En la historia


Pastoral vocacional según don Bosco



Descargar 2.04 Mb.
Página25/33
Fecha de conversión07.12.2017
Tamaño2.04 Mb.
1   ...   21   22   23   24   25   26   27   28   ...   33

4. Pastoral vocacional según don Bosco

F.1 lugar de germinación de las vocaciones era la familia y la escuela. Ahora la corrupción ha invadido a la familia; la escuela está en manos de profesores descreídos. Tras las Revolución francesa y las diversas desamortizaciones, escasean las vocaciones de las clases altas: se convierte en necesidad y tendencia común dirigirse a las clases populares. Don Bosco, en sus predicaciones por las parroquias de los pueblos, buscará a chicos con posible vocación;62 intentará sacar vocaciones de los trabajadores de la azada y el martillo, y acabará recogiéndolos en un ambiente propicio, específicamente creado para este fin, afirmando que la Congregación salesiana ha surgido «para promover las vocaciones eclesiásticas entre la juventud pobre y de baja condición» 63 Efectivamente, los clérigos reunidos en Valdocco, y los salesianos, provienen en casi su

totalidad de zonas rurales."

Ya dentro de su casa, su primera preocupación es formar un ambiente, donde la propuesta vocacional pueda ser acogida y madurar: para los Coope‑

.

" Cf. E II, 155 (Bodrato); II, 231.236; III, 295-296 (Lago); II, 262.357.368-369 (Pavesio); 345.351 (Chiala); II, 455 (Mons. Negrotto); Hl, 146 (Benvenuto); III, 283 (Confortola); III, 372 (Garelli); IV, 295-296.297-298.431-435 (Czartoryski)... Sobre jubilados: III, 294; IV, 232-233. Sobre sacerdotes en estado irregular: E I, 232-233.283287.370.597; III, 512.



59 Cf. E I, 440.

6° Cf. E II, 31.

61 Testamento espiritual, en: Bosco, Scritti pedagogici, 330.352. Puede verse también E III, 157.384; IV, 328.333.336. Este mismo sentido edesial aparece en las Constituciones de los Salesianos de 1874: «I. Fin de la Sociedad», y en la parte tercera del Reglamento de los Cooperadores: los textos pueden verse en: BAC, 667 y 735 respectivamente. Hasta en la inconsciencia del sueño está actuando este sentido de Iglesia en el sueño del 15 de marzo de 1875 (MB XI, 34).

62 Cf. MB V, 392-393.

63 Testamento espiritual, en Bosco, Scritti pedagogici, p. 329-330.

" Cf. STELLA, Don Bosco nella simia economice, p. 186-187.306; DESRAMAUT, Don Bosco,

p. 31-32.

radores es la parroquin;63 para salesianos y salesianas, el Oratorio y las casas salesianas. Don Bosco es el primer encargado. Exige a sus colaboradores clima de familia, profunda religiosidad interior, visión religiosa del mundo, cooperación a la salvación de chicos y chicas. Así la respuesta de los jóvenes puede surgir espontánea, por la confianza reinante («hacerse amar»).

Este empeño es más personalizado e intenso si se trata de jóvenes llamados al sacerdocio o a la vida religiosa: los ayuda a desplazar gradualmente el acento desde la propia persona a las de los demás. Así la motivación acabará en entusiasmo y celo por la gloria de Díos y la salvación de las almas.66 Las motivaciones están refrendadas por el testimonio, por el compromiso con que se vive la propia vocación en lo concreto de la vida, proponiéndose como modelo de comportamiento." Uno se convierte en propuesta para los jóvenes que tienen las dotes oportunas. La corroboración de cualquier motivación es don de Dios; por ello, es necesario el recurso a la oración, los sacramentos, la piedad mariana, la dirección espiritual.

Dentro del ambiente hay que promover las asociaciones juveniles («Compañías» en términos de don Bosco), que son, entre otras cosas, el «sostenimiento de las vocaciones eclesiásticas y religiosas».68 Aplica esto también a los artesanos: «Procure cada hermano, con el buen ejemplo y la caridad, inspirar en los alumnos el deseo de formar parte de nuestra Sociedad»." Del mal ambiente reinante proviene el «que muchos no corresponden a su vocación»."

La vocación es una llamada de Dios, a la que el hombre responde. «Dios, en sus eternos designios, destina a cada uno a un género de vida y le da las gracias necesarias a ese estado», dice en El joven cristiano!' Por eso el prerrequisito esencial es moverse por motivos sobrenaturales" y certificar previamente la voluntad de Dios sobre la elección de estado. Lo repite muchas veces a jóvenes y clérigos."

Las condiciones para la vocación están indicadas en muchos lugares; baste recordar las enumeradas en Valentino o la vocazione impedita (1866): honestidad de costumbres, ciencia, espíritu eclesiástico, amor preferencial al sacerdocio por encima de cualquier profesión." El trinomio salud-estudio-piedad es

63 Cf. Reglamento, cap. 5.

66 Puede comprobarse en los consejos que da en las cartas E I, 131.162.298.372; IV, 10.13.

67 Cf. II, 52.

68 Cf. E III, 7-8.164.

69 MB XVIII, 700-701.

78 Cf. Carta desde Roma (1884), en: Bosco, Scritti pedagogici, p. 293.

7' La primera edición de El joven cristiano es de 1847. Aquí seguimos la edición 121*, de 1891, que es la última revisada por Don Bosco, en la parte primera, letra D. Repite este pensa‑

miento en la Introducción a las Constituciones de los salesianos de 1874. Las Reglas primitivas

presentadas por don Bosco a Pío IX se hallan en MB V, 931-940. Los textos latinos de las de 1874, en MB X, 956-993.

7° Cf. E I, 371.

73 Puede comprobarse en E I, 150.411.589; II, 200; TIT, 476; IV, 89.142. " Cf. E I, 194.198.

indispensable." Una vez certificada la voluntad de Dios, y poseídas estas condiciones, hay que poner algunos medios para conservar esta llamada, como el temor de Dios," la práctica de algunas virtudes, como la alegría, la humildad, la caridad, la castidad. Hay que huir de los malos compañeros y del ocio, frecuentar los sacramentos y tener devoción a María. En términos generales, éstas son también las condiciones para ser admitidos como salesianos."

En el período de formación inicial pueden surgir dudas acerca de la vocación: han de ser rechazadas como tentaciones del demonio." Para sostener la vocación hay que emplear los medios naturales (salud, estudio)" y sobrenaturales (oración, meditación, sacramentos, cumplimiento de las Reglas, práctica de algunas virtudes: obediencia, castidad), llegando de esta manera a adquirir un porte eclesiástico en andar, vestir... Y hay que evitar los peligros: vacaciones, periódicos y libros malos, compañeros y conversaciones obscenas, ocio.8°

En el período de la formación permanente sólo enumera medios sobrenaturales: devota preparación y acción de gracias de la misa, meditación, visita al Santísimo Sacramento y lectura espiritual diarias, confesión frecuente, ejercicio

mensual de la Buena Muerte.81

En síntesis,82 podríamos afirmar: el proceso educativo culmina en la elección de estado. E1 proceso vocacional gira en torno e dos polos: un conjunto de elementos psicológicos, especialmente afectivos, que ligan al joven con don Bosco y a sus actividades: sobre esta atracción personal hay muchos testimonios.83 El segundo polo es el conjunto de elementos religiosos y transcendentes. El entregarse a Dios, atraídos por don Bosco, se convierte en atracción hacia el estado eclesiástico y religioso, eligiendo un estado de vida, que es correspondencia a la llamada de Dios, y del que depende el resto de la propia

vida terrena y ultraterrena. 7° Cf. E I, 543.580; EDI, 347.

76 Cf. E I, 194.198.

7° Cf. E I, 195-198.298.299.332; II, 293. Ver MB XI, 573-574; XVI, 264.

78 Así dice en la Introducción a las Constituciones de los salesianos. Texto en: BAC, 663‑

664. Cf E I, 275; II, 198.442; 111, 28; IV, 179.

7° Cf. Testamento espiritual, en: Bosco, Scritti pedagogici, p. 334; E I, 170.195-197; II,

318.422.

a° Santidad en general: E I, 379; II, 341. Oración, sacramentos: E I, 516; II, 84; III,

381.390.303.394; IV, 10. Cumplimiento de las Reglas: E I, 372; II, 106.120.365.446; IV, 299. Obediencia: E II, 115.238; III, 343. Castidad: E I, 118.127.132.146; Testamento espiritual, en:

Bosco, Scritti pedagogici, p. 330. Porte eclesiástico: E I, 194. En El joven cristiano y en la Introducción a las Constituciones de los salesianos y en los Recuerdos a los misioneros trata sintética‑

mente de los medios para conservar la vocación (textos en: BAC, 543-544 y 646-647 y en: Bosco, Scritti pedagogici, p. 123). Peligros: Bosco, Scritti pedagogici, p. 330.

81 E II, 90; DI, 57.

87 Un resumen excelente y suficientemente amplio sobre ambiente, medios, peligros y fases en

la formación de las vocaciones es ofrecido por el mismo don Bosco en su Testamento espiritual:

Bosco, Scritti pedagogici, p. 317.331-334.

83 Cf. E I, 119-120.122-123 y MB V, 375-376; E I, 130-131.151.158.159-160.196.276; II,

57.58.62-63.311; DI, 247.579-580; IV, 10.164.

Podemos preguntarnos: ¿Hasta qué punto el joven se siente libre de don Bosco? Bastaría leer la carta del clérigo José Cagliero al arzobispo de Turín para descubrir los múltiples lazos que lo unen a don Bosco; per allí mismo afirma explícitamente: «Don Bosco me ha dejado siempre libre».84 (Pero fue don Bosco mismo quien redactó la carta, que se conserva autógrafa). Parece compatible atracción y libertad; baste un ejemplo. Escribe don Bosco al padre del joven Teodoro Harmel: «Yo querría que se quedase (su hijo); pero él insiste, y yo no puedo hacerle quedar por la fuerza».85

5. Perseverancia

Don Bosco era consciente de este problema; ante él adoptó una actitud de serena prudencia. Baste recordar esta recomendación a don Rua: «No te

extrañes de las deserciones de algunos hermanos. Es una cosa natural en el gran número ».86

¿Es posible individuar los tantos por ciento de perseverancia entre las vocaciones promovidas por don Bosco? A principios de 1875, en una conferenda al Consejo general, don Bosco dice que el 15%, dos sobre diez, llegan a vestir el hábito eclesiástico; pero que entre los que entran ya adultos ocho sobre diez toman el hábito eclesiástico." Hay otros datos del mismo don Bosco sobre perseverancia, pero parecen propagandísticos.88 Estadísticamente, y referidos a los salesianos, entre 1870-1875, de 471 novicios profesaron 170 = 36%, y abandonarían definitivamente la Congregación 124 = 26,6%." Se conocen bastantes casos concretos de abandono de salesianos, como los hermanos Cuffia, don Pirro, Berra, don José Betti, don Augusto Biancardi."

Y como curiosidad, podemos preguntarnos: ¿Cuántos sacerdotes salieron de los cuidados de don Bosco? El 29 de enero de 1878 escribe don Bosco a don Rua: «Di a Barale que los sacerdotes salidos del Oratorio son más de dos mil quinientos, entre el Oratorio y las casas anejas».91 Y el 14 de febrero del mismo año escribe a don Juan Bonetti: «Has indicado seiscientos sacerdotes salidos de nuestras casas, mientras que debías poner cuatro veces más ».92

84 Cf. E II, 58.

87 E IV, 162-163.

" Cf. E I, 424-425; MB XII, 387-388; XLII, 811-812.

87 Cf. MB XI, 33.

88 Por ejemplo, los comunicados a mons. Gastaldi en carta del 23 de noviembre de 1872 (E

II, 239-240 = MB X, 686-687), o los referidos en MB V, 408-412, o los enviados al canónigo de Marsella Clemente Guiol (E 111, 371= MB XIII, 735).

89 Más ampliamente en: STELLA, Don Bosco 111, p. 394; ID, Don Bosco nella storia económica, p. 319.321.

Cf. E I, 422; II, 394.407-408; III, 61; IV, 24.32.197.252. Es curioso el caso de don Guanella: E II, 423; III, 351.362-363.369.

81 E III, 284.

n E III, 296. Alude aquí explícitamente a un artículo vivaz de don Bonetti, aparecido en el

6. Afirmaciones conclusivas


  1. Los consejos que da y el programa que propone coinciden con la tradición de la doctrina ascética tradicional aplicada a clérigos y religiosos.

  2. Da la impresión de que don Bosco se cuida más de la cantidad que de la calidad; es decir, sacerdotes capaces de realizar las exigencias pastorales de sa‑

cramentalización y catequesis fundamentales.

  1. Sería necesario un estudio pormenorizado de la educación impartida en

los seminarios diocesanos, que consintiera un juício sobre la originalidad de

don Bosco, si la hubiere.



  1. La formación de sacerdotes y religiosos parece una de las obsesiones de

don Bosco; y es una herencia explícita dejada a toda su Familia: salesianos, sa‑

lesianas, cooperadores, misioneros.



  1. De todos modos, es admirable que un hombre sin bases económicas fa‑

miliares, proveniente de un ambiente rural, sin contactos influyentes anteriores, haya sido capaz de mover tal masa de riquezas, obras y personas jóvenes o adultas en favor del estado eclesiástico y religioso. En términos religiosos esto

suele llamarse celo apostólico.



  1. El tanto por ciento de perseverancia en tiempos de don Bosco no es

muy distinto del que arrojan las estadísticas actuales. La diferencia está entre las magnitudes o números de que parte, o de los que se ven impulsados por él

a iniciar el estado eclesiástico o religioso.



  1. El problema de la atracción-libertad existió ciertamente, porque el imán

no puede perder su naturaleza; y la excelencia, como el bien, es difusiva. Es decir: don Bosco mismo resultaba la mejor propaganda vocacional.

«Bollettino Salesiano» de febrero de 1878, p. 4, titulado: «La Congregazione salesiana e le vaca‑

- zioni ecdesiastiche».

DON BOSCO

Y LA CULTURA POPULAR

DON BOSCO

EN LA HISTORIA DE LA CULTURA POPULAR EN ITALIA

Francesco TRANTELLO



1. Cultura popular y ámbito semántico

Hace algunos decenios, Luigi Russo, trazando un perfil de la cultura popular en Italia, observaba con pena que los mazzinianos no habían podido contraponer una cultura popular propia a la de sus adversarios, de modo que «el artificio de la cultura popular católica fue pasando a las venas de cada italiano»? Tomaba una vez más, polémicamente, según su estilo, el tema de la persistencia de este filón subterráneo de la cultura nacional, que se había manifestado en condiciones de resistir, como un zueco consistente, las numerosas transformaciones de la sociedad italiana y dotado de una autonomía propia sustancial respecto de las culturas de los grupos selectos. Un problema análogo había atraído la atención de otros muchos que se habían detenido en la historia de la cultura nacional bajo una óptica civil y política y que habían constatado la deforme polaridad permanente entre cultura popular y cultura de selectos. La cuestión, que se enlaza naturalmente con la de la influencia del catolicismo en Italia, va ininterrumpidamente desde Francesco De Sanctis hasta Antonio Gramsci, que le dedicará análisis precisos en el cuadro de su reflexión sobre los problemas del folklore, del «sentido común» y de la hegemonía.2 Adquiere más fuerza después de la guerra, casi siempre en la ola de las sugerencias de Gramsci, pero en el cuadro más general de los problemas planteados por las interpretaciones del fascismo y del predomonio político conseguido

por fuerzas católicas. Por último, ve un florecimiento reciente, conectado
con la proliferación de estudios antropológicos y del nuevo interés por la historia de las mentalidades o de las «culturas subalternas»?

1 L. Russo, Breve storia della cultura popolare, en «Belfagor» (1952) 708.

2 Sobre De Sanctis cf. especialmente: C. MUSCETTA - G. CANDELORO (eds.), La scuola cattolico-liberale e il romanticismo a Napoli, Torino 1953, p. 231-245; para las notas de Gramsci, cf. V. GERRA'FANA (ed.), Quaderni del carcere, Torino 1975, vol. IV: índice de argumentos: «cultura popolare», «folklore», «letteratura popolare», «senso comune».

Cf. E. DE MARTINO, Intorno. a una storia del mondo popolare subalterno, en «Societá» (1949) 411-445; ID., Etnologia e cultura nazionale negli ultimi dieci anni, en «Societá» (1953)

Es preciso aclarar enseguida que el mismo ámbito semántico de la expresión «cultura popular» resulta afectado por oscilaciones y variaciones considerables, hasta el punto de que la historia del término podría ser no poco- instructiva y reveladora.4 Para el período de que nos ocupamos, es decir, en el contexto de la cultura del siglo XIX, la acepción generalmente aceptada de «cultura popular» aparece sustancialmente distinta de la que prevalece en la antropología cultural y en la etnología de nuestro siglo, como se diferencia igualmente de las más recientes definiciones de «cultura de masas». En todo caso, el sentido predominante de «cultura popular» a lo largo de buena parte del siglo XIX es el que consiente emparejarlo con otras expresiones análogas, con «educación popular», «instrucción popular», «literatura popular», y hasta, con una extensión que abre un abanico de otras cuestiones, «religión popular». Siguiendo este uso, que es, por otra parte, precisamente el que hizo don Bosco, hablaremos de «cultura popular» en el sentido preferente de cultura para el pueblo, de la que el pueblo es el destinatario principal. Lo que no excluye que podamos preguntarnos acerca de los 'efectos de las posibles interacciones entre «aquel» tipo de cultura popular y la persistencia de una cultura popular en sentido antropológico; y tampoco excluir cualquier enlace o continuidad entre «aquel» modo de entender la cultura popular y algunos aspectos de la cultura de masas de una etapa posterior.

2. Cultura popular y proceso de alfabetización

El modo con que se planteó en el siglo XIX la cuestión de la cultura popular está directa y naturalmente conectado con el imponente fenómeno de alfabetización y de escolarización generalizado, aunque todavía parcial, es decir, con el acceso a la lectura y a la escritura de una parte cada vez más amplia de los estratos populares? La palabra escrita y la palabra impresa fueron el principal, aunque no exclusivo, vehículo mediante el que se proyectó entre el pueblo una cultura, es decir, un conjunto de conocimientos y valores que no era en su origen «popular», ya que provenía de categorías sociales y de instituciones formativas «especializadas» y dedicadas a objetivos colectivos. El primero y más evidente de ellos fue la construcción de la nación (nation-building) desde

318ss.; B. BOTTA - F. CASTELLI - B. MANTELLI (eds.), La cultura delle classi subalterne fra tradizione e innovarione. Atti del convegno di studi di Alessandria del marzo 1985, Alessandria 1988. Cf. A. PORTELLI, Culture popolari e cultura di massa, en: G. DE LUNA - P. ORTOLEVA M. REVELLI - N. TRANFAGLIA (eds.), Il mondo contemporaneo. Gli strumenti della ricerca,vol. HL Fi‑

ren7e 1983, p. 1470-1490; A. NESTI, Culture popolari e complessitá sociale, en: La cultura delle classi subalterne, p. 65-84.

5 D. BERTONI jOVNE, Storia della scuola popolare in Italia, Torino 1954; L. DALLE NOGARE (ed.), Quando il popolo cominció a leggere. Mostra dell'alfabetizzazione e diffusione della lettura in Lombardia, Monza 1973; C.G. LACAITA, Istruzione e sviluppo industriale in Italia (1859-1914), Monza 1973; E. DE FORT, Storia della scuola elementare in Italia, vol. I, Milano 1979.

un punto de vista cultural: que, sin embargo, por la especial situación histórica italiana, no se identificó con la construcción del Estado. Además, muchas investigaciones, hechas sobre todo en estos últimos años, han llamado la atención sobre otras dimensiones, no menos significativas, que adquirió la idea misma de cultura popular, como momento relevante del proceso de desarrollo y de modernización sociocultural posterior y consiguiente a la unificación na‑

cional.6

Estas sencillas constataciones permiten poner de relieve la naturaleza exce‑

sivamente compleja y los efectos, en algunos aspectos contradictorios, en el proceso de «elevación» cultural de las clases populares, que fue al mismo tiempo factor de liberación y de promoción social y factor de homologación, de disciplina y,si se quiere, de adoctrinamiento, en cuanto orientado a la difusión de sistemas éticos y de visión del mundo, además de conocimientos y de habilidades, guiados desde arriba. Desde este punto de vista, la difusión de la cultura popular en el siglo XIX tuvo lugar también (y no podía ser de otro modo), a costa de un profundo trastorno y a veces de una verdadera destrucción de culturas populares originales, de la que resultó el forzado y parcial injerto de la lengua nacional en los dialectos locales. Es sólo uno de los ejemplos

posibles.

Todo esto hay que tenerlo presente, al menos por tres razones. La primera, más general, es que hasta entonces ciertos lazos profundos, aunque no

unívocos, habían unido la religión católica con las culturas antropológicas que

estaban empapadas por la nueva cultura popular llevada desde la escuela y la prensa. La segunda razón es que los instrumentos y las instituciones que pre‑

sentaban al pueblo la divulgación de la cultura contenían un impulso modernizados, aun independientemente de los «contenidos» de los mensajes que difundían: producían con su mera existencia procesos de transformación cultural que tocaban de modo directo la transmisión y la preservación de las culturas tradicionales. La tercera, más decisiva, es que el terreno de la cultura popular iba siendo un campo potencialmente abierto a la convergencia y al conflicto de principios éticos y de sistemas de ideas y de imágenes del mundo, que venían a amenazar por primera vez, de modo global, la influencia y el control que en él ejercía la Iglesia y su estructura institucional capilar.

La percepción precoz de la naturaleza radical del reto inherente a las instituciones, a los instrumentos y a los contenidos de la cultura popular explica mejor que otras consideraciones el delinearse del conflicto, sentido como conflicto «religioso», entre la Iglesia y las modernas ideologías: el liberalismo, visto como ideología de un Estado que entraba en competencia con la Iglesia

6 Cf. G. ARE, Il problema dello sviluppo industriale nell'etá della Destra, Pisa 1965, p. 253ss; S. LANARO, Nazione e lavoro. Saggio salla cultura borghese in Italia (1848-1876). Anticlericalismo, libero pensiero e ateísmo nena societá italiana, Bari 1981; S. PrvATo, Movimento operaio e istruzione popolare nell'Italia liberale, Milano 1985; C. OSSOLA, Introduzione a: C. CANTO, Portafoglio



di un operaio, Milano 1984.

en el plano educativo-cultural, y el socialismo, como cultura estructuralmente conectada con la vida de las clases subalternas y sentida, precisamente por esta razón, como una amenaza, llevada al catolicismo en su propio terreno, de asedio y radicalismo sobre el pueblo.

Las reacciones de los que vieron, durante la Restauración, y ante todo en ella, un atentado contra el orden tradicional son sintomáticas del carácter problemático que la cuestión de la cultura popular suponía para los principios del catolicismo italiano.

Fue la fase de los rechazos con marca reaccionaria a la idea misma de que la instrucción se extendiese a las clases populares.'

Pero la contraposición entre religión tradicional y «nueva» cultura popular no podía sostenerse frente al impulso de los tiempos y a la acción generalizada de difusión de la instrucción, realizada, con frecuencia, por miembros eminentes del clero y de especificas órdenes y congregaciones religiosas. El terreno de la contienda se fue desplazando, hasta perfilarse de manera más precisa, en el cuarto y quinto decenio del siglo, sobre los contenidos, los instrumentos y los perfiles institucionales de los movimientos orientados hacia la educación popular y a la divulgación de la cultura entre el pueblo.

Los primeros signos de la contienda, que duró con muchas formas todo el siglo XIX, se ven con claridad en términos esenciales en el ambiente en el que se sitúan la formación y las primeras actividades de don Bosco: el Piamonte moderadamente reformador de la época de Carlo Alberto, como muestran, por ejemplo, las diferentes orientaciones que, en materia de educación y de cultura popular, se fueron asumiendo en el grupo reunido alrededor de las «Letture di Famiglia» de Lorenzo Valerio, ligado a la «Guida dell'Educatore» de Raffaello Lambruschini y Giampiero Vieusseux, y el del «Educatore Primario», del estilo de Aporti y Rosmini.8 Pero se trataba sólo de los primeros avisos de un hecho de carácter conflictivo más marcado en orientaciones y objetivos, que iría acompañado y teñido en profundidad por los avances de la laicización del Estado de Saboya en la época de Cavour, el nacimiento del Estado unitario y liberal, el siguiente primer paso, parcial y discutido, de un desarrollo en sentido moderno de la sociedad italiana. En este hecho la figura de don Bosco merece alguna atención aun como promotora de cultura popular, por las razones que intentaremos aclarar.

7 Cf. G. TALAMO, Questione scolastica e Risorgimento, en: G. CFnosso (ed.), Scuola e stampa nel Risorgimento. Giornali e riviste per l'educazione prima dell'Unita, Milano 1988, p. 13ss; un cuadro más general en: G. VERUCCI, Per una stork del cattolicesimo intransigente in Italia dal 1815 al 1848, en: I cattolici e il liberalismo dalle «Amicizie Cristiane» al modernismo, Padova 1968.

8 G. CHIOSSO, L'educazione del popolo nei giornali pienzontesi per la scuola, en: Scuola e stampa, p. 34s; ID., L'Oratorio di don Bosco e il rinnovamento educativo nel Piemonte carloalbertino, en: BRAIDO (ed.), Don Bosco nella Chiesa, p. 83-116. Cf. también: L. BULFERETIT, Socialismo risorgimentale, Torino 1975; D. BERTONI JOVINE, I periodici popolari del Risorgimento, vol. I, Milano 1959; G.M. BRAVO, Torino operaia. Mondo del lavoro e idee sociali nell'etá di Carlo Alberto, Torino 1968.

3. Dos figuras: Cantil y Bresciani

En la historia de la cultura popular de clave católica, asumieron un significado casi simbólico dos figuras, sobre todo por la atención que les dedicaron los dos grandes intelectuales políticos ya recordados. Son Cesare Cantil, considerado por Francesco De Sanctis como el iniciador de una corriente de literatura popular situada en la línea de «descomposición» de la escuela de Manzoni y la católico-liberal,9 y el padre Antonio Bresciani, tomado por Antonio Gramsci como modelo de una tradición de literatura popular católica destinada a hacer brotar en pleno siglo muchos secuaces.1° Pero la historiografía reciente ha desplazado en parte la óptica que aplica al mirar el conjunto de la producción del siglo XIX destinada al pueblo, poniendo en el centro de los propios intereses no ya sólo las obras que pertenecen al género literario, sino el acervo de publicaciones, comprendidas las de literatura, dirigidas a la promoción de la cultura popular en los diversos aspectos. Nos preguntamos en especial sobre el sentido y el grado de los cambios en la ética colectiva perseguidos más o menos conscientemente por las diversas tendencias de esa multiforme producción destinada al pueblo. De esa revisión ha salido afianzada y en cierto sentido consolidada la importancia de la obra de Cantil, recorrida con ojos especialmente atentos por los rasgos que la insertan en el filón franldiniano o del self-help y la conectan, al menos en parte, con una «nuova committenza» industrial bien representada por la figura de Alessandro Rossi.n Por lo demás, el caso Candi parece que se presta eficazmente al relieve de la función mediadora determinante entre una ética tradicional levantada sobre la religión, y las nuevas exigencias de aculturación popular, que fue llevada adelante por hombres y grupos católico-moderados.n En este cuadro, la figura de Cantil se viene a encontrar situada en una pléyade de autores parecidos a él, aunque dotados de fama notablemente inferior.0 Por consiguiente, la reflexión historiográfica ha ido tomando cada vez en mayor consideración, más que a cada autor, el aspecto de la producción editorial, de su difusión y de su público,

9 F. DE SANCTIS, La scuola cattolico-liberale, p. 202ss; sobre sus huellas, B. Croce (Storia della storiografia italiana nel secolo XIX, Bari 1947, vol. I, p. 197ss) colocó también a Cantil entre los

«sviati della scuola cattolico-liberale».

A. GRAMSCI, Quaderni del carcere IV, p. 2195ss. Cf. también: L. BEDESCHI, Letteratura popolare e murrismo, en «Humanitas» (1972) 846-862; A. FERRARI, Bresciani A., en: Dizionario del movimento cattolico in Italia (1860-1980), Casale M. 1984, vol. M/1, p. 130s (Abreviatura:

DSMC).


OSSOLA, Introduzione, p. 20ss.

G. GINZBURG, Folklore, magia, religione, en: Storia Einaudi, vol. I: I caratteri origi‑


nan Torino 1972, p. 666-668; LANARO, Nazione e lavoro, p. 98s. Para un cuadro más general, G. BAGLIONI, L'ideologia della borghesia industriale nell'Italia liberale, Torino 1974, p. 309-365;

G.. BOLLATI, II carattere nazionale come storia e come invenzione, Torino 1983.

13 OSSOLA, Introduzione, p. 38ss.

abriendo además interrogantes sobre el «mercado» real y sobre la real penetración de ese género de obras en el pueblo."

La apertura de tales horizontes historiográficos ha tocado de momento sólo marginalmente la obra y las iniciativas de don Bosco en el campo de la cultura popular." Esto, a mi modo de ver, por dos razones principales: la dificultad de situar al personaje dentro de referencias historiográficas bien delineadas y la relativa «extrañeidad» del filón salesiano en el cuadro de la historia religiosa y civil nacional.




Compartir con tus amigos:
1   ...   21   22   23   24   25   26   27   28   ...   33


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad