «habitantes» del país. Los salesianos, encarnados en la realidad establecida, ejercieron benéfico influjo entre inmigrados y aborígenes.

Es cierto que el presidente Roca prometía a don Bosco protección ininterrumpida para las misiones patagonas, que «ocuparían siempre el puesto de las empresas civilizadoras»; pero la nueva política colonialista, seguida con los grupos aborígenes por todos los Estados latinoamericanos, se esforzará por «civilizarlos» e «integrarlos» a la cultura nacional, por lo que «jamás [...] Roca ni las Cámaras — delataba don Milanesío, misionero salesiano in situ — habrían consentido [...] ni, una vez planteado, favorecido [...] el sistema de los reverendos padres jesuitas en el Paraguay, a manera de reducciones independientes y bajo completo gobierno de los misioneros»."

En dos únicos casos — con los grupos onas de la isla de Dawson (misión de San Rafael) y de Río Grande (misión de la Candelaria), ambos en la Tierra del Fuego — los salesianos pudieron aplicar, en parte, el «sistema de reducción». Para los demás — insiste don Milanesio, — «si se quiere hacer algo positivo por su educación [...] no pudiendo reducir a los indios con el sistema de reducciones ni establecer escuelas entre ellos, tuvieron que limitarse a visitarlos en sus chozas y grupos donde se hallaban» (intensificando las "misiones volantes"), aprendano la direzione delle nuove parrocchie [...]; dovrá insomma ordinare il suo Vicariato in modo che [...] si salvino le anime»: BS 9 (1885) 1, 3-4.

" BRAMO, Il progetto operativo, p. 27-28.

44 E III, 572.634 (carta del presidente Roca a don Bosco, 10.12.1880); IV, 238-239 (carta a Roca de don Bosco, 31.10.1885); MB XVI, 379; D. MILANESIO, Notas históricas, t. XII (arch. Bahía Blanca, R. 1 [12] M, p. 11-13): cf. BRUNO, Los Salesianos I, p. 191-192; CARBAJAL, Le missioni salesiane, p. 16ss; R. ROJAS, El profeta de la Pampa. Vida de Sarmiento, Buenos Aires, Editorial Losada 21948, p. 637-638.

ampliar las residencias fijas, a abrir casas en las colonias y centros de población, adonde acudían los aborígenes. Y así en el caso de Patagonia la plantatio Ecclesiae por la acción de los salesianos, históricamente no se limitó al sólo hecho edesial, sino que resultó parte fundamental de su historia civil, de su desarrollo cultural y estabilización socia1.45

5. Perspectivas de futuro

A la muerte de don Bosco su obra en Latinoamérica se asentaba ya en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Ecuador. Su proyecto operativo misionero, utópico en su concepción global, se reconocía válido en algunos elementos que la historia salesiana se ha encargado de reivindicar. Se indican como pistas de investigación:

1) La Congregación salesiana, desde siempre, consideró y considera tan dentro de su misión juvenil y popular la actividad misionera que «le missioni estere» aparecían (hasta 1966) en el artículo 7 de las Reglas, como una de las obras apostólicas «en pro de la juventud, especialmente pobre y abandonada». Las Constituciones renovadas (1972) vuelven a subrayar (art. 24), en la actividad misionera, «la formación de los jóvenes»; señala el Capítulo General Especial, como característica peculiar de dicha acción, «la educación liberadora de la juventud», que el art. 30 de las actuales constituciones (1984) transforma en la obra — «rasgo esencial de la Congregación» — que «moviliza todos los recursos educativos y pastorales típicos de su carisma».46

2) La aplicación, «en toda su amplitud, del sistema educativo en las misiones — recomendado encarecidamente por Pío XI a don F. Rinaldi, Rector Mayor, — a saber, de sus planes, medios y espíritu», harían de la institución de don Bosco — en sentir del jesuita, J. Grisar — «un estimable factor en la gran obra de las Misiones católicas».47 Y, reseñados los contenidos y modalidades de la acción salesiana misionera, reflejan— con una carga mayor de connatural promoción humana — los que don Bosco realizó proporcionalmente en todas sus obras educativo-pastorales en régimen de «civilización cristiana» europea, pues para él «la cristiana Europa es la gran maestra de civilización y de Catolicismo». Si bien su intuición tenaz de contar con clero indígena, garante de una plantatio Ecclesiae estable — sostieñe el prof. 'Scoppola, — «contribuirá a un cambio de mentalidad en la obra misionera, que, en los decenios más próximos a nosotros, dará una aportación importante al mismo proceso de descolonización y un comportamiento nuevo de la cultura europea frente a las culturas del Tercer Mundo ».48
45 Annali I, p. 415; BS 11 (1887) 1, 3s; P. PAESA, Planes y métodos, p. 214-236; BRUNO, Los Salesianos I, p. 488-493; E. SzANTo, Solidaridad de la Iglesia con los indígenas - Documentario patagónico 1, Bahía Blanca, Archivo Histórico de la Patagonia Norte 1988, p. 30-44.

46 Atti del Capitolo generale 20 (1971-1972), nn. 472-476.

ACS 19 (1923) 77; J. G1USAR, Die Missionen der Salesianer Don Boscos í.tl, Wien, Verlag der Salesianer Don Boscos 1924; cf. BS 49 (1925) 300-301.

3) Es obvio que en la estrategia misionera de don Bosco faltaron en su visual los problemas más imp.ortantes y arduos inherentes a las relaciones entre evangelización, aculturación e inculturación. En su proyecto la dimensión propiamente misional implica extender el reino de Dios «en las regiones de los Pampas y de la Patagonia, donde un pueblo inmenso espera [...] con la civilización la salvación eterna». Mas las exigencias impuestas por la supremacía de la cultura y de la política colonial en don Bosco se ven atenuadas por los conceptos mitigados de civilización y sociedad cristiana, de cultura y «estado salvaje», que jamás aceptarían la fórmula propuesta por el poder Ejecutivo argentino al Congreso en su mensaje anual de 1876: realizar «una cruzada contra la barbarie hasta conseguir que los moradores del desierto acepten, por el rigor o la templanza, los beneficios que les brinda la civilización».49

Pese a tener que esperar a muy entrado el siglo veinte para hablar de «encarnación» del Evangelio en las culturas étnicas, los salesianos, desde su primer encuentro con los indios — o, en general, con otros pueblos o culturas dieron pruebas de «saber desarrollar insospechadas dotes de percepción y adaptación», de hacer esfuerzos de inculturación y de poseer — «salvo siempre excepciones fruto de iniciativas individuales y arbitrarias — aqüella humanidad y respeto al modo de vivir de los otros que está en la base del sistema educativo salesiano», cimentado en la razón, religión y amabilidad: «Conviene, por tanto, — sugería don Bosco en 1885 — tratar [a los aborígenes] con dulzura, tomarse a pecho su bienestar y, en particular, ocuparse con solicitud de sus hijos»... «Con la dulzura de San Francisco de Sales los salesianos llevarán a Jesucristo las poblaciones de América»."

4) Es obvio también que mentalidad diversa, vicisitudes ligadas a la contemporánea conquista militar de algunas regiones — todavía en vida de don Bosco — obligasen a los misioneros, «por amor o por fuerza», a soportar situaciones, que hoy no aceptaríamos." Pero nunca les faltaron la humanidad y el respeto, fundamento de toda pretendida cultura y ciencia. Por supuesto, en los inicios la actividad cultural del misionero salesiano «no es el estudio sino la transformación de los indios y de la región que habitaban, el aprendizaje de sus lenguas y, con frecuencia, la exploración de tierras desconocidas, la descripción de sus usos y costumbres». Luego llegarían también — en caudal apreciable — las «aportaciones científicas de las misiones salesianas».52


" MB XVI, 385; SCOPPOLA, Commemorazione civile, p. 22.

" BS 1 (1877) 4, 1; BRAMO, II progetto operativo p. 24-26; A. PADILLA, Presidencia Avellaneda - Vicepresidencia Mariano Acosta (1874-1880), en: R. LIVILLIER, Historia Argentina IV, Buenos Aires, Plaza y Janés de Argentina 1968, p. 2957.

" MB XVI, 394; BS 8 (1884) 1, 17; 8 (1884) 7, 101; STELLA, Don Bosco I, p. 185.

" ASC 273, cartas de don Costamagna a don Bosco, 27.4.1879; de don Fagnano a don Lasagna, 3.3.1887; BS 3 (1879) 5, 5; 5 (1881) 10, 8; 6 (1882) 4, 67; 8 (1884) 1, 8; Missionari salesiani in partenza: «Nelle spedizioni falte dai governi, eziandio per fine di civilizzazione, si preparano fucili, spade, cannoni, torpedini, ma nelle spedizioni religiose non vedete un'arma sola che rechi la morte, ma quella che porta la vita! Ed é la croce che conquista le nazioni a Dio e alla civiltá» (BS 9 [1885] 3, 36).


5) Es cierto, en fin, que se hablará de salvar almas o personas más que de salvar pueblos con su historia, su cultura, su derecho a un espacio vital. Hoy, por el contrario, desde el «proyecto Africa» hasta la confederación shuar, la metodología misionera salesiana — teniendo en cuenta cada pueblo y su entorno cultural, — puede verse radiografiada en el proyecto educativo pastoral - a actuar entre los yanomamis, — que «pretende entablar un diálogo entre la cultura yanomami y otras culturas [por supuesto, la cristiana] para que realicen una síntesis [...], puedan ser protagonistas de su propia historia»."

La credibilidad de don Bosco fue tan absoluta, que no dudó en vaticinar (1876) al método un futuro halagüeño: «Con el tiempo será adoptado también en las demás misiones. ¿Cómo hacer diversamente en Africa y Oceanía?». Y los salesianos e Hijas de María Auxiliadora que hoy trabajan en América, Asia, Africa y Oceanía — como los de ayer y hoy hicieron y hacen en Europa — se esfuerzan por ofrecer a la Iglesia, «sobre todo mediante la educación de las nuevas generaciones y el interés por los problemas juveniles [...], junto con el mensaje evangélico, el espíritu, la misión, el método educativo y las opciones preferentes de la Congregación ».54

R FARINA, Contributi scientifici delle missioni salesiane, en: Centenario ¿elle missioni salesiane... Discorsi, p. 97-141. Se trata de una magnífica síntesis, con abundante bibliografía, hasta 1979.

" Pastoral Amazónica — Semana de estudos missionarios, Campo Grande 5-10 Sept. 1988, Roma, Dicastero per le Missioni Salesiane 1988; Veinte años con los yanomamis (Entrevista a sor Isabel Equillor, HMA), BS (español) 101 (1988) 6, 28.

" ASC 110 (1-Quad. 8) Cronicbetta-Barberis, 12.8.1876, p. 87; MB XII, 280. El Proyecto de vida de los Salesianos de Don Bosco. Guía de lectura de las Constituciones salesianas, Madrid, Editorial CCS 1987, p. 337-338.


EL ORIGEN DE LA LIIERATURA SALESIANA EN ESPAÑA EN VIDA DE SAN JUAN BOSCO

María Fe NÚÑEZ MUÑOZ

Los sondeos de investigación realizados hasta el presente, en torno a los orígenes de la literatura salesiana en España habían quedado fijados, después de la publicación del libro de Ramón Alberdi, Una ciudad para un Santo,' en las noticias que sobre la obra salesiana difundieron, de forma más o menos sistemática, la «Revista Popular» de Barcelona, dirigida por el P. Félix Sardá y Salvany, y el opúsculo' del entonces obispo de Milo y auxiliar de Sevilla, Marcelo Spínola y Maestre, titulado Don Bosco y su obra, publicado también en Barcelona en 1884.2 Quedaban, no obstante, algunos puntos por esclarecer, ya que en las Memorias biográficas se hacía constar la existencia, en España, de otro centro de difusión de noticias salesíanas, aún en vida de don Bosco, distinto del de Barcelona, centro que encarnaba el arzobispo de Sevilla mons. Lluch y Garriga.3 La procedencia de esta información, su naturaleza y contenido reclamaban, sin duda, una investigación aún no realizada, que concretara fechas y higares así como también personas, a las que atribuir la originalidad de las fuentes y los motivos de la difusión.

El vacío de información indicado estimuló mí interés, eligiéndolo como tema de participación en este Congreso, a fin de contribuir, aunque sólo sea con el esclarecimiento científico de un aspecto apenas relevante, a la elaboración de esa Historia que desde la figura gigante de don Bosco se puede hacer o se está haciendo, del entorno y del mundo que le fueron contemporáneos.

Los limites de espacio y tiempo del estudio se perfilaban claros, de acuerdo con los objetivos establecidos previamente: La archidiócesis de Sevilla, sede del cardenal Lluch y Garriga y los años de su estancia en ella: 1877-1882. Pos­teriormente amplié los límites cronológicos de la investigación hasta 1888, año en el que, con el fallecimiento de don Bosco, quedaban acotados los objetivos del estudio, ya que la literatura salesiana posterior correspondería a la difusión del espíritu y de la obra que el Santo dejaba tras de sí.
1 R. ALBERDI, Una dudad para un Santo. Los orígenes de la obra salesiana en Barcelona, Barcelona, Ediciones Tibidabo 1966, p. 69-81.

2 Don Marcelo Spínola y Maestre, obispo de Milo y auxiliar de Sevilla en 1881, de Coña en 1884, de Málaga en 1886 y, finalmente, arzobispo de Sevilla en 1895 y cardenal en 1905, publicó su libro sobre Don Bosco y su obra en Barcelona en 1884. La edición que he consultado es la tercera, publicada en Sevilla en 1947, en las Escuelas Profesionales Salesianas de Artes Gráficas. Sobre don Marcelo Spínola, puede consultarse el libro de J.M.* JAVIERRE, Don Marcelo de Sevilla, Barcelona 1963.

3' MB XV, 321.




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