En la historia


La Asociación de Católicos de Barcelona



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2. La Asociación de Católicos de Barcelona

De cuanto se ha expuesto hasta ahora se desprende que esta organi2aeió es la que estuvo en mayor contacto con don Bosco a raíz de su visita a Barcen lona en 1886. Las relaciones de amistad comenzaron en 1884, cuando dcha tuvieron supo de la existencia de los salesíanos y de su Fundador y se mantuvieron vivas aun después de haber recibido la noticia de la última enfermedad y muerte del mismo, en enero de 1888.46

2.1. Origen y desarrollo

La Asociación de Católicos de Barcelona47 se constituyó el 19 de marzo de 1871. «Queríase — escribía más tarde el abogado José María Vergés, buen conocedor de la misma — que, a favor del entusiasmo, de la esplendidez y de la buena organización, se hiciera el catolicismo de moda, si es licito usar tal expresión, y que viniera a convertirse en título de gloria ante el muno, dejando de ser estigma con que el enemigo señala a sus odiados rivales a l da saña de sus adeptos, la cualidad insigne de católicos e hijos de la Iglesia que con júbilo ostentan cuantos forman parte de nuestra agrupación».48

Tal era la meta a que aspiraban aquellos hombres que en la iglesia parroquial de San Jaime, con la solemne celebración eucarística y la comunión general de la fiesta de San José de 1871,49 ponían en marcha la nueva entidad. Sólo buscaban ser católicos a secas, para poder dar así un nuevo prestigio a la religión que ellos veían criticada por todas partes a raíz de la Revolución de Septiembre de 1868." Aun después de varios años, la Asociación era consciente de la «azarosa época» en que había sido fundada?'

El iniciador principal de la misma fue don José Coll y Vehí 1876),52 ca‑

48 Cf. R. ALBERO', Resonancia de la muerte de Don Bosco en Barcelona, en «Salesiantun» 50 (1988) 191-214.

47 En buena parte al menos, hoy es posible reconstruir la historia de esta entidad gracias a la documentación que se halla en el antiguo Archivo de la Diputación Provincial de Barcelona (para la cuestión de las escuelas) y, sobre todo, en el Archivo Diocesano de Barcelona. Aquí (Arxiu Diocesá de Barcelona = ADB) se pueden consultar diversos materiales impresos y no impresos (Entitats Eclesiástiques Antigues. Asociación de Católicos de Barcelona). Particularmente interesante es el Libro de Actas, en sus dos cuadernos: el primero (= Actas I) se extiende de abril de 1871 a marzo de 1886; el segundo (= Actas II), desde marzo de 1886 a junio de 1896. Ver notas 31 y 34. 48 «Boletín de la Asociación de Católicos de Barcelona» 11 (1881) 170.

48 Unos meses antes (diciembre de 1870) el Papa Pío IX había proclamado al Santo Patriarca como Patrono de la Iglesia Universal. Por su parte, la Asociación de Católicos de Barcelona se había puesto oficialmente bajo la protección de este santo (Estatutos, art. 11.

" Cf. La Iglesia en la España contemporánea (1808-1975), en: R. GARCÍA VILLOSLADA (ed.) Historia de la Iglesia en España, V, Madrid, RnicA 1979, p. 227-256.

5' «Boletín de la Asociación de Católicos de Barcelona» 2 (1880) 22.

52 Ver este nombre en el Dkcionari BiográfiC, I, Barcelona, Alberti editor, 1966, p. 591.

tecirático de la Universidad de Barcelona, escritor y crítico literario. Había sido Ais 'pulo de Manuel Milá y Fontanals (t 1884) y se relacionó mucho con Juan --pá-acrilé y Flaquer (t 1901) y con Manuel Durán y Bas (t 1907). Se le ha considerado como uno de los representantes del conservadurismo catalán. Dentro de la Asociación gozó de un prestigio inmenso. "

Entre otros, le ayudaron en la fundación de la sociedad el mencionado José ajaría Vergés y el reverendo José Morgades y Gil (t 1901) que a la sazón era canónigo penitenciario de la catedral de Barcelona. Doctorado en Teología y Derecho Canónico Y profesor en el seminario conciliar, ya se había dado a conocer como propulsor de la cultura y de las obras benéficosociales.54

La junta interina, presidída por Coll y Vehí, terminó sus funciones el 30 de abril de 1871 y fue sustituida por una junta directiva propiamente dicha. Entraba en ésta,55 como presidente, el citado señor Coll y, como vicepresidente, el también citado José Morgades. Este, según el «Diario de Barcelona», llegó a ser «decidido protector del Instituto Salesíano» de Sarriá.56

En la misma junta directiva ejercía el cargo de secretario primero el señor Narciso María Pascual de Bofarull (t 1902), abogado de profesión y cuñado de Luis Martí-Codolar (t 1915) y que, por estar casado con María Jesús Serra y Chopitea (desde 1844), era yerno de José María Serra y Muñoz (t 1882) y de Dorotea Chopitea y Villota (t 1891). La futura «mamá» de los salesianos de Barcelona (desde 1884) ya había iniciado para entonces (1871) la fundación y organización de obras asistenciales y tenía en el señor Pascual un colaborador inteligente, generoso y fiel.

La aparición de las asociaciones de católicos no fue un hecho exclusivo de Barcelona, sino que, ya antes, se había dado en otras ciudades españolas, comenzando por Madrid. Los fundadores — todos ellos seglares y adscritos al conservadurismo políticoreligioso — aprovecharon precisamente la libertad de asociación que acababa de proclamar la Revolución de Septiembre de 1868, para crear un gran frente común que fuera capaz de oponerse al espíritu laicista y anticlerical de dicha Revolución, promover una cultura inspirada en la fe católica — íntegramente profesada, según decían — y, en fin, defender la unidad católica de España." Este movimiento se ponía en marcha io antes de terminar el año de la Revolución (1868) y, desde el siguiente, se v completado y 52 «Modesto, sabio, virtuoso e infatigable defensor de la verdad», según se le describe en la Memoria y discurso leídos por el vocal secretario Juan F. Muntadas y Vilardell y el presidente D. José de Sans en la Junta General de socios celebrada el 24 de mano de 1878. Barcelona 1878, P. 12.

34Ver este nombre en la Gran Enciclopédia Catalana, vol. 10, Barcelona 1977, p. 314-315. 58 Cf. Actas I, en la fecha indicada.

" Miércoles 21 de abril de 1886, p. 4626. Edición de la mañana. En 1882 había sido nombrado obispo de Vic (Barcelona) y, a los cuatro años, tuvo ocasión de saludar personalmente a don Bosco en la incipiente casita salesiana de Sarriá. Cf. Cronaca, 20 Aprile 1886. Barcellona.

57 Cf. Iglesia en la España contemporánea, p. 242-247; J. ANDRÉS GALLEGO, La política religiosa en España 1889-1913, Madrid, Editora Nacional 1975, p. 9-15.

animado por las agrupaciones juveniles correspondientes, tales como la Academia de la Juventud Católica de Barcelona, que ya tenía redactado un primer reglamento en noviembre de 1869.58

Pero los años del Sex.enio Revolucionario — Revolución (1868), Gobierno Provisional (1868-1870), Monarquía de Amadeo I de Saboya (1870-1873), Primera República (1873-1874), Régimen Interino (1874) — no resultaban nada favorables para el desarrollo normal del asociacionismo católico. Éste, ante una situación permanente de anarquía y de anticlericalismo (tanto de signo gubernamental como popular), ante los brotes de la primera Internacional obrera y ante un nuevo choque de las guerras carlistas, se vio obligado a reducir, camuflar o suprimir sus actividades."

La Asociación de Católicos de Barcelona pronto fue objeto de sospechas y malentendidos por parte del Gobierno civil.," que, a pesar de las explicaciones que le daba aquélla, terminó por interceptar todas sus actuaciones. En consecuencia, al mes siguiente de la proclamación de la Primera República (febrero de 1873), las puertas de su local social — calle del Rigomir, n° 11 — quedaroncerradas, y se abrió seguidamente un paréntesis que duró hasta septiembre de 1877.61

Sobre los 260 socios inscritos vinieron «la desorganización y el espanto» según recordaba en 1878 el secretario Juan Federico Muntadas y Vilardell.82 La «mayor parte» de ellos, según el mismo testigo, tuvieron que buscar «más allá de las fronteras la tranquilidad de que se carecía en nuestro suelo»,63 ya que, durante aquellos años (1868-1874), «la revolución [...] quedaba árbitra y señora de la antigua Ciudad de los Condes, cuna de esclarecidos santos. Los templos y los claustros, profanados; destruidas las imágenes; los misterios de nuestra sacrosanta Religión, escarnecidos; perseguidos los ministros del altar; señalados los católicos todos al público oprobio»."

Es probable que este lenguaje del letrado Muntadas — que ya era secretario de la Asociación antes del advenimiento de la república — sea un tanto exagerado, porque, hablando en general, Barcelona y Cataluña consiguieron mantenerse dentro del orden. Con todo, es verdad que, dado el odio anticlerical de los republicanos — perfectamente explicable hasta un cierto punto —, la violencia se cebó en las iglesias de la capital catalana, las cuales, si bien se libraron de las llamas, estuvieron cerradas al culto e incluso algunas fueron profanadas 8s En tal estado de cosas, a muchos sacerdotes sólo les quedó un camino de salvación: huir al extranjero."
" Cf. Reglamento de la sociedad Juventud Católica de Barcelona 1870, p. 14.

'9 Cf. J. MANUEL CASTELLS, Las asociaciones religiosas en la España contemporánea (17671965). Un estudio jurídico-administrativo, Madrid, Ed. Taurus 1973, p. 224-242.

6° Ver la circular que la Asociación de Católicos cursó a los socios, con fecha 4 julio 1872. (Ejemplares de éste y otros impresos, en: ADB, Entitats Eclesiástiques Antigues, Leg. 7).

61 Cf. Memoria y discurso... 1878, p. 11-12.

62 Ibid. p. 11. 67 Ibid.

" Ibid.

La crisis revolucionaria y republicana — con sus crueles medidas desamortizadoras y secularizadoras — entró en proceso de desintegración a comienzos del año 1874 (Golpe del capitán general de Madrid, Pavía) y terminó a finales del mismo año, cuando el general Martínez Campos proclamó en Sagunto a Alfonso XII como rey de España (29 de diciembre de 1874).

A pesar de la llegada de la Restauración de 1875, la Asociación de Católicos de Barcelona no acertó a reaccionar en seguida. A la antigua junta directiva, que había sido nombrada en marzo de 1872, le costó preparar la reanu- • dación de las actividades, hasta que finalmente, en septiembre de 1877, consiguió una nueva autorización por parte del Gobierno civil de Barcelona."

2.2. Los socios

La Asociación de Católicos mantuvo sin cambios el status social de sus miembros. Estos procedían generalmente de la burguesía.

2.2.1. Antes de la supresión de 1873

Los grupos más significativos eran — para entendernos — el de la burguesía intelectual — abogados, catedráticos, médicos y farmacéuticos — y el de la burguesía dineraria — banqueros, industriales, fabricantes, comerciantes, propietarios y administrativos —. También tenía su importancia el sector de los clérigos adscritos a la vida pastoral (sin ser profesores ni dignidades eclesiásticas). En fin, no faltaban algunos títulos nobiliarios.

a) Los futuros Cooperadores salesianos

De la lista de socios de primero de marzo de 1872 — la segunda que se publicó y la más antigua que hasta ahora hemos podido hallar" — se desprende que los futuros cooperadores salesianos de Barcelona militaban en las filas de la Asociación ya desde los tiempos que pueden llamarse fundacionales.

65 Cf. F. SOLDEVILA (ed.), Un segle de vida catalana 1814-1930, I, Barcelona, Ed. Alcides

1961, p. 385.

66 Cf. J. BoNET I BALTA, L'Església catalana, de la Illustració a la Renaixenla, Barcelona, Publicacions de l'Abadia de Montserrat 1984, p. 644-645.

67 El Reglamento de la Asociación de Católicos de Barcelona fue revalidado con fecha 7-IX‑1877.



68 Asociación de Católicos de Barcelona. N° 2. Contiene los Estatutos (p. 1-4) y una Lista general de los señores asociados (p. 5-27).

Efectivamente, allí estaban las tres familias más importantes: la de Serra Chopitea, la de Martí-Codolar y la de Pascual de Bofarull. Interesa recordar algunos nombres.

De la primera, José María Serra y Muñoz (t 1882), banquero y comerciante, marido de Dorotea Chopitea y Villota (calle Barra de Ferro 8,1°. hfilmero de inscripción 100).

— De la segunda, Luis Martí [Codolar] y Gelabert (t 1915), comerciante y financiero, esposo de Consuelo Pascual de Bofarull y jefe de la familia Martí Codolar,69 el cual el día 3 de mayo de 1886 acogió a don Bosco en su finca de Horta-Barcelona y fue su gran amigo y cooperador (calle Dormitorio de San Francisco 27,1°. Número de inscripción 60)."

— De la tercera: Sebastián Antón Pascual e Inglada (t 1872), abogado y político, banquero y empresario, casado con María Asunción de Bofarull y de Plandolit, y padre de Consuelo Pascual de Bofarull — esposa de Luis MartíCodolar — y de sus hermanos Narciso María, Oscar, Manuel María, Sebastián y Policarpo (calle Xuclá 19,1°. Número de inscripción 52).71

Narciso María (t 1902), abogado y activista de primer orden en la Asociación de Católicos. Por ser hermano de Consuelo Pascual de Bofarull, señora de Martí-Codolar, y estar casado con una de las hijas (María Jesús) Serra-Chopitea, constituía el anillo de unión de las tres familias: los Pascual, los MartíCodolar y los Serra-Chopitea, la plataforma más sólida y prestigiosa de los Cooperadores salesianos de los primeros tiempos. Él organizó en Barcelona la Unión de Cooperadores y fue, hasta la muerte, «su celosísimo presidente» (calle Nueva de San Francisco 2,2°. Número de inscripción 32).72

Oscar (t 1904), banquero y comerciante, casado con Antonia Puig y Benítez — la «Donna Antonietta» que nombra Viglietti en su crónica — (calle Nueva de San Francisco 2,3°. Número de inscripción 33)."

Manuel María (t 1911), abogado, verdadero modelo de apóstol seglar,74 que llegó a ser presidente de la Asociación de Católicos en marzo de 1888," y lo fue también, después del fallecimiento de su hermano Narciso María, de los

69 Luis Martí Gelabert, hijo de Joaquín Martí y Codolar y de María Angeles Gelabert Jordá, al objeto de evitar confusiones con su primer apellido — muy difundido en Cataluña — en 1886 obtuvo de la corona española el privilegio de usar como único apellido los dos primeros de su padre, separados por un guión (= Martí-Codolar).

'° Ver el apellido Martí-Codolar en el índice de nombres de las MB.

n Cf. V. GEBHARDT, Necrología del Ilustrísimo Sr. Doctor D. Sebastián Antón Pascual, Barce‑

lona, 1873. En 1872 el autor pertenecía también a la Asociación de Católicos (Número de inscripción 63).

72 BS 26 (1911) 61.

73 Cronaca, 30 Aprile 1886. Barcellona.

74 Cf. E. MORÉU LAC.RUZ, Noticia biográfica de D. Manuel M' Pascual y de Bofarull, Marqués de Pascual, Barcelona [1920]; BS 26 (1911) 230-232.

75 Cf. Actas II, Junta general de socios del 25 marzo 1888.

Cooperadores salesianos de Barcelona (calle Xudá 19,1°. Número de inscripción 38).76 1913) y Policarpo (t 1935), presentados por sus hermanos Sebastián (t Manuel María, ingresaron en la Asociación de Católicos en Narciso María y M enero de 1872."

El primero era licenciado en derecho administrativo y, al casarse con Isidra Pons y Serra, nieta de José María Sena y Dorotea Chopitea, en él quedaron entroncadas de nuevo las tres familias, los Pascual de Bofarull, los Martí-Codolar y los Serra-Chopitea (calle Xudá 19,1°. Número de inscripción 165).

El segundo, el más joven de los hermanos Pascual, era propietario e ingeniero, un entusiasta promotor de la escuela cristiana. Fue también presidente de la Junta de Cooperadores salesianos de Barcelona (calle Xuclá 19,1°. Número de inscripción 155).78

Los hermanos Pascual — cuñados de Luis Martí-Codolar — fueron todos amigos de don Bosco — «tra le famiglie a lui piú affezionate vi erano quelle dei fratelli Pascual», dejó escrito don Eugenio Ceria79 — y los cinco se encuentran junto al Fundador en la famosa fotografía que se le obtuvo en la finca MartíCodolar el día 3 de mayo de 1886.80 Espontáneamente se convirtieron en grandes Cooperadores salesianos."

Todavía hay que añadir que, junto a ellos, y desde primera hora (noviembre de 1871),82 había ingresado en la Asociación de Católicos un tío suyo, hermano de su madre, llamado Policarpo de Bofarull y de Plandolit. Propietario y aficionado a la poesía, dedicó a don Bosco un soneto en abril de 1886 (calle Cambios Nuevos 1,1°. Número de inscripción 147).83 b) Los futuros donantes de la cumbre del monte Tibidabo

Al menos algunos de los que, en enero de 1876, adquirieron la cumbre del Tibidabo y se lo regalaron a don Bosco en mayo de 1886 (personalmente o por delegación) ya militaban en la Asociación de Católicos. Efectivamente, Delfín Artós y Mornau (propietario, con domicilio en la calle Gignás 42,1°) tenía en 1872 el número 71 de inscripción; Jaime Moré y Bosch (comerciante, con domicilio en la calle Mercaders 32,1°), el número 106; Manuel María Pascual de Bofarull (abogado, calle Xudá 19,1°), el número 38; Santiago Manuel

76 Cf. BS 26 (1911) 62.

n Cf. Actas I, sesión de la Junta directiva del 12 enero 1872.

78 Cf. BS 50 (1935) 351-352.

" MB XVIII, 154.

Cf. ALBERDI, Don Bosco en Barcelona. Itinerario, p. 130-131.

" Ver el apellido Pascual en el índice de nombres de las MB.

ffi Cf. Actas I, sesión de la Junta directiva del 24 noviembre 1871. Fue presentado por su sobrino Narciso María Pascual y el mismo José Con y Vehí.

83 Cf. MB XVIII, 647-648.

Calafell y Calafell (comerciante, calle de la Boquería 9,1°), el número 101Antonio Camps y Fabrés (fabricante, calle Pou de San Pedro 7, tiend el 'a , e número 23.84

c) Los futuros fundadores de la casa salesiana de Gerona

Tanto Juan María de Oliveras y de Estañol, marqués de la Quadra (proietarjo, Rambla de Santa Mónica 27,2°) como dos de sus albaceas y herederosp de confianza, Carlos de Fontcuberta (propietario, Rambla de los Estudios 4 1°1 Trinidad de Fontcuberta (propietario, calle de Montcada 20,1°) habían entrado en la Asociación de Católicos en enero de 1872, con los números de insci. pción 149, 178 y 159 respectivamente.

El Marqués de la Quadra había sido presentado en la Asociación mencionado Sebastián Antón Pascual Ingl Antonio Escolano, por el y por Antoni E nistrador del Banco de Barcelona y gran colaborador de doña Dorotea Chopi. tea en sus obras de beneficencia.85 En 1891, los albaceas testamentarios regalaron a los salesianos una finca situada cerca de la ciudad de Gerona, al objeto de convertirla en escuela agrícola bajo la advocación de San Isidro Labrador.

d) Otras menciones

Para tener completo el cuadro del personal que aqiú nos interesa, conviene añadir todavía dos nombres.

En primer lugar, Luis María de Llauder (t 1904), abogado, que ingresó en la Asociación de Católicos el 25 de febrero de 1872 y promovió constantemente la causa de las escuelas que mantenía la misma. Fue propietario y director del diario el «Correo Catalán» (desde 1878) y fundador de la revista «La Hormiga de Oro» (1884). Ambas publicaciones, en las que colaboraban las mejores plumas del tradicionalismo catalán — como Salvador Casarlas, Félix Sardá. y Salvany, Jaime Minera, Joaquín de Font y de Boter, Cayetano Barraquer, Víctor Gebhardt, Eduardo Vilarrasa, a todos los cuales se les nombra en este trabajo —, hablaron de don Bosco y sus instituciones con amor y responsabilidad informativa. Luis María de Llauder visitó personalmente a don Bosco en Sarriá el 11 de abril de 1886.86

En segundo lugar, Leandro de Mella que ya se había retirado de la armada cuando, en noviembre de 1871, quedó admitido en la Asociación de Católi9° Cf. Asociación de Católicos de Barcelona. N° 2. Félix Vives y Amat entró en la Asociación más tarde, en 1878.

a' Y, naturalmente, colaboró también en favor de los salesianos de Sarriá. Según el director, &ti Juan Branda, doña Dorotea «dio impulso al. Sr. Don Antonio Escolano y a otros que hoy día ayudan la Casa de una manera especial». Carta a don Juan Cagliero, Sarriá 23 junio 1884 (ASC 9 Dorotea corrispondenza).

8° Cf. Cronaca, 11 Aprile 1886. Barcellona.cos.

Fue admirable en su entrega en favor de las escuelas populares que sostenía dicha Asociación. Llego a ser cooperador salesíano."

222.Después de la reanudación de las actividades en 1877-1878

Cuando, a finales de 1877 y comienzos de 1878, después de unos cuatro años y medio de suspensión de las actividades (1873-1877), se reanudaron éstas, ya no volvieron a las filas de la Asociación todos los miembros «antiguos». Pero, a la llamada de los más fervorosos, comenzaron a llegar los nuevos. No faltaron entre unos y otros algunas excisiones — ya sea por los enfrentamientos habituales en el integrismo español,' ya sea por cuestiones referentes a la marcha de las escuelas" — ni momentos de desaliento, apatía y dejadez. En 1886, los socios no llegaban ciertamente a doscientos." a) Los Cooperadores salesianos

Lo mismo que en el período anterior, la captación de los socios se hacía a través de las relaciones personales. Por lo cual, la Asociación de Católicos siguió adscrita a la burguesía. Allí continuaron encontrando su sitio propietarios, abogados, médicos e intelectuales. En general, residían y trabajaban en las calles más importantes del casco antiguo de la ciudad, pero también en las Ramblas e, incluso, en puntos claves del nuevo Ensanche barcelonés. (Lo que es necesario tener en cuenta para entender el itinerario que don Bosco solía recorrer en sus desplazamientos de Sarriá a la ciudad de Barcelona).

En este momento se han de citar al menos dos personas que jugaron un papel importante en relación con don Bosco y los salesianos.

Ante todo, Bartolomé Feliú y Pérez (1843-1918). «Tengo el gusto de proponer para socio de la Asociación de Católicos al señor don Bartolomé Feliú y Pérez, catedrático de la universidad literaria, que tiene-su domicilio en la calle de Ausias March, número 2, piso 4°, 2° puerta». Con estas palabras rituales, en fecha 14 de noviembre de 1885, lo presentaba otro hombre de ciencia — catedrático de Farmacia en la Universidad barcelonesa — y miembro de dicha Asociación y de las Conferencias de San Vicente de Paul, llamado Fructuoso Plans y Pujol."
87 Cf. R. AInRRDI, I primi Cooperatori salesiani a Barcellona (1882-1901), en: La famiglia salesiana, Leumann (Tocino), Elle Di Ci 1974, 81.

88 Cf. Actas I, sesiones de la Junta directiva de los días 11 y 22 de febrero de 1883. Para esclarecer este punto, ver C. MARTÍ (presentació i transcripció), Intervenció de Salvador Casañas, bisbe d'Urgell en el conflicte entre la «Joventut Católica» de Barcelona i el bisbe Urquinaona (1883), en: Arman' 1987 de la Societa d'estudis d'História Eclesiástica, Moderna i Contemporania de Catalunya, p. 191-194.

89 Cf. Memoria y discurso leídos por el secretario y presidente de la Asociación de Católicos de Barcelona en la Junta General de Reglamento celebrada el día 20 de marzo de 1887, Barcelona 1887, p. 27.

90 El presidente, señor Feliú y Pérez, al evaluar el funcionamieto de la Asociación durante el año 1886-1887, hubo de lamentar «la apatía» de muchos socios «en la acción común» y el hecho de que no se dispusiera de otras entradas económicas más que «los reducidos ingresos de poco más de 160 asociados» (Ibid.).

A los pocos días (25 de noviembre)," el doctor Feliú fue aceptado en la Asociación de Católicos. Desde la misma conocería, admiraría y proclamaría la Obra de don Bosco.

Hijo de un confitero, Bartolomé había nacido el 24 de agosto de 1843 en Peralta (provincia de Navarra y diócesis de Pamplona) y, ese mismo día, recibió el bautismo. Siendo joven todavía se doctoró en ciencias físicas y, en 1880, llegó a Barcelona para hacerse cargo en su universidad de la cátedra correspondiente. A los cinco años, como se ha dicho, por mediación del doctor Plans, ingresó en la citada Asociación. Ambos catedráticos pertenecían ya con anterioridad a las Conferencias de San Vicente de Paul y querían realizar en sus vidas el ideal del sabio cristiano, demostrando que era posible servir a la ciencia moderna y vivir, al propio tiempo, los valores del Evangelio."

Feliú llegó a la Asociación de Católicos en un momento en que ésta necesitaba imperiosamente nuevas fuerzas. Por eso, a los cuatro meses (28 de marzo de 1886), fue elegido presidente. «Nos ha venido como llovido del cielo por sus excepcionales cualidades» — decía el presidente anterior, José Oriol Dodero, en la Junta general de socios."

Como estuvo al frente de la Asociación durante el bienio reglamentario 1886-1888, él fue el responsable de preparar tanto la velada de homenaje a don Bosco — imposición de la medalla de socio de honor y mérito (15 de abril de 1886)" — como la sesión necrológica en su memoria (5 de marzo de 1888).96 En ambas ocasiones pudo demostrar brillantemente su total adhesión a don Bosco y sus instituciones

91 Ver ADB, Entitats Eclesiástiques Antigues. Asociación de Católicos de Barcelona. Leg. 8, carpeta que dice Papeletas de Presentación. Para conocer la personalidad del presentador, ver

J. DE FONT Y DE BOTER, Bosquejo biográfico del Dr. D. Fructuoso Plans y Pujol. Leído en la sesión pública que la Sociedad Médico-farmacéutica de los Santos Cosme y Damián celebró el día 26 de junio de 1890. Barcelona 1890.

92 Cf. Actas I, sesiones de la Junta directiva de los días 14y 25 de noviembre de 1885.

93 Pocos meses antes de su entrada en la Asociación de Católicos, Feliú había evocado en la Academia de la Juventud Católica de Barcelona la figura del que había sido consiliario de la misma, Jaime Arbós y Tor, el cual había trabajado como qiíímico, industrial y empresario y, una vez viudo, había recibido la ordenación sacerdotal. Para él, Arbós y Tor venía a ser la plasmación de un ideal soñado, síntesis de ciencia y fe, de creatividad profesional y sentido religioso de la vida. Cf. Biografía del Sr. D. Jaime Arbós y Tor, Barcelona 1885.



94 Memoria y discurso leídos por el secretario y presidente de la Asociación de Católicos de Barcelona, en la Junta General de Reglamento celebrada en 28 de marzo de 1886, Barcelona 1886, p.21.

95 Cf. Acta de la sesión solemne celebrada en 15 de abril de 1886 por la Asociación de Católicos de Barcelona... El discurso del doctor Feliú, en p. 6-18.

96 Cf. Recuerdo de la solemne sesión necrológica celebrada por la Asociación de Católicos de

. Desde el punto de vista salesiano, fue un cooperador eminente; desde el profesional, un sabio y un pedagogo cuyos libros universitarios alcanzaron una gran difusión; políticamente, militó siempre en el partido tradicionalista, ostentando incluso algunos cargos. Por encima de todo, fue un católico de acción. Murió en Zaragoza, el 16 de noviembre de 1918."

Desde marzo de 1886, secretario suyo en la Junta directiva de la Asociación de Católicos fue el doctor Joaquín de Font y de Boter, que ya pertenecía a la misma desde tres años antes. Era farmacéutico, escritor y traductor, con domicilio en la Ronda de San Pedro, n° 140. En 1886 trató personalmente a don Bosco, tanto en Barcelona como en Turín." Lo visitó en su última enfermedad, en enero de 1888.99 Y, cuando murió éste, se convirtió en el portavoz más cualificado del salesianismo barcelonés. Los artículos publicados por él en el «Correo Catalán» 100 y el discurso que pronunció en la sesión necrológica citada arribara llaman aún hoy la atención por la riqueza informativa y el amor entusiasta de que hacía gala el autor. b) El grupo de los clérigos

Tuvo siempre un relieve destacado en la Asociación de Católicos. Estaba formado por los párrocos de las iglesias de antigua tradición; por los profesores del seminario conciliar y por algunas dignidades de la iglesia catedral. Y es que, de hecho, la corriente de renovación intelectual y pastoral que animaba a varios clérigos encontraba su punto de referencia en esta Asociación de Católicos. En ella habían dado su nombre, además de José Morgades, por ejemplo, Jaime Almera, Cayetano Barraquer, Valentín Basart, Salvador Casañas (nombrado obispo de Seo de Urgel en 1879, creado cardenal en 1895, trasladado a la sede episcopal de Barcelona en 1901),102 Domingo Cortés, Ildefonso Gatell, Barcelona, en memoria de su esclarecido miembro de honor y mérito, el Rmo. P. D. Juan Bosco fundador de la Congregación Salesiana, Barcelona-Sarriá 1888. La intervención del doctor Feliú en p. 33-37.

97 Nota necrológica, en BS 34 (1919) 31-32.

98 Cf. MB XVIII, 150-152. 675. Ver también Actas II, sesión del 7 julio 1886.

" «Pocos días han transcurrido — escribía el 2 de febrero de 1888 — desde que tuvimos la dicha de hablarle por última vez. En humilde celda y en pobrísimo lecho descansaba en plácida calma, a pesar de los agudísimos dolores...» («Correo Catalán», n° 3900, 2.2.1888)

" Cf. Dom Bosco, en «Correo Catalán», n° 3900 (jueves 2 de febrero de 1888) 8-10. Turín ante el cadáver de Dom Bosco, en: «Correo Catalán», n° 3908 (viernes 10 de febrero de 1888) 7-9. Edición de la mañana.

mi Cf. Recuerdo de la solemne sesión necrológica..., 7-26. El también debió de redactar la invitación a la velada en honor de Don Bosco del 15 abril 1886. Cf. MB XVIII, 647.

1°2 Al tener que abandonar la ciudad de Barcelona para trasladarse a su primera sede episcopal, fue nombrado «socio de honor» de la Asociación. Cf. «Boletín de la Asociación de Católicos de Barcelona» 2 (1880) 19. Casañas y Pagés profesó una admiración ilimitada hacia doña Dorotea Chopitea de Serra y todo lo que significaba su obra asistencial. Por eso, no es nada extraño que para las instituciones salesianas abrigara un «profundo cariño» (BS 24 [1909] 27).

Francisco de Asís Renau, José Torras y Bages (nombrado obispo de Vic en 1899),103 Felipe Vergés, Eduardo Vilarrasa.

Juan Masferrer era ya párroco de la iglesia de Nuestra Señora de Belén cuando dio su nombre en la Asociación de Católicos desde los primeros tietn_pos.1" Fue él quien, el día 1 de mayo de 1886, refiriéndose a don Bosco que había acudido a la citada iglesia para celebrar la Misa, dijo: «Abbiamo qui fra noi un Santo».105 Tenía entoces el cargo de consiliario en la Asociación.

Jacinto Verdaguer (f 1901), el gran poeta catalán, ingresó en la Asociación de Católicos en marzo de 1878 y fue considerado como «uno de los socios más distinguidos».106 En 1882 la junta directiva le nombró «socio de honor y mérito».1°7 Es lástima que no se encontrara con don Bosco en abril-mayo de 1886, por hallarse en peregrinación en Tierra Santa. Murió siendo Cooperador salesiano.108

Félix Sarda y Salvany 1916), que en julio de 1884 escribió tres valiosos artículos con el título de La obra salesiana en Cataluña109 y visitó personalmente a don Bosco en los Talleres Salesianos de Sarriá el día 13 de abril de 1886,"° había sido nombrado «socio de honor y mérito» en la mencionada Asociación de Católicos."' Los salesianos tuvieron siempre al doctor Sardá y Salvany como «uno de sus más asiduos cooperadores».112

Finalmente, consignemos que el cura-párroco de la iglesia de los Ángeles y profesor del seminario conciliar, José Juliá, que, el día 30 de abril de 1886 y en la iglesia de Nuestra Señora de Belén, pronunció ante don Bosco la conferencia salesiana,'" entró en la Asociación de Católicos al año siguiente, 1887.114

Los nombres que se acaban de traer son de un gran prestigio en el clero barcelonés de la segunda mitad del siglo pasado, y su presencia en la Asociación de Católicos ayuda a descubrir uno de los aspectos más interesantes de

103 Había entrado en la Asociación de Católicos en febrero de 1872. Según aseguraba el «Boletín Salesiano», «para los salesianos tuvo siempre estimación profunda y cariño paterno» (BS 31 [1916] 55).

1°4 En la lista de socios publicada con fecha 1 marzo 1872, aparecía inscrito con el número 30.

I°5 Y añade Carlo Maria Viglietti: «Come una fiamma quena parola divampó nel cuore dei presentí che si gettarono verso Don Bosco, ed a stento potemmo salvarci dall'onda che irrompeva nel presbiterio» (Cronaca, 1° Maggio 1886. Barcelona).

106 Como tal lo tenía la Junta directiva, según consta en Actas I, sesión del 31 mayo 1882. Ibid.



108 Cf. BS 17 (1902) 336.

1°9 Cf. «Revista Popular», 27 (1884) 10-11; 27 (1884) 20-21; 27 (1884) 36-37. 130 Cf. Cronaca, 13 Aprile 1886. Barcelona.

'" «En prueba de la consideración que le merecen sus muchos y buenos servicios a la causa de Dios, como infatigable publicista católico, escritor muy distinguido y virtuoso sacerdote» (Actas 1, acuerdo de la Junta directiva en 4 abril 1883).

"2 Nota necrológica en BS 31 (1916) 55.

113 Cf. Cronaca, 30 Aprile 1886. Barcelona.

'" En 1888 fue elegido vocal eclesiástico y como tal actuó desde la Junta directiva.

los orígenes de la obra salesiana en Barcelona, tanto en la vida del Fundador como en los años inmediatos a su muerte.

2.3. Objetivos, medios, mentalidad

Siempre que la Asociación de Católicos sentía la necesidad de clarificar su identidad y tomar conciencia de sí misma, recordaba las palabras del artículo tercero de sus Estatutos, que decía: «El fin de esta Asociación es la propagación de la doctrina católica en todas las esferas del saber». El término propagación/propaganda constituía para los asociados el objetivo al cual debían tender todas sus actuaciones.

El sentido y el alcance de dicho artículo los explicó el presidente Coll y Vehí cuando, el 24 de marzo de 1872, después de un año de rodaje de la Asociación, pronunció estas palabras: «Confesar la fe de Cristo; creer, amar y defender las verdades propuestas por nuestra santa madre la Iglesia católica, apostólica y romana; detestar y combatir los errores que la Iglesia condena; manifestar explícita y resueltamente nuestra completa adhesión a la Sede apostólica, he aquí nuestro objeto. Non enim erubesco Evangelium, he aquí nuestro lema ».1"

En la misma ocasión, al explicar las condiciones que se exigían para ingresar en la, sociedad, declaraba: «Ni las ideas ni los actos públicos, con excepción de los contrarios a las declaraciones de la Iglesia, han cerrado ni han de cerrar jamás a nadie las puertas de esta casa. Profesión de la fe católica, práctica de la religión católica, adhesión completa a la Cabeza visible de la Iglesia: no pedimos más, ni nos contentamos con menos»."6

En estos dos párrafos del discurso del fundador, los socios creyeron siempre que estaba perfectamente enunciado el espíritu que debía animar toda su vida. Muy en concreto los trajeron a la memoria a la hora de relanzar sus actividades después del paréntesis de suspensión (1873-1877)."7

¿Con qué medios intentaban los socios realizar este programa? «Únicamente» — según precisaba el artículo cuarto de los Estatutos — de esta manera: «1°. La formación de una buena biblioteca de autores católicos para instrucción de los socios. 2°. La celebración de sesiones académicas. 3°. La fundación de escuelas, dando preferencia a las de primeras letras para los artesanos en’ Discurso que en la Junta General celebrada en 24 de marzo de 1872 por la disuelta Asociación de Católicos de Barcelona pronunció su primer presidente, el Sr. D. José Coll y Vehí (Q.E.P.D.).

Barcelona 1877 , 4.



116 Ibid., p. 8.

117 Ver la circular impresa que, con fecha 4 enero 1878 y las firmas del presidente José de

Sans y el secretario Juan Federico Muntadas y Vila rdell, se envió a los socios. Un ejemplar, en ADB, Entitats Eclesiastiques Antiguas. Asociación de Católicos de Barcelona. Leg. 7. Carpeta 3. Año1878.

hijos de artesanos. 4°. La fundación de bibliotecas populares y la publicación carien de hojas, folletos o libros»."8

Como se ve, la Asociación de Católicos, tanto en sus objetivos como en sus medios, presentaba un talante intelectual, propagandístico y educativo, y entendía moverse dentro de un campo de acción más bien amplio: «Las asocia ciones católicas — opinaba — necesitan extender su círculo de acción y comprender todos los terrenos, desde el especulativo, religioso y científico, hasta el social, económico e Industrial, pues en todos es necesario introducir e iratrar el elemento católico».119

De acuerdo con esto, y después de varios intentos y consultas, la Asociación de Católicos de Barcelona se organizó en 1881 según las secciones siguientes: la literaria y artística, la industrial y mercantil, la de propaganda, la científica y la de escuelas. De todas ellas, las que funcionaron de verdad desde antes del mencionado año, fueron la sección artístico-literaria y la sección de escuelas.

A este respecto hay que recordar que, entre los meses de marzo y abril de 1880 y siguiendo una tradición que venía desde años atrás, la Asociación había puesto en funcionamiento una escuela de primera enseñanza (diurna y 'nocturna). Estaba situada en la calle Ferlandina número 45 y en ella se hacían cargo de la enseñanza los hermanos de las Escuelas Cristianas."' Seis años después, la Asociación se sintió con fuerzas para abrir otra y decidió instalarla en el llamado Palau Fivaller, ubicado en la calle Lladó números 4 y 6, dentro del casco antiguo de la ciudad."' F.I local destinado a la nueva escuela se inauguró precisamente el 15 de abril de 1886, con la velada en honor de don Bosco.122 Al año siguiente, vino a parar también a este edificio la sede de la Asociación, que ya en 1880 se había transferido desde la calle del Regontir número 11 a la de Riera de San Juan número 22. Por tanto, la sesión necrológica en memoria de don Bosco (5 de marzo de 1888) tuvo lugar en esta casa de la calle Lladó número 4, que todavía existe.123

Por cuanto se acaba de exponer y por los datos que se han ido aduciendo

18 El articulado de los Estatutos no sufrió cambio alguno en las diversas ediciones que se hicieron durante el siglo XIX (1871, 1877, 1888, 1891).

'" Ver el artículo titulado Nuestro programa y firmado por M.R. y S., en el «Boletín de la Asociación de Católicos de Barcelona» 6 (1880) 84.

120 Cf. Reseña y discurso leídos por el vocal secretario 1° D. Luis María de Llauder y el presidente D. Francisco Romaní y Puigdengolas en la Junta General de Socios celebrada el 20 de marzo

de 1880. Barcelona 1880, 2-7. «Boletín de la Asociación de Católicos de Barcelona» 1 (1880) 11-15.

"1 Cf. AJUNTAMENT DE BARCFr ONA, Catáleg del Patrimoni Arquitectónic Histónko-Artístk de la Ciutat de Barcelona, Barcelona [1987], p. 243-244.

"-u Cf. Cronaca, 15 Aprile 1886. Barcellona. MB XVIII, 647.

"8 Tarjeta de invitación para la velada necrológica y programa que se desarrolló en la misma, en ADB, Entitats Eclesiástiques Antigues. Asociación de Católicos de Barcelona. Leg. 7. Carpeta 13. Año 1888.

anteriormente, resulta fácil captar los rasgos más significativos de la Asociación de Católicos de Barcelona. En su mentalidad y formas de comportamiento incidió de lleno el espíritu de la Iglesia que le tocó vivir; es lio Vaticano decir, I la(1869- Iglesia 1870). de la Restauración, de Pío IX (1846-1878) y del Conci influyó también la dura experiencia del Sexenio Revolucionario (1868-1874), con idos los forcejeos y desajustes que comportó en lo político, intelectual, social dh yes religioso.

al papa y defensa del sacerdocio

Para aquellos católicos barceloneses, el Pontificado constituía un valor supremo. Pío IX era un Papa «santo y mártir»; León XIII seguía siendo «PapaRey>>.124 Suspiraron constantemente por la «libertad e independencia del Augusto Prisionero»I25 y, para apoyarle, organizaron colectas y participaron en las peregrinaciones a Roma. (Así se entiende el que se complacieran en monstrar en público a don Bosco como amigo y confidente del Papa).

Junto a esto, la Asociación de Católicos profesaba una gran veneración por los sacerdotes y religiosos, a los cuales había visto criticados y vilipendiados durante el período revolucionario. (Por eso, se esforzó en presentar a don Bosco como una gloria del clero católico. Por otra parte, el hecho de que, en la conocida fotografía del 5 de mayo de 1886, aparezca a la derecha de don Bosco, entre sus amigos y cooperadores, un abad cisterciense de la Gran-Trapa — el valenciano Cándido Albalat y Puigcerver — no puede tomarse como una pura casualidad).


  1. Catolicismo y patria

Los de la Asociación de Católicos valoraban la religión como fundamento de la unidad de la Patria. «Nuestros padres [...] fueron los que nos transmitieron el don precioso de la unidad católica como principio nacional» — afirmaba el abogado y presidente Francisco Romaní y Puigdengolas en el discurso final del año (1878-1879).' Por ello, para evitar la disolución de la sociedad española, había que defender la unidad religiosa. De lo contrario los españoles corrían el peligro de perder su patria — «como perdieron la suya los judíos», concluía el citado señor Romaní."

124 Memoria y discurso leídos por el vocal secretario 1° D. Juan F. Muntadas y Vilardell y el presidente D. José de Sans... 1878, p. 14-15.

125 Ver la circular, fechada el 16 diciembre 1882 y firmada por el presidente José María Rodríguez-Carballo. ADB, Entitats Eclesiástiques Antigues, Leg. 7. Carpeta 7. Año 1882.

128 Reseña y discurso leídos por el vocal secretario 1° D. Luis María de Llauder y el presidente D.F. Romaní y Puigdengolas en la Junta General de socios celebrada el 22 de marzo de 1879, Barcelona 1879, p. 21.

Ibid.

(Según las Memorias biográficas, Delfín Artós, al hacer a Don Bosco ofrenda de los terrenos situados en la cumbre del Tibidabo, le pedía levantar allí un santuario al Sagrado Corazón de Jesús, «per mantenere ferma e incrollabile quella religione [...] che é nobile retaggio dei padri nostri»).128



  1. Profesión pública de la fe cristiana

Era otra exigencia insoslayable para aquellos católicos que se empeñaban en demostrar que la religión no estaba muerta, sino viva y operante. Desde 1881 adoptaron como lema el que el Papa León XIII había dado a la «Revista Católica de Barcelona» que, entonces servía de órgano oficial de la Asociación: Nihil timendum nisi a Deo. Si algo temían y rechazaban era precisamente el indiferentismo y la cobardía de los que se hacían pasar por católicos. Como escribían en su Boletín, ellos no podían resignarse «con el triste papel de católicos vergonzantes ».129

Aquí radicaba la causa de todo ese atuendo, solemne y espectacular, con que procuraban enaltecer todas las manifestaciones religiosas: comuniones generales, procesiones, romerías, velas de adoración ante el Santísimo Sacramento, oficios litúrgicos de la Semana Santa, fiestas marianas, ejercicios espirituales. Con esta misma mentalidad, asumían con verdadero espíritu de sacrificio el peso enorme de representar, en los actos sociales y culturales, las fuerzas del catolicismo militante. (Todo esto se ha de tener en cuenta para explicarse el porqué se esforzaron tanto para dar una proyección pública a la presencia de don Bosco en Barcelona, desde el primer acto basto el último; es decir, desde la recepción que le dispensaron a la llegada a la ciudad hasta la despedida).



  1. Antiprotestantismo y antiliberalismo

Era una actitud visceral de los católicos barceloneses, que arremetían también contra Inglaterra y Norteamérica, contra Francia y Rusia, tierras que ellos consideraban como la cuna de tantas doctrinas disolventes del catolicismo. Por supuesto, tampoco estaban de acuerdo con los llamados católico-liberales. «El Syllabus es nuestra bandera — decía el presidente José de Sans, un hombre bueno por los cuatro costados,u° en la Junta general de marzo de 1878 —; es nuestro programa religioso, social y político. El Syllabus sin distingos ni tergiversaciones. [...] La guerra entre la luz y las tinieblas es a muerte; toda transacción es imposible ».131
128 MB XVIII, 113.

229 «Boletín de la Asociación de Católicos de Barcelona» 2 (1880) 20.

u° Era presidente de la Asociación de Católicos (desde marzo de 1872) cuando ésta hubo de suspender sus trabajos por disposición gubernamental. Después de la crisis (1873-1877), a él le tocó la dura empresa de organizar de nuevo la Asociación y relanzar las actividades. Con abnegación y profundo sentido cristiano, se entregó constantemente al progreso de las escuelas de la misma. Murió en 1884.

Frente a cualquier intento de desviación o de desmantelamiento del catolicismo, José de Sans y los suyos no dudaban en proclamar: «Nosotros constituimos una asociación que, teniendo por objeto inmediato la propagación de la doctrina católica en todas las esferas del saber, se propone en último resultado la restauración de la soberanía social de Jesucristo».132

El pensador más influyente en la mentalidad del asociacionismo católico barcelonés fue sin duda el sacerdote, ya nombrado, Félix Sardá y Salvany, el conocido autor del libro El liberalismo es pecado (1884) y que, como miembro de honor y mérito de la Asociación de Católicos, ejerció en la misma un magisterio indiscutido.133


  1. Unión de fuerzas para la lucha

La visión que tenían de la Iglesia estos militantes era francamente sombría. La contemplaban «empobrecida» por la política desamortizadora del gobierno español, con un clero «desprestigiado» por la propaganda anticlerical, con las Órdenes religiosas «disueltas» o «cohibidas» después de los decretos de supresión, invadida por el error y el espíritu del mal...134 «En este momento — seguía comentando por su parte el señor Sans — la lucha es viva cual nunca y general en toda la línea de combate». Y como solución sólo encontraba ésta: «Unámonos, pues, que la unión es la fuerza».135

  1. Promoción cultural y escolar del pueblo

Todas las asociaciones católicas coincidían en admitir que tanto la propaganda católica como la beneficencia asistencial a los pobres comenzaba por la escuela. Todas ellas tuvieron sus escuelas populares, lo mismo para los niños como para los obreros adultos. Tal actividad tenía una orientación deliberadamente propagandística. «El protestantismo — se lee en el órgano oficial de la Asociación — ha circunscrito su propaganda a la niñez para lograr, por medio de la escuela, la difusión de sus máximas [...]. Oponer a sus escuelas las católicas, gratuitas, con uná perfecta enseñanza primaria elemental y superior [...],

131 Memoria y discurso leídos por el vocal secretario 1° D. Juan F. Muntadas y Vilardell y el presidente D. José de Sans... 1878, p. 32.

132 Ibid.

133 En la Asociación sé le tenía por «el infatigable adalid de la Propaganda católica, el profundo y popular teólogo, el virtuosísimo y fervoroso sacerdote... »: Memoria y discurso respectivamente leídos por el secretario y presidente de la Asociación de Católicos de esta ciudad, en la Junta General de Reglamento celebrada en 29 de marzo de 1885. Barcelona 1885, p. 7.

U4 «Boletín de la Asociación de Católicos de Barcelona» 2 (1880) 19-20.

13' Memoria y discurso... 1878, p. 34.

he aquí una de las más provechosas e interesantes tareas a la que consagramos, con incansable afán, nuestra actividación de Católicos produciría la escuela salesiana, cuyo volumen y excelencias ensalzaron continuamente).

Toda esta mentalidad era ampliamente compartida por otras agrupaciones del societarismo católico barcelonés. Su conocimiento es imprescindible para comprender cuanto, en la capital de Cataluña, se hizo, se dijo y se escribió en torno al Fundador de los salesianos, tanto a raíz de su visita a la ciudad en 1886, como con motivo de su fallecimiento año y medio después (1888).

3. Otras asociaciones católicas

Junto a la Asociación de Católicos hubo también otras que entraron en algún contacto con don Bosco y su obra de una forma u otra. Se ha visto suficientemente en el punto primero de este estudio. Y es que, entre las diversas agrupaciones, no sólo se daba una afinidad de pensamiento, sino también una colaboración en orden a iniciativas y actividades. Más aún: hay que tener en cuenta que muchos católicos pertenecían simultáneamente a varios grupos (según la rama masculina -o femenina). Todos ellos formaban en rigor un único entramado sociorreligioso y benéfico. Era el catolicismo, visible y operante.

En la imposibilidad de tratar aquí ni siquiera de las entidades más relevantes, lo más práctico será ofrecer un cuadro general, acentuando, si es el caso, algún elemento del mismo."'

Siempre en referencia a las asociaciones que establecieron mayor contacto con don Bosco y los salesianos, había unas a las que les animaba un propósito prevalentemente propagandístico y educativo, como la «Asociación de Católicos» y la «Academia de la Juventud Católica». De la primera se acaba de hacer el oportuno estudio. La segunda, en el artículo segundo del Reglamento, declaraba que «el objetivo de la Sociedad» era: «1°. Instruir a los Socios por medio de la lectura de obras religioso-sociales, y de los trabajos presentados por aquéllos. 2°. Fomentar la instrucción principalmente moral y religiosa del pueblo, por la enseñanza ya pública, ya privada, y 3°. Publicar hojas sueltas, encaminadas a destruir toda clase de errores, y hacer cundir las máximas del Catolicismo». 138

"6 M.R. y S., Nuestro programa, en «Boletín de la Asociación de Católicos de Barcelona» 2 (1880) 34.

137 Con frecuencia resulta muy difícil el acceso a la documentación, porque muchas de las antiguas agrupaciones ya no existen y porque, durante la guerra civil española de los años 19361939, los archivos constituían un peligro serio para la vida de los asociados. Basta recordar, por ejemplo, que en aquella triste coyuntura fueron asesinados más de setecientos socios de las Conferencias de San Vicente de Paul...

1;8 Reglamento de la sociedad Juventud Católica de Barcelona 1870, Barcelona 1870. En el de Junto a ellas, había otras cuyo fin era preferentemente benéficoasistencial, como la «Sociedad», o «Conferencias» de San Vicente de Paul — cuya actividad genuina era la visita semanal domiciliaria a pobres y necesitados — y la sociedad denominada, en sus orígenes, Amigos de los Pobres y, más tarde, Patronato del Obrero, que, en conformidad con el artículo segundo del Reglamento, quería «mejorar en lo posible la suerte de los obreros que la misma patrocine»."9

En un segundo plano — pero siempre en conexión con la mencionada Asociación de Católicos — conviene citar la Academia Barcelonesa Filosófico-Científica de Santo Tomás de Aquino — formada por clérigos e intelectuales seglares — y la Sociedad Médico-Farmacéutica de los Santos Cosme y Damián, integrada por profesionales católicos, cuyo propósito deja entrever suficientemente el título que habían puesto a su revista: El sentido católico de las ciencias médicas.'4° Como se ve, ambas agrupaciones se acercan a los ideales de la Asociación de Católicos y de la Academia de la Juventud Católica. Lo cual demuestra bien la existencia de un movimiento de la intelectualidad católica barcelonesa, que no se puede ignorar en modo alguno. Ese movimiento se encontrará, por supuesto, con don Bosco, los salesianos y sus instituciones.

Al lado de las asociaciones de tendencias intelectual-educativa y benéfico-asistencial, se daban otras de signo preferentemente devoto y piadoso, aglutinadas, en buena parte, por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús — cuyo máximo promotor fue el mencionado José Morgades y Gili —.141

Dentro de esta línea devota, citamos la Pía Unión de san Miguel Arcángel y, sobre todo, el Apostolado de la Oración y la Venerable Orden Tercera Franciscana. La Asociación de Católicos siempre promovió el Apostolado de la Oración — donde se fraguaba concretamente la devoción al Corazón de Jesús y muchos de sus miembros. eran piadosísimos terciarios franciscanos.142 (Sólo dentro de este ambiente espiritual se comprende el hecho de que regalaran a don Bosco la cumbre del monte Tibidabo, para que allí levantara, precisamente, un santuario dedicado al Sagrado Corazón de Jesús).

En este asunto — importante, entre otras cosas, porque dicho santuario sigue siendo hoy en Barcelona una espléndida realidad — conviene recordar la intervención de algunos miembros de las Conferencias de San Vicente de Paul.

1881 (artículo 3°) se decía textualmente: «El objeto de esta Sociedad es la edificación e instrucción religiosa de los socios y la propaganda del Catolicismo».

139 Reglamento de la sociedad titulada Patronato del Obrero, Barcelona-Sarriá, Tipografía y Librería Salesiana 1891.

140 Alrededor de los años ochenta el lazo de unión más sólido entre la Sociedad de los Santos Cosme y Damián y la Asociación de Católicos era el mencionado Joaquín de Font y de Boter (1857-1916).

"' Cf. J. BONET I BALTÁ, L'Església catalana, p. 641-658.

Incluso hacían la correspondiente profesión en la iglesia parroquial de San Francisco de Paula, de Barcelona. Otro tanto hay que decir de un buen número de socios de la Academia de la Juventud Católica.

Éstas llegaron a Madrid en 1849 y pronto tuvieron una notable difusión por la Península. A los siete años (1856), ya se pudo constituir en Barcelona un Consejo Particular. Pero, tal como se ha señalado anteriormente, todo este proceso de crecimiento quedó cortado por un decreto ministerial del 19 de octubre de 1868, que ordenaba la supresión de la entidad y la confiscación de sus bienes. Sólo el advenimiento de la Restauración (1875) permitió la vuelta a la normalidad. El decenio siguiente (1875-1885) fue de franca recuperación. En 1886, por ejemplo, ya funcionaba en Barcelona el Consejo Central de Cataluña.143 Por tanto, cuando, en este año, llegó don Bosco a la Ciudad Condal, las Conferencias se hallaban en pleno despliegue. El Consejo Particular articulaba las actividades de veinte Conferencias.

En el seno de aquellos círculos piadosos y caritativos templaron su espíritu cristiano hombres como el mencionado Bartolomé Feliú."4 Y también si no todos, sí al menos parte de los que, en enero de 1876, adquirieron la cumbre del Tibidabo: Delfín Artós, Manuel María Pascual de Bofarull, Alvaro Catnín. Decidieron efectuar la compra por un imperativo de moral social, tal como indica el secretario Viglietti, recogiendo con toda probabilidad el testimonio de Manuel María Pascual."' Y por un motivo religioso también regalaron los terrenos a don Bosco diez años más tarde (1886), según queda referido en el presente trabajo. Ya que, cuando se realizó la compra (1876), la Asociación de Católicos no había superado aún la crisis de la suspensión gubernamental, parece que hay que concluir que los mencionados compradores eran unas personas que, si bien habían pertenecido a dicha Asociación, en aquel momento se movían preferentemente en el ámbito de las Conferencias de San Vicente de Pau1.146

"3 Cf. SOCIÉTÉ DE SAINT VINCENT DE PAUL, Livre du centenaire, I, Paris 1933, p. 196-206.

1" «Donde [en las Conferencias de San Vicente de Paul, de Barcelona] hemos tenido ocasión de conocer y cobrar cariño a esa obra [de las Conferencias] y donde tantos y tan preciosos ejemplos hemos podido contemplar por dicha nuestra», recordaba el propio doctor Feliú (A. LOTH,



San Vicente de Paul y su misión social... Obra traducida y anotada por B. Feliú y Pérez... Barcelona, 1887, p. 597).

145 «Questa sommitá — escribía Viglietti en 1886 — era, or son pochi anni, in possesso di malvage persone, che volevano fas di quel luogo un'albergo di cattivi ritrovi, od edificarvi un tempio protestante. Sette buoni signori convennero tra loro, e ne fecero acquisto...» (Cronaca, 3 Maggio 1886. Barcellona). Los compradores no fueron siete, sino doce. Pero la motivación indicada parece que corresponda a la realidad.

146 Para clarificar muchos detalles pertinentes a la historia de la transmisión de la propiedad de la cima del Tibidabo, puede verse Copia auténtica de la escritura de venta otorgada por Don Dein Artós y Mornau, apoderado de los señores D. Jaime Moré, D. Félix Vives, D. Manuel María Pascual y otros, ante el que fue notario de esta ciudad, D. Miguel Martín y Beya, con fecha 18 de agosto de 1888. Este y otros documentos oficiales se hallan en el archivo de la Casa salesiana del Tibidabo (Barcelona).

Conclusiones

Tal vez resulte útil cerrar el estudio subrayando algunos valores que han ido apareciendo a lo largo del mismo y que posiblemente ayudan a comprender mejor no sólo la personalidad del Fundador de los salesianos, sino también el contexto sociorreligioso en .que tuvo que actuar, concretamente durante sus años de madurez.

Con referencia a la presencia de don Bosco en Barcelona y a los orígenes de su obra en la capital catalana emergen, por ejemplo, las siguientes conclusiones.

r. Los Cooperadores salesianos. Las páginas que anteceden han dejado bien en daro la procedencia de los primeros Cooperadores barceloneses. Al inicio, no fueron ellos los que nutrieron y engrosaron las filas de las asociaciones católicas, sino que, más bien, habían forjado previamente en éstas su espíritu de piedad y apostolado. Los futuros Cooperadores, una vez que conocieron la personalidad del Fundador de los salesianos y comprendieron cuál era su misión y los medios de que se valía, consideraron la cooperación salesiana como una prolongación de las actividades benéfico-asistenciales que ya ejercían en sus asociaciones. La mentalidad social y religiosa que cultivaban en éstas les llevó enseguida a sintonizar con las obras de Don Bosco.

2'. La inserción en la iglesia local. Las sociedades católicas y Juan Bosco se necesitaban mutuamente. A éste le apremiaba el apoyo moral y material de aquéllas para abrir nuevos cauces a sus instituciones; las primeras no querían privarse del prestigio y de la ayuda que les podían dar la amistad y cercanía de un hombre tan cualificado como iba siendo el Fundador de los salesianos. Cuando, en la junta general de la Asociación de Católicos, habida el 11 de mayo de 1884, el presidente recién elegido, José Oriol Dodero, propuso «nombrar socio de honor a don Bosco» y se aceptó por unanimidad tal propuesta, el presidente saliente, José María Rodríguez-Carballo, añadió una nueva: «que luego que [don Bosco] hubiere aceptado, se publicara en los periódicos de esta Capital». Esta segunda proposición fue igualmente aproba' Y es que la Asociación de Católicos sentía la necesidad de proclamar a los cuatro vientos que se había apropiado del Fundador de los Talleres Salesianos. Era una conquista y una ganancia...

Esta mutua interrelación entre las asociaciones y don Bosco sirvió, entre otras cosas, para dar a la obra salesiana naciente una prueba de aceptación y de inserción en el tejido vivo de la Iglesia local. Al fin y al cabo, al frente de las organizaciones católicas estaba generalmente el obispo de la diócesis.

3'. La primera imagen pública de don Bosco. Las asociaciones asumieron



147 Actas I, sesión correspondiente a la Junta General de socios del 11 mayo 1884.

también otra función de extraordinaria importancia: la de interpretar a don Bosco y elaborar y difundir su imagen pública. Tal operación se llevó a término en el seno de las asociaciones y utilizando los medios de comunicación que éstas tenían a mano.'"

Los que en Barcelona hablaron y escribieron mejor de don Bosco fueron un clérigo (Félix Sardá y Salvany), un catedrático de Universidad, doctor en fi-. sica (Bartolomé Feliú y Pérez), un farmacéutico (Joaquín de Font y de Boter) y dos abogados (los hermanos Narciso María y Manuel María Pascual de Bofarull). Todos ellos, según se ha podido comprobar en las páginas del presente estudio, pertenecientes, en un grado o en otro, al asociacionismo católico de Barcelona.

148 Naturalmente los folletos señalados en las notas 95 y 96 se distribuyeron entre los socios. Ambos pertenecen a la literatura más antigua que se produjo en Barcelona tratando de don Bosco y de la obra salesiana. Por otra parte, ya se ha visto que las publicaciones a las que las asociaciones mencionadas tenían acceso eran especialmente el diario «Correo Catalán» y los semanarios «La Hormiga de Oro» y «Revista Popular», dirigidas las dos primeras por Luis de Llauder y la tercera por Félix Sardá y Salvany. Las tres en la línea católico-integrista.


DON BOSCO HY MARÍA DOMINGA MAZZARELLO: RELACIÓN ISTÓRICO-ESPIRITUAL

Anita DELEIDI

O. Premisa

En la extraordinaria proliferación de nuevos institutos de vida religiosa surgidos en el siglo XIX, se sitúa la fundación del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, que tuvo a don Bosco y a María Mazzarello como fundadores.'

En el contexto de la reflexión sobre la figura histórica y la obra de don Bosco promovida por este Congreso, me ha parecido oportuno ofrecer esta comunicación como intento de profundización en una relación que en la historiografía salesiana se interpreta según líneas de diversa orientación.

Para captar correctamente la modalidad de la relación que se estableció entre los dos santos se ha hecho necesaria una puntualización histórica, una reconstrucción cronológica de los encuentros directos e indirectos y la individuación de mediaciones significativas de esa relación, para poder llegar después a centrar el contenido y la incidencia de las diversas intervenciones del Fundador en la vida de María Mazzarello y su actitud de respuesta y asimilación.

María Domínga Mazzarello (nacida en Mornese-Alessandria en 1837 y muerta en Nizza Monferrato en 1881, un corto trayecto de vida fecunda en caridad apostólica),2 conoce a don Bosco a los veintisiete años cuando posee una cierta formación y madurez espiritual. Don Bosco, que ya había fundado

El Instituto fue fundado en Mornese, provincia de Alessandria, diócesis de Acqui, el 5 de agosto de 1872. Es conocida la figura del fundador, don Bosco; María Dominga Mazzarello, reconocida como cofundadora, no es muy conocida en ámbitos no salesianos. Su figura se coloca en un contexto ambiental más limitado que el del Santo; su vida fue breve (1837-1881), pero su específica misión edesial ha sido recordada repetidas veces en los procesos de beatificación y canonización.

2 Cf. la biografía fundamental: F. MACCONO, Santa Maria Domenica Mazzarello, Confondatrice e prima Superiora generale delle Figlie di Maria Ausiliatrice 2 vol., Torillo, Istituto FMA 1960. Presenta una bibliografía completa de la Santa: A. COSTA, Rassegna bibliografica su S. Maria Domenica Mazzarello, en: M.E. POSADA (ed.), Attuale parché vera. Contributi su S. Maria Domenica

Mazzarello, Roma, LAS 1987, p. 227-262.

la congregación salesiana y trabajaba activamente en la consolidación de si obra en Valdocco, establece progresivamente una relación de conocimiento mediato y después personal con esta mujer sobre la que ejercerá un influjo de terminante.





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