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Caracterización de Andrés Hurtado mediante su discurso con los personajes en El árbol de la ciencia



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Caracterización de Andrés Hurtado mediante su discurso con los personajes en El árbol de la ciencia


Nina Čierniková

Zuzana Ďaďová

Barbora Hanousková

1. Introducción

La obra “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja se considera una manifestación absoluta de los valores y las actitudes de la Generación ´98. La angustia de la vida, la melancolía del pasado e incertidumbre del futuro, la amargura existencial, el cansancio, todos estos rasgos tan propios de la Generación ´98 y muchos más, los veremos merced al enfoque analítico al protagonista de la obra, Andrés Hurtado.

Como afirma María Magdalena Cueto Pérez en su estudio “El discurso de los personajes en El árbol de la ciencia” en la obra nos encontramos con dos tipos de discursos: el discurso de personajes y el discurso del narrador (Cueto Pérez, 1981-1982: 233). Es decir, el carácter del protagonista se nos muestra por una parte mediante las reflexiones facilitadas por el narrador omnisciente y, por otra parte, mediante las conversaciones con los distintos personajes de la obra.

Sus personajes más representativos (...) tienen, al menos, dos rasgos en común: son excelentes conversadores y son hombres esencialmente solitarios. Cuando están entre la gente - y tal vez pueda reconocerse en ello la actitud del propio Baroja -, hablan y observan; cuando están solos, reflexionan sobre lo que han visto y oído, tratando de sacar sus propias conclusiones para llegar a una mejor comprensión del hombre, de la vida y de la realidad que les rodea. (Cueto Pérez, 1981-1982: 235)

   

En nuestro trabajo, sin embargo, intentaremos abstenernos de analizar al personaje directamente mediante las reflexiones del narrador, sino que nos será primordial este primer aspecto de caracterización y definición de Andrés es decir su carácter conversador y observador.  



Por consiguiente, vamos a elegir los discursos de Andrés con el personaje de Julio Aracil con el que llevaremos a cabo el análisis de sus valores morales y sociales, el personaje de Iturrioz, como una fuente del conocimiento de pensamiento filosófico de Andrés, y, finalmente, con el personaje de Lulú, la mujer de Andrés, como un medio de  demostrar la parte emocional y sentimental del protagonista.

    2. Análisis

    2.1 Julio Aracil

    A la hora de analizar a Andrés Hurtado en relación con el personaje de Julio Aracil, es preciso tener en cuenta de su primera presentación en la obra. El autor nos da a entender que Julio va a acompañarle a lo largo de la obra como su condiscípulo de medicina y luego como su amigo:

—¿Qué, tú también vienes aquí? —le preguntó Aracil.

—Ya ves.

—¿Qué estudias?

—Medicina.

—¡Hombre! Yo también. Estudiaremos juntos. (p. 5)11

Pero al mismo tiempo esboza Pío Baroja la predominante actitud negativa del protagonista hacia él ya que “Andrés experimentaba por Julio Aracil bastante antipatía” (p. 19). Precisamente el personaje de Julio Aracil será nuestro medio para comprobar la técnica de contraste tradicional (Llanos de los reyes, 2002) tan característica de Pío Baroja y, al mismo tiempo, llevar a cabo una caracterización del protagonista.

Uno de los contrastes más significativos entre estos dos personajes nos proporciona el autor ya desde el principio. Mientras que Montaner y Andrés Hurtado se nos muestran como unos personajes de opiniones y actitudes estables (aunque en muchos casos absolutamente contrarios en cuanto a política, familia real, clases sociales etc.), Julio Aracil se nos presenta de manera completamente diferente. No sólo se burla de los ideales y valores de los dos, a Aracil incluso le molesta este tipo de conducta:

A Julio le molestaba todo lo que fuera violento y exaltado: el patriotismo, la guerra, el entusiasmo político o social; le gustaba el fausto, la riqueza, las alhajas, y como no tenía dinero para comprarlas buenas, las llevaba falsas y casi le hacía más gracia lo mixtificado que lo bueno. (p. 19)

Por consiguiente, podemos suponer que Aracil entra en los discursos políticos e ideológicos de Montaner y Andrés no con la finalidad de apoyar a uno de ellos o hacerlos acabar las discusiones demasiado tensas a veces, sino que entra con el fin de que quede presente su carácter materialista, mezquino y sórdido.

Hurtado era republicano, Montaner defensor de la familia real; Hurtado era enemigo de la burguesía, Montaner partidario de la clase rica y de la aristocracia.

—Dejad esas cosas —dijo varias veces Julio Aracil—; tan estúpido es ser monárquico como republicano; tan tonto defender a los pobres como a los ricos. La cuestión sería tener dinero, un cochecito como ése —y señalaba uno— y una mujer como aquélla. (p. 7)

Esta lucha del materialismo y de la utilidad representados por Aracil contra los valores puros e humanitarios de Hurtado la podemos percibir también mediante su actitud hacia su estudio de medicina. Mientras que el protagonista es ávido de aprender y su motivo para el estudio es claramente humanitaria, Aracil lo concibe más bien como un medio para llegar a dominar, es decir, aumentar su poder. Nos encontramos, entonces, ante una oposición significativa de “estudiar” de Andrés y “aprobar” de Aracil.

    Hurtado tuvo una verdadera decepción. Era indispensable tomar la Fisiología como todo lo demás, sin entusiasmo, como uno de los obstáculos que salvar para concluir la carrera. Esta idea, de una serie de obstáculos, era la idea de Aracil. Él consideraba una locura el pensar que habían de encontrar un estudio agradable. Julio, en esto, y en casi todo, acertaba. Su gran sentido de la realidad le engañaba pocas veces. (p. 18)

A la hora de pormenorizar el carácter del protagonista, es indispensable mencionar su simpatía por el pobre y, ante todo, su ternura hacia los seres más desvalidos. Este sentido de solidaridad, o bien sea, la “exaltación humanitaria”, como lo denomina el propio autor de la novela lo podemos considerar una respuesta  del protagonista a una vida percibida por él como “arrasadora”, “desordenada”, “inconsciente”, o incluso como una “cacería cruel”. Otra vez esta filosofía la podemos percibir en contraposición a la filosofía de “aceptar y aprovecharse” que le va a acompañar a Aracil a lo largo de la obra ya que “otra de las condiciones de Aracil era acomodarse a las circunstancias, para él no había cosas desagradables; de considerarlo necesario, lo aceptaba todo” (p. 19).

—Claro que hay cosas malas en la sociedad —decía Aracil—. ¿Pero quién las va a arreglar? ¿Esos vividores que hablan en los mítines? Además, hay desdichas que son comunes a todos; esos albañiles de los dramas populares que se nos vienen a quejar de que sufren el frío del invierno y el calor del verano, no son los únicos; lo mismo nos pasa a los demás. (...)

—Si quieres dedicarte a esas cosas —le decía—, hazte político, aprende a hablar.

—Pero si yo no me quiero dedicar a político —replicaba Andrés indignado.

—Pues si no, no puedes hacer nada. (p. 26)

Mediante los diálogos entre Andrés y Julio, el lector puede darse cuenta, además, de la pureza e ingenuidad de Andrés. Su simpatía por el pobre, por el que sufre, por el débil viene enfrentada a la necesidad de aprovecharse de Julio ya que éste abusa de su posición a la hora de hacer corte a Niní, la hermana de Lulú. Su necesidad egoísta de obtener placer, independientemente de los medios usados, no puede ser aceptada nunca por el protagonista debido a su franqueza de carácter.

—Son unas chicas hijas de una viuda pensionista, Niní y Lulú. Yo estoy arreglado con Niní, con la mayor; tú te puedes entender con la chiquita.

—¿Pero arreglado hasta qué punto estás con ella?

—Pues hasta todos los puntos. Solemos ir los dos a un rincón de la calle de

Cervantes, que yo conozco, y que te lo recomendaré cuando lo necesites.

—¿Te vas a casar con ella después?

—¡Quita de ahí, hombre! No sería mal imbécil.

—Pero has inutilizado a la muchacha.

—¡Yo! ¡Qué estupidez!

—¿Pues no es tu querida?

—¿Y quién lo sabe? Además, ¿a quién le importa?

—Sin embargo...

—¡Ca! Hay que dejarse de tonterías y aprovecharse. Si tú puedes hacer lo mismo, serás un tonto si no lo haces (p. 31).

Es precisamente este tipo de actitud que le hace odiar la sociedad a Andrés. Sus principios morales, por tanto, vienen vinculados con su inconformismo social. Su desprecio por lo materialista, por la injusticia social, por la división de la sociedad en clases, por el poder de dinero lo llevan a una crisis nihilista. Julio Aracil, por otro lado, no cree en la moralidad, sino en el poder de dinero: “Esa omnipotencia de dinero, antipática para un hombre de sentimientos delicados, le parecía a Aracil algo sublime, admirable, un holocausto natural a la fuerza del oro.” (p. 19)

Resumiendo, en los apartados dedicados a la relación entre Andrés Hurtado y Julio Aracil, hemos analizado varios aspectos de sus personalidades. Dado que, tal como lo mencionamos en la introducción, los protagonistas de Pío Baroja destacan por su capacidad sobresaliente de conversar, hemos podido ver que en esta obra se nos ofrece una caracterización del protagonista mediante sus discursos con Julio Aracil. Merced al contraste entre Andrés y Julio, hemos podido observar la estabilidad de los valores, el odio por la injusticia, la franqueza de Andrés subrayados o intensificados por los atributos más marcados como el deseo de dominar, el materialismo, la voluntad de acomodarse a las circunstancias, de aprovecharse, de ser superior, es decir, atributos propios de Julio.

2.2. Iturrioz

En este apartado de nuestro texto nos vamos a centrar en el personaje del tío de Andrés Hurtado, Iturrioz.

Como ya hemos planteado en la introducción de este trabajo, nuestro objetivo es caracterizar al protagonista mediante sus discursos con otros personajes y en esta parte analizaremos el diálogo entre Andrés y el doctor Iturrioz.

El discurso que mantiene Andrés con Iturrioz forma parte de un diálogo fuertemente intelectualizado, que hace énfasis en las ideas e incluye postulados sobre temas diferentes como la religión, política, filosofía y la ciencia. Son diálogos cuidadosamente elaborados cuyo nivel, en comparación con los diálogos coloquiales (por ejemplo con Lulú o con los amigos de Andrés) eleva. En estos diálogos el joven Pío Baroja confronta sus propios dilemas existencialistas presentándonos sus experiencias personales y las meditaciones filosóficas y además quiere sacar unas conclusiones para poder entender la vida.

Iturrioz sirve de interlocutor a Andrés expresando sus propias opiniones para poder clarificar las del protagonista. Lo interesante es que Baroja en ningún momento hace la descripción física del doctor, el lector se lo puede imaginar según las circunstancias que rodean al personaje. Es un personaje que carece de acción y se pone de relieve lo que dice y no lo que hace.

Era una de las pocas personas que con quien se podía conversar acerca de puntos transcendentales (p. 46).


Los diálogos en los que aparece son fríos e intelectuales y su objetivo es llegar a una conclusión lógica y racional del universo. El discurso que Andrés mantiene con su tío es bastante ensayístico, pierde la viveza y la naturalidad característica de los diálogos con otros personajes, pero es la clave de la novela ya que nos expone las inquietudes del protagonista.

Enfocaremos los distintos puntos de vista que tienen Andrés y su tío Iturrioz acerca la ciencia. Hurtado quería encontrar una filosofía, que fuera una cosmogonía, o sea una filosofía universal que pudiera dar respuestas al origen del hombre y del universo.

I:„Tú quieres una explicación del Universo físico y moral. No es eso?

A: Sí. (p.63)

Andrés cree que estas respuestas se pueden explicar a través de la ciencia, basándose en los postulados de Kant y Schopenhauer. Para Iturrioz esta búsqueda de la humanidad y de las respuestas es muy complicada. Para él es una cacería, una cruel lucha por la vida. El doctor Iturrioz plantea su interpretación del mundo a través de la imagen sacada de Biblia:                

Al tener Dios a Adán delante, le dijo: Puedes comer todos los frutos del jardín; pero cuidado con el  fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que tú comas su fruto quedarás sujeto a la muerte. Y Dios, seguramente, añadió: Comed del árbol de la vida, sed bestias, sed cerdos, sed egoístas, revolcaos por el suelo alegremente; pero no comáis del árbol de la ciencia, porque ese fruto agrio os dará una tendencia a mejorar que os destruirá ( p.66).

A este pesimismo de Iturrioz se contrapone Hurtado que todavía cree que la ciencia nos puede llevar a una vida mejor (todavía idealista en el sentido utópico), aunque con el paso del tiempo y las experiencias, su fe en la ciencia disminuirá hasta que encuentre todo absurdo y se deje llevar por el escepticismo y la inacción tal como lo había planteado Iturrioz en el capítulo La crueldad universal:

 ...no hay más que dos soluciones prácticas para el hombre sereno, o la abstención y la contemplación indiferente de todo, o la acción limitándose a un círculo pequeño... (p.49).

Flores Arroyuelo, profesor de Antropología, explica la comprensión de la ciencia de ambos personajes de la siguiente manera:

       “Itturioz comprende a la ciencia unida a la Naturaleza. Andrés comprende el mundo en función de la ciencia, la mira como a una religión , Iturrioz por el contrario piensa que la ciencia ha de estar en función de hombre” (Flore Arroyuelo, 1967:114).

A Iturrioz le repugnan los métodos naturales, lo que él preferiría es vivir en un higiénico club de Londres, prefiere lo artificial:

“Yo creo que todo lo natural, que todo lo espontáneo es malo, que sólo lo artificial, lo creado por el hombre, es bueno.“ (p.50)

Flores Arroyuelo además añade: “...el Baroja joven es Andrés y el Baroja hombre es el doctor Iturrioz” (Flores Arroyuelo, 1967:114).

A lo largo de la novela se nota la evolución del protagonista bajo la influencia de Iturrioz. Podemos relacionarla con la evolución del propio autor.

Hablando de los diálogos que mantienen Iturrioz y Andrés es imprescindible mencionar los que tratan el dolor (que además están asociados con el tema de la ciencia). Para poder entender la percepción del dolor de Andrés y de Iturrioz hay que hacer un pequeño énfasis en la filosofía de Schopenhauer. Para Schopenhauer la sustancia del mundo la representa la voluntad. Esa voluntad es un impulso ciego e irracional de querer vivir. Los seres humanos siempre queremos más y más sin percibir el límite de este “más“. Aunque en la vida logremos la felicidad, ésta a la vez trae dolor ya que cuando estamos felices queremos mantener este estado. Lo que Schopenhauer propone es anular en nosotros la voluntad de vivir y así refugiarnos ante los innumerables males de la vida. Por eso cuando Andrés pregunta a su tío si un amigo suyo que “es un hombre artrítico, nervioso y que tiene una novia débil y algo histérica“ (p.117) debería casarse, le responde que no. Iturrioz dice:

“El instinto de la especie es la voluntad de tener hijos, de tener descendencia. La principal idea de la mujer es el hijo“ (p.113).

Y si tal pareja tuviera niños con la mayor probabilidad hubieran nacido unos hijos enfermos. Además añade:

“Sólo la posibilidad de engendrar una prole enfermiza, debía bastar al hombre para no tenerla. El perpetuar el dolor en el mundo me parece un crimen” (p.117).

Iturrioz propone de esta manera evitar el dolor innecesario. Incluso al final de la novela, al enterarse de la muerte de Andrés, murmura: “Ha muerto sin dolor“ (p.124).



2.3. Lulú

En la tercera parte de nuestro análisis vamos a dedicarnos al personaje de Lulú y a los diálogos que el protagonista establece con ella. Se trata del único personaje femenino que a lo largo de la novela no tiene solo un papel secundario, aunque no lo parece al comienzo de la novela.

Nosotros vamos a tratar a Lulú y sus diálogos con el protagonista como medios a través de los que entran en la novela aspectos emocionales del carácter de Andrés Hurtado.

Los temas prevalecientes en los diálogos que se desarrollan entre Andrés y Lulú tienen un carácter cotidiano, sobre todo antes del segundo encuentro de los dos en la sexta parte de la novela. Aunque Hurtado no siente ningún interés por Lulú (desde el punto de vista de una posible relación entre dos seres de sexo diferente), se siente atraído por ella. Dice el narrador “Andrés comenzó a ir con frecuencia a la casa, sólo para oír a Lulú” (p. 38).

A los diálogos de los dos define en su trabajo Virginia Trueba Mira. Escribe:

no son diálogos intelectuales, como los que Hurtado mantiene con Iturrioz, pero tampoco son superficiales ni baladíes puesto que contribuyen de modo eficaz a la caracterización tanto de Hurtado como de Lulú y explican parte de sus fracasos finales (Trueba Mira, 2003: 190).

Según la autora Hurtado halla en Lulú su única interlocutora válida, el mismo papel que desempeña Iturrioz como el único interlocutor.

Sin embargo la función del diálogo que los dos mantienen entre sí no se limita solo a caracterizar a los dos sino también a acercarse uno al otro: con el mayor nivel de conocerse crece también el nivel de su intimidación. El amor de los dos es “un amor construído a lo largo del tiempo a través de la palabra, de los ojos del intelecto” (Trueba Mira, 2003: 191).

Una parte de los diálogos de Hurtado con Lulú tiene un carácter parecido al carácter de los diálogos con Aracil, porque con ellos se da a conocer el sentimiento social de Andrés. Aunque en un momento el narrador dice sobre el protagonista que “odiaba a los ricos y no quería a los pobres” (p. 88) ya el hecho de que presta tanta atención a la situación de las prostitutas madrileñas es prueba de que el tema le preocupa (tanto como a Lulú):

—Para evitar que las reconozcan, para tenerlas fuera del alcance de la autoridad que, aunque injusta y arbitraria, puede dar un disgusto a las amas.

—¿Y esas mujeres vivirán mal?

—Muy mal; duermen en cualquier rincón amontonadas, no comen apenas; les dan unas palizas brutales; y cuando envejecen y ven que ya no tienen éxito, las cogen y las llevan a otro pueblo sigilosamente.

—¡Qué vida! ¡Qué horror! —murmuró Lulú (p. 108).

Sin embargo, creemos que más importante que el sentimiento social es, en relación con Lulú, el amor. El comportamiento de Andrés a lo largo de la novela es bastante reservado pero al dialogar con Lulú se abre. Lo vemos por ejemplo en el hecho de que el único momento en el que Hurtado verbaliza los sentimientos hacia su hermano menor es una conversación con Lulú:

Algunas veces iba a visitar a Lulú y le comunicaba sus temores.

—Si ese chico se pusiera bien —murmuraba.

—¿Le quiere usted mucho? —preguntó Lulú.

—Sí, como si fuera mi hijo (p. 54).

Ahora bien, el clímax de este tipo de comportamiento de Hurtado es sin duda en el momento de confesar su amor a Lulú:

—Ya le miro a los ojos. ¿Hay más que hacer?

—¿Usted cree que no la quiero a usted, Lulú?

—Sí..., un poco..., ve usted que no soy una mala muchacha..., pero nada más.

—¿Y si hubiera algo más? Si yo la quisiera a usted con cariño, con amor, ¿qué me contestaría usted?

—No; no es verdad. Usted no me quiere. No me diga usted eso.

—Sí, sí; es verdad —y acercando la cabeza de Lulú a él, la besó en la boca (p. 114).

Una vez mostrado que mediante los diálogos con Lulú se da a conocer el aspecto emocional de Hurtado, nos queda por explicar el concepto que el protagonista tiene acerca del amor.

Una de las primeras informaciones que se nos da sobre Lulú es que Lulú y Niní son “unas chicas hijas de una viuda pensionista” y que Aracil está “arreglado con Niní, con la mayor; tú [Hurtado] te puedes entender con la chiquita” (p. 31).

Aracil le propone al Hurtado de forma bastante directa el carácter de la relación que puede establecer con Lulú, sin embargo, éste rechaza este concepto sexual del amor que Aracil le sugiere. Más tarde, ya en casa de las hermanas, cuando Aracil se queda hablando con Niní y Hurtado con Lulú, ésta verbaliza este rasgo del carácter de Hurtado (al comentar que Aracil solo quiere aprovecharse de Niní):

—No sé lo que hará Julio..., yo sé que no lo haría.

—Usted no, porque usted es de otra manera... Además, en usted no hay caso,

porque no se va a enamorar usted de mí ni aun para divertirse (p. 34).

Aunque al final Hurtado se enamora de Lulú, de verdad no es para divertirse. Parece, que es algo que en realidad no le interesa mucho. Roberta Johnson (1986: 51) sobre este tema escribe: “Aunque Baroja nunca es muy explícito en los asuntos sexuales, se sugiere que Andrés también se abstiene de sus deberes matrimoniales.”

La visión de amor que tiene Hurtado lo encontramos otra vez en un diálogo con Lulú. Resumiéndolo se puede decir que para el protagonista el amor es un engaño, una ilusión que se produce entre un hombre y una mujer para conservar la especie humana:

—El instinto de la especie es la voluntad de tener hijos, de tener descendencia. La principal idea de la mujer es el hijo. La mujer instintivamente quiere primero el hijo; pero la naturaleza necesita vestir este deseo con otra forma más poética, más sugestiva, y crea esas mentiras, esos velos que constituyen el amor.

—¿De manera que el amor en el fondo es un engaño?

—Sí; es un engaño como la misma vida (p. 113).

Sin embargo, al final de la novela los dos también se dejan engañar por el amor. Aunque al principio su vida matrimonial se ve como idílica12, en el momento en que Lulú empieza a insistir en tener hijos comienza a romperse todo ‒ “Al levantarse Andrés al día siguiente, ya no tenía la serenidad de costumbre” (p. 121) ‒ y culmina esta ruptura con la muerte de Lulú y el suicidio de Hurtado.

Vemos entonces que los diálogos que Hurtado mantiene con Lulú tienen aparte de una función caracterizadora, también el objetivo de acercarnos al concepto que el protagonista tiene acerca del amor. Por un lado, a través de los diálogos elegidos, se nos presenta Hurtado como un personaje capaz de amar, por otro lado a través de los diálogos con Lulú nos transmite idea que no cree en el amor. Se crea así una contradicción porque la relación con Lulú documenta que aunque cree que el amor es un engaño se enamora de Lulú, lo que es, sin embargo, desde un cierto punto de vista el origen de la tragedia final.



3. Conclusión

El objetivo de nuestro trabajo fue indicar como se realiza la caracterización de Andrés a través de los diálogos con otros personajes. Para ello hemos elegido el tres personajes, en concreto a Aracil, Iturrioz y Lulú.

Con el primero hemos presentado los valores sociales y morales del protagonista y la manera como se presentan estos valores a través del personaje. En la parte dedicada a Iturrioz hemos analizado el aspecto filosófico de la novela y hemos observado la relación de los diálogos entre Hurtado y su tío con el mencionado aspecto.

Hemos concluido el análisis prestando nuestra atención al personaje de Lulú y sus diálogos con Hurtado a través de los que hemos analizado aspecto emocional de Hurtado.

Como ya ha sido dicho al principio de nuestro texto los diálogos tienen una función importante en la obra barojiana, lo que refleja ya la distribución del texto en el que prevalecen los diálogos de forma desproporcionada, es decir aparece en la novela más el habla de los personajes que el de narrador.

Concluiremos con decir que el empleo de diálogos de parte de Baroja le facilita al autor trazar los rasgos distintivos de cada personaje e individualizar a cada uno de ellos (Cueto Pérez, 1981 – 1982: 240). Nosotros hemos mostrado que aparte de individualizar mediante su discurso a cada uno de los personajes, Baroja con los diálogos también consigue definir ciertos aspectos del carácter del protagonista.





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