En la historia


Las primeras experiencias entre la juventud «pobre y abandonada»



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1. Las primeras experiencias entre la juventud «pobre y abandonada»

La versión dada por don Bosco, en sus Memorie dell'Oratorio, acerca de los comienzos del Oratorio, es generalmente conocida.5 En ese escrito, redactado en los primeros años 70, cuenta que empezó su obra en favor de los jóvenes abandonados el 8 de diciembre — día de la Inmaculada — de 1841, cuando, recién llegado a Turín para frecuentar el Convitto ecclesiastico dirigido por Cafasso y Guala, encontró casualmente a un joven, llamado Garelli, y, con su consentimiento, se puso a enseñarle algunas nociones de catecismo. La reciente publicación de algunos escritos inéditos de don Bosco autoriza, sin embargo, a. pensar que el Oratorio surgió de forma menos azarosa de lo que dichas Memorie querrían hacer creer.6 En el Cenno storico dell'Oratorio, de 1854,, el sacerdote piamontés escribió que había dado comienzo a su trabajo, reanudando, a finales del año 1841, una iniciativa catequística dominical veraniega para aprendices de albañil, iniciada años antes por Cafasso, pero que éste había abandonado después.' En los Cenni intorno all'Oratorio, de 1862, don Bosco afirmaba, en cambio, que había iniciado su obra para salir expresamente al paso de los problemas de los jóvenes presos, que, puestos en libertad, tenían necesidad de alguien en quien apoyarse. Las versiones dadas por los dos escritos — que, como se ve, no hacen ninguna alusión al episodio relativo al joven Garelli —, no son necesariamente contrastantes. En efecto, puede darse que don Bosco, aconsejado por don Cafasso, reactivase la experiencia catequística que éste no había tenido la posibilidad de proseguir: esto explicaría, entre otras cosas, la rapidez con la cual el novel sacerdote promovió los encuentros dominicales, desde sus primeras semanas en Turín. Pero no se puede excluir que, habiendo comenzado mientras tanto a visitar a los presos acompañando a don Cafasso —, se le hubiese ocurrido utilizar aquel servicio para ayudar también a los jóvenes salidos de la prisión. Fuese cual fuese la verdadera intención con la cual don Bosco emprendió su obra, queda claro que ésta, bastante. pronto, se iba a dirigir, no a una categoría específica, como era la de los ex presos, sino más en general a los muchachos «pobres y abandonados» de la ciudad o que llegaban a Turín desde los pueblos cercanos: jóvenes sin residencia fija, desocupados o empleados en trabajos eventuales, habituados a vivir precariamente, y expuestos a todos los riesgos de la calle.'


' P. BRAMO, L'esperienza pedagogica di don Bosco nel sao «divenire», ponencia presentada cc el seminario de estudio: «Don Bosco e la sua esperienza pedagogica: ereditá, contesti, sviluppi, ri soflame» (Venecia, 3-5 octubre 1988), cuyas actas fueron publicadas en «Orientamenti Pedago• gici» 31 (1989) 3-241, y en: C. NANNI (ed.), Don Bosco e la sua esperienza pedagogica, Roma, LA1 1989 (la ponencia de Braido: p. 11-39).

En este sentido se ha pronunciado Braido en: P. BRAIDO (ed.), Esperienze di pedagogía cris• tiana nella storia, vol. II: sec. XVII-XIX, Roma, LAS 1981, p. 322s.; BRAMO, Il progetto operativo di don Bosco, p. 19-20; y, últimamente, BRAIDO, L'esperienza pedagogica di don Bosco, p. 20-21.

5 MO 124-125.

6 Los escritos inéditos a los que nos referimos fueron publicados por: BRAIDO, Don Bosco nella Chiesa, p. 13-81. En realidad los escritos presentados por Braido son tres: una Introduzione (que había ya dado a conocer en: G. Bosco, Scritti sul sistema preventivo, p. 360-362), el Cennc storico dell'Oratorio di S. Francesco di Sales y los Cenni storici intorno all'Oratorio di S. Francesa di Sales. L'Introduzione y el Cenno storico fueron redactados según Braido en 1854; según lo: Cenni storici, en 1862.

La historiografía ha discutido ampliamente sobre las fuentes culturales de don Bosco. Por de pronto, hay que observar que la decisión de reunir, los domingos, a grupos de jóvenes para entretenerlos con algunos juegos e instruirlos en las verdades del cristianismo, no constituía una novedad. El título de verdadero iniciador de aquel tipo de actividades en Turín correspondería, en todo caso, a don Cocchi, el cual había abierto, el año 1841, el «Oratorio dell'Angelo Custode» en el barrio del Moschino.9 En otras ocasiones, teniendo presentes las indicaciones dadas por algunos estudiosos, además de los testimonios provenientes del ambiente de don Bosco, he sostenido que el Oratorio de este último se fue caracterizando, respecto al de don Cocchi, por un más organizado empeño educativo.10 Tal afirmación habría, quizás, que matizarla un poco, pues, en realidad, el Oratorio del Angel Custodio no dejó de promover, a lo largo del camino, iniciativas que, más allá de la preocupación de entretener a los muchachos con juegos y ejercicios físicos, se proponían atender a la formación moral, religiosa y cívica. Es singularmente interesante, a este respecto, el proyecto de escuelas dominicales y nocturnas que don Cocchi, con la ayuda del teólogo R. Murialdo, perfeccionó en 1847:" un proyecto que, por lo menos en el papel, no tenía nada que envidiar a las líneas educativas que, en los últimos años 40, había madurado Bosco.
7 Escribe don Bosco: «Quest'Oratorio, ovvero adunanza di giovani ne' giorni festivi comindó nella chiesa di S. Francesco di Assisi. II Sig. D. Caffasso giá da parecchi anni in tempo estivo faceva ogni Domenica un catechismo a' garzoni muratori in una stanzetta annessa alla sacrestia di delta chiesa. La gravezza delle occupazioni di questo Sacerdote gil fecero interrompere questo esercizio a lui tanto gradito. Io lo ripigliai sul Emite del 1841, e cominciai col radunare nel medesimo luogo due giovani adulti, gravemente bisognosi di religiosa istruzione» (BRAIDO, Don Bosco nella Chiesa, p. 38-39). Diversos estudiosos han atribuido a la iniciativa de Cafasso el comienzo de los oratorios en el Convitto de Turín. Incluso P. Stella, el más informado estudioso de don Bosco, en su obra: Don Bosco 1, p. 95. P. Braido, sin embargo, recuerda que en la tradición salesiana esta atribución ha sido impugnada por algunos: BRAIDO, Don Bosco nella Chiesa, p. 38.

8 El texto del 62 afirma perentoriamente: «L'idea degli Oratori nacque dalla frequenza delle carceri di questa dttá» (BRAmo, Don Bosco nella Chiesa, p. 60).

9 Puede verse sobre don Cocchi: E. REFFO, Don Cocchi e i suoi artigianelli, Torino, Tipografia S. Giuseppe degli Artigianelli 1896; se encuentran referencias en el estudio dedicado por el mismo Reffo a la Vita del T. Leonardo Murialdo, Torino, Tipografía S. Giuseppe degli Artigianelli 1905; se halla también amplia información acerca de don Cocchi y, más en general, acerca de los oratorios turineses en: A. CASTELLANI, II beato Leonardo Murialdo, 2 vol., Roma, Tipografía S. Pio X 1966-1968.

No debe sorprender que la nueva generación de sacerdotes — como don Bosco y don Cocchi, profundamente animados del deseo de socorrer los sectores sociales más míseros — vinculase el crecimiento de los jóvenes pobres y abandonados a una mejor educación de los mismos, también desde el punto de vista cívico. Téngase presente que, desde hacía algún tiempo, la cultura de la prevención, superando la visión defensivo-punitiva de los siglos precedentes, estaba subrayando la urgencia de ayudar a los jóvenes marginados, dándoles los instrumentos indispensables para integrarse en la sociedad. Los exponentes de tal cultura — muy preocupados por las repercusiones sociales del pauperismo, de la mendicidad, del vagabundeo — recomendaban contener los fenómenos de la marginalidad con una serie de medidas indirectas. Entre éstas, en primer lugar, la instrucción y educación de los niños y adolescentes necesitados.' Para evitar falsas interpretaciones, es oportuno añadir que, aunque colocándose en una posición mucho más abierta respecto a la represiva de la tradición, la nueva concepción preventiva seguía considerando a la sociedad existente como una estructura intrínsecamente buena, y seguía considerando a las personas colocadas en los márgenes del consorcio civil como a sujetos «peligrosos», a los que había que ayudar, desde una perspectiva esencialmente paternalista. No podemos decir si don Bosco siguió y profundizó las publicaciones de estudiosos como Morichini, Petitti o De Gérando." Pero, desde los comienzos de su actividad, conoció la acción realizada en Turín por instituciones como el Albergo di Virtú o la Opera della Mendicitá Istruita, que, activas ya desde hacía tiempo, habían renovado recientemente su ayuda en favor de los jóvenes en peligro («perícolanti»)."


i. L. PAZZAGLIA, Apprendistato e istruzione degli artigiani a Valdocco (1846-1886), en: F. TRANIELLO (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, Torino, SEI 1987, p. 16-17; respecto a la hipótesis de que el Oratorio de don Bosco tenía un enfoque pedagógico más sólido y completo que el de don Cocchi, cf. G. CHIOSSO, L'Oratorio di don Bosco e il rinnovamento educativo nel Piemonte carloalbertino, en: BRAIDO, Don Bosco nella Chiesa, p. 98ss.

" Oratorio dell'Angelo custode, en «L'Educatore. Giornale d'Educazione ed Istruzione» 3 (1847) 762-765.

<2 Acerca de los debates que, en la primera mitad del Ochocientos, se entablaron en torno al tema de la prevención socio-asistencial, cf. G. MILANESI, Sistema preventivo e prevenzione in don Bosco, comunicación presentada en el citado seminario de Venecia: «Don Bosco e la sua esperienza pedagogica» (p. 148-165).

" C.L. MORICHINI, Degl'Istituti di pubblica carita e d'istruzione primaria in Roma, Roma,



Estas breves alusiones permiten precisar el contexto en el que don Bosco empezó a trabajar. Su opción de ponerse al servicio de la juventud pobre y abandonada arrancaba, ciertamente, de forma directa y prevalente, de las razones propias de la caridad cristiana; pero, aun así, no se puede dudar de que, inicialmente, las modalidades de tal opción se tiñeron de las orientaciones de la cultura preventiva de la época. Es decir, muy pronto, don Bosco comprendió la necesidad de contrarrestar la marginación de la juventud por medio de un generoso y fuerte empeño asistencial-educativo; pero en términos no-muy lejanos de los típicos de la cultura entonces generalizada, comenzó su trabajo considerando que todo el problema consistía en volver a ganar a los jóvenes para la vida social. Esta perspectiva se alimentaba, principalmente, de la convicción de que, siguiendo la inspiración de los principios de la tradición cristiano-católica, la sociedad era capaz de «garantire ordine, sanitá morale, pace religiosa»." Para darse cuenta de la confianza con la cual don Bosco miraba el orden social — al que el viento revolucionario había asestado un duro golpe, y que la Restauración trataba de volver a poner en pie —, es suficiente hojear la Storia ecclesiastica, redactada por él en 1845, y considerar el juicio negativo emitido sobre los movimientos revolucionarios que, a su entender, tenían como objetivo la desestabilización de los equilibrios conseguidos con la alianza entre el trono y el altar.16 No se puede, sin embargo, excluir que hayan pesado además sobre don Bosco el concepto algo pesimista de la naturaleza del hombre y el sentido agudo del pecado original adquiridos en el seminario en la clase de teología rigorista que allí se enseñaba, y por cuyas sugestiones él mismo había sido inducido a dudar hasta de la propia capacidad de salvarse." Los escritos de este período — piénsese en los Cenni storici della vita del chierico Luigi Comollo" o en el testimonio acerca de su compañero de seminario G. Burzío19— dan la impresión de que en aquel momento don Bosco tenía un concepto de los jóvenes matizado de severidad. Son sintomáticas las valoraciones hechas entonces de sus ex compañeros seminaristas. Uno se sentiría inclinado a decir que no logró descubrir en ellos más que seres vacíos y superficiales, aunque sea con la excepción de algunos «veramente buoni»; pero estos últimos — anotaba — «son pocos, y precisamente por esto se debe usar la más atenta cautela, y, encontrados algunos, tratarlos con frecuencia, y establecer aquella familiaridad espiritual de la cual se recaba tanto provecho».2° En la perspectiva de una visión que parecía dar poco crédito a la juventud en general, era natural que, al entrar en contacto con la categoría de los muchachos más extraviados, don Bosco pensara que el único camino a seguir fuese el de reintegrarlos en el contexto social en el que, en virtud de las costumbres inspiradas en los principios religiosos, tales jóvenes podrían mantenerse en el recto sendero.
Stamperia dell'Ospizio apostolico presso P. Aurelj 1835; C.I. PErn II DI RORETO, Saggio sul buon governo della mendicita, degli istituti di beneficenza e delle carceri, Torino, Bocca 1837; J.M. DE GÉRANDO, Della pubblica beneficenza, 7 vol., Firen7e, C. Torri 1842-1846.

" Sobre el «Albergo di Virtil», cf. G. PONZO, Stato e pauperismo in Italia: L'Albergo di virtú di Torino (1580-1836), Roma, la Cultura 1974. Sobre la «Opera della Mendidtá Istruita», cf. las amplias referencias de P. STELLA, Don Bosco nella storia economica e sociale (1815-1870), Roma, LAS 1980, p. 61ss.

BRAIDO, L'esperienza pedagógica di don Bosco, p. 20.

16 G. BOSCO, Storia ecclesiastica ad uso delle scuole utile per ogni ceto di persone, Torino, Tip. Speirani e Ferrero 1845, ahora en: OE I, 161-556.

" Respecto a la formación recibida por el joven Giovanni Bosco en el seminario de Chieri, además de los recuerdos del mismo don Bosco (MO 89ss), se puede ver la paciente reconstrucción de STELLA, Don Bosco I, p. 51ss.

18 [G. Bosco], Cenni storici sulla vita del chierico Luigi Comollo morto nel seminario di

Pero ya en los primeros arios de la estancia en Turín, don Bosco puso premisas significativas para una ampliación de sus perspectivas. Mientras tanto, el perfeccionamiento pastoral en el Convino, realizado bajo la prudente guía de Cafasso (que continuaría siendo el director espiritual de don Bosco hasta 1860), le permitió superar el rigorismo teológico del seminario con concepciones espirituales caracterizadas por un sentido de mayor equilibrio.21 En la escuela de Guala y Cafasso, don Bosco encontró y conoció mejor a autores como San Alfonso de Ligorio, San Felipe Neri, San Francisco de Sales. Reflexionando sobre ellos, pudo abrirse al sentido de la esperanza cristiana y del abandono confiado en la misericordia de Dios. El Convitto resultó muy eficaz altres categorías: «cattivi», «non cattivi, ma non moho buoni», «veramente buoni» (OE I, 63-64).
Chieri ammirato da,tutti per le sue singolari virtú scritti da un suo collega, Torino, Tip. Speirani e Ferrero 1844, ahora en: OE I, 1-83.

19 La «notificazione» hecha por don Bosco apareció en: F. GIORDANO, Cenni istruttivi di perfezione proposti a' giovani desiderosi della medesima nella vita edificante di Giuseppe Burzio, Tocino, Stamperia degli Artisti tipografi 1846, p. 96ss., ahora en: OE II, 6ss.

2° El juicio, en realidad, era el que don Bosco decía haber escuchado de labios de su compañero Comollo, y formaba parte de la división con que éste había clasificado a los clérigos, según

Es fácil suponer que ésta fuera también la apreciación de don Bosco. De las Memorie dell' Oratorio parecería desprenderse que a esa clasificación de los jóvenes según las tres categorías recordadas, don Bosco había llegado, por su cuenta, al valorar a sus compañeros de latinidad, durante los años de los estudios secundarios en Chieti (cf. MO 50-51). Sobre el juicio bastante crítico que, en los primeros años 40, emitía sobre el seminario y sobre sus moradores, se puede ver también el testimonio acerca de su compañero G. Burzio, en el que sostiene que un buen seminarista debería tener, con los ojos de la paloma, la sagacidad de la serpiente, si desea salir inmune «da' scogli nascosti a flor d'acqua, che nel porto medesinio potrebbero delle volte presentare il naufragio e la morte» (OE II, 8-9). Entre estos «scogli», don Bosco ponía en primer lugar el de los malos compañeros.

21 Sobre los años pasados por don Bosco en el Convitto, cf. STELLA, Don Bosco I, p. 85ss.

22 Sobre las relaciones de don Bosco con San Alfonso, cf. STELLA, Don Bosco I, p. 87ss.;

M. MARCOCCITE, Alle radici della spilitualitá di don Bosco, en este mismo volumen. Sobre los contactos de don Bosco con el pensamiento de San Felipe Neri y de San Francisco de Sales, cf. BRAMO, L'esperienza pedagogica preventiva, p. 306-307.

ayudarle a fijar las lineas fundamentales de su apostolado. Impulsado a salir de las abstractas diatribas doctrinales para confrontarse con las exigencias de la concreta cura de almas, don Bosco comprendió que, en vista de la gloria de Dios, lo que contaba no era la adopción de una doctrina teológica en lugar de otra, sino más bien la ayuda efectiva que, como sacerdote, era capaz de dar a las personas.

En octubre de 1841, terminada su práctica pastoral en el Convitto, llegó a ser capellán de la «Opera Pia del Rifugio» de la marquesa Barolo, y tuvo la posibilidad de dar a sus encuentros dominicales con los jóvenes una organización más estable: fue precisamente durante el período del Refugio cuando don Bosco comenzó a designar su obra con el nombre de «Oratorio di San Francesco di Sales». La actividad que fue desarrollando (de acuerdo con una fórmula que unía siempre a la explicación del catecismo pasatiempos alegres y entretenidos, además de momentos de verdadera y propia instrucción), debía confirmarlo en la persuasión de que sólo viviendo con los muchachos y cuidándose de ellos era posible conducirlos a pensar en las cosas del cielo 23 Es decir, don Bosco se daba cuenta de que un punto esencial de su acción era hacer comprender a sus jóvenes que habían encontrado un «amigo», una persona de quien se podían fiar y a la que era posible abrir el propio corazón. En aquel momento, cuando los muchachos se sintiesen circundados de profundo afecto y sincera solidadaridad humana, el problema de su recuperación resultaría menos difícil: «Fue entonces — diría más tarde refiriéndose a aquellas primeras experiencias — cuando yo palpé con la mano que los jóvenes salidos del lugar de castigo, si encuentran una mano benévola, que cuide de ellos, los asista en los días festivos, trate de colocarlos a trabajar con algún honesto patrón, yéndolos a visitar alguna vez a lo largo de la semana, estos jóvenes comenzaban una vida honrada, olvidando el pasado, llegaban a ser buenos y honestos ciudadanos ».24

Los historiadores se han preguntado si don Bosco adquirió esta idea de prevención en un sentido más marcadamente promocional impulsado por alguna fuente precisa. Se puede decir, sin más, que la profundización del apostolado de un San Felipe Neri o de un San Francisco de Sales no podía dejarlo indiferente, sobre todo, por las orientaciones que daban sobre aspectos como la alegría, puesta por San Felipe Neri en el centro de su propia visión educativa, o como la dulzura y caridad, que San Francisco de Sales tanto recomendaba a los que se preparaban a comenzar su trabajo en la cura de almas.23

23 Por lo que se refiere a la instrucción propiamente dicha, don Bosco comenzó organizando los domingos un breve encuentro instructivo encaminado a impartir a los muchachos los primeros rudimentos de la lectura y escritura: en los Cenni storici se lee que la «scuola domenicale» se inició en el 1845, pero Braido opina que esta fecha habría que retrasarla un año (cf. BRAMO, Don Bosco nella Chiesa, p. 68).

24 MO 127.

" Don Bosco hacía, en su Storia ecclesiastica, algunas alusiones a san Felipe Neri y a San Junto a estos maestros de la espiritualidad, don Bosco tuvo también seguramente presentes algunos autores de la literatura ascético-pedagógica menor, de la cual la Iglesia se servía (y no sólo desde entonces), para difundir en medio del pueblo el culto de las verdades y de las virtudes cristianas. P. Stella ha verificado que, entre las fuentes del Giovane provveduto — redactado por don Bosco en 1847 para ayudar a sus muchachos a vivir como cristianos" —, hay que poner una obrita de Gobinet, autor de diversos escritos devocionales profundamente empapados del espíritu de San Francisco de Sales." Pero en la base de la reflexión y de la praxis de don Bosco, ocupado en consolidar su Oratorio, se pueden encontrar también analogías y coincidencias con obras de autores y ambientes contemporáneos. Piénsese, por ejemplo, en la propuesta pedagógica de los hermanos de las Escuelas Cristianas, a la enseñanza de Aporti, a las temáticas de los educadores y de los pedagogos que se agrupaban en torno a la revista «L'Educatore Primario». Podríamos decir que se trata de todo un movimiento que, aun sin llevar adelante una acción programática-mente coordenada, estaba poniendo de relieve la importancia de la educación popular y subrayando la urgencia de una obra de formación que, antes de castigar y reprimir, debería evitar que los muchachos cometiesen el error.28 Sin embargo, P. Braido ha mostrado que, aparte algunas relevantes coincidencias, no existe una documentación que permita hablar de una directa dependencia entre don Bosco y aquellos autores o grupos, con algunos de los cuales man‑

Francisco de Sales, así como a otros apóstoles surgidos después del concilio de Trento (OE I). Son significativos los rasgos con que fueron caracterizados los dos santos: «Correva per le piazze, per le contrade raccogliendo specialmente i ragazzi i piú abbandonati, i quali radunava in qualche luogo, dove con lepidezze ed innocenti divertimenti li teneva lontani dalla corruzione del secolo, e li istruiva nelle veritá della fede» (Ibid., p. 473); de San Francisco de Sales: «Spinto dalla voce di Dío che lo chiamava a cose grandi; colle sole armi della dolcezza e carita si parte per Chiablese. Alla vista delle chiese abbattute, dei monasteri distrutti, delle croci rovesciate, tutto s'accende di zelo e comincia il suo apostolato» (Ibid., p. 479-480). En las Memorie dell'Oratorio, indicando las razones por que había decidido designar su obra con el nombre de San Francisco de Sales, precisaba que lo había hecho, entre otras cosas, para que este santo «ci ottenesse da Dio la grazia di - poterlo imitare nella sua straordinaria mansuetudine e nel guadagno delle anime» (MO 141).

26 G. Bosco, Il giovane provveduto per la pratica de' suoi doveri degli esercizi di cristiana pietá per la recita dell'Uffizio della Beata Vergine e de' principal:* vespri dell'anno coll'aggiunta di una scelta di laudi sacre ecc., Torino, Paravia 1847, ahora en: OE II, 183-532.

27 La obra en cuestión de Gobinet es Instruction de la jeunesse en la piété chrétienne..., publicada por primera vez en 1655, y destinada a convenirse, muy pronto, en un libro de espiritualidad juvenil muy difundido. De las varias traducciones italianas recordamos: P. GOBINET, Istruzione della Gioventú nella pietá cristiana, Tocino, Associazione prenso i librai Maspero e Sena 1831 (que constituía el vol. 23 de la «Scelta biblioteca economica d'opere di religione»). Sobre las relaciones entre el Giovane provveduto y el escrito de Gobinet, cf. P. STELLA, Valori spirituali nel «Giovane provveduto» di san Giovanni Bosco, Roma, Scuola Grafica Borgo Ragazzi Don Bosco 1960.

28 Cf. a este propósito: P. BRAMO, Stili di educazione popolare cristiana alíe soglie del 1848, en: Pedagogia fra tradizione e innovazione, Milano, Vita e pensiero, 1979, p. 383-404; BRAIDO, L'esperienza pedagogica preventiva, p. 310-313; G. CHIOSSO, L'Oratorio di don Bosco, en: BRAIDO, Don Bosco nella Chiesa, p. 83-116.

tuvo relaciones." Obviamente, de este hecho no es licito concluir que él haya elaborado sus convicciones educativas a partir de su sola experiencia, alimentada a lo sumo con las tradiciones espirituales y ascéticas aludidas más arriba. Las analogías recordadas indican que don Bosco participaba, por lo menos, de un mismo clima cultural.

De todos modos, es cierto que, al final de los arios 40, el sacerdote piamontés se acercaba a una visión más serena.cle la juventud, aunque sin caer en cierto optimismo rousseauniano; acerca del cual, por el contrario, continuó manteniendo con firmeza sus reservas. Es fácil poner de relieve en Ii giovane provveduto que don Bosco estaba madurando aquella visión más serena, en estrecha relación con la perspectiva teológica fundada sobre un Dios que — en modo diverso del conocido a través de las doctrinas rigoristas del seminario —, asumía cada vez más la imagen de un padre bueno, deseoso de ayudar a los hijos a lograr la propia salvación. En el cuadro de tal concepción, don Bosco afirmaba así: «Convencidos, queridos hijitos, de que todos hemos sido creados para el paraíso, debemos dirigir todas nuestras acciones a este fin. A esto os debe mover especialmente el gran amor que Dios os tiene. Aunque Él ame a todos los hombres, como obra de sus manos, tiene, sin embargo, un amor especial para los jovencitos, en los cuales encuentra sus delicias: Delíciae meae esse cum filiis hominum. Por lo tanto sois la delicia y el amor de aquel Dios que os creó. Él os ama porque estáis todavía a tiempo para hacer muchas obras buenas; os ama porque estáis en una edad sencilla, humilde, inocente, y, en general, no habéis sido todavía presa infeliz del enemigo infernal»."

La base sobre la que don Bosco habría edificado su concepción preventiva estaba ya puesta. Si la juventud se presentaba no sólo como la parte de humanidad más amada por. Dios, sino también como el tiempo más precioso para ganarse el paraíso, los adultos tenían la delicada tarea de acercarse con caridad paterna y con razonable solicitud a los jóvenes para sostenerlos en su fragilidad y, con la ayuda de la gracia, hacer crecer en sus corazones el amor de la virtud y de la vida cristiana. Con otras palabras, la propuesta hacia la que don Bosco se estaba encaminando era una propuesta educativa que, aun sin desconocer la importancia del sostén de las estructruras sociales, buscaba, ante todo, consolidar las energías interiores de cada muchacho, de modo que fuese puesto, gradualmente, en la condición de discernir y querer el bien.

29 Éste no comparte, por tanto, la posición de quien, como A. Caviglia, ha llegado a sostener que don Bosco vendría a depender de las perspectivas pedagógicas de los hermanos de las Escuelas Cristianas y de los pedagogos que se agrupaban en torno a «L'Educatore Primario» (cf. BRAIDO, L'esperienza pedagogica preventiva, p. 310).

30 OE IL 190-191.





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