El Trabajo Social colonizado: los discursos sobre el poder en la práctica profesional



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Título: El discurso sobre el poder en la intervención profesional: otro caso de la colonización del trabajo social por el régimen de verdad de las ciencias sociales.
Autor: Rubens Ramón Méndez
Correo electrónico: rrmendez@mdp.edu.ar
Situación académica o profesional: Docente Titular a cargo de las Materias: “Introducción a la Metodología del Servicio Social” y “Metodología del Servicio Social –Caso Individual” en la carrera de Licenciatura en Servicio Social de la Facultad de Ciencias de la Salud y Servicio Social de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Argentina.

Director del Equipo de Investigación en Epistemología y Metodología del Servicio Social. Facultad de Ciencias de la Salud y Servicio Social.

Director del Equipo de Investigación Alejandría. Facultad de Humanidades.

Director del Equipo de Extensión “La influencia de los aspectos relacionales y afectivos del colectivo laboral en el ámbito de trabajo”. (RE.S.OB.).



Título: El discurso sobre el poder en la intervención profesional: otro caso de la colonización del trabajo social por el régimen de verdad de las ciencias sociales.
Resumen:
Cuando el Trabajo Social comenzó a sistematizarse y a organizarse a partir de Mary Richmond, se proponía como un programa de investigación distinto Lakatos (1999) dentro de las Ciencias Sociales. Distinto porque toma los planteos teóricos dados en las Ciencias Sociales desde “las circunstancias históricamente determinadas y existencialmente posicionadas; creando nuevas perspectivas sobre esos planteos teóricos” Méndez (2006) y porque con su práctica profesional, evalúa y muestra el problema de las consecuencias efectivas y potenciales de la utilización de los conocimientos Dewey (1967) en la construcción de las prácticas sociales (discursivas o no discursivas).

Presentar la emergencia de un discurso propio de las personas y documentar lo real de las prácticas sociales, mostrar cómo es que a algunos enunciados que no son en sí mismos ni verdaderos ni falsos, se les otorgan el “estatuto de verdad”; es lo que hace que el Trabajo Social deba ser vigilado y desarmado en sus efectos.

Si el discurso no es el medio por lo que se establecen las luchas en esta sociedad de discursos; sino que es por el discurso, por lo que se lucha. Si el discurso es “aquel poder del que quiere uno adueñarse” Foucault (1983), las Ciencias Sociales no podían dejar al azar el discurso del Trabajo Social.


Palabras claves: trabajo social – ciencias sociales – especificidad – control del discurso – régimen de verdad – resistencia.


Principio del formulario

Title: Power speech in proffesional exercise: another case of social work settlement by social sciences truth regime.
Summary:
When social work systematized and organizad by Mary Richmond, it was proponed as a different research program Lakatos (1999) in social sciences. Different because it takes theoric issues of social sciences from “historical and existent circumstances; founding new perspectivas about tose theoric issues” Méndez (2006), and because with her proffesional practice, values and shows the problem that bring “real and potencial consecuentes of knowledge use” Dewey (1967) in social practices construction (those discoursives or not discoursives).

Presenting the appearence of an own people speech and documenting social practices reality,showing howsome statements nor truth or false have given “truth statute”; that’s what demands social work to be watched and broken in its purposes.

If speech is not the way that creates fights in this speech society; then is speech itself wich is fighted for. If speech is “that power we wish to earn” Foucault (1983), social sciences couldn’t leave to chance social work speech.


Key words: social work – social sciences – specializing – speech control – truth regime – resistance.

Título: El discurso sobre el poder en la intervención profesional: otro caso de la colonización del trabajo social por el régimen de verdad de las ciencias sociales.
“Lo que cuenta en una democracia es la

experiencia de los ciudadanos, es

decir, su subjetividad y no lo que

pequeñas bandas de intelectuales

autistas declaran que es real”

Paul Feyerabend




Planteo:
Cuando el Trabajo Social comenzó a sistematizarse y a organizarse a partir de Mary Richmond hasta nuestros días, las demás Ciencias Sociales y en particular la Sociología, pusieron sus ojos en esta nueva disciplina. Observaron como esta nueva disciplina intervenía la realidad a través de su práctica, producía efectos sobre la cotidianeidad de los grupos sociales, y modificaba las relaciones sociales en particular.

Observaron que lo que el Trabajo Social trae como nuevo al concierto de las disciplinas era y es, que al tomar los planteos teóricos o los esquemas de pensamiento dados por las otras Ciencias Sociales desde “las circunstancias históricamente determinadas y existencialmente posicionadas; crea nuevas perspectivas sobre esos planteos teóricos”.1

El Trabajo Social con su práctica profesional y con la utilización de los paradigmas teóricos vigentes, evalúa y muestra el problema de las consecuencias efectivas y potenciales de la utilización de los conocimientos2 en la construcción de las prácticas sociales (discursivas o no discursivas).

De pronto, en las Ciencias Sociales había un nuevo discurso3. Un discurso que provocaba y provoca inquietud. Inquietud porque es un discurso que al tomar un lugar en esta sociedad de discursos desplaza a otros. Inquietud porque se cambian las instancias de producción discursiva en las Ciencias Sociales, y de pronto, resulta que la cotidianeidad de los grupos sociales y lo que dicen las personas, produce relevamientos de la teoría. Inquietud porque la producción de saber / poder sufre un deslizamiento hacia las prácticas sociales (discursivas y no discursivas) en detrimento del emplazamiento teórico que habla de las estructuras sociales, tan amado por el positivismo y por el marxismo. Por último, inquietud porque aparecía una nueva voluntad de saber que ponía en duda la voluntad de verdad / poder existente y la intención estratégica que la sostiene.

Si sabemos que el discurso no es el medio por lo que se establecen las luchas en esta sociedad de discursos; sino que es por el discurso, por lo que se lucha. Si el discurso es “aquel poder del que quiere uno adueñarse”.4 Las Ciencias Sociales no podían dejar al azar el discurso del Trabajo Social.

Así las cosas, comienza una estrategia de colonización de los discursos del Trabajo Social a través de la necesaria revalidación de este discurso por parte del régimen de verdad de las Ciencias Sociales. Es el discurso de las Ciencias Sociales, el que va a legitimar como verdadero o no el discurso del Trabajo Social.

Pero ¿cual es el discurso que trae el trabajo Social y que debe ser controlado, seleccionado y redistribuido? ¿Por qué debe ser sometido a procedimientos de exclusión, de separación o rechazo? ¿Cuáles son los efectos de poder que la producción discursiva del Trabajo Social propone y que deben ser controlados?

Lo que hay que delimitar y controlar por parte de las Ciencias Sociales en las formaciones discursivas que propone el Trabajo Social, esta dado por el hecho de que el discurso del Trabajo Social se encuentra en un lugar estratégico dentro de la construcción de las relaciones sociales y políticas en la sociedad; ya que su práctica profesional, su lugar agonístico, es en las instituciones que forman el régimen de verdad que intenta manipular y construir la subjetividad de los miembros de la sociedad. Por ende, [el Trabajo Social] puede utilizar este lugar, en la “lucha por la verdad”.

Es por ello que el discurso del Trabajo Social revela y denuncia los dispositivos de poder que la sociedad crea; desde el interior de esa sociedad (los cuerpos, las prácticas sociales, las instituciones, los grupos sociales, las asociaciones, las relaciones vinculares) y es lo que hace que su práctica profesional sea una práctica política. Un lugar de poder.

Todos esos informes sociales, los amplios informes socio ambiental, las crónicas grupales, la sistematización de las prácticas sociales, las actas de las reuniones vecinales; documentan la vida social misma, y con ello muestran los pasillos por donde camina el poder. Con ese material, se puede ver por donde se oculta y por donde aparece la formación del saber. En esos ingenuos documentos, se puede seguir la pista de cómo funciona un régimen de verdad.



Esta forma de presentar la emergencia de un discurso propio de las personas y documentar lo real de las prácticas sociales. Esta forma de mostrar cómo es que a algunos enunciados que no son en sí mismos ni verdaderos ni falsos, se les otorgan el “estatuto de verdad”, es lo que hace que el Trabajo Social deba ser vigilado y desarmado en sus efectos.

Es este relevamiento del lugar donde se inscribe el discurso de la verdad y el discurso del poder, el que debe ser controlado.

Mi hipótesis es que no es cierto, por lo menos totalmente, que el Trabajo Social sea subordinado sólo por un poder exterior a la disciplina misma. Sino que se deben investigar los enunciados científicos que circulan hacia el interior de la disciplina y que son parte de ese mecanismo de control, que por ejemplo aparece en el concepto de estructuras de poder.

Es sobre el discurso del poder y por ende el de la construcción de política, uno de los lugares que está más sometido a vigilancia y a procedimientos de control.

Para dar un ejemplo de esta colonización del discurso del Trabajo Social por parte del régimen de verdad de las Ciencias Sociales, tomemos el concepto de la investigación participativa.

A partir de fines del 60’ y principios del 70’ en las disciplinas más culturalmente consolidadas de las Ciencias Sociales (Sociología, Antropología) se comenzó a hablar de las bondades de la investigación participativa. Se produjo un boom teórico sobre la investigación participativa y se inundo al mercado bibliográfico5 del Trabajo Social sobre la investigación participativa. De hecho muchos autores que hablaron sobre este tema, otra moda más, provenían del Trabajo Social. Lo paradójico, lo sorprendente, es que tuviera que provenir desde las ciencias sociales un discurso que legitimara lo que el Trabajo Social venía haciendo desde principios de 1900 cuando expresaba “El método por el cual se llega a la comprensión de un cliente y a la elaboración, conversando con él, de un programa en el que él mismo participa, es en esencia un método democrático”6

¿Cómo era posible que un discurso proveniente de las Ciencias Sociales nos viniera a proponer un discurso sobre la investigación participativa? Y lo que llama más la atención, ¿Cómo es que ese discurso de las Ciencias Sociales, fue repetido hasta el infinito (o mejor dicho hasta que se terminó la moda) por parte de autores de Trabajo Social?

En primer lugar debemos saber que una forma de control externo que se ejerce sobre los discursos es la proliferación de los mismos. La multiplicidad de discursos sobre el original logra que a partir de la repetición, ese discurso se disperse, sus efectos se enmascaren, su voluntad de verdad se evite. Logrando así que la participación se convierta en un elemento metodológico más dentro de la investigación, para el discurso de las Ciencias Sociales. De esta manera se le quita a la participación lo que esta denuncia en relación con el poder. Separando la participación del ejercicio efectivo del poder.

Se tomó a la participación desde el punto de vista purificado del discurso de la ciencia. Y así nacieron varias regiones para analizar la participación. Estaba la participación activa, la participación pasiva, la participación colectiva, las técnicas de participación, la participación inconsciente, decisoria, emotiva, la planificación participativa, la participación en los grupos de calidad. Siempre expresando que se debe alentar y estimular la participación porque esta es positiva y creadora, pero que el poder es negativo y represivo.

Este discurso de las Ciencias Sociales, imbuido de la búsqueda de lo verdadero en la participación, sin embargo, se presentó como la herramienta más fiel al orden social existente.

Esta voluntad de verdad del discurso de las Ciencias Sociales había sometido así a la participación, convirtiéndola en un factor inocuo del proceso de la investigación. Participar está bien; reclamar el poder del discurso que esa participación encierra, no tanto.

En segundo lugar y sobre este caso; se mostraba a la investigación participativa como algo revolucionario y lo es; pero no como lo enfoca el discurso de las Ciencias Sociales. El discurso de las Ciencias Sociales ordena que los discursos de las personas, deban ser interpretados bajo los paradigmas o dentro de los paradigmas que el discurso de las Ciencias Sociales acepta. No se permite que los discursos obtenidos bajo esta forma participativa, puedan cuestionar algo del orden científico-técnico que lo recoge.

Para las Ciencias Sociales es otra forma de recibir información de las personas, otra forma de codificación. No es un programa de participación, es una forma de extraer mejor la información para que después el discurso de las Ciencias Sociales legitime el programa de participación. Y así, se deslice lo participativo hacia formas edulcoradas de control del poder. Es solo Sociología.

Por ello este discurso de saber / poder de las Ciencias Sociales debe formar parte del propio discurso del Trabajo Social bajo el pretexto de que así el trabajo social logra cientificidad. Cuando en realidad solo se trata de normalizarlo.

Giuliana Milana7 nos dice que en los años 70’ “el procedimiento para conocer una determinada realidad era más adecuada en el ámbito del Servicio Social que en cualquiera de las otras profesiones; para algunos aspectos era así verdaderamente, más este hecho no venía reivindicado con fuerza por la comunidad profesional”. Y a esta falta de reivindicación del cuerpo profesional para con su propio discurso, la autora lo considera proveniente de una ausencia de categorías diagnósticas que fueran específicas del Servicio Social, frente a otras profesiones más culturalmente consolidadas y más reconocidas por el mundo profesional y el mundo académico. En resumen, este estado de “inferioridad” como expresa la autora, proviene de la asunción por parte del colectivo profesional de un discurso que nos decía que al no tener categorías específicas (importadas de las ciencias sociales), no podíamos ser reconocidos. No importa que nuestra intervención nos permita comprender mejor los problemas sociales. No importa que nuestra práctica se acerque a la resolución de los problemas sociales. Lo que importa es mostrar al discurso del Trabajo Social como no consolidado y como subsidiario del discurso de las Ciencias Sociales.

Esto es a lo que llamo una colonización del discurso del Trabajo Social.



La cuestión:
Luego de la segunda guerra mundial, mientras la intelectualidad y la sociedad se preguntaban como fue posible que en una sociedad occidental y cristiana apareciera el fascismo, el nazismo y un plan de eliminación sistemática de poblaciones enteras; se establecía la bipolaridad del mundo, la cortina de hierro y la guerra fría. Todos estos nuevos acontecimientos comenzaron a minar la confianza en muchas categorías de análisis de la realidad social tanto por derecha, como por izquierda, y una de estas categorías que cayeron fue la del poder.

La aparición de nuevas investigaciones sobre la conformación de las sociedades y el papel del poder en ellas. La aparición de investigaciones antropológicas sobre las sociedades sin poder piramidal o centralizado. Los relatos de las distintas formas en que se organizaron en forma libertaria las ciudades en Cataluña durante la guerra civil española. La aparición del pensamiento sobre la vida en las comunas y la experimentación social de las comunas libres. El descubrimiento por parte de los intelectuales que las masas no los necesitan para saber y actuar. Un nuevo pensamiento y organización socialista no estatista o centralizada que aparece como alternativa al derrumbe del socialismo científico y sus paradigmas sobre el poder. Todas estas cuestiones van creando nuevas formas de análisis del poder que encuentran en Foucault a un original expositor.

Lo que Foucault trae como nuevo sobre el poder8 es el análisis del funcionamiento de las relaciones de poder, desarmando así la visión tradicional que existen sobre la localización, el ejercicio, la propiedad y las formas negativas del poder. Siempre desde el análisis de las prácticas sociales y discursivas que realiza la población, Foucault muestra una malla de análisis distinta sobre el poder. Cuando habla de localización nos muestra como el poder es un efecto de conjunto. Como el poder se muestra en forma reticular por todos los aspectos de la vida de una sociedad y como se capilariza hasta las relaciones más íntimas entre los sujetos. Como es que el poder no está en el Estado –obviamente es el Estado un lugar donde se conjugan muchos efectos de poder- pero no es él lugar del poder. Que el poder esta en las relaciones sociales, en las instituciones, en los discursos, en los grupos, en la familia, en la fábrica, en los procesos laborales, en la escuela, en la universidad, en la asociación vecinal; y en todas las organizaciones de la base social, donde este se ejerce y donde este se vehiculiza.

Nos muestra como es que no hay personas con poder y personas sin poder9 ya que el poder es una relación en la cual me voy colocando en cada lugar de la misma a cada momento, porque donde hay poder hay resistencia y por lo tanto ejercicio de la libertad.

Y por último, nos muestra que hay discursos que se convierten en verdaderos y forman parte de un régimen de verdad cuando esos discursos se asocian a mecanismos de poder. En resumen, el poder como procedimientos, técnicas, estrategias que están en las relaciones sociales y que ascienden formando lo que después se presenta como una dominación más general, como una estructura de poder. Exactamente al revés de cómo generalmente y a partir del discurso de las Ciencias Sociales, se sostiene.

Cuando el discurso del Trabajo Social dice que “La democracia, sin embargo, no es una forma de organización; es un hábito cotidiano”10, muestra que el poder está en el seno de las relaciones sociales y no en las denominadas estructuras de poder y desnuda el régimen de verdad que las Ciencias Sociales plantean sobre el poder.

Desde ese momento y hasta hoy el Trabajo Social se pro-pone en un lugar en el campo de las Ciencias Sociales, que desplaza el discurso de un sujeto de derechos por el discurso del cumplimiento efectivo de esos derechos. El discurso del Trabajo Social pone el énfasis en el análisis y transformación del sufrimiento de la gente como la forma privilegiada de construir una política; y no como se nos dice desde el régimen de verdad de las Ciencias Sociales, que debemos entender la política a partir del análisis de las estructuras de poder. El discurso del Trabajo Social modifica los principios que establecen, qué es legítimo en la sociedad; ya que muestra que las estructuras sociales que no llevan a que las personas puedan cuidarse entre sí, son estructuras sin legitimidad.

Entonces, ¿Como operó el control sobre el discurso del Trabajo Social?

Desde los inicios del siglo pasado y atravesando la reconceptualización se puede observar una voluntad de saber que sirvió de soporte a toda una gama de operaciones discursivas sobre el poder en la práctica profesional. Toda una puesta en escena sobre en qué lugar hablar sobre él [poder], quienes pueden hacerlo, desde que punto de vista, dentro de que instituciones y a partir de qué paradigmas.

Primero existe un movimiento de separación y ocultamiento sobre la práctica profesional.

Un ejemplo lo encontramos en la primera época del Trabajo Social y se desenvuelve a partir de la Escuela de Sociología en la Universidad de Chicago. Allí donde se originaría el pragmatismo, el instrumentalismo, el experimentalismo, la sociología comprensiva y el más contemporáneo interaccionismo simbólico. Sabemos por Mary Richmond de la colaboración que el Trabajo Social ha prestado a los estudios sociológicos de esa Escuela a partir de la información recopilada en el campo por los trabajadores sociales. Sabemos que la documentación cedida por el Trabajo Social permitió a los investigadores de esa Escuela construir gran parte de las teorías que hoy conocemos y sin embargo, todo este trabajo fue silenciado.11

Otro ejemplo de este ocultamiento del discurso del Trabajo Social aparece en los movimientos que dieron lugar a la antipsiquiatría, a las revueltas en las prisiones, al apuntalamiento de la lucha que llevan adelante las ONG sobre el SIDA, la discapacidad, el racismo, los micro emprendimientos, los movimientos sociales de base. En todos ellos en los cuales el Trabajo Social participa para que estas organizaciones, estos colectivos, estén en mejores condiciones de protestar, luchar, peticionar, comprender y encontrar soluciones. Todo este trabajo sin embargo, no es reconocido por parte del discurso del Trabajo Social con el pretexto de la falta de consolidación en el proceso de sistematización; es legitimado sólo cuando es inscripto dentro del discurso que las Ciencias Sociales tienen preparado para él. Es por ello que desde este discurso de las Ciencias Sociales se enmarcan a todos estos movimientos sociales, como emergentes- víctimas de estructuras de poder.

Para el sistema actual, en su vertiente de interpretación liberal o en la marxiana; estos movimientos responden a cuestiones mayores, más estructurales que tienen que ver con el lugar que los mismos ocupan en la pirámide de explotados –explotadores. Es cierto. Pero también es cierto que esta no es la única lucha dentro del sistema y que una lucha no excluye a las otras. Por ello varios de esos movimientos sociales responden a otras formas de resistencia. Resistencia a la dominación en el caso de luchas étnicas, religiosas y de clase. Resistencia al sometimiento contra las diversas formas de subjetividad, sumisión y normatización de la vida cotidiana. Resistencia a la exclusión en el caso de la lucha de los desocupados o sin empleo.

La voluntad de saber/verdad expresada en las Ciencias Sociales direcciona al sujeto conocedor y le indica como debe pararse para representar lo que le trae la gente (postulado de la objetividad y neutralidad) y que tipo de conocimientos (paradigmas, aparatos de verificación) debe poseer ese sujeto, para investir a lo que la gente dice, como algo útil o verificable para la Ciencia Social. Por ello es que si se quiere hablar de poder se debe hablar de estructuras, clase, dominación, dependencia, represión; sino, no es un discurso científico.

Si yo utilizo el discurso de la existencia de estructuras de poder, reconozco la existencia de lugares de poder que determinan mi intervención profesional, que por ende, no tendría poder. Y además estoy convalidando que es en las estructuras de poder el lugar donde se desenvuelve la política en la sociedad y en la actividad profesional.

Para entender el poder, el discurso de las Ciencias Sociales nos dice que es en las estructuras de poder donde este se encuentra; y que el poder es sinónimo de dominación, porque el poder siempre va en una sola vía. Pero el discurso del Trabajo Social hace emerger otra cosa, ilumina otro fenómeno que se da en las prácticas sociales, muestra la resistencia. El discurso del Trabajo Social muestra todo el movimiento de resistencia que existe en las prácticas sociales. Ya no hay un poder de una sola vía, ahora hay un poder en contrario y se llama resistencia. Esto es el discurso del Trabajo Social.

El Trabajo Social trae lo que la gente dice, lo que la gente siente, lo que la gente actúa; todo ello como la propia gente lo dice, con su nombre y sin representación alguna de terceros. Sin esta falsa representatividad dada por una práctica científica. Esto aparecía claramente cuando Mary Richmond observa en Caso Social Individual: “. . .la mayoría [de los psicólogos sociales] se ha refugiado en la discusión de abstracciones. Uno, basa sus teoría sobre un solo instinto; otro, ensaya clasificar los instintos, un tercero estudia la psicología de las masas. ¿Por qué no adoptar un método inverso y empezar el estudio de la psicología social por la del más pequeño grupo social que los hombres hayan constituido?” como lo hace el Trabajo Social.

¿Por qué no desde lo más pequeño? se pregunta Mary Richmond. Porque la voluntad de saber / poder que conforman las Ciencias Sociales y la Sociología en particular, ya había conformado todo un dispositivo para dar validez a la palabra de lo que la gente dice, hace y siente desde estructuras discursivas clasificadas como científicas.

Un mecanismo por el cual la palabra de las personas estaban sujetadas y captadas por las instituciones de investigación científica, que eran a su vez donde estas palabras encontraban su racionalización. Lo que las personas dicen es importante, en tanto y en cuanto primero es tomado como importante por el investigador social de turno a través de procedimientos de indagación y técnicas de registro consagradas por el discurso de verdad de las disciplinas legitimadas: Sociología, Antropología y en este caso la Psicología Social. Y para el discurso de la Psicología Social de ese momento, los grupos sociales no eran entidades a tener en cuenta en la construcción de ninguna teoría de la comprensión sobre la sociedad. Eso sería después.

Una nueva disciplina como el Trabajo Social no podía venir a romper con ese mecanismo instituido. Esta nueva forma de saber del Trabajo Social que se empeñaba en establecer condiciones para que las personas pudieran hablar, pero por ellos mismos; es lo que debe controlarse. Entonces, esta nueva forma de saber (el Trabajo Social) debía ser disciplinada en la forma de elaborar sus discursos. Este es el momento de la colonización de los discursos del Trabajo Social.



Desarrollo:
La eficacia de la voluntad de saber/poder de las Ciencias Sociales para controlar el discurso del poder en el Trabajo Social no está dada solamente en los determinantes que la Ciencia Social impone a nuestra disciplina (las formas lógicas de la ciencia social) desde el exterior. El control se presenta de otra manera. A partir de mecanismos internos sobre el discurso del poder en el Trabajo Social que se muestran por ejemplo, en la interminable proliferación de nuevos discursos sobre el Trabajo Social que se presentan como un mero crecimiento (como lo fue durante la reconceptualización). Como una forma ingenua de crecimiento cuantitativo del discurso del Trabajo Social. Pero que sin embargo, sobre esta forma indiferente, en realidad asistimos a la aparición de imperativos claros para que el discurso del Trabajo Social pueda hablar sobre el poder. Así se crean toda una gama de discursos al interior del Trabajo Social que nos dice como sistematizar o como hacer que la palabra de los otros (los que tienen problemas), puedan ser palabra de verdad para la Ciencia. Nos dicen como quitarle la violencia, la agresividad, la voluntad de poder que esos discursos de las gentes tienen y por el cual quieren entrar en discusión con los saberes existentes.

En Trabajo Social hoy, y aún después de varias décadas, no es más fácil hablar del poder sin necesidad de referirse a esa palabra proveniente del lenguaje de los colonizadores denominada estructura.

La noción de estructuras de poder es una idea creada desde el racionalismo y retomada por lo que se denomina el marxismo académico.12

La racionalidad occidental que determino la creación de la idea de Estado y con ella la de las distintas estructuras de poder, es la que luego es retomada por el marxismo, que de esta manera sostiene igual categoría de análisis que la del capitalismo.

Establecida la racionalidad del Estado para delimitar cuales son los discursos verdaderos de los falsos. Las Ciencias Sociales se encargaron de proveer de los elementos disciplinarios que deben poseer los discursos que tienen pretensión de verdad.

En estos discursos prescriptivos se estableció que el poder se aloja en las estructuras, alejándolo de las prácticas cotidianas. Invalidando el discurso de los saberes individuales y locales sobre el poder, y entronizando el saber institucional sobre el poder.

Por eso un gran número de los autores que escriben sobre el Trabajo Social se encargan de presentar a la profesión como una disciplina subsidiaria y por lo tanto sin ningún tipo de poder frente a las estructuras de poder. Este es el discurso que prevalece en nuestra disciplina. Discurso importado desde las Ciencias Sociales y tomado ingenuamente, o no tanto, por muchos de nuestros autores, que a su vez provienen de las ciencias hegemónicas. Se habla de relaciones de producción, capitalismo, conciencia de clase, funcionalismo, explotación, análisis de las contradicciones como los lugares desde donde el poder puede ser reconocido, como en el 1800.

El régimen de verdad de las Ciencias Sociales, al instalar el concepto de estructuras de poder y exportarlo hacia el Trabajo Social, sigue hablando del poder omitiendo a los operadores materiales de las relaciones de poder. Sin identificar las conexiones de los sistemas locales de sometimiento. Y esta forma de entender el poder por parte del discurso de las Ciencias Sociales, es parte de la estrategia del sistema sobre el tema del poder.



Los discursos sobre el poder deben estar sujetados, controlados, captados por los discursos pre-constituidos de las Ciencias Sociales, que los disciplinan y por ello también el discurso del Trabajo Social.

Si yo sostengo un discurso sobre el poder centrado en lo que se denomina estructuras de poder, caigo en varios equívocos sobre el lugar del Trabajo Social en la intervención profesional.

El discurso del poder en las Ciencias Sociales nos hace creer que hay un hombre libre pero dominado por estructuras de poder. Que hay quienes tienen el poder y quienes están privados de él. Que quienes sufren el poder son víctimas. En estas coordenadas, al Trabajo Social no le queda nada más que una función pasiva. De contención de los “daños colaterales” de esta forma de pensar el poder y que se representa con una práctica asistencial.

Pero es con nuestra práctica profesional que mostramos que las víctimas del poder en realidad son actores y como tales, pueden ser quienes ejerzan el poder. Que la dominación es una acción que puede ser reducida por otra acción, que es la resistencia.

Es el discurso del Trabajo Social el que muestra las resistencias que se realizan al poder, allí donde se efectúan las luchas. Muestra la resistencia de las mujeres sobre el poder de los hombres. La resistencia de los hijos sobre el poder de los padres. La resistencia de los pacientes sobre el poder de los médicos. La resistencia de los “asistidos” sobre el poder de la administración que los asiste.

Es el discurso del Trabajo Social quien devela el hecho de que el poder se asienta en los cuerpos, se introduce en los cuerpos y modeliza lo que los cuerpos hacen (hábitos, rutinas, morales, costumbres, comportamientos, relaciones).

El discurso del Trabajo Social muestra el acontecimiento puro de la política, que es precisamente la normalización de los cuerpos. Que es el cuerpo el receptor de las políticas que vehiculizan el poder (procesos de trabajo, moralidad de los comportamientos) y que es este mismo cuerpo el resistente a dichas políticas (adicciones, trampas en el proceso de trabajo). Tomar en serio la política y el poder, es tomar en serio lo que los cuerpos singulares dicen que les pasan.

El Trabajo Social habla de este poder disciplinario que oculta el régimen de verdad de las Ciencias Sociales y que termina constituyendo lo que se denomina: la norma.

No tenemos estructuras de poder sobre nosotros, tenemos discursos de normalización sobre nosotros. Discursos que normalizan lo que debe ser una vida, lo que debe ser una mujer, lo que debe ser una pareja, lo que debe ser un delincuente, lo que debe ser la sexualidad, lo que debe ser un trabajador, lo que debe ser un padre, lo que debe ser político; lo que debe ser . . . el poder.

Discursos que normalizan al discurso del Trabajo Social desde el marxismo, los sistémicos, el existencialismo, el psicologismo, el sociologismo, el historicismo; entre otros. Y que no permiten que aflore ese discurso singular del Trabajo Social, en medio de luchas, formando parte de estrategias de poder y de resistencias.



Conclusión:
Deberíamos preguntar “. . . ¿qué tipo de saberes queréis descalificar en el momento en que decís: esto es una Ciencia? ¿Qué sujetos hablantes, charlatanes, qué sujetos de experiencia y de saber queréis “minorizar” cuando decís: “Hago este discurso, hago un discurso científico, soy un científico”? ¿Qué vanguardia teórico–política queréis entronizar para demarcarla de las formas circundantes y discontinuas del saber?13

Si entendemos que estamos en una sociedad de discursos, no es difícil imaginar o sospechar sobre la existencia de luchas, dominaciones y victorias alrededor del discurso. Tampoco es demasiado irracional pensar en las figuras de control que pueden aparecer al interior de un discurso, en este caso el del Trabajo Social.

Por ello es que pensamos que el actual régimen de verdad de las Ciencias Sociales trata continuamente de colonizar el discurso del Trabajo Social, sometiendo a dicho discurso a un proceso de normalización. Y es sobre el concepto de poder donde esa normalización se multiplica y se refuerza.

El discurso del Trabajo Social trae a cada momento que las luchas no representan distintas y opuestas estructuras de poder como así también que las estructuras de poder no nos dejan lugar nada más que a la sumisión.

En las luchas que se dan en el campo social se puede ver como hay cruces de distintos regímenes de poder. Una persona que sufre de padecimiento mental sufre distintas formas de poder sobre él: el sometimiento a la norma que lo constituye como patología social, la dominación que se ejerce sobre él por su inhabilidad que lo convierte en peligroso, y su inclusión en el sector desempleado de la población. Todas estas formas de luchas se mezclan y para todas ellas existen formas de resistencia. La tarea del Trabajo Social es la de articular estas distintas formas de resistencia.

Mientras el discurso del Trabajo Social continúe formando parte de la estrategia de mostrar una palabra liberada de los dispositivos de normalización, el Trabajo Social seguirá sosteniendo esa “. . .especie de indignidad de hablar por los otros” (Focuault, M.).

Lo que el discurso del Trabajo Social hace continuamente es mostrar como, colectivos específicos de personas involucradas directamente en los problemas, pueden hacer aparecer un discurso distinto, por sobre lo que las instituciones y el poder, proponen y esperan.

Bibliografía:
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Gaviria, M. (1996) El Caso Social Individual. El Diagnóstico Social. Textos seleccionados. Madrid. Talasa.

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Velez Restrepo, O. (2003) Reconfigurando el Trabajo Social. Perspectivas y tendencias contemporáneas. Buenos Aires. Espacio.




1 Mendez, R. en Trabajo Social en el campo de la Salud Mental. Mar del Plata. Ed. Facultad de Ciencias de la Salud y Servicio Social. 2006.

2 Dewey, J. en El Hombre y sus Problemas. Buenos Aires. Paidos. 1967

3 “Que no se presentaba como subsidiario de una sola teoría sino de una sucesión de teorías y que, concientemente, expresaba un programa de investigación novedoso en el tratamiento de las necesidades sociales y humanas”. Méndez, R. en El Diagnóstico en Trabajo Social en revista Tribuna Libre.Bs.As.1994.

4 Foucault, M. El orden del discurso. México. Tusquets. 1983.

5 Sobre el tema de la construcción de la bibliografía y de las políticas editoriales en el Trabajo Social, se pueden establecer algunas comparaciones con el control del discurso.

6 Richmond, M. Caso Social Individual. Escuela Nacional de Salud Pública. Bs.As. 1962.

7 “Il processo valutativo nell’agire del Servizio Sociale” en Il Servizio sociale tra identitá e prassi quotidiana. Milano. Franco Angeli. 1989.

8 Que por otra parte ya había sido planteado por el socialismo con autores como Proudhon, Kropotkin y Bakunin entre otros, antes del ocultamiento producido por el marxismo.

9 Solo en aquellos casos en que existen “estados de dominación” la relación de poder es unívoca y en una sola dirección. Finalizado ese estado de dominación, aparecen de nuevo las relaciones de poder y con ello de resistencia.

10 Mary Richmond “Caso Social Individual” . Escuela Nacional de Salud Pública. Bs.As. 1962.

11 En el texto de Mario Gaviria “El Caso Social Individual. El Diagnóstico Social. Textos seleccionados”. Ed.Talasa. Madrid.1996. pág. 15; se nombran trabajos de investigación contemporáneos sobre como las trabajadoras sociales quedaron a la sombra en los descubrimientos que después se presentaron a partir de la Sociología.

12 Se entiende por marxismo académico al marxismo de cuño positivista. Al marxismo que solo repite consignas de Marx. Quienes predican este tipo de marxismo muchas veces no han leído a Marx y solo repiten

sus refritos literarios. Se desenvuelven mayoritariamente en los medios académicos.



13 Foucault, M. Microfísica del Poder. La Piqueta. Madrid. 1980.





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