En la historia


El Oratorio en Valdocco: 1846-1850



Descargar 2.04 Mb.
Página18/33
Fecha de conversión07.12.2017
Tamaño2.04 Mb.
Vistas995
Descargas0
1   ...   14   15   16   17   18   19   20   21   ...   33

2. El Oratorio en Valdocco: 1846-1850

Con el traslado a la casa Pinardi, el Oratorio de don Bosco pasa de la fase, por decirlo así, experimental a una organización cada día más compleja, en la que él asume una responsabilidad cada vez mayor. Sostenido por el apoyo de mons. Fransoni, en noviembre de 1846 don Bosco se trasladó con su madre a Valdocco, como para sellar la estrecha relación que pretendía establecer entre su vida y sus obras. En los meses anteriores, el Oratorio había pasado por un período, de asentamiento con algunas dificultades (complicadas también por una seria enfermedad de don Bosco), resueltas con la ayuda de Cafasso, de Borel y gracias a la disponibilidad de un grupo de sacerdotes, como el teólogo Vola, el teólogo Carp ano y don Trivero. Esta colaboración entre sacerdotes jóvenes (algunos de los cuales ayudaba también a don Cocchi) era el signo de una nueva sensibilidad pastoral y de una percepción concreta de los problemas sociales por parte del clero más dispuesto a aceptar los cambios que se daban en la sociedad subalpina.

La estabilidad del Oratorio en Valdocco consintió un planteamiento más amplio y, sobre todo, una participación sistemática de jóvenes (que enseguida llegaron, seguramente, a unos doscientos o trescientos),12 lo que supuso un cierto cambio en la fisonomía de los que acudían. Según los datos recogidos sobre este particular, se ha podido precisar que hasta 1850 (el contenido de

Éstas son las cifras de los jóvenes que frecuentaban las reuniones festivas de San Francisco de Asís y después las del Oratorio de San Francisco de Sales: unos 20 en 1842 (cifra en la que coinciden tanto el Cenno storico como las Memorie dell' Oratorio); cerca de 80, al terminar la experiencia en la iglesia de San Francisco de Asís (Cenno storico, Memorie dell'Oratorio y carta a la «Mendicitá Istruita» del 1850). Pero las coincidencias terminan aquí. A propósito del período, otoño 1845 («San Martino al Molazzi») y primavera 1846 (prado Filippi), se va de un mínimo de 250 (número indicado en la carta del 1846 a Benso de Cavour) a los 300 sugeridos por el Cenno storico y a los 300-400 de las Memorie dell'Oratorio. Para los primeros tiempos de Valdocco, se pasa de los «trecento e pié ragazzi» de las Memorie biografiche (III, 133) a los 600-700 de la carta a la «Mendidtá Istruita» ya citada. Teniendo en cuenta la notable flexibilidad del Oratorio, sujeto a obvios altibajos, y faltando cualquier tipo de indicación del criterio con el cual se anotaban las presencias, resulta difícil cuantificar la real consistencia de la población oratoriana en los primerísimos tiempos.

Valdocco empezó a variar algo de nuevo cuando aumentó el internado desde la mitad del decenio 1850-1860 en adelante) la población oratoriana estaba distribuida en tres categorías principales de jóvenes, cuya edad estaba en general comprendida entre los 10-12 años y los 18-20: peones temporeros, muchachos de la «clase baja del pueblo» y estudiantes que don Bosco y los demás sacerdotes conocían durante las actividades religiosas escolares. Después había un cierto número de seglares, jóvenes o adultos, que seguían ayudando como en los primeros tiempos."

El aumento del número de los muchachos y el carácter más variado de la población del Oratorio respecto a la que se reunía en el Convitto o en el Rifugio tuvieron consecuencias importantes. Don Bosco se encontró frente a la exigencia, percibida más en términos de experiencia que como conclusión de una reflexión teórica, de poner a punto un método educativo y organizativo, no sólo capaz de aglutinar en justo equilibrio participación y disciplina, espontaneidad y orden, sino sobre todo en disposición de poner en juego todas las energías y las iniciativas útiles para suscitar el interés de los jóvenes y para responder a necesidades objetivas de los cetos populares a los que pertenecían los jóvenes oratorianos en su mayor parte. En el esfuerzo de dar una respuesta eficaz a este conjunto de problemas, el Oratorio de Valdocco entre 1846 y 1850 se consolida en el aspecto de las estructuras," adquiere prestigio progresivo en la opinión pública y entre la gente" y adquiere en sus rasgos fundamentales su fisonomía característica. Los años, pues, de las esperanzas neogüelfas y del Estatuto, de la primera guerra de la independencia y de la amarga desilusión de 1849, del entusiasmo de Pío IX y del giro anticlerical que se siguió discurren junto al gradual pero constante fortalecimiento de la primera obra de don Bosco.


13 «Definid i principali uf:fui colle speciali loro attribuzioni, D. Bosco li affidó a quelli tra giovani, che per buona condotta ed assennatezza gli parvero piel abili a disimpegnarli, creandoli, per cosi dice, suoi uffiziali o aiutanti di campo. Siccome egli soleva lasciarli responsabili dell'impiego loro affidato, limitando l'opera sua ad invigilare che ciascuno facesse il proprio dovere, cosi ognuno si dava grande sollecitudine per conoscere ed eseguire la parte sua nel miglior modo che dato gli fosse [...]. Il Direttore poi soleva ogni settimana raccogliere a sé d'intorno i suoi uffiziali, e da esperto generale li animava con fervorose parole a rimanere fedeli e saldi al loro posto, suggerendo le cose da farsi o da fuggirsi per lavorare con buona riuscita. Talora dava loro qualche premiuzzo, una divota immagine, un libretto e simili, terminando sempre coll'additare loro la bella corona, che li attendeva in Cielo» (G. BoNErn, Cinque lustri di storia dell'Oratorio salesiano fondato dal sac. Giovanni Bosco, Torino, 1892, p. 129).

" Cf. P. STELLA, Don Bosco nella storia economica e sociale (1815-1879), Roma, LAS 1980, p. 75-77.

Sobre el eco que tuvo el Oratorio en la prensa turinesa de 1848-49, pueden verse los apuntes de G. TUNINETTI, L'immagine di don Bosco nella stampa torinese (e italiana) del suo tempo, en: F. TRANIELL0 (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, Torino, SEI 1987, p. 210-212. Don Bosco pone en relación el ulterior incremento del Oratorio con la apertura de las escuelas: «Quanto piel era grande la sollecitudine a promuovere l'istruzione scolasdca, tanto piel cresceva il numero degli allievi» (MO 135, y casi con las mismas palabras en: BONETTI, Cinque lustri, p. 152). Sobre la fecha precisa de la introducción de las escuelas nocturnas en el Oratorio falta una indicación precisa. Braido ha expresado recientemente la convicción que «sia realistico e probabile» pensar que tal introducción tuvo lugar en el primer invierno pasado en Valdocco, es decir, en el de 1846-47 (BRAIDO, Don Bosco per i giovani 68). La insistencia con la cual don Bosco recuerda las escuelas nocturnas de la casa Moretta (invierno 1845-1846) podría significar que, antes de la introducción de verdaderas y propias escuelas, fueran impartidas lecciones a individuos y a grupos deseosos de adquirir el dominio de la lectura, escritura y cálculo.

El problema de la puesta a punto de un Reglamento le preocupó durante mucho tiempo por la urgencia de regular la tumultuosa vida del Oratorio, llegando, por fin, a una primera redacción16 a partir de experiencias y modelos ya contrastados," pero sobre todo llevó a maduración una serie de intuiciones anteriores como el funcionamiento, cada día más ordenado y regular, de las clases nocturnas y festivas, la valoración de la música (canto y banda), del teatro y de la declamación, concebidas como instrumentos de educación humana y religiosa, el perfeccionamiento de la función pedagógica del patio. Enriquecido así el Oratorio — aunque primariamente se tomaba como «agradable y honesta diversión, después de haber asistido a las funciones sagradas de iglesia» — manifestaba ricas posibilidades, favorecidas sin duda por el asentamiento estable de que ya se podía gozar en Valdocco.

Don Bosco empezó, por tanto, a pensar cada vez más en el Oratorio como en un lugar y una forma educativa útil para la juventud en general y, sobre todo, para la de los ambientes populares. El criterio de la «juventud pobre y abandonada» que le había conducido en la primera fase de su iniciativa fue sometido por ello a una primera revisión. A pesar del uso frecuente de esta fórmula para calificar al Oratorio, don Bosco empezó a dirigirse, no sólo a algunos individuos o categorías de individuos colectivamente «en peligro», sino más globalmente a aquellos amplios estratos de población juvenil de proveniencia popular que, en contacto precoz con la dureza de los puestos de trabajo y la brutalidad de las diversiones de aquel tiempo, se encontraban expuestos (aunque no estuviesen solos ni abandonados) a peligros de orden físico y moral.

La mayor circulación de ideas y de opiniones, favorecida además por la libertad de prensa después de la concesión del Estatuto, que difundió en Turín una cierta mentalidad anticlerical, sobre todo después de 1848, y el activismo de los protestantes fueron probablemente algunas de las razones que impulsaron a don Bosco a multiplicar los esfuerzos para hacer del Oratorio un lugar de educación popular y de asociacionismo cristiano, extendiendo sus actividades también a Porta Nuova (Oratorio de San Luis abierto en 1847) y después al del Ángel Custodio (1849). Este proyecto de expansión se apoyaba en la convicción de que el Oratorio era la respuesta más eficaz para la pastoral juvenil de aquel tiempo, en una fase histórica en la que la libre circulación de nuevos modelos educativos subrayaba cada vez más nítidamente los límites de la iniciativa parroquial.


16 «Lo scopo dell'oratorio festivo é di trattenere la gioventer ne' giorni di festa con piacevole e onesta ricreazione dopo dí ayer assistito alle sacre funzioni della Chiesa» (MB IN, 91).

«Erasi falto spedire molti regolamenti di Oratoril festivi piel o mero antichi, fondati da uomini zeland nella gloria di Dio, i quali fiorirono in varie cittá d'Italia. Voleva esaminare de) che abrí aveva giá imparato dall'esperienza. Noi fra le sue cante trovammo ancora: Le regole dell'Oratorio di S. Luigi eretto in Milano nel 1842 nella contrada di S. Cristina e Le regole per i figliuoli dell'Oratorio sotto il patronato della Sacra Famiglia» (MB IQ, 87). Sobre las relaciones de don Bosco con los oratorio milaneses y lombardos, cf. P. BRAIDO, Il sistema preventivo di don Bosco, Torno, PAS 1955, 87-92. Sobre la génesis y función de los reglamentos en las comunidades de don Bosco, véase cuanto observa el mismo P. Braido en: Bosco, Scritti sul sistema preventivo, p. 355-359.

Respondiendo a problemas y exigencias que se presentaban de día en día, el Oratorio tomó los caracteres de escuela abierta a todos sin plazos fijos, orientada a implicar de modo útil y moralmente honesto las horas que se habrían podido perder en el ocio de los días festivos, lugar de instrucción y práctica religiosa y de recreo, de estudio y de distensión. Una sencilla pedagogía popular, basada en la necesidad de crear el clima de la familia, en la acogida, en el despliegue y la valoración de las habilidades de cada uno, en el valor educativo de la fiesta y de la alegría (todo ello sostenido a su vez por el supremo principio cristiano de la caridad), consolidó al Oratorio naciente, haciéndolo salir de la categoría de la asistencia.

Los contemporáneos que nos hablan de don Bosco hacia 1850, lo ven no sólo como al sacerdote que se ocupa de los jóvenes, sino como un educador del pueblo. Casimiro Danna, en el «Giornale della Societá d'Istruzione e d'Educazione», mientras lo define «padre y hermano, maestro y predicador» atendiendo a los aspectos religiosos de su actividad, indica con vigor la polivalencia educativa del Oratorio en el que se enseñan, además de la historia sagrada y eclesiástica y el catecismo, «los principios fundamentales de aritmética, el sistema métrico decimal y a los que no saben, también leer y escribir. Todo esto para su educación moral y civil».'s Casalis, por su parte, menos entusiasta de don Bosco, subraya «el provecho que obtienen los jóvenes que frecuentan (los) oratorios» como la «educación de sus costumbres», el «cultivo de la inteligencia y del corazón», de modo que «en poco tiempo adquieren un carácter afectuoso y civilizado y se entregan al trabajo y se hacen buenos cristianos y óptimos ciudadanos».19

Por su carácter de respuesta pragmática a las necesidades de los jóvenes, el Oratorio supuso para don Bosco un estímulo para ulteriores iniciativas y experiencias. Muy pronto se presentó, también en Valdocco, la necesidad de ofrecer acogida a muchachos solos y sin recursos: igual que había comenzado a hacer ya don Cocchi, don Bosco dio vida a una pequeña comunidad juvenil (el «ospizio»). Casi como una consecuencia natural del interés demostrado a los que eran más pobres (de afecto y de bienes materiales), don Bosco empezó

18 C. DANNA, Cronichetta, en «Giornale della Societá d'Istruzione e d'Educazione» 1 (1850) 459.

19 G. CASALIS, Dizionario geografico-storico-commerciale degli Stati di S.M. il Re di Sardegna, vol. XIX, Torino 1851, p. 718.

también a preocuparse por encontrar una ocupación a sus muchachos y especialmente a los que había recogido en su hospicio." Según la práctica en marcha en la Mendicitá Istruita (institución asistencial y educativa con la que don Bosco tenía relaciones frecuentes), empezó a confiar a artesanos capaces y honrados a los jóvenes oratorianos, firmando contratos de aprendizaje, como garante en lugar de los padres.

Reconociendo, por último, la importancia de las escuelas, abrió en Valdocco y en el Oratorio de Porta Nuova una escuela elemental diurna, siguió atendiendo las clases nocturnas, pero sobre todo comenzó a admitir como internos a muchachos (de ordinario de familias modestas) que; dotados de buenas cualidades y moralmente sanos, dieran garantías de éxito en los estudios. Como se sabe, de este modo don Bosco extendía el área de las intervenciones educativas del Oratorio tradicionalmente entendido, orientándose hacia la creación de un verdadero colegio en Valdocco. El grupo de los estudiantes creció poco a poco junto al de los artesanos, primero asistiendo a las escuelas de la ciudad y después a clases preparadas a propósito en Valdocco (segunda mitad de los años 50). También los jóvenes artesanos tuvieron cabida al pasar de los años en los talleres del Oratorio, el primero de los cuales se abrió en noviembre de 1853.21

No es éste el lugar para indagar las razones que indujeron a don Bosco a transformar Valdocco en colegio, pero esta decisión, junto a algunas otras iniciativas (la construcción de la iglesia de San Francisco de Sales, la renovación de los edificios, la edición de las «Letture Cattoliche», los primeros pasos concretos hacia la Sociedad salesiana) fueron otras tantas piezas del mosaico de amplio contorno de las que el Oratorio propiamente dicho fue sólo una de esas piezas.

3. Los oratorios salesianos después de 1850

«Fra i giovani che frequentano questi oratori se ne trovaron di quelli talmente poveri e abbandonati che per loro riusciva quasi inutile ogni sollecitudine senza un sito dove possano essere provveduti di alloggio, vitto e vestito. A questo bisogno si studió di provvedere colla casa annessa e delta anche Oratorio di S. Francesco di Sales. Ivi in principio si prese a pigione una piccola casa nel 1847 e si cominciarono a raccogliere alcuni de' piú poveri. In quel tempo essi anda-vano a lavorare per la cittá restituendosi alla casa dell'Oratorio per mangiare e dormire» (Bosco, Cenni storici, p. 79-71). «La quotidiana esperienza faceva toccare con mano a D. Bosco che per giovare stabilmente ad alcuni giovinetti non bastavano -le scuole e le radunanze festive, ma era d'uopo di un caritatevole Ospizio» (BONETA, Cinque lustri, p. 143-144).

21 STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 175-199; L. PAZZAGLIA, Apprendistato e istruzione degli artigiani a Valdocco, en: TRANIELLO (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, p. 20-39.

La leadership de don Bosco en el campo de los oratorios fue oficialmente reconocida por el arzobispo Fransoni con un decreto del, 31 de marzo de 1852, en el que le nombraba «director-jefe espiritual» del Oratorio de San Francisco de Sales y superior del de San Luis Gonzaga y del Ángel Custodio, Entre los dos animadores de los oratorios de Turín, don Cocchi y don Bosco, la elección recayó, pues, en el fundador de Valdocco. Fi primero se había situado en la práctica «fuera de juego» por sus abiertas simpatías liberales y por la imprudencia con que había llevado a un grupo de jóvenes hacia Novara con ocasión del choque fatal del 23 de marzo de 1849, aunque su generosa actividad se puso de nuevo al servicio de los jóvenes huérfanos y abandonados en octubre de aquel mismo año de 1849, con la propuesta de una asociación de sacerdotes y seglares, cuya primera realización fue el «Collegio degli Afligía. nelli».

Los sucesos políticos de 1848-49 habían acentuado las dos «almas» del movimiento de los oratorios y un grupo de personalidades con autoridad en-el clero turinés (el mismo Cafasso, el padre Durando, el canónigo Gastaldi y él abate Peyron) elaboró un plan para unificar las fuerzas e imprimir una orien- - tación unitaria a las diversas iniciativas. Como bien se sabe, se proyectó la creación de una federación, que debería asumir cometidos de dirección y de vigilancia sobre las actividades ya en marcha y sobre las que se pudiesen emprender en el futuro. Don Bosco reaccionó con mucha energía ante esta propuesta, oponiéndose al proyecto y negando su adhesión. Aducía como motivo principal la diversidad de las orientaciones educativas de Valdocco y el Ángel Custodio: según su criterio, en Vanchiglia se hacía mucha política, era insuficiente la instrucción religiosa y las diversiones se tomaban demasiado alegremente como fines en sí mismas 22

Nos falta, por desgracia, sobre las divergencias reales entre los oratorios de don Bosco y el de don Cocchi, el testimonio directo del grupo de este último y por eso es difícil establecer, sólo a través de fuentes salesianas, si el planteamiento educativo de Vanchiglia tenía verdaderamente, y hasta qué punto, los límites que le achacaba don Bosco. El análisis de la única síntesis disponible, la biografía de don Cocchi redactada por don Reffo,23 confirma la existencia de dos estilos educativos, aun con la existencia de algunos rasgos comunes, como el planteamiento familiar del intento educativo, la aceptación de la importancia educativa del recreo, lo esencial de la dimensión religiosa, la menuda filosofía del «sapersi accontentare». Don Cocchi atribuía, por ejemplo, gran importancia «a reforzar el temple de sus alumnos y darles una educación varonil y robusta para el cuerpo», trataba «de captar con oportunidad las ocasiones para insinuarse en el corazón de los jóvenes, descubrir sus pasiones y corregir sus costumbres torcidas», pero «su reserva era tan grande, que nunca quiso ser confesor de sus alumnos»; manifestaba un interés menos intenso por la instrucción y al tener que encontrar un método aceptable para llevar la colonia agrícola de Moncucco (abierta en 1853), no dudó en recurrir al del pastor protestante Fellenberg que había visto directamente aplicado durante un viaje a Suiza. Además, era casi proverbial su tolerancia educativa, en un corazón bueno y generoso que, sin embargo, no parecía estuviese sostenida por una visión pedagógica que animaba el principio educativo de la amabilidad de don Bosco.


22 Cf. MB 111, 453-454.

23 Cf. REFFO, Don Cocchi e i suoi artigianelli.

Sin minusvalorar las diferencias de carácter político que situaron en posturas distintas a don Cocchi y don Bosco (que, a su vez, reflejaban tendencias moduladas diversamente en el clero piamontés), hay elementos que justifican en términos educativos la presencia de dos estilos, tal vez más diferentes que antagónicos, a los que hay que referirse en última instancia cuando hablamos de las diversas experiencias de Vanchiglia y Valdocco. Si además se tiene en cuenta que don Bosco, después de 1850, acentuó los aspectos «protectores» de su pedagogía, se podrán comprender las razones de desconfianzas persistentes también después, cuando, por ejemplo, seguirán distinguiéndose muy bien los oratorios don Bosco y el de «San Martino» promovido por el infatigable don Cocchi en 1851, dirigido durante muchos años por don Ponte (que había estado antes con don Bosco) y animado por un grupo de sacerdotes y laicos ligados a la obra de los «Artigianelli».

Después de 1850, los horizontes de don Bosco van mucho más allá de las experiencias de los primeros oratorios: el decenio 1850-1860 es la etapa en la que se pone en marcha o se realiza la mayor parte de sus iniciativas y consolida la fama de hombre extraordinario. Es el decenio de Savio, Magone y Besucco y del encuentro con los primeros colaboradores válidos y estables. Es el período más feliz de sus actividades como escritor y polemista. La fase de constitución de su Oratorio se puede considerar ya cerrada y el interés primordial se dirige cada vez más frecuentemente y más intensamente a los jóvenes del internado, aunque en las numerosas peticiones de ayuda, la presentación de los oratorios en funcionamento en la capital resulta insistente.' La razón se explica rápidamente: los oratorios eran, ante los ojos de todos, iniciativas bien consolidadas, de modo que suponían una garantía para el empleo de otros posibles subsidios. A don Bosco le gustaba, además, seguir apareciendo como el sacerdote y el educador de los jóvenes pobres y abandonados, lo que era verdad, aunque en términos y modos diferentes respecto de los del pasado.

Véanse, por ejemplo, la carta a la «Mendidtá Istruita» de 1850 y las cartas circulares para las loterías de 1857 y de 1862, en las cuales la solicitud de ayuda o la invitación a participar a una lotería benéfica están precedidas de la descripción de los oratorios festivos y de los resultados logrados por ellos en favor de la juventud «povera e abbandonata». Quizás la descripción más sobria es la de 1850: «Col mezzo di piacevole ricreazione allettata da alcuni divertimenti, con catechismi, istruzioni e canto parecchi divennero morigerati, amanti del lavoro e della religione. Ci sono anche le scuole di canto tutte le sere e le scuole domenicali per qu

La expresión «Oratorio» asume cada vez más aquellos «varios sentidos» que don Bosco mismo precisará pocos años más tarde, cuando hable de F. Besucco y de su llegada a Valdocco: «Si se considera como reunión festiva se entiende un lugar destinado a recreo con entretenimientos agradables para los jóvenes, una vez satisfechos sus deberes religiosos. [...] Se llaman también oratorios diarios a las escuelas de día y de noche que se hacen a lo largo de la semana para los jóvenes que, por falta de medios o porque van mal vestidos, no pueden frecuentar las escuelas de la ciudad. Tomada, por fin, la palabra Oratorio en sentido más extenso, se entiende la casa de Valdocco de Turín conocida bajo el nombre de oratorio de San Francisco de Sales. Los jóvenes pueden ingresar en ella como artesanos o como estudiantes».25

Circunscribiendo nuestro análisis al significado inicial de Oratorio, es decir, como «oratorio festivo», no se puede dejar de señalar que don Bosco, precisamente en el momento en que esa actividad no constituye ya su principal preocupación, nos deja el documento tal vez más interesante sobre su función educativo-popular. Se trata, como todos saben, de la novelita La forza della buona educazione, publicada en 1855. El protagonista es, en efecto, un joven oratoriano, Pietro, tomado como modelo por todos los jóvenes que llenaban en su tiempo libre los patios de Valdocco y del Ángel Custodio e iban a las clases de catequesis: un caso, pues, diferente de lo que serán M. Magone y F. Besucco, que pertenecen ya a la historia de Valdocco como internado 26 El relato se sitúa en la periferia de Turín, en una de las muchas familias que vivían en las casitas baratas de Borgo Dora o de Vanchiglia. Y Pietro es el hijo mayor de un carpintero y de una buena madre de familia. Precisamente es la madre la que le hace crecer como buen cristiano y cuida de él aunque después, un poco precozmente, tiene que dedicarse al trabajo.

Pietro encuentra en el Oratorio y en las diversas actividades que se hacen en él, un importante punto de apoyo para su vida de fe y de buen muchacho. En el Oratorio asiste a la catequesis y se prepara a la primera comunión. Con su buen comportamiento se atrae la simpatía de sus superiores, logra alejar a su padre de sus visitas demasiado frecuentes a la taberna y a dar buen ejemplo a sus amigos, evitando que caigan en pecado. Llamado al servicio militar, cumple con este deber como honrado ciudadano y, destinado al cuerpo expedicionario que va a Crimea, no se aparta, aun estando tan apartado de su casa y del Oratorio, de las reglas de buena educación recibidas: amar al Señor, huir de las ocasiones de pecado, rezar, cumplir los deberes de su estado. La novela acaba con el ascenso de Pietro a sargento y el previsible regreso a casa.27

25 G. Bosco, II pastorello delle Alpi ovvero vita del giovane Besucco Francesco, Torino, Tip. dell'Oratorio di S. Francesco di Sales 1864, p. 70-71.

26 Junto a D. Savio, M. Magone y F. Besucco se encuentran entre los más célebres alumnos de don Bosco (cf. Bosco, Scritti sul sistema preventivo, p. 175).

27 G. Bosco, La forza della buona educazione. Curioso episodio contemporaneo, Torino, Tip. Paravia 1855.

A través de esa floja trama, don Bosco se propone de modo evidente, delinear los caracteres del buen oratoriano externo: Pietro vive, en efecto, una experiencia juvenil normal en familia (dentro de la cual se subraya el papel fundamental de la madre), de trabajo y de tiempo libre, pero sabiendo y queriendo interiorizar las buenas enseñanzas (la fuerza de la buena educación), vive de modo alegre la propia vida cristiana aun cuando está lejos de la familia y de las circunstancias habituales. De la novela brotan algunas indicaciones interesantes: el lazo familia-oratorio como premisa para una buena educación, el contagio del bien y del buen ejemplo (Pietro es, en efecto, el motivo del arrepentimiento del padre y ayuda y apoyo para que los amigos cumplan con su deber), un modelo de santidad «sencilla» que se basa en cumplir los deberes cotidianos, en la obediencia, en la oración, en la caridad que crece mediante el ejercicio del bien, en la mortificación (no extraordinaria, sino la que se da en la vida ordinaria) y la castidad.

El escrito de 1855 constituye, en cierto sentido, la coronación de la reflexión de don Bosco sobre el Oratorio en su dimensión original de «reunión festiva» abierta a todos, aunque en los otros treinta años, el fundador de Valdocco iba a volver muchas veces sobre el tema. Pero los primeros años de los 50 señalan, sin duda, un giro significativo en la historia del Oratorio, pasando de incunable y de primera y central realización de la experiencia religioso-educativa de don Bosco a un aspecto especial dentro de una estrategia más compleja de desarrollo y de reforzamiento de la obra salesiana. Sobre la marcha de los oratorios se reflejan opciones y prioridades diferentes que apuntan, al menos, en una primera fase, a la asunción de responsabilidades que van en dirección diversa de la valoración del patrimonio de ideas y experiencias maduradas en este sector. Así, al menos hasta el decenio 1870-1880 (como ha sido documentado autorizadamente),28 el Oratorio vive una fase de estabilidad inicial: el esfuerzo de los salesianos se multiplica en la provincia, en la que faltan las condiciones para la apertura de obras del tipo de los oratorios juveniles turineses y responden, en cambio, preferentemente, a las necesidades de tipo escolar, especialmente como consecuencia de la entrada en vigor de la ley Casati de 1859.

Es, además, sintomático, en otra situación, el estancamiento de los oratorios en Turín mismo. En 1860 eran seis, uno más solamente de los que funcionaban al principio del decenio: los tres de don Bosco, el de San Martino, el Oratorio femenino de Borgo San Donato, fundado en 1850 por el teólogo Gaspare Saccarelli y el Oratorio de San José en «Borgo San Salvario» abierto en 1859 por algunos seglares y después regido por los salesianos en 1863. Este número siguió sustancialmente igual aun en el decenio siguiente, a pesar de un cierto crecimiento de la población juvenil estable en la capital después de 1850. Las dificultades se acentuaron más tarde, entre 1860 y 1870. Después de la unidad, se dieron algunos hechos concomitantes que podrían explicar esa falta de crecimiento: la disminución de la migración estacional, la existencia de otras ofertas de asociación para los jóvenes más adultos, como, por ejemplo, las sociedades obreras, el englobamiento de los oratorios de Vanchiglia (que pasó en 1867 a la nueva parroquia de «Santa Giulia») y de Porta Nova al centro de barrios residenciales con su final como oratorio de periferia. En 1869 Baricco daba algunos datos sobre la población de los oratorios, referida al año anterior, indicando una cifra ligeramente superior a los dos mil." Es difícil compararla con los datos muy dispares entre sí, dados vez por vez por don Bosco,3° pero parece razonable la tesis según la cual la asistencia a los oratorios se estabilizó entre los años 50 y 70, sufriendo, tal vez, también alguna disminución como consecuencia de las crisis que azotaron a Turín, como el traslado de la capital en 1864.3'

Sobre el desarrollo de las iniciativas salesianas entre 1860 y 1870, cf. STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 123-157.

Después de esa fecha, y especialmente durante los años últimos de la vida de don Bosco, los oratorios registraron una cierta recuperación, a la que aludimos al final de esta nota. En 1875 don Bosco se quejaba de que no hubiese oratorios más que en Turín y en Sampierdarena32 y en aquella ocasión pronunció la conocidísima frase de que «si se quiere hacer un bien radical a la población de una ciudad hay que abrir un oratorio». Efectivamente, hacia los arios 80 se manifiesta un nuevo interés y mayor atención hacia los oratorios, que

29 P. BARICCO, Torino descritta, vol. II, Tocino 1869, p. 719. Según los datos de Baricco, la población oratoriana turinesa estaba constituida de 800 jóvenes en Valdocco, 450 en San Luigi,

400 en San Giuseppe (San Salvario), 100 en Santa Giulia y 300 en San Martino (chicos y chicas en patios distintos).

'° Como hemos visto, hablando de los primeros tiempos del Oratorio, las cifras indicadas por don Bosco se deben tomar siempre con gran prudencia. Entre 1850 y 1862, los oratorios habrían pasado de un millar de participantes, en los tres oratorios juntos, a varios millares, en cada uno de ellos: una escalation poco convincente y, de otra parte, poco compatible con las estructuras de que disponía don Bosco. Indico algunos datos, tomados en parte de P. STELLA (Don Bosco nella storia economica, p. 173), y en parte de algunas invitaciones para las loterías, recogidos por BRALDO (Don Bosco per i giovani, p. 24-26): 1850, 1000 jóvenes en los tres oratorios; 1852, más de 2.000 en Valdocco; 1855, entre 1.500 y 2.000 en el conjunto de los tres oratorios; 1857, más de 3.000; 1862, «talvolta ascendono a piú migliaia in uno solo di questi oratori».

31 Stella concluye así el examen de las cifras: «In conclusione, ammesso il fluttuare dei giovani nei mesi estivi e in quelli piú rigidi dell'inverno, ammesso il diradarsi in círcostanze straordinarie come ll colera del 1854, é da ritenere che nel ventennio 1850-1870 sia avvenuta una certa stabíli7zazione numerica dei giovani negli oratori diretti da don Bosco» (Don Bosco nella storia economica, p. 174). La población de Turín había pasado en aquellos veinte años de los 136.849 habitantes de 1848 a los 194.480 del 1868 y a los 212.644 del 1871 (cf. la elaboración de C. BERMOND, Torino da capitate politica a centro manufatturiero, Tocino 1983, p. 122-138).

32 Los salesianos se establecieron en Sampierdarena en 1872, después de una breve permanencia en Marassi: la casa se convirtió pronto en «l'opera salesiana piú emblematica della Liguría»: el oratorio para los jóvenes del barrio y el hospicio para la juventud pobre reprodujeron «le esperienze primordiali di don Bosco», representando «le finalitá essenziali preferite» (STELLA, Don Bosco nella storia economica, p. 153).

vuelven a adquirir un carácter prioritario en las opciones de los salesianos junto a una orientación hacia la periferia urbana, que se fue acentuando en el último cuarto del siglo. En los nuevos barrios populares que surgían junto a instalaciones industriales, se daban condiciones de vida y exigencias educativo-sociales que evocaban el contexto en el que se habían desarrollado Valdocco y los demás oratorios subalpinos.

Mientras tanto, en 1877, se publicó el documento más explícito sobre los oratorios, es decir, el Regolamento, aunque ya se había elaborado y aplicado años antes. Díez arios más tarde se decidió que en toda casa salesiana hubiese un Oratorio festivo: «Todo Director debe procurar con solicitud la aperturadarle pujanza si ya está fundado». Se trataba de la clara voluntad de que el Oratorio se plantease de nuevo como momento sustancial en la ya compleja iniciativa religioso-educativa de los salesianos, primer paso del florecimiento subsiguiente de oratorios que se daría en Italia (no sólo gracias a los salesianos, pero sí con su aportación significativa) entre el último decenio del siglo XIX y el primero del nuevo siglo en el cuadro de una presencia social y educativa renovada en los católicos italianos.33

" P. STELLA, I salesiani e il movimento cattolico in Italia fino alfa prima guerra mondiale, en RSS 2 (1983) 223-251.


DON BOSCO Y LA ESCUELA HUMANISTA Bruno BELLERATE

He escrito ya en otra circunstancial que, según mi parecer, el tema de la escuela en don Bosco no se había estudiado todavía a fondo. Tampoco yo tengo la pretensión de hacerlo con esta comunicación que, unida a otras de este mismo Congreso, o publicadas mientras tanto, espero que pueda ofrecer alguna aportación al menos a nivel de sugerencia. Hay que decir igualmente que no es fácil encontrar materiales útiles a este propósito ni siquiera en el Archivo Salesíano Central. Como consuelo, en parte, si no como justificación, vale también el principio de que «la historia se hace con documentos, pero los documentos no son la historia»?

Los estudios en esta temática pueden ser de diversos tipos, pero los que existen se podrían catalogar en dos grupos fundamentales: uno con preocupación pedagógico-educativa y otro con preocupación histórico-pedagógica. Como ejemplo, recuerdo, entre los primeros, las páginas de don Pietro Ricaldone, cuarto sucesor de don Bosco, a quien le interesaba la orientación práctica de la Congregación salesiana.3 Y entre los segundos, en cuyo cauce querría situarme, los estudios de Pietro Braido y de Pietro Stella: aquél, con más valor pedagógico, y éste, con más valor histórico.4 Con todo, sigue siendo verdadero el problema de la escuela en don Bosco en general. Y en su tiempo se concedió poca atención entre los salesianos a este tema respecto a otros argumentos, y esto porque no suponía un punto especialmente significativo ni de su actividad ni, menos todavía, de su pensamiento.

B. BELLERATE, Don Bosco e la scuola educativa salesiana, en «Salesianum» 50 (1988) 75.

2 Se puede ver, a este propósito, la literatura sobre la metodología histórica, en particular: H.I. MARROU, De la connaissance historique, Paris, Éditions du Seuil 1954 (sobre todo, los capítulos 3. 4 y la conclusión).

Cf. P. RICALDONE, Don Bosco educatore, Colle Don Bosco (Asti), Libreria Dottrina Cristiana 1952, vol. 1, p. 504-609, vol. 2, p. 109-188.

Sus publicaciones, en este campo, son más bien numerosas; pero, por lo que se refiere al tema específico de la escuela, se pueden señalar, sobre todo: P. BRAmo, Il sistema preventivo di Don Bosco, 2. ed., Zürich, PAS-Verlag (ahora: Roma, LAS) 1964, p. 360-376; P.BRAIDO, L'esperienza pedagogica preventiva nel sec. XIX - Don Bosco, en: ID. (ed.), Esperienze di pedagogia cristiana nella storia, vol. II: Sec. XVII-XIX, Roma, LAS 1981, p. 389-399; STELLA, Don Bosco I, p. 121- 127; ID., Don Bosco nella storia economica e sociale (1815-1870), Roma, LAS 1980, p. 123-157.231243.278-284.

El limitarse a considerar la escuela de humanidades, es decir, la escuela secundaria superior (y, según mi criterio, bajo el perfil prioritario de contenidos y metodología), da lugar a ulteriores interrogantes y agudiza las dificultades, tanto por la escasez de los materiales (más abundantes, en cambio, para el aspecto jurídico-institucional) como por la identificación de un sentido que se le pueda atribuir razonablemente a don Bosco mismo.

1. Consideraciones histórico-contextuales

Un primer elemento, no determinante pero con toda probabilidad influyente, se refiere a la historia personal del Santo, centrada, por una parte, en la convicción de la llamada divina al sacerdocio, con todas las condiciones y exigencias que esto suponía; y, por otra, en las dificultades económicas que en principio le podían impedir la realización de su «sueño». De hecho, con la ayuda de sus bienhechores, «Giovannino» se convierte en don Bosco y, a lo largo del camino, tiene que dedicarse a los estudios humanísticos y clásicos, en los que encuentra también satisfacción, hasta el punto de que don Rua, su sucesor, escribirá: «Don Bosco no despreciaba a los clásicos profanos; los había estudiado, sabía de memoria larguísimos párrafos y los comentaba magistralmente. Al hablar con buenos profesores demostraba algunas veces tanta erudición, que quedaban admirados y se sentían obligados a decir que nunca hubieran pensado que don Bosco tuviese un conocimiento tan profundo de la literatura latina»? Fue, pues, una experiencia que no olvidó y que supo valorar a su tiempo, precisamente cuando comience la escuela secundaria en el Oratorio, primero sólo a nivel de «ginnasio» o «latinidad» inferior (1855-1856) con las clases de gramática, y después también superior (1859-1860).

No es menos significativa la situación escolar-educativa en el Piamonte hasta la ley Casati. Dos puntos merecen una especial atención de nuestra parte.

Por un lado, el reconocimiento a la escuela de un fuerte compromiso educativo, orientado sobre todo hacia la instrucción y la práctica religiosa, como garantía de humanidad y, en paralelo, de sumisión a la autoridad constituida, según los cánones de la época, cimentados en la alianza entre trono y altar. En este sentido se situaba la legislación saboyana del siglo XVIII aún en vigor, con algunos retoques del P. Taparelli d'Azeglio en 1822, bajo el reinado de Carlo Felice. Con ellos no se habían introducido propiamente innovaciones en las orientaciones, bien radicadas en el seno del absolutismo monárquico de entonces y de un espíritu moralista-pietista casi inquisitorial, sino más bien normas detalladas que, manteniendo aquella connotación de la escuela (de la que, por otra parte, disfrutaban pocos), acentuaba su monopolio o, cuando menos, una vigilancia centralizada, aunque diárquica, es decir, por parte del Estado y del clero?

' Lettere circolari di don Michele Rua al salesiani, Tocino, Tip. S.A.I.D. «Buona Stampa» 1910, p. 37 (carta n. 4 del 27.12.1889).

En 1848, instituido el Ministerio de Instrucción pública, su primer titular, Carlo Boncompagni, dictaminó una nueva ley que rompió, en total ventaja del Estado según el espíritu de los movimientos revolucionarios de aquel tiempo, la colateralidad tradicional y, por consiguiente, provocó fuertes pero comprensibles reacciones en el ámbito eclesiástico. Sin embargo, en ella no se prestaba mucha atención a los contenidos educativos dejando a la religión todo su peso, sino a los aspectos de organización e inspección. Revocó, no obstante, los privilegios por los que, por ejemplo, la Iglesia gozaba de derechos propios y tenía la posibilidad de intervenir, reduciendo, entre otras cosas, las oportunidades de crear nuevas escuelas, sin las debidas autorizaciones estatales y títulos para la enseñanza debidamente solicitados, aun cuando se tratase de disciplinas eclesiásticas. Los estudios secundarios se reorganizaron en tres cursos de «gramática» (que correspondían la latinidad inferior de antes), dos de «retórica» (con la reducción de un año respecto a los de «gramática», «humanidades» y «retórica» anteriores) y dos de filosofía (como antes). Se introdujo la experimentación de escuelas y de institutos técnicos.'

Por otra parte, con la ley siguiente (22.6.1857) del ministro Lanza (art. 7) y después con la ley Casati (13.11.1859, art. 246-247), se rompió el monopolio estatal, con una revisión más profunda de toda la materia escolar. Se reconocían en ellas, en efecto, derechos y espacios específicos tanto a la familia como a las autoridades municipales, con mayores posibilidades de intervención también para la iniciativa privada.8 La escuela fue reorganizada por completo y, por lo que toca a nuestro tema, la orientación clásico-humanística quedó reestructurada en el «ginnasio», con cinco años de duración en total, y en el «liceo» con otros tres años, uno más respecto a la ley Boncompagni. Se le unió, además, de modo definitivo, la instrucción técnica.

Esta nueva situación, en la que se iba manifestando poco a poco una creciente necesidad de instrucción, favoreció que se multiplicasen las instituciones

escolares, tanto laicas, deseadas por los ayuntamientos que creían con ello adquirir mayor prestigio, como religiosas, debido a la proliferación de congregaciones de hombres y mujeres, dedicadas especialmente a la educación de la juventud.9 Sín embargo, las condiciones cambiaron significativamente y a peor sobre todo con la llegada al gobierno de la izquierda (1877), como se puede apreciar en las discusiones y deliberaciones del segundo Capítulo general de los salesianos (1880).
6 Cf. V. SINISTRERO, La legge Boncompagni del 4 ottobre 1848 e la liberta della scuola,

SEI 1948, p. 6-7, y A. GAMBARO, La pedagogia del Risorgimento, in Nuove questioni di Stork della pedagogia, vol. Da Comenio al Risorgimento italiano, Brescia, La Scuola 1977, p. 590-591.

7 Cf. el citado ensayo de SINISTRERO, La legge Boncompagni, en el que se recogen las principales críticas hechas al documento, sobre todo por parte de los católicos, además del texto de la ley misma; y el trabajo de GAMBARO (599-603), que subraya los cambios institucionales.

La literatura sobre la ley Casati, o a partir de la misma, es más bien amplia. Aquí recuerdo sólo: G. CANESTRI - G. RICUPERATI, La scuola in Italia dalla legge Casati a oggi, «Documenti della storia», 18, Tocino, Loescher 1976; el ensayo de GAMBARO, La pedagogia 608-612 y de G. TA-LAMO, La scuola dalla legge Casati alla inchiesta del 1864, Milano, Giuffré 1960; pero también el interesante opúsculo de G. ALLIEVO, La legge Casati e Pinsegnamento privato secondario, Torino, Tipografia Salesiana 1879.

Éste es el ambiente y el terreno en el que se encuentra don Bosco en relación con la apertura y difusión de la escuela humanística en sus «casas», como prefería llamarlas.

2. Motivaciones y principios generales

La primera obra y la más típica del Santo fue el Oratorio, al que se unió después el internado (1847), impuesto por las condiciones de vida en que se encontraban los jóvenes que buscaban trabajo o lo realizaban ya. Después de 1848, especialmente tras la clausura de los seminarios de Turín y de Chieri en 1849, don Bosco, que quiere por una parte acoger a los seminaristas de la diócesis y por otra, tener colaboradores para su actividad catequístico-educativa, abrió su casa también a los estudiantes, que iban, no obstante, a escuelas privadas externas.' El 7 de abril de 1880, en su relación al Ministerio de Instrucción pública, el Provveditore de estudios de Turín reconoce que Valdocco era un «vivero, del que el sacerdote Bosco, fundador de una orden religiosa, obtiene sus seguidores», pero, al mismo tiempo añade que «dos tercios al menos de los alumnos [..1 vuelven a la sociedad»." A aquellos mismos años se refiere Tina importante declaración de don Rua: «Don Bosco, desde los primeros tiempos del Oratorio, mostró siempre vivo deseo de que se estudiasen también los clásicos cristianos». Y un poco más adelante insiste: «Desde 1850, durante varios años, él mismo, en vacaciones, nos explicaba varios pasajes de estos Autores de la Iglesia, especialmente las cartas de San Jerónimo, y manifestaba siempre un vivo deseo de que se estudiasen».'5

Algún año más tarde, el Santo, que escribió sobre ello también bastante después, se dio cuenta del hecho de que: «Había, sin embargo, una gran dificultad. Como no teníamos todavía en casa los talleres, nuestros alumnos tenían que ir a trabajar y a clase a Turín, con gran menoscabo de la moralidad, porque los compañeros que encontraban, las conversaciones que oían y lo que veían, hacían inútil lo que se hacía con ellos y se les decía en el Oratorio. [...] Lo que sucedía con los artesanos había que lamentarlo igualmente de los estudiantes. [...] Eran escuelas óptimas, pero el ir y volver suponían muchos peligros. El año 1856 fueron definitivamente establecidas escuelas y talleres en la casa del Oratorio con lógica ventaja» (MO, 205-206). Fue el comienzo de nuevos compromisos que, por otra parte, completaron el abanico de stn, intereses educativos en Italia, fuera, naturalmente, de sus posteriores establecimientos en el extranjero.


Cf. el ya citado vol. II de BRAIDO (ed.), Esperienze di pedagogia cristiana nella storia.

1° Sobre estas vicisitudes, cf. especialmente: MO 199ss, MB y también: Annali I,p. llss.

" MB XIV, 756.

12 Lettere circolari, p. 36-37.

Para justificar la decisión de abrirse, primero, a los estudiantes y, después, de crear escuelas propias, no disponemos de una documentación amplia. Las pocas afirmaciones al respecto, como la que hemos reproducido antes.' pueden despertar muchas dudas sobre todo si se advierte la difusión de lo. colegios salesianos, a partir de los años 60, que respondían a otras necesidades muy diferentes.

Hay que buscar las motivaciones que indujeron a don Bosco a dedicarse progresivamente a los estudiantes, con una bajada de atención paralela hacia los artesanos, (impulsada un poco más tarde)," más que en declaraciones explícitas, en su personalidad y en las situaciones históricas. Su personalidad, por un lado, era muy sensible a las «necesidades de los tiempos», a las exigencias que se iban manifestando en el ambiente y que implicaban a los jóvene,;. Especialmente, al requerimiento de mayor instrucción, con la que parecía que se podían obtener mejores condiciones de vida en el futuro. Y la educación, a su parecer, tenía que mirar con atención ese futuro. Por otra parte, el impulso hacia la acción casi incoercible del Santo, desde luego dirigido a la «salvación de las almas» y a una obediencia confiada a los designios divinos, aun respetando necesidades y prioridades, no le consentía quedarse mirando frente al florecimiento de nuevas instituciones. De hecho, como él mismo hace notar varias veces, el dato de que muchos chicos, intelectualmente bien dotados, no pudiesen ejercitar esa capacidad que Díos les había dado, no le dejaba tranquilo.1-9 Además, esa misma expectativa de mejor instrucción iba cundiendo en las familias y en la sociedad, en la que daba sus primeros pasos la industrialización. Más aún: como se ha dicho, se habían ido multiplicando las posibilidades de inserción con la gestión de escuelas propias, apoyándose en los obispos, que tenían necesidad de ayuda para la reorganización de sus seminarios, y de los ayuntamientos, que no disponían con frecuencia de personas en condición de dirigirlas.

Don Bosco siguió ambas pistas, abriendo pequeños seminarios: como tal se podía considerar el internado para estudiantes del Oratorio de Turín y así fue la obra de Mirabello (1863), después de la experiencia de Giaveno (1860); y verdaderos colegios, como los de Lanzo (1864), Alassio y Cherasco (1869).


' E I, 377-378; III, 471 y 486.

14 En las actas de la 8' conferencia del II Capítulo general del 7.9.1880, se lee: «Si ripete in-tanto ció che giá tante altre volte si disse in altre circostanze e doé ció che ci tiene su e deve essere nostro scopo speciale dover essere i collegi od ospizi di artigianelli, gli Oratori festivi e riguardo a scuole solo [después tachado] quelle del popolo e per poveri giovani abbandonati» (ASC 046 Capitolo Generale fi 1880 [micr. 1.858 B10]).

Véanse: Regolamento per le case della Societá di S. Francesco di Sales, P. II, c. 2. a. 7; E

248.


Esta «colegialización» obedecía, a mi parecer, más que al movimiento europeo de revaloración de los internados, en sintonía con el proceso de restauración, a la emergencia política italiana, que veía a los «católicos» a la caza de espacios autonómicos ante el Estado, en los limites que consentían las leyes, y de la libertad de enseñanza y de educación.16 El Santo estaba especialmente atento a defender el planteamiento propio de la educación, de modo que no dejó escaparse la ocasión que le ofrecían los tiempos y cuando se le bloqueó el camino de las escuelas de «ginnasio» (1879), se batió con todas sus fuerzas para defenderlas.

En realidad, don Bosco había utilizado la actividad escolar como un instrumento ulterior y eficaz de educación y, por tanto, en su perspectiva, de cristianización, aunque al principio tuviese un motivo importante su necesidad de colaboradores y, a partir de los años 60, frente a los obispos y a los mismos salesianos, diese mucho relieve al cuidado de las vocaciones.''

Bajo esta luz, pues, también la escuela humanística entraba en su planteamiento educativo, obedeciendo a los mismos principios escolares fundamentales, como ya ha hecho notar P. Braido,18 calificándola, ante todo, como «escuela cristiana». En ella debía tener un lugar privilegiado la instrucción religiosa y la educación moral, como «preparación a la vida»; pero es que, además, se debía actuar a la luz del «temor de Dios», en la fidelidad a los propios deberes y, por tanto, al «trabajo», de modo que se incidiese sobre la marcha de la misma vida civil, como «honrados ciudadanos», además de «buenos cristianos» como don Bosco solía remachar. El Regolamento per le case della Societá di S. Francesco di Sales, elaborado en varias etapas desde los años 50, subraya esos mismos principios.

Es convicción común hoy entre los estudiosos de la «pedagogía» de don Bosco, que el sistema preventivo, nacido más de la práctica que de lecturas o reflexiones de carácter teórico e impuesto como estilo educativo específico, tuvo que sufrir notables modificaciones precisamente con la «colegialización»," que había exigido estructuras y relaciones diferentes de las que regían en el Oratorio de Valdocco.

16 Cf., sobre este punto, las densas páginas de S'TELLA, Don Bosco I, p. 121-127; pero que evoca también un probable influjo europeo.

17 Puede verse, especialmente, el ya citado pasaje del Epistolario I 248; además: el art. 5 del

c. I de las Costituzioni della Pia Societá di S. Francesco di Sales: «Mezzi per coltivare le vocazioni alío Stato Ecclesiastico», introducido en las Deliberazioni del secondo Capitolo generale della Pia Societá Salesiana, tenuto in Lanzo Torinese nel setiembre 1880, Torillo, Tipografía Salesiana 1882, Distinz. III, c. 4, pp. 56-59; MB XII, 27; XVII, 616.

" BRAIDO, II sistema preventivo, p. 360-366; y para las repercusiones sobre la sociedad: ID., II progetto operativo di Don Bosco e l'utopia della societá cristiana, «Quaderni di "Salesianum"», 6, Roma, LAS 1982.

19 Cf. BRAIDO, II progetto operativo, p. 5 y p. 15-21; STELLA, Don Bosco II, p. 462-466.

Esto se deduce, no tanto del opúsculo con aquel título, preparado y publicado en 1877, cuanto del análisis de la actividad y de las enseñanzas de don Bosco. A pesar de esto, algunos rasgos típicos del «sistema» se encuentran también en el terreno de la escuela, tanto en la práctica como en las orienta-dones que sobre ella se dan. Entre los más significativos, hay que señalar, en clave más bien metodológíco-educativa, la centralidad del ambiente, cuyo eje es la familiaridad, orientado a la promoción de una moralidad y religiosidad auténticas, genuinas; 2° la corresponsabilidad que, por una parte, quería tener en cuenta las diferencias de carácter y de edad y, por otro, jugaba con la implicación de los mismos muchachos; por último, la atención a cada uno, que en el plano didáctico se expresa como individualización. A este respecto, creo significativo señalar que, con los años, se intensificó la indicación de atender a los muchachos en dificultad, a los últimos, sin que esto supusiese desatender a los demás: «De ordinario los maestros tienden a complacerse con los alumnos que sobresalen por estudio e inteligencia y explican atendiendo sólo a esos [...]. Yo, en cambio, soy de parecer totalmente contrario. Creo que todo maestro debe atender a los más torpes de la clase; preguntarles con más frecuencia que a los demás, detenerse más por ellos en las explicaciones y repetir, repetir, hasta que entiendan, acoplar los deberes y lecciones a su capacidad. Si el maestro tiene un método contrario a esto, no da clase a los alumnos, sino a alguno de los alumnos. Para ocupar convenientemente a los alumnos de inteligencia más despierta, dénseles deberes y lecciones extraordinarios, premiándolos con puntos de aplicación. Más que descuidar a los más retrasados, dispénseseles de cosas accesorías; pero las materias principales adáptense totalmente a ellos»?'

Análogas afirmaciones, repetidas varias veces por don Bosco, se encontraban también en los pedagogos más perspicaces de la época y no sólo extranjeros aunque es siempre difícil decir si y hasta qué punto se puede demostrar su posible influencia, teniendo en cuenta que el Santo tenía la experiencia personal y repetida de trabajar con muchachos con dificultades en la escuela.'

20 A este propósito, se puede consultar: BELLERATE, Don Bosco e la scuola, p. 88-93. Pero no hay que olvidar el hecho de que, ya en 1880, don Bosco se da cuenta de que son las escuelas las que más fácilmente caen en el frente de la «cantó e dolcezza», especialmente con los últimos. En la 2' conferencia del II Capítulo general decía: «Un'altra cosa che bisognerá studiamo insieme di promuovere si é lo spirito di cantó e di dolcezza di S. Francesco di Sales. Esso va diminuendo specialmente nelle scuole. Alcuni giovani non sono ben visti e non ben trattati dai maestri: altri sono abbandonati nella scuola, non curad, lasciati per tempo e tempo senza essere interrogati, senza che loro si correggano lavori ecc.: altri poi sono mandad fuori dalla scuola [...]» (ASC 04 Capitolo generale H 1880 [micr. 1857 C9].

21 MB XI, 218. En este sentido existían en Valdocco los «ripetitori», de quienes don Durando ha transmitido los nombres, para los años 1869-1872, en su agenda personal (ASC, 272. Durando).

Cf. por ejemplo: MO 51.78.94.101. En cuanto a los pedagogos, J.F. Herbart había hecho ya propuestas análogas, y, por ejemplo, en «L'Educatore primario», que don Bosco conocía, se pueden, probablemente, encontrar exhortaciones del mismo tipo.

3. Problemas escolares específicos

Indicados los objetivos fundamentales que don Bosco se proponía alcanzar con la escuela y las modalidades educativas a las que debía obedecer, resulta muy lejos de su pensamiento la idea de una posible «neutralidad» de aquella institución, no por su función instrumental, sino por su uso, que tenía que orientarse necesariamente a un tipo cualificado de formación humana. Por eso, la «escuela cristiana» se ha ido delineando, a sus ojos, como el remedio principal para la «única causa verdadera» de la «aberración» que estaba extendiéndose al difundirse la obligación y la frecuencia escolar: la «educación pagana que se da generalmente en las escuelas».23



La puesta en marcha de la actividad escolar en el Oratorio había respondido, sin embargo, a otras motivaciones, como se ha visto. Y sólo más tarde tomó cuerpo la convicción que absorbió progresivamente la atención y el empeño del Santo. Efectivamente, aquella iniciativa suponía inevitablemente una serie de complicaciones burocráticas: desde la obtención de los permisos necesarios, condicionados por la situación legal de los maestros y la practicidad de los locales; el planteamiento educativo, al que se ha hecho alusión y que más tarde entrará en crisis hasta en el Oratorio (1882-1884);24 los destinatarios, que poco a poco se fueron diversificando; hasta los subsidios didácticos que, a su vez, no se podían considerar neutrales.

El problema más grave que debió afrontar don Bosco, desde el principio, fue el de los maestros. Empezó, en 1855-56, con el clérigo G.B. Francesia, de 17 arios, que había sido antes interno en el Oratorio y al que él mismo había impuesto el hábito. Después, con G. Ramello y F. Blanch, «patentato» y que se había ofrecido a trabajar gratuitamente. Y, poco a poco, con otros colaboradores suyos que, sin embargo, carecían, las más de las veces, del título exigido o «patente» de enseñanza. De aquí la preocupación y la densa correspondencia del Santo con las autoridades competentes, a partir del 4 de diciembre de 1862, para obtener excepciones y reconocimientos, y que duró toda la década de los años 60 y volvió después de la clausura del «ginnasio» de Valsalice, con tonos, acentos y promesas de diverso género, que ponen en evidencia la astucia y sabiduría de quien, sabiéndose en situación deficiente, juega todas las cartas que tiene para conseguir sus objetivos, sin desanimarse por las dificultades, las amenazas y los abusos a los que se vio sometido. Basta recordar las frecuentes y a veces fastidiosas inspecciones de que fue objeto la escuela del Oratorio.25

" Cf. F. CERRUTI, Le idee di D. Bosco sull'educazione e sull'insegnamento e la missione attuale della scuola - Lettere due, San Benigno Canavese, Tipografía e Libreria Salesiana 1886, p. 88: se - transcribe un coloquio del Santo con el abogado Michel.

24 Véase: J.M. PRELLFZO, Studio e rillessione pedagogica nella Congregazione Salesiana 18741941 - Note per la storia, en RSS 7 (1988) 36-47.

" Cf. E I, especialmente, de la carta 219 a la 685, passim; MB v-VII y XVI; Annali I, passim.

Presionado por esa urgencia, don Bosco no dudó en enviar a sus clérigos a la Universidad, primero en calidad de oyentes y después, cuando se le exigía por el Ministerio regularizar situaciones, como matriculados normales, llegando, aunque con retraso, a disponer de maestros titulados en número suficiente. Sin embargo, las dificultades volvían a aparecer enseguida, impidiéndole con frecuencia aceptar invitaciones para nuevas fundaciones. Es más, uno de los motivos de volver a cierta preferencia por los «artigianelli», según don Bosco, fue precisamente el hecho de que «al mismo tiempo se pueden sostener con menos personal y, esto es lo mejor, que por ahora el personal no necesita titulación y a nosotros nos faltan tanto títulos de diplomados como de licenciados».

Y añade: «En estos hospicios, además, con los artesanos podemos, poco a poco, poner también escuelas y entonces no hay tanto peligro de que las autoridades escolares vean lo que se hace y si los maestros están titulados o no».26

En cambio, no había tenido dificultad en aceptar desde el principio los programas propuestos por el Estado, aun sin renunciar a introducir alguna exigencia especial, como el estudio de los autores clásicos cristianos, a los que quiso que se dedicase una hora de dase a la semana.' Después, mientras insistirá en aceptar los programas y la autoridad del gobierno, decidirá reservar los estudios universitarios a los sacerdotes q «al menos» a los iniciados en las órdenes sagradas.28

En cuanto a los destinatarios, inicialmente eran muchachos con esperanza, al menos, de vocación eclesiástica, si no salesiana. Tanto es así que, mientras antes había enviado a sus estudiantes también a las clases del canónigo Anfossi, del vecino Cottolengo, en un segundo momento recibió él mismo a los aspirantes del canónigo en Valdocco. Sólo más tarde se abrió esta escuela a otros externos, pero privilegiando siempre a posibles candidatos al sacerdocio. En cambio, en otros centros, el Santo fue reduciendo poco a poco las mallas de su red, para recoger toda clase de «peces», con tal de hacerles alcanzar la meta de la salvación. La «colegialización» ensancha de este modo el horizonte, desde la juventud «pobre y abandonada» a «cualquier otra clase de personas», aunque la «Congregación» «prefiere ocuparse de la clase media y de la clase pobre como quienes tienen mayor necesidad de ayuda y de asistencia».29 Un caso especial fue la aceptación del colegio de Valsalice (1872) destinado a los retoños de «familias patricias y pudientes» de la clase alta de Turín, por indicación y presión de la curia y del arzobispo, y aceptando tatobién «a algunos (aunque pocos) jovencitos pobres».
26 Verbali del Capitolo generale II (micr. 1.858B11): muy probablemente esta postura refleja la disquisición jurídica en curso, en orden a la abrogación del decreto de clausura del colegio («ginnasio») de Valdocco.

27 Cf. Regolamento per le Case, P. I., c. VI, a. 14. Pero, curiosamente, en los únicos Programmi d'insegnamento per le scuole elementari, ginnasiali e liceali que he logrado encontrar (ASC 35) para el «Armo Scolastico 1888-1889» (Torino, Tipografía Salesiana 1888); no aparece tal hora, sino sólo «S. Girolamo (De viris illustribus)» en el tercer curso gimnasia'.

Cf. Verbali del I Capítulo general de 1877, respectivamente, 4' conf., p. 128 de la edición crítica (preparada por M. VERHULST, I verbali del I Capitolo Generale Salesiano [1877], Universitá Pontificia Salesiana 1980) y p. 292s. sobre el respeto de los programas y de la autoridad; y el 7° art. sobre los «Studi tra i confratelli Salesiani» del mismo Capítulo: Verbali, p. 99 y además p. 109- 110 (edición crítica).

La apertura de las escuelas a muchachos de la «clase media» hizo reaparecer, también por la escasez de vocaciones eclesiásticas, la preocupación por ellas a partir de los años 60, como se ha dicho; don Bosco vuelve a insistir para que se cuide y se prefiera a los que dan esperanza de vocación, codificando en las Constituciones de la Sociedad salesiana este compromiso." Naturalmente, dentro del problema de las vocaciones, ocupaban un puesto privilegiado los que podían llegar a ser salesianos. En un primer momento, en Valdocco, no estaban separados de los otros estudiantes en los cursos del «girinosio», mientras que para los cursos de liceo y filosofía frecuentaban como externos, las clases del seminario, colaborando también a satisfacer las exigencias de asistencia y de enseñanza en el mismo Oratorio. Sólo mucho más tarde, en los últimos años de la vida del Santo, se pensó en llevarles después del Noviciado a una institución a propósito, San Benigno Canavese, primero, y a los «estudiantados» después, como decidió el segundo Capítulo general?'

Por lo que se refiere a los salesianos, no hay que olvidar, de modo especial, las exigencias especificas de carácter pedagógico orientadas a su preparación en el plano educativo, además de formación eclesiástica: se insiste en ello tanto en los reglamentos como en los Capítulos generales.32




Compartir con tus amigos:
1   ...   14   15   16   17   18   19   20   21   ...   33


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos