Elaborado: msc. René Cortijo Jacomino



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A través de la historia el hombre ha demostrado su interés no sólo en aprender sino también en descubrir cómo se aprende y perfecciona ese aprendizaje. Desde que se nace se está sujeto a ese proceso que no cesa hasta la muerte y sobre el que existen innumerables interrogantes, algunas de las cuales recibirán respuesta en este módulo.

En las últimas décadas se ha exacerbado la histórica preocupación por hacer más activa la enseñanza y el aprendizaje. Es usual oír hablar o leer en los textos pedagógicos de manera peyorativa de la enseñanza “tradicional” calificando así todo lo que se considera arcaico, ineficiente y anticientífico en el campo de la educación y la enseñanza.


Todos los esfuerzos que se realicen por perfeccionar la enseñanza estarán limitados si el maestro no conoce cómo transcurre el aprendizaje y los “novedosos métodos” que se utilicen quedarán en el plano externo y sólo permitirán la falsa ilusión de que hemos sido creativos como maestros.
En este epígrafe se esboza de manera muy general algunas concepciones de aprendizaje basados fundamentalmente en dos de las principales teorías desarrolladas sobre el aprendizaje: el conductismo y el cognitivismo, en lo que esperamos sea un acercamiento razonable para maestros en ejercicio.
Estas dos grandes teorías han marcado con su impronta a diversos enfoques y subyacen en otras concepciones que han coexistido o sucedido en el tiempo, tal es el caso, por ejemplo, de la llamada teoría de P. Y. Galperin, sobre la formación por etapas de las acciones mentales, las concepciones constructivitas o ecologistas del aprendizaje.
2.1.1. El Conductismo:
En las primeras décadas del presente siglo surgen las ideas conductistas, basadas en las concepciones asociacionistas o conexioncitas de finales del siglo XIX, en lo que jugó un papel trascendente la obra de E. Thorndike.
El Behaviorismo o conductismo clásico, tiene su origen en los Estados Unidos de Norteamérica y rápidamente se extendió, dada su aplicabilidad y principios utilitarios que lo guiaban, lo que respondía a su base filosófica pragmática.
Esta concepción tiene su base científica, en los descubrimientos del Fisiólogo ruso I. Pavlov, creador de la teoría de los reflejos condicionados, sus exitosos experimentos con animales, en los que éstos eran sometidos a diferentes estímulos y acondicionamientos, hasta lograr la respuesta esperada, fueron llevados a las experiencias de aprendizaje de los seres humanos, por los norteamericanos Watson y Skinner. Los minuciosos estudios realizados permitieron elaborar una teoría con suficiente solidez, para alcanzar el reconocimiento de la comunidad científica y académica de su tiempo.

Según sus principios, se puede conducir la enseñanza para lograr que los sujetos respondan adecuadamente a los estímulos del medio, respuestas condicionadas, de modo tal que a iguales estímulos se responde siempre de la misma manera, por ejemplo, en la enseñanza de la lectura, se le muestra al niño un objeto y a la vez que lo identifica se le muestra una tarjeta donde aparece escrita la palabra correspondiente y después se varias repeticiones, el niño es capaz de identificar la palabra sin la necesidad de ver el objeto.

El número de repeticiones necesarias depende de la edad, la complejidad de la tarea y las particularidades individuales.
Indudablemente, es posible que el individuo aprenda utilizando este procedimiento que favorece la reproducción mecánica, pero entre sus limitaciones está, la lentitud del aprendizaje y la poca solidez , es decir, el poco tiempo que permanece en la memoria, ya que lo aprendido, no responde necesariamente a los intereses y necesidades del sujeto, por lo que no resulta significativo para él.
No obstante, muchos contenidos de la enseñanza, tanto conocimientos como actitudes, pueden ser asimilados por esta vía, lo cual ha sido demostrado por la práctica escolar durante más de 50 años.
Las técnicas desarrolladas por los conductistas pueden usarse tanto para explicar un contenido como para modificar actitudes, por ejemplo:
Si un alumno es llamado a la dirección de la escuela y allí recibe regaños y otras vivencias desagradables, evitará acercarse a ese lugar y al cambiar de escuela y ver la oficina del director rodeada de estudiantes que ríen y bromean, necesitará observarlo un buen número de veces hasta que por fin, su miedo desaparecerá e incluso, será reemplazado por una actitud positiva hacia ese lugar.
El conductismo clásico evolucionó hacia formas más depuradas, dando lugar al llamado condicionamiento operante, que también explica cómo y por qué se aprenden conductas.
Aparece entonces el reforzamiento como administración o incorporación de un estímulo adicional o refuerzo a ese aprendizaje inicial. Según sus postulados una acción o conducta se consolida y aumenta la probabilidad de que se repita si se estimula o gratifica. Esa consecuencia favorable, estímulo-gratificación, es a lo que han denominado refuerzo.
El reforzamiento puede realizarse a través de estímulos positivos o negativos.
El estímulo positivo es una recompensa, lo que aumenta la probabilidad de que la conducta recompensada se repita. Un estímulo negativo evita la probabilidad de que esto suceda.
El conductismo considera que para la formación y consolidación de la relación Estímulo-Respuesta, debe producirse un fortalecimiento continuo de esa relación, que se refuerza si es acompañada de una situación de recompensa, lo que favorece el aprendizaje. Reducen, por tanto el aprendizaje, a los cambios conductuales, básicamente observables y lo consideran más efectivo en la medida en que se obtengan más y mejores respuestas a los estímulos recibidos.
No debemos negar que a pesar de haber sido criticada, esta concepción de aprendizaje ha sido la más utilizada en el proceso pedagógico, y en muchos casos de forma intuitiva, sin conocer que se respondía a esta Teoría educativa.
El afán de hacer más fácil el aprendizaje que ha predominado lleva a los maestros a trazar objetivos fáciles de medir, a utilizar métodos que orientan fundamentalmente al resultado y no hacia el proceso de asimilación.
Un ejemplo de la evolución y máximo desarrollo de la teoría conductista fue la llamada Enseñanza Programada, de gran extensión y divulgación en el período comprendido entre 1960 y 1970.

Transcurrido el tiempo, detectadas y analizadas las insuficiencias e inconsistencias de esta concepción para dar respuesta a las nuevas y crecientes demandas para el desarrollo integral de la personalidad de los estudiantes y en último caso para dar respuesta a las necesidades de la sociedad marcadas por el desarrollo científico técnico, se originó una nueva corriente en contraposición al conductismo, denominada Cognitivismo o Psicología cognitiva.


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