El tacto como sistema perceptivo



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INTRODUCCIÓN
Uno de los objetivos principales en los programas de rehabilitación/habilitación destinados a personas ciegas es el adiestramiento de un sistema perceptivo, el tacto, que adquiere una importancia central en las nuevas formas de adaptación en diferentes ámbitos de su vida: desplazamientos, vida diaria y acceso a la información a través de materiales en relieve (braille, representaciones gráficas de planos, maquetas, etc.).
Los profesionales que trabajan con personas ciegas (técnicos de rehabilitación, instructores de braille, terapeutas ocupacionales, etc.) necesitan disponer de pruebas para la evaluación del sistema perceptivo háptico que les permitan una visión integrada del funcionamiento del mismo.
En este sentido, en los últimos años hemos trabajado en la recogida y preparación de una serie de pruebas de evaluación que permiten una visión integrada del tacto que transita desde las formas de sensibilidad más básicas a las pruebas más complejas y ecológicas de reconocimiento de objetos comunes.
A continuación vamos a presentar una breve revisión de la organización y funcionamiento del tacto, para continuar mostrando las pruebas utilizadas por nosotros para la evaluación diferencial e integrada de los diversos componentes y las diversas funciones del tacto.

EL TACTO COMO SISTEMA PERCEPTIVO


Un artículo de presentación general de una estrategia para la evaluación del tacto como el que proponemos suele estructurarse bajo la consideración de que el mismo es un sistema complejo a la vez que unitario, cuya descripción pasa por la diferenciación de, al menos, dos subsistemas diferenciados: la exterocepción y la propiocepción. Estos dos subsistemas se interrelacionan en la descripción de la estructura anatomofisiológica que compone el sistema somatosensorial en sus diferentes apartados; esto es, la piel y los receptores cutáneos y cinestésicos, las vías de proyección al sistema nervioso central (SNC) y la estructura cerebral del sistema somatosensorial. Es importante mencionar, no obstante, que pese a esta organización tradicional del sistema táctil no se dispone de un modelo general y ampliamente aceptado sobre el tacto (Heller y Schiff, 1991), no habiendo, como señalamos anteriormente, un conjunto de pruebas de evaluación que permitan contemplar el funcionamiento integrado de este sistema perceptivo.
La definición del órgano perceptivo en el caso del tacto debe ser una definición dinámica, que varía desde un centímetro de la piel a todo el aparato corporal. Además diferentes sensaciones, como el esfuerzo muscular, requieren de la resistencia y el movimiento de los órganos corporales para su funcionamiento, haciendo difícil por ello concebir la energía estimular como producto de algún elemento externo.
Los principales autores en el estudio del tacto (Gibson, 1966; Gordon, 1978; Katz, 1925; Lederman y Klatzky, 1987; Lillo, 1993; Turvey, 1996), destacan que dicha complejidad sólo puede ser reducida por medio de una aproximación funcional capaz de contemplar el trabajo integrado del sistema. Así, una definición que podría servir a la concepción que guía esta aproximación es que el tacto es la sensibilidad del individuo del mundo adyacente a su cuerpo a través del uso de su cuerpo.
Por lo dicho, el principal giro en la investigación sobre el sistema háptico que incluimos en este trabajo es la introducción del sistema motor, de manera que el órgano para la sensación es anatómicamente el mismo que el de la acción. Existe un solapamiento completo entre el sistema perceptivo y el sistema ejecutivo.
El estudio de todo el sistema de relaciones articulares y motoras, y su papel en la percepción háptica ha sido ampliamente desarrollado por Bernstein (1967) y Turvey (1996). Estos autores han estudiado el sistema de jerarquías de los miembros y sus articulaciones. La idea básica del modelo de tacto dinámico de Turvey es que la estructura corporal consta de una serie de posturas organizadas jerárquicamente; a saber, la cabeza relativa al tronco, el tronco relativo a las piernas, y todo el cuerpo relativo al suelo, etc. [de tal manera que la posición de cada miembro individual es articulada respecto a todo este sistema jerárquico de posiciones, y conectado en último término, por medio del sistema vestibular, a la dirección de la gravedad]. Así, cada miembro mantiene una orientación respecto al eje del cuerpo, y el espacio puede ser considerado un vector resultante del conjunto de ángulos de todas las articulaciones relativas de ese miembro.
Sólo en este momento se considerará el papel de la sensibilidad cutánea en el funcionamiento háptico. En todo este universo de movilidad del cuerpo humano, llegará el contacto con superficies exteriores, cuya localización espacial estará determinada por el conjunto de posiciones y movimiento de los órganos en ese momento. Los receptores cutáneos, siguiendo el desarrollo anterior, se sitúan en diferentes órganos corporales, de tal manera que su funcionamiento debe principalmente informar del estado de dichos órganos.

Llegados a este punto es el momento de relatar brevemente los subsistemas resultantes de esta aproximación.



LA ORGANIZACIÓN DEL SISTEMA HÁPTICO: PERCEPCIÓN CUTÁNEA, CINESTÉSICA Y HÁPTICA
Como ya hemos señalado, en una definición funcional podríamos decir que el sentido cutáneo informa de la estimulación de la superficie externa del cuerpo a través de unos receptores situados en la piel y las fibras nerviosas asociadas a ellos. Por su parte, el sentido cinestésico informa sobre la posición, estática o dinámica, de las distintas partes del cuerpo.
El funcionamiento coordinado de estos dos subsistemas está sólo recogido en la idea de percepción háptica, la cual integra a ambos en una definición activa que considera la dimensión intencional. La figura 1 trata de mostrar esta organización del sistema táctil.
Percepción cutánea
La aproximación al estudio de la percepción cutánea es el de la sensibilidad a la deformación de la piel por agentes mecánicos. Un ejemplo de esta condición son los estudios de estimulación pasiva de distintas partes de la piel, como las pruebas de evaluación de la sensibilidad (Lederman, 1981, 1983; Taylor y Lederman, 1975; Weinstein, 1962, 1968), o los sistemas de sustitución visual en que se presentan patrones vibrátiles como el Optacon (Bliss, 1978), o el TVSS (Bach-y-Rita, 1972).
En cualquier caso, y siguiendo el modelo de transducción y procesamiento de la información, se suele considerar que la actividad de la sensación táctil consiste en un proceso de filtrado espacio-temporal del estímulo aplicado a la piel. Según este modelo, las fases iniciales del procesamiento táctil consisten en un filtrado dependiente de las capacidades sensoriales, tanto espaciales como temporales, del sistema. Este tipo de filtro y la respuesta del sistema a cierto estímulo pueden ser descritos por medio de sistemas matemáticos de análisis lineal, concretamente análisis de Fourier. (Para una revisión de estos modelos ver Loomis y Lederman, 1986). No obstante, como en la mayor parte de los ámbitos de la investigación sobre el tacto, no existe una caracterización completa de este filtrado espacial de la estimulación cutánea.
Las dimensiones que van a caracterizar a los estímulos mecánicos están restringidas a posibles dimensiones físicas de un contacto con la piel. Así, éstos se pueden caracterizar por la dimensión espacial (la superficie de contacto), un patrón temporal (el tiempo o la frecuencia de contacto) y una intensidad (la cuantificación de la presión ejercida). A continuación vamos a repasar los resultados relativos a estas distintas dimensiones de la estimulación.
Resolución espacial o agudeza táctil
Una de las pruebas tradicionales para estimar la precisión o agudeza táctil, esto es, su capacidad de discriminación de la fuente de presión, es el llamado test del umbral de dos puntos (U2P). Este test consiste en presionar la piel en uno o dos puntos pidiendo a la persona estimulada que indique cuál de las dos posibilidades se da en cada ensayo. Conforme se reduce la distancia entre los dos puntos de estimulación, llega un momento en que son indistinguibles, siendo percibidos como un único estímulo. Esta distancia mínima o umbral fue estudiada sistemáticamente por Weinstein (loc. cit.), que encontró grandes variaciones en el umbral entre las distintas partes del cuerpo.
Presión
La psicofísica de la presión ejercida ha considerado, principalmente, el estudio del umbral absoluto del reconocimiento de la presión. El primer resultado importante de estos estudios es la gran variabilidad encontrada en distintas partes del cuerpo (Weinstein, 1968). Más aún, es importante señalar que los umbrales para los dedos de las manos, nuestro principal interés, son relativamente altos respecto a otras partes del cuerpo (Weinstein, 1962, 1968).
Esto resulta extraño si tenemos en cuenta que los dedos de las manos son una de las partes más precisas en su capacidad táctil. Sin embargo, existe una diferenciación entre precisión y sensibilidad en los sistemas perceptivos, de tal manera que la presencia de una gran sensibilidad no sólo no asegura buena precisión y capacidad de discriminación, sino también que ambas dimensiones aparecen en todo caso relacionadas de manera inversa.
Sensibilidad temporal
La sensibilidad temporal ha sido también estudiada con diversos métodos experimentales. La más directa de las formas de evaluación de la sensibilidad temporal es la investigación psicofísica de sensibilidad a la vibración como una función de la frecuencia temporal de estimulación. (Dado que este tema requiere un estudio específico y acotado, al que no entraremos en nuestro trabajo, remitimos al lector a la revisión de Cholewiak y Collins (1991)). Independientemente de los datos concretos de estos estudios, una conclusión importante es que fue en la práctica imposible establecer una única función de filtrado temporal, dado que las funciones estaban afectadas por variaciones experimentales, como el tamaño o diámetro del estimulador, temperatura o estados de adaptación de los sujetos experimentales, etc. Un punto importante a destacar, que mencionaremos posteriormente, es que las medidas de sensibilidad a la vibración constituyen unas de las pruebas de sensibilidad que muestran una correlación más baja con diferentes pruebas funcionales de estereognosis manual como el test de Pick-up (Moberg, 1962) y otras (Dellon, 1981).
Percepción cinestésica
La cinestesia es, como hemos visto, el sistema que proporciona información sobre la posición relativa y el movimiento de las distintas partes del cuerpo y el esfuerzo muscular. La investigación básica ha demostrado que el funcionamiento cinestésico está basado en las señales de los receptores sensoriales situados en músculos, articulaciones y en la piel. El papel de los receptores tendinosos ha dejado de considerarse como relevante para el funcionamiento cinestésico, dada su respuesta más relacionada con movimientos extremos y potencialmente dañinos para las articulaciones (Clark, Horch, y Bach, 1979; Clark y Horch, 1986).
Una determinada posición articular especifica la posición de un miembro respecto al cuerpo, y éste tiene también especificada su posición respecto a tierra y gravedad. De esta manera cada invariante de los sistemas anteriores está vinculado directamente al medio. En la actualidad (Loomis y Lederman, 1986; Turvey, 1996) se considera que su actividad es función de receptores sensoriales situados en la musculatura, cuya respuesta detecta los patrones de esfuerzo muscular elicitados por la actividad del sistema nervioso eferente.
De manera paralela a su definición en percepción visual, el espacio creado a través del funcionamiento cinestésico ha sido definido como organizado respecto a un origen situado en el cuerpo de la persona que explora. En el caso del tacto dicho punto debería establecerse por medio de "líneas táctiles" construidas por los sujetos. Según esta definición, en lugar de un único punto de convergencia, se producen diversos puntos, todos ellos en referencia a la parte del cuerpo usada en la estimación y apuntando a la articulación sobre la que ocurre la rotación del miembro.
La percepción háptica
Como ya señalamos en la introducción, llamamos percepción háptica al funcionamiento integrado de los subsistemas del tacto revisados hasta el momento; funcionamiento que contempla una dimensión intencional consistente esencialmente en la dimensión activa, exploratoria, del tacto en su funcionamiento natural.
De manera formal podemos definir la percepción háptica como la búsqueda activa de información relevante, realizada principalmente con las manos (estereognosis manual) y por medio de ciertos movimientos exploratorios (Lederman y Klatzky, 1987).
El estudio de la percepción háptica toma en la investigación dos formas principales: son el estudio del llamado tacto dinámico y de la estereognosis manual. Vamos a revisar, a continuación, estas áreas de estudio.
El tacto dinámico
El tacto dinámico es una modalidad específica de tacto que se concibe como un sistema de funcionamiento sincrónico de la información de la deformación de la piel, de la posición articular y, al tiempo, del esfuerzo y situación muscular.
El caso prototípico de funcionamiento del tacto dinámico es la estimación de peso. Parece que la sensibilidad cutánea tiene un papel accesorio en esta actividad. El papel de la posición articular da el marco de referencia a la estimación. Sin embargo, la estimación, al sujetar un objeto en la mano, es la inercia al movimiento que la gravedad produce en él y que nosotros reconocemos por el esfuerzo muscular realizado al mantenerlo en la mano (Amazeen y Turvey, 1996). Un funcionamiento similar valdría para las acciones de estimación de la dureza. Aquí, de nuevo, la fuerza ejercida sobre una superficie para obtener una determinada deformación de la piel, será el determinante principal de su detección.
La teoría principal para el análisis del funcionamiento del tacto dinámico es la propuesta por Turvey (1996). Esta teoría va a tratar de describir las propiedades físicas a que son sensibles el conjunto de receptores que forman parte del sistema cinestésico. La idea básica que desarrolla la concepción ecológica de Gibson es que los invariantes que el sistema debe detectar para hacer posible la conducta adaptada han de ser relaciones físicas, concretamente los tensores de inercia, que rigen en los encuentros del propio cuerpo con los objetos del entorno (Turvey y Carello, 1986; Turvey, 1992).
Estereognosis manual
La estereognosis manual, la forma más habitual de la percepción háptica, Es la búsqueda activa de la información relevante que se realiza principalmente con las manos (estereognosis manual) y por medio de ciertos movimientos estereotipados (Lederman y Klatzky, 1987). Los movimientos de exploración son movimientos intencionales encaminados a producir las perturbaciones o modificaciones en sus mecanismos receptores (vistos anteriormente) que se producen en relación más directa con la dimensión del objeto que se trata de discriminar (Ananiev, Lomov, Larmolenko y Vekker, 1967; Davidson, 1972; Gibson, 1962; Lederman y Klatzky, 1987).
Evidentemente, la detección de los distintos tipos de cualidades de los objetos requiere una distinta implicación de los subsistemas mencionados anteriormente. En el caso de las cualidades geométricas, el papel de la percepción articular va a ser central, siendo la percepción cutánea un mero informante del contacto con una superficie. Para las propiedades de las superficies, y en concreto para la textura, se hace, en cambio, énfasis en el papel de la sensibilidad cutánea, si bien, teniendo en cuenta la situación de movimiento relativo. En el caso de las dimensiones materiales, y en concreto del peso, el reconocimiento de la deformación de la piel por la masa de los objetos, pese a permitir ciertas discriminaciones es bastante pobre. Estas discriminaciones son claramente mejoradas cuando los objetos son sostenidos en la mano.
En la actualidad, el grupo de investigación que ha continuado y avanzado en gran medida este análisis de los movimientos de exploración manual es el grupo de investigación dirigido por S. Lederman y R. Klatzky. Estas autoras han analizado en una serie de investigaciones (Klatzky, Lederman y Reed, 1989; Lederman y Klatzky, 1987, 1990, 1992) los llamados procedimientos de exploración (PEs.), análisis que hemos recogido dentro del conjunto de pruebas que presentaremos a continuación.

UN SISTEMA INTEGRADO DE EVALUACIÓN DEL TACTO


El gran problema que encontramos en la evaluación del sistema háptico es que se mantengan como compartimentos estancos el rendimiento sensorial y motor, y las pruebas perceptivas complejas. De este modo, la evaluación de la sensibilidad sigue en la actualidad sometida a diseños experimentales en los que está implicado básicamente el tacto pasivo, al contrario de lo que sucede en las pruebas de motricidad o perceptivas complejas, en las que su análisis no contempla las capacidades sensoriales necesarias, de tal manera que resultan dificultosos -y en la práctica nulos- los intentos de transitar entre un universo de problemas y otro.
La resolución de esta problemática requiere, por tanto, el diseño de nuevas formas de evaluación que consideren los estadios intermedios de funcionamiento restringido del tacto, el control experimental de fenómenos perceptivos complejos, como el reconocimiento de objetos comunes, etc. El diseño de estas pruebas de evaluación de los distintos subsistemas del sistema háptico requiere la utilización de diferentes metodologías y materiales experimentales. Estos últimos deben permitir la variación diferencial de las cualidades específicas y las operaciones relevantes que asignamos a estos diferentes subsistemas en las diferentes tareas.
Por ello, a continuación dedicaremos un apartado a cada uno de los diseños específicos planteados y que aparecen resumidos en el anexo 1. Consideraremos, en primer lugar, las pruebas de sensibilidad pasiva, que tradicionalmente han sido utilizadas para la evaluación de las diferentes formas de la sensibilidad simple. En segundo lugar, presentaremos las pruebas de funcionamiento articular y esfuerzo muscular. A continuación, se presentan el diseño y selección de los objetos y pruebas de evaluación de las capacidades de discriminación del tacto activo para algunas cualidades hápticas que son relevantes para la estereognosis manual. Posteriormente, presentaremos la selección y características de dos pruebas, con sus subpruebas correspondientes, utilizadas para la evaluación de las capacidades manipulativas. Por último, se mostrará el diseño de las pruebas perceptivas complejas de reconocimiento categorial de objetos tridimensionales.
Pruebas de estimación de la sensibilidad cutánea
La evaluación de la sensibilidad táctil se realiza por medio de la elicitación de sensaciones somáticas con la aplicación de distintos estímulos sobre la piel, que son recibidos de forma pasiva. Estos estudios son ampliamente utilizados y existen para ellos procedimientos estandarizados de aplicación, puntuaciones normativas, etc.
La selección de las formas de sensibilidad pasiva incluidas en esta batería de pruebas se ha realizado teniendo en cuenta las formas simples consideradas más importantes para la realización de tareas de manipulación y perceptivas de estereognosis manual. Éstas son las capacidades de resolución y de intensidad. Las pruebas utilizadas por Weinstein (1968) responden a esta diferenciación. Este autor consideró tres tipos de medidas: el umbral de dos puntos (U2P) y la localización, como medidas de resolución espacial, y el umbral de presión, como medida de intensidad.
En nuestro caso hemos decidido utilizar estas mismas medidas y poner en juego los mismos procedimientos que este autor, añadiendo una nueva medida, propuesta por Dellon (1981), que es una variación del U2P, que implica añadir movilidad a su presentación. De esta manera, a la evaluación de la resolución espacial se le añade la posibilidad de evaluar también la resolución temporal.
Es importante mencionar que dada la baja relación entre los umbrales de vibración y las capacidades funcionales de la mano (Dellon, o.c.), no hemos incluido éstos en el conjunto de pruebas, centrado en las alteraciones funcionales del tacto, más que en la detección de disfunciones psicofisiológicas.
A continuación mostramos las pruebas (tabla 1) y los métodos y procedimientos para su aplicación.

Diseño
El diseño contempla una única medida de la variable dependiente que es la distancia mínima en mm. para el reconocimiento de la estimulación de uno o dos puntos (U2P, U2Pm, Lo) y presión en grs (Pr).


Se contemplan dos variables independientes que son: posición (yema / falange / palma), mano (izquierda/derecha); permitiendo la comparación de otras variables independientes, como patologías, u otras condiciones perceptivas.
Procedimiento
El método aplicado es el utilizado por Weinstein (1968) para U2P, Lo y Pr, y el método de Dellon (1981) para U2Pm.
Subsistemas del tacto analizados
Estas tareas van a permitir obtener un conjunto de resultados imprescindibles en la evaluación del sistema háptico. Éstos son:

- Funcionamiento de los sistemas fibra-receptor sensoriales.

Dado que se han establecido parcialmente las relaciones entre formas de sensibilidad y tipos de receptores, estas pruebas permiten una primera evaluación de los sistemas de fibra-receptor de la somatosensoriales.

- Estado de las vías nerviosas sensoriales periféricas.

Dado que se han establecido alteraciones de la sensibilidad pasiva en las patologías nerviosas periféricas, estas pruebas permiten la detección del impacto funcional de las mismas.

- Capacidades de discriminación de patrones bidimensionales.

Diversos estudios han mostrado la relación entre los umbrales de sensibilidad pasiva y la discriminación de, por ejemplo, caracteres braille, de manera que estas pruebas informan sobre la necesidad de realzar una adaptación de las estrategias de enseñanza en el reconocimiento (por ejemplo, jumbo braille).
Pruebas de estimación de la capacidad muscular y articulatoria
Una de las variables que consideraremos en este estudio, pese a que su valor en relación con las tareas perceptivas ha sido desestimado en la mayor parte de los casos, son las capacidades articulatorias y motoras de la mano. Si bien su estudio no se pone en relación directa con las capacidades perceptivas del tacto, los cirujanos de la mano (Moberg, 1962; Dellon, 1981) consideran las capacidades articulares y motoras de la mano en sus estudios, de tal manera que es posible poner en relación ambas dimensiones. Sin embargo, esta aproximación no es realizada explícitamente en estos estudios.
Ciertas actividades perceptivas pueden estar impedidas cuando el rango de movimientos, las capacidades de articulación de la mano, o bien la fuerza motriz para la realización de dichos movimientos, están impedidos o alterados de alguna manera.

Por ello, a continuación presentaremos una prueba de estimación de estas capacidades en la mano, orientada por la necesidad de cumplir dos objetivos. El primero de ellos, que podríamos considerar un objetivo de mínimos, consistirá en establecer un valor mínimo de las capacidades de articulación activa de la mano. El segundo de ellos es el establecimiento de valores cuantitativos del esfuerzo muscular.


Capacidades articulatorias
La estimación de las capacidades articulatorias de la mano, considerando las medidas habituales, exige el despliegue por parte del sujeto de movimientos de extensión y flexión de la mano, en sus diversas partes, y en distintas posiciones. De manera concreta, un funcionamiento normal de la misma, que asegura la capacidad de realizar las posiciones normales de prensión y desplazamiento, pasa por la realización de los siguientes movimientos de flexión y extensión:

Los valores asignados a esta prueba son cuantitativos, desde "0" (se realiza la flexión o extensión completa), a un valor numérico que es la distancia en centímetros hasta la flexión completa. Pese a que una medición articular correcta requeriría la estimación de estos valores en grados de flexión de la articulación de referencia, todas las flexiones pueden ser también estimadas como la distancia hasta el punto de flexión completa, dando así un valor cuantitativo métrico (Jones, 1989). La única excepción sería la extensión de la mano, que requiere necesariamente una estimación en grados, y cuya estimación debe hacerse por medio de un goniómetro.


Esta prueba no requiere para su realización ningún tipo de material experimental, salvo un protocolo de recogida de datos y una regleta métrica para la valoración clínica de las flexiones.

Esfuerzo muscular


En este apartado presentamos una prueba de esfuerzo muscular que, de forma paralela a la anterior, nos asegure que la fuerza necesaria para los movimientos está presente. Los aspectos del esfuerzo muscular que tradicionalmente son evaluados son los llamados esfuerzo máximo y esfuerzo sostenido (Jones, 1989; Mathiovetz, Kashman, Volland, Weber, Dowe y Rogers, 1985). El esfuerzo sostenido es el esfuerzo máximo sostenido de manera constante en un determinado intervalo de tiempo. El esfuerzo máximo, que es el elegido en esta evaluación, se refiere a la capacidad máxima de esfuerzo alcanzada en un momento puntual de tensión muscular.
Esta prueba exige la compresión, en las distintas posiciones de flexión que presentaremos a continuación, de una serie de muelles diseñados de una manera especial. Estos muelles presentan una resistencia a la compresión determinada en términos de kilogramos de presión necesarios. Por tanto, el grado de esfuerzo muscular ejecutado en cada una de las flexiones realizadas puede evaluarse de modo cuantitativo en términos de kilogramos de presión. Como veremos, nuestra medición alcanza hasta una determinada presión. Por encima de ella no tendremos valores diferentes; esto es, tenemos un valor máximo que daremos a continuación.
El material utilizado son cinco muelles Digi-flex fabricados por la casa IMC Products Corporartion en distintos materiales. Estos aparatos están diseñados para permitir tanto el trabajo integrado de la mano, como, por medio de un sistema de botones independientes, el trabajo de los dedos de forma aislada. Estos muelles mantienen una resistencia a la compresión en su cuerpo total, y además los botones correspondientes a cada dedo pueden ser independizados, de manera que mantienen una resistencia por botón. Se dispone de cinco modelos de resistencia graduada. Los valores correspondientes en kilogramos aparecen en la tabla 3.

Las posiciones de flexión articular sobre las que mediremos el esfuerzo muscular se describen en la tabla 4.

Dada la existencia de valores normativos (Jones, 1989; Mathiovetz, Kashman, Volland, Weber, Dowe y Rogers, 1985) para este tipo de tarea, considerando tanto el sexo como la edad, no hemos llevado a cabo ningún tipo de prueba piloto sobre su funcionamiento.
Subsistemas del tacto analizados
- Alteraciones del rango de movimientos de las manos.

Como hemos visto, la actividad exploratoria háptica requiere de un rango de movimiento que puede ser estimado de forma sencilla a través de la prueba de capacidades articulatorias.

- Alteraciones de las capacidades motoras de las manos.

De la misma manera la actividad háptica requiere de unas capacidades mínimas de esfuerzo muscular, por ejemplo, para la estimación de dureza. Dichas capacidades pueden ser estimadas de forma sencilla a través de las tareas de esfuerzo muscular.


Pruebas de estimación del tacto activo
La batería contempla cuatro pruebas de estimación de magnitudes con tacto activo. Concretamente, las magnitudes a estimar son: textura, peso, volumen de cubos y volumen de esferas.
Es importante comentar que los niveles utilizados para cada una de las dimensiones fueron elegidos a través de una prueba de detección de señales para asegurar una buena discriminación entre los mismos. Dichas pruebas de selección de niveles pueden ser consultadas en Travieso (2000) y Travieso, Blanco y Rosa (2000).

Diseño
El diseño utilizado en los cuatro casos es una tarea de juicio de categorías. Réplica del diseño ideado por Ward, Armstrong y Golestani (1996).


Se seleccionaron diez niveles de cada una de las dimensiones, concretamente:

- Textura: 10 placas con variaciones sistemáticas (0.250 mm.) de la distancia media entre puntos (de 0.500 mm. a 2.750 mm.).

- Peso: 10 cilindros del mismo volumen con variaciones sistemáticas (25 gr.) del peso (de 50 gr. a 275 gr.)

- Volumen: 10 cubos con variaciones sistemáticas (8 cm3) del volumen (48 cm3 a 120 cm3).

- Volumen: 10 esferas con variaciones variables del volumen (de 13 mm. a 60 mm. de diámetro).
Procedimiento
En primer lugar se muestra a los sujetos los niveles estimulares más bajo y más alto del continuo. A continuación se realiza una ronda de entrenamiento y cinco ensayos experimentales en los cuales los sujetos debían indicar la posición que tenía un determinado estímulo dentro de la serie de diez niveles. Se proporciona el estímulo al sujeto, depositándoselo en las manos y permitiendo su exploración libre, sin límite de tiempo.
Los estudios preliminares (Travieso, 2000) muestran que la función psicofísica se ajusta claramente (R2 > .90) a una función de tipo lineal, de manera que podemos analizar las capacidades de discriminación por medio de los índices de una función tipo:

Y = a X + b

Donde a, o pendiente de la función, sería el indicador de la capacidad discriminativa.
Subsistemas del tacto analizados
- Capacidades de discriminación de cualidades con tacto activo.

Como ya hemos señalado, las capacidades del tacto activo difieren de las capacidades sensoriales pasivas tanto en su rendimiento como en la cantidad de subsistemas táctiles que participan en su funcionamiento. Así, por ejemplo, mientras que en las pruebas de discriminación espacial pasiva (por ejemplo el umbral de dos puntos -U2P-), el funcionamiento se restringe a las capacidades táctiles de los receptores somatosensoriales situados en la piel, en la prueba de discriminación de texturas con tacto activo, estas mismas capacidades sensoriales van a trabajar de manera conjunta con indicadores cinestésicos que indicarán la dirección y velocidad del desplazamiento de la mano sobre la superficie tocada. La respuesta final en la prueba de tacto activo implica el funcionamiento de ambos subsistemas, así como su trabajo coordinado.

Por ello, estas pruebas dan un índice cuantitativo de capacidad de discriminación activa de las cualidades por medio de la pendiente (a) de la función psicofísica resultante de las tareas.

- Implicación relativa de las capacidades sensoriales y motoras en la discriminación de cualidades por medio del tacto activo.



Dado que los coeficientes de pendiente (a) suponen un índice cuantitativo de las capacidades de discriminación de cualidades, éstos pueden ser puestos en relación (por medio de análisis correlacionales y de regresión) con los umbrales sensoriales y capacidades motoras, de manera que se conozca la implicación relativa de estos últimos en la discriminación de las distintas cualidades.
Pruebas de estimación de las capacidades de manipulación y motricidad manual fina
Hasta este momento las pruebas de articulación y esfuerzo muscular presentadas sólo nos permiten valorar las capacidades musculares y motóricas, necesarias para la actividad manual compleja. Sin embargo, las funciones de motricidad fina o destreza manual, que constituyen la actualización de dichas capacidades, no quedan aseguradas únicamente por dichas pruebas.
Como tuvimos oportunidad de ver, estas actividades suponen la actividad conjunta de los subsistemas sensorial y motor. Por ello, a continuación vamos a presentar dos pruebas de motricidad fina que permiten evaluar el trabajo integrado del subsistema motor en la actividad manual. Estas dos pruebas son el Test Pick-up y el Minnesota Rate of Manipulation Test.
El Pick-up Test
Los profesionales más sensibilizados, por motivos obvios, respecto a la necesidad de la evaluación de las capacidades manipulativas de la mano son, sin duda, los cirujanos de la mano. Estos profesionales han señalado la escasa capacidad predictiva de las pruebas simples de sensibilidad pasiva y motricidad en relación con las capacidades funcionales de la mano (Moberg, 1962; Dellon, 1981). Como fruto de la necesidad de pruebas capaces de evaluar dichas capacidades funcionales, Moberg (1962) desarrolló un sencillo test capaz de combinar las capacidades de motricidad fina y reconocimiento de objetos comunes de pequeño tamaño.
Diseño
El diseño contempla una única medida de la variable dependiente, que es el tiempo de realización de la tarea.
Como variable independiente genérica aparece la realización con cada una de las dos manos de forma diferenciada.
Material
El test consta de una caja circular de aproximadamente 5 cm. de diámetro y 3 cm. de altura, y doce objetos comunes, concretamente: un tornillo, un clavo, un clip metálico, un imperdible, una moneda de 5 ptas., un botón pequeño (0.7 cm. de diámetro), una tuerca (0.8 cm. de diámetro), una llave pequeña (de candado), una escarpia, una arandela, un botón grande (2 cm. de diámetro) y una moneda de 25 pts. (con agujero).
Procedimiento
El Pick-up Test es en una prueba clínica en que se solicita al sujeto que coja con la mano los doce pequeños objetos situados encima de la mesa y que los deposite, uno a uno, en una pequeña caja. Dicha prueba debe ser realizada consecutivamente con ambas manos. Se pide al sujeto, además, que nombre cada uno de los objetos a medida que los va cogiendo de la mesa. Se consigna el tiempo de realización de la tarea con cada una de las manos.
El Minnesota Rate of Manipulation Test (MRMT)
El MRMT es un test estandarizado utilizado para la evaluación de las capacidades manipulativas. Este test está comercializado por la casa Lafayette Instrument INC.
Diseño
El diseño contempla una única medida de la variable dependiente, que es el tiempo de realización de la tarea.
Como variable independiente genérica aparece la realización con cada una de las dos manos de forma diferenciada de la subprueba de desplazamiento, si bien la subprueba de giro es de realización bimanual y por tanto incomparable con las anteriores.

Material
El test consta de un panel de 90 x 30 cm., con huecos para la colocación de 60 piezas. Estas piezas son cilindros de 4 cm. de diámetro y 2 cm. de alto.


Procedimiento
El test contiene cinco subpruebas, que hemos reducido a tres en su aplicación. Las dos primeras, a realizar con cada una de las dos manos, consisten en el desplazamiento de las piezas al hueco adyacente, y es llamado test de desplazamiento, y la tercera realizada de forma bimanual, consiste en el giro y recolocación en el mismo hueco de cada una de las piezas, siendo llamado test de giro.
Es importante recordar que las medidas estandarizadas fueron obtenidas en realizaciones con control visual, por lo que no se debe describir el comportamiento de las personas ciegas desde estos criterios. No obstante, el test presenta una especificación para su administración a personas ciegas, según la cual, la realización de tres tandas de entrenamiento, antes de la realización de las tres sesiones de medida, supone un ajuste de las puntuaciones de las personas ciegas a los valores normativos de la población general. Sin embargo, tras la aplicación piloto de este formato a un grupo de personas ciegas voluntarias (Travieso, 2000), en los que obtuvimos tiempos entre 2,5 y 3 veces superiores a la puntuación normativa, y la constatación de que la realización de seis tandas de cada ejercicio suponía una saturación en los sujetos participantes, hemos decidido no utilizar dichas puntuaciones para la descripción de nuestros resultados, contemplando la prueba de forma interna a los grupos estudiados.
Se concluye que este test permite una evaluación de la destreza manual por medio de un valor cuantitativo que contempla de manera separada el trabajo de ambas manos, que despeja respecto a la prueba anterior la necesidad del reconocimiento de los objetos manipulados y que plantea una prueba de control bimanual.
Subsistemas del tacto analizados
- Dominancia manual.

Estas pruebas permiten una evaluación funcional de la dominancia manual con valores cuantificados (diferencias entre ambas manos en las pruebas).

- Capacidades manipulativas, motricidad fina y destreza manual.

Ambos test permiten la evaluación de las capacidades manipulativas en diseños comparativos del rendimiento en las mismas. Por ello, las pruebas pueden ser utilizadas para el seguimiento de programas de entrenamiento de la destreza manual.

- Relación con las capacidades sensoriales y motoras

De nuevo, la presencia de medidas cuantitativas simples (tiempos de realización de las tareas) de las capacidades manipulativas permite poner las mismas en relación con las capacidades sensoriales y motoras simples evaluadas con las tareas anteriores.


Prueba de estereognosis manual. Reconocimiento de objetos tridimensionales
La prueba de reconocimiento de objetos tridimensionales es una réplica de la tarea diseñada y realizada por Lederman y Klatzky (1990) restringida a 30 objetos de los 57 originales, y agrupados en seis cualidades diana (característica física esencial para su reconocimiento).
Diseño
El diseño considera dos medidas de la variable dependiente (el reconocimiento de los objetos) que son el tiempo de exploración y la respuesta (sí/no).
Como variable independiente general se considera la cualidad diana del objeto, concretamente: tamaño, textura, peso, dureza, forma y temperatura.
Material
El material utilizado es un conjunto de objetos comunes agrupados según la característica diana que aparecen en el anexo 2.
Procedimiento
Se solicita al sujeto que explore de forma libre un objeto, presentado en orden aleatorio, y que en el menor tiempo posible conteste si/no sobre su pertenencia a una clase, por ejemplo:
"¿Es este tenedor un tenedor de postre?" (cualidad diana tamaño).
Se recoge la respuesta (sí/no) y el tiempo de exploración.
Un análisis avanzado de esta tarea consiste en la utilización de la metodología observacional sobre las exploraciones grabadas en vídeo de la prueba. Así, es posible analizar la utilización diferencial de los llamados procedimientos de exploración "PEs" (Lederman y Klatzky, 1987).
Un PE, según lo definen las propias autoras, es un patrón estereotipado de movimiento de la mano que tiene ciertas características invariables y otras que son altamente típicas. No está representado por un movimiento o posición particular de la mano, conectado directamente a un tipo de recepción sino a un conjunto invariable de características que mantienen sus propiedades y son considerados movimientos intencionales, esto es, usados para obtener información específica sobre el objeto y/o elicitados por estas propiedades. (Lederman y Klatzky, 1987).
Por medio de las estrategias de investigación señaladas anteriormente, estas autoras extrajeron una serie de patrones de exploración que aparecían relacionados con la extracción de determinadas características de los objetos. Los PEs. encontrados, y su principal característica diana, aparecen en la tabla 5.

Para una descripción pormenorizada de los PEs ver Lederman y Klatzky (1987) o Travieso (2000).


Subsistemas del tacto analizados
- Funcionamiento háptico en condiciones naturales.

Esta prueba permite conocer el funcionamiento integrado del tacto en condiciones naturales. Al mismo tiempo, la agrupación de los objetos en referencia a distintas cualidades permite conocer la capacidad diferencial de reconocimiento de las mismas y detectar déficits específicos sobre las mismas.

- Relación del funcionamiento complejo con los subsistemas implicados.
La presencia de índices cuantitativos como la corrección en el reconocimiento, los tiempos de exploración, e incluso los PEs utilizados, pueden ponerse en relación de manera precisa con las capacidades analizadas en las pruebas anteriores, de manera que el análisis conjunto permite establecer el papel diferencial de déficit específicos en subsistemas del tacto con alteraciones en el funcionamiento integrado.

CONCLUSIONES


Como hemos tratado de mostrar en al primera parte de nuestra presentación, el sistema táctil o háptico es un sistema perceptivo central en el trabajo de rehabilitación con personas ciegas.
Sin embargo, no existe a disposición de los profesionales una batería de pruebas de evaluación que permita una valoración global, integrada, de los distintos subsistemas que comprende.
La batería que presentamos en este trabajo recupera una de las dimensiones de trabajo de la psicología, desde que fuera desarrollada por Luria (1979), en los comienzos de la neuropsicología. Esta dimensión es la del procedimiento de disociación de funciones, por la cual, es posible una detección de áreas deficitarias a través del análisis de su implicación en diversas tareas. Así, por medio de esta batería, o por el uso parcial de tareas de la misma, es posible una detección de problemas específicos del funcionamiento táctil y su implicación en tareas complejas en que éstos son difícilmente detectables.
Consideramos que su utilización sistemática provee a los profesionales que trabajan en la rehabilitación de funciones perceptivas hápticas, de un instrumento útil para la evaluación y preparación de programas de rehabilitación, en los que el tacto tiene un papel imprescindible. Todo ello porque, en primer lugar, este instrumento de evaluación permite establecer un nexo entre la condición perceptiva deficitaria y el impacto en la función háptica que provoca, es decir, la respuesta a la pregunta de rehabilitación: ¿qué funciones quedan alteradas por el déficit?, y ¿que capacidades permanecen inalteradas pese al déficit?. En segundo lugar, este instrumento permite realizar un seguimiento del proceso de rehabilitación, ya que su utilización en distintas fases de la rehabilitación evalúa las mejoras en cada una de las áreas involucradas en la percepción háptica.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


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David Travieso García. Dpto. Psicología Básica. Facultad de Psicología - Universidad Autónoma de Madrid. Ciudad Universitaria de Cantoblanco. 28049 Madrid (España). Correo electrónico: david.travieso@uam.es.

María José García López, terapeuta ocupacional. Delegación Territorial. Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE). Prim, 3. 28004 Madrid (España).


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