En la historia


La instrumentación didáctico-educativa



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4. La instrumentación didáctico-educativa

Subrayada la finalidad religiosa fundamental, siempre presente en el pensamiento y en la acción del Santo, señalo aún tres elementos especialmente significativos del escenario escolar-formativo promovido por él: el recurso a modelos, válidos, según él, para todo tipo de intervención pedagógica, la coloquialidad y la preparación de textos y manuales adaptados, en este caso, a la escuela humanística. Terminaré este punto con iina palabra sobre el latín.

29 Ibidem c.I, a. único.

30 Cf. BRAIDO, Il sistema preventivo, p. 353-359. Véase también RICALDONE, Don Bosco educatore II 452-493, teniendo en cuenta el diverso enfoque e interés de este escrito. Además: Costituzioni della c. I, a. 5; y las páginas ya citadas de las Deliberazioni del secondo Capitolo.

31 Cf. STELLA, Don Bosco I, p. 150-160. Además los ya citados volúmenes de los Annali y, sobre todo, de las MB. Véase además: Deliberazioni del secondo Capitolo, p. 69-71. Se tenga presente que el principal motivo aducido para cerrar el gimnasio de Valdocco era que enseñaban maestros sin título, en lugar de los maestros titulados que habían sido comunicados a la autoridad civil.

32 CE especialmente el trabajo ya citado de PRELLEZO, Studio e nflessione pedagogica, páginas recordadas. Me parece importante recordar también los consejos dados a don Bertello, profesor de filosofía, respondiendo a sus quejas sobre el poco empeño en el estudio de los clérigos salesianos; en tales consejos se repiten indicaciones dadas a todos los enseñantes (E II, 471).

El tema de los modelos, o con el significado práctico actual de esquemas estructurales los que hay que atenerse en las propias intervenciones, sino el sentido o de figuras emblemáticas que reproducir, o que no hay que imitar y que han caracterizado durante siglos a la educación cristiana (así como el papel tradicionalmente atribuido al «ejemplo»), o también sólo en el sentido de ideales a cuyo logro se ha invitado, está muy presente en los escritos y en las normas dadas por don Bosco. Para ello no sólo recordaba la ocasión de celebraciones esperiRles (fiesta de la Inmaculada Concepción, de San José, de San Luis...) que había que aprovechar en las clases con breves referencias, sino que se había comprometido, con una laudable sensibilidad pedagógica, en proponer a sus jóvenes modelos de entre sus compañeros desaparecidos poco antes, aunque lejanos de ser canonizados. Así, Domingo Savio, ahora santo, Francisco Besucco, Miguel Magone.33

Por coloquialidad, en este contexto, entiendo una doble exigencia subrayada por el Santo ante sus maestros. Ante todo, la insistencia en que explicasen y lo hiciesen de un modo fácil, comprensible para todos, de acuerdo con aquella atención a los últimos de la que ya se ha hablado. Este tipo de enseñanza no tiene en cuenta el brillo del maestro, que se debe poner al nivel de los alumnos, como en cualquier diálogo humano, pero de modo que interpele al alumno. En la misma línea está su insistencia sobre las preguntas en clase, aunque vistas principalmente como verificación: «Y soy también del parecer de que se pregunte mucho, mucho y, si es posible, no se deje pasar ningún día sin preguntar a todos. De esto se sacarían ventajas incalculables. Oigo, en cambio, que algún profesor entra en clase, pregunta a uno o dos y, después, sin más, explica su lección.-Este método no lo querría ni siquiera en la Universidad. Preguntar, preguntar mucho, preguntar muchísimo: cuanto más se haga hablar a los alumnos tanto más aumentará el provecho».34 No se trata, de todos modos, de una fiscalización, sino que ese modo de actuar tiene que situarse en el horizonte de la amorevolezza, típica de su planteamiento educativo. Gracias a ella uno se hace «pequeño con los pequeños», de modo que, como hace escribir desde Roma en 1884, los muchachos «si son amados en lo que les gusta participando "en sus aficiones infantiles, aprendan a ver el amor en las cosas que naturalmente les gustan poco: como la disciplina, el estudio, la mortificación de sí mismos; y aprendan a hacer estas cosas con amor»."

Indicaciones más detalladas sobre la metodología didáctica y, todavía más, sobre los objetivos que se deben obtener, se leen en las dos cartas de don Cerruti a don Rua cuyo título es: Le idee di D. Bosco sull'educazione e sull'inse‑

" Véanse las respectivas biografías, preparadas por él mismo. Además: MB VI, 244-245 y 390; Regolamento per le case, P. I, c. VI, a. 13.

34 MB XI, 218. Cf. también: Regolamento per le case, P. I, c. VI, a. 5. Sobre este tipo de indicaciones, se insiste de vez en cuando en las conferencias a los salesianos de Valdocco (por ejemplo en la 4° del 82.1881: ASC 38).

33 Bosco, Scritti pedagogici, p. 294. Cf. MB V, 917; VI, 320-321; VIII, 750; IX, 69-70.

gnamento, ya citadas. Su valor estriba en que fueron escritas cuando todavía vivía el Santo que, muy probablemente, al menos fue informado de ellas, y porque don Rua las recibe como tales explícitamente,36 de modo que se apoya en ellas en su circular, aunque, a su vez, llame la atención sobre otras sugerencias didácticas, y porque el autor había sido alumno y maestro en el Oratorio de Valdocco. La insistencia mayor, no obstante,--se-....claáquí también sobre la «cristianita» de la escuela y la elección de los escritores latir so que dan a aquélla una buena aportación.

Por último, en lo que se refiere a los manuales, don Bosco, descontada una selección cuidadosa previa, exigía, en primer lugar, el respeto: «Querría, además, que las explicaciones se ajustasen al texto, explicando bien sus palabras. Irse por regiones elevadas parece dar palos al aire [...]. Y que no se critiquen los textos. Hace falta poco para desacreditarlos ante los jóvenes; cuando éstos hayan perdido su estima, no los estudian ya. Se puede añadir lo que falta, dictándolo; pero críticas, no, nunca».37 Sin embargo, se sentía el problema, y en los dos primeros Capítulos generales se dieron normas, más bien detalladas, con pequeños reajustes en el segundo de ellos: «1. Por regla general, los libros de texto deben estar escritos o revisados por nuestros socios o por personas conocidas por su honestidad y religión. 2. Cuando las autoridades escolares mandasen algún libro, puede introducirse sin dificultad en nuestras escuelas; pero si en ese libro hubiese máximas contrarias a la religión o a la moral, no se ponga nunca en manos de los alumnos. En ese caso, provéase dictando en clase o haciendo imprimir o multicopiar dicho libro, omitiendo o rectificando las partes, los períodos y las expresiones que se juzgasen peligrosas o sin más inoportunas. Esto es cometido del Consejero escolar del Capítulo superior».38

Hoy, indudablemente, estas indicaciones pueden sonar a excesiva prudencia, pero no lo eran en aquellos tiempos, sea porque era costumbre común, al menos entre los religiosos, «purgar» a los clásicos, según la práctica de San Carlos Borromeo para sus seminaristas;39 sea porque no existían otras fuentes fáciles de encontrar libres de «contaminación» moral, como se atribuía a dichos autores; o, por último, porque los textos tenían precios no muy asequibles. En aquel clima, que el Santo había respirado desde hacia tiempo y que había fomentado, tanto con sus publicaciones como con sus intervenciones, se puede comprender mejor y valorar el tardío desahogo con el abogado Michel de Marsella en 1885: «He combatido toda mi vida contra esa perversa educación (pagana), que arruina la mente y el corazón de la juventud en sus años más bellos; fue siempre mi ideal reformarla sobre bases sinceramente cristianas.

36 Lettere Circolari 38: «In quello voi troverete le precise idee di Don Bosco su questo argumento; io le volli rileggere ultimarnente con attenzione, e dovetti constatare che realmente vi erano con tutta fedeltá esposte quelle idee, che phi e pl.' volte aveva io stesso udite ripetere e inculcare dal labbro del nostro caro padre». Véase, en la p. 43, otros consejos didácticos.

MB XI, 218: MB XIV, 838.

38 Deliberazioni del secondo Capitolo, c. IV, p. 73. Cf. Deliberazioni del Capitolo Generale della Pia Societa Salesiana, tenuto in Lanzo-Torinese nel settembre 1877, Torino, Tipografia e Libreria Salesiana 1878, c. Da, p. 18.

" Lo afirma don Cerruti en su opúsculo (p. 9).

Con este fin he acometido la impresión revisada y corregida de los clásicos latinos profanos más frecuentes en las escuelas; con este fin empecé la publicación de los clásicos latinos cristianos, que deberían, con la santidad de su doctrina y de sus ejemplos, hacerla más bella con una forma al mismo tiempo elegante y robusta, completar lo que falta a los primeros, que son el producto de sólo la razón, hacer vanos en lo posible los efectos destructores del naturalismo pagano y volver a dar el antiguo honor debido a cuanto en las letras produjo de grande el Cristianismo. Este es, en una palabra, el objeto que he buscado siempre en todos los intentos educativos y didácticos, que di de palabra y por escrito a: directores, maestros y asistentes de la Pía Sociedad salesiana. Y ahora, viejo y caduco, muero con el dolor, resignado, pero dolor al fin, de que no me han comprendido bien, de no ver plenamente en marcha la obra de reforma de la educación y la enseñanza a la que he consagrado todas mis fuerzas y sin la que no podremos jamás, lo repito, tener una juventud estudiosa sincera y enteramente católica»."

Esta larga, pero muy significativa cita, por la que pido excusa, aunque puede suscitar alguna perplejidad desde un punto de vista estrictamente histórico, no deja dudas sobre las intenciones y preocupaciones de don Bosco en relación con la escuela humanista, en la que no se podía tolerar nada que supusiese daño para la formación cristiana. Don Cerruti, que se alarga en el tema, insinúa también las posibles fuentes, pasadas y contemporáneas del Santo, con una referencia especial a la polémica que se había desencadenado en Francia entre Dupanloup y Gaume, cerrada con una decidida intervención de Pío IX con la encíclica Inter mirifica.s del 21 de marzo de 1853. En ella se defendía el uso de los clásicos cristianos junto a los profanos «a quavis labe purgati». En la misma línea se había situado también León MIL Y esto habría sido suficiente para decidir la actitud y las opciones de don Bosco:' En esta misma perspectiva se entiende también la exclusión de muchos autores y obras literarias italianas, como Ariosto, Machiavelli, Metastasio, Giusti, D'Azeglio y hasta Manzoni (y como «lo que puede hacer mal a los nuestros puede hacer mal a los demás: no se pueden poner a la venta»), como todos los textos «en que hay enarnoramientos».42 De todos modos, don Bosco «estudió los clásicos italianos y en los últimos arios de su vida recordaba todavía y declamaba de memoria con mucho gusto cantos enteros de Dante y poesías de otros autores. Sintió la necesidad de estudiarlos, como algo necesario para aprender bien la lengua y hacerse con un buen estilo. Y promovió su estudio.

40 CERRUTI, Le idee di D. Bosco, p. 89.

Cf. CERRUTI, Le idee di D. Bosco, p. 11-14. Se dan, explícitamente, las razones por las que se deben preferir los autores cristianos (p. 15), y se transcribe una significativa exclamación de don Bosco: «Aihmé quanti giovani di belle speranze ha rovinato la mitologia!» (p. 40).

Cf. Verbali del Capitolo generale II (micr. 1.857D7).

Pero vio los peligros que iban a encontrar en este estudio los jovencitos, sobre todo porque muchos de ellos están prohibidos por la Iglesia o la ley natural». Pero no hay que olvidar, a propósito de ello una observación de don Cerruti, a la que atribuye valor didáctico: «Yo recuerdo, querido don Rua, con cierta emoción, aquellos bellos arios en que él, nuestro amadísimo padre, nos contaba con aquella rara ingenuidad suya, el cuidado ardiente que había puesto durante sus años de estudios juveniles por adquirir una forma de hablar especialmente florida, rotundidad en los períodos, belleza de dicción y cosas parecidas, y cuántos esfuerzos debió hacer después, cuántas luchas sostuvo contra sí mismo para librarse de ello y adquirir, en cambio, aquella otra llana, sencilla, cándida y siempre correcta que hace amables tanto sus palabras como sus escritos». La retórica, especialmente en los trabajos escolares, se presenta de ese modo negativamente.43

Por último, una referencia también sobre el latín. El Santo que, como se ha visto, lo había estudiado diligentemente, se convirtió en paladín de su estudio, antes de nada, entre sus clérigos colaboradores y, después, entre los estudiantes, hasta el punto de hacer representar, con éxito comedias clásicas en su texto original.44 El motivo principal de esta actitud suya, que tenía también raíces muy lejanas y profundas en la tradición escolar piamontesa, derivaba del hecho de que el latín era la lengua de la Iglesia y de los Padres, por los que nutría una gran veneración, aun bajo el aspecto literario, como ya se ha dicho. No se puede, por otra parte, excluir una consciente funcionalidad con vistas a la promoción de las vocacione eclesiásticas. Sin embargo, con la expansión de la Congregación en el «nuevo mundo», sólo se menciona el latín en relación con los clérigos y no ya con los colegiales, como aparece en las Deliberazioni del secondo Capitolo generale, y después.

5. Reflexiones finales

Al final de este recorrido histórico por los arios de la madurez y vejez de don Bosco con el fin de captar las motivaciones y opciones que le llevaron a asumir el peso que suponía abrir una escuela humanista, querría presentar algunas consideraciones, en clave «positiva» y, tal vez, personal, que estimulen, según creo (y no sólo a los salesianos), aunque vayan de forma esquemática, y espero que no moralista.

Ante todo, sobre la función de la escuela. Aunque hoy se puede pensar en la escuela como una institución dirigida fundamentalmente, si no exclusiva mente, a la instrucción y hasta la profesionalización, me parece que, a la luz de la postura del Santo, no se puede (ni debe) dejar en la sombra su cometido educativo y, por tanto, dirigido en primer lugar a una promoción humana; y, eventualmente, a un éxito profesional en todo caso no necesario.

" Cf. CEJuwrI, Le idee di D. Bosco, p. 44-45y p. 46-47.

" Cf. MB VI, 884 y 958; VII, 666; VIII, 419 y 782-783. Por lo que se refiere a su admiración por los Padres y a la defensa del latín de los miqmos, además de los pasajes citados, cf. MB IV, 634-636.

Por eso resulta indispensable unir, a la preparación disciplinar de los maestros, una preparación igualmente comprometida de corte pedagógico; don Bosco lo pedía a sus religiosos, teniendo en cuenta, naturalmente, los progresos de las ciencias de la educación.

Lo que no contradice, según mi parecer, la exigencia y la práctica del Santo de unir al estudio y a la información (entonces no siempre adecuada) una experiencia directa y probada: el «tirocinio». Tal vez el mismo don Bosco exageró el papel determinante de la práctica, pero por necesidad más que por convicción, dado el aprecio que demostró en general por los estudios. Hoy, con frecuencia, el riesgo es el contrario: nos contentamos con la teoría, académica o no, y ni siquiera porque se la estime más de lo debido.

Algo todavía. El Santo, aun después de haber abierto a la «clase media» las escuelas, insistió mucho para que no se descuidase a los muchachos con dificultades en el aprendizaje. Se diría que defendía una escuela no selectiva, pidiendo a sus maestros un empeño mayor y diferenciado, no resignado en absoluto. Hoy, a nivel teórico, se difunden tesis paralelas (desde la de una individualización más tradicional en la enseñanza hasta el mastery learning), pero se está muy lejos en la práctica, en la que vuelven a aparecer con vigor posturas discriminatorias.

El principio de la corresponsabilidad o de la coloquialidad, como lo he denominado aquí, invita a pensar de nuevo en el valor del sujeto humano y la densidad del respeto que le es debido. Don Bosco sin duda estuvo condicionado por su pensamiento teológico y religioso, más que por el antropológico-psicológico en esta implicación buscada de los alumnos. Pero crear espacios para los otros y compartirlos como iguales, la utilización (como piden, entre otras cosas, la amorevolezza y la familiaridad) es una exigencia que, pedagógicamente y tal vez también psicológicamente, tiene un significado liberador. Como cuando se trata con niños, se mira mucho de arriba abajo. J. Korczak tendría mucho que decir en este campo y precisamente en ese sentido he relanzado un concepto más amplio de coeducación, como con-tributo continuo y recíproco, aunque no siempre consciente, a la promoción humana.

Por último, la aceptación por parte del Santo de los programas oficiales, aun tomándose la libertad que consideraba irrenunciable de adaptarlos, es índice de una notable capacidad de adaptación que, si no se puede llevar hasta las fronteras de un pluralismo impensable para aquella época, manifiesta una cualidad fundamental para una gestión inteligente de las relaciones humanas: discernir lo esencial de lo accidental, lo sustancial de lo accesorio. En educación es objetivo indiscutible la promoción del sujeto, su crecimiento humano; las modalidades, los medios y hasta las metas intermedias pueden variar o desaparecer; en una educación cristiana, igualmente no hay que confundir lo que garantiza la fe con lo que otros aconsejan o exigen.

Se trata de sugerencias para la reflexión, si no para la revisión, que se encuentran en buena sintonía con las actitudes y las opciones de don Bosco que, aun referidas a un tema no medular de sus intereses y de su pensamiento, brotan con notable evidencia y, aparte la diversidad de los tiempos, de las situaciones y de los condicionamientos, se pueden volver a proponer, aún hoy, a todos.
DON BOSCO Y LAS ESCUELAS PROFESIONALES

Aproximación histórica (1870-1887) *

José Manuel PRELEZZ0 GARCÍA

El historiador salesiano Eugenio Cenia ha escrito con cierto énfasis: «Para medir el alcance de las escuelas profesionales de don Bosco, es necesario esperar a que tenga lugar el maravilloso desarrollo de las mismas, en el antiguo y en el nuevo Continente, bajo los sucesores del Santo; éste, sin embargo, les dio la dirección y el primer impulso, que consintió avanzar hacia los progresos ulteriores».1



O. Precisiones preliminares

En realidad, la misma denominación «escuelas profesionales» entró en el lenguaje corriente y en los escritos salesianos después de la muerte de don Bosco. Éste y sus colaboradores preferían hablar, como sus contemporáneos, de «artisti» y de «artigíani», de «officine», de «laboratori», y, más tarde, de «ospizi per arti e mestieri» o de «case di artigiani». En el ámbito cultural de lengua castellana tuvo fortuna la expresión «talleres salesianos».

El documento más importante sobre el asunto, elaborado en el Capítulo general- de 1883 y de 1886, presentaba, en la primera redacción manuscrita, como título: «Indirizzo da darsi alla classe operaia nelle Case Salesiane e mezzi onde svilupparne e coltivarne le voca7ioni».2 El máximo órgano legislativo de la Sociedad salesiana fue presidido todavía por don Bosco.

El texto de la redacción definitiva, unido a otro documento sobre los salesianos laicos, vio la luz, en las Deliberaciones oficiales de 1887, bajo el epígrafe: «Dello spirito religioso e delle vocazioni fra i coadiutori e gli artigiani».3

Es ésta precisamente la publicación que el citado don Cenia definió con una expresión que ha encontrado buena acogida entre los estudiosos: como una «parva chanta» de las escuelas profesionales salesianas.

* Esta comunicación fue redactada y leída por el autor en castellano (n.d.e.).



' Annali1, p. 649.

2 Capitolo generale III 1883. Deliberazioni del temo e quarto capitolo generale della Pia Societa Salesiana tenuti a Valsalice nel settembre 1883-86, San Benigno Canavese, Tip. Salesiana 1887, p. 16-22.

La publicación constituye, sin duda, un punto de referencia importante y autorizado, para acercarse a la fase más madura de la propuesta hecha a las casas salesianas de artes y oficios, durante la vida de don Bosco.

En mi comunicación, dedicaré una atención especial a las diversas redacciones del documento, con el fin de destacar el significado y alcance de los temas más centrales, y con el intento de precisar también los límites de la presencia de don Bosco y de sus colaboradores en la elabóración de los mismos.

Para alcanzar plenamente estos objetivos, sería necesario hacer, al menos> una previa aproximación a la «realidad viva» de las instituciones en las que don Bosco y los primeros colaboradores realizaron su labor en beneficio de los jóvenes aprendices.

Mi aportación queda intencionada y necesariamente limitada al ámbito de una institución: el Oratorio de San Francisco de Sales de Valdocco (Turín), y en el arco de tiempo señalado: 1870-1887.

La elección de Valdocco no es arbitraria. Se trata de la primera y de la única institución dirigida directamente por don Bosco. En ella abrió sus primeros talleres. Por lo que se refiere a los límites cronológicos, basta una breve acotación: el límite final (1887) resulta obvio, si se tiene en cuenta la fecha de las citadas deliberaciones capitulares que vieron la luz pocos meses antes de la muerte de don Bosco. Más problemático, en cambio, aparece el punto de arranque. Con todo, los materiales que se conservan en el Archivo Salesiano Central (diarios y apuntes de los primeros salesianos, actas de reuniones del consejo de la casa...) permiten afirmar, al menos como hipótesis de trabajo, que, a. partir de la fecha indicada, se advierte, en determindos aspectos de la vida de Valdocco, cierto cambio de perspectiva. Precisamente en 1870, se decidió introducir una neta separación entre artesanos y estudiantes. Así lo dice don Michele Rua en las actas de las llamadas Conferencias capitulares. Don Rua era, a la sazón, prefecto de la Sociedad salesiana e íntimo colaborador del Fundador.

Como me referiré muchas veces a éstos y a otros documentos similares, conviene advertir:



  1. Hablaré de «Conferencias capitulares», para referirme a esas actas, en las que el citado don Rua recoge (al menos desde 1866 a 1877) las deliberaciones de las reuniones celebradas por el capítulo (hoy, consejo) de la casa. En dichas reuniones intervenían también los miembros del Capítulo superior (hoy, Consejo general).4

  2. Con la expresión «Conferencias mensuales», indicaré las actas (redactadas por don Giuseppe Lazzero, viceclirector y, más tarde, director) de las reuniones del personal de Valdocco (1871-1884).

ASC 9.132 Rua Capitolo Deliberazioni. En la primera página de algunos cuadernos, don Rua escribe: Conferenze capitolari dell'Oratorio di S. Francesco di Sales...; cf. ASC 110 Barberis Cronachette (23.1.1878).

Intervenían, frecuentemente, en estas reuniones todos los salesianos de la casa. Desde 1871, se tenían también conferencias mensuales en las que tomaban parte únicamente los responsables de la asistencia de los artesanos del Oratorio de San Francisco de Sales.5



  1. Con el nombre de «Conferencias generales», se entienden las actas (escritas por diversas manos) de las reuniones del Capítulo superior y de los directores de las casas celebradas con ocasión de la fiesta de San Francisco de Sales. Eran presididas por don Bosco.6

Esquema del trabajo:

  1. Los talleres de don Bosco: notas introductorias.

  2. Progresiva separación entre artesanos y estudiantes, y «gran progreso de los artesanos» (1870-1878).

  3. La «sección de artesanos»: propuestas de organización (1879-1882).

  4. Líneas para un plan de formación en las «casas de artesanos» (1883‑1887).

  5. Presencia de don Bosco y presencia de los colaboradores: un tema a profundizar.



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