El renacimiento de la naturaleza



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Las mutaciones gen éticas pueden afectar a este proceso de sintonía y la capacidad del organismo para desarrollarse bajo la influencia de los campos, así como los cambios en los condensadores o en otros componentes de un televisor pueden afectar su sintonización con un canal privado o la recepción de los programas; es posible que la imagen o el sonido se reciban distorsionados. Pero el hecho de que los componentes mutantes puedan afectar a las imágenes y los sonidos producidos por el receptor de televisión no demuestra que los programas televisivos estén incorporados en los componentes del equipo y sean generados dentro de él. De modo análago, los cambios gen éticos pueden afectar la forma y la conducta de los organismos, pero esto no demuestra que la forma y la conducta de estos últimos estén programadas en los genes.
La conducta instintiva presenta las mismas características holísticas, intencionales, que la morfogénesis. Por ejemplo, una avispa del barro hembra construye un nido subterráneo, lo reviste de barro y después levanta en la entrada un largo tubo que finaliza en un embudo. La función de la estructura parece ser excluir a las avispas parásitas, que patinan sobre la suave superficie interior del embudo y no pueden penetrar en el nido (figura 5.4). El insecto pone un huevo en el extremo del túnel y almacena gusanos paralizados y sellados en compartimientos separados. Finalmente, obtura con barro la entrada en el nivel del suelo, destruye el embudo cuidadosamente construido y esparce los fragmentos. Lo hace todo instintivamente, sin tener que aprenderlo de otras avispas.

Esta secuencia de comportamiento, como la conducta instintiva en general, consiste en una serie de "pautas fijas de acción". (14) El final de una actúa como punto de partida de la siguiente. Igual que en la morfogénesis, el mismo punto final puede alcanzarse por diferentes rutas si la vía normal está perturbada. Por ejemplo, si se daña un embudo casi por completo, la avispa lo reconstruye; el embudo es regenerado (figura ).4).


Desde un punto de vista vitalista, esa conducta instintiva intencional depende de la actividad organizadora del alma o la entelequia, que organiza la actividad de los sentidos, el sistema nervioso y los órganos motores para el logro de sus fines. Desde el punto de vista criptovitalista ahora convencional, esta organización dirigida hacia la meta puede atribuirse al programa gen ético. Pero el modo como la síntesis de ciertas proteínas origina una conducta compleja dirigida hacia una meta (como la de la avispa del barro) sigue siendo totalmente oscuro. Desde un punto de vista holístico, esa conducta intencional depende de principios organizadores holísticos. La naturaleza de estos principios, a veces denominada "propiedades sistémicas emergentes", por lo general queda sin aclarar. Yo considero que está constituida por campos mórficos que, igual que los otros tipos de campos mórficos, se heredan gracias a la resonancia mórfica. Los instintos son hábitos de conducta de la especie, y dependen de una memoria colectiva inconsciente. A través de los campos mórficos, las pautas de conducta son atraídas hacia fines o metas proporcionados por sus atrayentes.
Si la conducta es efectivamente gobernada por campos mórficos, cuando algunos miembros de una especie adquieren una nueva pauta de conducta y por lo tanto un nuevo campo -por ejemplo aprendiendo una nueva astucia- los otros deben tender a aprender lo mismo con más rapidez, incluso en ausencia de cualquier medio conocido de conexión o comunicación. Cuantos más sean los miembros de la especie que realizan ese aprendizaje, mayor será este efecto en todo el mundo. Así, por ejemplo, si las ratas de laboratorio aprenden una nueva treta en América, las ratas de los laboratorios de cualquier otra parte deben presentar una tendencia a aprenderla con más rapidez.

Existen pruebas experimentales de que realmente este efecto se produce. (15)


EL MISTERIO DE LA MEMORIA
Incluso los animales más simples poseen la capacidad de aprender de la experiencia. E incluso las pautas fijas de acción de la conducta instintiva suelen involucrar el aprendizaje individual: por ejemplo, las avispas del barro aprenden a reconocer diversos rasgos del ambiente que rodea al nido que están construyendo; de otra manera, no podrían volver a él cuando van a buscar barro o a cazar gusanos. y el aprendizaje implica memoria. ¿Cómo pueden recordar?
En las teorías mecanicistas de la memoria subyace inevitablemente el supuesto de que depende de "huellas mnémicas" materiales, almacenadas de algún modo en el sistema nervioso. Estas huellas hipotéticas suelen compararse con las conexiones de una central telefónica, con las grabaciones de audio o vídeo, o con la memoria de los ordenadores. La idea más difundida es que las huellas mnémicas dependen, de algún modo, de modificaciones de las uniones entre las células nerviosas, las sinapsis. Durante décadas, los neurocientíficos han tratado de localizar huellas mnémicas en los cerebros de animales experimentales. El procedimiento usual consiste en entrenar a los animales para que hagan algo, y después cortar parte de sus cerebros para descubrir dónde está almacenado el recuerdo. Pero incluso después de haberse removido porciones sustanciales del cerebro -en algunos experimentos, en más del 60 por ciento- los infortunados animales a menudo pueden recordar aquello para lo que fueron entrenados antes de la operación. (16) Un investigador resumió el fracaso recurrente de los intentos de localizar huellas mnémicas observando que "la memoria parece estar en todas partes y en ninguna en particular". (17)
Algunos científicos han propuesto que los recuerdos podrían almacenarse de una manera esparcida, vagamente análoga al almacenamiento de la información en los hologramas, sobre amplias regiones del cerebro. (18) Postulan la existencia de sistemas no identificados de almacenamiento "de resguardo" para explicar la subsistencia de los hábitos aprendidos después de haberse removido quirúrgicamente diversos depósitos destacados de la memoria.

Pero tal vez exista una razón ridículamente simple para todos estos fracasos recurrentes: es posible que las huellas mnémicas no existan. Por el mismo motivo podría verse condenada al fracaso una búsqueda dentro del televisor de huellas de los programas que uno haya visto la semana pasada: el aparato sintoniza transmisiones, pero no las almacena.

Para la hipótesis de la causación formativa, la memoria depende de la resonancia mórfica, y no de depósitos mnémicos materiales.
La resonancia mórfica depende de la semejanza. Supone el efecto de algo sobre lo que le es semejante. Cuanto más similar es un organismo a otro del pasado, más específica y eficaz será la resonancia mórfica. En general, cualquier organismo es sumamente semejante a sí mismo en el pasado, y por lo tanto sensible a una resonancia mórfica altamente específica de su propio pasado. Por ejemplo, el lector se parece más que yo a lo que él era hace un año.
Esta autorresonancia ayuda a conservar la forma del organismo, a pesar del cambio continuo de sus constituyentes materiales. De modo análogo, en el reino de la conducta, la autorresonancia en un organismo se sintoniza específica mente con sus ¡:Propias pautas pasadas de actividad. No es necesario que los hábitos de conducta, lenguaje y pensamiento, o los recuerdos de hechos particulares y acontecimientos del pasado se almacenen como huellas materiales en el cerebro.
Pero, ¿qué decir del hecho de que los hombres pueden perderse como resultado del daño cerebral? Algunas lesiones en áreas específicas del cerebro provocan tipos determinados de deterioro: por ejemplo, la pérdida de la capacidad para reconocer rostros después de una lesión en la corteza visual secundaria del hemisferio derecho. Quien padece este problema no reconoce ni los rostros de su mujer y sus hijos, aunque los identifique por la voz o de otro modo. (19) ¿No demuestra esto que los recuerdos importantes estaban almacenados en los tejidos dañados? De ningún modo. Volvamos a pensar en la analogía del televisor. El daño en algunas partes del circuito puede ocasionar la pérdida o la distorsión de la imagen; el daño en otras partes puede determinar que el aparato pierda la capacidad de producir sonido; un fallo en los circuitos de sintonía puede impedir que se reciban uno o más canales. Pero esto no demuestra que las imágenes, los sonidos y los programas completos estén almacenados en los componentes dañados.

Esta idea permite ver el funcionamiento de la memoria individual, la herencia de los instintos y las capacidades de conducta como aspectos diferentes de un mismo fenómeno. Todos dependen de la resonancia mórfica, pero el funcionamiento de la memoria individual es más específico que la herencia de instintos y conductas. La memoria y las capacidades individuales de aprendizaje operan contra el fondo de una memoria colectiva heredada por resonancia mórfica de los miembros anteriores de la especie. En el reino humano, un concepto de este tipo ya aparece en la teoría junguiana del inconsciente colectivo como memoria colectiva heredada. (20) La hipótesis de la resonancia mórfica permite considerar el inconsciente colectivo no sólo como un fenómeno humano sino como un aspecto de un proceso mucho más general, en virtud del cual los hábitos se heredan en todo el mundo natural.


EL MISTERIO DE LA ORGANIZACION SOCIAL
Las sociedades de termitas, hormigas, avispas y abejas pueden incluir millares o incluso millones de insectos individuales. Estos insectos construyen nidos elaborados, presentan una compleja división del trabajo, y se reproducen. Estas sociedades han sido comparadas a menudo con organismos de un nivel superior de organización, o superorganismos.

Inevitablemente, se produjo un prolongado debate sobre si esas sociedades representan realmente un nivel superior de organización de la vida con propiedades holísticas irreductibles y propias, o si deben considerarse agregados explicables en función de sus partes y de las interacciones mecánicas entre los insectos individuales. Desde un punto de vista vitalista, la colonia como un todo tiene un alma que coordina en su seno a los insectos individuales. (21) En cambio, los mecanicistas intentan comprenderlo todo en los términos de la conducta de las partes estudiadas por separado. Por principio, no puede haber involucrada ningún alma misteriosa ni ningún factor organizador holístico. (22)

Desde la perspectiva holística, estas colonias son en realidad organismos de un nivel superior al de los insectos individuales que viven en ellas. Sus principios organizadores suelen concebirse en términos vagos, tales como propiedades sistémicas o pautas autoorganizadoras de información. Yo propongo que se consideren como campos mórficos. Estos campos abarcan e incluyen a los individuos que están dentro de ellos, del mismo modo que los campos magnéticos abarcan e incluyen a las partículas de hierro que organizan en pautas características. Los insectos individuales pertenecen al campo mórfico social, así como las partículas de hierro pertenecen al campo magnético.

Desde este punto de vista, tratar de comprender el campo mórfico social sobre la base de la conducta de los insectos aislados sería tan imposible como tratar de comprender al campo magnético tomando las limaduras de hierro y estudiando sus propiedades mecánicas de forma aislada.

La organización de las colonias de insectos involucra varios rasgos misteriosos, al margen de la prodigiosa complejidad de la organización social en sí. Por ejemplo, en sus estudios de las termitas sudafricanas, el naturalista Eugene Marais observó que podían reparar rápidamente el daño en los montículos de tierra, reconstruyendo túneles y arcos, trabajando desde ambos lados de una abertura realizada por él, y uniéndose perfectamente en el medio, aunque los insectos individuales son ciegos. A continuación realizó un experimento simple pero fascinante. Tomó una gran lámina de acero, más alta y ancha que el termitero, y la incrustó en el centro de la abertura, dividiendo tanto el montículo como la totalidad del termitero en dos partes separadas.
Los constructores de un lado de la abertura no sabían nada de los del otro lado. A pesar de ello, las termitas erigieron un arco o torre similar en ambos lados de la lámina. Cuando finalmente uno retira esta lámina, las dos mitades coinciden perfectamente, una vez reparado el corte divisor. No podemos eludir la conclusión final de que en alguna parte existe un plan preconcebido que las termitas se limitan a ejecutar. (23)
Desde nuestro punto de vista, un plan de ese tipo existiría en el campo mórfico de la colonia como un todo. Por resonancia mórfica, este campo contendría una memoria colectiva de todas las colonias de termitas similares del pasado, así como una memoria del propio pasado de esa colonia, gracias a la autorresonancia.

La conducta de los bancos de peces y las bandadas de aves también presentan una coordinación que hasta ahora no ha podido explicarse. Por ejemplo, grandes bandadas de gallinetas pueden girar e inclinarse como si fueran un único superorganismo, y la velocidad a la que las "ondas de maniobra" atraviesan la bandada es demasiado alta como para aceptar cualquier explicación mecanicista simple. La idea de que su combinación se produce gracias al campo mórfico de la bandada, que se extiende en torno y abarca a todas las aves individuales, parece tener más sentido. (24)


De modo análogo, se puede pensar que los campos mórficos sociales coordinan la conducta de las manadas de renos, los grupos de ballenas y todas las pautas de organización social. Los mismos principios deberían aplicarse a las sociedades humanas. (25) Por ejemplo, los miembros de una tribu tradicional están incluidos en el campo social de la tribu y en los campos de sus pautas culturales.

Esos campos tienen una vida propia y le proporcionan a la tribu sus pautas habituales de organización, mantenidas por autorresonancia con la propia tribu en el pasado. De modo que el campo de la tribu no incluye sólo a sus miembros vivos, sino también a los del pasado.

Y, sin duda, la presencia invisible de los antepasados es explícitamente reconocida en la vida de los grupos sociales tradicionales de todo el mundo.
LAS POLÉMICAS CONTINÚAN
Las teorías vitalistas de la vida atribuían su organización intencional a almas no materiales o a factores vitales denominados de diversos modos. Las teorías mecanicistas siempre han negado la existencia de tales entidades "místicas" pero han tenido que re inventarlas bajo nuevos aspectos. Los vitalistas siempre criticaron el reduccionismo del enfoque mecanicista, y llamaron la atención sobre sus limitaciones e inadecuaciones. Los mecanicistas siempre criticaron al vitalismo basándose en que es estéril y que reposa en entidades hipotéticas misteriosas, no susceptibles de investigación experimental. En cambio -señalan ellos-, el enfoque mecanicista ha sido muy productivo y ha conducido a la comprensión de muchos aspectos de los organismos, tales como el código genético de las proteínas, que antes eran completamente desconocidos e insospechados.
Mientras tanto, durante más de sesenta años, los organicistas han tratado de trascender la controversia entre vitalismo y mecanicismo, subrayando las propiedades holísticas de los organismos vivos.

Para ellos, los organismos biológicos son ejemplos de los sistemas holísticos que se encuentran en todos los niveles de complejidad, desde los átomos hasta las galaxias. (26) Algunos organicistas, en especial propulsores del enfoque sistémico, conservan la metáfora de la máquina, pero en versiones más refinadas. (27) Los teóricos sistémicos, en parte por temor a ser tildados de vitalistas, por lo general han evitado postular nuevas clases de entidades causales en la naturaleza -como las almas o como campos desconocidos para la física-. Los problemas deberían comprenderse más bien en términos abstractos, de transferencia de información y realimentación, sin preocuparse demasiado por la base física de esos procesos, que implícitamente se presume dependen sólo de los campos y las fuerzas conocidos de la física. (28)

Otros organicistas se han concentrado en la idea de los campos organizadores, como los campos morfogénicos. En alguna medida, estos campos desmistifican la antigua idea de las almas, pero al mismo tiempo mistifican la idea de los campos, dotándolos de propiedades sorprendentes, inimaginables para la física del siglo XIX. El problema consiste en que la naturaleza de estos campos sigue siendo oscura. Los mecanicistas suelen criticarlos del mismo modo que a los factores vitales: no son susceptibles de investigación experimental. Y esta crítica es válida si se considera que los campos morfogénicos no son más que un modo de hablar de interacciones físico-químicas complejas pero convencionales, o reflejos de verdades matemáticas eternas que existen en un reino platónico trascendental.
No obstante, si los campos morfogénicos (igual que los otros tipos de campos mórficos) se consideran ligados al hábito, sí se vuelven susceptibles de experimentación. Estos campos contienen una memoria intrínseca recibida por resonancia mórfica, y difieren de tal modo de la concepción corriente de los campos conocidos de la física, que aún se considera que están gobernados por leyes eternas. Según la hipótesis de la causación formativa, los campos mórficos no sólo operan en los organismos vivos, sino también en los cristales, las moléculas y otros sistemas físicos. Estos también son organizados por campos con una memoria intrínseca. Ahora que se piensa que toda la naturaleza evoluciona, ya no es posible dar por sentada la idea convencional de que todos los sistemas químicos y físicos son regidos por leyes naturales eternas. Las denominadas leyes de la naturaleza podrían ser más semejantes a hábitos conservados por resonancia mórfica.
CAPÍTULO 6
La evolución cósmica y los hábitos de la naturaleza
ETERNIDAD Y EVOLUCIÓN
La revolución reciente en la cosmología ha conducido a la ciencia a un estado de crisis. Provocó la colisión de nuestros dos modelos fundamentales de la realidad. Uno de ellos, el paradigma de la eternidad, nos dice que nada cambia. El otro, el paradigma de la evolución, nos dice que cambia todo. Hasta hace poco tiempo, estas teorías se mantenían seguramente separadas. La evolución estaba ligada a la Tierra, y los cielos eran eternos.

Los físicos solían pensar que estudiaban un universo eterno, regido por leyes matemáticas eternas, que consistía en una eterna cantidad de materia y energía, conservadas para siempre en concordancia con los principios de la conservación de la materia y la energía. Nada de lo que sucedía realmente en el universo alteraba estas realidades fundamentales de la física. La evolución de la vida en la Tierra, por ejemplo, no determinaba ninguna diferencia, ni tampoco lo haría la extinción de toda vida en nuestro planeta. Las leyes de la naturaleza y las cantidades eternas de materia y energía siempre habían sido y seguirían siendo las mismas.

Mientras tanto, en biología, ciencias humanas, política, economía y tecnología el paradigma de la evolución progresiva reina supremo. Todo cambia y se desarrolla en el tiempo. Este sentido del desarrollo se introduce en nuestras concepciones de nosotros mismos, de la vida como un todo y de nuestro planeta de forma global. En el contexto de la máquina eterna del mundo, la evolución sobre la Tierra era sólo una fluctuación local en un universo esencialmente repetitivo que continuaba eternamente del mismo modo o, peor aún, una máquina del mundo que lentamente iba agotándose y se encaminaba a una "muerte calórica " termodinámica, que se produciría cuando la entropía o el desorden alcanzaran un máximo (en términos míticos, la disolución del cosmos en el caos).
Esta desalentadora perspectiva ha sido aceptada por muchos intelectuales del siglo XX como una verdad inevitable, incuestionablemente establecida por la ciencia. Ha proporcionado el trasfondo científico para multitud de libros, obras de teatro, poemas y pinturas sobre la "angustia existencial", la "pérdida de sentido" y la "futilidad final de la vida". La idea optimista del desarrollo progresivo sobre la Tierra ha sido contrarrestada por un pesimismo cósmico. Todo conduciría inevitablemente a un final, en un Universo agotado sin ningún lugar al que dirigirse.

Como el legendario Procusto, que tendía a sus víctimas sobre un lecho de hierro y les cortaba lo que sobraba si eran más largos o los estiraba si eran más cortos, Charles Darwin trató de ajustar la evolución de la vida al lecho de Procusto del universo determinista, mecanicista, de la física del siglo XIX. Sus seguidores del siglo XX han continuado tratando de introducir forzada mente la evolución de la vida en un universo eterno. La "síntesis moderna " que estableció los fundamentos de la teoría neodarwinista se produjo en las décadas de 1930 y 1940. (1) Constituyó un intento de crear una teoría totalmente mecanicista de la evolución biológica, coherente con las ciencias físicas. En principio, todos los fenómenos evolutivos pretendían explicarse en función de las leyes eternas de la física y la química. Si las mutaciones gen éticas fortuitas eran la fuente final de toda novedad evolutiva, la naturaleza poseía una especie de creatividad congruente con un universo ciego, sin propósito ni evolución.



Pero desde entonces la física misma ha adoptado una cosmología evolucionista. Ahora se considera que toda la naturaleza está en evolución, no sólo el reino de la vida sobre la Tierra. y esto pone en cuestión muchas de las antiguas certidumbres. Si toda la naturaleza evoluciona, ¿qué ocurre con las leyes de la naturaleza? ¿Hubo leyes eternas impuestas a la naturaleza desde el principio, como una especie de código napoleónico cósmico? ¿O bien las leyes de la naturaleza evolucionaron junto con la naturaleza misma, como un derecho consuetudinario universal? ¿O acaso las regularidades de la naturaleza son más como hábitos que se han formado dentro del universo en desarrollo?
LA EVOLUCIÓN CÓSMICA
El universo recién nacido estaba lleno de energía que se movía rápidamente hacia afuera. A medida que el cosmos se expandía y enfriaba, dentro de él se desarrollaron las primeras partículas subatómicas, y después los átomos, las galaxias, las estrellas, las moléculas, los cristales, los planetas y la vida biológica. Vivimos en un mundo que nació hace unos quince mil millones de años, un mundo que siempre ha estado creciendo y que aún lo hace. En este planeta, la vida se ha desarrollado durante más de tres mil millones de años, en un proceso evolutivo que continúa en nosotros mismos. El desarrollo de la ciencia forma parte de este mismo proceso. Esta es la historia moderna de la creación. El Big Bang es como el orgasmo primordial, el momento generativo. O bien se asemeja a la ruptura del huevo cósmico. (2) El cosmos es como un organismo que crece, en cuyo seno se forman nuevas estructuras a medida que se desarrolla. Parte del atractivo intuitivo de esta historia consiste en que nos comunica que todo está relacionado. Todo proviene de una fuente común: las galaxias, las estrellas y los planetas; los átomos, las moléculas y los cristales; los microbios, las plantas y los animales; todas las personas de este planeta. Los seres humanos estamos más o menos estrechamente relacionados entre nosotros, con todos los organismos vivos, y en última instancia con todo lo que es o alguna vez ha sido. Uno de los grandes temas de los mitos tradicionales de la creación es la división de la unidad primordial en muchas partes, la emergencia de los muchos a partir del uno. La teoría moderna de la evolución cósmica desempeña este rol mítico.
Otra de las atracciones intuitivas de la historia moderna reside en su afirmación de la creatividad del universo, de la vida y de la humanidad. El proceso creador no sólo se produjo hace mucho tiempo, en el momento mítico de los orígenes; desde entonces no se ha detenido nunca, y todavía continúa Esta visión refuerza la fascinación que sobre nosotros, los modernos, ejercen la innovación, el cambio y el desarrollo; podemos experimentar la creatividad humana como parte de este proceso creador cósmico. La historia moderna de la creación refleja, sin duda, nuestras preocupaciones culturales, pero resulta difícil saber en qué medida no supone proyectarlas sobre el mundo que nos rodea. En el mito judeocristiano de la historia, el fin (la nueva creación) refleja el principio (la primera creación). Durante décadas hemos temido que la humanidad y gran parte de la vida de este planeta fueran destruidas por una guerra nuclear apocalíptica. Era coherente que tuviéramos un modelo de la historia cósmica en el cual el principio como una gran explosión reflejaba nuestro miedo al fin en un holocausto nuclear.



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