El renacimiento de la naturaleza



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Bacon también les sustrajo el poder a los mitos clásicos, interpretándolos como parábolas que instruían al hombre para desarrollar una comprensión totalmente racional del mundo natural. (11) En su Wisdom of theAncients (1609), tomó por ejemplo a Proteo como personificación de la materia; su poder para cambiar de forma representaba la capacidad de la materia para "convertirse y transformarse en formas extrañas" cuando se ejerce tuerza sobre ella. Pan representaba "el marco universal de las cosas o la Naturaleza". Su cuerpo velludo correspondía a los rayos emitidos por los objetos y su oficio quedaba bien explicado por su rol como dios de los cazadores:
Pues cada acción natural, cada movimiento y proceso de la naturaleza, no es otra cosa que una caza. Las artes y las ciencias dan caza a sus obras, los consejos humanos persiguen sus fines y todas las cosas de la naturaleza dan caza a su comida, que es como cazar la presa o a sus placeres, que es como perseguir recreación.
La clave de esta nueva era de poder sobre la naturaleza era la investigación organizada. En su New Atlantis (1624), Bacon describió una utopía tecnocrática en la cual un sacerdocio científico tomaba las decisiones para el bien del Estado como un todo, y también decidía qué secretos de la naturaleza se difundirían y cuáles no. Su instituto de investigación prototípico, la Casa de Salomón, contenía una serie de laboratorios y ambientes artificiales que podían copiar la naturaleza con el fin de controlarla. Con una perspicacia sorprendente, Bacon predijo lo que podía hacer la ciencia institucional. Por ejemplo, era posible crear con fines de estudio tempestades artificiales, empleando "máquinas para multiplicar y dar fuerza a los vientos". Iban a crearse nuevas formas de vida animal y vegetal, y las existentes serían manipuladas mediante experimentos; la Nueva Atlantis tenía parques y lugares cerrados donde se mantenían las aves y las bestias con fines experimentales:
De modo análogo, por arte las hacemos más grandes o más altas que su clase, ya la inversa, las empequeñecemos y detenemos su crecimiento; las hacemos más fructíferas y fértiles que su clase, y a la inversa, estériles y no generativas. También las hacemos diferir en color, forma, actividad, de muchos modos.
Y, desde luego, también había animales para la vivisección y la investigación médica. "Nosotros probamos en ellos todos los venenos y otros medicamentos." El propósito general de este establecimiento era "el conocimiento de las causas y los movimientos secretos de las cosas, y la ampliación del imperio humano, para hacer todas las cosas posibles". El proyecto visionario de Bacon inspiró de modo directo fundación de la Royal Society de Londres, unos cuarenta años después, y finalmente una multitud de otras academias científicas e institutos de investigación. Con toda justicia se lo reconoce como un padre fundador de la ciencia moderna. La idea de la conquista de la naturaleza por el hombre es inseparable de la imaginería sexual, según han planteado los estudiosos feministas. (12) Los escritos de Francis Bacon proporcionan algunos ejemplos sorprendentes. Utilizando metáforas derivadas de las técnicas contemporáneas para interrogar y torturar a las brujas, proclamó que la naturaleza "se muestra más claramente bajo las pruebas y vejaciones del arte [dispositivos mecánicos] que librada a sí misma" (13) En la inquisición de la verdad, había que entrar y penetrar en los "agujeros y rincones" secretos de la naturaleza. La naturaleza iba a ser "obligada a servir", convertida en "esclava" y "coaccionada". Sería "disecada", y por medio de artes mecánicas y de la mano del hombre se la podría sacar por la fuerza "de su estado natural, estrujarla y moldearla", de modo que "el conocimiento y el poder humanos se refundan en una sola cosa". Bacon le aconsejó a la nueva clase de filósofos de la naturaleza que siguieran el modelo de los mineros y los herreros en su interrogación y modificación de la naturaleza. "Uno busca en las entrañas de la naturaleza, el otro le da forma sobre un yunque". (14) y también escribió que la nueva ciencia era como un "nacimiento masculino" que engendraría una "raza bendita de Héroes y Superhombres". (15)
Muchos de los primeros miembros de la Royal Society siguieron a Bacon en su empleo del adjetivo "masculino" para el conocimiento privilegiado y productivo, y también siguieron hablando de capturar, dominar y someter a la naturaleza. Algunos fueron aún más lejos. Robert Boyle, por ejemplo, vituperó "la veneración que los hombres suelen tener por lo que denominan naturaleza", porque ella "obstruía y limitaba el imperio del hombre sobre las criaturas inferiores". Propuso que "en vez de emplear la palabra naturaleza, tomada por una diosa o por una especie de semideidad, la rechacemos por completo o la utilicemos muy raramente". (16) A fines del siglo XVII, a los ojos de la ciencia la naturaleza había dejado de ser femenina; se convirtió simplemente en materia inanimada en movimiento.

DEL ORGANISMO CÓSMICO A LA MÁQUINA DEL MUNDO


En la mayoría de las culturas, los supuestos tradicionales sobre la vida del mundo natural simplemente se dan por sentados. Pero en la antigua Grecia, por primera vez en Europa, esos supuestos tácitos fueron discutidos y explicitados. Los filósofos griegos desarrollaron una concepción refinada de la naturaleza como un organismo vivo, y esa concepción fue heredada por nuestros antepasados medievales. Aunque se discutían mucho los detalles, el animismo era básico en el pensamiento griego. Los grandes filósofos creían que el mundo de la naturaleza estaba vivo a causa de su movimiento incesante. Además, como esos movimientos eran regulares y ordenados, se decía que el mundo de la naturaleza no sólo estaba vivo sino que también era inteligente, un gran animal con un alma y una mente racional propias. Cada planta y cada animal participaban físicamente en el proceso vital del alma del mundo, intelectualmente en la actividad de la mente del mundo, y materialmente en la organización física del cuerpo del mundo. (17)
En la Europa medieval, las teorías griegas de la naturaleza, la tecnología romana, las tradiciones precristianas locales y la religión cristiana se amalgamaron en una síntesis sorprendente, puesta de manifiesto del modo más impresionante en las grandes catedrales góticas. Erigidas a menudo en antiguos sitios sagrados y orientadas hacia el sol naciente, heredaban una tradición de construcción de templos rastreable hasta la era megalítica. Las encumbradas columnas y las bóvedas recuerdan los bosquecillos sagrados, y la vegetación brota en todas partes. Abundan los trasgos, los demonios, los dragones y los animales; por encima vuelan los ángeles. Una y otra vez encontramos la figura misteriosa del Hombre Verde, una cabeza cortada entrelazada con vegetación, de cuya boca a menudo brotan ramas, y que a veces está hecha de hojas (figura 2.1).
La filosofía ortodoxa de la naturaleza, impartida en las escuelas catedralicias y en las universidades medievales, era animista: todas las criaturas vivas tenían alma. El alma no estaba en el cuerpo, sino el cuerpo en el alma, que lo penetraba por completo. (18) Mediante sus poderes formativos, ella determinaba que el embrión creciera y se desarrollara, para que el organismo asumiera la forma de su especie. Por ejemplo, una bellota germinaba y finalmente se convertía en roble, porque su alma, el alma del roble, la atraía hacia la forma madura del árbol. (19)
En los animales había otro tipo de alma debajo de la percepción sensorial y la conducta, que originaba lo." instintos: el alma animal o sensitiva. La palabra animal proviene, bastante obviamente, de ánima, que en latín significa "alma ". En los seres humanos, además de los instintos animales, estaba el aspecto racional del alma: la mente o el intelecto, que sumaba las cualidades del pensamiento y la libre elección a los otros aspectos del alma, compartidos con animales y plantas. El intelecto humano no estaba separado de las almas animal y vegetativa; más bien lo racional estaba vinculado a los aspectos animales y corporales de la misma alma, por lo general inconscientes. En otras palabras, el alma humana incluía tanto la mente consciente de la persona o esencia espiritual, como la vida del cuerpo, los sentidos, las actividades corporales y los instintos animales. (20)
Esta comprensión del alma humana conectaba claramente la vida humana con la vida de la naturaleza animada, además de definir las diferencias entre plantas, animales y seres humanos. Al mismo tiempo, el hombre era un microcosmos del organismo cósmico total, el macrocosmos (figura 2.2). De modo análogo, la sociedad humana reflejaba el orden jerárquico del universo, y los movimientos y conjunciones de los planetas estaban relacionados con las vidas humanas y los destinos de las naciones. A la recíproca, el desorden en los cielos se reflejaba en el desorden en la Tierra.
[. . .] cuando los planetas

En una mala combinación vagan hacía el desorden,

Qué plagas y portentos, qué rebelión,

Qué furia del mar, sacudimiento de la tierra,

Conmoción de los vientos, miedos que se convierten en horrores,

Desvían y trastornan, desgarran y desarraigan

La unidad y la calma entrelazadas de los estados

Sacándolos de su lugar.



(WILLIAM SHAKESPEARE, Troilus and Cressida, Acto I, escena 3, 93-101)
La revolución copernicana en astronomía, lejos de refutar la antigua idea del organismo cósmico, en realidad se inspiró en ella. Cuando Copérnico propuso que el Sol, y no la Tierra, estaba en el centro del cosmos, lo hizo tanto porque el orden geométrico de las esferas planetarias parecía más armonioso, como en razón de su reverencia mística al Sol:
¿Quién, en nuestro más hermoso templo, podría emplazar esta luz en otro o mejor lugar que aquel desde el cual puede iluminar a la vez a todo el mundo? Ni qué hablar del hecho de que algunos no impropiamente lo denominan la luz del mundo, otros el alma y otros el gobernante. (21)
Igual que Copérnico, Kepler consideraba que el centro era el lugar más adecuado para el Sol, al que él concebía como el primer motor del universo. Solamente el Sol "aparece, en virtud de su dignidad y poder, adecuado por este motivo para convertirse en el hogar obligado y digno del propio Dios". (22) Sus leyes del movimiento planetario formaban parte de un vasto intento de expresar la música de las esferas en notación musical. Como Copérnico, trataba de expresar el orden vivo del universo de un modo nuevo, más preciso; no cuestionaba la idea del organismo cósmico ni la idea de conexiones invisibles entre los cielos y la Tierra. De hecho, era uno de los principales astrólogos de su época. (23)
La revolución copernicana comenzó reemplazando un modelo del organismo cósmico por otro, pero pronto permitió comprender que el cosmos no era un sistema cerrado, con un centro. Más bien se trataba de un universo sin ningún centro; las estrellas eran otros tantos soles y el espacio se extendía hacia afuera en todas direcciones, hasta el infinito. El organismo cósmico quedó fracturado. Entonces, a través de la revolución mecanicista, el antiguo modelo del cosmos viviente fue reemplazado por la idea del universo como máquina. Según esta nueva teoría del mundo, la naturaleza ya no tenía una vida propia: carecía de alma, de espontaneidad, libertad y creatividad. La Madre Naturaleza no era más que materia muerta que se movía en obediencia perfecta a las leyes matemáticas establecidas por Dios. Esta nueva cosmovisión fue expresada por primera vez ello de noviembre de 1619, en Alemania, en Neuburg sobre el Danubio.
Allí René Descartes, a los 23 años, tuvo una experiencia visionaria; "lleno de entusiasmo, descubrió los fundamentos de una ciencia maravillosa". (24) Creyendo que su visión mística había sido inspirada por la Madre de Dios, hizo la promesa de emprender un peregrinaje de gratitud al santuario de Nuestra Señora de Loreto en Italia, promesa que cumplió unos tres años más tarde. El universo de Descartes era un vasto sistema matemático de materia en movimiento. La materia llenaba todo el espacio; era la matriz universal. De forma sutil giraba en torbellinos; Descartes pensaba que la Tierra y los otros planetas eran arrastrados en torno del Sol por uno de esos vértices. En el universo material todo operaba de un modo totalmente mecánico, en concordancia con necesidades matemáticas. La ambición intelectual de este hombre era ilimitada; aplicó este nuevo modo mecánico de pensar a todo, incluso a las plantas, los animales y el hombre. Aunque los detalles de su sistema fueron pronto reemplazados por el universo newtoniano de materia atómica moviéndose en el vacío, él tendió las bases de la cosmovisión mecanicista, tanto en física como en biología. Con la filosofía de Descartes, las almas fueron retiradas del mundo natural; toda la naturaleza era inanimada, carente de alma, muerta, y no viva. El alma fue también retirada del cuerpo humano, que se convirtió en un autómata mecánico, y sólo quedó el alma racional, la mente consciente, en una pequeña región del cerebro, la glándula pineal. Desde la época de Descartes, la región favorecida se ha movido unos cinco centímetros hacia la corteza cerebral, pero en lo esencial la idea sigue intacta. De algún modo, la mente interactúa con la maquinaria del cerebro, aunque aún es un misterio impenetrable el modo como se relacionan.
En la práctica, el "fantasma en la máquina" se suele representar como un hombrecito dentro del cerebro, que controla la máquina del cuerpo. Así lo hizo el propio Descartes. Comparó los nervios con cañerías de agua, las cavidades del cerebro con tanques de almacenamiento, los músculos con resortes mecánicos, la respiración con los movimiento.s de un reloj. Los órganos del cuerpo eran como los autómatas de los jardines de agua del siglo XVII, y el hombrecito era el cuidador de la fuente.
Los objetos externos, que por su mera presencia estimulan sus órganos sensoriales [...] son como los visitantes que entran en las grutas de estas fuentes e involuntariamente provocan los movimientos que acontecen ante sus ojos. Al entrar pisan ciertas baldosas dispuestas de tal modo que si, por ejemplo, se aproximan a Diana que está tomando un baño, determinan que ella se oculte entre las cañas, y si intentan perseguirla, permiten que Neptuno avance y los amenace con su tridente [...] o cualquiera otra reacción según el antojo de los ingenieros que construyeron las fuentes. y finalmente, cuando un alma racional está presente en esta máquina, tiene su principal asiento en el cerebro, y reside allí como el cuidador de la fuente que debe estar en los tanques a los que retornan las cañerías si quiere producir, impedir o cambiar de algún modo sus movimientos. (25)
El hombrecito que controla ha tomado una variedad de formas a lo largo de los años, adaptándose a las últimas modas tecnológicas. Hace algunas décadas, solía ser un operador en la centralita del cerebro, y veía proyectadas las imágenes del mundo externo como si estuviera en un cine (figura 2.3). Ahora a menudo es un programador de ordenadores. O, en una versión actualizada de la visión platónica del alma racional como cochero, es el piloto de un avión de reacción. En una muestra actual del Museo de Historia Natural de Londres, denominada "Cómo controla usted sus acciones", a través de una ventana transparente ubicada en la frente se ve el interior de la cabeza de un hombre modelo. Allí hay una cabina con consolas de diales y controles, y dos asientos vacíos (presumiblemente para usted, el piloto y su copiloto en el otro hemisferio). Aunque esta dualidad cartesiana sigue siendo inexplicable y el "problema mente- cuerpo" es la base de una importante industria académica, aún se da por sentado el supuesto básico de Descartes: se supone que el cuerpo humano, como el resto del mundo material, es enteramente mecánico y en principio explicable en términos mecanicistas.
Según Descartes, en el desarrollo y la conducta instintiva de los animales no había involucrado ningún agente formativo semejante al alma. Los animales se construían a partir de partículas materiales de la simiente, y de algún modo se organizaban en virtud de las leyes matemáticas del movimiento. Según sus propias palabras:
Si poseyéramos un conocimiento completo de todas las partes de la simiente de cualquier especie animal (por ejemplo, el hombre), a partir de ellas, por razones enteramente matemáticas y ciertas, podríamos deducir la figura y la conformación total de cada uno de sus miembros y, a la recíproca, si conociéramos varias peculiaridades de su conformación, de ellas podríamos deducir la naturaleza de su simiente. (26)
La esperanza visionaria de Descartes, más aún ahora que hace 350 años, es el sueño de muchos biólogos mecanicistas. Los genes son las partes materiales de la simiente que ahora se supone que determinan la forma del organismo. En principio, desde un punto de vista mecanicista, "una teoría del desarrollo permitiría calcular eficazmente el organismo adulto a partir de la información genética del huevo" (L. Wolpert y J. Lewis, 1975). De hecho, hasta hoy no se ha logrado ninguna explicación mecanicista del desarrollo de una sola planta o animal, pero la creencia en que una explicación de ese tipo es posible en principio sigue siendo un artículo fundamental de la fe mecanicista.(27)
En el capítulo 5 volveremos a considerar la teoría mecanicista de la vida. La doctrina de Descartes según la cual las plantas y los animales no eran más que máquinas alentó su meta explícita de convertir a los hombres en "señores y poseedores de la naturaleza". (28)
Los animales eran autómatas como los relojes, capaces de una conducta compleja, pero carentes de alma. El propio Descartes disecó cabezas de animales, tratando de encontrar una explicación física de la imaginación y la memoria, (29) y por medio de la vivisección estudió el mecanismo de bombeo de sus corazones:
Si hacemos un corte en el extremo en punta del corazón de un perro vivo e insertamos un dedo en una de las cavidades, se siente inequívocamente que cada vez que el corazón se encoge, hace presión sobre el dedo, y cada vez que se agranda, deja de presionarlo. (30)
Como supuestamente los animales eran inanimados, los hombres quedaban libres de "toda sospecha de crimen, aunque frecuentemente coman o maten animales". (31) En adelante no tendría por qué haber dudas sobre el derecho del hombre a explotar la creación bruta. Algunos de los seguidores de Descartes negaron explícitamente que los animales experimentaran dolor; los gritos de un perro apaleado no probaban que sufriera más de lo que el sonido de un órgano demostraba que el instrumento sentía dolor al ser ejecutado. (32) E incluso, desde la época de Descartes en adelante, aumentó considerablemente la práctica de la vivisección.
Desde luego, a estas teorías no les han faltado refutaciones, y han sido objeto de amplios debates. Un filósofo inglés le dijo a Descartes que su doctrina de los animales como máquinas era "asesina"; otros la rechazaron sobre la base de que iba "contra toda prueba de los sentidos y la razón, y de que era contraria al sentido común de la humanidad". (33) Dentro de la botánica y la zoología, la teoría mecanicista de la vida fue cuestionada desde el siglo XVII y en lo sucesivo por los vitalistas, quienes sostuvieron que las plantas y los animales estaban verdaderamente vivos, animados de un modo que no compartían con las máquinas. (34) A principios de este siglo hubo un resurgimiento vitalista, y hasta la década de 1920 la teoría mecanicista no alcanzó su actual supremacía en la biología académica.
EL DISTANCIAMIENTO CIENTÍFICO RESPECTO DE LA NATURALEZA
Hasta el día de hoy, los científicos creen que son una especie de mentes incorpóreas. A diferencia del resto de las actividades humanas, se supone que la ciencia es exclusivamente objetiva. Los textos científicos se redactan convencionalmente en un estilo impersonal, en apariencia libre de emociones. Se pretende que las conclusiones se desprendan de los hechos en virtud de un proceso lógico de razonamiento como el que podría desarrollar un ordenador si llegaran a construirse máquinas con suficiente inteligencia artificial. Nunca se ve que nadie haga nada; se siguen métodos, se observan fenómenos y se realizan mediciones, preferiblemente con instrumentos. Todo se comunica de un modo impersonal. Incluso los escolares aprenden este estilo y lo ponen en práctica en sus cuadernos de laboratorio: "Se tomó un tubo de ensayo...".

Todos los científicos investigadores saben que este proceso es artificial; ellos no son mentes desencarnadas sobre las que no influyen las emociones. La realidad es muy distinta. Para tomar un caso extremo, describimos la reciente carrera para encontrar nuevos tipos de superconductores:


Miles de investigadores -entre ellos mis colegas y yo mismo- compartíamos un frenesí científico desencadenado por la perspectiva de fama y fortuna. Las rutinas cotidianas fueron malogradas por el espionaje de laboratorio y el fraude científico, por combinaciones apenas encubiertas y mentiras desvergonzadas, y una prisa indigna, sin precedentes, por patentar cada pequeño descubrimiento, mientras los científicos rivalizaban por el Premio Nobel y miles de millones de dólares. (35)
Desde luego, ha habido algunos científicos virtuosos, como Michael Faraday, pero la mayoría han sido demasiado humanos, incluso Isaac Newton, que pasó años en amargas disputas con Gottfried Leibniz acerca de la prioridad en la invención del cálculo infinitesimal.
En la mitología de la ciencia, los grandes hombres son considerados como héroes arquetípicos, dotados de poderes sobrehumanos; se los recuerda como glorias nacionales y de toda la humanidad, con estatuas de mármol en la galería de los hombres ilustres.
Un héroe sale del mundo cotidiano y se aventura en una región de maravillas sobrenaturales: allí se enfrentan fuerzas fabulosas y se obtiene una victoria decisiva; el héroe vuelve de su misteriosa aventura con el poder de otorgar favores a su prójimo.(36)
Detrás del mito del héroe está el chamán, cuyo espíritu desencarnado podía viajar al sub mundo en forma animal o volar hacia el cielo como un ave. Igual que el espíritu del chamán, la mente del científico se aleja hacia el cielo. Desde allí puede mirar hacia abajo y observar la Tierra, el sistema solar y todo el universo, como desde afuera. (37) También puede viajar en sentido contrario, hasta los más minúsculos rincones de la materia. En su búsqueda heroica de la verdad, al atravesar las fronteras del conocimiento y penetrar en lo desconocido, supera todos los obstáculos y retorna con conocimiento y poder para la humanidad. Esta imagen arcaica del viaje desencarnado continúa perfectamente viva en la actualidad. "Incluso mientras permanece sentado, inerme en su silla de ruedas, su mente parece remontarse aun con más brillo en la vastedad del espacio y el tiempo, para descubrir los secretos del universo", dice la revista Time, citada en la cubierta del best-seller de Stephen Hawking titulado A Brief History Time. La tradición del viaje desencarnado es la base mítica del desapego científico. Es lo que lo hace estimulante, y encierra una prolongada tradición mágica y animista detrás de sí.

Los viajes imaginarios atraen naturalmente la imaginación. La filosofía de Descartes se desarrolló contra este fondo, y su propia imaginación no conocía fronteras. Pero limitó su reino al intelecto; veía al alma sólo como ]a mente consciente, desconectada del cuerpo y de la naturaleza misma. Después de Descartes, una y otra vez fue necesario reinventar una concepción más amplia del alma humana, admitiendo que la mayor parte de su actividad es inconsciente. (38)

A la luz de la psicología freudiana y junguiana, la negación por Descartes de las dimensiones corporales e inconscientes de la psique no puede sino parecer simplista. En sus Meditations, Descartes tomó como primer principio de su filosofía el "Pienso, luego existo", y su primera inferencia fue que esa mente pensante estaba esencialmente desencarnada:
Considero que aunque podría pretender que no tengo cuerpo y que no existe mundo ni lugar para que yo esté en él, no podría a pesar de todo pretender que yo no existo [...] A partir de esto supe que yo era una sustancia cuya esencia total o naturaleza es simplemente pensar, y que no necesita lugar ni depende de ninguna cosa material para existir. En consecuencia, este "yo" -es decir, el alma por la cual soy lo que soy- es totalmente distinto del cuerpo, y sin duda más fácil de conocer que el cuerpo, y no dejarla de ser lo que es aunque el cuerpo no existiera. (39)




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