Embarazo adolescente


ANALISIS DE MATERIALES GRUPOS DE MADRES ADOLESCENTES CONVIVIENTES



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2.3. ANALISIS DE MATERIALES GRUPOS DE MADRES ADOLESCENTES CONVIVIENTES
La proposición general de sentido de los discursos de los grupos de madres adolescentes convivientes puede expresarse en los siguientes términos: "ser madres adolescentes convivientes significa estar constantemente excluidas del orden social y expuestas a las sanciones que éste prescribe".
La percepción de constante exclusión del orden social intenta construir una salida en la legitimación de la convivencia (incluirla en el orden) por homologación con el matrimonio:
"Bueno que ahora el casado y el conviviente es casi lo mismo".
"Lo único es que tienes un papel diciendo que eres casada"
Sin embargo, resulta imposible no reconocer las diferencias entre una y otra opción, de modo tal que la convivencia resulta mucho más "costosa" en relación al matrimonio. De paso, ello implica también afirmar el valor de su propia opción en relación al matrimonio:
"Pensándolo bien no es lo mismo estar conviviendo que estar casados, porque tú tenís tus papeles, y conviviendo estai conviviendo con él, él te deja y se casa con otra chiquilla, la otra chiquilla es la señora aunque tú tengai cinco hijos de él, la otra es la señora".
"Bueno que tu hijo no es legítimo".
"Si puh porque cuando uno convive con ellos, cuando son casados uno no se puede ir con los hijos porque te acusan de abandono de hogar"
De fondo, no obstante, la expectativa de "matrimonio" (de la inclusión formal en el orden) permanece latente, como deseo de futuro o como percepción de imposibilidad:
"Ahora estamos más estables, más adelante nos vamos a casar cuando nos salga la casa de nosotros o al menos la casa de él, por su lado porque tampoco se siente bien porque la casa es de mi mamá".
"Mira yo... cuando uno dice... porque él me ha dicho "más adelante nos vamos a casar" pero como dice el dicho "del dicho al hecho hay mucho trecho". Hay que darle tiempo al tiempo, hay que vivir el presente, no pensar: yo más adelante me voy a casar".
"A mí me hubiera gustado que hubiera sido diferente".
De todas maneras, la afirmación de la legitimidad de la propia opción se hace presente con fuerza en el discurso grupal; el grupo requiere hacerse sentir a sí mismo de que es un grupo legítimo (incluirse en el orden social):
"Llegar a convivir es algo bonito, son experiencias que más adelante uno se las cuenta a los hijos, como se dice que hay distintas formas a como uno empieza a convivir, que a uno la echen de la casa, es como una obligación, otro que se ponen de acuerdo los dos, otros que ya los tienen pensado de antes, otros que de un día pa otro vente a vivir conmigo, se puede decir que no todos los casos son iguales, no".
En lo fundamental, los discursos grupales exponen una situación de gran precariedad, expresada en la calidad de sus relaciones de pareja, en la precariedad económica, social y legal en que realizan la crianza de los hijos, en las constantes muestras de sanción moral o social, en las relaciones con los padres propios y los de la pareja, en las dificultades para realizar el deseo de estudiar -siempre latente pero siempre imposible- en las dificultades para trabajar y generar ingresos propios, etc.
Las referencias a los progenitores sugieren la existencia de relaciones precarias; estos no se "hacen cargo" de su responsabilidad tanto en la gestación, en la paternidad como en la relación de pareja misma:
"Las discusiones que yo tengo con él, llegan al extremo que él le pega a la niña. Le tengo ya puesta una constancia en Carabineros. Porque la niña llora mucho, para él la molesta".
"Pasa lo siguiente, dejé hace una semana de convivir con él. Estaba conviviendo pero por el mismo problema de que él le pegaba a ella y me maltrataba a mí no puedo estar con él, no puedo seguir con él".
"En ese sentido ningún problema, pero mujeriego. Y peleas hemos tenido, el domingo tuvimos un alegato, pero de levantarme la mano gracias a Dios no".
"No, a mí una vez me pegó un charchazo, hace como dos meses fue esto, me mandó un charchazo pero lo eché, porque donde nosotros vivimos es en la casa de mi mamá. Mi mamá se casó ahora, tiene su casa y vive aparte así es que yo vivo sola con él en la casa de mi mamá. Y yo lo eché, se fue y hace una semana no más que volvió y no puede decir ni una cosa, después tuvo que llegar y pedir perdón".
"El día que lleguen a pegarle a mi hija, mi marido, yo le pego".
Las parejas de convivientes pertenecen a los estratos populares y no pueden escapar a las consecuencias sociales, económicas, culturales y psicológicas que ello les produce. Las adolescentes resienten dicha situación y aspiran profundamente a salir de ella; constituye un mundo que las afecta directamente:
"La experiencia mía es que cuando yo me junté con él, nosotros dos éramos drogadictos, le hacíamos a too en la droga pero menos al neoprén, entonces después, con el tiempo nosotros no queríamos querer hijo, con el tiempo nos pusimos a trabajar y seguíamos en la droga, íbamos a fiestas y droga, ya después empecé a sentirme mal y le dije a él que estaba embarazá y ahí empecé a dejar la droga, él también pero poco porque todavía él es drogadicto, por qué voy a mentirles si él es drogadicto. Pero me llevo bien con él porque de repente discutimos porque yo le digo que no tiene que hacer eso, no tiene que fumar"".
"Y para la niña porque con el tiempo va a saber que el papá es volao, que fuma pitos y too, entonces yo trato de decirle a él que si él quiere fumar pito o si va a tomar que vaya a otro lao pero no en la casa o que la niña lo vea".
"Cuando yo lo conocí era volao neto así, tenía 18 años cuando lo conocí, volao, le gustaba ir a fiestas pero nunca le hizo al neoprén, y yo me las di de grande y la primera vez pitié con él y me gustó y dije si no piteo con él, él se va a irse, ya puh, pitié con él y después aspiramos, pero ahora sabís que todos los días lo veía pitiar y yo pelié con él y le dije "si seguís pitiando vamos a terminar" y me dijo "¿tú pitiai?", yo le dije "no", esa fue la única vez que pitié y le dije por qué. Pero ahora yo digo este gallo nunca va a dejar el pito. Y sabís que cuando nació mi hijo, porque se había ido pa Ventanas, tenía dos meses cuando llegó, dejó el pito, yo nunca pensé que iba a cambiar tanto, cambió, y ahora de nuevo está volviendo a..."
"Yo a mi marido lo conocí en un estado lamentable, lo conocí en el alcohol, en la drogadicción, machetero pa qué decirte, robaba. Después de la niña empezó a cambiar, pitea, pero dejó todo lo demás puh: dejó el alcohol, dejó de machetear, dejó de robar, pero el pito..."
Tanto en términos normativos como afectivos, en la cotidianeidad de la relación de pareja el orden se presenta distinto para hombres y mujeres. Mientras las segundas están sujetas -estructuras en torno- a la pareja y los hijos, los primeros participan activamente de una "cultura de hombres" que les otorga prerrogativas especiales.
Las adolescentes resienten fuertemente las "prerrogativas" que los sentidos comunes predominantes en una "cultura de hombres" le otorgan a las parejas. Sin embargo, no tienen más opción que aceptarlas o terminar la relación:
"Ellos tienen toda la libertad de salir y una que salga y llegue a las 11:00, ayyy".
"Pero a ellos no les interesa la mujer, no están ni ahí que salgan. Yo tengo una amiga que está conviviendo con un chiquillo, sale en la tarde con una niña y vuelve como a la 1:00, 1 y media y está ahí en la casa y no le importa. No me gusta como está conviviendo, está conviviendo con ella porque en la casa no lo tenían como lo tiene ella, porque ella le tiene su ropa planchaíta, su comida y allá en la casa de él, donde la mamá, él mismo tenía que lavar, y si quería comer tenía que trabajar. Y acá si no trabaja un día la Carla va donde la mamá le pide plata, hacen comidas y él no se preocupa. Yo hallo que para convivir primero que nada tienen que..."
"A mí lo único que me falla es que estoy mal con él, ya me ha "cagao" varias veces ya, pero yo le he dicho que tiene que esperar el vuelto. Me dice que no me salga tan caro no más. Es que de mí está muy seguro, yo le digo que lo quiero porque es mi primer hombre y el papá de mis dos hijos y más lo quiero. El dice que yo estoy enamorá hasta las patas de él porque yo nunca me voy a separar de él, tiene una seguridad única".
El discurso grupal denuncia con fuerza la diferencia de roles entre hombre y mujer y la absoluta unilateralidad y discriminación en la distribución de responsabilidades en la organización de la vida cotidiana familiar:
"Se acuestan y que le lleven a la camita".
"A la camita, y a uno que le hagan eso porque cuando estai enferma "ay cuídate sola" y se van puh (ríe), y queda uno..."
"Claro, cuando yo estaba embarazá y él llegaba del trabajo le lavaba los pies, no sé porque le lavaba los pies pero se los lavaba". (risas)
"A él no le gusta que yo trabaje, tengo la posibilidad de trabajar y no hay caso, me dice "ah, tú soi mamá, tú soi señora y tenís que estar en la casa".
En medio de la percepción de precariedad y de exclusión del orden, los hijos e hijas y la pareja constituyen una posibilidad de construir un orden cuya legitimación aparece referida a los afectos posibles de generar y mantener al interior de dicha estructura. La homologación de la convivencia al matrimonio -que señalamos anteriormente- parece ofrecer una base razonable a esta construcción de orden afectivo -por sobre el orden normativo de la sociedad.
La aceptación afectiva de los hijos aparece como una condición para la aceptación de una probable nueva pareja, aún cuando las posibilidades de que tal aceptación ocurra aparecen remotas, difíciles:
"Yo soy así, yo digo las cosas de adentro, yo le digo que yo a lo mejor separándome de él quedaría sola porque no aguantaría ningún hombre, y si otro me quiere a mí, a mis dos hijos primero y después a mí, pero encontrar un gallo así es difícil".
A pesar y más allá de todas las referencias negativas a la pareja, en el discurso grupal persiste la valoración de los afectos como sentido y como explicación de la opción de convivir. Las adolescentes perciben que sus biografías han terminado por estructurarse en relación a sus parejas y que una ruptura con éstas implicaría desestructuraciones biográficas que podrían tener costosos efectos sobre ellas:
"No, es que cuando uno quiere y se entrega realmente a un hombre por amor cuesta dejar de querer. Yo digo: me gustaría dejar de quererlo un poco, lo quiero mucho, si le pasara algo o me dejara creo que me volvería loca. Yo siento el mismo amor por mi hijo que por él, pero a él en cuanto a hombre y a mi hijo porque es mi hijo pero... amores diferentes pero el mismo amor".
"Uno está adolorida porque al fin y al cabo a uno la deja el hombre que uno quiere, que sea, a mí me deja el hombre que yo quiero, yo siempre voy a tener ese remordimiento en mi mente, que él me dejó por otra, si él me llegara a dejar por otra".
"Pero mira, el hombre, tú tengai la culpa o no tengai la culpa, él se va, tú te hacís la pregunta, yo no le he fallado en nada ¿en que le fallé? esa pregunta siempre te la hacís. Aunque tú estís consciente, será que tú no le fallaste nunca y en nada tú te hacís esa pregunta. O conversai con él ¿en que te fallé? y luego te dicen "en nada", "pero, ¿por qué me dejaste?", y eso él lo sabe".
El paradigma de las percepciones del grupo respecto de sí mismas y de su condición -que responde tanto a los requerimientos imaginarios del orden normativo como a las aspiraciones del orden afectivo- aparece en la ilusión del "traje de novia". Expresado como deseo positivo o como sarcasmo -la percepción de que el deseo es imposible- la ilusión del traje de novia parece constituirse en el paradigma de lo perdido y el deseo de lo porvenir. Sin embargo, se trata de un grupo -de un discurso- sin porvenir; éste sólo puede venir de algún acontecimiento venturoso que cambie radicalmente todo y permita una nueva vida -la ilusión de que aún es posible llevar el traje de novia. No obstante, las adolescentes intuyen que tal acontecimiento es imposible y que sólo pueden esperar de sí mismas.
"Yo decía: "yo nunca voy a convivir", no me gusta la palabra convivir. Si dicen que es lo mismo, es mejor casarse. Cuando conversábamos yo decía "voy a llegar al altar de blanco y como Dios manda..."
"Es el sueño de toda mujer".
"De vestido blanco pero bien puesto, no como algunas que se casan de blanco y lo llevan mal puesto. No, pero no me resultó, a las finales. El papá de mi guagua me dice "conmigo no más vas a tener que casarte de blanco, con ningún otro", yo le digo que no, aunque me case con él, de blanco no me voy a casar porque una mujer de blanco..."
"Pero es que en la católica creo que aunque tenga cinco hijos de él y siendo mi primer hombre y siguiéndolo siendo tengo derecho a casarme de blanco pero yo digo que no puh, porque blanco es pa la mujer pura".
"Como... como la virgen María, tu vai de blanco..."
El esperar de sí mismas, sin embargo, aparece tan marcado por limitaciones de todo tipo de modo que lo que es posible esperar resulta esperable sólo para y por los hijos. Es precisamente sobre éstos que se vuelca la energía del discurso grupal -el deseo colectivo de acceder al futuro- bajo la forma de defensa de éstos contra los intentos reales o potenciales de agresión de sus parejas.
"Porque es mi obligación, porque es mi hija, porque es parte de mí. Ella no me pidió venir a este mundo, no me dijo "mami, hácelo". Entonces yo por eso afronto la situación, yo por eso digo que a veces hay que afrontar el papel de padre y madre, a costa de lo que se sea".
"Si, y yo me he dado cuenta que uno es capaz de limosnear (solicitar la caridad en la vía pública) para los hijos..."
"Y uno se da cuenta que es capaz de estar con el papá del hijo o como también no. No están sirviendo mucho los papás".
"Una tiene que dárselas de padre y madre, porque el hombre da la patá porque ellos trabajan y uno tiene que estar todo el día con los hijos. Ellos llegan a la noche, hola y se van a acostar. Y eso, porque veces los niños están durmiendo y ni despiertan.
"Eso es difícil para una que es sola y más encima que no recibe el apoyo de sus padres, es difícil. Es harto difícil cuando no tiene el apoyo de sus padres, a veces tiene que andar dejando a su hijo encargado para salir a rebuscársela.

3. ANALISIS DE MATERIALES DE ENTREVISTAS EN PROFUNDIDAD
Las entrevistas en profundidad fueron realizadas con adolescentes cuya opciones frente al embarazo fueron las de aborto o entrega en adopción.

3.1. ANALISIS DE MATERIALES DE OPCION ABORTO
La proposición general de sentido de las entrevistas en profundidad acerca de la experiencia del aborto podría expresarse en los siguientes términos: "el aborto como respuesta al embarazo adolescente significa una posibilidad de borrar las huellas externas de una transgresión de los límites del orden, para hacerse cargo internamente de las sanciones que dicho orden prescribe para tal transgresión". En otras palabras, significa deshacerse del embarazo al costo de llevar consigo sentimientos profundos de culpabilidad y de desvalorización personal.
"Yo lo hice, por una parte, para que mi vida no cambiara, porque yo siempre he sido buena para salir, todo eso, y con una guagua me cambiaba todo, ya me veía encerrada en mi casa con una guagua y todo eso. Ahora para mí igual cambió porque yo pienso que no puedo ser como las otras niñas de mi edad, no puedo ser igual que ellas, yo no tengo la mentalidad de una niña de 18 años normal porque yo ya me hice un aborto, yo ya convivo, estoy viviendo una vida de una persona mayor, porque ahora lo que debería estar haciendo sería estar estudiando y salir a fiestas, cosa que no lo hago porque no me llama la atención".
"Me arrepiento... quizá voy a tener que arrepentirme para el resto de mis días".
Sin embargo, el "deshacerse" del embarazo implica también una percepción de "vacío" (percepción distinta y equivalente a la percepción de "paréntesis" que parece predominar en el discurso de las madres adolescentes). El aborto ha dejado un vacío existencial que es necesario llenar de alguna forma (discursivamente, repitiéndose que tuvo sentido porque permite recuperar o mantener los vínculos afectivos amenazados por el embarazo; objetalmente, deseando intensamente tener un hijo) para recuperar los sentidos de vida.
"Cuando pienso en mi vida yo me arrepiento cien por ciento, cuando lo pienso me siento mal, como mujer me siento podrida porque sé que si yo fuera al médico me va a decir que yo no puedo tener hijos y ahí va a ser el arrepentimiento más grande de mi vida aunque ahora lo es, pero sería algo que me dejaría marcada para siempre. Me marca el haber matado a mi hijo, porque ahora... ahora yo no estaría aquí, estaría con él en mi casa, estaría jugando, que me estaría haciendo rabiar, mi vida habría cambiado el cien por ciento porque ya no habría sido la callejera, la que anda en la calle, la que sale y no llega y todo eso. Habría sido una vida de responsabilidad, que tenerle las cosas a él, que la leche, los pañales, que lavarle, que preocuparme de él".
"Ahora sí quiero ser mamá pero ahora yo no puedo quedar embarazá, hace 9 meses que estoy tratando de quedar embarazá y no puedo, ahora es tan grande el anhelo de tener un hijo que quizá Dios no me lo quiera dar. Me importa ser mamá porque es lindo y porque yo siempre he dicho, si yo tengo un hijo o una hija le voy a dar de todo, y le voy a demostrar a mi mamá cómo tiene que ser uno madre, no como ella lo hizo, porque yo siempre le dije que cuando yo sea mamá voy a estar con mi hijo o con mi hija pendiente de ella yo no le voy a restringir nada, no le voy a decir que salga o no salga, nunca tan liberal pero no le voy a andar prohibiendo las cosas ni tampoco nunca la voy a criar como ignorante; desde chica le voy a decir como son las cosas, como es la vida y llamarle las cosas por su nombre, no por sinónimos o porque suenen más lindo, andarle dando otro nombre, no, como son las cosas. Ahora quiero ser mamá, ahora quiero tener por quien luchar".
"Antes no quise por la edad y porque no pensaba como pienso ahora, ahora pienso que por mi hijo tengo que luchar, antes no, antes se me hacía difícil, o si no hacía que yo no iba a saber ser mamá y todas esas cosas, pero ahora no. Me hizo cambiar el aborto, porque yo en realidad maté un hijo y lo hice por no saber salir adelante por él, y ahora sí quiero salir adelante por mí porque lo más lindo es un hijo, ser madre. Para mí ahora lo más lindo sería tener un hijo y luchar por él y demostrarles a todos que puedo salir adelante sola y sin el apoyo de nadie, que puedo ser otra. Me gustaría tener dos hijos, una niñita y un niñito o dos niñitas, yo siempre he querido tener niñitas para (...) aconsejarla y para que no pase todas las cosas que pasé yo".
La presencia de tal "vacío", sin embargo, aparece como algo susceptible de "llenar" a través de la realización de las funciones o roles que el orden percibido les asigna. Ello aparece también como un camino de elaboración de la culpa: paradojalmente, la culpa parece incitar precisamente en el sentido del orden, de una "conversión" radical a éste (el paradigma de "crimen y castigo"). Desde este punto de vista, en los casos estudiados, el ser "buena hija y buena estudiante" y el "ser madre" pueden ser considerados equivalentes y, en su dimensión de respuesta al orden (caminos "penitenciales").
"Ahora me siento más aliviada, estudiando me siento super bien porque yo puedo llegar a mi casa y decir "papá, saqué buenas notas" y él se siente contento que yo saque buenas notas. Por ser en castellano y matemáticas uno tiene que eximir para no dar examen y yo le dije "papá, eximí en castellano y matemáticas" y él se pone contento, y eso me gusta a mí porque él se pone contento. Me decía "Ay que rico ¿y pasaste?", "sí, pasé a tercero". Yo ahora me siento más bien, por eso yo no quiero pololear ahora, más adelante".
"Me importa que mi papá esté contento porque él me crió cuando chica, ahora nosotros tenemos que pagarle a ellos aunque sea saliendo con su título, no es tanto pagarle con plata, haciendo que sus hijas sean profesionales. Si mi papá hubiese sabido me hubiese dicho que me lo hiciera, porque a mi sobrina antes no la sacaban para afuera; o sea que él se llevaba más por la idea de la gente y todo eso. Nunca la llevaba y un día nosotras llegamos, fuimos al Persa, todos lo conocen ahí, todos, fuimos con la guagua y él sintió como vergüenza de que mi hermana llevara su guagua, pero después la empezamos a llevar y como que ahora no, se olvidó de eso. Mi mamá me hubiera dicho que sí porque a mi hermana en su momento también le dijo que se abortara. Mi hermana dijo "no, yo no voy a hacer eso porque yo no pedí a mi hijo nacerlo, me voy de la casa y afronto las consecuencias". Mi hermana pensaba en casarse pero no se casó".
"Para él éramos como sus profesionales cuando nosotras estudiábamos y eso es lo que a él más le importa, como que él estaba fascinado con nosotras en el estudio. Yo estoy estudiando ahora pero por mi hermana, en ese sentido por eso yo me hice eso. Ante mí yo decía yo voy a cometer una locura pero... Yo todavía estaba enamorá... ahora no... como que ya no estoy enamorá de él pero yo hacía todo por él y todo por eso en ese momento no pensaba en los estudios ni en lo que pasó con mi hermana ni nada pero después ya reaccioné y ahí pensé en eso y por eso después me hice esto para seguir estudiando...".
Podría sugerirse que, en relación al proyecto de vida, la opción aborto significa la posibilidad de un "futuro abierto", en el que es posible "retomar" la situación previa al embarazo o iniciar caminos nuevos como si éste no hubiera existido.
"Cuando yo tenga mi edad con mi título ya no, voy a pololear, voy a tener hijos y todo eso, o sea ya no voy a tener temor porque ya salí con mis estudios si Dios quiere...".
Sin embargo, porque éste existió -por las huellas internas que deja- dicho "futuro abierto" aparece en realidad como un "futuro dedicado evitar los errores del pasado"; se trata, por tanto, de un futuro construido sobre una auto-conciencia permanente y activa del pasado (miedo de que pase de nuevo, miedo de que sus efectos produzcan daño futuro, voluntad de evitarlo, percepción de que fue "algo malo").
"Yo creo que siempre voy a ser mamá soltera, ojalá trabajando con una profesión y pueda formar mi casa sola. No digo a lo mejor puede que me enamore y me case pero si me caso yo creo que sería para puro sufrir. Yo siempre decía que me iba a casar virgen para casarme con un vestido blanco, y lo dibujaba en una hoja. O hasta ahora, siempre cuando voy al centro paso a la casa de la novia, a ver los vestidos y me imagino yo vestida de novia y todo. Yo no soy religiosa pero fui bautizada por la Iglesia Católica. Yo siempre escuchaba a mi abuelita y a mi abuelito que la mujer tenía que llegar al altar sin haberse acostado con ningún hombre y casarse de blanco era lo más lindo y yo siempre soñé con eso. Quizá me casaría solamente de blanco".
La salida del "vacío" implica también la posibilidad de fijarse a los signos visibles del orden -al padre o a la familia a través del estudio, en un caso; al hijo y a través de él al espacio y a los afectos, en el otro caso; desde cualquiera de estas "fijaciones" es posible avanzar por los caminos del futuro -el padre (cuya respuesta de futuro aparece enteramente consistente y probada), en un caso, y el hijo (el deseo del hijo que permita reconstruir un lugar -un espacio social- de afectos -el hogar- perdido en la infancia), en el otro caso, constituyen los caminos que posibilitan el futuro.
"Ahora hacer lo mismo mejor no, ya que voy terminando ya mis estudios mejor, o sea mi papá me dice: "y vai a pololear" yo le digo "no", o sea que no puh, yo quiero pero por temor a lo mismo mejor no. Uno como que una tercera vez o una segunda le pasa como que tiene temor de hacer lo mismo, temor a pololear y ya después pasa y hacer lo mismo".
"Me importa ser mamá porque es lindo y porque yo siempre he dicho, si yo tengo un hijo o una hija le voy a dar de todo, y le voy a demostrar a mi mamá cómo tiene que ser uno madre, no como ella lo hizo, porque yo siempre le dije que cuando yo sea mamá voy a estar con mi hijo o con mi hija pendiente de ella yo no le voy a restringir nada, no le voy a decir que salga o no salga, nunca tan liberal pero no le voy a andar prohibiendo las cosas ni tampoco nunca la voy a criar como ignorante; desde chica le voy a decir como son las cosas, como es la vida y llamarle las cosas por su nombre, no por sinónimos o porque suenen más lindo, andarle dando otro nombre, no, como son las cosas. Ahora quiero ser mamá, ahora quiero tener por quien luchar".
En otras palabras, el futuro aparece como constante elaboración del pasado; una elaboración del pasado que busca constantemente condiciones para borrarlo totalmente, sin lograr encontrarlas todavía. Las huellas del pasado amenazan con acompañar las biografías de las adolescentes mucho más allá de lo que ellas quisieran.
"Yo he visto tantos fracasos que si me caso sería un fracaso más aquí en Chile, he visto fracaso de matrimonios en la población, que se separan que tiene otra, que la deja, y todo eso, se me imagina que si me caso mi marido se va a aburrir de mí, sé que todo cambia porque cuando uno pololea, uno sale, se divierte, que va al cine, que va a la plaza, que a dar una vuelta, se casa, tiene hijos, ya no puede ir al cine, salir en la noche y ya el hombre como que para él es rutina, rutina estar con la mujer, con los hijos, que no puede salir, que los hijos molestan, que se portan mal, entonces se busca una mujer por fuera solamente para divertirse, para salir y todo eso, entonces eso es el miedo que tengo, al fracaso".
"Yo decía: cuando me case recién voy a tener relaciones sexuales, porque mi sueño era siempre casarme de blanco, y siempre soñaba eso, casarme de blanco con un vestido lindo y todo puh, por eso lo había decidido así pero ya no fue. Sé que ya no voy a poder casarme así... yo pienso ahora que ya nadie me va a mirar como para pololear y poder casarme, por lo mismo, por haber andado con el Ernesto y porque yo ahora tampoco soy..."
"Uno tiene que tomar algo para no quedar embarazá, pero en esos momentos no lo tiene, o sea uno nunca va a saber cuando lo va a hacer y cuando no, pongámosle ahora mismo uno va con el pololo y uno tiene algo para no quedar embarazada ¿y usted va a saber si lo va a hacer o no?. Por eso digo, como que ya no me llama la atención el pololeo porque siempre pasa eso..."
"Es difícil pololear y que sea distinto, no sé puh es que casi todos... un hombre y una mujer desean hacer el amor y pololear va a ser lo mismo. Los que pololean es más pa eso. Yo tengo una compañera ahora que también se hizo aborto y también tiene temor a pololear, a casi todas les pasa lo mismo. Por lo que me dice la orientadora como que el cuerpo desea hacer eso, no uno, es el cuerpo el que desea hacer el amor no uno por eso uno tiene... yo tengo temor de pololear".



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