El sistema de la iglesia ramera



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EL SISTEMA DE LA IGLESIA RAMERA

El Sistema de la Iglesia Ramera

Salid de ella, Pueblo mío”



Debo confesarte que en los últimos meses me han enviado artículos y libros que, si me hubieran llegado antes, jamás hubiera escrito yo lo que escribí. Pero Dios es sabio y sabe muy bien lo que hace.

Cada uno de nosotros, los que hemos podido discernir a Babilonia y ya no militamos en sus carpas circenses, tiene un rol para cumplir distinto en el plan de Dios. Así es que, desde la Web, desde la letra impresa, desde la televisión o la radio, siervos fieles y con sus ojos bien abiertos han comenzado a gritar la nueva esencia en marcha.

Este trabajo de un autor que no conozco, va mucho más allá de un mero libro que se escribe para que ocupe un sitio en los estantes de las librerías o engrose algo en el bienestar material de quien lo venda.

Este trabajo tiene todas las características de ser un hito en la historia de la iglesia. En nuestro caso particular, lo siento mucho más que una palabra confirmada a lo que estamos enseñando. Lo siento directamente como otra vertiente de la misma palabra.

Me alegra profundamente que así sea. Hay tanta escasez de genuinos y tanta superabundancia de falsos que, en casos, la decepción golpea a tu puerta. No le abras. Primero deja de hacer lo que estás haciendo y lee esto.

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Gracias a los muchos”hermanos” que trabajaron conmigo a través de las muchas correcciones de este libro, para asegurar, lo mejor que podamos, que lo que está escrito aquí, sea presentado claramente, y aún más importante, que sea espíritu y verdad. Aunque no vais a ser nombrados, quiero que sepáis cuánto os aprecio. Sabéis quienes sois. Gracias por vuestra contribución y ánimo.

Oro por todos lo que lean estos libros para que Dios les conceda un espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de Él; que los ojos de vuestro entendimiento sean alumbrados, para que podáis conocer la esperanza de su llamamiento, las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos, y cual la supereminente grandeza de Su poder para vosotros los que creéis.

Capítulo 1

Sión y Babilonia Comparadas

Con frecuencia cantamos cánticos sobre Sión de las Escrituras. Yo era entonces un nuevo convertido, reuniéndome en una habitación con muchos creyentes sensibles al Espíritu. Esas canciones siempre tocaban una nota de alegría en mi corazón, pero no sabía por qué. “¿Sabes lo que es Sión?”, Pregunté a una de las hermanas.

“Si”, contestó ella humildemente.

“¿Querrías explicármelo?”, Pregunté ansiosamente.

“Lo descubrirás en su momento”

“¿Eso es todo?”, “Sabes la respuesta, ¿Pero tendré que esperar a descubrirlo por mí mismo?” No teniendo otra opción, esperé.

Algunos años mas tarde, llegué a comprender que Sión es un lugar simbólico en el espíritu en el que Jesús es lo único que hay. El solo tiene la preeminencia.

Amén. Bienvenidos a Sión.

Algunos años mas tarde, llegué a comprender que Babilonia significaba algo también, que estaba en contraste con Sión. Simbólicamente, Babilonia es todo lo que la mente carnal (de la carne) maquina en la exaltación del Yo-la preeminencia del Yo sobre Dios. Es un lugar en nosotros donde pensamos que LO somos. Exaltamos nuestras imaginaciones y toda cosa altiva por encima del conocimiento de Dios. 2ª Corintios 10:5.



Amén. Bienvenidos a la puerta de salida de ese lugar.

Tanto Sión como Babilonia fueron lugares históricos, y sin embargo, las escrituras también hablan de ellas como estados espirituales del ser. Hebreos 12:22 habla de Sión en este sentido figurativo:



Pero hemos venido al Monte Sión, y a la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén Celestial, y a una compañía innumerable de ángeles, a la asamblea general y asamblea de los primogénitos, los que están escritos en los cielos, y a Dios, el juez de todos, y a los espíritus de los hombres justos hechos perfectos.

Mientras tanto, 1 Pedro 2:6 dice: Mirad, he aquí que pongo en Sión una piedra angular, escogida y preciosa, y el que crea en Él, no será avergonzado. Este Sión es Jesús.

Apocalipsis 14:8 es un buen ejemplo de cómo Babilonia ha sido usada en este sentido figurativo: “Otro ángel le siguió diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación”

Lo más notable es Apocalipsis 17:5, que identifica a la madre de las rameras como Babilonia: “Y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA, LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA”.

Tanto Sión como Babilonia, reflejan la condición de nuestros corazones.

Claro, casi exquisitamente claro. No hay otro modo de discernir y detectar ambas. Un corazón sucio no puede cantar a Sión. Un corazón lleno de gozo y poder, no puede jamás arrodillarse ante los baales babilónicos.

La Babilonia simbólica es esa actitud del corazón que nos hace pensar que podemos resolver nuestros problemas y satisfacer todas nuestras necesidades sin Dios.  Miramos al gobierno, a la política, ciencia, tecnología, psicología, sociología, economía, entretenimiento y religión, para encontrar nuestra ayuda-cosas que la humanidad ha inventado. Por tanto, nos miramos a nosotros mismos para salvarnos a nosotros mismos.

En este libro, sin embargo, mi referencia a la Babilonia espiritual está limitada a los sistemas de iglesiareligiosos, organizados, institucionalizados, que yo enfrento como productos de la mente carnal. Por favor, sigue leyendo para ver lo que quiero decir con esto.

(La palabra iglesia y el pronombre la, cuando los uso en cursiva en este libro, hacen referencia a esta cosa que llamamos la iglesia. Cuando no están en cursiva, me refiero a los edificios que han sido dedicados a la adoración de una deidad, o estoy citando directamente otras fuentes, tener esto en cuenta es importante para entender el contenido de este libro).



ESPÍRITU Y CARNE

Para entender estos dos “estados del ser espirituales”—es decir, Sión y Babilonia--, debemos entender la diferencia entre Espíritu y Carne.

En el contexto de este libro, la diferencia entre el cuerpo de Cristo y esta Cosa que llamamos  iglesia, es la diferencia entre Espíritu y carne—lo que es del Espíritu de Dios y lo que es de la naturaleza del viejo hombre de la carne y del pecado, incluso la mente carnal.

Sión representa al Espíritu, y Babilonia representa la carne. El cuerpo de Cristo necesita mucho discernir entre lo que es Espíritu y lo que es carne, porque lo que es de la carne es enemigo del Espíritu. Los que creen verdaderamente en Cristo han recibido el poder del Espíritu para vivir una vida separada de la carne. Esta separación es lo que llamamossantificación.



Este sería, en principio, uno de los principales motivos por el que algunos pueden descubrir a Babilonia mientras que otros, viviendo dentro de ella, no sólo no pueden verla sino que, inclusive, están absolutamente convencidos que eso es La Iglesia.

La palabra carne es usada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento en referencia a la existencia física natural de toda la humanidad, tal y como la vemos usada en Mateo 24:22: “Y, a menos que esos días fueran acortados, ninguna carne sería salva; pero por causa de los escogidos, esos días serán acortados”.

La carne también se ha usado en referencia al cuerpo humano de un individuo. Después y antes de Su resurrección, y antes de Su ascensión, Jesús apareció a Sus seguidores y dijo, “Mirad mis manos y mis pies, que soy yo. Tocadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. Lucas 24:39.

Sin embargo, la clase de carne de la que se escribe en este libro, es en referencia a esa naturaleza caída de pecado en toda la humanidad que surgió cuando Adán se rebeló en el Jardín. Pablo escribió en referencia a esto: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes éstas; a cerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”Gálatas 5:19-21.

La carne es capaz de cometer los males más viles sin conciencia, incluso teniendo conocimiento de lo que es bueno y de lo que es malo. Así sucedió en los días de Noé. Génesis 6:5-7. Estas prácticas no son las obras del cuerpo físico, sino de la naturaleza caída de pecado que reside en nosotros.

Pablo ya había establecido en Gálatas 5:17 que “la carne es (pone su deseo) contra el Espíritu y el Espíritu contra la carne; y estos dos se ponen para que no hagáis lo que queréis” Romanos 8:7 afirma que “la mente carnal es enemistad (hostil) contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, y tampoco puede”.

La mente carnal y el Espíritu de Dios hablan idiomas que son extranjeros y desconocidos mutuamente. La mente carnal (de la carne), no puede hablar Espíritu y el Espíritu de Dios no puede hablar carne.  La mente carnal no tiene capacidad en absoluto para entender las cosas de Dios, que son Espíritu. 1ª Corintios 2:12-14.

 Cuando las cosas inspiradas por Dios se reducen a doctrinas rígidas, sistemas de teología, razonamiento y lógica, ya no son por más tiempo Espíritu, sino que se han hecho carne. Y si carne, entonces engaño. La mente carnal es completamente extraña al Espíritu de Dios; es hostil a Dios.



Entiende, por favor: no se trata que tú estés enojado con el pastor Martínez porque no te permitió cantar en la plataforma. Se trata de Engaño.

LA SENTENCIA DE MUERTE

La sentencia de muerte ha sido pronunciada sobre la carne. La naturaleza carnal del hombre esta separada de Dios, que es vida; por tanto, la carne está muerta y todo lo que procede de la mente carnal es muerte.

No obstante, la carne tiene una vida propia. Es terrenal, sensual, egocéntrica, y en guerra con Dios. Su vida nace de la semilla de la muerte. Tiene un empuje inherente por preservarse a sí misma a cualquier costo.

Teme la aniquilación. Sin embargo, no puede salvarse a sí misma porque esta destinada a la auto-destrucción. La naturaleza carnal gobierna a una persona hasta que la vida de Dios en Cristo es sembrada en su espíritu, momento en el que la vieja semilla de la carne y del pecado se entiende que esta como ya está—muerta.

 Por desgracia, incluso después de ser redimidos por la sangre del Cordero, y mientras permanezcamos en esta vida, llevamos ambas semillas: la semilla de la carne y de la muerte, y la semilla del Espíritu y de la vida.

LA RAMERA DEL YO

La carne ama al Yo. El Yo,  en mayúscula, es el término que uso en este libro para referirme a la naturaleza caída de la carne, egoísta, autocomplaciente, egocéntrica, ególatra y aprovechada.

La naturaleza carnal del Yo se vuelve a sí misma. Es egoísta, orgullosa, arrogante, altiva, vana, narcisista, manipuladora, controladora, dominante, impaciente, terca, insensible, resentida, enfadada, dura, rebelde, aprensiva, ansiosa, quejica, opuesta, juiciosa, negativa, crítica, cínica, indiferente, avariciosa, lasciva, sensual, envidiosa, codiciosa, celosa, busca defectos en los demás, deshonesta y engañadora. Es engañada y sufre de delirios de grandeza. Siempre pregunta, “¿Qué hay para mi?

Publicar esto en grandes letras para que, esencialmente, lo lean más de la mitad de los que a diario acuden a las consejerías cristianas, no sólo sería un acto atinado, sino un ejercicio pleno de apostolado divino.

La ramera, ampliamente definida, es cualquier cosa para el Yo. Estas cosas que llamamos  iglesia, me refiero a ellas como el sistema de la iglesia ramera porque han sido creadas desde mentes carnales y deseos para el Yo.  Las Iglesias, tal y como las entendemos hoy, no tienen fundamento en la Escritura. Son iconos de la adoración del yo. Aún más, son idólatras, engañosas, y peligrosas.

UN MENSAJE CONFLICTIVO

Voy a dar duro a la idolatría del sistema de iglesia tal y como lo conocemos y lo experimentamos hoy. Si no estás preparado para escuchar este mensaje por el Espíritu, sin duda alguna, te vas a ofender profundamente de ello.

 El mensaje de este libro será muy conflictivo a muchos de vosotros que sois victimas del sistema de iglesia, pero será mucho más conflictivo aún para los que dependáis del sistema de iglesia para vuestro sostenimiento, y para aquellos que encuentren significado, identidad, validez, reconocimiento, poder y seguridad en ello.

Si decides seguir leyendo este libro, te llevará donde piensas que no quieres ir. Viajarás más allá de la fachada de esa cosa que llamamos iglesia y verás como es una invención de la carne. Descubrirás los demonios que la potencian.

Si llegas lejos, descubrirás con Abraham, en el mejor de los casos, la “ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor, es el Señor”. Hebreos 11:10. Vendrás al “Monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos,  a Dios, el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos” Hebreos 12:22.23

SION Y BABILONIA

Antes de penetrar en la exposición de la idolatría de este sistema de la ramera, quiero abreviar algunas comparaciones entre el Sión espiritual, en el que Jesús es lo único que hay, y la Babilonia espiritual (la ramera), en la que la mente carnal del Yo se exalta a sí misma, para poder proveer un mejor punto de referencia a lo que sigue. Muchos de los pensamientos aquí debajo se desarrollan más ampliamente a lo largo de este libro.

Sión se refiere al genuino cuerpo de Cristo, la esposa, la ekklesia; Babilonia se refiere al falso sistema de iglesiade las tradiciones de los hombres y religiones. (Ekklesia es la palabra griega en el Nuevo Testamento que ha sido mal traducida como  “iglesia” –church en inglés- en la mayoría de las versiones inglesas, y que literalmente significa “los  llamados fuera”).

Sión es un pueblo—el pueblo de Dios; Babilonia es una Cosa- instituciones de iglesia y sistemas. Sión es un organismo vivo; Babilonia se caracteriza por instituciones y sistemas. Sión consiste en un pueblo que ha nacido en ella. Babilonia consiste en un pueblo que se ha unido a ella, o han sido escogidos para ella.

Sión es un pueblo que es llamado por el nombre de Jesús. Babilonia es un pueblo que es llamado por muchos nombres diferentes que representan divisiones dentro de este sistema de iglesia babilónico: bautista, católico, carismático, episcopal, luterano, metodista, presbiteriano, pentecostal, y todos los demás.

Sión está centrado en Jesús. Babilonia está centrada en sí misma. Sión vive por el Espíritu. Babilonia vive para la carne. Sión es celestial, Babilonia es terrenal. Sión es gracia; Babilonia es ley. Sión es vida; Babilonia es muerte. Sión es existir; Babilonia es hacer.

Sión es descanso; Babilonia es obras. Sión es luz; Babilonia es oscuridad. Sión es humildad; Babilonia está llena de orgullo, arrogancia, y altivez. Sión es libertad en Cristo, Babilonia es cautiverio de la carne.

Sión es el Reino de Dios. Babilonia es los reinos de los hombres. Sión tiene a Jesucristo como su cabeza; Babilonia ha elegido o nombrado a hombres como sus cabezas. Sión es un pueblo guiado por el Espíritu. Babilonia es guiada por reglas y normas hechas por los hombres.

Sión es sensible al Espíritu, Babilonia agrada al hombre. Sión es obediente al Espíritu Santo. Babilonia es trabajo duro de iglesia. Sión logra sus cosas en el poder del Espíritu Santo (Zacarías 4:6); Babilonia intenta lograr cosas en su propia fuerza.

Sión tiene su autoridad en la Palabra de Dios; Babilonia pone su autoridad en doctrinas hechas por hombres. Sión es un cuerpo en Cristo Jesús como Señor; Babilonia es sectaria y divisiva, consistiendo en muchas divisiones de personas.

Sión adora en espíritu y en verdad; Babilonia programa la alabanza. Sión predica a Cristo y a El crucificado. Babilonia proclama denominaciones, doctrinas, herencias, tradiciones, credos, posturas personales y opiniones.

Sión es el sacerdocio de todos los creyentes; Babilonia es el sistema del clero. El clero son aquellos que quieren diferenciar entre ellos y los demás. Sión responde a Dios como la autoridad suprema. Babilonia responde a los hombres y a sus instituciones como la autoridad.

Sión obtiene revelación. Babilonia depende de imaginación. Sión conforma al pueblo a la imagen de Jesús. Babilonia conforma al pueblo a su propia imagen. Sión disminuye para que Cristo crezca. Babilonia crece para sí en poder, posición, riquezas y dominio.

Sión calcula el costo; Babilonia cuenta el dinero. Si pone su vida; Babilonia se preserva y se protege. Sión espera en Dios para producir lo que Él quiera en Su tiempo; Babilonia hace esquemas, organiza y promociona ejecutar su propio plan a su manera y en su tiempo.

Sión busca al Señor de todo corazón para ser poseída por Él; Babilonia va tras cosas y personas para poseerlos. Sión es la ciudad de Dios; Babilonia busca construir una ciudad, una torre, y un nombre par sí. Gen. 11:4. Sión anhela reunirse con Jesús; Babilonia busca con pasión reunir personas para sí.

Creo con total sinceridad que, de no seguir leyendo esto y concluir nuestra lectura aquí, si eres alguien nacido del Espíritu, ya tienes más que suficiente para entender. Lo estamos diciendo muchos, es verdad, pero con esta diáfana claridad, muy pocos. Al menos yo no los he visto.

NEGAR EL YO

Para ser un discípulo de Jesucristo, uno tiene que estar dispuesto a negar el Yo, tomar su cruz, y seguir a Jesús. Lucas 9:23. La negación del yo es la cruz que llevamos. El hombre viejo de la carne y de pecado tiene que ser considerado muerto. La vida sacrificada define el concepto del amor (ágape) del Nuevo Testamento.

Cuando vivimos de acuerdo con la carne, estamos viviendo para el Yo. A la inversa, cuando vivimos para el Yo, estamos viviendo conforme a la carne. Cuando vivimos conforme al Espíritu, llevamos el fruto del ágape. No hemos sido llamados a vivir para nosotros  mismos.

Hemos sido llamados a entregar nuestras vidas a Cristo para que El pueda vivir Su vida de ágape a través de nosotros. No podemos ser la novia de Cristo y al mismo tiempo, vivir de forma egoísta en este mundo. O somos la novia, o estamos viviendo la vida de la ramera.

La vida centrada en el yo, es convertirnos en nuestro propio dios; por tanto, es idolatría. En un capítulo mas adelante, mostraré como la idolatría es HARLOTRY espiritual.

Nos hacemos prostitutas espirituales cuando creamos algo y le damos nuestro corazón en lugar de al Señor Jesucristo. Eso es lo que los hombres han hecho con esta Cosa que llamamos iglesia. Han hecho a la iglesia en un sustituto de Jesús. 

Muchos de los que son parte de estos sistemas de la iglesia ramera son creyentes genuinos que aman al Señor, pero no están desinformados y engañados. Sin querer, han entregado sus corazones a estas Cosas que llamamos iglesia. Dios nos ama a todos, pero aborrece nuestras idolatrías.

Es decir que…”Perdónalos Padre…” Aunque sí saben lo que hacen…

Juzga las palabras en este libro por ti mismo, y júzgate por estas palabras. Abre tu corazón al Espíritu Santo para que El pueda instruirte y dirigirte a Jesús. Espero revelarte el corazón de Padre Dios para que tu corazón te sea revelado a ti; para que te atrevas a enfrentarte a tus idolatrías, limpiar Su templo, de quién tú y yo somos, y regresar al Dios de vuestra salvación. La idolatría revelada en este libro no se refiere a “ellos” sino a cada uno de nosotros.



Capítulo 2

Muestra la casa a la casa

Con mucho fervor, el hermano Leonardo, el predicador invitado, comenzó su mensaje pidiendo a la congregación que abrieran el Evangelio de Juan, capítulo 15. Afirmó inmediatamente que Jesús es la vid verdadera y que nosotros somos los pámpanos.

 Después hizo una sorprendente declaración diciendo que llevar fruto no era el asunto más importante en este pasaje; sin embargo, permanecer si lo era. “Llevar fruto” es mencionado cuatro veces”, afirmó, “mientras que permanecer es mencionado nueve veces”.

Golpeó la frase repetidamente, “Tenemos que permanecer”, “Tenemos que permanecer”. Esperé que terminara su frase diciendo, “debemos permanecer en la vid, que es Jesús”. Nunca lo hizo. Después lo vi venir. Tenía que decirlo. Era la abundancia de su corazón.

 Después de todo, era un hombre de iglesia. Se echó hacia atrás en el podio, apuntó con dedo acusador a sus insospechadas víctimas, y dijo,”El problema que tenemos en nuestra sociedad hoy, y especialmente en la iglesia, es que la gente no permanece. Van de iglesia en iglesia, y nunca hacen un compromiso con la iglesia o con el pastor”.

¡Wow! ¡A esto mismo, exactamente, lo oí en una importante iglesia de la ciudad argentina de Rosario en el año 1999!

¿Creía sinceramente que permanecer en el sistema que llamamos iglesia es lo que significa permanecer en Jesús? ¿Creía que comprometerse con una iglesia o con el pastor, es lo mismo que comprometerse con Jesús?

Su conclusión era una escandalosa mal interpretación de la Escritura, hablada para el beneficio del pastor local, cuya iglesia tenía una larga historia de pérdida de miembros. En lugar de liberar a los santos para tener una relación mucho mas profunda con su Señor, puso una trampa para esclavizarlos más y más a la Cosa que llamamos iglesia.

No es que deliberadamente se propusiera engañar al pueblo. En toda veracidad, se estaba engañando a si mismo. Todos hemos sido engañados. Mentidos. Seducidos. Este engaño ha sido pasado a través de generaciones de Cristianos, desde al menos el tercer siglo después de Cristo.

 Los que perpetúan este engaño son igualmente víctimas del mismo. Esta mentira es tan profunda y cruel que la hemos creído como la verdad. Ministramos muerte con este engaño, pensando que estamos ofreciendo vida.

Y peor aún, la gente esta perdiendo sin darse cuenta a oportunidad de su unión gloriosa con Cristo porque han recibido una falsa seguridad de su salvación. Este engaño profundo nos ha envanecido en importancia egoísta. Ha hecho que muchos creyentes abandonen su primer amor, Jesús. El diablo nos ha seducido para danzar con él a la vez que nos hacia pensar que estábamos danzando con el Señor.



LA MENTIRA

Esta es la mentira: Se nos ha hecho creer que esta cosa que llamamos iglesia es de Dios y que nuestra membresía y participación en la misma es esencial para nuestro caminar cristiano cuando de hecho, es un sustituto idolátrico de Jesús, y con frecuencia, un estorbo para caminar con Él.

Esta Cosa que llamamos iglesia, tal y como la hemos experimentado, es una extensión idolátrica de nuestros propios egos. Aunque existe como una entidad para sí misma, estamos en ella, y ella esta en nosotros.

Es un icono de auto-adoración que ha crecido a partir de las tradiciones de los hombres, y no tiene fundamento en la Escritura. Proclamamos que esta Cosa que llamamos iglesia es el Reino de Dios, cuando en realidad, no tiene nada que ver con el Reino de Dios. Más bien, es la cautividad babilónica de los escogidos de Dios.

Hemos confundido nuestra relación con Cristo fusionándola con esta cosa que llamamos iglesia. Somos llevados a creer que cuando estamos en una relación correcta con ella, estamos en una relación correcta con Cristo, que tenemos que ser miembros de una iglesia para ser salvos o para ser un buen cristiano: que servir a ella es servir a Cristo, que amarla es amar a Cristo, que diezmar para ella, es diezmar para Cristo.

En esto último está la mejor explicación, (Que nosotros no podemos dar por razones de prudencia ministerial), de por que alguien que diezma años y años jamás llega a tener en su vida la promesa de sobreabundancia hecha realidad.

En muchos casos, esta Cosa que llamamos iglesia es como una carpa que hemos hecho para extender los movimientos y revelaciones de Dios para preservarlos, manipularlos, adueñarnos de ellos, controlar en ellos a otra gente y usar a la gente y al sistema para nuestra sórdida ganancia carnal.

Hallamos consuelo en las restricciones que los muros que esta  iglesia levanta delante de nosotros. Podemos escondernos en ellos y sentirnos bien en ellos. Ampliamos los ganchos de esta carpa lo suficiente para dejar que otros que quieren caminar, hablar y vestirse como rostros, entren también a formar parte de todo esto.

Hablamos de formas muy extrañas de esta Cosa que llamamos iglesia. ¿A que iglesia vas? ¿Cuál es el nombre de tu iglesia? ¿Cómo ha ido la iglesia hoy? ¿Estás construyendo un anexo a tu iglesia?

¡Vaya iglesia que tuvimos en la reunión de oración anoche! El pastor o el cura a menudo saluda a la muchedumbre el domingo por la mañana diciendo, “Buenos Días, Iglesia”. Estas declaraciones convierten a la iglesia en un edificio, una institución con un nombre, un servicio, una reunión, la clase de rato que pasamos juntos, y la gente.

La palabra “iglesia” como se usa en las traducciones en inglés del Nuevo Testamento se refiere al pueblo de Dios, pero ya no limitamos su significado a la gente. Si en realidad quisimos decir que el pueblo es la “iglesia” cuando usamos este término, estas mismas declaraciones tendrían que hacerse de esta forma: ¿A que  vas? ¿Cómo se llama? ¿Cómo ha ido  hoy? ¿Estas construyendo un anexo a ? ¡Vaya  que tuvimos en la reunión de oración anoche!

No conocemos otra cosa e insistimos en la teoría de que nosotros, el pueblo redimido de Dios, somos la iglesia. Sin embargo, en la práctica no hacemos distinción entre el pueblo y esta Cosa que llamamos iglesia. Sin embargo, que la palabra iglesia se use así, de manera intercambiable, no es el problema. Sucede mucho más de lo que los ojos ven en este asunto.

La palabra iglesia, tal y como la usamos, habla de una unión mística, profana, ilegal, que incorpora edificios, instituciones, denominaciones, y gente. Se han fusionado todas ellas de tal forma y confundido entre sí, que perpetúan la peligrosa mentira de que esta Cosa que llamamos iglesia (edificios, instituciones, denominaciones, y la gente que se asocia con ellos), es la asamblea de Cristo de los-llamados-fuera.

Esta Cosa que llamamos  iglesia parece buena en su apariencia externa, pero a menudo es controlada interiormente por hombres y mujeres que buscan con ambición, a menudo sin saberlo, algo para ellos mismos.




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