El realismo: 2ª mitad del s XIX



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EL REALISMO: 2ª mitad del S XIX
La Revolución Industrial del siglo XIX trae importantes cambios en toda Europa a nivel social, político, económico y cultural, que se van consolidando a lo largo de la segunda mitad del siglo.

La migración de la población del campo a la ciudad y la consiguiente apertura de fábricas que dan trabajo a los antiguos artesanos y campesinos, conlleva el nacimiento de una nueva clase social, la clase obrera o proletariado que, frente a la burguesía, se muestra descontenta e indignada por la situación en la que la clase dirigente la tiene sumida (explotación, miseria, pobreza, desigualdad de derechos…). De este modo el proletariado va desarrollando una resistente conciencia social que se acaba traduciendo en protestas, huelgas, sufragio universal, asociaciones internacionales de trabajadores (AIT), fuertes activismos políticos, etc. Son los años del marxismo (Karl Marx, Alemania) y del anarquismo (Bakunin, Rusia), que pretenden transformar el mundo a favor de la clase obrera.


En este contexto, en la segunda mitad del siglo, nace en Francia un nuevo movimiento literario, artístico, filosófico… el llamado Realismo, basado en la observación y experimentación de los hechos, cuyo principal objetivo es reflejar fielmente la realidad social de la época, como reacción contra los excesos del idealismo y la imaginación romántica, pero sin llegar a ejercer un corte brusco sobre la literatura anterior. Su éxito coincide con la consolidación de la burguesía como clase dominante, que impone una mentalidad conservadora y un espíritu práctico y mercantilista.

Paralelamente y también en Francia surge una nueva corriente de la mano del escritor Émile Zola, el Naturalismo, que llevó al extremo los presupuestos realistas, convirtiéndose en una determinista y radical rama del Realismo. Retrataba a la sociedad mediante taras físicas o morales, generando una estética revolucionaria que igualaba lo bello y lo feo. Su mayor representante en España fue la novelista Emilia Pardo Bazán, aunque no llegó a cuajar por completo pues chocaba contra los principios del arraigado catolicismo español.


Las características más importantes del Realismo son:

- La observación objetiva que lleva a describir y reflejar la realidad fielmente, frente al subjetivismo e imaginación del Romanticismo.

- El análisis psicológico de los personajes, se analizan y explican sus conductas. Son personajes comunes, no héroes románticos, dominan los burgueses, proletarios y marginales, todos con sus virtudes y defectos. Sus protagonistas suelen ser femeninos (La Regenta, Madame Bobary, Anna Karenina…).

- La ambientación contemporánea y la variedad de ambientes (ámbitos urbanos y rurales).

- Una técnica narrativa verosímil en la que destacan: la adecuación del lenguaje a los personajes (hay mucho diálogo que refleja el habla popular), la descripción detallada de ambientes y personajes y el estilo sobrio, sencillo y natural.

- El narrador omnisciente que lo sabe todo sobre sus personajes e interviene en el relato emitiendo juicios de valor a su antojo. Organiza el tiempo y los hechos libremente.

- Un fin didáctico y utilitario mediante el que se transmite una enseñanza moral y social para poder cambiar la sociedad.
La lírica y el teatro pasaron a un segundo plano, la novela era la que mejor representaba la realidad. Los realistas previamente se documentan y observan la realidad con una doble finalidad: describir ambientes y costumbres y caracterizar a los personajes complejos como reflejo de su sociedad. El interés por la Sociología y la Psicología científica dan lugar a la novela como documento social y a la novela psicológica (La Regenta).

Nuestros novelistas españoles reproducen las características de los realistas europeos, pero también recogen elementos de la tradición literaria española, inspirándose en el realismo de Cervantes o en el de la novela picaresca, así como en las narraciones costumbristas del Romanticismo.

La novela iniciadora del realismo español fue La fontana de Oro de Galdós (1870), sin embargo la obra cumbre es La Regenta de Clarín, una novela psicológica con atisbos naturalistas, en la que su autor desmenuza la psicología y monótona existencia de su protagonista femenino, la situación de los matrimonios de conveniencia en aquella época y sus consiguientes infidelidades. Otra importante novela es Fortunata y Jacinta de Galdós,

Galdós fue el segundo novelista más importante por sus Episodios Nacionales, Fortunata y Jacinta o Misericordia. Fue una especie de cronista del último tercio del siglo XIX, para el que la ficción debía mostrar una imagen de la vida y reproducir el ambiente físico y espiritual de la España de entonces. Era un novelista de almas que ahondaba en el pensamiento de sus personajes.

Otras novelas importantes fueron: Pepita Jiménez de Juan Valera, Los pazos de Ulloa de Emilia Pardo Bazán, Cañas y barro de Blasco Ibáñez, etc.
En el género dramático cabe destacar Electra, de Galdós, Un drama nuevo de Tamayo y Baus o El gran galeoto de José de Echegaray, (teatro neorromántico), así como el teatro renovador con intención social que cultivó Joaquín Dicenta en Juan José.

El teatro de la segunda mitad se adaptó al Realismo mediante la alta comedia, caracterizada por el retrato de ambientes de la época y de la realidad del momento con una intención didáctica, basada en el desarrollo de una tesis moral. También cobra auge el género chico, teatro popular de tono cómico y ambiente costumbrista.







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