Embarazo adolescente


ANALISIS DE MATERIALES GRUPOS DE MADRES ADOLESCENTES CASADAS



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2.2. ANALISIS DE MATERIALES GRUPOS DE MADRES ADOLESCENTES CASADAS
La proposición general de sentido sobre el ser madres adolescentes casadas podría expresarse en los siguientes términos: "ser madres adolescentes casadas significa haberse reintegrado funcionalmente al orden luego de una transgresión que pudo haber sido sancionada drásticamente por éste". En otras palabras, el matrimonio resulta en una opción que permite "hacerse responsables" formalmente de las relaciones sexuales y del embarazo a efectos de evitar una sanción mayor.
"Yo acepto estar casá, pero estoy muy joven pa tener la responsabilidad, yo siempre lo pienso, sí, siempre, por qué se puede ser tan joven madre si yo tenía un futuro diferente y el destino... no sé si fui yo o el destino el que me cambió el papel ¿viste?, se me dieron vuelta los papeles, de repente yo he pensado así, siempre pienso por qué me casé tan joven, pero, aquí estoy puh".
El orden social transgredido aparece identificado en una referencia directa a la "sociedad" que juzga. La percepción inmediata de por qué juzga la sociedad aparece asociada a la edad -ser muy joven-. Más adelante se verán otras versiones de este "juicio" de la sociedad; sin embargo, la referencia a la edad parece fijar definitivamente tanto el sentido de la transgresión *y de la posición en que han quedado las adolescentes como el camino de integración al orden -que permite escapar del juicio-: son "menores" (posición que las sub-ordina en una escala jerárquica) y su camino es "hacerse adultas" (camino supuesto que algún día las co-ordinará):
"Es algo super distinto, como que la sociedad nos juzga y dice "uy que jovencita" y no sé puh, pienso eso, nos mira la sociedad como... como... como que puchas que la embarramos, que somos tan jóvenes, perdimos toda nuestra juventud y que no vamos a poder gozar como todas las lolas (adolescentes), no vamos a poder volver a pololear... o sea algunas (risas)... y... eso puh".
De manera más dramática, la actual situación de "casadas" es interpretada como una consecuencia de -y una respuesta a- el embarazo. Si éste no hubiera ocurrido la posición subordinada no sería visible pues no aparece ni la posibilidad ni la necesidad de la coordinación:
"Si yo no hubiera quedado esperando no me hubiera casado".
"Nosotros antes de que yo quedara embarazá estábamos pensando "oye, cuando seamos más grandes nos vamos a casar".
"Si a mí me dijeran de nuevo casémonos yo le diría que no (varias asienten) o sea esperemos un poquito. Yo, porque estaba enamorada me casé, pero yo no sabía a lo que iba, sino es la niña, es él, entonces uno no puede dedicarle mucho tiempo a uno, me gustaría dedicar... por ejemplo antes yo salía con mis amigas, ahora no puedo salir".
El discurso grupal de las adolescentes casadas establece una relación entre la adopción de dicha opción y los recorridos biográficos de las participantes. En dicha relación parecen operar dos niveles del orden social, contradictoriamente ligados entre sí: el nivel del grupo primario inmediato -la familia- y el nivel del agregado social -la sociedad- (la coordinación con la pareja es percibida como salida a la subordinación etaria y de género en la familia, aunque dicha percepción aparezca más tarde como imposible):
"Mi papá toma, es un hombre que toma y pasaba curado, no podía salir a la esquina, no podía conversar con nadie, o sea era así, siempre con unas amigas no más que tenía y ahí no más, si me veía conversando con un chiquillo y me preguntaba si estaba pololeando. Cuando yo terminé con mi esposo, terminamos por un buen tiempo, me dijeron "si no pololeas con él no tienes que pololear con nadie más" o sea como que me amarraron. Yo dije: "si me caso voy a tener más libertad, va a ser diferente", fue peor (risas) y aquí me tienen.
"Yo creo aparte de que uno esté embarazá yo creo que hay otro motivo que la motiva a uno a casarse, o sea siempre... el mío fue un problema de infancia super doloroso porque mi papá me pasaba puro pegando, entonces yo dije "para que no me pegue más me caso".
"Yo creo que mi problema también -como dice ella- es más de infancia porque yo al menos, yo pienso que uno se deslumbra porque yo tenía, cuando lo conocí, 14 años, pololeamos dos años y por ejemplo, él es mucho mayor que yo entonces era una persona diferente, ya no era igual que los pololos que uno tiene sino que era un hombre mayor que me sacaba a partes que yo no había visto".
La maternidad como contenido del "matrimonio" que racionaliza y da sentido a la reinserción al orden: una posibilidad inmediata de coordinación y de asumir roles "adultos", ser y operar como adulto.
Si el matrimonio corresponde a la expresión formal de la reinserción al orden, su expresión funcional aparece inmediatamente referida a la maternidad. Esta se constituye en la manifestación más visible e inmediata de las nuevas responsabilidades que las adolescentes deben asumir. Tales responsabilidades aparecen contradictorias y ambivalentes, conllevando pérdidas y logros; sin embargo, el discurso grupal no puede referirse a las primeras sin intentar compensarlas con los segundos.
La primera referencia pone en la superficie los costos que para las adolescentes representa asumir la maternidad:
"Si, absorben harto tiempo los niñitos, pero igual que un niñito que es tuyo, porque tú lo criaste, te necesite a ti no más".
"Al tener a mi hijo a los 16, 17 años perdí todo, todo, todo, imagínate... ahora yo no te converso con nadie".
Los sentidos comunes se hacen de nuevo presentes como contrapeso de las responsabilidades y las pérdidas; aunque se perdió mucho, es necesario asumir la nueva situación:
"Tampoco se trata de amargarse y no hacer nada, yo ahora estoy terminado mi segundo medio y pienso seguir estudiando, bueno, tengo la ayuda de mi suegra, ella me ayuda bastante, pero yo estoy tratando de salir adelante por mi hijo".
Más allá de la maternidad, sin embargo, el matrimonio aparece desprovisto de sentido e irrumpen con fuerza los significados negativos que sugieren que el matrimonio no resulta entera o medianamente satisfactorio sino que es percibido sólo como un "mal menor". La subordinación -el ser menores- se expresa ahora en una dimensión nueva, complementaria de la minoridad etaria: la minoridad del género.
La relación de pareja aparece bloqueada por diferencias de roles, fijación de la mujer a la casa e incomunicación. La relación cotidiana se estructura a partir de una subordinación funcional al género "mayor":
"Mi marido llega del trabajo y prende la tele y se instala a ver la tele "¿y cómo te fue?" y sigue viendo la tele, es así. Después llega la noche, él ve un poquito de tele, va y se acuesta, y ahí se fue todo el día, o sea en la tarde el ratito que estoy con él y... después tengo que llegar a hacer aseo a mi casa, choreá atendiendo dos niños, yendo pa'llá, yendo pa'cá, y después que llegue él, puchas que aunque sea que te diga "¿cómo estás, cómo estuvo el día?" aunque sea algo así, pero a mí nada, llega prende la tele".
"Cuando llega a la casa "¿qué hay de comer?" porque es super hambriento, lo primero que pregunta cuando llega es "¿qué hay de comer?", hay que servirle ahí y mirando tele y comiendo"
"A veces uno pasa tantos problemas en el día, tantas cosas que uno pasa en el día y uno espera algo diferente, puchas y de que llegue... por ejemplo llega a mirar la tele, yo altiro me doy cuenta que no está ni ahí, esté yo o no esté".
La sexualidad aparece unilateral y enteramente organizada a partir y en función del hombre -la corporalización de la subordinación o apropiamiento del cuerpo por el hombre:
"Igual que ahora, hemos tenido problemas con mi marido por la relación sexual, porque ¿sabís que a veces a mí no me dan ganas? chocamos tantas veces en eso que él me dice "Tere, tú no me querís"...
"Yo siempre me corría, pero es que no sé, yo quería ir a la matrona a preguntarle, a lo mejor yo podía estar enferma porque no sentía nada, porque no quería, entonces él me decía tenís otro, tenís otro".
"Yo he tenido que fingir que quedé bien pero no siento nada, nada, nada, lo hago para que no se sienta mal".
"Yo tenía relaciones con él y en el momento de tener relaciones se iba, a él no le importaba si me sentía a gusto o si estaba satisfecha, no me preguntaba y llegaba y me decía "ah, déjame dormir" y me iba pa mi cama puh. "Vos me estai tratando igual que las putas -le decía yo- a esas les pagan y mientras que el hombre se va cortao lo echan altiro, yo no soy de esas, si querís una mujer búscate una por fuera porque yo no te voy a soportar" le dije, "estoy aburría, estoy harta, yo me siento mal por dentro".
Finalmente, la frustración que la relación de pareja produce es asumida como "costos de estar casada" -aceptación de la subordinación actual pero supervivencia del deseo de una relación distinta (podría sugerirse que persiste una imagen que señala que la subordinación válida es la subordinación etarea -a los padres- y que la relación deseada con la pareja es de coordinación -relación que sería propia de los hijos entre ellos:
"Uno con marido y con hijos ya no puede tener amigos".
"A mí me gustaría hacer otra cosa para no aburrirme tanto en la casa, porque yo hago las cosas, las de mi guagua y después..."



"El mío no, es que el hombre siempre dice que la mujer es de la casa y de la casa tiene que ser. El mío no, yo le digo: "la cosa aquí es por igual, si vos salís yo salgo", pero el día que llegue a cagarme como se dice, cara dura lo jodo. Yo le digo que nunca voy a caer en menos pero el día que yo llegue a meterme con otro gallo no va a ser para la casa, va a ser para afuera porque no voy a pasar a llevar a mi hijo".
"Al mío yo lo encuentro machista porque el otro día me puse una mini, andaba así con una cara (risas). Yo igual me la pongo, no me deja salir, no me deja salir y tengo que salir con él, y eso a mí no me gusta, no me gusta, a uno le dan ganas de repente de salir un ratito, de distraerse sin la guagua, porque yo de la guagua no me despego en todo el día".
Al igual que en el caso de los grupos de madres adolescentes solteras, las adolescentes casadas parecen estar en una situación de "paréntesis" cuyos sentidos más profundos se relacionan con percepciones de "transgresión" o de caída respecto del orden dominante; aún para las adolescentes el ser madres a temprana edad conlleva algún tipo de transgresión que las expone a una sanción que deben asumir y operar con ella. El estar casadas no parece bastar para recuperarse al orden, se requiere aún de algo más que les exige renunciar al sí mismas y verse proyectivamente en otros (la única posibilidad de coordinación percibida es la coordinación en el ser madres):
"(Llorando) ...estoy super contenta, yo no acuso a nadie porque a las finales yo tuve la culpa de haber quedado embarazada y todo, pero..."
"Oye, pero no lo mires como una culpa, míralo como algo que es fantástico, míralo como algo que es fantástico, mira, Dios te dio la oportunidad de ser mamá".
"A mí lo que más me afectó es que todos se mi tiraron encima, llegué a mi casa (habla llorando)... Bueno, y ahora con él no fue tanto, yo lo tuve mamá soltera también, me casé después de haberlo tenido a él, en ningún momento él me dejó sola, nada, mi mamá lo echaba. Bueno, y ahí tuve que tirarme sola no más; en todo caso estoy feliz con mi niño".
"Con mi hijo ha sido difícil porque yo tuve a mi hijo y me aferré a él; resulta que mi infancia no fue una infancia linda, bonita, o sea que yo lo tuve a él y me aferré a él; para empezar el niño... yo te digo, es tercera vez que salgo sola sin él; yo donde ande, incluso te puedo decirte que estoy en el baño, estoy bañándome en la ducha y tengo que estar con él porque el niño no puede apartarse de mí; y sobre todo yo también lo siento, es algo como que me sacan a mí, cuando yo salgo puedo estar una hora y ya estoy inquieta "mi hijo, mi hijo porque yo todo... él almuerza conmigo, tengo que estar con él, él se queda dormido estando con él; resulta que yo ya no puedo ni siquiera pa arreglarme yo tengo tiempo porque él todo..."
Dos nociones parecen operar contradictoriamente en los discursos grupales: por un lado, la noción de ser una "buena madre y buena esposa" y, por otro lado, la noción de aspirar a ocupar posiciones distintas tanto en la estructura social -aspiraciones de estudiar o trabajar generando ingresos- como en la estructura familiar -no depender del marido ni económica ni emocionalmente-. En el medio de esta contradicción parece operar una percepción de precariedad respecto de la relación de pareja y, por tanto, ponerse en acción tanto una actitud de retención de la pareja -ser buena madre y buena esposa- y en actitud de prevención de posibles rupturas.
Ser buena esposa y madre implica "jugárselas" por la relación de pareja, buscando por todos los medios posibles influir sobre la pareja para hacerla cambiar y responder a los compromisos del matrimonio. Implica también evaluar cuidadosamente los riesgos de la infidelidad femenina:
"Yo tuve que ponerme rebelde, en mi casa pude hacerlo cambiar a él, andaba en la calle, pateaba, qué se yo, todas esas cosas, entonces yo como de repente no iba al colegio por verlo a él, los días de ferias yo iba a la feria y me encontraba con él, entonces yo le decía: ándate pa tu casa, anda a almorzar, cámbiate ropa, esas cosas así, entonces yo lo hice cambiar a él, y después todas estas cuestiones, los problemas, yo le digo: "tú no me agradecís ni una cosa todo lo que yo hice por ti" porque yo prácticamente me fui en contra de mis papás por él. A lo mejor dejar la escuela por él y todas esas cosas"
"A mí, lo que más me costó fue sacar a mi marido de los grupos, porque él trabajaba, se colocaban todos en la esquina, a mí no me querían porque era muy niña, y era media... cómo te dijera... siempre he sido media pesá, media así, por ejemplo si yo lo quería ir a ver a él..."
"El me dijo que si nos separábamos no nos íbamos a ver nunca más y que no se iba a preocupar del niño, pa la comía nada. Por eso me da cosa, digo yo: ¿cómo me voy a separar?, porque uno piensa en el cabro chico porque yo nunca he trabajado y si me separo ¿qué voy a hacer?, no le voy a decir a mi mamá "cómprame leche o el niño no tiene zapatos".
La precariedad de la situación presente hace aparecer la necesidad de retener a la pareja, comprometiendo con ello también la propia disposición hacia otras parejas:
"Pero hay algunos que se retiran de la casa".
"Yo sé que nunca me va a engañar porque yo sé que le doy lo que ninguna otra mujer le podría dar. Yo sé que le di un hijo, que le doy pero todo mi amor y que le doy seguridad porque sé que yo tampoco lo voy a engañar, porque él es la única persona que sabe, que me conoce, él es la única persona, ni siquiera mi mamá me conoce".
Las referencias a los hijos juegan un rol fundamental en la proyección biográfica de las madres adolescentes: en ellos se vuelca casi todo el significado de "ser madres adolescentes y estar casadas". Todo lo que se hace, lo que se siente y lo que se espera parece tener sentido sólo en referencia a la necesidad de asegurar que los hijos reciban afecto, que tengan oportunidades de "ser mejores que una" o que los progenitores, que no les falte nada y que no pasen por las situaciones familiares, sociales o afectivas que han pasado sus madres.
"De repente yo pienso que los niños recompensan el sufrimiento que uno pasa, porque yo creo que todas, si han sido mamás solteras, así, han sufrido, o... o... aunque se hayan casado, igual".
"Tengo que pensar en mi hijo, en lo que viene más adelante, y ahora pensaba separarme de mi marido pero no es llegar y separarse. Yo pienso en mi hijo porque no quiero que sufra lo que sufrí yo".
"Y más digo yo, porque uno siempre quiere darle a los hijos lo que a uno no le dieron".
"Claro, para mí también, es super importante por saber criar a mi hija bien, en una buena familia y su estudio y qué se yo y eso. Verla grande, es lo más rico".
"El dice que quiere que el Fabián sea más que él, darle estudio, que estudie harto y que sea alguien en la vida, más que él, eso quiere para la guagua".
Atrapadas en el sin sentido de una maternidad que plantea exigencias propias que las adolescentes difícilmente pueden satisfacer, el sentido común grupal se dirige a los progenitores o parejas en el matrimonio. Poco a poco se hace visible una percepción de éstos en la cual la valoración positiva o negativa que las adolescentes hagan de ellos está referida principalmente a una disposición de valoración o no valoración de sí mismas y de su lugar en la relación. En otras palabras, pareciera que las adolescentes requieren valorar a sus parejas para poder valorarse a sí mismas; si la valoración de sus parejas es escasa o nula, también lo será la propia autovaloración. Sin embargo, la posibilidad de valoración positiva o negativa aparece referida a la situación de las adolescentes previa al matrimonio y maternidad.
La valoración de la pareja opera como una condición para valorarse a sí mismas (intento que no logra realizarse porque la referencia de dicha valoración está dada por la situación de las adolescentes previa al embarazo y matrimonio):
"A mí me encanta que él le haga cariño a mi guagua porque es su hijo, lo adora, yo creo que lo quiere más que a mí, pero algunas veces me da rabia porque a mí me deja a un lado y la pura guagua, la pura guagua "mi rey, mi rey" la guagua es todo para él, yo creo que la quiere más que a mí a la guagua".
"No, a mí no me pasa eso, él me quiere más a mí que a la guagua, o sea, uno tiene que pensar así: los hijos después se van a ir cuando... imagínate, yo tengo un niñito, puede que a mi hijo le pase lo mismo que a nuestras parejas que se casaron jóvenes, se van a ir, entonces por eso, tiene que estar la pareja en primer plano y los hijos en segundo plano, porque uno con la pareja va a vivir si Dios quiere hasta que se termine la vida y es mejor tener el cariño del marido que del hijo, o sea... así puh".
"Pa mí es todo lo contrario, o sea de que yo... yo tengo que decirle a él: hazle cariño a la niña, mira a la niña como te mira, háblale porque... puchas, es indignante que el papá esté ahí, que la niña le esté hablando y que "no le haga ni pío" puh, pero con el niño es diferente, le habla, lo quiere y cosas así. Y cuando nosotros salimos él siempre trata de complacerme a mí, y a la niña a un ladito, entonces yo le digo "no, no me comprís a mí, cómprale a la niña", pero es bien distinto con la niña, es bien frío. Prefiero que vea por la niña y por el niño antes que mí".
Las referencias a las condiciones de vida, al trabajo, el ingreso y las posibilidades de asegurar alimentación, vestuario y vivienda, especialmente para el bebé, introducen un elemento de gran tensión discursiva. Los sentidos comunes que definen roles masculinos de proveedor se expresan con fuerza en las referencias a los efectos que sobre las parejas tiene el no poder realizar dichos roles (efectos que operan sobre una percepción de fondo: lo que las adolescentes eran antes de embarazarse y casarse).
"Mi marido, cuando por ejemplo no hemos tenido plata para comer, me dice: "yo no tengo plata para darte hoy día, te "cagai" de hambre no más" y yo le digo: "claro, ¿y el cabro chico?", "se caga de hambre puh", no me ha dado nada, yo me he tenido que ir donde mi tía a comer, dos, tres días".
"A mí me da pena cuando a veces estoy justo con la plata y mi hijo me dice: "¿te llegó plata?" yo le digo "hijo, no hay", o ve que otra persona está comprando y a él se le antoja y a mí me duele el corazón decirle: "no tengo" y te piden y lloran".
"El año pasado estuve trabajando, lavando, porque mi marido no estaba en buena pega, estaba cesante; a mí no me da vergüenza trabajar de empleá doméstica, iba a lavar todos los días a una casa diferente,... pero me ganaba mi pedazo de pan, pa mi y pa mi hijo".
Los sentidos comunes del grupo se orientan a "justificar" o comprender a las parejas y al reconocimiento de sus "necesidades propias" (una condición necesaria para poder encontrar elementos para la valoración de sí mismas):
"Bueno, yo creo que ellos esperan lo mismo de nosotras..."
"O de repente, si una se le acerca y déjame tranquilo o una cosa así, que uno sienta de repente el rechazo también es penca, es miedo también a acercarse"
"Yo estaba super contenta y empieza a abrazarme así y no me deja tranquila, me persigue para donde yo voy, voy al baño, voy a la cocina, voy a la pieza, voy al living, allá está persiguiéndome".
Las referencias anteriores también pueden ser leídas no como constatación y descripción del cambio sino, básicamente, como definiciones de "lo perdido" en el cambio y que no logran reencontrar en su nueva situación. Permanece, luego, como deseo de cambio aún por realizar -el deseo de que la situación de estar casadas responda a las imágenes ideales que permean los sentidos comunes populares en sus versiones más idealistas y menos pragmáticas. De todas maneras, un deseo imposible o posible sólo en condiciones distintas de aquellas en que viven y sienten las adolescentes. Por ello mismo, las referencias al futuro incluyen de manera importante el deseo de "tener una casa", de disponer de intimidad, de conformar una familia, etc.; por sobre estos deseos, sin embargo, prevalece el deseo de cambios personales para ellas mismas -el deseo de estudiar puede constituir una forma de expresión del deseo de autocentramiento, de desarrollo y realización personal, de ser ellas mismas (el deseo de pasar de la subordinación -relación vertical- a la coordinación -relación horizontal- en distintos ámbitos de la vida social y cotidiana).
Los percepciones acerca del futuro se confunden con los deseos -de niñas de los grupos populares precariamente instaladas en viviendas provisorias o allegadas a algún familiar o amistad. Los deseos se dirigen a cosas concretas y que, en los sentidos comunes populares, indicarían aspiraciones de estabilidad espacial, social y económica, fáctica y simbólicamente encarnados en "la casa propia":
"Yo lo que quiero es hacer mi familia, y mi sueño -como nunca ha resultado mi matrimonio- es tener mi casa, mis cosas y... eso, y tratar de yo, hacerlo feliz a él, cosa de que resulte y que sea toda la vida así, pero me cuesta".
"Yo, en este momento lo que más deseo es tener mi casita..."
"Ahí uno tiene harta privacidad y... harto que sirve la privacidad..."
"Yo pienso que todas quieren su casa y sus cosas y tratar de llevar lo de la mamá así, uy la mamá cómo se ha sacrificado por uno, así uno quiere ser para sus hijos".
La valoración y expectativa de estudio aparece como una condición necesaria para superar -salir de- la situación de precariedad actual (el estudiar aparece, en esencia, como posibilidad futura de nuevas coordinaciones -funcionales, sociales, culturales- en las cuales participar en situación de "iguales"). También los estudios aparecen como una aspiración específica y como un medio para lograr otros fines; entre estos, nivelarse con el marido (nivelación que se refiere a una percepción de "superioridad" del marido):
"Y me gustaría también estudiar, o sea seguir un poco más, o sea alcanzarlo un poco tal vez a él porque de repente uno se siente mal porque "mira, tú tenís medio estudio y yo no puh". Me gustaría también superarme, trabajar, tener una actividad".
"Yo igual. Yo quiero tener mi propia plata, o sea ayudarlo a él para que no diga: puchas, nadie me ayuda, tengo que llevar este peso solo"
"Yo lo que quiero es terminar cuarto medio, después estudiar auditoría y tener mi casa, tener la casa, los muebles, estamos empezando a comprar unas cositas, empezamos con el equipo de música (risas)."
"A mí me gustaría trabajar también, más adelante”.
De pronto los deseos se vuelven hacia una proyección de su situación de pareja en condiciones tales que hagan posible la realización como pareja, en familia, con más niños o sólo con la hija o hijo actual:
"Si pudiera quedarme con mi hija solita me quedaría con ella no más".
"Y ser feliz con el marido"
Sin embargo, algo no dicho -que teme decirse- queda flotando en el ambiente grupal: las adolescentes madres y casadas tienen que repetirse a sí mismas que su situación es buena, que ha valido la pena y que tiene futuro; si no se lo dijeran, el matrimonio aparecería como una opción que una vez conocida sería mejor no intentar. No resulta claro que los sabores superen a los sinsabores.



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