En la historia


En el clima de las tensiones políticas y de la propaganda antirreligiosa



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2. En el clima de las tensiones políticas y de la propaganda antirreligiosa

Mientras tanto, en el año 1846, el Oratorio había encontrado su lugar definitivo en Valdocco, zona periférica de la ciudad de Turín, y podía por tanto enriquecerse con nuevas actividades. En el invierno de dicho año, dándose cuenta de que los primeros rudimentos de lectura y escritura, que se impartían a los muchachos los días de fiesta, eran excesivamente irregulares y no podían producir frutos duraderos, don Bosco decidió organizar las escuelas nocturnas, con la enseñanza de la lectura y escritura, y, más tarde, de la aritmética y del dibujo.3' Al principio, el momento instructivo nació claramente en apoyo de la formación religiosa propiamente dicha; pero bastante pronto se cargó de un valor humano propio, porque permitía a los muchachos una mejor integración no sólo con la religión sino con la sociedad. Que el crecimiento espiritual debía concebirse enramado en el crecimiento de todo el hombre era, por otra parte, una convicción del mismo don Bosco, quien, desde el 47, había afirmado que, siguiendo el método que les había propuesto, los jóvenes, antes que «afortunados moradores del cielo», llegarían a ser «el consuelo de los [...] parientes, el honor de la patria, buenos ciudadanos en la tierra».32

Desde esta óptica se explica también la preocupación con la que él trataba de procurar a cada uno de sus muchachos un trabajo, de modo que, arrancados del ocio, tuviesen la posibilidad de llenar dignamente la vida y sentirse miembros activos de la sociedad civil. Don Bosco avanzaba, cada día más, hacia una concepción que conjugaba una intensa inspiración religiosa fundamental con una fuerte atención a los valores humanos. Es posible, sin duda, decir que, desde los comienzos, su proyecto tendía a dar a sus jóvenes todo lo que necesitasen: ante todo, los instrumentos para desarrrollar su vida de fe; pero, al mismo tiempo, ayuda material, trabajo, amistad, cuidado de su salud, consejos, momentos de diversión y de alegría.33 Naturalmente este «programma globale d'intervento» llegó a ser relativamente más realizable, cuando pudo contar con una morada que, si bien al principio era muy modesta, tenía de todos modos la ventaja de ofrecer un apoyo estable y seguro. Con la primavera de 1847, aprovechando la disponibilidad de la casa, don Bosco dio también alojamiento a algunos muchachos. Desde aquel momento Valdocco, junto al oratorio festivo y las escuelas nocturnas, disponía de un hospicio que permitiría a un cierto número de jóvenes ir durante el día a la ciudad, para trabajar en diversos talleres o para estudiar en casa de algunos profesores privados, y volver por la tarde al Oratorio, donde, gracias también a la activa y amable presencia de la madre de don Bosco, encontraban el calor de una verdadera familia.
31 Sobre la fecha (1846), indicada como el comienzo de las escuelas nocturnas, cf. el testimonio del mismo don Bosco en Cenni storici, en: BRAmo, Don Bosco nella Chiesa, p. 72; pero, en las Memorie dell'Oratorio, había hablado del invierno de 1845-1846 (y Ceda había llegado hasta a adelantar la fecha del comienzo al año 1844) (cf. MO 150-151). Según Braido, las escuelas nocturnas de don Bosco comenzaron, muy probablemente, en el invierno de 1846-47 (Don Bosco nella Chiesa, p. 72).

" OE II, 187.

" Braido, al resaltar esta labor de sostén integral, habla de «programma globale d'intervento» (BRAmo, II progetto operativo, p. 9).

Para comprender la importancia que en la estrategia del sacerdote piamontés iba a adquirir progresivamente la fórmula del hospicio — y del colegio, como veremos —, es necesario no olvidar las vicisitudes políticas de los últimos años 40. P. Stella no excluye que, en los primeros meses de 1848, don Bosco se dejara tentar por cierta simpatía neogüelfa, en un momento en que «la mayoría del clero (y también de prelados que después se separaron de la causa nacional y se mostraron intransigentes) se adhirió al neogüelfismo y aplaudió la guerra de la independencia».34 Para apoyar esta no abstracta hipótesis, se pueden aducir no sólo el adjetivo «grande» atribuido por don Bosco a Gioberti en la nueva edición de su Storia ecclesiastica publicada en 1848,35 sino también algunas ideas que se pueden encontrar en el primer número del «Amico della Gioventá», un periódico político-religioso que el sacerdote piamontés comenzó a publicar a partir del mes de octubre de 1848.36En un artículo titulado Religione e liberta — que apareció anónimo, pero que, si no de don Bosco, fue publicado verosímilmente con su aprobación37 —, se sostenía la tesis, según la cual, la Iglesia, diversamente a lo que los adversarios querían hacer creer, no odiaba ni el progreso ni el sentimiento nacional: «En suma, cada día aparece más claro que catolicismo, progreso y nacionalidad son reconciliables entre sí más de lo que parece a primera vista; que los dos últimos encontraron ventajas en el primero, y que a él deben dirigirse todavía si quieren obtener su triun fo».38 Pero si nutrió alguna simpatía neogüelfa, la abandonó bien pronto, y comenzó a temer que la abolición de la censura (30 octubre 1847), la concesión del Estatuto (4 marzo 1848) y, sobre todo, la equiparación de los valdenses (17 febrero 1848) y de los hebreos (29 marzo 1848) a los demás ciudadanos en gozar de los derechos civiles39 fueran las señales premonitoras de algunas transformaciones políticas gravemente dañosas para la religión católica. Don Bosco tuvo la impresión de que, bajo el influjo de los enemigos del catolicismo, el Estado se estuviese alejando de la línea con la que hasta entonces había tate- lado premurosamente a la Iglesia, recibiendo en cambio de ella el más leal apoyo. La introducción de otra serie de reformas, a partir de la abolición en 1850 del foro eclesiástico, y la adopción de algunas medidas, como la expulSión en el mismo año 1850 de mons. Fransoni, arzobispo de Turín, debía transformar aquella impresión en amarga convicción.4° Desde aquel momento, don Bosco, más allá de sus declaraciones de ser ajeno a la política, vivió con la nostalgia de la organización político-social del Anden Régime: una nostalgia no sin consecuencias, si se tiene presente que don Bosco quedaría ligado tanto a la idea de una estrecha integración entre trono y altar, como a la visión de una sociedad organizada jerárquicamente.


" STELLA, Don Bosco II, p. 78.

" Al introducir un elogio de Pío IX, don Bosco escribía: «I sovrani impararono da lui [da Pio IX] il yero modo di governare i popoli. La sola sua presenza forma la meraviglia di chi lo pub vedere. II gran Gioberti chisma il giorno che lo vide il piii bello di sua vita» (G. Bosco, Storia ecclesiastica per uso delle scuole utile ad ogni stato di persone, Torino, Tip. Speirani e Ferrero 1848, p. 182). En la edición siguiente, publicada por don Bosco en 1870, la referencia a Gioberti ya no apareció.

36 El periódico no tuvo mucho éxito y en el mes de mayo de 1849, después del fascículo

LXI, se fundió con «L'Istruttore del Popolo» (STELLA, Don Bosco II, p. 78-79).

37 El artículo se puede consultar en el último volumen de las Opere edite, publicado recientemente: OE XXXVIII, 291-292.

" OE XXXVIII, 292. En el artículo se emitía, entre otros, un juicio lisonjero sobre la juventud: «In simile stato di cose, dedicad al bene della gioventú, abbiamo ideato di rivolgersi a questa bella eta delle speranze, invitandola a voler usare pienamente di sua liberta» (Ibid.). El juicio reflejaba lo que la Dirección de «L'Amico della Gioventú» escribía en el editorial del mismo número, titulado «Programma» (se puede ver en: OE XXXVIII, 289-290). Al hacer una llamada a los lectores, para que colaborasen en la obra que iba a emprender, la Dirección observaba en efecto: «[La gioventú] é la porzione piú favorita del genere umano, sopra cui si fondano le speranze della patria, il sostegno delle famiglie, l'onore della Religione e dello Stato» (Ibid.). En modo análogo se expresaba don Bosco en un Avviso sacro difundido por él en aquellos mismos meses: «La porzione dell'umana societá, su cui sono fondate le speranze del presente e dell'avvenire, la porzione degna dei piú attenti riguardi é, dubbio, la gioventù» (MB 111, 605).

Pero el motivo por el cual más se angustió, después del 48-49, fue la activa propaganda con la cual los valdenses, aprovechando los nuevos espacios de libertad, trataban de ampliar la propia presencia en medio de la gente. Piénsese en lo que don Bosco debió probar en 1851 cuando en el barrio de Porta Nuova, donde había dado vida a otro Oratorio titulado de «San Luigi», vio surgir el templo valdense. Los escritos compuestos por él en este período — de los Avvisi az' cattolici a Il cattolico istruito41 — reflejan la viva preocupación con la que el autor seguía el proselitismo actuado entonces por los valdenses

" Los valdenses obtuvieron su emancipación en virtud de las «Regie lettere patenti» del 17 de febrero 1828; los judíos en virtud del regio decreto del 29 de marzo 1848. Pero la equiparación de los ciudadanos no católicos iba a tener, no mucho más tarde, una ulterior y más solemne confirmación. En efecto, el 19 de junio de 1848 era emanada una ley cuyo artículo único establecía que la diferencia de culto ya no constituiría «eccezione al godimento dei cifrad civil e politici e all'ammissibilitá alle caniche civili e militad». Sobre la emancipación de los valdenses y de los judíos, cf. G. SPINI, Risorgimento e protestanti, Napoli 1956; S. FoA, Gli ebrei nel Risorgimento, Roma/Assisi 1978.

4' Para conocer el pensamiento de don Bosco sobre el 48, cf. lo que él iba escribir más tarde en: G. Bosco, La storia d'Italia raccontata alla gioventú da' suoi primi abitatori sino ai nostri giorni, Torino, Paravia 1855, ahora en: OE VII, 1-558 y en: MO 204ss.; sobre la reconstrucción de aquellos acontecimientos hecha por don Bosco, sobre todo en las páginas de la Storia d'Italia,

cf. F. TRANIELLO, Don Bosco e l'educazione giovanile: la «Storia d'Italia», en: TRANDELL0 (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, p. 81-111.

" G. Bosco, La Chiesa cattolica-apostolica-romana é la sola vera Chiesa di Gesti Cristo. Avvisi ai cattolici, Torino, Tip. Speirani e Ferrero 1850, ahora en: OE IV, 121-143; G. Bosco, II cattolico istruito nella sua religione. Trattenimenti di un padre di famiglia co' suoi figliuoli secondo i bisogni del tempo, Torino, De Agostini 1853, ahora en: OE IV, 195-646.

en Piamonte. Don Bosco juzgaba al protestantismo no sólo como una herejía religiosa — que, según la apologética del Setecientos, consideraba más como fruto de inmoralidad, de las costumbres que de apostasía de la razón42 —, sino también como un fenómeno político que tendía a desquiciar toda legítima autoridad. Es sintomática, a este propósito, la presentación que él hacía de las consecuencias que, a su entender, producía el principio del libre examen: «El decir: haceos una religión a voluntad, es como decir: haced lo que queráis; robad, desobedeced, matad a vuestro rey, a los ministros, y a todo el que aparezca culpable a vuestros ojos, vosotros obraréis ciertamente bien, con tal de que creáis hacer buenas acciones».43 En el curso dé su campaña contra las «sectas», don Bosco tendía, por tanto, a identificar el protestantismo con la «revolución» y a presentar, por el contrario, el catolicismo como la religión que concurriría a instaurar la pacífica convivencia de todos."

En este contexto cobra nueva luz la importancia que en la praxis pedagógica del educador piamontés adquiría su hospicio. Este debería servir para contener los influjos negativos que, durante el día, habrían podido alcanzar a los jóvenes a través de las personas con que se encontraban, de las conversaciones que oían, de la prensa que corrían el peligro de tener entre manos. No carece de significado el que entonces don Bosco decidiese dirigir a los huéspedes un «brevísimo sermoncito por las noches después de las oraciones con el fin de exponer o confirmar alguna verdad que por ventura hubiese sido contradicha en el curso de la jornada»." Entre los años 1851 y 1853, Valdocco se enriquecía con la iglesia de San Francisco de Sales y con un nuevo edificio destinado a habitaciones: en 1853 los huéspedes de la casa eran cerca de unos veinte y comprendían, además de los artesanos y estudiantes, diversos clérigos que, al ser cerrado el seminario diocesano por la guerrra de independencia, don Bosco muy gustosamente había acogido en su casa, poniendo en marcha una nueva experiencia educativa." Como es fácil advertir, el Oratorio de don Bosco era ya una cosa bien diversa del simple encuentro dominical de los primeros años 40. Pero detrás de la evolución de las estructuras, había un cambio más profundo. Solicitado por el empuje de los acontecimientos de 1848, don Bosco empezó a revisar la concepción con la que, hasta entonces, había pensado que debía salvar para la sociedad a los muchachos abandonados de los que se venía ocupando. Es decir, tomaba cuerpo en él la idea de que eran los jóvenes — los jóvenes en general y no sólo los pobres y abandonados — los que tenían que ser puestos al abrigo de los influjos negativos de la realidad social. En esta óptica, el hospicio era solamente una etapa.

42 STELLA, Don Bosco II, p. 47ss. 45 OE 590.

" STELLA, Don Bosco II, p. 81ss. 45 MO 205.

46 Don Bosco se complacía diciendo que, después de 1848, el Oratorio se convirtió por casi veinte años en el seminario diocesano (MO 212).

En efecto, en 1853, pudiendo contar con un mayor número de locales, don Bosco creaba en Valdocco los primeros talleres (de zapateros y sastres) — a los que, a lo largo de unos diez años se habrían de añadir otros cuatro (de encuadernadores, carpinteros, tipógrafos y forjadores) —, y en 1855 instituía la tercera clase gimnasia! — que a la vuelta de cuatro años estaría integrada por las clases restantes hasta completar un curso gimnasia! completo. Después de estas medidas, el hospicio se transformaba en verdadero internado, en el que los muchachos tenían la posibilidad de dormir, comer y trabajar o estudiar. La progresiva transformación de Valdocco — que conservó de todos modos el Oratorio festivo —, se actuó también para dar una respuesta a algunas exigencias muy concretas como, por ejemplo, la necesidad de proporcionar a los huéspedes del Oratorio vestidos y calzado, o la oportunidad de acompañar el trabajo de escritor y de editor de don Bosco con un taller de encuadernación y con una tipografía.47 Pero en la base de esta evolución estaba, ante todo, la intención de proteger a los jóvenes de los peligros de una sociedad cuya obra, a los ojos de don Bosco, se hacía cada vez más perniciosa para la integridad de la vida moral y religiosa, en particular de aquellos en quienes no habían madurado todavía la fuerza de carácter y la solidez de convicciones.

Hacia la mitad de los años 50, don Bosco había esbozado ya las estructuras de las que se serviría definitivamente en su estrategia educativa. Y sería interesante estudiar detenidamente los documentos y reflexiones que elaboró en aquel período para encuadrar la praxis cotidiana. Pensamos, por ejemplo, en-el conjunto de reglamentos redactados a partir de 1852, en la Introduzione y el Cenno storico ya recordados, en la conversación con U. Rattazzi de 1854; aunque, en realidad, el contenido de tal conversación fuera publicado en el «Bollettino Salesiano» del 1882 y se le pudieran, por tanto, añadir valoraciones y juicios posteriores.48 Para los fines de nuestro discurso pueden bastar, quizás, algunas simples alusiones.

De estos y de otros documentos resulta confirmada, por de pronto, la idea positiva que mientras tanto don Bosco se había formado acerca de la juventud: «porción la más delicada y la más preciosa»,48 «no mala de por sí»,5° que se podía estropear «por inconsideración [...] no por malicia consumada»." En la citada Introduzione el sacerdote piamontés llegaba, por tanto, a sostener que, quitados algunos obstáculos — como «la negligencia de los padres» [o bien la falta de afecto, el abandono], «el ocio» y los «malos compañeros» sería «facilísima cosa» educar a los jóvenes e «insinuar en sus tiernos corazones los principios del orden, de las buenas costumbres, del respeto, de la religión.».52
47 Sobre las razones que indujeron a don Bosco a implantar, en Valdocco, los diversos talleres me permito remitir a: PAZZAGLIA, Apprendistato, p. 20ss.

48 El texto ha sido publicado recientemente por: A. FERREIRA DA SILVA, Conversazione con



Urbano Rattazzi, en: Bosco, Scritti pedagogici, p. 55-69.

49 BRAMO, Don Bosco nella Chiesa, p. 34.

50 BRAIDO, Don Bosco nella Chiesa, p. 39.

51 BRAMO, Don Bosco nella Chiesa, p. 35.



52 BRAMO, Don Bosco nella Chiesa, p. 34-35.

La rápida definición que don Bosco, en el cuadro de su optimismo pedagógico, daba de la educación, merece ser señalada y confrontada con cuanto éj mismo observaba en 1854, en el curso de la conversación con Rattazzi. En esta circunstancia, contraponiendo los métodos «represivo» y «preventivo» según una terminología que, sin embargo, no podía todavía usar en el momento de su encuentro con el político —, don Bosco explicaba en qué consistía la acción preventiva: «Ante todo, aquí se procura infundir en el corazón de los jovencitos un santo temor de Dios; se les inspira amor a la virtud y horror al vicio, con la enseñanza del catecismo y con apropiadas instrucciones morales; se encaminan y se sostienen en la vía del bien con oportunos y benévolos avisos, y especialmente con las prácticas de piedad y de religión».53 Ciertamente esta defición de educación era más precisa que la que hemos observado en la Introduzione; pero tanto la una como la otra se inspiran en el mismo principio. Don Bosco partía de la persuasión de que, si era ciertamente importante encontrar lugares donde «reunir» a los jóvenes, la parte más positiva y constructiva del prevenir se realizaba al sembrar — «insinuare», «infondere» — en el ánimo de los jóvenes los principios naturales y sobrenaturales. En esta perspectiva, se logra también dar un contorno más preciso a aquel contexto de amplia libertad que, como se lee en el Cenno storico, él afirmaba que había introducido en el Oratorio a pesar de que, sobre todo a los comienzos, la cosa no le había dejado de procurar, de parte de los ambientes conservadores, la acusación de instruir a los jóvenes con «máximas sospechosas»: «esta última acusación se fundaba especialmente — escribe — en que yo permitía a mis jóvenes toda clase de recreación, con tal de que no fuese pecado o contraría a la urbanidad».54

3. El oratorio festivo y el colegio: dos sistemas educativos

Podríamos decir que, hacia la mitad de los años 50, don Bosco había llegado a definir, no sólo los «lugares», sino también los principios clave de lo que habría de ser ya su empeño educativo. Naturalmente, para conocer mejor en qué modo atendía a la realización de tal empeño, sería necesario iniciar un atento análisis de su obra, tanto más que, según él, una correcta estrategia educativa debería adaptarse a las exigencias especificas de cada situación. En realidad, a medida que procedía en la puesta en práctica de su proyecto, don Bosco seguía dos sistemas: el del Oratorio festivo, que respecto a los primeros encuentros dominicales algo improvisados había adquirido una mayor continuidad, llegando a ser de hecho, cotidiano; y el sistema del colegio, la nueva institución que, aunque ya funcionaba desde 1853 con los dos primeros talleres, se delineó de forma neta y precisa sólo después de la puesta en marcha del ciclo gimnasial completo. Pero para tener un cuadro más completo, sería oportuno que tuviésemos en cuenta una ulterior división dentro del sistema del colegio, puesto que don Bosco, a pesar de atenerse a los mismos principios, adoptó diversas líneas, según se tratase de artesanos, estudiantes o clérigos estudiantes; sobre todo, cuando instituidas todas las cinco clases gimnasia-les, debió salir del clima de sencillez seguido hasta entonces e introducir una reglamentación más exigente y puntual de cada una de las secciones. Siendo imposible, en este momento, hacer un examen pormenorizado de los varios itinerarios educativos que don Bosco fue recorriendo, nos limitaremos a hacer algunas reflexiones de carácter general en torno al sistema del Oratorio para externos y al del colegio.


53 Bosco, Scritti pedagogici, p. 65. Y continuando a ilustrar a Ratazzi el carácter de la obra educativa inspirada en el criterio de una auténtica prevención, don Bosco añadía: «Oltre a ció, si circondano [i ragazzi], per quanto é possibile, di un'amorevole assistenza in ricreazione, nella scuola, sul lavoro; s'incoraggiano con parole di benevolpn?a, e non appena mostrarlo di dimenticare i proprii doveri, loro si ricordano ín bel modo e si richiamano a saní consigli. In una parola si usano tune le industrie, che suggerisce la caritá cristiana, affinché facciano il bene e fuggano il male per principio di una coscienza illuminata e sorretta dalla Religione» (Ibid., p. 65-66).

54 BRAIDO, Don Bosco nella Chiesa, p. 45.

Por lo que se refiere a la concepción que, en medio de su actividad, había madurado sobre el Oratorio festivo, merece la pena examinar el primer Regolamento dell'Oratorio que, siguiendo la pauta de algunos reglamentos de oratorios milaneses, don Bosco comenzó a elaborar hacia 1852, precisamente con la intención de ordenar el aflujo de los jóvenes que frecuentaban Valdocco los domingos y los días laborables por la tarde. Estos jóvenes, después de la introducción del internado, se llamarían «externos».55 El Reglamento precisaba que el fin del Oratorio era «entretener a la juventud en los días de fiesta con agradable y honesta recreación después de haber asistido a las sagradas funciones en la iglesia».56 Al poner en guardia contra una interpretación seductiva de tal concepción, P. Braido ha escrito que don Bosco tenía en su mente no un simple «ricreatorío» o «ritrovo giovanile», sino una «scuola d'istruzione, di pratica religiosa e di ispirazione cristiana alla vita»57 El término escuela se debe tomar, obviamente, en sentido no literal, pues si es verdad que se preveían algunos momentos escolares propiamente dichos, la formación de los que frecuentaban el Oratorio debía tener lugar de modo informal y en consonancia con cuanto progresivamente era sugerido por las circunstancias y por la inventiva de los educadores. En suma, en lo que don Bosco pensaba era un alegre y sereno «ambiente» pedagógico que, haciendo fructificar las diversas oportunidades — escuela, juego, teatro, excursiones —, supiese ofrecer a los muchachos un sólido apoyo para su crecimiento moral, espiritual y religioso. La estructura que debería favorecer el logro de este objetivo era, más bien, articulada. En efecto, al lado del director («el superior principal, que es responsable de todo lo que ocurre en el oratorio»), el Reglamento ponía a un grupo de colaboradores más directos — desde el prefecto al director espiritual —, los cuales, por sus delicadas responsabilidades, no podían ser sino sacerdotes, y otro grupo de ayudantes — asistentes, sacristanes, monitores, catequistas, bibliotecarios —, algunos de los cuales serían escogidos de entre los jóvenes más capaces y ejemplares.
55, Este Regolamento fue publicado por Lemoyne en: MB III, 91-92.98-108. Según el biógrafo salesiano, la redacción del escrito se habría ya hecho, en gran parte, en 1847; pero es muy probable que, como sostiene P. Braido, tal redacción haya sido realizada en torno al año 1852 (cf. BRAMO, Don Bosco nella Chiesa, p. 36). El texto definitivo del Regolamento para los externos fue publicado en 1877: Regolamento dell'Oratorio di S. Francesco di Sales per esterni, Torino, Tipografia Salesiana 1877, ahora en: OE XXEX, 3 1-92.

56 MB DI, 91.

57 P. BRAMO, II sistema preventivo di don Bosco, Zürich, PAS Verlag 1964, p. 322. Sobre el oratorio festivo, véase lo escrito por BRAIDO, L'esperienza pedagogica preventiva, p. 160ss.

Don Bosco se había convencido de que para entrar en el Oratorio festivo se debía o ejercer un oficio o tener, al menos, la intención de ejercerlo: «Quien estuviese desocupado y desease trabajar puede dirigirse a los Protectores, y será ayudado por ellos».58 No debe sorprender que la actividad laboral revistiese tanta importancia a los ojos del sacerdote piamontés. Éste, fiel a una idea que le era muy querida, afirmaba en el Reglamento de los externos que el ocio y la desocupación generarían todos los vicios y harían inútil toda suerte de instrucción religiosa.59 Es evidente, sin embargo, que con las nuevas disposiciones el Oratorio tendía a caracterizarse con rasgos diversos respecto al de los orígenes. En efecto, mientras en los comienzos había sido ideado — como se ha visto — para socorrer, principal aunque no exclusivamente, a los muchachos salidos de la cárcel y abandonados a sí mismos, el Oratorio se convertía ahora en un servicio abierto a todos los jóvenes que, ocupados en alguna actividad, deseasen utilizar, positivamente, su tiempo libre. La transformación no era una cosa de poca importancia. Muy probablemente tal transformación se debía al hecho de que, al proponerse don Bosco la integración directa de sus muchachos en la vida de trabajo, el oratorio había acabado por ser cada vez más frecuentado por jóvenes artesanos; pero no se debe excluir que la nueva apertura derivase también de las reflexiones con las cuales, frente al cambiado contexto cultural, el sacerdote piamontés consideraba urgente ofrecer un apoyo no ya a una porción particular de la juventud, sino a los jóvenes en general, fuesen estudiantes o aprendices.6° Convendrá, sin embargo, añadir que, aun con esta perspectiva pedagógica más vasta, don Bosco siguió afirmando que era necesario tener una mirada de predilección para los más pobres.


58 MB 111, 92.

" MB 111, 92. Sobre la contraposición establecida por don Bosco entre vida activa y vida

ociosa, he tenido ocasión de ocuparme en el citado seminario de estudio de Venecia, con una comunicación: Il tema del lavoro nell'esperienza pedagogica, publicada en: NANNI (ed.), Don Bosco e la sua esperienza pedagogica, p. 113-131.

60 En el mismo Regolamento se afirmaba que se tenían presentes especialmente «i giovanetti,

Concebido ya en función de sectores juveniles cada vez más amplios el oratorio festivo, de cara a sus huéspedes, adoptaría un espíritu de gran comprensión. El Reglamento establecía que las puertas estuvieran abiertas aun a los más díscolos, siempre que no diesen escándalo y manifestasen la voluntad de observar una conducta mejor.6' Esta declarada tolerancia no debe hacer creer que don Bosco hiciese la hipótesis de una propuesta educativa fofa e im.. precisa. El elemento en torno al cual habría girado la obra del Oratorio era el religioso. Al esbozar la figura del director, el Reglamento decía: «Este debe ser como un padre en medio de sus propios hijos, e ingeniarse de todas las maneras posibles para insinuar en los jóvenes corazones el amor de Dios, el respecto a las cosas sagradas, la frecuencia de los Sacramentos, la filial devoción a María Santísima».62 El empeño educativo del director se debía considerar, obviamente, dirigido al Oratorio en su conjunto: todo debería concurrir, no sólo a promover el conocimiento de las verdades cristianas, sino también a favorecer su aplicación en la vida cotidiana. Para comprender en qué medida estaba enraizada en don Bosco la preocupación de ver a sus muchachos hacer propias aquellas verdades, es suficiente repasar la narración, publicada por él en 1855, La forza della buona educazione; a pesar de que la primera parte era, en realidad, la traducción casi literal de una obrita francesa.63 Don Bosco se complacía en resaltar que el joven protagonista, Pietro, que en la narración era presentado precisamente como alumno del Oratorio de Valdocco, había sido operai, i quali nei giorni festivi soprattutto vano esposti a grandi pericoli morali e corporali»; pero no se excluían «gli studenti, che nei giorni festivi o nei giorni di vacan?a vi volessero intervenire» (MB la, 91). Por otra parte, los estudiantes venían ya a Valdocco desde hacía tiempo, si bien con una finalidad especial. Es sabido que desde los comienzos, don Bosco había invitado a «giovani di buona condotta e giá istruiti» (MO 128), que, además de mantener el orden, le ayudasen a leer y cantar cantos sagrados.

61 MB III, 92.

62 MB Hl, 98.

63 G. Bosco, La forza della buona educazione. Curioso episodio contemporaneo, Torino, Paravia 1855, ahora en: OE VI, 275-386. En la presentación, don Bosco declaraba que había utilizado un escrito francés titulado: Un mari comme il y en a beaucoup, une femme comme il y en a peu. De esta obrita, publicada anónima, pero nacida, quizás, en los ambientes de los hermanos de las Escuelas Cristianas, P. Stella ha encontrado una edición de 1869 (Caen, Chénel Librairie 1869, 7' ed.), puesta, amablemente, a mi disposición. La comparación de Un mari con La forza della buona educazione permite establecer que los seis primeros capítulos de la segunda constituyen la traducción de toda la obrita francesa. Es probable que los capítulos restantes (aquellos en que se acompaña a Pietro, el joven protagonista, desde el día de la primera comunión hasta el servicio militar) sea obra de don Bosco. Hay que decir además que también en la parte simplemente traducida, se pueden encontrar algunas añadiduras o variantes, a veces no sólo marginales. Por ejemplo, a lo largo del dialogo en que la madre recomienda a Pietro referirle, todas las tardes, las conversaciones tenidas con los compañeros de trabajo, don Bosco añade una nota típica de su visión pedagógica: «Cosí — decía precisamente la madre al hijo — io potró sempre darti buoni consigli intorno a ció che devi fare e intorno a ció che devi fuggire» (OE VI, 282).

ejemplo de virtud cristiana asistiendo a la misa no sólo en los días de fiesta, ino también en los día laborables, acercándose regularmente a los sacramende la confesión y comunión, haciendo cotidianamente lectura espiritual (I/ tos giovane provveduto), evitando las malas compañías y huyendo del ocio.

Pero en la visión de don Bosco, el Oratorio debía hacer que los jóvenes, profundizando en la vida cristiana, llegasen a ser al mismo tiempo, hombres honestos: «Entrando un joven en este Oratorio — subrayaba el Reglamento debe convencerse de que éste es un lugar de religión, en el que se desea formar buenos cristianos y honestos ciudadanos».64 Esto significaba que se habría tratado de promover virtudes tales como el altruismo, la honradez, el sentido del deber, el respeto a las autoridades constituidas. Es significativo, también aquí, el modelo de joven que don Bosco ilustraba a través de las páginas de La forza della buona educazione: Pietro había honrado al padre y a la madre aceptando los sacrificios que le habían pedido; se había comportando en el trabajo de forma encomiable, conquistando tanto la estima del patrón — que había apreciado «la fidelidad, la puntualidad, la actividad» — como la simpatía de los compañeros, «que no podían tener asistente más paciente, más caritativo»; pero no menos leal y generoso se había mostrado para con la patria, que le había llamado al servicio militar.63

Si es bastante fácil delinear el perfil del Oratorio festivo que don Bosco acariciaba en los años 50, resulta mucho más difícil establecer si tal ideal logró ser traducido, y en qué medida, en la realidad de todos los días. Algunos testimonios de proveniencia salesiana no han dudado en reconocer que el Reglamento para los externos no fue nunca practicado integralmente, ni siquiera en Turín.66 Por desgracia no existe hasta hoy un estudio serio y riguroso que precise la situación del Oratorio festivo de Valdocco, durante la vida de don Bosco. Las actas de las reuniones o conferencias del personal de la casa turinesa no ofrecen elementos dignos de relieve, al menos para el período del que son disponibles.67 Sería simplista deducir de esta ausencia de referencias (aun‑

ILI, 92. Véase además la definición del Oratorio que daba don Bosco el 20 de diciembre de 1851, al presentar una gran lotería promovida por él: «una casa di domenicale adunanza, in cui potessero gli uni e gli altri ayer tutto l'agio di soddisfare al religiosi doveri, e ricevere ad un tempo una istruzione, un indirizzo, un consiglio per governare cristianamente e onestamente la vita» (E I, 49).

Pietro se había expresado en estos términos ante el padre que se angustiaba al ver al hijo marchar al servicio militar: «Non affannatevi, padre, siamo cittadini, dobbiamo servire la patria»

(OE VI, 343).

66 Cf. la comisión de estudio establecida para preparar el XI Capítulo general (cf. Annali IV, P. 7).

67 Sobre estas conferencias, cf. las correspondientes actas conservadas en: ASC: 0592 Deliberazioni del Capitolo dal 1866-1877; 38 Torino Oratorio S. Francesco di Sales Adunanze del capitolo della casa Ottobre 1877 - Genn. 1884. Como es fácil intuir, estas actas constituyen una documentación de primaria importancia, para la vida de la casa de Valdocco, y, más en general, para la historia de la Sociedad salesiana. Sobre estos documentos está trabajando, desde hace algún tiempo, José Manuel Prellezo. Entre sus trabajos, cf. J.M. PRELLF70, Fonti letterarie della circolare «Dei que sea en el ámbito de un órgano ciertamente importante como eran aquellas conferencias) la conclusión de que el Oratorio se estuviese, por así decir, agotando. Por los documentos examinados, hemos sacado la impresión de que, en efecto, después de los años 40-50, se había impuesto como institución educativa de relieve, el Oratorio festivo presentaba algunos síntomas de crisis-.68 A este propósito, hay que observar que, después de informar a Pío IX en 1853 de la intención de fundar una sociedad religiosa que garantizase continuidad a su trabajo, don Bosco comenzó a viajar frecuentemente, encontrándose así en la necesidad de confiar las responsabilidades cotidianas de su obra a los colaboradores más vecinos, como don Rua o don Francesia: elementos, ciertamente de valor, pero jóvenes — al comienzo coetáneos de los mismos jóvenes de quienes tenían que ocuparse —, sin el carisma del fundador, replegados sobre los problemas de la casa hasta el punto de no darse completamente cuenta de las profundas transformaciones socioculturales de Turín y, en general, del país. Es, pues, comprensible que el Oratorio festivo de Valdocco, la institución más ligada a las dotes de «conquistador» de jóvenes, cual era don Bosco, entrase en una fase de desaceleración. Una fase que estaba destinada, en realidad, a durar mucho tiempo y de la que saldría sólo en los primeros años 80, después de que — en 1883 — el tercer Capítulo general de la Socieda salesiana inició una reflexión sobre los oratorios festivos,69 y después de que castighi da infliggersi nelle case salesiane», en «Orientamenti Pedagogici» 37 (1988) 625-642; la., Studio e riflessione pedagogica nella congregazione salesiana 1874-1941. Note per la storia, en RSS 7 (1988) 35-88.

68 Esta impresión la comparte también P. Stella, el cual refieriéndose, en realidad, más a los oratorios festivos en general que al de Valdocco en particular, escribe: «Gli oratori festivi, la stampa, i pensionati, le scuole agricole non mancano e sono presentí nell'opera legislativa dei Capitoli generali, ma in pratica soprattutto g,li oratori festivi pare attraversino negli ultimi decenni del secolo una fase di compressione e di deperimento» (STELLA, Don Bosco I, p. 124).

69 El tercer Capítulo general, celebrado en Valsalice del 2 al 7 de septiembre 1883, trató de los oratorios festivos en el punto VII: «Impianto e sviluppo degli Oratori festivi prenso le case salesiane». En vista de las deliberaciones a tomar sobre el tema, los directores de las casas fueron invitados a enviar toda clase de sugerencias útiles: ASC 04 Capitolo generale III 1883 («Convocazione Proposte»). Sobre la base de las propuestas enviadas, el Capítulo discutió el problema en la sesión del 5 septiembre. En las actas de estas sesiones hay una nota que confirma que, en los comienzos, el Oratorio de Valdocco descansaba completamente sobre los hombros de don Bosco: «dapprincipio don Bosco doveva fare di tutto: bisogna cercare o chierici o giov[an]etti fra' pié adatti e buoni che disimpegnino gli ufficii secondari. E perció fissarsi bese sul Regolamento spedale». Don Bosco formula un canon en estos términos: «II Direttore della Casa particolare sceglierà d'accordo coll'Ispettore un sacerdote che abbia cura speciale dell'Oratorio festivo» (ASC 046, Capitolo generale III - 1883 Verbal:). Terminada la discusión, el Capítulo emanó varias directrices generales para los oratorios festivos; pero, no habiéndose podido estudiar exhaustivamente todos los puntos del orden del día, los trabajos del tercer Capítulo general iban a ser completados por los del Capítulo sucesivo (1886), y las deliberaciones sobre los oratorios festivos aparecieron, por tanto, en: Deliberazioni del Terzo e Quarto capitolo Generale della Pia Societa Salesiana tenuti in Valsalice nel settembre 1883-1886, S. Benigno Canavese, Tipografia Salesiana 1887, ahora en: OE XXXVI (el nuevo Regolamento de los oratorios festivos se encuentra en las p. 274-276). en 1884 — don Bosco decidió llamar a la dirección del Oratorio de Valdocco un inteligente y activo educador como don Pavia."

Es conveniente, por otra parte, no olvidar que, a partir de los años 60, don Bosco y sus colaboradores estuvieron ocupados prevalentemente en el intento de potenciar el colegio. Varios elementos pesaron sobre la particular atención dedicada entonces por el sacerdote piamontés a la segunda de sus instituciones. Hemos recordado que, hacia mitad de los años 50, maduró en don Bosco la idea de un instituto religioso compuesto de personas entregadas a la educación de la juventud: en 1859, sostenido por el estímulo de Pío IX, pidió a algunos clérigos, que compartían ya el proyecto, que diesen su adhesión formal a la Sociedad salesiana. En este contexto el colegio de Valdocco venía a tener una función especialmente importante: serviría, precisamente, para favorecer el reclutamiento de personas dispuestas a abrazar el especial apostolado educativo de don Bosco. Su servicio resultaba tanto más precioso en cuanto que el internado, disponiendo de la sección de estudiantes y de artesanos, habría consentido alimentar, con la primera, las vocaciones sacerdotales y, con la segunda, las de los salesianos laicos." Naturalmente, cuando la Sociedad salesiana echó sólidas raíces y — confortada por el reconocimiento pontificio en 1869 — se difundió con la rapidez y con la amplitud que conocemos, el colegio de Valdocco ya no pudo cumplir de forma adecuada la función de vivero vocacional y, en aquel punto, fue necesario replantearse el problema en su globalidad y activar estructuras de formación específica.

Debió también de afianzarse en don Bosco la idea de la propuesta educativa de los colegios debido a la constatación de que el Estado persistía en reducir los espacios de libertad de que, hasta entonces, había gozado la Iglesia. Baste recordar que en 1855 — el año en que, no por casual coincidencia, don Bosco concebía su Sociedad salesiana — el gobierno había decretado la supresión de todas las congregaciones religiosas, a excepción de las que perseguían fines educativos y asistenciales?' Al final de los arios 50, se pusieron también dificultades y problemas a la Iglesia en el campo de la escuela. La ley Casati de 1859 consentía a los privados abrir escuelas propias en el sector de la instrucción secundaria, pero con la condición de que las personas encargadas de la enseñanza cumpliesen los mismos requisitos que se exigían para enseñar en una escuela secundaria pública." Esta disposición iba a suministrar las razones jurídicas de la acción vejatoria con que, por motivos frecuentemente ideológicos, la administración escolar comenzó a enfrentarse con las escuelas católicas mediante controles e inspecciones para verificar la conformidad de éstas con la ley. El gimnasio de Valdocco y el colegio fundado por don Bosco en 1863 en Mirabello Monferrato no escaparon a estas vejaciones. Si, además de esto, se considera que en 1861 el nuevo Parlamento proclamaba no sólo el Reino de Italia, sino también — aunque simbólicamente — Roma capital, con el conteracioso que la propuesta abrió inmediatamente; y si se tiene en cuenta que, sobre el telón de fondo de las tensiones entre el Estado y la Iglesia, las sectas intensificaron sus ataques contra la religión católica, no causa maravilla que don Bosco encontrase nuevas razones para preocuparse de la evolución socio-política y se convenciese de la extrema urgencia de dar vida a una red de colegios como estructuras educativas privilegiadas para salvaguardar a la juventud de los efectos disgregantes del cada vez más marcado ateísmo social.


70 Sobre don Giuseppe Pavia (1852-1915), cf. Un apostolo degli oratori festivi, Torino, Tipografia Salesiana 1919.

71 Como es sabido, la Sociedad querida por don Bosco estaba compuesta de sacerdotes, clérigos y coadjutores laicos. Para una visión de conjunto de la historia del coadjutor salesiano, cf. la documentción recogida por P. BRAMO, Religiosi nuovi per il mondo del lavoro, Roma, PAS 1961. Sobre las dificultades que don Bosco tuvo que superar en relación con la situación creada por la ley del 29 mayo 1855, cf. la minuciosa reconstrucción de los hechos en: STELLA, Don BoscI, p. 129ss.

72 Como la historiografía ha subrayado ampliamente, la ley Casati se atenía, pues, al criterio de una libertad vigilada. Entre las razones que movieron al legislador a seguir este camino, se pue

Don Bosco creía que «preservazione» e «immnnizzazione» eran ya las condiciones indispensables para una seria formación moral y religiosa de las nuevas generaciones." A esta luz se comprende el régimen de minuciosas reglas que, en los primeros años 60, introdujo en el colegio de Valdocco, tanto más que, como se ha observado, dicho colegio habría debido funcionar como pequeño seminario. Así como el oratorio festivo era una estructura «abierta» donde los muchachos entrarían y permanecerían con la sola condición de que tuviesen un trabajo y compartiesen los valores humanos y religiosos del ambiente, en la misma medida el colegio asumía el perfil de una institución «cerrada» respecto al mundo externo y controlada por precisas reglas referentes a la administración y a la permanencia. En el primer Regolamento del parlatorio, redactado en 1860 para Valdocco, se podían leer disposiciones como ésta: «1. No se permite a los jóvenes del Oratorio hablar con toda clase de personas sin el permiso explícito de los Superiores, o del Encargado. No pueden ser llamados al locutorio más de dos veces al mes, y solamente desde media hora antes de las dos de todos los días, excepto los festivos. 2. No se permiten nunca salidas especiales, ni con los parientes ni con otros [...] 7. No está permitido a los parientes entrar en los dormitorios de los jóvenes»." Pero igualmente rigurosa era la recomendación que don Bosco dirigía en 1863 a don Rua en una carta, destinada a convertirse (con el título de. Ricordi confidenziali ai direttorz) enden recordar: 1) la preocupación de evitar que un sistema de total autonomía pudiese ser usado, instrumentalmente, contra el Estado; 2) el deseo de que las escuelas creadas por libre iniciativa impartiesen una instrucción, al menos, digna. Sobre la ley Casaca y las reacciones provocadas por la misma, sobre todo en campo católico, me ocupé hace tiempo en: L. PAZZAGLIA, Educazione e scuola nel programma dell'Opera dei Congressi (1874-1904), en: Cultura e socktá in Italia nell'eta umbertina, Milano, Vita e Pensiero 1981 (especialmente p. 423ss).

74 Sobre el ideal de colegio acariciado por don Bosco, cf. las acotaciones de BRAMO, /I sistema preventivo, p. 330ss. (recogidas después en: L'esperienza pedagogica preventiva, p. 389ss.) y de STELLA, Don Bosco I, p. 121ss.

75 MB VI, 597-598.

uno de los textos clásicos de la tradición pedagógica salesiana: «No aceptarás nunca alumnos expulsados de otros colegios, o que sepas que son de malas costumbres. Si, a pesar de la debida cautela, ocurriese que se acepta alguno de este género, señálale enseguida un compañero seguro que le asista y no le pierda nunca de vista. Si cometiese faltas obscenas, avísesele una vez, y si recae, sea enviado inmediatamente a su casa»." También el Regolamento per le case de 1877, que don Bosco y sus colaboradores fueron preparando a través de diversas redacciones," llamaría la atención sobre la necesidad de una atenta prudencia en las aceptaciones.

Pero no se debe pensar que en Valdocco y en los otros institutos que se iban fundando, el rigor sustituyese a la alegría con una visión sombría de las cosas. Don Bosco estaba convencido de que la. alegría era «una forma di vita» congénita no sólo a la índole de los muchachos, sino también al cristianismo que, en cuanto anuncio de verdad, no podía sino producir gozo interior." A su entender, los jóvenes internos deberían, por tanto, gozar no sólo de adecuados entretenirnientos recreativos, sino, más,Olfundamente, de un clima general de confiado optimismo. Don A. Caviglia escribió que «el servite Domino in laetitia podría llamarse el undécimo mandamiento de la casa de don Bosco»." Y no se crea que, al caracterizarse el colegio por el orden y la disciplina, el sacerdote piamontés tuviese la intención de renunciar al espíritu de familia que tanto le interesaba y que él ponía en estrecha relación con la amorosa paternidad que el director debería usar con cada uno de sus jóvenes. En la citada carta a don Rua — al que también recomendaba que no transigiese mínimamente en lo que se refería a la rectitud de vida de sus huéspedes —, advertía: «Procura más bien hacerte amar que hacerte temer. La caridad y la paciencia te acompañen constantemente al mandar, al corregir, y obra de tal suerte que todos saquen por tus hechos y palabras que lo que buscas es el bien de las almas. Cuando se trate de impedir el pecado, toléralo todo»." Es sabido que, según don Bosco, si se quiere ayudar a los muchachos a desarrollar las riquezas interiores puestas en ellos por la gracia de Dios, es necesario rodearlos de una caridad sensible, por la cual cada uno de ellos se sienta valorizado. Desde esta óptica, juzgaba que el colegio, lejos de irritar a los jóvenes con ejercicios militarescos mortificantes, debía crear en torno a los alumnos un ambiente de serena familiaridad: las relaciones de bondad y de confianza recíproca suavizan las inevitables tensiones entre superiores y discípulos, y permiten a estos últimos crecer plenamente.


76 Los Ricordi confidenziali ai direttori han sido publicados por F. Motto en: Bosco, Scritti

pedagogici, p. 71-86 (el pasaje citado se halla en la p. 82).

Regolamento per le case della Societá di San Francesco di Sales, Torino, Tip. Salesiana 1877, ahora en: OE XXIX, 97-196; en el capítulo relativo a los criterios a seguir en la admisión de los muchachos, el Regolamento precisaba: «Parimenti si baderá a non ammettere dei giovani od altri individua, che per la loro cattiva condotta e massime perverse potessero riusdre d'inciampo a' propri compagni, pera si esigerá da ciascuno un certificato di condona dal proprio parroco» (p. 156-157).

78 BRAMO, L'esperienza pedagogica preventiva, p. 370.

79 A. CAVIGLIA, II Magone Michele (vol. V de las Opere e scritti editi ed inediti di don Bosco), Todito, SEI 1965, p. 149.

88 Bosco, Ricordi confidenziali, p. 79.

Casi no es necesario subrayar que, para don Bosco, la validez de un colegio se medía por la capacidad que tenía de promover, ante todo, la formación moral y religiosa. Ciertamente él evitaba cuidadosamente el mortificar las actividades referidas a la formación propiamente humana y profesional. Es más, don Bosco, animado por una visión cristiana profundamente empapada de humanismo, consideraba esencial, por ejemplo, que sus pobres artesanos adquiriesen la práctica de un oficio, pues de lo contrario, sin poder proveer digna.. mente a su vida, no podrían tampoco elevarse hacia los valores espirituales y religiosos. Aun así, la convicción de que el problema último era el de llegar a ser «fortunati abitatori del cielo» lo llevaba a considerar que la principal razón de ser del colegio consistía en inculcar a los jóvenes el temor de Dios y en colaborar con la gracia. Naturalmente, en el caso del colegio de estudiantes destinados por don Bosco para seminario, el fundamento religioso llegaba a ser más radical y la espiritualidad propuesta no se alejaba mucho de una normal preparación para el sacerdocio. A tal propósito basta leer las biografías que don Bosco dedicó a D. Savio (1859), a M. Magone (1861) y a F. Besucco (1864), tres jóvenes de relevantes cualidades morales y religiosas, que habían pasado aquellos años por Valdocco.81 Sus vidas hacían ver que la piedad fundamental de la que ellos se habían alimentado — de la oración a la frecuencia de los sacramentos, del cumplimiento de los deberes del propio estado a la devoción a María — era la de un internado de orientación seminarística.

Para comprender la idea que tenía don Bosco de un colegio católico, puede ser quizás útil la narración Valentino o la vocazione impedita, publicada por él en 1866." En el escrito se comparaban los dos colegios que el joven Valentino había conocido, frecuentando, en primer lugar, un instituto católico al que había sido mandado por el padre, descontento de la precedente experiencia, y donde el muchacho había descubierto que tenía vocación religiosa. Son sintomáticas las diferencias con las que don Bosco contraponía las dos casas. Éstas se distinguían en primer lugar por el enfoque fundamental: el instituto laico reservaba a las prácticas religiosas un puesto completamente marginal

8' G. BOSCO, Vita del giovanetto Savio Domenico allievo dell'Oratorio di San Francesco di Sales, Torino, Paravia 1859 (ahora en: OE XI, 151-292); G. Bosco, Cenno biografico sul giovanetto Magone Michele allievo dell'Oratorio di San Francesco di Sales, Torino, Paravia, 1861 (en: OE XIII, 155-250); G. BOSCO, Il pastorello delle Alpi ovvero vita del giovane Besucco Francesco d'Argentera, Torino, Paravia 1864 (en: OE XV, 243-434).

12 G. Bosco, Valentino o la vocazione impedita, Torino, Tip. dell'Oratorio di San Francesco di Sales 1866 (ahora en: OE XVII, 179-242). Cf. G. Bosco, Valentino o la vocazione impedita. Introduzione e testo critico a cura di M. Pulingathil, Roma, LAS 1987 (las citas que siguen han sido tomadas de esta edición).

(«no se hacía ni meditación, ni lectura espiritual; y las oraciones se recitaban en común, pero una- sola vez al día, estando de pie y muy deprisa»); el católico, en cambio, asumía la religión como propio principio inspirador («la religión [es] enseñada, recomendada y practicada de forma excepcional»). Pero, como el responsable de la edición crítica de la novela ha subrayado, los dos colegios se diferenciaban también desde el punto de vista metodológico.83 En efecto, mientras el primero parecía que se fundaba exclusivamente en la disciplina — al menos por los rasgos con que se describía al director —, el segundo se orientaba según una concepción pedagógica abierta — alegría, estudio, piedad — y podía, además, contar con la presencia discreta pero continua de un director constantemente preocupado del progreso moral y espiritual de sus muchachos-hijos."

4. Entre las exigencias de reglamentación y nuevos problemas educativos

Después que en 1869 la Sociedad salesiana tuvo el reconocimiento pontificio, don Bosco estuvo muy absorbido por preocupaciones de tipo jurídico-organizativo, porque debía redactar y hacer aprobar las Constituciones (18721874) y porque comenzando la Sociedad en 1875 a implantarse fuera de Italia y hasta a lanzarse en la empresa misionera, era necesario seguir su desarrollo, evitando que el rápido y amplio crecimiento resultara en menoscabo de una imprescindible unidad de orientación. De esta forma fue inducido a reflexionar sobre el sentido de su obra y sobre la especificidad característica." Las Memorie dell'Oratorio, redactadas por don Bosco en los primeros años 70, nacieron precisamente en el cuadro de tales reflexiones, y fueron elaboradas por el autor con el claro intento de dejar a sus propios colaboradores una especie de memoria viva de sus orígenes. En este contexto, el sacerdote piamontés hizo también la redacción definitiva de los Reglamentos para el Oratorio festivo y para las casas, que, como ya hemos recordado, fueron publicados en 1877.

83 Bosco, Valentino, p. 42-43.

84 A propósito del primero de los dos directores, se decía: « [Valentino] aveva un direttore affabile si, ma deciso nel comandare, severo nel pretendere, rigoroso in ogni ramo di disciplina» (Valentino, p. 58). El sacerdote que dirigía el colegio católico era presentado, por el contrario, como persona afectuosa, aunque no melosa, capaz de adentrarse en las heridas más secretas de los jóvenes interlocutores, inteligentemente preocupada del destino de las almas: «Da quel giorno la vita di lui [Valentino] fu di vera soddisfazione al suo direttore che non perdette piti di vista il figliuolo spirituale che aveva acquistato» (Ibid. p. 71).

a' Sobre la especial atención con la que don Bosco y sus colaboradores fueron inducidos, en aquellos años, a profundizar el sentido de su propuesta pedagógica, cf. PRELLEZO, Studio e riflessione pedagogica, p. Il sistema preventivo riletto dai primi salesiani, en «Orientamenti Pedagogici» 36 (1989) 40-61.

De forma totalmente ocasional tuvo origen, en cambio, Il sistema preventivo. En este momento nosotros no seguiremos su génesis, ni haremos un examen pormenorizado de sus contenidos, porque, en último término, tendríamos que repetir cosas que P. Stella y P. Braido han dicho ya eficazmente, resaltando — entre otras cosas — asonancias, convergencias y conexiones de la obrita con los escritos de autores como el hermano Agathon, el abate Blanchard, el canónigo Auclisio, el lazarista Monaci, el barnabita Teppa, mons. Dupanloup." Pero es útil subrayar que, a pesar de haber nacido como simple desarrollo de la conferencia dada por don Bosco el 12 de marzo de 1877 en Niza con ocasión de la inauguración del Patronage Saint Pierre, el pequeño tratado adquirió muy pronto, dentro y fuera de la Sociedad salesiana, una relevancia que ni siquiera el autor había imaginado.87 El hecho tiene su explicación: téngase presente que don Bosco, reordenando durante aquellos meses — junto con sus colaboradores — los Reglamentos, decidió introducir la conferencia de Niza en el Regolamento per le case (1877). De este modo, la obrita asumió, a los ojos de los salesianos, el significado de «ley fundamental», y bastante rápidamente fue utilizada como metro de juicio para valorar la conformidad de las varias casas — en actividad o en vías de institución — con los principios y el espíritu de la Sociedad salesiana.88 Es necesario añadir, sin embargo, que Il sistema preventivo tenía el valor objetivo de ilustrar de forma sumaria pero eficaz algunos de los criterios inspiradores de una experiencia de más de treinta años. En efecto, los tres principios — razón, religión, amabilidad —, sobre los que, más allá de la terminología represivo-preventiva completamente nueva en don Bosco, se llamaba la atención, constituían los contenidos y la metodología en la que se había inspirado, al realizar una obra que de la recuperación de los muchachos abandonados le había llevado, progresivamente, a ocuparse de la formación de los estudiantes y hasta de futuros sacerdotes. No hay, pues, que extrañarse de que, dentro de la Sociedad salesiana, el breve escrito se revistiese de tanta importancia y que don Bosco y sus colaboradores no sólo se persuadiesen de tener en las manos un sistema educativo propio, sino que comenzasen a considerarlo susceptible de ser aplicado más allá de sus ambientes educativos.89

La distancia con la cual hoy es posible examinar el opúsculo, permite ver mejor también su límites. P. Stella ha subrayado ya que dicho opúsculo tendía a supervalorar la antítesis preventivo-represivo con la consecuencia de descuidar una parte no indiferente de la problemática educativa; corría el riesgo de método de don Bosco comenzó a recibir, precisamente entonces, de estudios dedicados específicamente a él (cf. BRALDO, L'esperienza pedagogica di don Bosco, p. 32ss.).

De STELLA, véase Don Bosco II, p. 441-474; de BRAMO, L'esperienza pedagogica preventiva, p. 313-319, y sobre todo las amplias notas a G. Bosco, Il sistema preventivo nella educazione della gioventü, Introduzione e testi critici a cura di P. Braido, Roma, LAS 1985.

87 OE XXIX, 99-109.

88 BRAIDO, L'esperienza pedagogica di don Bosco, p. 28ss.

89 Fueron reforzados en esta persuasión, además, por los juicios favorables que el hacer creer que todo el problema consistía en evitar que los muchachos cometiesen errores; estaba demasiado condicionado por la fórmula del colegio y por la situación que llevaba consigo como, por ejemplo, la asistencia «visible» y «continua» de los jóvenes por parte de los educadores9° Con palabras un poco expeditivas, se podría decir que, más allá de sus indiscutibles méritos, Il sistema preventivo no reflejaba el abanico completo de las varias estructuras y actividades a las que el sacerdote piamontés había dado vida, ni la riqueza de motivaciones religiosas y pedagógicas implicadas. Lo que ocurre es que las formulaciones teóricas de don Bosco no lograban expresar justamente el concreto proyecto histórico, que con grande dinamismo y sentido de la realidad, él actuó gradualmente, tratando de adaptar sus ideales de sacerdote y educador a las diversas categorías de jóvenes que encontró a lo largo del camino.

Poi. lo demás, en el curso de la última década de su vida, don Bosco debía mostrar que se movía en un horizonte más amplio respecto al cuadro de referencia de la obrita de 1877. Sus inquietudes por las condiciones de la juventud continuaban creciendo. Sobre su estado de ánimo actuaban como de costumbre las vicisitudes políticas y especialmente el recrudecerse de la tensión en las relaciones entre Estado e Iglesia, las cuales con la conquista de Roma habían entrado en una fase crítica. Don Bosco temía que iba a deshilacharse el mismo tejido social, en gran medida por efecto de la acción disgregadora de la enseñanza pública. Precisamente poco después de la brecha de Porta Pia, el 29 de septiembre 1870, el ministro de Instrucción pública, C. Correnti, había hecho pública una circular con la que, alterando las disposiciones de la ley Casati, establecía que en las escuelas elementales la instrucción religiosa debía ser garantizada no a todos, sino a los que la hubiesen pedído.91 En las Memorie dell'Oratorio, don Bosco ponía un acento nostálgico en la situación que él había conocido como estudiante gimnasial en Chieri, que es difícil no poner en relación con el disgusto que le causaba el ver a los gobiernos del Estado italiano ensañándose con la presencia de la religión en la escuela: «Está bien que os recuerde aquí que en aquellos tiempos la religión formaba parte fundamental de la educación. Un profesor que, aun bromeando, hubiese pronunciado una palabra obscena o irreligiosa, era inmediatamente depuesto del cargo. Si se hacía así con los profesores, ¡imaginad qué severidad se usaba con los alumnos indisciplinados o escandalosos! ».92

" STELLA, Don Bosco II, p. 462ss.

U La disposición fue confirmada por la Circular del 12 de julio de 1871, la cual precisaba que era competencia de los ayuntamientos el hacer impartir la instrucción religiosa por los maestros o por otras personas declaradas idóneas para ello. Sobre las dos circulares de Correnti y, más en general, sobre la política perseguida por Correnti como responsable de la Instrucción Pública, cf. B. PISA, Cesare Correnti e il dibattito sulla laicitá dell'insegnamento, en «Rassegna Storica del Risorgimento» 62 (1975) 212-229, y las referencias en mi trabajo, Educazione e scuola nel programma dell'Opera dei Congressi, p. 426-427.

MO 54.


Pero mucho más profundas debieron de ser las preocupaciones de don Bosco en 1877 cuando, poco después de la llamada revolución parlamentaria, el gobierno de la Izquierda guiado por Depretis promulgaba, por iniciativa del ministro de Instrucción pública, Coppino, dos leyes que daban un ulterior empujón a la secularización de la escuela: la ley del 23 de junio, que disponía la abolición de los directores espirituales en los gimnasios, en los bachilleratos y en los institutos técnicos, y la ley del 15 de julio que no reconocía la religión entre las materias constitutivas de la instrucción elemental, avalando de esta manera el régimen introducido por Corren-ti." Don Bosco se confirmaba, una vez más, en la idea de que no sólo estaba en peligro el joven pobre y abandonado, sino todo muchacho que, junto a la fragilidad de la edad, debía ahora pagar un fuerte escote a una sociedad que iba marginando los valores religiosos.

Los viajes, que desde hacía algún tiempo llevaba a cabo en Europa visitando las casas salesianas, le hacían ver que la condición de los jóvenes en difi.. cultad, en el sentido precisado aquí, era una condición muy difundida, pues los problemas de los muchachos de Turín, Génova y Roma se presentaban no muy diversos de aquellos de sus coetáneos que vivían en París, Marsella o Barcelona. Don Bosco tenía la impresión de que la sociedad de los varios países europeos estaba, aunque fuera por motivos e itinerarios diversos, alejándose rápidamente de la religión como elemento unificador de la vida personal y colectiva, y pensaba que todos los muchachos — sobre todo los de las grandes aglomeraciones urbanas donde los tradicionales controles sociales desaparecían más fácilmente que en los ambientes rurales — estaban, aunque en forma diversa, igualmente expuestos al riesgo de crecer no sólo fuera de las verdades cristianas, sino también alejados de todo sano criterio moral. En este momento, para el sacerdote píamontés, el problema educativo comenzó a unirse cada vez más al de la regeneración de la sociedad y, en el caso de las misiones, al de la civilización de los pueblos. Don Bosco, en la medida en que tomaba conciencia de las graves dificultades con que se encontraba la juventud, en esa misma medida se convencía de que, una vez socorridos y ayudados los jóvenes en el plano religioso además del humano, se habrían puesto también las premisas para una renovación de la misma sociedad. A este propósito, es sugerente la experiencia misionera salesiana sobre la que el fundador llamaba la atención en la carta dirigida al card. Franchi el 13 diciembre 1877." Llegados a América latina, los misioneros salesianos habían creído oportuno no situarse en medio de los llamados «salvajes», sino en los confines de los pueblos civilizados, fundando allí iglesias, escuelas, hospicios para instruir a «aquellos indios que la religión o la necesidad hubiesen movido a buscar asilo entre los cristianos».

93 Sobre las iniciativas legislativas de Coppino y, más en general, sobre la política escolar de la Izquierda, cf. A. TALAMANC.A, Liberta della scuola e liberta nella scuola, Padova, Cedam 1975, p. 202ss.; M. BENDISCIOLI, La Sinistra storica e la scuola, en «Studium» 73 (1977) 447-466; PAZZA GLIA, Educazione e scuola nel programma dell'Opera dei Congressi, p. 438ss.

" EJE, 256-261.

" La razón de esta opción era la de hacer que los indios, integrados de este modo en la civilización cristiana, llegasen a ser, a su vez, educadores y evangelizadores de sus tribus: «contraer relaciones con los padres por medio de los hijos, con el fin de que los salvajes llegaran a ser evangelizadores de los mismos salvajes ».96

Se podría decir que don Bosco creía que se debía pensar en un criterio análogo para proceder a la regeneración de la sociedad. El camino que permitiría volver a colocar en el centro de la vida colectiva los valores morales y religiosos consistía en volver a acercar a tales valores a las nuevas generaciones. Pero entonces cobra un sentido más preciso la misma línea con la cual don Bosco, poco después de las vicisitudes del 48, y también en la última década de su vida, declaró que quería estar alejado de la política. En realidad (como él mismo tendría, al fin, que admitir), su empeño, sobre todo en esa última fase de la vida, se cargó de inflexiones civiles y latamente políticas, al menos allí donde trataba de hacer hincapié en la educación como instrumento fundamental de transformación social. El 31 de mayo de 1883 escribía a los Cooperadores de la ciudad de Turín: «¿Queréis que os sugiera un trabajo relativamente fácil, muy ventajoso y fecundo de los más amplios resultados? Pues bien, trabajad en torno a la buena educación de la juventud, especialmente de aquella más pobre y abandonada, que es la más numerosa, y vosotros lograréis razonablemente dar gloria a Dios, procurar el bien de la Religión, salvar muchas almas y cooperar eficazmente a la reforma, al bienestar de la sociedad civil; pues la razón, la Religión, la historia y la experiencia demuestran que la sociedad religiosa y civil será buena o mala, sergún sea buena o mala la juventud que ahora nos rodea»." El discurso mostraba lo que don Bosco tenía en su mente para la transformación social: una obra que, precisamente a través de la educación, debía poner a todos los jóvenes, especialmente a los pobres y abandonados, en condiciones de atender dignamente a su vida; pero cuyo objetivo último era el de promover la máxima difusión de los valores ético-religiosos, respetando a las autoridades públicas y las estructuras sociopolíticas constituidas.

Naturalmente con vistas a esta obra dirigida, en perspectiva misionera, a llevar «la parola della vita eterna» a pueblos enteros; y, en la perspectiva de la regeneración de las sociedades tradicionalemente cristianas, era necesario poder contar con energías e instrumentos adecuados para reproducir y para consolidar los valores ético-religiosos perdidos o debilitados. La conciencia de la amplitud del empeño llevaba a don Bosco a fundar una organización de Cooperadores con el fin de que, colaborando con las finalidades de la Sociedad salesiana, recogiesen a los muchachos de la calle y tratasen de transformarlos en buenos cristianos y honestos ciudadanos. Don Bosco, sin embargo, no se pararía aquí y, en vista de la realización de su proyecto, habría de buscar la ayuda de círculos de personas cada vez más amplios. Consideraciones de oportunidad y de conciencia de la insuficiencia de su obra, hacían comprender a don Bosco que, lejos de encerrarse en las propias instituciones, convenía dirigir sus pasos hacia un esfuerzo unido de iniciativas que, más allá de sus características especificas, estuviesen coligadas por la misma preocupación cari. tativo — educativa: «no entendemos — precisaba en un manifiesto de 1877 a los Cooperadores — que éste sea el único medio de hacer el bien en medio de la sociedad civil; al contrario, nosotros aprobamos y ensalzamos altamente a todas las instituciones, uniones, asociaciones públicas o privadas que tienden a beneficiar a la humanidad» 98 Pero, a cierto punto, su ansia educativa le llevó a cultivar la idea de un movimiento de Cooperadores en el cual hasta tendría que reconocerse la cristiandad entera.99
9, E III, 257. E III, 257.

" BS 7 (1883) 7, 104.

Por lo que se refiere a los instrumentos, en esta última fase, don Bosco hacía ver que ya no estaba ligado de forma prevalente, y mucho menos exclusiva, a la experiencia del colegio. Daba la impresión de querer hacer fructificar todas las oportunidades formativas que, gradualmente, había proyectado y actuado. La cosa se explica, ciertamente, con el hecho de que, encontrándose la Sociedad salesiana empeñada en varios frentes para responder a múltiples necesidades educativas, no existía una fórmula que, por principio, debiera prevalecer sobre las otras: en ciertos casos podía estar bien el colegio; en otros, el oratorio o la escuela nocturna. Pero a uno se le ocurre pensar que, durante estos últimos años, don Bosco tendía a revisar también algunas perspectivas, más generales, como, por ejemplo, la visión con la cual — coincidiendo con el momento de la «colegialización» — había terminado por concebir la relación educativa sobre la falsilla de una asistencia físicamente cercana y continua, y que, debiendo mantener con los mismos jóvenes dirigidos por él relaciones más bien discontinuas — a causa de los numerosos viajes fuera de Turín —, valorizase también, ahora, un tipo de «presencia amorosa y preventiva» más matizada, aunque igualmente partícipe.m)

Pero, sobre todo, se hacía cada vez más profunda la persuasión de que la tarea educativa consistía en hacer de cada muchacho un hombre maduro P. Braido diría un «uomo tradizionale rinnovato »—, de modo que, de «destinatario del proyecto» llegase a ser, al fin, el «protagonista-operador» de la reconstrucción de la sociedad cristiana.'" Respecto a este tema, son interesantes las múltiples conferencias que don Bosco fue dando a los Cooperadores y que el «Bollettino Salesiano» registraba puntualmente: «La limosna — decía en un encuentro de 1881 — se extiende al cuerpo y al alma, a la sociedad y a la religión, al tiempo y a la eternidad. [...] Se extiende a la sociedad doméstica y porque los citados muchachos, si son aptos para un taller, con el tiempo, se harán capaces para proveer un honesto sustento a su propia familia, y con su industria y actividad proporcionarán un no pequeño beneficio a la sociedad; si además se dedican al estudio de las ciencias y de las letras, se harán útiles a la sociedad con las obras del ingenio, o con este o aquel empleo civil. y después, tanto los unos como los otros, estando no sólo instruidos, sino — lo que es más importante —, sabiamente educados, serán siempre una garantía de moralidad y de buen orden entre el pueblo».'" La insistencia con la cual don Bosco daba tanto relieve a la limosna nacía, ciertamente, de la preocupación de subrayar la amplia gama de efectos benéficos que la caridad tiene ya sobre la tierra antes que en el cielo; pero, al mismo tiempo, hacía transparentar la intención profunda con la que él se ocupaba de la obra que sus benefactores le permitían realizar: aquella obra servía para promover el crecimiento humano-religioso, no sólo de cada persona particular, sino también de la sociedad en todas sus expresiones.


98 BS 3 (1877) 8, 2.

" BRAIDO, Il progetto operativo di don Bosco, p. 33-34.

m° Podría ser útil, quizás, leer desde esta óptica toda la producción literaria (libros, discursos, cartas) del último don Bosco.

BitAIDO, Il progetto operativo di don Bosco, p. 24; MILANESI, Sistema preventivo, p. 163-164.

102 BS 5 (1881) 12, 5.

LA PEDAGOGÍA DE SAN JUAN BOSCO EN SU SIGLO Guy AVANZINI -

Todo acontece como si San Juan Bosco fuese .el objeto de una representación paradójica: por una parte, en efecto, se le conoce y celebra por todas partes como un gran educador, es decir, un profesional de calidad excepcional, cuyo ejemplo se presenta suficientemente fecundo como para dinamizar e inspirar aún hoy a los institutos religiosos y a la familia espiritual que proceden de él.

Por otra parte, sin embargo, se duda en reconocerlo como un verdadero «pedagogo», en otorgarle un concepto de educación que le haga merecedor de situarse con todo derecho entre los de su siglo. Se le pinta y se le mira demasiado exclusivamente como sujeto de un carisma propio, que deriva de la gracia y de su santidad. No se atiende al modo con que, más allá de su persona, sus ideas se sitúan en la historia de las ideas y su problemática en las de su tiempo, valorando mal la novedad que él aporta.

Es esta imagen contrapuesta y, sin duda poco acertada, la que interesa intentar corregir. Después de haber precisado las razones y las condiciones de este intento, nos esforzaremos en determinar bien lo que, en relación con las corrientes dominantes de su época, especifica tanto la función que él asigna a la educación y los atributos que exige para que se dé, como el conocimiento del que esta actividad constituye el objeto.'




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