El Rebelde



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ZARATHUSTRA


EL PROFETA QUE RÍE

OSHO

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MA GYAN DARSHANA
osho_library@gruposyahoo.com


Índice
De los filósofos famosos

De la superación de sí mismo

De los eruditos

De los poetas

De la redención

De la prudencia humana

De la hora más silenciosa

El viajero

De las Islas Bienaventuradas

Antes del amanecer

De la virtud que empequeñece

De los apóstatas

El regreso al Hogar

De las tres cosas malas

Del espíritu de la gravedad

Primera parte

Segunda parte

De las antiguas y las nuevas tablas de la ley

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

El convaleciente

El encuentro con el Hombre Superior

El saludo



De la risa y de la danza

Capítulo I

De los filósofos famosos

Discurso 24
¡Habéis servido a la gente y a las supersticiones de la gente, todos

vosotros, filósofos famosos! ¡No habéis servido a la verdad!

Y es precisamente por esa razón por la que os han reverenciado...

y vuestro corazón siempre se dijo: “Vine del pueblo, también la voz de

Dios viene a mí de ellos”.

Habéis sido siempre obstinados y astutos, como el asno, en tanto que

abogados del pueblo.

Para que aprenda a creer en vuestra “autenticida”, tendréis que

romper antes vuestra voluntad veneradora.

Genuino... así llamo yo a aquel que va a los desiertos olvidados por

Dios y ha roto su corazón venerador... pero en las ciudades moran los

famosos filósofos bien alimentados... los animales de carga.

Porque ellos siempre, como asnos, ¡tiran del carro del pueblo!

Sois todavía del pueblo, hasta en vuestra virtud, del pueblo con sus

ojos miopes, ¡del pueblo que no conoce qué es el espíritu!

El espíritu es la vida que penetra en la vida:a través de su propio

tormento acrecienta su propio saber. ¿Sabíais esto antes?

Y ésta es la felicidad del espíritu: ser ungido y consagrado por las

lágrimas, como una víctima del sacrificio. ¿Sabíais esto antes?

Y la ceguera del ciego y su buscar y andar a tientas habrán de dar

testimonio del poder del sol al cual miró. ¿Sabíais esto antes?

¡Y el hombre iluminado aprenderá a construir con montañas! Es poca

cosa para el espíritu mover montañas ¿Sabíais esto antes?

Conocéis solamente las chispas del espíritu: pero no habéis visto el

yunque que es el espíritu, ni la ferocidad de su martillo ¡En verdad, no

conocéis el orgullo del espíritu! Pero menos aún podríais soportar la

modestia del espíritu si éste se dignase a hablar!

Vosotros no sois águilas: por eso tampoco conocéis la alegría del

espíritu en el terror. Y quien no es pájaro no hará su nido sobre el

abismo.

Sois tibios: pero todo conocimiento profundo fluye frío.

Las más profundas moradas del espíritu son glaciales: un alivio para

las manos ardientes y los trabajadores.

Estáis ahí, respetables y tiesos, con la espalda erguida ¡vosotros,

filósofos famosos! No hay viento fuerte ni voluntad que os impulse.

¿No habéis visto jamás una vela flotando sobre el mar, surcando el

mar, hinchada, redondeada y temblorosa bajo la fuerza del viento?

Como una vela temblando bajo la fuerza del espíritu, mi sabiduría

surca los mares... ¡mi sabiduría salvaje!

Pero vosotros, sirvientes del pueblo, vosotros, filósofos famosos ¿cómo

podríais andar conmigo?

...ASÍ HABLABA ZARATHUSTRA.

Zarathustra no es un filósofo. La filosofía es para él una pérdida de tiempo -no sólo de tu propio tiempo, sino también del de los otros­- porque la filosofía no es nada sino un juego de la mente. No es la manera de encontrar la verdad, no es la manera de encontrar el amor, no es la manera de encontrar la belleza, sólo continúa construyendo sis­temas de palabras vacías.

Pero ha engañado a millones y ha impedido que millones saliesen a la bús­queda para encontrar la llave de los misterios de la vida. La filosofía nunca ha transformado a nadie. Le da a la gente cabezas hinchadas, pero no trae una re­volución a sus vidas. Ninguna metamorfosis sucede a través suyo. Es el mayor engaño que el hombre se ha estado dando a sí mismo y a los otros. Ha dado her­mosas palabras para que las personas jueguen, ha tratado a las personas como niños y aquellos que han permanecido jugando con esas palabras, han seguido siendo niños retardados.

Por ejemplo, el mundo de la filosofía te ha dado su palabra más famosa: Dios, que es tal vez la palabra con menos significado en el lenguaje humano. No ha si­do un descubrimiento para ti, no ha sido tu creación. Por el contrario, los filósofos, los teólogos, los sacerdotes, te han convencido de que eres la creación de Dios.

Este es el punto más significativo desde el cual comenzar un peregrinaje con Zarathustra. En el pasado, Dios ha sido aceptado como el creador de todo, pero esta misma idea reduce al hombre a una cosa. Sólo las cosas pueden ser crea­das. Si el hombre es creado por Dios, el hombre no tiene orgullo, no tiene dig­nidad propia, es solamente un títere. En cualquier momento Dios puede cam­biar de idea y destruir a la humanidad y nosotros estamos absolutamente des­protegidos. Ni tomamos parte en nuestra creación, ni tomaremos parte alguna en nuestra destrucción.

Si esto es verdad, la vida pierde todo significado, se torna una tragedia, una prisión, una prolongadísima esclavitud.

Y Zarathustra no está solo al señalar el hecho de que el concepto de Dios es­tá en contra de la evolución del hombre. Mahavira está de acuerdo con él, Gau­tama Buda está de acuerdo con él. Estos tres genios están en absoluto acuerdo en un solo punto: a Dios no se le puede permitir ser el creador del hombre y su consciencia. Permitirle esto es destrozar todo sentido, significado, libertad, amor, creatividad: todo lo que le da alegría y éxtasis al hombre es destrozado.

Sin Dios el hombre es libre: no ha sido creado, ha estado evolucionando. Tie­nes que entender este punto: que la idea de creación y la idea de evolución son contradictorias. No puedes tener ambas. Creación significa "no evolución".

Creas algo: una estatua, una pintura, un poema. ¿Evolucionará tu pintura, cambiará tu estatua con el tiempo, se renovará tu poesía a sí misma a cada mo­mento para mantener el paso con la evolución?

Cualquier cosa creada tiene un punto final: no hay apertura para la evolu­ción. Esto es lo que dice la historia de la creación del mundo: Dios creo al hom­bre en seis días... y entonces viene un punto final.

La evolución significa que el universo siempre ha estado allí, cambiando constantemente, moviéndose, evolucionando, creando nuevas y mejores for­mas. Es la evolución la que ha dado lugar al hombre y a su consciencia. Para Za­rathustra la religión es la evolución, no la creación. Y en la evolución no hay lu­gar para Dios, al menos no como creador.

El único lugar posible para Dios, si amas la palabra, si deseas de alguna ma­nera que encaje en algún lugar, la única posibilidad es que la consciencia del hombre evolucione hasta su potencial último. Esta será la creación de Dios.

Zarathustra niega a Dios como un creador, pero está deseando aceptar a Dios como la creación última de la consciencia humana. Para evitar malos en­tendidos, llama a esta evolución última de la consciencia "el Superhombre". El Superhombre es su Dios. Pero no viene al comienzo, viene en el crescendo mis­mo, al final. No es tu amo y señor, es tu forma evolucionada, tu forma refinada. Y debes recordar otra cosa: Zarathustra no puede creer en un Dios. Hay millo­nes de seres que están evolucionando y serán millones de dioses, porque cada vida tiene la semilla, el potencial para tornarse un Dios.

Zarathustra trae una revolución total en el concepto de Dios y religión. Aho­ra la religión no es más una adoración o una creencia, ahora la religión se tor­na el acto más creativo del hombre, ahora la religión no es lo que esclaviza al hombre, lo que aprisiona su espíritu.

En manos de Zarathustra la religión se torna el arte de romper todas las ca­denas, de destrozar todos los impedimentos, de manera tal que la consciencia humana pueda volverse consciencia divina, de manera tal que el hombre desa­parezca y haga nacer al Superhombre.

Hace veinticinco siglos, este hombre tuvo una de las ideas de mayor poten­cial: Dios al comienzo no hace ninguna diferencia. A lo sumo te tornarás cre­yente, y todas las creencias son ciegas, todas las creencias son falsas. No te ayu­dan a crecer, sólo te ayudan a arrodillarte como un esclavo frente a estatuas muertas, escrituras podridas, filosofías primitivas.

Zarathustra quiere limpiar completamente todo el terreno de todo lo que es­tá podrido, de todo lo que es viejo. Desea que tus ojos se fijen en una estrella lejana: la estrella que es tu futuro, la estrella en la que puedes transformarte, la estrella en la que tienes que transformarte, porque si no te tornas esa estrella distante, tu vida no será una danza, tu vida no será una canción, tu vida no se­rá una celebración.

El cambia todo el enfoque del pasado hacia el futuro. No puedes hacer nada con el pasado, lo que se ha ido, se ha ido, nada puede ser hecho acerca de es­to, no puedes deshacerlo. Es por esto, a causa de que la humanidad ha creído en el pasado, que ha permanecido detenida ¿Qué puedes hacer con el pasado?

El cambia el foco hacia el futuro, el futuro está abierto. Todas las posibilida­des están en tus manos, puedes crear el Superhombre, puedes crear una nue­va humanidad, puedes crear un paraíso sobre la Tierra. Zarathustra ama dema­siado a esta Tierra, no es un renunciante al mundo, está tremendamente ena­morado de los árboles, de las montañas, de los ríos, de las flores, de los pájaros, de las personas.

Comparadas con él, todas las otras religiones son condenatorias de este her­moso planeta. Quieren que pienses en el cielo y el paraíso, que son solamente ficciones. El es el primer científico en lo que concierne a la religión. Desea que seas realista: éste es el único planeta que tenemos, éste es el único tiempo que tenemos y ésta es la única vida que tenemos. Ahora, es nuestra responsabili­dad lo que hacemos con ella. Puedes hacer una hermosa canción, una expe­riencia gloriosa, un éxtasis dorado. Tú puedes ser el creador y tu mayor crea­ción será la creación de Dios: la creación del Superhombre.

El no es un filosofo, es un alquimista. No cree en Dios sino que cree en el hombre. No cree en ningún paraíso, sino que cree en la tierra y cree en el tre­mendo potencial que la tierra tiene en sí misma y que los seres humanos tienen dentro de sí como semillas. No han estado creciendo porque sus mentes han es­tado mirando hacia atrás.

Los filósofos, los sacerdotes, los teólogos, todos están tratando de mantener­te atado al pasado. De este modo, permaneces domesticado, no te puedes rebe­lar, permaneces siempre con miedo de cometer un error, de cometer un pecado. Permaneces siempre obediente, porque aquellos que son obedientes serán sal­vados y aquellos que no lo son serán arrojados al infierno para sufrir para siem­pre. Tu miedo y tu codicia han sido usados para destruirte, para explotarte.

Zarathustra no tendrá nada que ver con todos estos intereses creados. Su única preocupación es que el hombre se vuelva un creador de valores. Y en lu­gar de mirar hacia atrás, adonde no podemos ir, comienza a mirar hacia adelante donde muchas dimensiones están abiertas, muchas puertas están abier­tas: puede elegir. Los esclavos no pueden elegir, sólo los amos pueden elegir. Los esclavos sólo pueden ser mendigos. Todas las religiones han reducido a la humanidad a la mendicidad. Lo llaman oración, lo llaman adoración: hermosos nombres para esconder una realidad desagradable.

Zarathustra quiere que seas un creador y no un mendigo. Y sólo puedes ser un creador si miras hacia adelante y vas abandonando el pasado y los muertos. Cargar con cadáveres es peligroso, permanecer rodeado de cadáveres es peli­groso porque pueden envenenar tu vida... han envenenado tu vida.

Permanece con aquello que va a suceder y todavía no ha sucedido, y esto te mantendrá joven y fresco, te mantendrá excitado, entusiasmado, te mantendrá siempre yendo hacia un nuevo viaje, hacia un nuevo peregrinaje, porque no hay fin para la vida, no hay fin para el tiempo. Una infinidad de vida y una infinidad de tiempo están disponibles para ti. Puedes crear a Dios dentro de tu propia alma.

Pero el nombre de Zarathustra para ese Dios es el Superhombre. Yo pienso que es mejor, porque con Dios hay asociaciones desagradables. Cualquier cosa que hagas, de algún modo Dios se desliza hacia atrás y se torna pasado; es muy difícil ponerlo en el futuro.

Es casi como un muñeco que hacen en Japón. Es un muñeco de un místico indio, Bodhidharma, que fue el fundador de la gran tradición del Zen. En Ja­pón, más amorosamente, su nombre se ha tomado Daruma. Bodhidharma pare­ce ser un poco duro, Daruma parece ser más dulce. Han hecho estatuas de Bod­hidharma que son llamadas "muñecos Daruma". Lo que los hace únicos es que puedes arrojar el muñeco Daruma de cualquier manera, pero siempre volverá a sentarse en la postura de loto. No puedes volcarlo, su parte superior es muy li­viana y su fondo es muy pesado. Entonces cualquier cosa que hagas: puedes patearlo, lo puedes arrojar en el aire, cualquier cosa que hagas, Daruma vuel­ve a sentarse en la postura de loto.

El caso con la palabra Dios es similar, ha sido muy mal usada, ha dominado la totalidad del pasado del hombre y ha destruido todas las posibilidades para la evolución del hombre. Puedes arreglártelas para arrastrarla de alguna mane­ra al futuro, pero en unos pocos segundos descubrirás que ha vuelto hacia atrás nuevamente... sentado en la postura de loto.

Es correcto que Zarathustra abandone la palabra Dios, era una ficción y no podemos relacionamos con ficciones de ninguna manera. Pero el Superhombre no es una ficción, es tu potencial, es el potencial de cada hombre. La misma idea de Superhombre te hace rico, te hace sentir pleno, te hace sentir que no eres más un mendigo y un adorador. No necesitas ir a ninguna iglesia o templo o mezquita porque ahora no hay necesidad de ninguna plegaria. Debes ser el creador, tienes que transformarte a ti mismo.

La religión se vuelve la alquimia de la transformación: de un esclavo a un amo. Zarathustra no debe ser categorizado con tus otros filósofos, él permanece aparte. Y su contribución es tremendamente valiosa, su contribución es tan va­liosa que es más que la contribución de todos tus filósofos combinada. Ellos no han contribuido en nada, han estado simplemente argumentando, peleando acerca de las palabras, de las hipótesis. No han pensado que el hombre no es el fin, que el punto final aún no ha llegado y que tal vez nunca llegue.

El hombre continuará evolucionando. Sentirá que está llegando al punto fi­nal, pero el punto final nunca vendrá y es bueno que nunca venga porque el punto final será la muerte. Un punto final significa la sepultura, porque enton­ces no ha quedado ningún futuro, ninguna evolución posible, ninguna creativi­dad más. Has gastado todo tu potencial.

Estoy absolutamente de acuerdo con Zarathustra: el hombre tiene infinitas potencialidades y puede seguir creciendo hacia nuevos niveles de consciencia, nuevos niveles de felicidad, nuevos estados de éxtasis. Continúa volviéndose un Superhombre, pero es un proceso y no un suceso. El Superhombre es tam­bién un proceso y no un suceso.

Zarathustra cambia muchas palabras que han dominado al hombre muy destructivamente. No quiere usar la palabra suceso, quiere usar la palabra pro­ceso; no quiere usar la palabra ser, quiere usar la palabra tornarse; entonces siempre hay algo más para alcanzar, siempre hay algo más para conseguir, hay siempre un inmenso espacio para que tu alma vuele más alto. No puedes llegar a los límites del universo porque no hay límites.

¡Habéis servido a la gente y a las supersticiones de la gente, todos vosotros, filósofos famosos! ¡No habéis servido a la verdad! Y es precisamente por esa ra­zón por la que os han reverenciado.

Es desafortunado, pero es un hecho que las personas te respetarán si apoyas sus supersticiones, aun cuando al apoyar sus supersticiones los estés envene­nando. Te respetarán mucho, te harán un santo, te harán un profeta, te harán un salvador... pero no molestes sus supersticiones. Sus supersticiones han vivi­do con ellos durante mucho tiempo, las han aceptado como una verdad y han estado muy cómodos con ellas, porque no hay necesidad de buscar la verdad: ya la tienen. En el momento en que criticas sus supersticiones, la humanidad entera se torna antagónica hacia ti, todos se vuelven enemigos tuyos.

He experimentado esto en mi propia vida. Miles de personas han venido ha­cia mí y han desaparecido. Si encuentran que algunas de sus supersticiones son colmadas por mis declaraciones, se quedan conmigo; pero en el momento en que ven que no tenían razón... yo no apoyo su superstición, por el contrario es­toy contra ellas... inmediatamente se tornan mis enemigos. Cuando apoyaba su muerte estaban conmigo, me respetaban y reverenciaban. Y cuando empiezo a ser realmente un amigo para ellos, se tornan mis enemigos.

Zarathustra está hablando de los filósofos famosos. Su fama depende sola­mente de una cosa: no de que hayan contribuido con algo al crecimiento huma­no, no de que hayan hecho este planeta más hermoso, no de que la vida se ha­ya vuelto más alegre, no de que el amor se haya vuelto más rico; depende de que apoyan absolutamente tus supersticiones, tus creencias, tus ficciones que son un consuelo. Te mantienen donde estás. Te evitan el problema de encontrar la verdad, te evitan el problema de transformarte en un ser más elevado.



¡Habéis servido a la gente y a las supersticiones de la gente, todos vosotros,

filósofos famosos! ¡No halléis seruido a la verdad!
Porque aquellos que han servido a la verdad, han permanecido continua­mente en la cruz. Las mismas masas a las que estaban tratando de ayudar los han matado, los han envenenado, los han apedreado hasta la muerte.

Y es precisamente por esa razón por la que os han reverenciado.

¿Por qué los han llamado grandes filósofos? No hay nada de grande en su fi­losofía, pero las masas los han hecho grandes filósofos, grandes servidores del pueblo, porque ellos los han mantenido dormidos, no han molestado su sueño. Sus supersticiones son su sueño y en tanto ellos permanecen con sus supersti­ciones, permanecerán retardados, no desarrollados, permanecerán como algo­ entre el animal y el Superhombre, permanecerán en el puente, nunca se move­rán. Pero seguramente les darán gran reverencia.



Y vuestro corazón siempre se dijo: “Vine del pueblo, también la voz

de Dios viene a mí de ellos”.

Has pensado alguna vez... Nada más piensa en unos pocos grandes nombres de los así llamados filósofos: Immanuel Kant, Hegel, Descartes; y en India Shan­kara, Ramanuja, Nimbarka. Ninguno de ellos ha sido condenado por las masas. Crucificaron al pobre hijo de un carpintero, Jesús; envenenaron a Sócrates, pe­ro no envenenaron a Platón ni a Aristóteles...

Es extraño que los nombres que encontrarás en la historia de la filosofía no son los de las personas que han sido crucificadas, que han sido apedreadas has­ta morir. Son personas que han sido respetadas y que aún son respetadas des­pués de siglos. Y lo extraño es que ellos no te han dado nada. Las únicas per­sonas que te han dado algo... las has crucificado.

Parece que para tus amigos siempre tienes lista una cruz y para tus enemi­gos siempre tienes lista tu reverencia. Por grande que haya sido la filosofía de Immanuel Kant o Shankara o Bradley o Bosanquet, es simple diarrea verbal. Esas personas son enfermas, usan grandes palabras y la gente se emociona con grandes palabras que no pueden entender.

Hay una sola cosa de la cual ellos desean tener certeza: que los filósofos no están diciendo nada contra sus supersticiones, no están hablando contra Dios, no están hablando contra el cielo y el infierno, no están hablando contra las sa­gradas escrituras, sino por el contrario, las están alabando. Entonces no se preo­cupan de si esta gran filosofía ha sido capaz de cambiar su consciencia. Y si no ha sido capaz de cambiar sus propias consciencias, ¿cómo es que va a cambiar a la humanidad?

Pero tal vez nadie desee cambiar. El cambio requiere de esfuerzo y el hom­bre es haragán. El cambio significa ir hacia lo desconocido, y el hombre es un cobarde. Permanecerá en lo conocido aún si lo conocido no es más que mise­ria... al menos es conocido. Nunca cruzará la frontera de lo conocido; porque ¿quién sabe? Uno puede perderse en lo desconocido, uno puede ser capaz de no volver a casa, a la misma miseria, a la misma mujer, al mismo marido, a las mismas ansiedades y problemas.


Habéis sido siempre obstinados y astutos, como el asno, en tanto que

abogados del pueblo.

El pueblo no necesita ningún abogado, están en una miseria tal que su vida entera no es nada más que una muerte lenta. Abogar en favor de su vida no es un servicio a la humanidad. Necesitan personas que den martillazos en sus ca­bezas para traerles algún sentido, alguien que destruya sus supersticiones de manera tal que puedan empezar a moverse en búsqueda de la verdad, alguien que pueda destruir su pereza para que se vuelvan un proceso, un progreso, una transformación.

Pero por cierto que a ellos no le gustan estas personas. Aquellos que aman a la humanidad tienen que aceptar que serán odiados, odiados en todas las tie­rras, odiados por toda la gente. Tal vez unas pocas personas inteligentes y va­lerosas pueden juntar sus manos con las de ellos en la gran exploración de la verdad y la consciencia, pero la mayoría de la gente va a estar enojada con ellos. Han molestado su sueño, han molestado sus consuelos. Ellos aman a sus abo­gados.

Para que aprenda a creer en vuestra “autenticidad',

tendréis que romper antes vuestra, voluntad veneradora.

Zarathustra está diciendo: Si deseas que crea que eres genuino, entonces la primera prueba que necesito es: tendrás que romper tu voluntad de venerar". ¿A quién estás venerando? No hay nada por encima de la consciencia humana; sólo la consciencia humana puede ir trascendiéndose a sí misma. No hay nadie más a quien puedas adorar, a quien puedas venerar. Puedes crear templos y ri­tuales y puedes creer que alguien más va a cuidarte, que no necesitas preocu­parte por ninguna transformación.



Genuino... así llamo yo a aquel que va a los desiertos olvidados por Dios

y ha roto su corazón venerador... pero en las ciudades moran los famosos

filósofos bien alimentados... los animales de carga. Porque ellos siempre,

como asnos, ¡tiran del carro del pueblo!
Zarathustra es duro, pero todo gran creador tiene que ser duro. El llama a tus grandes filósofos: “burros que están tirando del carro del pueblo". Están al servicio de los idiotas y por cierto qué los idiotas los respetan mucho. Si deseas respetabilidad, no deberás decir una sola palabra que vaya en contra de los prejuicios del pueblo. Siempre los apoyarás aún cuando puedas ver que no tie­ne sentido... pero esa es la manera de ser respetable.

Cualquier hombre de dignidad no desea respetabilidad, tiene su propia dig­nidad, se respeta a sí mismo, no necesita el respeto de nadie. Dirá todo lo que sea verdad y lo dirá tan claramente como sea posible. Aunque duela, no va a diluirlo. Todas las cirugías duelen y si un cáncer debe ser extirpado, el cirujano no puede seguir sosteniendo la idea de que no tienes ningún cáncer.

Yo tenía un pariente... su mujer vino a verme un día llorando y me dijo; “Tie­nes que hacer algo, mi marido no escucha a nadie. No quiere llamar al doctor y dejar que lo revise y todos en la casa y en el vecindario sentimos que está po­niéndose cada día más débil, se ve muy pálido, hay algo que anda mal. Pero él dice: “Estoy perfectamente sano, ¿quién dice que hay algo que anda mal? ¿Por qué debería llamar al doctor?'".

Tuve que ir a su casa. Y le dije: “Estás completamente bien, estás en lo me­jor de tu salud. ¿Quién dice que estás enfermo?”.

El sonrió y le dijo a su familia: "Miren... y todos ustedes me están acosando diciendo que debo ir al doctor, o debo llamar al doctor".

Le dije: "No hay necesidad de llamar a ningún doctor, estás perfectamente sano, pero nada más para convencer a estas personas, ven conmigo al doctor". No me lo podía negar porque yo era su único sostén, entonces vino conmigo al mejor doctor. En el camino dijo “¿Es realmente necesario ir? ¿No podríamos vol­ver desde aquí, a mitad de camino? Tendrías que mentir, eso es verdad".

Le dije: "No puedo mentir. No mentí delante de estas personas. Dije la ver­dad. Todos estaban diciendo que te estás poniendo cada día más enfermo, que te estás poniendo cada día más débil; y yo veo que te estás poniendo cada día más saludable, más joven. Nada más que para convencerlos debo conseguir un certificado del doctor, de modo que todo el problema se termine para siempre".

" “Bueno", me dijo.

Y tenía cáncer. El doctor me dijo: "Lo has traído justo a tiempo, de otra ma­nera hubiera sido demasiado tarde".

Volviendo a casa me dijo: "Esta es la razón por la cual no estaba yendo al doctor. Tenía miedo... ¿quién sabe? El doctor puede encontrar algo que anda mal iy ahora me ha dado un cáncer!".

Le dije: "El no te ha dado ningún cáncer, tú tienes cáncer y ahora hay una posibilidad de que te cures".

Pero me dijo: "Nunca te perdonaré, me hiciste un truco, me estabas mintiendo".

Le respondí: "Es verdad, tuve que mentir, de otro modo, tu vida estaba en peligro".

Y no considero que sea un pecado mentir para salvar una vida.

Las personas que están viviendo en las supersticiones... todas las personas del mundo están viviendo en una superstición y todos sus sacerdotes, predica­dores, filósofos y teólogos los están apoyando. Así ganan respetabilidad, se tor­nan grandes santos. Pero esto es demasiado inhumano. Es mejor perder toda tu respetabilidad por decir la verdad a la gente.

Todavía hay tiempo: su cáncer puede ser extirpado.

Todavía hay tiempo: el Superhombre puede llegar.

El hombre miserable, con todas sus miserias, puede ser abandonado, no hay necesidad de quedarse aferrado a él.

Estás aferrado de esto porque nadie te ha dicho que tienes grandes posibili­dades: las más altas experiencias, más alegría.

Tu vida puede tornarse una constante canción y una danza.

Puedes florecer.

Tu vida puede tener fragancia, en lugar de esta desagradable ansiedad, de esta miseria y esta nausea completa que estás arrastrando alrededor tuyo.

Y estás aferrado a esto porque piensas que esto eres tú. Y a las personas que apoyan tu idea les besas los pies, los haces Papas, los haces shankaracharyas.

Nada más que por lograr una respetabilidad vacía, estas personas son los mayores enemigos de la humanidad. Si te gusta crucificar a las personas, crucifica a estas personas y, de hecho, ellas necesitan crucifixión... ¿Qué derecho tiene el Papa a estar vivo? Es el representante de Jesucristo: debería probarlo siendo crucificado, esa es la única prueba. Pero en lugar de estar en la cruz, tiene una cruz de oro colgando alrededor de su cuello con una cadena de oro. Jesús no fue crucificado en una cruz dorada y la cruz no estaba colgando aire de su cuello... ¡él estaba colgando de la cruz!



Sois todavía del pueblo, hasta en vuestra virtud, del pueblo con sus ojos

miopes, ¡del pueblo que no conoce qué es el espíritu!
Sin conocer el espíritu: la energía misma de tu vida, la llama misma que eres... ¿cómo puedes ser virtuoso? Lo único que haces es seguir a la multitud. Cualquier cosa que ellos crean que es virtuosa, tú la haces. Y dado que sigue su idea de la virtud, hacen de ti un santo. Y si deseas tornarte un gran santo tienes que ir hasta el extremo de su idea de virtud.

Por ejemplo, en la India los monjes Jainas nunca se bañan. Eso es una virtud, porque ellos tienen tal aversión por sus cuerpos, que no cuidan que su cuerpo pueda estar limpio. ¿A quién le importa? Si el cuerpo es nada más que materia, un poquitito más de materia agregada sobre él no hace daño... está ganando un poquitito de peso. No cepillan sus dientes, porque todo esto es con­siderado como mostrar que aún crees en el cuerpo. Hablar con ellos es muy di­fícil, porque su aliento es inmundo, sus cuerpos están hediondos. Cada año se arrancan los cabellos con sus propias manos, porque no pueden usar ningún ar­tefacto mecánico. Es extraño, piensan que una maquinita de afeitar es una gran tecnología. Están en contra de todas las máquinas, de toda la tecnología. Natu­ralmente, tienen que arrancarse el cabello con sus propias manos. Miles de de­votos se juntan para ver esto. Y yo he visto personas paradas allí, bien afeita­dos... tal vez se afeitan dos veces al día... con lágrimas corriendo por sus ojos: “¡Qué gran santo!". Ellos no lo pueden seguir, son pecadores, pero él está si­guiendo las escrituras.

Hay muchos monjes Jainas e hindúes que viven desnudos en todas las esta­ciones. Esto es torturante para el cuerpo, pero a causa de que torturan su cuer­po, sus seguidores creen que están alcanzando la autorrealización. El cuerpo no importa más. Si hace frío o calor no hace ninguna diferencia para ellos: han al­canzado un estado de equilibrio. Para ellos, el éxito y el fracaso son lo mismo, el calor y el frío son lo mismo. No son lo mismo, porque he visto monjes tiritan­do con el frío: no pueden dormir en toda la noche.

Están siguiendo esto porque, a cambio, han sido respetados por millones de personas. El solo hecho de estar desnudo no es una virtud: todos los ani­males están desnudos, todos los pájaros están desnudos. Si estar desnudo fue­se una virtud que permitiese entrar en el cielo, el único que estaría en dificul­tades sería el hombre. Y yo lo sentiría por los sastres... en particular por mi modista Gayan.

Pero diferentes sociedades tienen diferentes virtudes. En la edad media, las damas inglesas en Bretaña solían cubrir sus perros con ropa, porque un perro desnudo es obsceno. Y si el perro se encontraba con una novia, sería todavía más difícil, sería totalmente pornográfico, ¡en vivo! Entonces solían llevar a sus perros para los paseos matinales con cadenas que no soltaban y el perro con ex­trañas ropas. Y los pobres perros deben haber pensado: "¡Qué cosa sin sentido es ésta, ningún otro perro...!".

Te sorprenderá saber que las damas de clase alta solían poner ropa alrede­dor de las patas de las sillas porque son llamadas "patas" y las patas no deben quedar desnudas... Cualquier idea estúpida...

Si no conoces tus propias fuentes de vida, estás destinado a seguir las virtu­des de la multitud en la que accidentalmente te encuentras.

En mi casa, no probé el tomate hasta los dieciocho años, porque el tomate no se permitía en la casa: parecía carne. Traté de convencer a mi abuela de que un pobre tomate no es carne. Ella decía: "Yo sé que no es carne, pero parece car­ne, y yo no quiero tener nada que se parezca a la carne en esta casa. Nosotros somos vegetarianos".

Yo decía: "Esto también es un vegetal". Pero mientras ella estuvo viva, los tomates no fueron permitidos.

Hasta la edad de dieciocho, nunca comí por la noche, porque, en la multitud en la que yo me encontraba, comer por la noche era un pecado.

Yo les decía: "Debe haber estado mal, tres mil o cuatro mil años atrás, cuan­do las personas tenían que comer en la oscuridad, pero ahora dentro de la casa en la noche hay más luz que durante el día".

Pero ellos decían: "No hables en contra de las escrituras, aún escucharte es un pecado. Las personas que escribieron estas escrituras eran todos sabios, om­niscientes" .

Yo no era una persona respetada en la casa. Cada vez que iba a venir un huésped, me decían: "Vete, puedes ir a cualquier lado, pero vete de aquí".

Yo decía: "¿Cuál es el problema?".

Ellos decían: "Que nos resultas molesto. Puedes hacer cualquier cosa que no debe ser hecha, puedes decir cualquier cosa que no debe ser dicha" .

Otros chicos eran obedientes, y eran traídos delante del huésped, eran pre­sentados "El es muy obediente". Y yo venía en la mitad: "Yo también estoy aquí... muy desobediente. Pienso que te gustará un poquito de variación, todos son obedientes aquí, yo soy el único desobediente y deseo decirte que no estoy contento de encontrarme contigo".

Y mi padre decía: "Yo decía que tu ibas a hacer alguna cosa, que ibas a de­cir alguna cosa. ¡Vete de aquí, enseguida!”.

Pero yo decía: "Estoy diciendo mi verdad... no me siento contento... y pien­so que este caballero respetará mi verdad".

Pero nadie respeta la verdad. Si deseas la respetabilidad, entonces debes se­guir a la multitud. Cualquier cosa que llamen correcta, es correcta y cualquier cosa que llamen equivocada está equivocada.

Zarathustra está diciendo: Sois todavía del pueblo, hasta en vuestra virtud... Tu virtud es hipocresía, porque no surge de tu propio espíritu, es solamente imi­tación, eres una copia de carbónico, no eres tu ser original.



El espíritu es la vida que penetra en la vida: a través de su propio tormento

acrecienta su propio saber. ¿Sabíais esto antes?
El espíritu es un continuo desafío y batalla. La vida está penetrando en la vi­da, para ser más, para ser más elevada, para estar despierta. Las virtudes sólo nacen de este despertar, de este crecimiento espiritual en ti. Pero nacen de acuerdo con tu propia experiencia y comprensión. Son originales y solamente algo original es hermoso. Esta es la felicidad del espíritu: ser original, estar siempre creciendo a nuevas alturas, a nuevos insights, siempre yendo a nuevas profundidades, siempre moviéndose hacia los senderos que no han sido holla­dos, que no han sido pisados.

El espíritu es un aventurero.

La multitud es como un estanque: no va a ningún lugar, sus aguas se tornan más sucias cada día, porque más y más agua se está evaporando con el sol. Pronto el estanque se vuelve sólo agua barrosa. El espíritu es un río: está siem­pre fluyendo, moviéndose hacia nuevas tierras desde las montañas, por los va­lles, las planicies, hasta que se sumerge en el océano.

Y ésta es la felicidad del espíritu: ser ungido y consagrado por las lágrimas,

como una víctima del sacrificio. ¿Sabíaís esto antes?
Uno se está sacrificando a sí mismo, siempre, para que algo mejor aparezca. Uno está muriendo solamente para resucitar en un nivel más alto.

Uno es el sacrificio y uno es el Dios a quien es dado el sacrificio.

Pero hay una consciencia en continua evolución, una cristalización del des­pertar. Hasta en el sueño, algo en ti permanece alerta y despierto.

Exactamente ahora, aunque estés despierto y tus ojos estén abiertos, algo en ti está profundamente dormido. Cierra los ojos y verás sueños flotando.



Y la ceguera del ciego y su buscar y andar a tientas habrán de dar testimonio

del poder del sol al cual miró. ¿Sabíais esto antes?
El ciego simplemente cree que hay luz; de hecho, solamente los ciegos creen. En otras palabras, todas las creencias son ciegas. En el momento en que sabes algo, no lo crees.

Una vez un filósofo alemán le preguntó al Raman Maharshi: "¿Crees en Dios?" y quedó impactado al escuchar la respuesta.

El Raman Maharshi le dijo: "No, yo no creo en Dios".

El filósofo no podía comprender, porque siempre había pensado que el Ra­mana Maharshi era una persona que comprendía a Dios, ¿qué estaba diciendo?

Viéndolo intrigado, Raman Maharshi rió y le dijo: "No te sientas molesto, no creo en Dios porque conozco a Dios".

Conocer es un proceso totalmente diferente; creer es exactamente su opues­to. Millones de personas creen en Dios y millones de personas en los países co­munistas no creen en Dios. Ambos están en el mismo bote, porque ni los cre­yentes conocen ni los no creyentes conocen.

Conocer necesita gran esfuerzo, gran búsqueda. Creer o no creer son muy baratos... no tienes que hacer nada. Las creencias son todas prestadas.

¡Y el hombre iluminado aprenderá a construir con montañas!



Es poca cosa para el espíritu mover montañas. ¿Sabíais esto antes?

Les está preguntando a los filósofos: "¿Qué es lo que tú sabes, viviendo en tu multitud, tornándote más y más gordo, siendo respetable, siguiendo a tus propios seguidores? ¿Sabes que un hombre iluminado aprenderá a construir montañas?". Montañas de la consciencia, Everest de la consciencia, alturas que llegan a las estrellas.


Es poca cosa para el espírítu mover montañas ¿Sabíais esto antes?

Conocéis solamente las chispas del espíritu: pero no habéis visto

el yunque que es el espíritu, ni la ferocidad de su martillo.

¡En verdad, no conocéis el orgullo del espíritu! Pero menos aún podríais

soportar la modestia del espíritu ¡si éste se dignase a hablar!

Vosotros no sois águilas.
Para Zarathustra el águila es un gran símbolo. El ama dos símbolos: el águi­la y la serpiente. Para él, la serpiente representa la sabiduría y el águila repre­ senta la libertad. El águila va más y más alto en el cielo, vuela cruzando el sol.

Vosotros no sois águilas -les está diciendo a los filósofos­- por eso tampoco conocéis la alegría del espíritu en el terror.

Sólo el águila conoce la soledad de las alturas, el silencio de las alturas, los peligros de las alturas. Pero sin conocer los peligros uno nunca crece.

La enseñanza básica de Zarathustra es: vive peligrosamente. Sigue al águi­la a los cielos distantes, no tengas miedo, porque tu ser interno es inmortal.

Los que temen el peligro son aquellos que no conocen su ser inmortal. Sus temores no muestran más que su ignorancia.


Y quien no es pájaro no hará su nido sobre el abismo.

Pero la alegría de hacer un hogar sobre los grandes abismos... esa alegría pertenece solamente a muy pocas almas valerosas. Y de acuerdo con Zarathus­tra, la religión no es para todos. Es solamente para las águilas. Es solamente pa­ra aquellos que están listos para vivir peligrosamente, porque solamente ellos pueden encontrar la verdad, solamente ellos pueden encontrar el significado de la vida, solamente ellos pueden tornarse un día el Superhombre.



Sois tibios: pero todo conocimiento profundo fluye frío. Las más profundas

moradas del espíritu son glaciales: un alivio para las manos ardientes y los

trabajadores.
La multitud vive una vida que es tibia, indiferente. Ni caliente ni fría. No co­noce los extremos, se mueve siempre en el medio, a salvo. Pero aquellos que se preocupan mucho por la seguridad y por estar a salvo no pueden ser explora­dores, no pueden ser descubridores. El conocimiento fluye hacia lo profundo, por lo tanto es frío. Y uno tiene que ser capaz de salir de las aguas tibias y sa­lir de la vida tibia que no es ni vida ni muerte, que no es nada más que una es­pecie de vida vegetativa, nada más que una supervivencia.

Desde la cuna a la tumba, todo lo que te preocupa es cómo sobrevivir, cómo permanecer a salvo, cómo permanecer seguro, y... ¿a dónde estás yendo? Estás yendo a la tumba. Todas tus seguridades, todo tu estar a salvo te están llevan­do hacia la tumba. Antes que venga la tumba, baila un poquito, ten una peque­ña fiesta, canta con tu corazón lleno de alegría.

¡Vive peligrosamentel

La tumba vendrá, sea que hayas vivido peligrosamente o tan sólo tibiamen­te. La única diferencia será que aquel que ha vivido peligrosamente, que ha vi­vido totalmente, intensamente, llegará a conocer en sí mismo lo que no muere. Entonces la tumba vendrá, pero la muerte no vendrá.

Alguien que nunca ha vivido totalmente, que nunca ha ido lo suficientemen­te profundo dentro de sí mismo, porque hay un frío glacial allí, también llegará la tumba, pero no conocerá el principio eterno de la vida. Simplemente morirá con lágrimas en los ojos porque no ha sido capaz de vivir su vida. No ha vivido y la muerte ha llegado.

Aquel que ha vivido totalmente, celebra la muerte también, porque la muer­te llega a él como último desafío de lo desconocido. Y ésta ha sido toda su vi­da: aceptar desafíos de lo desconocido. Le dará la bienvenida a la muerte y en­trará en la muerte con una canción y con una danza porque sabe que hay algo en él que es indestructible, que no conoce la muerte.



Estáis ahí, respetables y tiesos, con la espalda erguida. ¡vosotros. filósofos

famosos! No hay viento fuerte ni voluntad que os impulse.¿No habéis visto

jamás una vela flotando sobre el mar, surcando el mar, hinchad,. Redondeada

y temblorosa bajo la fuerza del viento? Como una uela temblando bajo

la fuerza del espíritu, mi sabiduría surca los mares... ¡mi sabiduría salvaje!
La sabiduría es siempre salvaje.

La sabiduría nunca está domesticada.

La sabiduría siempre es espontánea.

Los conocimientos son un esclavo tibio, los conocimientos son muy pobres. Una computadora no puede tener sabiduría, éste es el privilegio de los seres humanos, de la consciencia humana: tener sabiduría. Pero entonces tendrás que estar listo para lo salvaje, para lo no domesticado, para lo espontáneo.



Las personas hablan de la libertad, pero no desean la libertad porque la li­bertad les trae peligros. La esclavitud es confortable, alguna otra persona toma la responsabilidad por tu vida. Pero la sabiduría es libertad. Nunca sabes lo que vas a conocer en el próximo momento. No puedes ensayarlo, viene de pronto. Pero es tal alegría, tal bendición, que aquellos que no han conocido la sabidu­ría salvaje no han conocido nada en absoluto.

Pero vosotros, sirvientes del pueblo, vosotros, filósofos famosos, ¿cómo

podríais andar conmigo?
Les está diciendo a los filósofos, a los teólogos, a los sacerdotes: "Ustedes no pueden andar conmigo, no pueden venir conmigo a lo salvaje, no pueden venir conmigo a lo desconocido: son demasiado cobardes. No tienen el espíritu apro­piado. Y no conocen la dignidad de aceptar el desafío de todo lo que es desco­nocido, de aquello que no es cognoscible, de aquello que es oscuro y profundo.
...ASÍ HABLABA ZARATHUSTRA.



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