El reverso del sujeto sociologico


ALAIN TOURAINE: EL ELUSIVO SUJETO DE LA SOCIEDAD



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ALAIN TOURAINE: EL ELUSIVO SUJETO DE LA SOCIEDAD


Es paradójico que Touraine apelara al sujeto como actor colectivo y movimiento social en el momento en que la mayor parte de la intelligentsia francesa, reunida bajo la bandera del estructuralismo, anunciaba la inminente “muerte del sujeto”. De hecho, para Touraine el recurso al sujeto es un partido tomado en contra de la anulación de la acción social y la individualidad por la determinación estructural.

Como leitmotif teórico que atraviesa su pensamiento, el tema puede detectarse tan temprano como1977, aunque por aquél entonces se encontraba integrado en la consideración más amplia de la producción de la sociedad por actores que se confrontan unos con otros por el control del “sistema de acción histórica”. (Touraine, 1973) De manera inconfundible, desde su libro Le retour de l’acteur (del que el autor dice “debió haberse titulado 'el retorno del sujeto'" 1984: xxv), hasta sus más reciente producción (Critique de la modernité, 1992; Qu'est-ce que la démocracie, 1994; Pourrons-nous vivre ensemble?, 1997; La recherche de soi : dialogues sur le sujet, 2000), el sujeto es el protagonista absoluto de la Sociología de Touraine, en la cual se ha tallado un estatuto de actor “colectivo” o “social”. (Dubet y Wieviorka, 1995; Clark y Diani, 1996)


Al igual que otras categorías que forman el andamiaje conceptual de su pensamiento -- movimiento social, historicidad, sociedad programada --, “sujeto” no es una palabra casualmente proferida que vendría a disfrazar nociones vulgares, o a recubrir realidades empíricas. Es, por el contrario, un recurso heurístico, una verdadera elaboración conceptual. Como “sujeto” Touraine no tipifica la inscripción social de los individuos mediante la incorporación de roles -- su socialización --, ni tampoco la “construcción social” de la subjetividad, sino que plantea que individuos y grupos se convierten en sujetos en el conflicto por el control de las orientaciones normativas de la vida social, que son las que definen la “historicidad”.10
El sujeto es ante todo una forma de relación del individuo, o del movimiento social, consigo mismo. Esa condición no es dada de por si, sino que, por el contrario, implica una conquista, un incesante trabajo de individuación y de vigilancia sobre si mismo. No es una adquisición de por vida, puesto que la amenaza de desubjetivación pende constante sobre el sujeto: la anomía del mercado o de la droga, del consumo, el hedonismo de la vida contemporánea, la disolución del yo en la comunidad y la norma social, en una palabra, la despersonalización. Habiendo perdido los garantes metasociales que en el pasado lo sostenían como individuo (la religión, la razón, la comunidad, la sociedad, el estado, la historia), el sujeto sólo puede fundirse en su “yo” –que Touraine distingue cuidadosamente del “ego”, el moi social, el me de G. H. Mead-, desde donde será capaz de reconocer al otro como semejante, es decir, como sujeto él también. Sin ser una entidad psicológica, en última instancia par Touraine el sujeto es “un Yo (Je), un intento por decir Yo, con pleno conocimiento de que la vida personal está dominada, por un lado, por la libido y el “ello” (Id), y por el otro, por los roles sociales”. (Touraine, 1995: 209)
En sentido estricto, Touraine formula el sujeto en términos de un discurso ético-político sobre el individuo y los procesos sociales en que este se inserta, en especial, sobre los movimientos sociales característicos de las sociedades industriales y post-industriales, que él prefiere llamar “programadas”. (Touraine, 1995) El referente de Touraine es, de plano, una ética de valores individuales cuyos acentos recuerdan el pour-soi sartreano. En este sentido, escribe:
Llamo sujeto..., al deseo de ser un individuo, de crear una historia personal, de otorgar sentido al conjunto de las experiencias personales. (...) Vivir su vida, encontrarle un referente que pueda dotarla de sentido, más que pertenecer a una categoría social o una comunidad de creyentes. (Touraine, 1995: 29)
Y también:
Ser sujeto es primeramente hacer de mi vida un proyecto de vida, de tal forma que mi proyecto gobierna mi vida, no la serie contingente de hechos. (…) El asunto es tomar la vida personal en manos, . . . tener la capacidad de producir, no simplemente consumir, la existencia. (Touraine, 1993a: 28)
En efecto, el sujeto que Touraine coloca en el centro de la “producción de la sociedad” es un postulado ético válido para individuos y para grupos, no una categoría social. Aunque el sujeto se manifiesta y se constituye en las prácticas sociales, en sí no es una forma social ni un hecho positivo, sino “un principio no-social sobre el que reposa la organización de la sociedad”. (Touraine, 1996: 301)
Lo que sorprende de esta concepción, sin embargo, es el hecho de que luego del largo apogeo de la explicación de “lo social por lo social” (según reza el postulado Durkheimiano), Touraine voltea la página para reconocer “que lo social reposa en lo no-social y no puede ser definido de otra manera que por el lugar que le otorga o le niega a este principio no-social que es el sujeto”. (Touraine, 1997: 89) Esto quiere decir que la finalidad de la acción social no es la sociedad misma, como postulaba la sociología clásica, sino el sujeto liberado de las ataduras que limitan su acción: la comunidad, la tradición, las redes sociales, etc. En congruencia con esta visión, en la metodología de intervención que propone, Touraine rompe con el tradicional objetivismo sociológico, cuyo foco es la determinación estructural por condiciones materiales “objetivas”, y en su lugar subraya la acción de actores movidos por valores culturales, que por definición no son objetivos. A partir de ahora, la Sociología se enfocará claramente en un tipo particular de hecho social: las relaciones sociales, no más en las situaciones objetivas, en las intenciones, las opiniones o el sentido con que los actores racionalizan sus prácticas. A fortiori, la posición de Touraine desemboca en una seria interrogación sobre si “sociedad” es todavía un concepto útil, o incluso si la sociedad como tal existe, (Touraine, 1980; 1993) visto que “todos los sectores de la vida social se han independizado” (Touraine y Khosrokhavar, 2000: 297) y que, por consiguiente, el campo social no presenta más ninguna unidad fundamental, ninguna solidaridad cohesiva.
Según Touraine, si hay “actores sociales” que producen situaciones y asumen posiciones en conflicto es porque hay sujetos, no lo opuesto. De ahí que ser sujeto sea la condición para que grupos e individuos se planteen como actores autónomos de sus vidas. A diferencia de los “agentes” sociales a los que alude Bourdieu (1972, 1994), los sujetos-actores no reaccionan según las determinaciones del campo en que se desenvuelven, ni mucho menos actúan de manera mecánica según la posición que ocupan en la estructura social; por el contrario, los actores producen creativamente la sociedad. No se comportan en respuesta a situaciones, sino que crean situaciones al actuar contra los roles sociales y las limitaciones impuestas por la comunidad, el mercado o la tecnología. Esto no quiere decir que los actores se confronten en un espacio social vacío, o que lleven a cabo sus prácticas fuera de la estructura social, pero Touraine entiende el término estructura como una propiedad de la actividad, del movimiento de los actores en sociedad, no como repertorio de posible acciones o como sistema funcional de posiciones, relaciones y restricciones a la acción del sujeto.
Touraine considera que la condición de sujeto, y por lo tanto, la de actor social, no es sino la más alta expresión del grado de historicidad alcanzado por una sociedad. Legado por excelencia de la modernidad, el sujeto nunca antes logró tal autonomía y nivel de realización como en las “sociedades programadas”, lo cual se manifiesta en el hecho de que aquí los movimientos sociales representan al sujeto colectivo.11
En efecto, Touraine caracteriza estos movimientos por reivindicar el derecho a la creatividad, la realización de los proyectos personales y la libertad de comunicación. También porque se erigen en contra de la racionalización a ultranza que acarrea el desarrollo del capitalismo, que amenaza al propio sujeto y su calidad de vida. (Touraine, 1992) Dados estos rasgos, los movimientos sociales contemporáneos contrastan en sus plataformas con los tradicionales reclamos de los movimientos sociales de la sociedad industrial (v.g., el movimiento de los trabajadores), mucho más restringidas a las demandas económicas.12

En tanto sujetos colectivos, los “nuevos movimientos sociales” se distinguen por su voluntad de ser, la que se afirma como resistencia cultural, lucha política y esfuerzo por desembarazarse de la tradición comunitaria y demás determinaciones que podrían restringir su libertad de decisión y acción. Es por eso que en nuestros días el sujeto adopta la figura emblemática del anónimo disidente chino que detuvo los tanques de guerra en la plaza Tiananmen de Pekín, en Junio de1989, afirmando con su soberbio acto que su condición subjetiva no podría ser doblegada por la represión política. Con toda lógica, Touraine afirma que la democracia es el modelo político que más conviene al sujeto y a su reconocimiento; según su consideración, una democracia de contenidos y no meramente formal propenderá siempre a la eclosión de sujetos en el seno de la sociedad civil y al fortalecimiento del espacio público de deliberación. (Touraine, 1994)


Así concebido, es claro que el sujeto teorizado por Touraine se diferencia de aquellas figuras de cera del histriónico individuo del pragmatismo, para quien la acción es un mero rol en la commedia dell’arte de la vida social. Tampoco se confunde con el actor siempre alerta de la fenomenología, presto a la construcción racional del sentido del mundo de la vida. Touraine no toma por evidente la condición de actor, sino que desarrolla una teoría para sostenerlo como categoría del análisis sociológico. Por esa vía viene a concebir un sujeto propiamente sociológico: el movimiento social en tanto expresión de subjetividad.



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