En la historia


Características de la experiencia de don Bosco



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4. Características de la experiencia de don Bosco

El relieve no precisamente episódico de la obra de don Bosco en el campo de la difusión de la cultura popular, se refiere tanto a los contenidos y los objetivos educativos en los que se inspiró preferentemente aquella obra, como a la elección de métodos, de instrumentos y, sobre todo, de estructuras a que recurrió.

Para el primer aspecto, puede ser útil hojear la obra de don Bosco a la luz de las observaciones críticas de Francesco De Sanctis a propósito de Canta: «Se ha creído que para hablar al pueblo bastaba presentar parábolas, ejemplos, relatos, anécdotas, novelas, es decir, la parte sensible de lo cognoscible, y no otras cosas. Y que no era necesaria la lógica al escribir». Lo que De Sanctis criticaba en la literatura popular de su tiempo, en Taverna, Parravicini, en el mismo Cantil, era el amontonamiento de «conocimientos útiles», de noticias enciclopédica y desordenadamente hacinadas, de exhortaciones morales confiadas a sugerencias flojas, y, en cambio, la falta de un diseño, de «una idea madre dominante»." Don Bosco parece sensible al mismo problema. En su obra resulta acentuada la búsqueda de un eje, o de varios, que sirva de referencia y que sea capaz de imprimir al conjunto un cierto signo de unidad, un carácter más acentuado de mensaje organizado.

He tratado de demostrar en otro lugar que esta idea-madre existe, por ejemplo, en su Storia d'Italia. No se trataba, desde luego, de una idea nueva, porque reproducía una lectura de la historia nacional en la que se veían claramente las raíces de la cultura católica de la Restauración. Era una representación de la historia de Italia, radicalmente conexa con la presencia del papado y de la Iglesia, según una visión clásicamente güelfa y pontificia y sostenida por

" Está atento a estos aspectos: G. VERUCCI, L'Italia laica, p. 116-178.

" Se encuentran muchos datos sobre el tema en: P. STELLA, Don Bosco nella storia economica e sociale (1815-1870), Roma, LAS 1980, y en: L. GIOVANNINI, Le «Letture Cattoliche» di don Bosco esempio di «stampa cattolica» nel secolo XIX, Roma 1980; más específico: S. PIVATO, Don Bosco e la «cultura popolare», en: F. TRANIELLO (ed.), Don Bosco nella stork della cultura popolare, Toríno, SEI 1987, p. 253-287.

16 DE SANCTIS, La scuola cattolico-liberale, p. 235.

una apologética católica de tipo específicamente social y civil: la verdadera religión sirve en grado máximo a una vida terrena feliz para los individuos y un desarrollo ordenado de la comunidad.

Lo que don Bosco añadía como suyo era la construcción de un continuum entre la historia «alta» de las instituciones y las autoridades y la historia de los humildes, en la que las reglas sencillas y estables de la moral y del sentido común, puesta de manifiesto mediante los exempla y tos episodios edificantes o aterradores, se conectaban orgánicamente con los aspectos centrales del dogma, de la ascética, de la piedad católica y con una eclesiología centrada sobre el primado de la autoridad pontificia.'' En don Bosco se daba el intento de unir el fondo moralizante del sentido común con una visión de la religión católica, momento básico de la vida asociada, organizada alrededor de algunos símbolos centrales, y por eso más eficaz también como «ideología difusa». Todo esto configuraba, como se ha hecho notar," un intento de responder, partiendo de los datos elementales y tradicionales del ethos católico-nacional, a la reducción institucional y cultural del espacio religioso-edesial realizado por el Estado laico y la proliferación de las opiniones y diversas formas de fe.

El punto crítico de la obra de don Bosco hacia la cultura popular era su insistente lejanía de la dimensión política, que reflejaba una aplicación marcadamente tradicionalista del principio de autoridad de tipo providencial-naturalista, sobre el modelo paterno, y tendía a proyectar todo el mundo del poder en una esfera inalcanzable y extraña a los intereses de las clases populares, en una óptica de sumisión escrupulosa. Esto permitía a don Bosco predicar la adaptación «a cualquier clase de leyes y de Gobiemo»," y, por tanto, una lealtad fundamental, lejana, por ejemplo, de los extremos subversivos de los católicos intransigentes; al mismo tiempo, le permitía dar una aplicación a larga escala al principio de la identificación inmediata y natural entre un buen católico y un buen ciudadano, en donde el radio de la «buena ciudadanía» se entendía delimitado por los comportamientos que se levantaban sobre las buenas costumbres de la persona y sobre las virtudes predicadas por la moral católica.

Resultaba de ello una actitud bastante singular, pero sintomática, en relación con el marco institucional que representaba el estado unitario liberal. En ella, los aspectos de adaptación y conformidad a sus normas iban junto al cultivo de un articulado complejo de imperativos y deberes tomados del catolicismo, propuestos como sistema ético alternativo de la moral liberal o socia‑

" TRANIELLO (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, p. 81-111.

18 PIVATO, Don Bosco e la «cultura popolare», p. 256s.

" P. BRAMO, L'esperienza pedagogica di Don Bosco, Roma, LAS 1988, p. 79. Cf. también: G. COSTA, Don Bosco e la letteratura giovanile dell'ottocento, en: BRAMO (ed.), Don Bosco nella Chiesa, p. 341; P. SCOPPOLA, Don Bosco nella storia civile, en: Don Bosco e le sfide della modernitá (Quaderni del Centro Studi «C. Trabucco», 11), Torino, Stabilimento Poligrafico Editoriale «C. Fanton» 1988, p. 14s.

lista, pero no extraño a los cambios de mentalidad y de valores de una sociedad en fase de transformación capitalista y de nacionalización de las masas.2° En el caso de don Bosco, nos encontramos, pues, frente a un momento

significativo en la historia de la ética católica. Bajo este aspecto, merecen atención al menos dos puntos: la aparición de la que ha sido definida ética del trabajo productivo y la insistencia sobre un modelo de santidad al alcance de todos e intrínsecamente unida al respeto de los deberes inherentes al propio estado y a la propia condición social.

Sobre el tema del trabajo en don Bosco se ha escrito mucho, sobre todo en

época reciente;2' y yo no sabría añadir nada a las acertadas observaciones hechas ya por otros. Sintetizaría esas anotaciones diciendo que el trabajo tiende en don Bosco a asumir un nuevo valor educativo, especialmente porque la imagen que se ofrece de él difiere parcialmente de la que lo presenta como condena o como pena, para adquirir un sentido más completo de creatividad y de autopromoción personal y un sentido más acentuado de utilidad y deber social. Además, en el sistema educativo de don Bosco, el trabajo que, realizado con asiduidad y exactitud, hace «leve la fatiga», introduce en una percepción ordenada del tiempo, la interiorización de reglas de precisión, de disciplina, de colaboración, que tienden a desarrollarse en sentido productivista y socializante, en una franca aceptación de la economía de mercado, pero con los co‑

, rrectivos de la solidaridad y del asociacionismo de tipo mutualista 22

La ética del trabajo se conectaba, además, directamente en la institución

educativo-popular de don Bosco, con el reclamo del todo especial de modelos de santidad nuevos por muchos aspectos. El perfil del universo hagiográfico de don Bosco no lo hace sólo el favor que se ha dado a los componentes, por decirlo así, activistas de los grandes santos de la historia de la Iglesia,23 sino

también el diseño de un objetivo de santidad personal al que todos deben y

pueden acceder, sin que se pida el ejercicio de virtudes especiales fuera de una fuerte voluntad y una perseverancia tenaz en el cumplimiento de los deberes inherentes al propio estado.24 En el Cenno biografico sul giovanetto Magone Michele, don Bosco recomendaba «vigilar con mucho interés que se practiquen cosas fáciles, que no asusten y no cansen al fiel cristiano, especialmente a la juventud [...J. Atengámonos a las cosas fáciles, pero háganse con perseveran‑

20 P. BAIRATI, Cultura salesiana e societ,i industriale, en: TRANIELLO, Don Bosco nella storia della cultura popolare, p. 322ss; F. TRANIELLO, Don Bosco e il problema della modernitá, en: Don Bosco e le sfide, p. 39-46.

21 BAIRATI, Cultura salesiana, en: TRANIELLO (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, p. 337ss.; L. PAZZAGLIA, Apprendistato e istruzione degli artigiani a Valdocco (1846-1886), en: Ibid., p. 29s; D. VENERUSO, IZ metodo educativo di san Giovanni Bosco alía prova. Dai laboratori agli istituti professionali, en: BRAMO (ed.), Don Bosco nella Chiesa, p. 133-142.

BAIRATI, Cultura salesiana, p. 339s.

23 F. MOLINARI, La «Storia Ecclesiastica» di Don Bosco, en: BRAIDO (ed.), Don Bosco nella Chiesa, p. 216s.

24 Sobre todos estos aspectos hay importantes datos en: STELLA, Don Bosco II, p. 205ss.

cia». -En la Vita di Santa Zita serva e di Sant'Isidoro contadino, publicación anónima de las «Letture Cattoliche» (sobre las que volveremos), se encuentra

escrito, de modo aún más explícito: «¿De cuántas cosas, pues, tenemos necesi‑

dad para hacernos santos? De una sola cosa: hace falta quererlo. Sí; con tal de que lo queráis, podéis ser santos: no os falta más que querer. Los ejemplos de

los Santos, cuya vida nos disponemos a poner ante vuestros ojos, son de per‑

sonas de baja condición que han vivido entre las tareas de una vida activa. Obreros, agricultores, artesanos, mercaderes, criados, jóvenes, se han santifi‑

cado cada uno en su propio estado. ¿Y cómo se han santificado? Haciendo bien todo lo que tenían que hacer. [...] En la vida de los Santos, que la Iglesia nos propone como modelo, veremos a veces hechos extraordinarios y acciones asombrosas: pero debemos tener presente que no son esos hechos ni esas acciones los que los han hecho santos, sino su fidelidad en el servicio de Dios y en el cumplimiento de los deberes de su estado»."

Me parece que se puede estar de acuerdo con que en esta imagen de la santidad estaba como escondido un germen anticipador y al mismo tiempo una interpretación unida a la tradición moral católica, del «sistema del precepto» divulgado después también en Italia desde la literatura smilesiana del «querer es poder».26

Será hasta fácil encontrar el componente conservador en el plano social de la llamada de don Bosco a la resignación y la aceptación del propio estado que figuraba en la idea de una ascesis confiada al respeto riguroso de los deberes inherentes a la propia condición, en oposición radical a cualquier impulso de «envidia social». Pero tampoco se pueden despreciar los dit' iamismos potenciales implícitos de aquel modelo de autopromoción voluntarista a la santidad por lo que contenía de llamada a la responsabilidad personal y a la dignidad casi sagrada del propio quehacer en el mundo, especialmente en el plano de la actividad del trabajo. El modelo de santidad según don Bosco, si por una parte aparecía funcional con una imagen de orden social rigurosamente jerarquizado y orgánico,27 exigía, sin embargo, la adquisición de la conciencia de la importancia del bien obrar según reglas «profesionales», cuyos efectos entraban a la larga en colisión con la imagen de un orden estático, fijado providencialmente para todos y para siempre. El envoltorio conservador de la ética de don Bosco contenía siempre los impulsos de una ascesis intramundana destinada a proyectarse en el plano histórico y social.

25 Cf. GIOVANNINI, Le «Letture Cattoliche», p. 96.

26 Era el título de la obra de M. Lessona editada en Turín (1869), precedida, hacía poco

tiempo, por la traducción de S. SMILES, Self-Help, realizada por G. Strafforello, y publicada con el

título: Chi si aiuta Dio l'aiuta (cf. VERUCCI, laica 119ss.), y seguida por Chi dura la vince de

P. Lioy, en 1871. En el caso de don Bosco, se podría también hablar de un «orientamento pre‑

ventivo» a la santidad entendida como impulso a la elevación social implícita en la moral laica y


liberal del «éxito personal»; con todo, quedan elementos específicos de semejanza entre las dos

ascéticas voluntaristas.

G.F. VENÉ, Letteratura e capitalismo in Italia dal Settecento ad oggi, Milano 1963, p. 276ss.

El tema de las relaciones entre don Bosco y la cultura popular comprende necesariamente todos los problemas relativos a su sistema educativo, a la metodología y a las instituciones formativas realizadas por él. No tocaré estos puntos, que se tratan en otra parte de este congreso, sino para señalar el relieve que asume en la obra de don Bosco la integración de formas educativas plurales, y donde la cultura se entiende también como socialización: pienso en

el papel de la música canlicoratdel teatro (en el que hay que ver una
aplicación «popular» de una tradición marcadamente jesuítica) o en el papel de la educación fisica y, sobre todo, de la gimnasia.28

Querría, en cambio, detenerme sobre otro aspecto que considero central y que definiría en estos términos: la circularidad entre instrumentos de difusión de la cultura popular y plataformas institucionales del «mundo salesiano».

Bajo este perfil, la obra de don Bosco no parecería distinguirse ni por la fundación de una congregación especialmente entregada a la instrucción popular, porque ejemplos del mismo género no faltaban a su alrededor, ni por las intervenciones de amplio radio realizadas en el campo de la difusión de la «buena prensa» y de la producción editorial, campo en el que el mundo cató‑

I líco del siglo presentaba una vitalidad propia.29

Fi proyecto que se va delineando en don Bosco, como consecuencia de la evolución de su experiencia educativa, fue más ambicioso: no sólo por el hecho de que la prensa como vehículo de cultura popular fue ideada como parte de una instrumentación pedagógica con muchos registros, sino sobre todo por su inserción en un plan institucional que le dotaba de los objetivos y los principales canales de difusión y que, en términos concretos, era la comunidad y el mundo salesiano.

Don Bosco intuyó que la producción de prensa para el pueblo tenía que contar con la inexistencia sustancial de un mercado en condiciones de absor‑

berla, como demostraban, por ejemplo, en el ámbito piamontés, la difusión limitada de las «Letture» de Valerio o del «Amico della Gioventú».39 La pro‑

28 PrvAro, Don Bosco e la «cultura popolare», en: TRANIELLO (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, p. 280-282, y también: ID., Letteratura popolare e teatro educativo, en: DSMC 1/1, 296-303. Pivato pone de relieve que la preferencia dada a la gimnasia indicaba una concepción de la educación física más centrada en la disciplina de grupo que en la competición individual. Yo notaría, por otra parte, que, aun en este caso, se trataba de un «primado» ampliamente aprobado por las corrientes pedagógicas laicas (cf. VERUCCI, L'Italia laica, p. 126), y añadido después como materia obligatoria en la escuela. Por lo que se refiere a la importancia de las asociaciones y de las actividades gimnásticas en el marco de la nacionalización de las masas, se debe consultar: G.L. MOSSE, La nazionalizzazione delle masse. Simbolismo politico e movimenti di masca in Germania (1812-1933), Bologna 1975, p. 146ss.

29 E. VALENTINI, Don Bosco e l'apostolato della stampa, Torino, SEI 1957; F. MALGERI, La stampa quotidiana e periodica e l'editoria, en: DSMC 1/1, 273 ss; GIOVANNINI, Le «Letture Cattoliche», p. 71ss.

30 Se encuentran datos abundantes acerca del «Amico della Gioventú», del que don Bosco

ducción de una prensa popular es para don Bosco una actividad que debe integrarse y sostenerse por un cuadro organizativo adecuado y que no puede pretender ser remunerativa desde el principio. Las primeras experiencias de don Bosco en el campo editorial son fundamentalmente de tipo escolar, aun presentándose con caracteres de «utilidad» para «toda clase de personas», como lo demuestran los ejemplos de la Storia sacra, de la Storia ecclesiastica y, después, de la Storia d'Italia, además del diálogo sobre el sistema métrico decimal; o bien incluidas en el círculo de la literatura de piedad y de devoción, especialmente dedicada a los jóvenes.” Al producir libros destinados en su mayor parte a la escuela, don Bosco captaba una exigencia real y muy sentida también a nivel politico y que había sido descuidada mucho tiempo?' Pero es el cambio de clima político y cultural que sigue a 1848, la libertad de prensa, la gradual laicización del Estado, la difusión de la propaganda protestante, lo que motiva el ingreso de don Bosco en el campo de las ediciones populares,

con un radio de difusión notablemente más vasto que el de las escolares.33


ejemplo más próximo en el que podía fijarse don Bosco, a propósito, era el de la «Conexione di buoni libri a favore della religione cattolica», editada desde septiembre de 1849 por los «Eredi Botta», en entregas quincenales, pero a un precio aún demasiado alto de 6 liras anuales.34 El estímulo más directo para

descender al campo, lo recibió del episcopado piamontés, y especialmente del obispo Moreno, con el que don Bosco proyectaba hacia 1851-1852 una «Pic‑

cola Biblioteca popolare» de la que tomó la puesta en marcha en 1853 la em‑

presa de las «Letture Cattoliche».35

fue «gerente responsabile», en: STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 345s.

" Ibid., p. 331ss. Sobre la importancia editorial de la literatura devocional en la Lombardía de la Restauración, cf. M. BERENGO, Intellettuali e librai nella Milano della Restaurazione, Torino

1980.


32 Un modo muy frecuente de difundir los libros consistía en introducirlos en la escuela como

textos de lectura y para premios: un camino que recorrió don Bosco, el cual, sin embargo, no consideraba su Storia d'Italia un libro propiamente escolar (cf. Peruzzi, mayo 1863, en: E I, 269- 271 y MB V, 503). Cf. sobre el grave problema de los libros de texto escolares: VERUCCI, L'Italia laica, p. 173; D. BERTONI JOVINE, Storia della didattica dalla legge Casati ad oggi, Roma 1976, vol. I., p. 173-191 y vol. II, p. 621-641; G. CANESTRI - G. RICUPERATI, La scuola in Italia dalla legge Casati a oggi, Torino, Loescher 1976, p. 66ss; I. PORaANI, Il libro di testo come oggetto di ricerca i manuali scolastici nell'Italia post-unitaria, en: Storia della scuola e storia d'Italia dall'Unita a¿



oggi, Bari 1982, p. 237-271.

" Sobre el incremento de la actividad editorial y tipográfica en el Turín de la época cavou

liana, cf. F. TRANIELLO, Torino: la metamorfosi di una capitale, en: Le capitali pre-unitarie, Atti de LIII Congresso di Storia del Risorgimento (Cagliari 10-14 ottobre 1986), Roma 1988, p. 65-112 Un indicio de las nuevas posibilidades de la imprenta lo dio el éxito de la «Gazzetta del popolo» que, según los datos presentados por B. GARIGLIO (Stampa e opinione pubblica nel Risorgimento La «Gazzetta del popolo» (1848-1861), Milano 1987, p. 11), alcanzó, antes de la Unidad, 14.00(

suscriptores.

STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 348; GIOVANNINI, Le «Letture cattoliche»

p. 76s.


33 STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 351s.

La iniciativa lanzada con la reedición de los Avvisi al Cattolici, ya publicados en 1850, y después con II Cattolico istruito nella sua religione, aun perteneciendo a un filón ya histórico de buena prensa que se remontaba al menos a las «Amicizie cattoliche», se distinguía, sin embargo, por algunos aspectos especiales. Los fascículos quincenales (y después mensuales), de formato de bol-sino, tenían un precio muy bajo, entre 10 y 15 céntimos, con una suscripción semestral que costaba 90 céntimos, sin gastos de correos, y una lira treinta con esos gastos, y con fuertes descuentos para las suscripciones numerosas.36 De la colección formaba también parte un almanaque anual, Il Galantuomo. Era una gran preocupación para don Bosco que el estilo y el lenguaje fuesen muy sencillos.37 La intención era ofrecer un vehículo de instrucción religiosa, pero entendida en un sentido muy amplio y casi omnicomprensivo, que iba desde los aspectos dogmáticos, sacramentales, doctrinales a los escriturísticos, de historia de la Iglesia, de hagiografía, de devoción, culto y liturgia, relatos edificantes, especialmente de conversiones, apologética y polémica antiprotestante (especialmente en el primer decenio),38 la ilustración de temas y sucesos contemporáneos que se referían a la vida de la Iglesia: los bienes eclesiásticos, el poder temporal, el matrimonio civil, el dogma de la Inmaculada, el concilio Vaticano, etc. Los géneros literarios usados eran de lo más variado: catequístico, parenético, dialógico, novelístico, dramático, tratados bajo la forma de breves «entretenimientos».

El fin del empeño era evidentemente afianzar, pero tal vez también suplir la formación religiosa muy deficiente que daba el clero con cura de almas, mediante un instrumento dotado de continuidad periódica y de fácil uso también en estratos sociales sin conocimientos de literatura y hasta analfabetos, mediante una lectura hecha por otros. Aunque la colección, en su conjunto, dé la impresión de no abarcar campos y métodos especialmente escogidos, se presentaba con el deseo de adaptar y orientar el mensaje a los diversos estados y condiciones de vida, con atención especial a las figuras de mujeres (la madre de familia, la esposa, la viuda, la criada) o juveniles (el huérfano, el peón, el pastorcillo, el joven que entra en el mundo) y a las realidades rurales o artesanales (el campesino, el pastor, el zapatero, el ebanista);" pero no sin intención

36 STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 358. Es posible hacer una comparación con el precio de los fascículos mensuales editados por la «Libreria propaganda», cercana a los ambientes anticlericales de la «Gazzetta del popolo»; para suscribirse era preciso pagar 0,50 liras mensuales ó 6 liras anuales (cf. GARIGLIO, Stampa e opinione pubblica, p. 152).

37 GIOVANNINI, Le «Letture Cattoliche», p. 87.

" Ibid. 92ss; M. STRANLERO, Don Bosco e i Valdesi. Documenti di una polemica trentennale (1853-1883), Tocino, Claudiana 1988.

" STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 355s, donde se subraya que las «Letture Cattoliche» estaban orientadas a los jóvenes «dei ceti popolari e in particolare quelli delle aree rurali in rapport() migratorio periodico con la metropoli». Parece que se puede advertir, sin embargo, cierta evolución, a medida que aumentan, entre los suscriptores, los individuos provenientes de Lombardía y Venecia.

de ofrecer reglas a todo el universo cristiano-popular visto en su conjunto,

como en el caso del Porta teco cristiano, «o avisos importantes en torno a los deberes del cristiano, para que cada uno pueda conseguir la propia salvación

en el estado en que se encuentra».4° Del acervo correspondiente de temas, de estilos, de autores, se delinea un diseño, la imagen de una vida según la religión católica, cuyo impacto en la historia de las ideas fue muy amplio a la larga, y que hay que poner en relación con la continua expansión de las estructuras y la influencia salesiana, aunque sin encerrarla dentro de sus limites.

Un paso significativo en la creación de un sistema integrado, en el que el ciclo de la redacción, de la producción y de la difusión tendía a cerrarse, es‑

tuvo constituido por la transición de la impresión confiada a tipografías exter‑

nas, especialmente Paravia y De Agostini, a la imprenta del Oratorio: paso que tuvo lugar en 1862.4' Más significativa aún es la atención intensa que don

Bosco ponía en los problemas de la circulación. Estudios recientes han consentido llevar a cifras más realistas y más precisas, respecto a las que se tenían, la entidad de las tiradas de las «Letture Cattoliche» y de los libros de don Bosco; pero han confirmado también la sustancia de una difusión mucho más

amplia que la de publicaciones católicas, para el pueblo, análogas. Se sabe que los casi 3.000 ejemplares de la tirada inicial de las «Letture Cattoliche» fueron

insuficientes para satisfacer la demanda con la necesidad de reimprimir varios

fascículos.42 Pietro Stella ha hecho notar que, después de una cierta disminución debida también a la crisis económica de Piamonte en 1854-1855, se veri‑

ficó un constante incremento de tiradas de las «Letture Cattoliche», de los casi 5.500 ejemplares de media después de 1857 a más de 8.000 en 1860 y 15.000 en los años siguientes a la unificación.'"

Pero II Galantuomo tenía siempre una tirada próxima al doble de la media; y las producciones de mayor éxito, excluyendo también las obras utili‑

zadas en las escuelas, tuvieron frecuentes reimpresiones y reediciones: la Chiave del Paradiso, librito impreso en 1856 con 6.000 copias iniciales, tuvo más de cien ediciones en diversas lenguas con un total, según parece, de

800.000 ejemplares.44

En cambio, tenemos informaciones todavía relativamente escasas sobre el

área .y los ambientes de difusión de las «Letture Cattoliche» y, en general, de la producción salesiana. Los datos de que disponemos indican, al menos hasta los años 70, un área más bien limitada a los territorios de los antiguos Estados

40 GiovANham, Le «Letture cattoliche», p. 149s.

41 STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 366s.



42 Ibid., p. 358-361.

43 Ibid., p. 361-365; ofrece cifras un poco elevadas, sobre todo para los primeros arios: GIO VANNINI, Le «Letture Cattoliche» p. 197-200. Sin embargo, en la época cavouriana, eran más nu» merosos los fascículos de la recordada asociación «Libreria propaganda», que alcanzaban, comc

media, 20.000 ejemplares (CARTGLio, Stampa e opinione pubblica, p. 154).

44 GIOVANNINI, Le «Letture Cattoliche», p. 201.

sardos, que correspondía a la zona en que estaba entonces establecida la congregación. Las cosas cambiaron en los años 80. Hay que notar que, al menos

al comienzo, las mayores dificultades de penetración se tuvieron precisamente en la diócesis de Turín.45 Parece que, en general, prevalecieron como centros de difusión las localidades urbanas menores.46 A la relativa limitación del área geográfica inicial correspondía, en cambio, un notable grado de difusión.

Don Bosco fue de los primeros que entendieron que la estructura de la Iglesia podía ofrecer una óptima red de distribución, y por ello se dirigió a obispos, vicarios y párrocos para que se asociasen, recomendasen y procurasen suscripciones para las «Letture Cattoliche». Es típica la llamada de 1863 enviada a 10 cardenales, 85 obispos, 60 vicarios de zona.47 Además, siempre procuró utilizar los mismos fascículos de las «Letture Cattoliche» para una acción de autopromoción. Una gran ayuda le vino por el autorizado apoyo de hojas y periódicos católicos, como «L'Armonia» y «La Civiltá Cattolica». Igualmente importante fue el recurso a personajes y familias de la nobleza católica (pero también no católica) a los que se dirigía para poner en marcha campañas de suscripciones y adquisiciones en bloque, con la función de distribuidores.48 No descuidó, evidentemente, las escuelas, de la Iglesia y públicas. Pero vio, sobre todo, que una actividad editorial de aquel género y con aquellos destinatarios, con una total carencia de centros de venta, tenía que organizarse también con la distribución en formas de asociación y de voluntariado. Desde 1859 había lanzado una «Societá per la diffusione delle Letture cattoliche ed aüri libri cattolici», que tenía entre sus fines, también, la distribución gratuita o al menor precio posible de libros buenos, y confiaba a cada socio el cometido de «impedir la lectura de libros malos a sus dependientes» y el de escoger un lugar o un grupo de personas «entre las que debía difundir buenas lecturas».49 En general, todo el movimiento asociativo de carácter salesiano tuvo entre sus fines el de la difusión de la prensa, comprendida la`intención de asegurar cauces a las iniciativas de nuevas colecciones de libros, especializadas según las catego‑

rías sociales."

Poco a poco fue haciéndose más estrecho el lazo entre el sistema institucional y asociativo salesiano con la producción editorial y su difusión. En esta dirección, un papel de importancia, todavía no suficientemente estudiado por lo que yo conozco, debió de tener desde el momento de su nacimiento, en

45 Carta de 20 deciembre 1855 de don Bosco al can. Filippo Ravina, en: E I, 121.

46 Cf. las listas de los «Benemeriti Raccoglitori», citados por Giov~, Le «Letture Cattoliche», p. 201s; otros datos en: STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 363s.

47 Citado por Giov~, Le «Letture Cattoliche», p. 218. Sobre las intervenciones episco‑

pales (y papales) a favor de las «Letture Cattoliche», cf. STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 362s.

49 STELLA, Don Bosco nella stork economica, p. 365s. 49 GIOVANNINI, Le «Letture Cattoliche», p. 207.

" Brumo, L'esperienza pedagogica di don Bosco, p. 74.

1877, el «Bollettino Salesiano», enviado individualmente «a quien lo quiere y a quien no lo quiere»," canal de unión y de identificación de un mundo que giraba alrededor de don Bosco. En la misma óptica habría que estudiar la labor desplegada por los cooperadores salesianos. Su estructura funcional elástica, su dependencia orgánica de la figura carismática del fundador, la falta de rigidez en sentido confesional,'" la acentuada «neutralidad» política parecían configurar para la Unione dei cooperatori un movimiento paralelo, pero difícilmente identificable con el movimiento católico intransigente, susceptible de notable expansión «ya que estaba apoyado por los salesianos y dependía del mismo centro»."

6. Observaciones conclusivas

Podemos en este momento sacar ya alguna conclusión. La primera es ésta: si la obra de don Bosco para la difusión de la cultura popular de base religiosa no se puede separar del conjunto de las instituciones educativas que levantó, tiende, sin embargo, a superar estos limites, aun por la naturaleza más fluida y difusiva de los medios de comunicación utilizados. Si es correcto, pues, dar importancia al conjunto educativo de don Bosco, poniendo atención especial en el aspecto de la formación y la instrucción juvenil, no parece, no obstante, que se pueda despreciar el efecto de irradiación de mayor alcance ejercido por el «sistema» salesíano al plasmar o replantear sectores sólidos, aunque difícilmente cuantificables, de los modos de pensar y de los modelos de comportamiento

del pueblo cristiano.

Una segunda observación se refiere a la percepción por parte de don Bosco de nuevas dimensiones y nuevos instrumentos de la obra educativa, llamados a integrarse entre los medios tradicionales de la evangelización. Don Bosco se sitúa en primera fila a la hora de comprender que en la época de la alfabetización intensa, no basta con imprimir «buenos libros», sino que hace falta tambíén difundirlos, inventando canales idóneos; que la educación escolar no( podía desinteresarse de la educación permanente; que la escuela tenía necesidad de libros, igual que los libros tenían necesidad de escuelas que estuviesen' a sus espaldas.

Una tercera y última observación se refiere a la intuición precoz dedon Bosco de que la actividad dirigida a la educación popular requería un cierto grado de, especialización, formas organizadas mejor orientadas hacia su objetivo. De ahí nacía la conciencia animosa de la función estimulante de la congregación salesiana y del archipiélago asociativo conectado con ella, un «sis‑

" STELLA, Don Bosco I, p. 219s. Ibid., p. 216s. " Ibid., p. 225.

tema», como ya he dicho, centrado en la figura carismática de su fundador. De ello derivan una sensación de eficacia, pero también algunas dificultades notables de relación con la estructura eclesiástica de nivel diocesano que marcó en Italia la historia salesiana.54_

En don Bosco se cruzan muchos de los problemas relacionados con la di‑

, fusión de instrumentos de comunicación cultural y de formación religiosa que se superponen y, en cierta medida, sustituyen a los tradicionales. Por eso el puesto de don Bosco en la historia de la cultura popular es también el que ocupa en la historia de las transformaciones de la mentalidad religiosa.

54 Sobre las dificultades con mons. Gastaldi, cf. G. TUNINETIT, Lorenzo Gastaldi (18151883), vol. II: Arcivescovo di Torillo (1871-1883), Torillo, Piemme 1988, p. 259s. No parece completamente fuera de lugar establecer algunas analogías con las vicisitudes referentes a las difíciles relaciones entre el asociacionismo intransigente (especialmente los comités de la «Opera dei Congressi») y algunos obispos septentrionales, más o menos por las mismas fechas: Bonomelli de Cremona, Scalabrini de Piacenza y Nazari di Calabiana de Milán.



DON BOSCO Y EL TEATRO POPULAR Stefano PIVATO

1. Teatro y educación popular

En octubre de 1882, uno de los órganos más batalladores del anticlericalismo turinés comentaba en estos términos la figura y la obra de don Bosco:

«No es ya el evangelio el inspirador del Santo de Valdocco. Es el sillabo de Roma [...] por él se difunden libros, periódicos para la propaganda clerical; se organizan círculos y comités. [...] Por él se inventan historias de jóvenes que se han hecho santos, como la de Domingo Savio; de jovencitas que han llegado a beatas, como las hermanas

Rigolotti».'

Hace falta precisar, además, que en aquellos años no eran sólo las voces del anticlericalismo más desbordado las que criticaban la obra de don Bosco. En términos aún más claros, e indirectamente dirigidos contra don Bosco, considerado como un abanderado de la literatura popular católica, se expresó

así Francesco De Sanctis:

«Si presentáis ahora como modelos a San Luis Gonzaga, a San Carlos Borromeo, a San Alejo y aquellas virtudes como remedio de todo, y enseñáis que no hay que sentir las ofensas, las necesidades, la misma hambre, forjáis tal ideal que cuando los jóvenes entren en la vida real, menos los predestinados a la santidad y al heroísmo, que son un número muy pequeño, darán con el peor de los males que pueda sufrir un pueblo: distinguir la escuela de la vida, lo que han aprendido en abstracto de lo que se hace de

veras; se harán hipócritas».2

Ni hay que creer, por último, que en ciertas ocasiones el juicio de parte de algunos católicos haya sido más indulgente. Ésta es, en efecto, una de las acusaciones de contenido teológico en el proceso para la canonización de don

Bosco:

«Don Bosco compuso la Vida de Domingo Savio sirviéndose de recuerdos persona‑



' Don Giovanni Bosco, en «Gesii Cristo, Grido popolare antidericale», 22-29 ottobre 1882.

2 F. DE SANCTIS, Cesare Cantü e la letteratura popolare, en: La letteratura italiana nel secolo XIX, vol. U: La scuola liberale e la scuola democratica, Bari 1954, p. 251-257

«curiosos» o «extravagantes», sino para reconstruir de un modo más completo el intento de educar la mentalidad popular, el modo de proceder educativo, el


les, de notas que él había tomado mientras todavía vivía el jovencito y de noticias escri­tas que él había pedido tanto a los maestros como a condiscípulos que habían conocido al Siervo de Dios. Parecería, pues, que tal vida debería tener un valor histórico incon­testable. Pero la impresión que causa, por otra parte igual que las Vidas de Luis Co­molo, de Francisco Besucco y de Miguel Magone escritas igualmente por él, es la de rela­tos cuya preocupación por edificar y adoctrinar moralmente a sus lectores, ocupa un lugar preponderante. Pero hay más: el cotejo del texto de don Bosco con el de los do­cumentos en los que él dice que se apoya, hace aparecer varias veces una exageración evidente, siempre con la intención de edificar».3

En los juicios reproducidos arriba se suman diversas posturas ideales, pues, para contribuir a formular una sentencia negativa sumaria sobre una de las experiencias más significativas del apostolado de don Bosco: la que se re­fiere a la educación popular.



En otro momento más oportuno. hará falta, sin duda, profundizar esas mo­tivaciones. Por lo que se refiere más directamente al tema de esta intervención es suficiente hacer notar que ciertos juicios han apoyado ciertamente esa espe­cie de sentido aristocrático de la cultura que con frecuencia ha marginado los ámbitos de la llamada «cultura popular»,4 es decir, el conjunto de intervencio­nes que intentaban extender la instrucción: ciertas formas de ediciones míni­mas como hojitas volanderas, almanaques, bibliotequitas «para el pueblo», o determinadas formas de divulgación del teatro como los grupos de aficiona­dos. Todas estas expresiones que, en definitiva, se pueden colocar en un área entre «lo popular y lo filantrópico»,5 y que supone la acción de intelectuales, de movimientos políticos e idealistas al final del siglo XIX, con el fin de llevar «la luz de la inteligencia al pueblo».

Se trata, en realidad, de experiencias consideradas según los cánones de la crítica estilística de Croce — como «epifenómenos» o productos «subcultura­les».6 Y ese juicio aparece, no sólo como seductivo, sino como reticente res­pecto al relieve que tuvieron en el contexto más complejo de la cultura italiana y, más específicamente, en la historia de la educación desde finales del siglo XIX hasta nuestros días: la historia de la cultura popular, pues. Y no para rei­vindicar una atención mayor del movimiento católico a los problemas de las masas populares o, peor, para perderse en inanes ejercicios sobre fenómenos

Juicio tomado de: L. GiovANNIm, Le «Letture Cattoliche» di don Bosco esempio di «stampa cattolica» nel secolo XIX, Napoli, Liguori 1984, p. 54.



4 Para una definición del término y del ámbito de la investigación, cf. A. PORTELLI, Culture popolari e culture di masca, en: Gli strumenti della ricerca, vol. 2: Questioni di metodo, a cura di G. De Luna, P. Ortoleva, M. Revelli, N. Tranfaglia, Firenze, La Nuova Italia 1983, p. 1470-1490.

Cf. F. DELLA PERUTA, II «popolo» in Lombardia nell'800, en: 1815-1898 ... Quando il po­polo cominció a leggere. Mostra dell'alfabetismo e della cultura in Lombardia, Milano 1979, p. 6.



6 Para una correcta precisión metodológica de tales materiales, cf. L. BEDESCI-U, Letteratura popolare e murrismo, en «Humanitas» 27 (1972) 846-862.
sentido común, en definitiva.

A ese espacio, pues, hay que referir el nacimiento y el desarrollo del teatro

popular católico, definido de varios modos en su larga parábola de existencia como «teatrino» (término usado con frecuencia por don Bosco), «teatro educativo», «teatro filodramático» y, con un término dirigido a subrayar más tarde la pertenencia católica, «nuestro teatro». Los orígenes del fenómeno, al menos para los tiempos recientes, hay que atribuirlos a don Bosco; y los éxitos sucesivos los obtuvo una larga fila de autores que, parafraseando una frase muy conocida de Gramsci, no dudaría en definir como los «nietecitos de don Bosco». Y esto también porque las Regole per il teatrino que don Bosco re‑

dactó en 1858 constituirán un cañamazo rescindible e ideal para toda la


larga y afortunada trayectoria de los grupos de aficionados católicos.'

2. La idea inspiradora

Vale la pena, por tanto, detenerse en la idea inspiradora de la iniciativa que se atribuye unánimemente a don Bosco. Pero a este propósito conviene poner

en claro que la pedagogía teatral de don Bosco estaba lejos e cualquier pre-

ta‑

tensión artística en sentido tradicional, y se entregaba más biedn a una espon neidad creadora sostenida por una constate preocu stpación de carácter moral. No es casualidad que una de las sugerencians más insientes de don Bosco haya sido subrayar el carácter didáctico que debía tener el teatro en sus casas. En este sentido, los pequeños proscenios ocupados por aficionados se consideraban escuelas, medios de enseñanza de los principios católicos a través de la



declamación de diálogos y encuentros en los escenarios.

El mismo don Bosco se aventuró en la redacción de algunos textos, como la Disputa col pastore protestante o los Dialoghi popolari su alcuni errori di religione, convirtiéndose en cabeza de uno de los géneros de mayor éxito en el «teatrino»: la afirmación de la supremacía del catolicismo sobre los «enemigos

de la Iglesia».8

Sin embargo, más explicíto todavía sobre los fines de los escenarios aficio‑

nados es el mismo «manifesto» del teatro educativo, que d Bosco redactó en 1858 con el fin de dar cierta disciplina a una actividad que él, no sólo animaba, sino que promovía organizando representaciones en el comedor del Oratorio de Valdocco. En los 20 párrafás en los que se subdividen las «re‑

Para un análisis más detenido del «teatrino» y de las cuestiones tocadas en esta comunicación, cfr. S. PIVATO, Il teatro di parrocchia. Mondo cattolico e organizzazione del consenso durante



il fascismo, Roma, FIAD 1979.

Sobre la producción teatral de don Bosco, cf. M. BONGIOANNI, Giochiamo al teatro. Dalla



invenzione drammatica al teatro espressivo, Leumann (T orino), Elle Di Ci 1977.

glas», subrayaba ante todo el carácter educativo, instructivo y recreativo del «teatrino ».

Y para responder a esta primera regla fundamental, don Bosco recomendaba que «los textos sean amenos y aptos para recrear y divertir, pero siempre instructivos, morales y breves. La excesiva duración, además de mayor molestia en los ensayos, cansa generalmente a los espectadores y hace perder el mérito de la representación y produce cansancio aun en las cosas de estima». Además — proseguía don Bosco — «Evítense los textos que presenten hechos atroces. Se puede tolerar alguna escena un poco seria, pero suprímanse las

expresiones poco cristianas y las palabras que, dichas en otros lugares, se considerarían poco educadas o demasiado plebeyas».

Pero don Bosco no sólo prestaba atención a los aspectos éticos o de contenido, sino que daba normas de comportamiento que debían observar los grupos. El «teatrino» no era, pues, sólo lugar de enseñanza para los espectadores, sino también «escuela de vida para los actores». A este fin, don Bosco recomendaba que: «Entre los jóvenes a los que se destina a actuar, escójanse los mejores en conducta». Pero advertía también que «no se den premios o señales de estima o elogio a los que Dios dota de aptitudes especiales para decla‑

mar, cantar o tocar. Ya tienen premio en el tiempo que se les deja libre y en las lecciones que se les facilita».

Éstos son los puntos fundamentales de las Regole, que se entretenían también detenidamente en aspectos técnicos (preparación de escenarios o diálo‑

gos, acompañamiento musical de las obras, preparación de una biblioteca de textos de teatro y otras cosas).9

Con estas Regole el teatro iba convirtiéndose en uno de los elementos privilegiados del sistema educativo salesiano. Es más, se convertía en parte integrante de aquel método preventivo en el que la actividad lúdica — recuerdo que en las Regole don Bosco insiste en que el teatro debe sobre todo «alegrar, ser recreo, divertir» —, según algunos estudiosos, «se pone tan en alto y se valora tanto, que de ella se hace depender no sólo el buen funcionamiento de la escuela, sino hasta la vida religiosa del muchacho».'°

3. Difusión de la experiencia

La primera representación teatral de la que se tiene noticia en las Memorias biográficas se remonta al 29 de junio de 1847." Las Regole pel teatrino son de once años más tarde: lo que si hace suponer que don Bosco se sintió movido a escribirlas con la intención de reglamentar una actividad recreativa que

9 Regole pel teatrino, en: MB VI, 106-108.

lo G. Bosco, Il sistema preventivo nella educazione della gioventú, Torino 1877, p. 42. " MB III, 592.

poco a poco iba afirmándose en los colegios y en los oratorios salesianos, hace pensar aún con más realismo que intuía el desarrollo que alcanzaría el teatro en los años sucesivos. Por lo demás, los catálogos de las editoriales populares católicas nos ofrecen diversos indicios sobre la expansión del fenómeno. En efecto: si en la colección de las «Letture Cattoliche», inaugurada, como se sabe, en 1853,12 empiezan a aparecer episódicamente pequeños volúmenes de comedias," es en 1885. cuando los salesianos empiezan a publicar sistemáticamente obras de teatro para esta actividad educativa.

En 1885, con Le Pistrine, un texto sobre el paganismo romano, se inauguraba en la Tipografía Salesiana de San Benigno Canavese una colección de publicaciones periódicas, «Letture drammatiche», que se puede considerar como la primera iniciativa editorial de altos vuelos en el campo del teatro aficionado. Son más de cien los títulos que figuran en el catálogo de las «Letture draramatiche» al final del sigo. Pero hay otras casas editoras que publican textos para los grupos de aficionados católicos: entre ellas, la Serafino Majocchi de Milán, la Libreria Salesiana Editrice de Roma y la Tipografía dell'Immaco‑

lata Concezione de Módena.

Pero, ¿qué tipo de comedias contenían los textos para los grupos de aficio‑

nados? ¿Qué géneros tenían más amplia difusión?

Una rápida lectura de los títulos de las «Letture drammatiche» publicadas

entre 1885 y 1889 nos permite una primera respuesta a la pregunta. De cincuenta comedias, veinte son de carácter sagrado, doce de carácter histórico y el resto del catálogo pertenece al teatro anecdótico-moral, frecuentemente con

comedias de contenido social y familiar.

Y el análisis de otros catálogos confirma la ventaja de esos tres géneros.

Por tanto, representaciones sagradas, cuadros edificantes, bocetos cómicos, cuyo intento pedagógico era, sobre todo, «moralizar» a los espectadores. Finalidad que se capta también en la división de los títulos de las comedias para «sólo hombres» o «sólo mujeres», según un concepto teatral que sólo en casos

excepcionales admitía la promiscuidad escénica."

En realidad, como ha notado certeramente Gabriele De Rosa, «estas co‑

medias tienen poco que ver con la historia del teatro. Tenían un fin pedagógico práctico: edificar al militante de acción católica, rebatir la propaganda adversaria, rechazar los modelos propuestos por el teatro positivista y miniburgués, exaltando a la familia católica con sus tradiciones, su fe y sus vir‑

tudes»."


Fi teatro educativo expresaba módulos y contenidos que no derivan en ab‑

soluto de la cultura teatral contemporánea y anterior y su retaguardia era la de

'2 Sobre las «Letture Cattoliche», cf. L. GIOVANNINI, Le «Letture Cattoliche» di don Bosco.

u Ibid., p. 157-175.

" F. TOMA, Moralitá avanti tutto!, en «Il Carro di Tespi» 1 (1908) 1, 3-4.

15 G. DE ROSA, Risposte agli interventi, en: II movimento cattolico e la societá italiana in cento anni di storia, p. 88.

la pedagogía católica absolutamente autónoma e impermeable a las ideologías y a los movimientos culturales de su tiempo. Exactamente, como escribió uno de los promotores del teatro educativo, las comedias eran «trabajos de autores católicos para representarse en ambientes católicos, por actores católicos,

frente a públicos católicos y, además, eran trabajos recomendados y publicados por editores católicos y por revistas católicas»."

Sin embargo, creo que no se comprendería del todo la importancia del teatro como instrumento educativo sí no se mirase el desarrollo posterior a la obra de don Bosco y de los salesianos de Turín. En realidad, el teatro acompaña a la expansión del movimiento católico en la sociedad italiana. Más aún, se convierte en uno de los instrumentos que los obispos, la Acción Católica y los educadores recomiendan constantemente. Bastan, además, pocos datos para entender que en pocas décadas el teatro se transforma en un vasto movi‑

miento con estructuras y organización complejas desde la tarea de don Bosco, inicial y artesanal.

Nacen al comienzo de este siglo las primeras revistas dirigidas a los grupos de teatro aficionado: Su la scena (1903), II carro di Tespi (1908), Teatro, musica e sport (1912). Y se fundaban, además, varias asociaciones de autores, como la

«Societá degli autori del teatro cattolico» (1905) y la «Societá Italiana tra gli autori del teatro cattolico» (S.I.A.T.E.), aparecida en Roma en 1911."

Sin embargo, en el aspecto organizativo, fue determinante el nacimiento de la «Federazione Associazioni Teatrali Educative» (F.A.T.E.) en 1912. Ésta,

que comenzaba en 1913 la publicación de II Teatro nostro, alcanzaba en 1914 a contar cerca de trescientos círculos federados.

Las dimensiones de fenómeno de masas del «teatrino» se captan mejor si se examinan los catálogos de las editoriales católicas. En 1916, la casa editora vicentina Giovanni Galia presentaba al público un muestrario de casi 5.000

trabajos teatrales para «seminarios, colegios, institutos, sociedades, círculos y asociaciones de recreo católicos»."

A lo largo de los años 30, hasta cinco casas editoras imprimían exclusivamente textos para el teatro educativo.' Una producción total que, mediados los años 30, se calculaba alrededor de ochenta nuevos trabajos editados cada año, con el lanzamiento al mercado de doscientos mil volúmenes de comedias

16 E. ANSELMETTI, Determinismo e libero arbitrio en «Scene e Controscene» (1933) 8-9, 7. 12 PIVATO, Il teatro di parrocchia.

" Catalogo di 5.000 lavori teatral:: Commedie. Drammi. Tragedie. Farse. Scherzi. Monologhi per seminari, collegi, istituti, societá, circoli e ricreatori cattolici, Vicenza, Libreria Giovanni Galia

1916. Véase también: Il teatro cattolico, Vademecum indispensabile per i direttori di scena dei teatrini cattolici maschili e femminili, San Benigno Canavese, Libreria Salesiana 1906.

19 Estas eran: Serafino Majocchi de Milán, Paolo Viano de Turín, Libreria Editrice del Ricreatorio de Bagnacavallo, Libreria Editrice Salesiana de Florencia, Libreria Editrice Salesiana de

Roma. Cf. Case editrici cattoliche, en: Il ragguaglio dell'attivitá culturale letteraria ed artistica dei cattolici in Italia, Milano, Istituto di Propaganda Libraría 1941, p. 469-471.

para el teatro de aficionados.2° Fue notable, además, el número de pequeños teatros, que algunas estadísticas elevaban, al comienzo de los años 30, a diez mil. Cifra sin duda aceptable, aunque estadísticamente no se pueda comprobar, dada la facilidad con que se podían eludir los derechos fiscales en las salas que no tenían carácter propiamente industrial o en los colegios en los que se puede suponer que se continuase la costumbre — como se lee en las Memorias

de don Bosco — de montar el escenario en el comedor vez por vez."

Es también amplia la lista de autores. Y no pocos de ellos eran personajes

de relieve, ligados a la marcha del movimiento católico italiano, tanto político como religioso. Fue el caso de Luigi Sturzo,22 Saverio Fino23 o Luigi Corazzin,' escritores de comedias o promotores de numerosas iniciativas en el campo del teatro. O bien obispos como Fortunato De Santa," autor de dramas sacros. Pero también de personajes menos conocidos en el mundo nacional y, sin embargo, protagonistas con frecuencia en cada una de las realidades locales de la vida católica. Entre ellos, Carlo Trabucco, sin duda alguna artífice principal del teatro educativo en el período entre ambas guerras, autor prolí‑

fico y presidente de la Juventud Católica de Turín a partir de 1927.

Pero como prueba del peso de la herencia de don Bosco en este mundo tea‑

tral, hay que subrayar que no pocos autores provienen del mundo salesíano: comenzando por Angelo Pietro Berton, al que pertenece una de las obras clásicas de los escenarios católicos, II piccolo parigino. Para seguir con Augusto

20 C. REPOSSI, Teatro cattolico. 11 teatro delle nostre associazioni, en «11 Ragguaglio» 8 (1937) 97-103.

21 MB III, 105-106.

22 Véase selección de algunos textos teatrales de Sturzo en: L. STURZO, Scritti inediti, vol. I:



1890-1924, a cura di F. Piva, Roma, Cinque Lune 1974, p. 53-103 y p. 108-186. Algunas indicaciones sobre esta actividad, en: F. PIVA - F. MALGERI, Vita di Luigi Sturzo, p. 121-123. De Rosa

observa: «Le sue commedie erano costruite a sostegno della lotta che conduceva nelle cam‑


pagne, contro i gabellotti, le cosche o anche per denunciare mentalitá e costumi dell'odiata borghesia laicista. Insomma commedie, per col dire, meridionalistiche, e del meridionalismo di un cattolico intransigente, come era Sturzo negli anni giovanili» (G. DE ROSA, Luigi Sturzo, Torillo,

UTET 1977, p. 121).

" Saverio Fino (1874-1937). Diputato del Partido popular en dos legislaturas de 1919 a

1924. Fue uno de los promotores del teatro educativo. En 1931 fundó la revita «I Quademi del Teatro Cristiano», con la intención de llevar el drama sacro a los escenarios del «teatrino». Entre sus trabajos más famosos para las filodramáticas católicas: Qui si bestemmia, La Madonna del sorriso, La camera rossa, II prete della forra. Cf. la bibliografía completa de sus escritos en «Boccascena» 2 (1937) 3, 28-29. Firmó algunos de sus trabajos con el pseudónimo: «Di Mario Valli». Sobre su figura, véase también el perfil biográfico de E. WALTER CRIVELLIN, Saverio Fino tra popolarismo e fascismo. Spunti per una biografía, Torillo, Centro Studi C. Trabucco 1987, p. 23-43.

24 Luigi Corazzin (1888-1946), diputado del P.P.I., fue autor de dramas religiosos para el «teatrino». Entre otros: Frate Tupo, Trecento, La grande vigilia, Il fabbricatore d'oro, Vita. Este úl‑

timo sobre la persecución religiosa en Rusia.

25 Fortunato De Santa (1862-1939), sacerdote de Udine y obispo de Sessa Aurunca (1914) y

autor, en 1901, de una Passione di Cristo. Cf. Un Vescovo autore drammatico, en «fi Teatro Nostro» 4 (1914) 7, 100.

Micheletti (La madre, Uno che s'incammina) y Amilcare Marescalchi (La vittoria di don Bosco).

La Societá Editrice Internazionale y la Libreria Editrice Salesiana de Roma siguieron, además, en los años siguientes, publicando a algunos de los autores

más aceptados: entre ellos, y sólo por citar alguno, a Virginio Prinzivalli, Giuseppe Fancitillr, Onorato Castellino.26

En las recientes celebraciones sobre el Centenario, varias intervenciones han acentuado la capacidad de don Bosco y de los salesianos para estructurar

la comunicación de la pastoral en diversos niveles: desde el escrito al hablado y, en un tiempo más reciente, al cine.

Se conoce también que, en la pastoral salesiana, la prensa ostenta una cierta primogenitura respecto del teatro. Pero también es verdad que hacia la mitad del siglo XIX el medio escrito, la prensa, aun redactada en forma «sim‑

ple y llana», padecía un evidente límite de difusión frente a los elevados índices de analfabetismo de los estratos populares.

Téngase presente, además, que aun en 1871, en Piamonte, el área de mayor difusión de las «Letture Cattoliche», el analfabetismo alcanzaba todavía el 58% de la población." Pero este tanto por ciento, de por sí ya elevado, no

permite hacer pensar automáticamente en el resto como un área potencial de lectores.

En realidad, como se ha hecho notar agudamente, entre el que sabe leer y el analfabeto, se sitúa la masa gris y numerosa de los semianalfabetos. Se dan.., los que saben leer, pero no saben escribir... Y hay quienes saben leer y

escribir, pero que difícilmente entienden lo que leen y a duras penas escriben algo que vaya más allá de su firma.'

Según los cálculos hechos por De Mauro, en 1861 los «italohlantes», es decir, los que podían hablar y entender la lengua italiana, sumaban apenas el 2,5% de la población total de Italia." Esto nos hace entender que hacia finales del siglo XIX el mercado de las ediciones populares podía contar con un público muy restringido con capacidad de leer y «entender». 3° Precisamente estas observaciones vienen bien sobre la «lengua popular» de don Bosco, que hay que entender no tanto como un medio literario original, sino más bien

26 Cf. PIVATO, Il teatro di parrocchia.

21 Sobre el analfabetismo en Piamonte a finales del 800, cf. G. VIGO, Istruzione e sviluppo economico in Italia alla fine del secolo XIX, Torino, ILTE 1971.

28 Cf. C.M. CIPOLLA, Istruzione e sviluppo. Ii declino dell'analfabetismo nel mondo occidentale, Torino, ILTE 1971, p. 44.

29 T. DE MAURO, Storia linguistica dell'Italia Unita, vol. I, Bari, Laterza 1979, p. 43.

3° Finalmente, es muy significativo lo que escribe el redactor de la monografía para la encuesta Jacini relativa a Piamonte, a propósito de la instrucción impartida en las escuelas elementales: «L'istruzione consiste nel saper leggere qualche po' e scrivere scorrettamente. Tenuissimo ne riesce il profitto tantoché dogo pochi anni di codesti allievi non cono piú in grado di capire una

scrittura e di scrivere intelligibilmente forse neanche il proprio nome!» (Asti della Giunta per l'Inchiesta Agraria, C.M. CWOLLA, Istruzione e sviluppo).

como norma, como criterio para hacerse entender por un público apenas alfa‑

betizado.

El mismo don Bosco había precisado, por otra parte, que en la redacción

de una obrita popular eran preferibles «las impropiedades [...] y la ausencia de

elegancia en el estilo al riesgo de que el pueblo no entendiese» 3i

Se podría, pues, concluir resumiendo que, en una escala hipotética de los

instrumentos de la cultura popular salesiana, el teatro fue el «escalón más bajo»; es, en definitiva, el instrumento educativo más inmediato, que permite hacer llegar también a un público analfabeto, al público que no es capaz de

acceder a la prensa, los mensajes de la pastoral católica.

Esta observación nos viene bien para enfrentarnos con uno de los temas mas controvertidos de la experiencia de don Bosco: el que se refiere a su pre‑

sunta modernidad.

4. Modernidad de don Bosco

Desde luego que si nos pusiésemos a leer los textos del teatro de don Bosco, no haríamos más que confirmar el juicio de quien ha escrito que «su modernidad no supone análisis y opciones ideológicas».32 Don Bosco sigue, en efecto, profundamente anclado en un «catolicismo de marcadas tendencias ultramontanas, devocionales y moralistas», que muestra, en definitiva, «la insti‑

tución tradicionalista en la que se movía».33

En realidad, la modernidad de don Bosco no hay que tomarla a través de puntos de referencia ideológicos y doctrinales, sino, en todo caso, en un plano más pragmático y concreto. Precisamente en aquel sector de la «cultura popular» que hoy, con un término más actual, definiríamos como mass-media.



Y su modernidad consiste precisamente en su contemporaneidad por lo

que se refiere los instrumentos de la comunicación. Es decir, en haber sabido propagar un lenguaje tradicional, el de la pastoral católica, a través de un nuevo instrumento — el teatro — que tenía presente, sobre todo, por parte del

público al que se dirigía, la capacidad de recepción.

Pero la modernidad de don Bosco resalta más si se considera el teatro, no sólo como medio de comunicación, sino también como instrumento de socialización. Es cierto que sí se lleva aquel teatro a un campo de investigación totalmente nueva conio el de la historia de la sociabilidad,34 no puede negársele el

31 E IV, 321.

32 M. GUASCO, Don Bosco nella storia religiosa del seo tempo, en: Don Bosco e le sfide della



modernitá (Quaderni del Centro Studi «C. Trabucco», 11), Torino, Stabilimento Poligrafico Edi‑

toriale «C. Fanton» 1988, p. 29.

33 F. TRANIELLO, Don Bosco e il problema della modernitá, en: ibid., p. 43.

34 Sobre el concepto de «sociabilia», cf. G. GEMELLI - A. MALATESTA, Forme di sociabilitá nella storiografta francese contemporanea, Milano, Feltrinelli 1982.

papel que tuvo en una sociedad que, a partir del final del siglo XIX, veía tambalearse los ritmos y los modelos sociales, que antes plasmó y vivió la sociedad rural. Por lo demás, todo el sector de la cultura popular, pero especialmente el teatro, puede constituir un campo de estudio entre los que recientemente se señalan como los más prolíficos para la historia asociativa del mundo católico, donde se subrayaba que «en la mayor parte de los casos, la historiografía sobre el catolicismo contemporáneo ha acabado olvidando precisamente los dinamismos interiores del asociacionismo religioso».33

En realidad, los estudios sobre el movimiento católico no han dado todavía el justo valor a los nuevos lugares de la socialización popular que el mundo católico ofrece, frente a la disgregación de la sociedad rural. Y ciertamente en una historia de la sociabilidad del mundo católico en la edad industrial, hay que considerar a don Bosco como un significativo incipit.

Piénsese, sólo para fijarnos en un ejemplo, en uno de los lugares y momentos más significativos de la sociabilidad de la edad industrial: el deporte.36 Es más, se trata de un sector que, tal vez, demuestra más que la prensa y el teatro, que don Bosco percibía con mucha anticipación, no sólo respecto a las oligarquías liberales, sino también al movimiento obrero, la capacidad educativa y de asociación del deporte. Y a este propósito viene oportuna la observación de Piero Bairati en una intervención discutida, en la que escribió que don Bosco percibe, precisamente porque vive metido en una realidad como la de Turín, los cambios que la revolución industrial introduce, no sólo en los ritmos de producción, sino también en los sociales.37

Y el deporte, que en 1902 recibiría el saludo profético del barnabita Giovanni Semeria como «la afirmación popular de la sociedad industrial de maña‑

na»,38 pone en evidencia la clase de modernidad pragmática de don Bosco o, aún mejor, la intuición de la pedagogía salesiana para comprender la utilidad de ciertos instrumentos educativos y asociativos sobre los que se iba modelando la naciente realidad urbana e industrial.

«Dése amplia libertad para saltar, correr, gritar a placer. La gimnasia, la música, la declamación, el teatro, las excursiones son medios eficacísimos para obtener disciplina, facilitar la moralidad y la santidad», había escrito don Bosco.39

Y en este aspecto particular de la actividad deportiva resalta más tarde el tipo especial de modernidad de don Bosco. La red de las actividades deporti‑

35 R. MORO, Movimento cattolico e associazionismo: un problema storiografico, en «Quaderni di Azione Sociale» (1988) 19-39.

36 Cf. S. PIVATO, Sia lodato Bartali. Ideologia cultura e miti dello sport cattolico 1936-1948, Roma, Edizioni Lavoro 1985.

39 P. BABATI, Cultura salesiana e societá industriale, en: TRAME .LO (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, p. 331-357.

" G. SEMERIA, Giovane Romagna (sport cristiano), Castrocaro, Tip. Moderna 1902, p. 8. 39 G. Bosco, Il sistema preventivo nella educazione della gioventú, p. 39.

vas salesíanas tiene ya un increíble desarrollo a comienzos del siglo XX: se promueven reuniones gimnásticas, se organizan torneos deportivos, se acostumbra a los muchachos de los oratorios al movimiento, al juego.

Y todo esto cuando — estamos en los comienzos del presente siglo — el movimiento socialista se opone profundamente a la actividad deportiva: más aún, la considera una actividad «burguesa», hasta el punto de que en más de una ocasión la ve como lícita sólo para los «burgueses» y los «vagos», y, por tanto, incompatible con los fines del socialismo. Hubo de llegarse hasta 1924 para que Filippo Turati hiciese autocrítica a esa afirmación, comprendiendo con mucho retraso la capacidad de asociación y educativa del deporte.'

Y no cabe duda de que el éxito que encontró el deporte en las filas del movimiento católico a partir de los comienzos de este siglo, recibió también la enseñanza de don Bosco. Él, como encontramos testimoniado en las Memo‑



rias:

«Muchísimas veces, y especialmente en el año 1859-60, ponía en fila a cientos de jóvenes en el patio, y se ponía delante después de haber dicho: — Seguidme siempre, poniendo cada uno el pie en la huella del que va delante. Daba palmadas a ritmo, imitado por los que le seguían y torcía hacia la izquierda, iba derecho, seguía en diagonal y, al volverse, hacía un ángulo agudo o uno recto o un círculo. De repente decía: ¡Alto! — Los jóvenes que le habían seguido en todas estas vueltas caprichosas quedaban formados, uno junto al otro, en grupos raros de los que cualquier observador no habría captado el porqué. Pero otros jóvenes, que habían entendido por estos movimientos la intención de don Bosco, iban corriendo al balcón y descubrían que cada grupo formaba una letra cubital y con ellas leían claramente las palabras: Viva Pío Nono. Como no era prudente gritar esas palabras mientras el Pontífice estaba amenazado y asaltado, él lo escribía con las cabezas de sus lújos».41

Una práctica «moderna» como la deportiva, le servía a don Bosco para reafirmar principios e ideas tradicionalistas. Precisamente, como se ha dicho, ideología pasada y modernidad pragmatista.

4° Sobre estos temas, cf. F. FABRIa10, Storia dello sport in Italia. Dalle sodetá ginnastiche

all'associazionismo di massa, Firenze, Guaraldi 1977. 41 MB VI, 343.

DON BOSCO Y LA PRENSA Francesco MALGERI

1. Nuevo interés por el tema

El tema de esta comunicación ciertamente no es nuevo para los estudiosos de don Bosco. El empeño editorial y las notables cualidades manifestadas por don Bosco en la preparación y difusión de una varíadísima serie de textos, opúsculos y publicaciones periódicas no han dejado de atraer la atención de los investigadores, sobre todo en estos últimos años. Los estudios del fenómeno salesíano han salido de una cierta «oleografía» para entrar, dedicidamente, por el camino del más serlo y calificado enfoque científico, gracias, sobre todo, a los trabajos de Píetro Stella,' de Pietro Braido2 y de otros muchos estudiosos presentes en este Congreso.

Uno de los primeros trabajos dedicados a nuestro tema vio la luz en 1957. En esta fecha, Eugenio Valen-dril, publicó un ensayo titulado Don Bosco e l'apostolato della stampa,3 al que siguió, en 1961, un nuevo ensayo del mismo autor sobre La prima scuola grafica salesiana.4 Pero fue necesario esperar veinte años y, sobre todo, esperar a que se publicara el volumen de Píetro Stella sobre Don Bosco nella storia economíca e sociale (1815-1870), para ver, finalmente, afrontado, en el capítulo XV, el tema de la «empresas editoriales» de don Bosco. En dicho capítulo se estudia el asunto sobre la base de un rica documentación de primera mano, con especial atención a poner de relieve tanto los aspectos empresariales como el significado pedagógico y apostólico que caracterizaba a aquellas iniciativas.5

En 1984, Luígi Giovanniní publicó el trabajo más amplío sobre la iniciativa editorial más significativa: las «Lecturas Católicas» (de las que nos volveremos

Cf. especialmente: P. STELLA, Gli scritti a stampa di don Bosco, Roma, LAS 1977; ID., Don Bosco nella storia economica e rocíale (1815-1870), Roma, LAS 1980.

2 Cf. P. BRAIDO, Il sistema preventivo di don Bosco, Zürich, Pas-Verlag 1964; lo., L'esperienza pedagogica di don Bosco, Roma, LAS 1988; G. Bosco, Il sistema preventivo nella educazione della gioventú. Introduzione e testi critici, a cura di P. Braido, Roma, LAS 1985.

E. VALENTINI, Don Bosco e l'apostolato della stampa, Torino, SEI 1957.

E. VALENTINT, La prima scuola grafica salesiana 1861-1961, Torino, SEI 1961.

STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 327-400.


a ocupar más adelante). Se trata de un trabajo, titulado Le «Letture Cattoliche» di don Bosco, que constituye un intento de lectura de los numerosos volúme­nes de dicha publicación, poniendo de relieve los límites y valores de la misma desde el punto de vista editorial, cultural, religioso, social, pedagógico, etc. El trabajo ofrece, además, el elenco completo de los textos publicados desde el año de nacimiento de las «Letture Cattoliche» (1853) al de la muerte de don Bosco (1888).6



En los últimos años, en los últimos meses podríamos decir, y durante este mismo Congreso, el problema de la prensa y de las iniciativas editoriales de don Bosco han sido objeto de una reflexión más crítica, más atenta al cuadro histórico nacional, a la realidad social piamontesa y turinesa de la segunda parte del Ochocientos, y a la relación con el movimiento católico y con las complejas estructuras de la sociedad italiana. Aquella experiencia ha sido colo­cada, justamente, en el cuadro de la historia de la «cultura popular», como había tenido ocasión de subrayar Pietro Scoppola en la conmemoración de don Bosco, que tuvo lugar en Turín, en el mes de enero de 1988,' y como se desprende claramente del reciente volumen, publicado por la SEI, sobre Don Bosco nella cultura popolare, dirigido por Francesco Traniello.8 Dicho volumen recoge algunos ensayos (especialmente el de Stefano Pivato),9 en los cuales el problema es objeto de un análisis atento con el fin de poner de relieve esta di­mensión y este significado de las iniciativas editoriales salesianas. Iniciativas que son leídas, como subraya Traniello en la introducción del volumen, con atención al «tema muy vasto y todavía, en gran parte, inexplorado de los gran­des fenómenos de difusión de la cultura en amplios sectores populares que atraviesan la edad contemporánea, y que están íntimamente relacionados con el nacimiento de las sociedades complejas, a escala nacional o interna­cional».“)



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