El renacimiento de la naturaleza



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El hecho de que este Papa honra a la Tierra como madre se expresa en su costumbre de besar el suelo en cuanto desciende de los aviones. Es lamentable que por lo común se trate de pistas asfaltadas.


LA NATURALEZA SIN DIOS
En un mundo mecanicista, el culto a la naturaleza no tiene sentido. Es inútil tratar de establecer una relación personal con procesos mecánicos ciegos o con el ciego azar. Lo único que importa es comprenderlos y ponerlos al servicio de los fines humanos. En cambio, en un mundo vivo, la naturaleza posee poderes vivientes mucho mayores que los humanos. En el proceso evolutivo cósmico y en la evolución de la vida en la Tierra, es muchísimo más creadora que el hombre. Es la fuente de la vida y genera miríadas de formas con inagotable creatividad. Ella es todos los procesos materiales; es el flujo energético cósmico; está en todos los campos físicos; es el azar y la necesidad implacables. Y, si no hay Dios, ella lo es todo.
El problema reside en que si la naturaleza es la Gran Madre y no existe ningún Padre, el principio femenino predomina por completo. Una imagen todopoderosa de la Gran Madre es tan desequilibrada como un Gran Padre omnipotente. A algunas feministas radicales y a algunos chauvinistas masculinos podría agradarles la idea de la primacía cósmica de su propio sexo, pero las metáforas de la maternidad y la paternidad inevitablemente van en contra de una visión unilateral. Cuando algunas personas pretenden demostrar que todo proviene de la Madre y otras sostienen que todo procede del Padre, surge otra posibilidad obvia: que todo provenga de ambos. Este es, de hecho, el modo tradicional de ver en la mayor parte del mundo. Si la Tierra es el reino de la Madre, los cielos son el reino del Padre, y toda la vida depende de sus relaciones. O bien, si el principio femenino es el flujo cósmico de poder y energía, el principio masculino es la fuente de toda forma y orden, como Shakti y Shiva en el tantrismo hindú. Según la concepción taoísta, en toda la naturaleza existe un continuo interjuego de los principios femenino y masculino, yin y yang. Y hay muchos otros modelos posibles de la polaridad masculina y femenina, madre y padre.
Durante milenios, la imagen de la naturaleza como Gran Madre se ha asociado con los dioses del cielo. Si se suprime este principio masculino, si se suprime a Dios del cuadro, es probable que él sobreviva en forma inconsciente. Este es el caso en la cosmovisión mecanicista según la cual la naturaleza es gobernada por leyes eternas que trascienden el mundo físico: leyes que son el fantasma del Dios matemático, racional, del mundo- máquina. Si se pretende concebir la naturaleza sin Dios, y sin los sustitutos de Dios que son las leyes descarnadas, entonces la naturaleza tiene que incluir en sí tanto el principio masculino como el femenino. Como la naturaleza lo es todo y todas las cosas, no puede ser sólo femenina o sólo masculina, sino que tiene que incluir y abarcar ambos polos.
En el reino de la naturaleza, no podemos dirigir la mirada a ningún sitio sin hallar polaridades, como en el caso de los polos eléctricos y magnéticos. Si lo deseamos, podemos presentar estos polos como géneros sexuales; por ejemplo, la carga eléctrica positiva se asocia con los núcleos atómicos densos, relativamente inmóviles, algo semejantes a huevos; la carga negativa se asocia con los electrones, más pequeños, pululantes, un poco como espermatozoides. Pero los géneros sexuales representan sólo una de las muchas clases de polaridad natural que existen, y sólo uno de los modos como experimentamos la polaridad en nuestras propias vidas. También están las polaridades de arriba y abajo, adentro y afuera, delante y detrás, derecha e izquierda, pasado y futuro, sueño y vigilia, amigo y enemigo, dulce y amargo, caliente y frío, placer y dolor, bien y mal.
En el nivel cosmológico, la polaridad primordial es la que existe entre el impulso expansivo que subtiende el crecimiento del universo y el campo gravitatorio contractivo que mantiene unido el todo. Si predomina la fuerza centrífuga, el universo se expandirá indefinidamente; si predomina la fuerza centrípeta, un poco antes o después el universo dejará de crecer y comenzará a contraerse hasta que todo se aniquile en el Gran Aplastamiento. Nadie sabe lo que sucederá. Pero mientras tanto, el interiuego de los principios expansivo y contractivo está en la base de la evolución cósmica.
Mientras el universo recién nacido se expandía y enfriaba, el campo unificado primordial generó los campos fundamentales de la gravitación, los campos cuánticos de partículas materiales y el campo electromagnético (véanse las págs. 143-4). Con una expansión y un enfriamiento adicionales, se originaron las galaxias y las estrellas bajo la influencia de la gravitación, y dentro de las estrellas continuó la evolución de los elementos químicos. Después, cuando la materia eyectada de las estrellas en explosión se convirtió en planetas (por atracción gravitatoria), apareció una gran variedad de formas moleculares y cristalinas, y por primera vez líquidos como el agua. Surgió la vida, por lo menos en la Tierra, y comenzó la evolución biológica. Los procesos creadores de la evolución continúan hasta el día de hoy, y se expresan en nuestras propias vidas colectivas y personales. La creatividad era inherente al universo desde el principio. ¿Cuál es la naturaleza de esta creatividad evolutiva?
LA CREATIVIDAD EVOLUTIVA
El proceso evolutivo cósmico tiene una dirección, una flecha de tiempo. Esta flecha depende en última instancia del impulso expansivo inherente al cosmos desde su nacimiento. Pero como el crecimiento del universo ha ido acompañado por el desarrollo de campos, partículas, átomos, galaxias, estrellas, planetas, moléculas, cristales y vida biológica, la flecha del tiempo es también acumulativa en su desarrollo. Así como un embrión pasa por una serie de etapas, cada una de las cuales constituye la base de la siguiente, lo mismo ocurre con el cosmos en evolución. No podía haber existido vida biológica antes que planetas, ni planetas antes que galaxias y estrellas, ni galaxias y estrellas antes que átomos de materia, ni átomos de materia antes de que se hubieran originado las partículas que los constituyen.
Según la hipótesis de la causación formativa, cada nueva pauta de organización (una molécula, una galaxia, un cristal, un helecho o un instinto) supone la aparición de un nuevo tipo de campo mórfico. A través de la repetición, esas nuevas pautas de organización se convierten cada vez en más habituales. A causa de este recuerdo del hábito, inherente a la naturaleza, el proceso evolutivo es acumulativo; en el contexto de los hábitos existentes de la naturaleza se originan nuevas pautas de organización, ya través de la repetición se convierten ellas mismas en habituales. Pero si la creatividad evolutiva -la aparición de nuevas pautas de organización- involucra la generación de nuevos tipos de campos mórficos, ¿de dónde provienen esos campos? En este punto recuperamos el misterio de la creatividad y, como ocurre con frecuencia, existen al respecto tres tipos de teorías.
Según la primera teoría, toda creatividad surge del principio materno. Es inherente a la naturaleza y emerge de procesos ciegos, inconscientes, por ejemplo como resultado del azar. Fluye de las actividades materiales. Las nuevas pautas de organización, los nuevos campos mórficos, se generan de modo espontáneo. La segunda teoría propone que toda creatividad proviene del principio paterno.

Desciende al mundo físico del espacio y el tiempo desde un nivel "superior", trascendente, de tipo mental. En la tradición platónica, esta inteligencia eterna es la fuente y la morada de las ideas que se reflejan en el mundo de la naturaleza; para los platónicos cristianos no es otra cosa que la mente de Dios.

Para los pitagóricos, ese reino mental trascendente es matemático.

El universo adquiere forma y evoluciona a partir de principios matemáticos; todo es gobernado por estos principios. En la medida en que aparecen nuevos tipos de campos, se rigen por ecuaciones que existen eternamente en la realidad matemática trascendente, se reifiquen o no en el mundo físico. La creatividad evolutiva manifiesta, de forma física, estructuras matemáticas que han existido siempre, o más bien, que están totalmente al margen del tiempo.


En tercer lugar, existe la teoría de que toda creatividad proviene de un interjuego entre los principios materno y paterno o, más abstractamente, del abajo y el arriba. Depende del azar, el conflicto y la necesidad, la madre de la invención. Surge en ciertos ambientes, en determinados lugares y momentos; tiene sus raíces en los procesos naturales en curso. Pero al mismo tiempo se produce en el marco de sistemas superiores de orden. Por ejemplo, las nuevas especies aparecieron en los ecosistemas, los nuevos ecosistemas en Gea, Gea en el sistema solar, el sistema solar en la galaxia, la galaxia en el cosmos en crecimiento. Todo nivel de organización está incluido en un nivel superior, y así hasta llegar al nivel del cosmos.
Muchos físicos teóricos piensan actualmente que los campos fundamentales de la física provienen de un campo superior y más inclusivo, el campo unificado primordial del universo. Del mismo modo, en cada nivel de organización pueden surgir nuevos campos mórficos, dentro de campos de nivel superior ya partir de ellos. La creatividad no opera sólo de abajo hacia arriba, con nuevas formas que surgen de sistemas menos complejos por salto espontáneo; también procede de arriba hacia abajo, a través de la actividad creadora de los campos de nivel superior.
Los mismos principios .se aplican a la creatividad humana. Esta depende de accidentes, conflictos y necesidades, y tiene raíces en determinados procesos corporales, psicológicos, culturales y ambientales. Al mismo tiempo, se originan nuevas invenciones, nuevas comprensiones, nuevas obras de arte, en el contexto de las ecologías, las sociedades, las culturas y las religiones, y en última instancia, en el contexto de Gea, el sistema solar, la galaxia y el cosmos -y, según lo han pensado muchas personas creativas, en el contexto de Dios. Las teorías tradicionales de la creatividad humana la atribuyen a una inspiración proveniente de una fuente superior que obra a través del individuo creador, que es su canal. La misma concepción subtiende la noción de genio. Originariamente, el genio no era la persona en sí, sino el dios o el espíritu que la regía.
Cuando tratamos de concebir cómo se unifican o se mantienen unidos los polos de las dualidades, un poco antes o después llegamos a la idea de que constituyen aspectos de una unidad superior. Así, según la teoría del Big Bang, los campos y la energía surgen juntos en el seno de la singularidad cósmica original. Todos los fenómenos físicos –por ejemplo, la luz solar, las moléculas, los árboles y las estrellas-- tienen un aspecto de campo y un aspecto energético. La luz es en cierto sentido ondas y en cierto sentido partículas. y estas ondas y estas partículas no son dos cosas separadas sino dos aspectos de la misma estructura de actividad. Lo mismo ocurre con el campo y la energía de todo lo demás, incluso el de nosotros mismos.
Una concepción de la naturaleza sin Dios debe explicar no sólo los tipos múltiples de polaridad inherentes al mundo y a nuestra experiencia, sino también la forma superior de unidad que incluye esos polos. Sin duda, como el universo es una unidad por definición, debe existir un principio unitario que abarque toda la naturaleza. ¿De qué carácter es esta unidad? No basta pensarla como estática, pues el universo está en evolución. De algún modo, la unidad subyacente de la naturaleza tiene que generar espontáneamente nuevos tipos de organismos y nuevas pautas de conducta, que son en sí mismos unidades, todos u holones.
De manera que una concepción de la naturaleza sin Dios debe incluir un principio unitario creador que abarque todo el cosmos y unifique las polaridades y las unidades que encontramos en el reino natural. Pero esto no está muy lejos de una naturaleza con Dios.
LAS TRINIDADES CREADORAS
La comprensión de la creatividad evolutiva en los términos de la interacción de dos principios -campos y energía- implica, inevitablemente, un tercer principio unificador del cual los dos anteriores son aspectos. Esta unidad está implícita en la metáfora sexual; el poder generativo del padre y la madre depende de su unión, y la prole unifica aspectos de ambos progenitores. Esto se expresa del modo más directo en las imágenes tántricas hindúes de Shakti y Shiva en el abrazo sexual; aparece de modo más abstracto en la representación taoísta de yin y yang entrelazados e interpenetrándose dentro de un círculo que los unifica, el Tao (figura 9.1).
En otras trinidades, la polaridad de géneros sexuales es reemplazada por principios diferentes -por ejemplo, trinidades de diosas y dioses como la trimurti hindú de Brama (el creador), Vishnú (el preservador) y Shiva (el destructor)-. En este caso Vishnú podría representar los campos organizadores de la naturaleza, Shiva sería el flujo cósmico de la energía y Brahma, la unidad creadora que los incluye a ambos.
La concepción cristiana de Dios es una trinidad creadora: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El misterio de la Santísima Trinidad ha sido tradicionalmente considerado de diversos modos. Está el modelo psicológico, preferido por san Agustín, (17) para quien el Padre es el conocedor, el Hijo es lo conocido y el Espíritu, la relación entre ellos, la bendición del conocimiento. Otro modelo está implícito en la identificación del Hijo con la Palabra o Logos. Sin duda, este concepto bíblico de la Palabra se relaciona con la palabra hablada, más que con la escrita, y por lo tanto no sólo supone una pauta de significado, sino también una pauta vibratoria de actividad física. y así como el lenguaje humano impone una pauta ordenada de vibraciones a la espiración, la Palabra creadora de Dios obra juntamente con el aliento de Dios, el movimiento hacia adelante y hacia afuera del Espíritu. El Espíritu es el principio del flujo y el cambio. Entre sus imágenes tradicionales se cuentan el aliento, el viento, la vida, el fuego y la paloma en vuelo. Su movimiento es libre e impredecible: "El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va" (Juan 3:8).

En la doctrina de la Santísima Trinidad de las iglesias ortodoxas, el Espíritu desempeña un papel más rico y completo que en la mayor parte de la teología occidental, y proporciona una sensación mucho más fuerte de la inmanencia de la naturaleza en lo divino:


Las energías creadoras de Dios no se limitan a producir el mundo creado de la nada como un constructor o un ingeniero, sino que son las causas siempre presentes, interiores y espontáneas de toda manifestación de la vida en el seno de aquél [mundo], sea cual fuere la forma que esto tome. [Esta comprensión] depende, en otras palabras, del reconocimiento de la actividad sostenida, vitalizadora, del Espíritu Santo en el mundo, que anima esas energías -radiaciones luminosas no creadas de lo divino- en el corazón mismo de cada cosa existente. (18)
En el contexto de la cosmología evolucionista, el Espíritu subtiende el flujo energético hacia adelante y el impulso expansivo del universo; la Palabra es la pauta de actividad y significado que se expresa a través de los campos. Dios Padre es el que habla, la fuente consciente tanto de la Palabra como del Espíritu, y los trasciende a ambos. De modo que la energía y los campos del cosmos evolutivo poseen una fuente común, una unidad, y ésta es además una unidad consciente.
Si los campos y la energía de la naturaleza son aspectos de la Palabra y el Espíritu de Dios, entonces el propio Dios debe tener un aspecto evolutivo, que acompaña la evolución del cosmos, con la vida biológica y la humanidad. Dios no está lejos ni separado de la naturaleza, sino que es inherente a ella. Pero, al mismo tiempo, es la unidad que la trasciende. En otras palabras, Dios no sólo es inmanente a la naturaleza (como en las filosofías panteístas), ni sólo trascendente (como en las filosofías deístas), sino que es al mismo tiempo inmanente y trascendente. A esta filosofía se la denomina panenteismo. Nicolás de Cusa, un místico del siglo XV , lo afirmó con las siguientes palabras: "La Divinidad es el repliegue y el despliegue de todo lo que existe. La Divinidad está en todas las cosas de un modo tal que todas las cosas están en la Divinidad". (19)

La polaridad creadora del Espíritu y la Palabra o Verbo (lo mismo que otras polaridades creadoras) se puede presentar con la forma de un modelo de géneros sexuales, pero de un modo ambiguo. Si pensamos que el principio femenino es activo, como Shakti, entonces el Espíritu es femenino, y el Verbo, masculino. En hebreo "Espíritu" se dice ruah, que es, en efecto, femenino. (20) (En griego, la palabra correspondiente, pneuma, es neutra; en latín es masculina: spiritus) Si, en cambio, tomamos el principio masculino como activo, entonces el Espíritu será masculino y la palabra femenina. Este no es un modo habitual de pensar, en vista de la identificación del Verbo con el Hijo. Pero, sin duda, el concepto bíblico de la Palabra de Dios tiene mucho en común con la Sabiduría divina femenina, Sophia. (21) En el Libro de los Proverbios, ella habla de sí misma como sigue:


El Señor me creó al principio de sus obras

antes que a todo lo demás, hace mucho tiempo.

Sola, fui creada en tiempos muy remotos,

Al principio, mucho antes que la tierra. . .

Cuando formaba los cielos, allí estaba yo. . .

Cuando prescribía los límites del mar

y establecía los fundamentos de la tierra.

Entonces estaba a su lado de día en día,

Su amada y su deleite,

Jugando continuamente en su presencia,

Jugando sobre la tierra, cuando la había terminado,

Mientras mi deleite estaba en la humanidad.

(Proverbios 8:22-3, 27, 29-31 )
En el prólogo del Evangelio según san Juan, la Palabra se asemeja mucho a la sabiduría:
Desde el principio ya estaba la Palabra. La Palabra estaba en presencia de Dios, y lo que era Dios, lo era la Palabra. Ella estaba con Dios en el principio ya través de ella fueron hechas todas las cosas; sin ella no fue hecha ninguna cosa creada. En ella había vida, y esa vida era la luz de la humanidad. (Juan 1:1-5)
EL SEXO DE DIOS
Cuando Dios es concebido en relación con la Madre Tierra o la Madre Naturaleza, es masculino. El Padre y la Madre crean juntos. En el primer capítulo del Libro del Génesis, el principio materno primordial es el vacío o lo profundo, que coexiste con Dios desde el principio. En última instancia todo proviene de ese útero, a través de una serie de divisiones realizadas por Dios. Dios separa la luz de las tinieblas, el día de la noche, el cielo de la tierra, el mar de la tierra firme. El poder de engendrar está implícito en el vacío o la profundidad primordiales, y presente en la tierra y los mares.
Cuando Dios crea las plantas y los animales, no lo hace directamente; nacen de la tierra y las aguas, de la matriz de la Madre (véase la pág.31)

Pero cuando Dios es concebido como creador de todas las cosas a partir de la nada (como defiende la teología de santo Tomás de Aquino), el principio materno tiene que provenir de Dios o ser intrínseco a él. En este sentido, Dios es tanto Madre como Padre, varón y mujer. Ya hemos observado que esta polaridad de varón y mujer puede expresarse en los términos de la Palabra y el Espíritu en el seno de la Santísima Trinidad. Pero entonces, Dios Padre ¿es también Dios Madre? La Divinidad, la fuente de la Santísima Trinidad en sí, ¿es masculina, femenina o neutra?


El nombre hebreo más antiguo de Dios es elohim, una voz plural de origen oscuro que podría significar "diosas" o "dioses", y que también se usaba para designar a "los espíritus de los antepasados". (22) No obstante, por convención, Dios es tratado como masculino, por lo cual resulta al mismo tiempo sorprendente e iluminador encontrar la imaginería femenina empleada por místicos medievales como Meister Eckhart. "Dios yace en el lecho de la maternidad, como una mujer que ha dado a luz, en toda alma buena que ha abandonado su egocentrismo y ha recibido a Dios por morador." (23)
El ermitaño Julián de Norwich se refirió al aspecto materno de la Divinidad, que nos contiene en "la profunda Sabiduría de la Trinidad [que] es nuestra Madre". (24)
Así, como una naturaleza todopoderosa no puede ser simplemente femenina, tampoco un Dios omnipotente puede ser simplemente masculino. Tenemos que pensar que la polaridad masculino-femenina existe desde el principio, o bien derivar ambos polos de una fuente común que los trasciende. Incluso si tratamos de concebir el universo en términos puramente científicos, se plantean los mismos interrogantes. La ciencia, como la religión, está inmersa en un fuerte sentido de la unidad fundamental. Esta intuición se muestra en la búsqueda de Einstein de una teoría del campo unificado y, en la actualidad, inspira los intentos de concebir el campo primordial del cosmos y la fuente primera de la energía. En este punto convergen la ciencia y la teología, pues si los campos y la energía poseen una fuente común que los trasciende a ambos, nos encontramos de nuevo en el ámbito de las trinidades creadoras.
Y cuando la teología coincide con la ciencia, se origina una nueva concepción evolucionista de la trinidad creadora; la teología en sí está evolucionando.
UN DIOS EVOLUTIVO
En un contexto cristiano, se puede pensar que los campos son un aspecto de la Palabra y la energía, un aspecto del Espíritu. Si la Palabra y el Espíritu de Dios son inmanentes al reino de la naturaleza y al proceso creador, entonces Dios debe evolucionar junto con la naturaleza. Al mismo tiempo, Dios proporciona a este proceso, en cierto modo, su propósito general, que el místico evolucionista Teilhard de Chardin denominaba Punto Omega: el estado de unidad hacia el que todo está evolucionando. Esta concepción es necesariamente oscura, puesto que sobrepasa lo que ha sucedido hasta ahora, supera nuestros limitados poderes de pensamiento. Teilhard la describe así:
Por su estructura, Omega, en su principio final, sólo puede ser un Centro claro que irradia en el núcleo de un sistema de centros; un agrupamiento en el cual la personalización del Todo y las personalizaciones de los elementos alcanzan su máximo, simultáneamente y sin mezclarse, bajo la influencia de un foco de unión de suprema autonomía. (25)
Recientemente se han desarrollado nuevas formas de teología que intentan concebir al Dios de un cosmos vivo, evolutivo. La teología evolucionista supone una ruptura radical con las ideas teológicas tradicionales de Dios como un ser intemporal, no influido por los acontecimientos del mundo, que actúa sobre éste pero que no interactúa con él. No obstante, el Dios de la Biblia estaba íntimamente comprometido con la historia del mundo y la humanidad. Esa imagen remota, impasible, no es bíblica, sino que se desarrolló en la Iglesia primitiva bajo la influencia de la filosofía griega. En el espíritu del platonismo, la mente de Dios se identificaba con el reino trascendente de las Formas; bajo la influencia de Aristóteles, Dios fue concebido como el motor inmóvil.

En cambio, en la nueva concepción evolucionista de Dios, como todas las cosas vivas, Dios no sólo actúa sobre los otros, sino que también toma en cuenta a los otros en su propia constitución [. . .]. Dios no es el mundo y el mundo no es Dios. Pero Dios incluye el mundo y el mundo incluye a Dios. Dios perfecciona el mundo y el mundo perfecciona a Dios. No existe ningún mundo separado de Dios, y no hay ningún Dios separado de algún mundo. Desde luego, existen diferencias. Mientras que ningún mundo puede existir sin Dios, Dios puede existir sin este mundo. No sólo nuestro planeta, sino todo el universo podrían desaparecer y ser reemplazados por otra cosa, y Dios continuaría. Pero como Dios, igual que todos los demás seres vivos, sólo que de modo perfecto, encarna el principio de las relaciones internas, la vida de Dios depende de la existencia de algún mundo que contener. (26)




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