El thriller moderno y el arte



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Don Juan. Gloria y decadencia de un mito literario

Lavinia SIMILARU

« Universitatea din Craiova »
Don Juan se ha olvidado de su primer autor, ya que escritores preclaros no han resistido la tentación de dedicarle una obra de teatro, una novela, o un poema (Molière, Goldoni, Mozart, Puchkin, A. Dumas, Lenau, Byron, Baudelaire, G.B.Shaw, J. Anouilh, H. de Montherlant…), para convertirse en un mito intemporal y sin fronteras. Cada época ha tenido un Don Juan propio, y se ha reconocido en él. O en sus víctimas. El siglo XX no es una época favorable a los mitos, es el tiempo de la desmitificación. Al mito le cuesta sobrevivir después del siglo XX: Gregorio Marañón demuestra con argumentos de la psicología y de la fisiología la inmaturidad sexual del héroe, Ghelderode hace de él un burgués devorado por la sífilis, Jacinto Grau le obliga a aceptar consejos de sus criados, ya que no sabe conquistar a una mujer, Montherlant transforma la intervención de la estatua en una farsa de carnaval, y Albert Camus considera la ausencia de la estatua como una marca de la decadencia de la condición humana.
Sobre Don Juan se ha escrito mucho. Y se seguirá escribiendo. Francisco Umbral1 dice que la gente escribe para presumir, cuando un símbolo es muy claro, como el de Don Juan, el ensayista no hace más que volverlo oscuro. Eugenio d’Ors había propuesto también: “Oscurezcámoslo”.

Pero las cosas no están tan claras. Don Juan se ha olvidado de su primer autor (Tirso de Molina, Andrés de Claramonte, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, u otro dramaturgo, la historia literaria no ha resuelto todavía el enigma), ya que escritores preclaros no han resistido la tentación de dedicarle una obra de teatro, una novela, un poema (Molière, Goldoni, Mozart, Puchkin, A. Dumas, Lenau, Byron, Baudelaire, G.B.Shaw, J. Anouilh, H. de Montherlant…), dejando incluso la literatura – como observa Francisco Márquez Villanueva2 – porque los poetas tienen que compartirlo con “músicos, filósofos, biólogos, coreógrafos, ilustradores y hasta con cada hombre y mujer de la calle”. José Ortega y Gasset3 considera que hay tres tipos de hombres: los que se creen Don Juan, los que creen que lo han sido, y los que creen que habrían podido serlo, si lo hubieran deseado. En cuanto a las mujeres, nosotras hemos tenido siempre una relación especial con Don Juan …

Los investigadores están generalmente de acuerdo que Don Juan fue creado (algunos dicen que por un fraile mercendario) para ofrecer al público del siglo XVII una lección de moral. Francisco Márquez Villanueva tiene razón en observar: “Estrenado como réprobo integral, Don Juan habría de cambiar sucesivamente de piel como librepensador, epicúreo, idealista, paradigma de inconformismo y liberador sexual. Del modo más paradójico, su naturaleza profunda consiste en no poseer otra que la que el vaivén de cada época quiera asignarle”4. Cada época ha tenido un Don Juan propio, y se ha reconocido en él. O en sus víctimas.

No es fácil decir de dónde viene el eterno seductor. La historia literaria ha chocado con grandes dificultades a la hora de precisar su origen. Tampoco es más fácil decir a dónde va el

burlador. Una sola cosa está clara: como diría Michel Foucault, tres siglos no han sido suficientes para borrar su prestigio5. Se han escrito muchas obras de teatro y novelas hasta el final del siglo XX.

Pero, de alguna manera tienen razón los que afirman que el conjunto de problemas que plantea Don Juan ha perdido su interés, ya no es actual. En 1933, Gregorio Marañón anunciaba ya la muerte del héroe:

“Yo creo en la muerte próxima de Don Juan. Su realidad, que todos reconocemos, no es superior a la que tuvieron ciertas especies animales que están en trance de extinguirse o que han desaparecido ya, sencillamente porque se han hecho inútiles sobre la tierra. Contra Don Juan conspira el ambiente, al progresar el instinto del varón, pero con más empuje y más rapidez al progresar el alma femenina”6.

No ha sido el único; muchas otras voces han proclamado el fin del burlador, G.B. Shaw y Giovanni Macchia no son que dos ejemplos. El misterio de su permanencia hasta nosotros se explica por el hecho de que su personalidad ha tenido siempre un lado que interesaba a los autores.. Hemos visto que ha sido sucesivamente amante fascinante, liberador sexual, rebelde, librepensador, epicúreo, idealista… Evidentemente, con la condición de encontrar todo el tiempo reglas nuevas que transgredir. Y, si las encuentra siempre, el mito de Don Juan sobrevivirá. A lo mejor. Montherlant escribía:

“Don Juan garde l’intérêt qui s’attache au gangster, au torero, au combattant, au partisan revolutionnaire: l’intérêt qu’a tout homme qui sans cesse risque le pire et qui a choisi cela”7.

El siglo XX no era, sin duda, una época favorable al mito. La palabra de orden es ahora la desmitificación. Hemos llegado al final previsto por Stendhal:

“Ce triste drame arrive au dénouement. On voit le don Juan vieillissant s’en prendre aux choses de sa propre satiété, et jamais à soi. On le voit tourmenté du poison qui le dévore, s’agiter en tous sens et changer continuellement d’objet. Mais quel que soit le brillant des apparences, tout se termine pour lui à changer de peine; il se donne de l’ennui paisible, ou de l’ennui agité; voilà le seul choix qui lui reste”.8

Pero no es todo. Stendhal va aun más lejos:

“Enfin il découvre et s’avoue à soi-même cette fatale vérité; dès lors il est réduit pour toute jouissance à faire sentir son pouvoir, et à faire ouvertement le mal pour le mal. C’est aussi le dernier degré du malheur habituel; aucun poète n’a osé en présenter l’image fidèle; ce tableau ressemblant ferait horreur”.9

El escritor cree que Don Juan encontrará, sin embargo, la manera de escapar a este lamentable destino:

“Mais on peut espérer qu’un homme supérieur détournera ses pas de cette route fatale, car il y a une contradiction au fond du caractère de don Juan. Je lui ai supposé beaucoup d’esprit, et beaucoup d’esprit conduit à la découverte de la vertu par le chemin du temple de la gloire”.10

Albert Camus había imaginado también a Don Juan en un convento, ante un Dios en quien no cree, ya que el placer puede acabar en la ascesis. Don Juan contemplando melancólicamente la llanura española. Hay también autores españoles que hacen que Don Juan termine sus días en el convento.

En el siglo XX se puede hablar de la gloria pasada y de la decandencia actual de Don Juan. El héroe ha perdido las cualidades de sus predecesores.

Don Juan era siempre joven y seductor, así lo han imaginado los primeros autores. Tirso y José Zorrilla no dicen nada sobre la edad del héroe, pero en sus obras hay elementos que atestan la juventud del protagonista. En El burlador de Sevilla, Don Juan utiliza este pretexto para conseguir la ayuda de su tío, el embajador de Nápoles, después de haber seducido a Isabela:

“Tío y señor,

mozo soy y mozo fuiste;

y, pues que de amor supiste,

tenga disculpa mi amor”.

(El Burlador de Sevilla, 61-65).

Un poco más lejos, su tío le dice: “Esa mocedad te engaña” (El Burlador de Sevilla, 116).

Los demás personajes no se olvidan nunca de afirmar la juventud y la belleza de Don Juan. Tisbea, la graciosa pescadora, le describe de esta manera:

“Mancebo excelente,

gallardo, noble y galán”

(El Burlador de Sevilla, 580-581)

Más tarde, Batricio, el novio campesino le ve y tiene un mal presentimiento. “Mal agüero”, dice él viendo el porte y la pinta del recién llegado a su boda, un caballero que no estaba invitado.

En Don Juan Tenorio de José Zorrilla, Brígida llama a Don Juan “pobre mancebo”, y esto no deja dudas en cuanto a su edad. Doña Inés encuentra una sola vez al caballero y pierde la cabeza. Éste es el efecto que le hace:

“No sé: desde que le vi,

Brígida mía, y su monbre,

me dijiste, tengo a ese hombre

sienpre delante de mí.

Por doquiera me distraigo

con su agradable recuerdo,

y si un instante le pierdo,

en su recuerdo recaigo.

No sé qué fascinación

en mis sentidos ejerce,

que siempre hacia él se me tuerce

la mente y el corazón:

y aquí y en el oratorio,

y en todas partes, advierto

que el pensamiento divierto

con la imagen de Tenorio”.

(José Zorrilla – Don Juan Tenorio, 1616-1631)

Si doña Inés no consigue ver más que la imagen de Don Juan, a pesar de la severidad del convento, éste no puede ser feo. Tiene que ser joven y guapo para provocar tales estragos en las mujeres.

En el siglo XX hay un montón de héroes viejos. Uno de ellos es el protagonista de Don Juan de Mañara de Antonio y Manuel Machado (1927), un seductor que no se arrepiente, pero ya no comete los pecados de antaño. El héroe de Juan de España de Gregorio Martínez Sierra (1921) utiliza su edad para despertar amor paternal. Serafín y Joaquín Alvarez Quintero crean en Don Juan, buena persona un Don Juan melancólico, que no olvida a las mujeres que ha seducido, aunque haya sido por una hora. En Las canas de Don Juan de Juan Ignacio Luca de Tena (1925) hay un Don Juan de cincuenta años, que acaba enamorándose y es rechazado por una mujer. Jacinto Grau en Don Juan de Carillana (1913) presenta también un Don Juan de cincuenta años, ridículo, que vive recordando sus conquistas, y manda flores a la amada, sin atreverse a declararle su amor. El protagonista de Ha llegado Don Juan de Jacinto Benavente (1952) es también viejo, y prefiere a las casadas. Pero el más viejo de todos es el de Ramón J. Sender (Don Juan en la mancebía, 1971), que es también padre (aunque más tarde se comprobará que Beatriz es hija de don Miguel de Mañara).

Los autores extranjeros también crean protagonistas viejos. En 1958, Henry de Montherlant en La mort qui fait le trottoir (Don Juan) presenta a un seductor de sesenta y seis años. El autor mismo lo dice. Y el protagonista lo afirma también:

“(...) Car elle a quinze ans. Quinze ans et moi soixante-six. J’aime que les ages soient bien appareillés en amour…” (I,1).

No cabe duda de que este héroe no es un hombre guapo. Linda no quiere acercarse para mirarle (I,2), y Don Juan admite que ha perdido su belleza. Se autoironiza, utilizando la literatura y la mitología para seducir a la joven:

“Ne te plains pas, ma belle. Je serai bien pire dans dix ans. Et puis quoi! que d’histoires! Jupiter, dieu des dieux, archétype de la beauté virile, ne peut pas séduire une femme s’il ne se métamorphose en animal: en taureau, en cygne... Dans le vieux conte grec l’héroïne envoie promener l’âne qui était son amant, lorsqu’il a repris la forme humaine qu’il avait perdue par magie. Car la femme n’aime pas l’homme beau; elle n’aime que le gorille. Que les vieillards cessent donc leurs jérémiades, et les pucelles leurs cris de dégoût. Je suis ce qu’il vous faut, ma fille; vous aimez les gorilles: vous pouvez donc m’aimer.”(I,2).

Un poco antes, en 1928, el belga Michel de Ghelderode en Don Juan ou les amants chimériques, no decía nada sobre la edad del héroe. Pero un personaje se dirigía a Don Juan de esta manera:

“Calmez-vous, jeune homme”. (I)

Hacia el fin de la obra, Olympia confiesa a Don Juan:

“Et je mourrai bientôt, je l’ai vu dans les cartes. Oui, les cartes m’ont dit que je mourrai dans les bras d’un jeune homme blond qui me sera fidèle... Tes bras. [...]” (III)

La descripción que nos proporciona Ghelderode no es precisamente la de un hombre guapo:

“Arrive Don Juan, gentilhomme du XVIII-e siècle, habit élimé sous les gallons d’or, tricorne détrempé, bas d’un blanc douteux et souliers à élastiques. Piteux gentilhomme! Pas après, on verra qu’il est blond, fries, maigre, petit, blafard, nerveux.” (I)

A lo largo de las obras, Don Juan no dejaba de mostrar su valor, los autores le imaginaban muy valiente. Estaba siempre dispuesto a arriesgar su vida para poder seducir a una mujer. En El burlador de Sevilla, después de la aventura de Nápoles, cuando Isabela descubre la identidad del hombre con quien había pasado la noche en lugar del duque Octavio, su prometido, Don Juan no tiene miedo de morirse por unas horas de placer:

“¿Quién ha de osar?

Bien puedo perder la vida,

mas ha de ir tan bien vendida

que a alguno le ha de pesar.”

(El Burlador de Sevilla, 36-40).

Pero el momento en que destaca nítidamente su valor es el de la aparición del espectro de don Gonzalo. Los criados están aterrorizados, Catalinón ya no quiere cenar, todo el mundo intenta marcharse para no ver más al muerto. Don Juan es el único que no pierde la calma y le habla tranquilamente:

“¿Que cierre la puerta?

Ya está cerrada, y ya estoy

aguardando lo que quieres,

sombra, fantasma o visión.

Si andas en pena, o si buscas

alguna satisfacción,

aquí estoy, dímelo a mí,

que mi palabra te doy

de hacer todo lo que ordenes.

¿Estás gozando de Dios?

¿Eres alma condenada

o de la Eterna región?

¿Dite la muerte en pecado?

Habla, que aguardando estoy”.

(El Burlador de Sevilla, 2482-2494)

Don Juan trata de manera muy cortés a su convidado, y le hace preguntas sobre el mundo del más allá. Cuando Don Gonzalo le pide que le dé la mano, diciéndole “No temas”, Don Juan se muestra indignado:

“¿Eso dices? ¿Yo, temor?

Si fueras el mismo infierno

la mano te diera yo”.

(Idem, 2500-2503).

Alonso de Córdoba y Maldonado crea un Don Juan muy peculiar, conocido en Sevilla más bien por su valor que por sus conquistas amorosas:

“Dos cabos de nuestro campo,

envidiosos de mi estrella

(no quiero decir que fueron

cobardes, pues no es flaqueza

acometerme dos juntos,

temeridad sí que fuera

presumir uno de sí

lo que un escuadrón no piensa),

desafiáronme al campo;

matélos y di la vuelta

a españa, y porque en Sevilla,

mi patria, sólo por nuevas

mi valor se sabe, quiero

se sepa por experiencia

siendo horror, causando espanto,

asombro, temor y pena

a los hombres, a los brutos,

a los montes y a las fieras11”.

El protagonista de José Zorrilla no es menos valiente. Al principio de la obra presenta la famosa lista de sus aventuras amorosas y de sus hazañas heroicas:

“A quien quise provoqué,

con quien quiso me batí,

y nunca considéré

que pudo matarme a mí

aquel a quien yo maté”.

(Don Juan Tenorio, 516-520)

Hacia el final de la obra, cuando el escultor trata de impedirle la entrada en el panteón, Don Juan le amenaza:

“Trae Don Juan muy buena espada,

y no sé quién se lo impida”.

(Idem, 2801-2)

Tampoco siente miedo al ver la sombra de doña Inés:

“¡Doña Inés! Sombra querida,

alma de mi corazón,

¡no me quites la razón

si me has de quitar la vida!

Si eres imagen fingida,

sólo hija de mi locura,

no aumentes mi desventura

burlando mi loco afán”.

(Idem, 2984-2991)

Don Juan demuestra el mismo valor cuando el espectro de Don Gonzalo llama a la puerta y sus criados o amigos se asustan:

“¿Qué os ha dado?

Pensáis ya que sea el muerto

Mis armas cargué con bala:

Ciutti, sal a ver quién es”.

(Idem, 3332-3347)

En cambio, el héroe de Michel de Ghelderode, un protagonista del siglo XX, parece más bien tímido y vulnerable, al principio el autor dice en las indicaciones para los actores: “Son regard cherche la sortie”. Este Don Juan es siempre indeciso, vacila todo el tiempo y cambia de opinión. Pero no es todo. Este Don Juan tiene incluso la cobardía de suplicar a un hombre, cuando éste le amenaza:

“Pitié!… (Crânant.) Ou plutôt, soyez adroit. Je souffre assez sans ça… C’est affreux!…” (I). Es la primera vez que Don Juan tiene miedo de la muerte y suplica; ninguno de sus predecesores se había humillado tanto.

Don Juan debe su fama a sus conquistas amorosas, es el seductor por excelencia. Todas las mujeres se sienten fascinadas por él. Pérez de Ayala lo había dicho: “Aquí reside la esencia del donjuanismo genuino. Las mujeres se enamoran de él como por obra y gracia del Espíritu Santo, sólo que es por obra y gracia del diablo… El hecho de entregarse una o muchas mujeres a un hombre por gusto, capricho o ligereza no eleva al hombre a la categoría de Don Juan… pero si una sola mujer piensa: Yo no sé si es cosa de Dios o del Diablo, pero a mí este hombre me arrebata; de sus labios mamaré mi aliento de vida o mi sentencia de muerte; todo mi ser a despecho de la voluntad siente que cae y se precipita en el cerco de sus brazos, entonces sí se trata del Don Juan público, imperecedero y diabólico.”12

En el siglo XX, Don Juan ha perdido incluso sus dotes de seductor. Jacinto Grau en Don Juan de Carillana (1913) hace que su protagonista pida consejo a sus criados, ya que no es capaz de seducir a una mujer. En la misma época, los exegetas dudan de la virilidad del héroe. Es famosa la opinión del médico Gregorio Marañón:

“[…] con no menor evidencia se echa de ver que entre don Juan y las mujeres andan trocados los papeles. No es que engañe a las mujeres; ésa es una mixtificación que él mismo urde y propala. Ellas solas se engañan, habiéndole tomado por muy hombre como corre en la leyenda que el propio don Juan se ha formado; y luego, de cerca, viene a parar en que eso de la hombredad es una fábula. He leído bastantes libros que cuantan la vida de don Juan. En ninguno de ellos se dice que haya tenido siquiera un hijo. ¿Me quiere ustéd decir por qué este gran farsante no pudo fecundar una sola mujer, con todo y haber pasado su tiempo en intentarlo, probando con el más surtido linaje de prójimas, desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca, quienes con otro hombre cualquiera, sin nada de don Juan, fueron fecundas?…”13

Gregorio Marañón se engaña, Don Juan ha tenido varios hijos, , muchos autores le han imaginado padre: Antonio y Manuel Machado, (Don Juan de Mañara), Luca de Tena en Las canas de Don Juan. En 1844 Lenau también había hecho a Don Juan padre de una familia numerosa, y el francés Henry de Montherlant, en La Mort qui fait le trottoir (Don Juan).

Pero la afirmación de Gregorio Marañón ha encontrado defensores, como de Ayala:

“… No es que Don Juan se canse en cinco minutos de cada mujer y al punto la abandone. Sale escapando, eso sí, por dos razones; cuándo una, cuándo otra. Primera: ha fracasado en no pocos casos, y antes de que se le descubra, o anticipándose a que la mujer le desprecie, se larga primero, para curarse en salud; así la mujer queda corrida de sí misma, figurándose no haber sido del agrado de don Juan, y por no dejar traslucir la íntima vergüenza le guardará el secreto, o acaso contribuya a que cunda tan infundada leyenda, refiriendo de él extraordinarias facultades y proezas amorosas. La segunda razón, y la más corriente, consiste en la desgana o indiferencia efectiva de la carne, junto con la apetencia ilusoria de la fantasía; por donde, a fin de estimular el deseo, necesita el incentivo de lo vario, lo nuevo y lo poco14”.

Al mito le cuesta sobrevivir después del siglo XX: Gregorio Marañón demuestra con argumentos de la psicología y de la fisiología la inmaturidad sexual del héroe, Ghelderode hace de él un burgués devorado por la sífilis, Jacinto Grau le obliga a aceptar consejos de sus criados, ya que no sabe conquistar a una mujer, Montherlant transforma la intervención de la estatua en una farsa de carnaval, y Albert Camus considera la ausencia de la estatua como una marca de la decadencia de la condición humana. A lo mejor el mito está muerto. Pero la muerte estaba siempre presenta en el mito, como una espada de Damocles. De todos modos, la muerte ha sido muy digna. El héroe ha hecho su elección de manera consciente. René Micha escribe:

“L’ultime rencontre entre Don Juan et la statue élève le drame sur un plan supérieur et, à première vue, différent de la donnée primitive: Don Juan ne personnifie plus le désir absolu, mais l’orgueil absolu. Il n’est pas foudroyé au moment du délire érotique, tandis qu’il poursuit sa victime (comme certains dieux ou héros de l’antiquité) ou même tandis qu’il séduit une jeune fille en lui promettant le mariage, tromperie chrétienne. Non, il succombe au cours d’un dialogue métaphysique qui oppose l’homme à Dieu. Ce transfert d’un plan à l’autre n’est qu’apparent. La faute demeure la même: confondue au désir, à la racine de l’homme. La génialité érotico-sensuelle, pour reprendre l’expression de Kierkegaard, est démoniaque. C’est le diable qui forme le lien entre l’orgueil et le désir. Devant Dieu, Don Juan affirme l’homme dans sa nature profonde, coupable depuis l’origine et tirant gloire de sa culpabilité. Il reste Don Juan jusqu’au bout. L’humanité triomphe et se perd avec lui. La chute n’est pas ignominieuse, elle est dans l’ordre.”15

Albert Camus16 había mostrado que Don Juan enfrentaba el honor humano a la cólera divina. De aquí viene la grandeza de Don Juan. Jouve añade, hablando del héroe de Mozart:

“La vraie lumière de la mort demeure suprême, et dans elle, j’en suis certain, Dieu et Don Giovanni se réconcilient.”17.





  1. Bibliografía:

  2. Crescioni Neggers, Gladys – Don Juan (Hoy), Ediciones Turner, Madrid, 1977.


Díaz-Plaja, Fernando – El «Don Juan» español, Ediciones Encuentro, Madrid, 2000.

Foucault, Michel – La Volonté de savoir, Hachette Paris, 1976.



Ghelderode, Michel de – Don Juan ou Les Amants chimériques, Théâtre, Gallimard, Paris, 1955.

Marañón, Gregorio – Biología de Don Juan, El Universal Ilustrado, Madrid, 1924.

Márquez Villanueva, Francisco – Orígenes y elaboración de «El Burlador de Sevilla», Ediciones Universidad de Salamanca, 1996.

Montherlant, Henry de – La mort qui fait le trottoir (Don Juan), Gallimard, Paris, 1972.

Ortega y Gasset, José – Estudios sobre el amor, in Revista de Occidente, Madrid, 1943, p. 171.

Pérez de Ayala, Ramón – Las máscaras, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1940.

Rousset, Jean – Le mythe de Don Juan, Librairie Armand Colin, Paris, 1978.

Sauvage, Micheline – Le cas Don Juan. In: Obliques, numéro spécial Don Juan, 3e trimestre 1981, Paris.



Stendhal – Werther et Don Juan. In: De l’Amour, Prietenii cărţii, Bucureşti, 1993

1 Prólogo del volumen Gladys Crescioni Neggers – Don Juan (Hoy), Ediciones Turner, Madrid, 1977.

2 Francisco Márquez Villanueva – Orígenes y elaboración de <>, Ediciones Universidad de Salamanca, 1996, p. 11.

3 José Ortega y Gasset – Estudios sobre el amor, in Revista de Occidente, Madrid, 1943, p. 171.

4 Francisco Márquez Villanueva – op. cit., p. 11.

5 M. Foucault – La Volonté de savoir, Gallimard, Paris, 1976, p. 54.

6 Gregorio Marañón – Más sobre Don Juan, en Obras completas, Madrid, Espasa Calpe, S.A., 1966, I, 547.

7 Henry de Montherlant – La mort qui fait le trottoir (Don Juan), Notes, Gallimard, 1972, p. 162.

8 Stendhal – Werther et Don Juan. In: De l’Amour, Prietenii cărţii, Bucureşti, 1993, p. 251.

9 Ibidm.

10 Ibidem.

11 Citado por Fernando Díaz-Plaja – El <> español, Ediciones Encuentro, Madrid, 2000.

12 Citado por Fernando Díaz-Plaja – El «Don Juan» español, Ediciones Encuentro, Madrid, 2000, p. 188.

13 Citado par Fernando Díaz-Plaja – El <> español, Ediciones Encuentro, Madrid, 2000, p. 125.

14 Pérez de Ayala – Tigre Juan, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1940, p. 414.

15 René Micha – Don Giovanni, in Obliques, numéro cité, p. 41.

16 Le Mythe de Sisyphe.

17 Cité par René Micha – art. cit., p. 41.




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