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3. Profundizaciones ulteriores

«Dígase lo que se quiera sobre los diversos sistemas de educación, yo no encuentro ninguna base segura más que en la frecuencia de la confesión y la comunión; y creo que no digo demasiado si afirmo que, eliminados estos dos elementos, la moralidad queda descartada».8i Nos preguntamos si esta concepción de la educación o ciertos modos de hablar de don Bosco no hacen de los sacramentos, y de toda la religión, «instrumentos» o «medios subordinados» para obtener moralidad, felicidad, efectos educativos. Al ministro de la Reina de Inglaterra que se asombraba en su visita a Valdocco del «perfecto silencio» y de la disciplina de los jóvenes, se le dijo que «la frecuente confesión y comunión y la misa diaria bien oída» son los «poderosos medios de educación» que tienen los católicos: «si no se usan esos elementos de religión, hace falta recurrir a las amenazas o al palo. [...] O religión o palo... ».82

. Besucco [1864], p. 100 = OE XV, 342; análogas expresiones en: Pietro [1855], P. 41.46.48 = OE VI, 317.320.322; Savio [1859], p. 67-68 = OE XI, 217-218; Va/entino [1866], p. 12-13.17 = OE XVII, 190-191; Sistema preventivo [1877] cap. 2, 4, p. 54-55 = OE XXVIII, 432-433.

12 Sistema preventivo [1877], p. 56 = OE XXVIII, 434.

Una afirmación como ésta puede extrañar a los lectores modernos acostumbrados, aun en un contexto cristiano, a distinguir necesariamente entre el orden de la creación y el de la redención, entre autonomía (aun relativa) de las realidades humanas (entre las que está la educación) y la actitud de fe en Dios. Se han propuesto varías hipótesis para explicar más o menos adecuadamente estas afirmaciones del santo educador. Determinadas expresiones suyas, en efecto, podrían dar la impresión de una manipulación de contenidos esenciales de fe (sacramentos), que son fin en sí mismos, para alcanzar objetivos meramente humanos o educativos.

Se ha intentado comprender las afirmaciones de don Bosco refiriéndose al papel benéfico de los sacramentos en la psicología del joven. Contra esta interpretación, reductiva según su parecer, reaccionaba A. Caviglía.83 Subraya la importancia del motivo primario de la pedagogía de don Bosco: la idea que él tiene de la gracia de Dios en el alma y del trabajo que en ella realiza. Es una concepción exquisitamente teológica, genuitea teología cristiana y católica, traducida en concepción educativa. En este sentido, según la idea fundamental de la doctrina sobre la gracia santificante, todo el trabajo educativo, como don Bosco lo ve y lo quiere, se concentra en conservar o volver a adquirir la gracia de Dios en el alma. Para don Bosco, la presencia de la gracia de Dios lo es todo." P. Braido habla de la religión (o, en términos equivalentes, del temor de Dios, vida divina comunicada y en desarrollo, vida de caridad y de gracia, oración, frecuencia a la santa misa, uso de los sacramentos de la confesión y la comunión...) como de «supremo medio educativo, al que los demás resortes técnicos "humanos" y "humanísticos" están rigurosamente subordinados».85 Los medios o procedimientos sobrenaturales no parecen sólo necesarios para

- la construcción de la personalidad cristiana, sino que tienen una eficacia real en el proceso educativo y humano (felicidad, moralidad, alegría...), ex opere operato o por influjo de Dios mediante las gracias actuales que se merecen con la oración.86 Según Braido, no se trata de un apoyo puramente psicológico, sino sobrenaturalmente eficaz [...] enriquecimiento real de la gracia y de la vida divina, crecimiento en la dimensión sobrenatural, un paso adelante hacia la madurez personal, natural y sobrenatural del joven.87

A nosotros, la tesis de don Bosco nos parece ligada sobre todo a su manera típica de ver al hombre, especialmente al joven que está educando.

83 «Ma non sarebbe esatto il pensarla soltanto nel suo aspetto pratico e funzionale di un agente psicologico atto a muovere e dirigere la volontá, o di una sensazione del conforto e dell'incoraggiamento che viene dalla pratica eucarística, col suo riflesso del confermare i buoni propositi» (A. CAVIGLIA, Opere e scritti edíti e Medid di «Don Bosco» nuovamente pubblicati e riveduti secondo le edizioni originan e manoscritti superstiti. IV. La vita di Savio Domenico, Torino, SEI 1943, p. 344).



" Ibid., p. 345.

85 P. BRAIDO II sistema preventivo di don Bosco, Zürich, PAS-Verlag 1964, p. 250.

86Ibid., p. 252.

87 Ibid., p. 254.

El punto de vista del educador de los jóvenes, apenas tratado por él y teóricamente casi silenciado, parte de una antropología en la que el hombre, por la fuerza de su

ser, aparece radicalmente considerado como «ser-para-Dios». Sólo en el encuentro definitivo con Dios encuentra la plenitud de su ser, su destino humano y cristiano. Para don Bosco, el hombre sin Dios (sin religión, sin gracia divina) no es sólo un condenado eterno, sino que hasta sus empresas terrenas (como la integración y la construcción humanista, cultural y pedagógica) corren el peligro de vaciarse totalmente de sentido. En don Bosco, la identificación del hombre con la dimensión específicamente religiosa y con su destino eterno es algo fundamental sin que, sin embargo, desvíe su atención de los valores del mundo, de la educación, del «honrado ciudadano y buen cristiano». Estos valores «humanos» conservan para él un carácter rigurosamente subordinado. La promoción, aun humana, del joven por el camino de la educación, se vacía cuando el educador descuida el aspecto fundamental (la relación con Dios, la vida de gracia, la salvación eterna).

Para don Bosco, la realización del hombre no podía ser un fin aislado o un valor relativamente autónomo. No desprecia la realidad humana, pero la percibe siempre ligada al destino último del hombre. El hecho educativo debe considerarse siempre a la luz de su lazo indisoluble con la realidad divina, expresada en los diversos temas de religión y de fe, de la gracia y de la vida divina, de la oración y de los sacramentos. Educar, para don Bosco, significa: ayudar a los jóvenes a salvarse y a santificarse. A esta convicción se une su idea de la naturaleza debilitada de los jóvenes después del pecado original: «Como una tierna planta, aunque puesta en una buena tierra de un jardín y, por decirlo así, guiada hasta cierto grado de desarrollo, así vosotros, mis queridos hijitos, os inclinaréis sin duda al mal si no os dejáis guiar por quien tiene el cuidado de orientaros»." El punto de vista de don Bosco sigue siendo más bien suave: «La razón mayor es la ligereza juvenil, que en un momento olvida las reglas de disciplina y los castigos que aquéllas llevan consigo: por eso, con frecuencia, un niño se hace culpable y merecedor de un castigo en el que no ha pensado, que no recordaba en absoluto cuando cometió la falta y que sin duda habría evitado si una voz amiga le hubiese avisado >>.89

Partiendo de estas coordenadas, nos damos cuenta de que la acción santificarte y los sacramentos son necesarios como base de la vida humana y de la educación de los jóvenes. Esta perspectiva nos permite también entender la importancia que don Bosco da al papel de los dos sacramentos, subrayado sobre todo en las «vidas» y en los opúsculos de instrucción religiosa: la confesión y la comunión son los dos «pilares más fuertes para la juventud»."

88 Giovane provveduto [1847], p. 13-14 = OE II, 193-194.

" Sistema preventivo [1877] I, 2, p. 48 = OE XXVIII, 426.

90 «Lo esort6 a fare la sua prima comunione, ed a comunicarsi di poi moho sovente, assicurandolo che la confessione e la comunione erano i due sostegni piú forti per la gioventii» (Sei domeniche [1854], p. 12); cf. anche Comollo [1844], p. 63 = OE I, 63.

Al vivir en una época anterior al movimiento litúrgico,91 don Bosco sitúa la vida sacramental en el cuadro de una piedad cristiana preferentemente nutrida con prácticas piadosas (oración de la mañana y de la noche, meditación, ejercicio mensual de la buena muerte, ejercicios espirituales anuales...), según la costumbre de su ambiente. Ansioso por la salvación eterna y temporal del joven, en la línea de la teología de su tiempo y a pesar de su discreción sobre el papel de la gracia, considera a los sacramentos como canales o signos de la gracia, como fuentes o medíos de salvación: «Estos sacramentos son otros tantos signos sensibles que Dios ha establecido para que nos salvemos, que es lo mismo que decir que los siete sacramentos son como siete canales por los que se nos comunican los favores celestiales desde la divinidad a la humanidad. He aquí, oh cristianos, brevemente expuestos los grandes medios que Jesucristo ha instituido para nuestra salvación».92

Esta definición no se distingue de la que usan generalmente los catecismos y los libros de instrucción religiosa de su época y que parece típica de la teología escolástica y post-tridentina.93

Para Juan Bosco, los sacramentos son los pilares más seguros y eficaces de la fe. A través de ellos, la Iglesia católica ofrece a todos los que quieren recibirlos la certeza de que poseerán un día la vida eterna.94 Pero como sacerdote-educador, preocupado especialmente con el destino de los jóvenes, presenta los sacramentos en su significado para ellos: «Recordad, mis queridos jóvenes, que los dos pilares más fuertes para sosteneros a caminar por la senda del Cielo son los Sacramentos de la Confesión y de la Comunión».95 Como Savio, Magone, Besucco o la joven valdense, también ellos encontrarán en los sacramentos la paz interior y la tranquilidad del alma, que constituyen la base de una vida virtuosa y del logro de la felicidad humana.96

Omitiendo expresiones teológicas, parece que don Bosco atribuye gradualmente, sobre todo en el tema de la comunión, un valor creciente a la eficacia ex opere operato. Los sacramentos son eficaces, no sólo por la fe que suscitan y exigen, sino también a través del deseo que Dios manifiesta en ellos de conceder su gracia, aunque su eficacia no produce beneficios sin las disposiciones para aceptarla. ¿Reduce la pedagogía de don Bosco los sacramentos a simples instrumentos o medios subordinados al proceso educativo? A nuestro parecer, ciertas expresiones suyas, como también el sentido que atribuye al aspecto milagroso, pueden dar ocasión para que se piense en una cierta forma de instrumentalismo sacramental

" Cf. O. ROUSSEAU, Histoire du mouvement liturgique. Esquisse historique depuis le début du XIX siécle jusqu'au pontificat de Pie X, Paris, Éditions du Cerf 1945, p. 149; cf. también: S. MARSILI, Storia del movimento liturgico italiano dalle origini all'Enciclica «Mediator Dei», en: O. RoUSSEAU, Storia del movimento liturgico, Roma, Ed. Paoline 1961, p. 363-369.

Maggio [1858], p. 55-56.58 = OE X, 349-350.352.

" Cf. L.M. CHAUVET, Du symbolique au symbole. Essai sur les sacrements, Paris 1979,

p. 188-190.

" Tema especialmente desarrollado en los escritos apologéticos.



" Regolamento esterni [1877], p. 36 = OE XXIX, 66.

96 Savio [1859], p. 69-70 = OE XI, 219-220; Magone [1861], p. 1723 = OE XIII, 171.177.

Pero una reducción del sacramento a su valor externo, funcional o instrumental nos parece en discordancia con su mentalidad profunda. Para don Bosco los sacramentos son, sin duda, los medios o los instrumentos de la gracia. Pero sobre todo figuran en su idea de que es absolutamente necesario cimentar toda la obra de la educación en el único movimiento que orienta al joven hacía el ideal de la santidad, hacia su destino eterno. Más que simples instrumentos, los sacramentos parecen constituir la conditio sine qua non para que toda intervención educativa llegue a su éxito en sentido pleno. Tienen, pues, su lugar en el cuadro de un movimiento que incluye momentos de educación, pastoral y espiritualidad en una correlación entre naturaleza y gracia, entre humanismo y fe, que tiene su sentido último en el misterio de la soteriología cristiana y católica.92

STELLA, Don Bosco II, p. 470.
ECLE DON BOSCOSTICAS Y RELI Y LA FORMA GIOSASCIÓN DE LAS VOCACIONES SIÁ*

Fausto JIMÉNEZ

Una de las facetas más acusadas de don Bosco es su preocupación por proporcionar vocaciones a la Iglesia. Esta actividad lo retrata como hombre de Iglesia, celosísimo del engrandecimiento del Reino, director espiritual acertado. Bastaría para colocarlo entre los sacerdotes beneméritos en la Historia de la Iglesia.

1. Introducción: experiencia personal de don Bosco

La experiencia vivida por don Bosco durante los años de formación y aprendizaje le proporcionan una serie de valores, cultivables y exigibles en toda vocación sacerdotal o religiosa, que luego aconseja y exige.

En noviembre de 1835 entró en el seminario de Chieri. Los seminaristas provenían prevalentemente de zonas rurales.' Existía la persuasión de que el estado que se había de escoger estaba predispuesto por Dios, y de que de ello dependían la salvación o condenación eterna. La oración, la vida inmaculada, la práctica sacramental, las mediaciones de Jesucristo, de la Virgen y de los santos posibilitaban su consecución? En Chieri se deseaba crear un ambiente que sustrajera a los clérigos del mundo turinés, considerado no apto para la formación. Se temía el profesionalismo, el abrazar la carrera eclesiástica para asegurarse un porvenir; por eso don Bosco prefirió «encerrarse» en el seminario en lugar de seguir en pensión como otros comparieros.3

Nosotros podemos inducir unos rasgos de esta experiencia. El primer rasgo es la seguridad de sentirse llamado por Dios desde pequeño;4 por eso insistirá luego en que hay que certificar la voluntad de Dios sobre nosotros respecto a la vocación.

Esta comunicación fue redactada y leída en castellano por el autor (n.d.e.).

1 Cf. P. STELLA, Don Bosco nella storia economica e sociale (1815-1870), Roma, LAS 1980,p. 40.

2 Cf. STELLA, Don Bosco I, p. 46 (ed. 1968).

Cf. STELLA, Don Bosco I, p. 54-55.75-76; F. DERAMAUT, Don Bosco et la vie spirituelle, Paris, Beauchesne 1967, p. 23-27. ' Cf. MO 29-30.35.44.89.

El segundo rasgo es el descubrimiento de los beneficios de la dirección espiritual: así ve en don Cafasso la manifestación de la voluntad de Dios;' insistirá luego en que se sigan los consejos del confesor o de los superiores. El tercer rasgo es el aprendizaje de la superación de obstáculos: le ayudaron los sueños y los araigos;6 insistirá luego en que las dudas sobre la vocación y los peligros pueden y deben ser superados. El cuarto rasgo es la formación intelectual;' insistirá luego en la necesidad del estudio.

2. Contexto: situación del clero en el siglo XIX

Hay diversos períodos. Hasta mediados del siglo muchos religiosos viven sin preocupaciones apostólicas, recluidos en sus conventos. Los jesuitas eran detestados por sus relaciones con el partido austrófilo y por su antiliberslismo crudo. Sólo las congregaciones venidas de Francia realizaban un. trabajo más fecundo.

En el clero secular había más de 60.000 sacerdotes para 25 millones de habitantes: un cura por cada 400 habitantes. En Italia había 225 diócesis: sólo algunos obispos sobresalían por su celo, como mons. Moreno, obispo de Ivrea, cuyas circulares eran muy leídas por el clero. Este clero era poco celoso en su ministerio: administraban su patrimonio familiar, servían de preceptores o capellanes a alguna familia rica o noble.8 Otros gozaban de libertad casi absoluta respecto a sus obispos; hasta para los seminaristas no era obligatorio residir en el seminario. Su ciencia era rudimentaria (cf. Rosmini y las plagas de la Iglesia): así no pudieron aconsejar a la burguesía en sus crisis de conciencia. Otros son nacionalistas,9 o fanáticos conservadores, o están contaminados secularmente (deshonestidad, rebelión, círculos masónicos). Esto es válido en línea de máxima, pues hay que distinguir entre diócesis: las del Norte, al

menos Piamonte, ofrecen mejor estarapa.i° También había curas ejemplares: don Bosco, Borel, Cafasso, Pallotti..."

A mediados del siglo se dan leyes muy perjudiciales para la Iglesia: supresión del fuero e inmunidades eclesiásticas y diezmo (1850-1851), Ley de los conventos (1855), que suponía la supresión de 721 conventos y la desaparición de 12.000 religiosos.

Cf. MO 133.

6 Cf: MB I, 123-126.243-244.305-306.424-425; II, 243-244.298-300; MO 51-53.58.

7 Cf. MO 110-111.121.123.

8 Cf. E I, 287.

9 Cf. MO 219-220; por ejemplo don Cocchi: MO 214-215. I° Cf. E L 258.

" Cf. R. AUBERT, Pío IX y su época, Valencia, Edicep 1974, p. 85-86.

El clero había disminuido: en casi todas las diócesis el número de sacerdotes muertos superaba al número de ordenandos;" cosa parecida sucedía en la diócesis de Turín, como comprueba mons. Gastaldi en una carta pastoral de enero de 1873. Entre 1871 y 1901 disminuyen los sacerdotes en más del 25%. Muchos sacerdotes estaban arrestados, muchos obispos exiliados," otros no habían sido reconocidos por el Gobierno: así en 1864 había 108 sedes vacantes." Había cambiado la mentalidad: desaparecen muchos curas sin función parroquial; aparece un nuevo tipo de pastor de mejor conducta moral, más

cercano al pueblo, pero poco preparado intelectualmente.°

Las causas de este fenómeno que se apuntan son: la corrupción había penetrado en las mismas familias. En las escuelas públicas la enseñanza estaba en manos de maestros descreídos. Faltaban recursos económicos, por las desamortizaciones. Había aumentado la separación entre ricos y pobres: éstos no podían sostener a sus hijos en el seminario.

Los remedios tienden a contrarrestar las causas. Puesto que se trataba de un languidecimiento general de la fe en las familias, debía promoverse una re-cristianización con misiones populares, con la fe en las familias, con la instrucción de chicos y chicas en materia religiosa. Había que favorecer la creación de escuelas, asilos, colegios, lugares de esparcimiento. Como habían disminuido las vocaciones eclesiásticas de la nobleza y del ámbito burgués, había que buscar las vocaciones en la población rural, exponiéndose al peligro de rebajar el nivel cultural del clero y su eficacia evangelizadora. Al no estar los seminarios menores reservados a los que aspiraban al sacerdocio, era necesario establecer casas exclusivamente para seminaristas menores. Este problema-se sintió en Valdocco y Mirabello: don Bosco llama hurto al estudio realizado a expensas de don Bosco para volver luego al mundo o marchar a la diócesis;16 pero no tuvo dificultad en cuanto al origen campesino de las vocaciones: él mismo era

uno de ellos.

A finales de siglo existían buenas esperanzas; pero el clero diocesano apenas logra igualar vocaciones y decesos. Las congregaciones religiosas crecieron, especialmente jesuitas, Hijas de la Caridad, salesianos, salesianas.'

Así lo afirman autores contemporáneos, como Frassinetti en 1867 y Liborio Rossi en 1876.

Cf. MB VIII, 62.72.

" Cf. MB VIII, 62; X, 427-429.

'5 Cf. R. AUBERT, L'Eglise dans le monde moderne, Paris, Ed. du Seuil 1975, p. 91-96.

16 Cf. MB XII, 448.

17 Un tratamiento más amplio en: STELLA, Don Bosco II, p. 359-367. Véase también el sueño

de don Bosco titulado «Trabajo, trabajo, trabajo», tenido la noche del 29 al 30 de septiembre de 1885 (MB XVII, 383-384).



3. Realizaciones de don Bosco

Don Bosco conoce esta situación; pero no se detiene en lamentos, sino que pasa a las realizaciones inmediatamente.

3.1. De los eclesiásticos a los laicos

Se dirige en primer lugar a sus colegas sacerdotes, jóvenes o no, con tal de que sean celosos. Acabarán abandonándolo, como contempla en el sueño de la pérgola de 1847.18 Desde 1850 disminuye el recurso a los sacerdotes diocesa‑

nos, y aumenta el empleo de clérigos y sacerdotes «de don Bosco», es decir, residentes con él en el Oratorio."

Entonces busca apoyo en los laicos, e incluso en los jóvenes. Comenzó con ocho o diez maestrillos; luego aumenta el número." Posteriormente inserta a

los laicos en la Sociedad salesiana;21 rechazado esto, propone a los Cooperadores la misma mies de la Congregación.22

3.2. Vocaciones religiosas de varones

Su preocupación por las vocaciones religiosas en general fue constante en toda su vida. Preparando una audiencia papal en abril de 1860, aboga por el establecimiento de los respectivos noviciados y por la inserción de los religio‑

sos de vida contemplativa en la catequesis de los niños, en la instrucción religiosa a los jóvenes y en la pastoral sacramental."

Aparte los salesianos, tuvo contacto con familias religiosas concretas: rosminianos, barnabitas, filipinos, Cottolengo. Incluso aconseja sobre la fundación de una congregación de hermanos laicos a un sacerdote alemán en 1887.24

" Cf. MO 161.163-164.218-221.

" Cf. E I, 29-30; STELLA, Don Bosco II, p. 172.

20 MO 183-184.206-207.

21 Cf. MB VII, 885: Reglas de 1864, capítulo 16 «De externis»; MB X, 889: Reglas de 1873, Apéndice.

" MB XI, 542. Continuará valiéndose de los laicos (E I, 144) y favoreciendo sus asociaciones (E II, 372).

23 Cf. E III, 562.

24 Puede verse la correspondencia con los rosminianos en E I, 12.15.23.24.26.31.32.47.105. El sacerdote alemán Domingo Ríngeisen (1835-1904) había abierto en 1884 en Ursberg (Suabia) un hospicio para deficientes. Para ello fundó una Congregación de Hermanas, y dudaba sobre la fundación de otra Congregación de Hermanos: don Bosco le contesta el 25 de junio de 1887 recordándole que él tiene a los salesianos coadjutores (E IV, 379).

3.3. Vocaciones religiosas de mujeres

Se preocupó de chicas con posible vocación religiosa, como es fácil documentar a través de sus cartas." Aparte las Hijas de María Auxiliadora, tuvo relaciones efectivas con diversas familias de religiosas: Compañeras Fieles de Jesús, Nobles Oblatas, Dominicas, Hijas de la Visitación, Hermanas de la Misericordia, Damas del Sagrado Corazón, Carmelitas de París. Excepto con las Dominicas y Carmelitas, la relación con las otras Familias fue duradera.26

Las condiciones para una vocación de religiosa puedan ser deducidas de las no muy numerosas cartas dirigidas a jóvenes religiosas. Sintetizando el contenido, éstas serían las condiciones: salud, buenas costumbres, buena índole, motivación sobrenatural. Negativamente, no valen para salesíanas las superficiales, las viciadas, las insinceras, según el sueño-apólogo del 31 de diciembre de 81. Y los mdios serían: oración y meditación, confianza en las superioras y en 18 el confesor,e observancia de las Reglas, obediencia y humildad, recuerdo

del premio eterno que nos espera."

3.4. Vocaciones para el estado eclesiástico en Valdocco

Las diócesis que tuvieron seminaristas en Valdocco fueron, al menos, Acquí, Asti, Casale, Chieri, Saluzzo, Turín, Vercelli, Vigévano, con cuyos obispos o Vicarios hay relación epistolar abundante, tratando de sus residentes

respectivos.28

También se preocupó de seculares que pudieran prepararse para las misio‑



nes. Escribe a don Dionisio Halinan, irlandés, que busque a jóvenes de lengua nativa inglesa con vocación para misioneros, y que se los mande a Turín para enviarlos luego a las misiones bajo dominio de la Gran Bretaña. Estuvo en tratos con mons. Quinn, obispo en Australia, para recibir gratuitamente a jóvenes de allí, educarlos, y devolverlos luego o sacerdotes seculares o salesianos.29

25 E I, 339.355; II, 209.

26 Con las Fieles Compañeras de Jesús: E I, 372518; II, 20.165. Con las Nobles Oblatas:

E I, 430.439.491; II, 281291; IV, 42. Con las Dominicas: E I, 436. Con las Hijas de la Visitación: E II, 55; IV; 281. Con las Hermanas de la Misericordia: E III, 584. Con las Damas del Sagrado Corazón: E IV, 166.185. Con las Carmelitas de París: E IV, 413. Con las Hijas de María Auxiliadora el trato es más abundante: sobre la fundación, cf. Cronistoria I, passim; sobre Momese, cf. E I, 323.336.435; sobre el Oratorio femenino de HMA en Turín, cf. E II, 446.487; In, 30.

27 Su doctrina sobre la vocación religiosa femenina se halla dispersa en estas cartas: E I, 311.419; II, 491-492; III, 633.634; IV, 290. Cf. también MB XV, 364-366, y el Testamento espiri‑

tual, en: Bosco, Saint pedagogici, p. 347.

Sobre Acqui: E II, 205.477-478. Sobre Asti: E I, 211.265-266.268 y MB VI, 740; VII, 410‑

411. Sobre Casale: E I, 287; II, 79.81. Sobre Chieri: E I, 21.23-24. Sobre Saltim: E I, 242.281. Para los casos de administración ordinaria en relación con la diócesis de Turín: E I, 112.171.278‑

279283.357. Sobre Vigévano: E III, 389. Sobre Vercelli: E I, 219. 29 Sobre las misiones: E II, 340.387-388.404.456.

Don Bosco alude varias veces al número de clérigos hospedados." El 26 de junio de 1866 dice que son 50 entre Turín y Lanzo. El 21 de octubre de 1876 habla de 50 clérigos que visten todavía de paisano por imposibilidad de comprarles hábitos eclesiásticos. El 31 de julio de 1878 habla de 300 clérigos al canónigo Clemente Guiol, de Marsella. Esta cifra redonda la repite en 1879, 1880, 1881. Tales cifras parecen propagandísticas, aun cuando se refieran a todas las casas de don Bosco.

P. Stella hace unas precisiones referidas a los años 1847-1870: el número de clérigos nunca fue preponderante ni extremadamente vistoso en el Oratorio. Entre 1847 y 1853 sí hubo hospedados algunos sacerdotes que ayudaban a don Bosco, según el «Repertorio doméstico», autógrafo de don Bosco, pero muy pocos clérigos del seminario: más bien fueron acogidos en la comunidad de los oratorianos de San Felipe Neri. Existe también el «Anágrafe» o «Censo de 1847 a 1869»; pero no se puede esperar de él un número completo de clérigos. Sí parece válida esta estadística para 1868: de 804 residentes en el Oratorio, había 35 estudiantes de teología y 24 estudiantes de filosofía; es decir, el número de clérigos era el 7,34% del total de residentes en Valdocco. No obstante, era el grupo más influyente?'

En cuanto a la edad de los clérigos residentes, los sacerdotes, siempre en número muy restringido, presentan fuertes oscilaciones en la media de edad. Entre los clérigos existen las vocaciones tardías, cuya edad se acerca a los 30 años. Pero la mayor parte son estudiantes de filosofía y teología, cuya edad oscila entre los 16 y los 24 años: su media de edad está entre los 17 y los 19 años.

Económicamente, el sostenimiento de esta masa de jóvenes y clérigos representó para don Bosco una fuente de preocupaciones constantes respecto a su mantenimiento, alojamiento y vestido. Desde 1854 las pensiones mensuales de los clérigos se estabilizaron durante algunos años entre las 40/45 liras. Pero las pensiones se reducían en Valdocco y Mirabello; no en los colegios, en los que se suponía que las familias podían pagar. Ahora bien, las pensiones eran insuficientes para los gastos; por eso don Bosco recurre en muchas ocasiones a la curia de Turín, a párrocos, a bienhechores, a Instituciones oficiales y al mismo rey en demanda de ayuda.32 Otra fuente de preocupaciones económicas fueron el patrimonio eclesiástico y la leva del servicio militar de los clérigos, para los que también pide ayuda a todo tipo de personas.33

3° E I, 406; 111, 69.106.371.463.625.638-639; IV, 77.90.

31 Cf. STELLA, Don Bosco nella storia economice, p. 182-183.196.

32 Cf. STELLA, Don Bosco nella storia economice, p. 373-377. Pueden verse las cartas dirigidas al canónigo Vogliotti desde 1855 a 1866 sobre pensiones de seminaristas concretos: E I, 117.172173.188.212.325.337.602; o al párroco de Beinasco: E I, 210; o a Paolo Boselli: E II, 310; o a la condesa Carlotta Callori: E I, 356; o al rey Víctor Manue111: E I, 212-213.223.

33 Para el patrimonio eclesiástico: E I, 243.407-408.411.501-502; II, 6. Para la exención del servicio militar: E I, 392; II, 113.117-118.125.168.172.210.229.309.414.417 .485.

Las dificultades económicas no fueron las únicas. Dificultades jurídicas le provienen de la autoridad civil, que le acusa de que los estudios de los clérigos no están en armonía con las directrices gubernativas, y que le exige presentar el Decreto de aprobación de la Congregación salesiana para el Exequatur regio .34 A pesar de todo, las dificultades más dolorosas y largas le provienen de la autoridad eclesiástica de Turín ante la pretendida autonomía para su Institución. Con la autoridad civil logra capear el temporal; con la autoridad eclesiástica no tiene más remedio que buscar la aprobación de la Congregación directamente por la Santa Sede."

3.5. Seminarios menores

La ocasión le viene ofrecida por la Ley Casati de 1859, que pedía a las Administraciones municipales la instrucción primaria y secundaria. Se presentaba la posibilidad de insertarse en el juego de los ayuntamientos, que buscaban salidas para promover las escuelas públicas sin demasiadas cargas financieras. Don Bosco se mostró sensible a las nuevas perspectivas, ofreciéndose en primer lugar a los obispos para la dirección de seminarios diocesanos; y prefiriendo después el camino de los colegios-internados municipales. Así, después de 1860, amplió las finalidades de la Congregación, añadiendo un artículo sobre el cultivo de las vocaciones eclesiásticas, pero exigiendo el permiso de la Santa Sede para encargarse de seminarios, caso por caso.

La primera experiencia de este tipo fue realizada en Giaveno (1860-1862). Allí existía un seminario menor, floreciente hacia` 1840, pero decaído posteriormente. El Ayuntamiento quería comprar los locales para poner un colegio municipal. Presentada la propuesta a mons. Fransoni, replicó que estaba dispuesto a confiar su renacimiento a don. Bosco. Los tratos comenzaron en mayo de 1859 entre don Bosco y el alcalde. El canónigo Vogliotti y don Bosco fueron a Giaveno el 27 de julio de 1860; pero no llegaron a un acuerdo, porque el Municipio no quiso elevar su cuota de ayuda. Por eso se determinó convertirlo en Seminario menor simplemente.

La curia de Turín nombró director a don Juan Grassino. Don Bosco mandó al sacerdote Juan Rocchietti como director espiritual, y a varios clérigos, que se encargaron de la economía, la disciplina y la asistencia, y a un grupo escogido de jóvenes de Valdocco. Los alumnos subieron desde 110 en 1860 a unos 240 en 1861. Pero surgieron discrepancias entre la línea educativa

" Cf. E I, 270.273.

" Las dificultades con la Curia diocesana de Turín acompañaron al nacimiento de los salesianos: E I, 169-170.291.292.321.510.572-574.590-593.596-597.599. Continuaron tras la aprobación de la Congregación salesiana el 1 de marzo de 1869: E II, 32-33.34.64.240.244.277-278.281282.299-300. Y perduraron tras la aprobación de las Constituciones el 3 de abril de 1874. Puede consultarse STELLA, Don Bosco I, p. 150-1.56.

del rector y la de don Bosco. La curia, por otra parte, no quería que se considerase una sola cosa a Valdocco y a Giaveno, como afirmaba don Bosco. Fransoni murió el 26 de mayo de 1862. Con el nuevo Vícario'Capitular, mons. Zappata, se siguió una línea media: se cambió al rector, pero se rompió el contrato con el Oratorio. Algunos de los salesianos pasaron al clero diocesano; Bongiovanni y Boggero volvieron al Oratorio, recorriendo a pie el camino desde Giaveno a Turín: ni para el viaje recibieron dinero.36

Otra experiencia, con éxito, tuvo lugar en Mirabello (1863-1869). La diócesis de Casale Monferrato no tenía seminario menor, por haber sido nacionalizados los locales. El obispo, mons. Calabiana, se puso de acuerdo con don Bosco. Gracias a la cesión de terrenos por Vicente Provera, padre del clérigo salesiano Francisco Provera, y con la supervisión de Buzzetti, se ultimaron los trabajos en el otoño de 1862. La obra costó 100.000 francos?'

El 13 de octubre de 1863 llegaron los salesianos: don Rua como director, cuatro clérigos y cuatro jóvenes como enseñantes, todos de pocos años.38 Internamente había una dificultad: muchos estudiantes acudían sin intención de seguir la carrera sacerdotal. Don Bosco se mostró inflexible en esto en algunas cartas dirigidas a don Rua.39 Con esta exigencia, el seminario mayor de Casale pasó en pocos años de tener 20 clérigos de filosofía-teología a tener 120, gracias a los provenientes de Mirabello.

Otra dificultad fue estatal: Occimiano, del que dependía Mirabello, lo consideraba un colegio privado y, por tanto, sujeto a impuestos. Don Bosco recurrió directamente al ministro de Finanzas, Urbano Rattazzi, que le concedió la exención tributaria. La otra dificultad fue escolástica: el inspector de enseñanza de Alessandria lo calificó de colegio ilegal por no tener la autorización escolar; mons. Calabiana lo reconoció como colegio menor diocesano." Pero a la postre resultó pequeño y alejado de las vías de comunicación; por eso fue, trasladado a Borgo San Martino, abandonando el título de seminario menor y manteniendo el de colegio de San Carlos.°

Otra experiencia tuvo lugar en Magliano Sahino, diócesis suburbicaria de Roma. A instancias de su obispo, cardenal Bilio, asumió don Bosco en 1878 la dirección de estudios y la administración del seminario. Aquí don Bosco no quiso la mezcla de aspirantes y no aspirantes al sacerdocio, formando un cole‑

36 La correspondencia sobre Giaveno es: E I, 188.192.193.208-209. Cf. también MB VI, 720.731.1043; VII, 137-145.147-149. Buen resumen en: STELLA, Don Bosco nella stork economica, p. 128-130.

37 Cf. MB VII, 409.

38 Cf. MB VII, 522.

39 Cf. E I, 284.347.

4° Cf. E I, 472-473.491-492. Buen resumen en: STELLA, Don Bosco nella stork economica, p. 130-133.

4 E II, 98.103.

gio distinto en una parte alquilada del vasto edificio, quedando don Bosco muy contento. Director era don José Daghero.42

En 1874 falló la fundación de otro colegio en Ceccano (Lado); y algo pare‑

cido sucedió en Florencia:"

Como nota curiosa para ver esta ayuda de don Bosco a los seminarios, está

el hecho de que, en base a una convención regular, don Bosco mandó a las salesianas a prestar asistencia en cocina y ropería para obras masculinas no a una casa salesiana, sino al seminario episcopal de Biella, en septiembre de 1876; sólo después las envió para el mismo oficio al colegio salesiano de Alassio.

3.6. Vocaciones de adultos

El origen de obras específicas en favor de las vocaciones tardías parece fruto de la maduración de una idea sostenida durante años. Adultos, como as‑

pirantes y novicios, había ya antes. Incluso parece que la «Obra de María Auxiliadora» en favor de las vocaciones tardías no cambió sensiblemente la proporción de adultos. La tensión con mons. Gastaldi pudo favorecer la maduración de la idea. El sueño tenido a principios de 1875 pudo suponer el espaldarazo, ya que para don Bosco manifestó el «querer divino», y gracias a él comprobó la proporción mayor de perseverancia entre los adultos."

Efectivamente, el 9 de diciembre de 1875 reunió en Sampierdarena estas vocaciones. Allí llega a reunir entre cien y 130 con este fin especifico, y se suscita un gran entusiamso por ir a las misiones.° Simultáneamente continúa en Turín una clase de vocaciones adultas, bajo la guía de don Luis Guanella." En 1876 don Bosco anduvo en tratos para establecer otra casa semejante en Roma, pero no cuajó.47 Desde Sampierdarena fueron trasladados a Mathi Torinese en 1883; y en 1884 volvieron a Turín, pero a San Juan Evangelista."

Don Bosco expuso muchas veces cuál era la naturaleza y finalidad de esta obra: recoger jóvenes adultos, con cualidades para el estudio, y con voluntad de abrazar el estado eclesiástico. Reciben unos cursos específicos acelerados para ellos. Acabados estos estudios, y certificada la vocación, los alumnos quedan libres de volver a la diócesis con sus respectivos obispos, de abrazar el estado religioso, o de dedicarse a las misiones extranjeras. En 1884, hablando a

E m, 177-178.183.297.

43 E II, 370; IV, 86-87.

44 Cf. E II, 96.237-238; MB XI, 32-33. 43 E II, 524.526.530; III, 18.36.95.

46 E III, 39-40.42.104.

47 E 130-131.137.

48 Cf. E IV, 499. Sobre las vicisitudes de la «Obra de María Auxiliadora para las vocaciones

tardías» tras la muerte de don Bosco, cf. E. VALENTINI, Don Bosco e le vocazioni tardive, en «Salesianum» 20 (1960) 462-466. Esta «Obra» fue siempre muy querida y recomendada por don Bosco: cf. Bosco, Scrittí pedagogici, p. 330-331.

los Salesianos, afirma don Bosco: «Los Hijos de María están para la acción, mientras que los pequeños que vienen a nuestras casas estarán para la cien‑

cia».49 Y extiende luego un reglamento en el que detalla los programas de estudio, las pensiones, la edad (entre 16/30 años).50

Las dificultades no estuvieron tampoco ausentes de esta obra: unas provinieron del exterior y otras del interior. Obtenidas la bendición e indulgencias de la Santa Sede," don Bosco extendió el programa definitivo, y mandó todo al obispado de Turín para el «Nihil obstat» para su publicación. Comienza aquí un litigio entre don Bosco y Gastaldi, al que apoyaba mons. Moreno, obispo de Ivrea.52 Es éste un litigio más amplio, pero que también involucra a esta obra. En total, don Bosco se entiende con mons. Manacorda e imprime todo en Fossano.53 En la polémica, don Bosco se queja de que no se ha comprendido su idea, y aclara: «Esta obra se dirige al bien general de la Iglesia, y

no parece que pueda ligarse a un Ordinario»,54 que era lo que pretendía Gastaldi.

En Valdocco tampoco comprendían todos la presencia de vocaciones adultas; y se formaron dos bandos: el vicedirector del Oratorio, cediendo a una facción, suprimió esta «escuela de fuego», como se la llamaba allí. Don Guanella había sido nombrado director de Trinidad, don Bosco estaba ausente. Los adultos fueron distribuidos entre otras clases o mandados a Sampierda‑

rena. Don Bosco, enterado, lamentó esta decisión, y la hizo resurgir como clase especial en 1877-1878."

El resultado fundamental es la mayor perseverancia de éstos que han entrado adultos: perseveran 90 sobre cien que comienzan; mientras que de los que empiezan de jovencitos llegan seis u ocho sobre cien." En el curso 18741875 había recogidos unos 100 jóvenes adultos: de los 35 que acabaron los estudios literarios, ocho fueron a misiones, seis al estado religioso, 21 a las respectivas diócesis." En años posteriores aumentó el número. Entre los primeros

salesianos hay casos muy conocidos de vocaciones tardías: Lago, Rinaldi, Ghivarello, Fagnano...

" MB XVII, 546.

5° E II, 529; III, 23.130-131.561-562. El Reglamento puede verse en MB XI, 532-533. Don

Bosco dio a conocer esta obra por medio de la imprenta: Opera di Maria Ausiliatrice per le vocazioni ello stato ecclesiastico (texto en: OE XVIII, 1-7, que tuvo varias ediciones (cf. P. STELLA, Gli

scritti a stampa di san Giovanni Bosco, Roma LAS, 1977, p. 56.60.111.113.116.133.143). A este opúsculo alude don Bosco en sus cartas: EDI, 187.197.431.443.

51 Cf. E II, 473.

52 Cf. E II, 491.

53 E II, 493-494.495.500.502-503.511. Se prohibió la publicación de toda noticia sobre esta

Obra en el periódico «L'Unitá Cattolica »: puede verse al respecto E II, 529; II, 95-96.97.98.100-101.

54 E II, 292.

55 E DI, 110; IV, 115. Su actitud ante estas dificultades puede verse en MB XI, 52.54.77. Y un tratado sintético en MB XI, 31-70.

56 Cf. E III, 130.

" Cf. E III, 131-132.

También conviene recordar que don Bosco estuvo dispuesto a acoger en el Oratorio a sacerdotes jubilados y a varios sacerdotes en estado irregular, a alguno dedos cuales incluso contrató como maestro."

Podemos preguntarnos cuál era la finalidad o sentido último de estas actuaciones de don Bosco. Se siente una pequeña parte de un gran movimiento de promoción de vocaciones, como muestran sus relaciones con José Frassinetti" o Almerigo Guerra.6° Y tiene siempre un sentido de Iglesia, que explicita en su «Testamento espiritual»: «Recordemos que regalamos un tesoro a la Iglesia cuando procuramos una buena vocación: que esta vocación o este sacerdote vaya a la diócesis, a las misiones o a una casa religiosa, no importa. Es siempre un gran tesoro que se regala a la Iglesia de Jesucristo» 6'




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