El Poder de la Intención



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El Poder de la Intención






El poder de la intención

Wayne W. Dyer

Traducción de Flora Casas




Para mi hija, Skye Dyer Tu voz cantarina se corresponde en perfecta armonía con las vibraciones de tu alma angélica

Te quiero

Indice
Prólogo 05


PRIMERA PARTE

LOS PUNTOS ESENCIALES DE LA INTENCIÓN



  1. La intención desde una nueva perspectiva 06

  2. Las siete caras de la intención 20

  3. Conectarse a la intención 32

  4. Los obstáculos para conectarse a la intención 51

  5. El impacto sobre los demás al estar conectado con la intención 74

  6. La intención y el infinito 92

SEGUNDA PARTE

PONER LA INTENCIÓN EN FUNCIONAMIENTO

(Ocho capítulos con información concreta y una guía paso a paso para aplicar estos principios a la vida cotidiana)



  1. Es mi intención respetarme a mí mismo en toda ocasión 107

  2. Es mi intención vivir la vida con un propósito 117

  3. Es mi intención ser auténtico y pacífico con todos mis familiares 129

  4. Es mi intención sentir que he triunfado y atraer la abundancia a mi vida 136

  5. Es mi intención llevar una vida tranquila, libre de estrés 146

  6. Es mi intención atraer a las personas ideales y las relaciones divinas 158

  7. Es mi intención optimizar mi capacidad para curar y ser curado 167

  8. Es mi intención valorar y expresar el genio que soy 180

TERCERA PARTE

LA CONEXIÓN


  1. Retrato de una persona conectada al campo de la intención 189

Agradecimientos 198




Toda belleza vista aquí abajo por personas con agudeza se asemeja más que nada a esa Fuente celestial de la que procedemos todos..

Miguel Ángel

La autorrealización significa haberse conectado conscientemente con la fuente del ser. Una vez establecida la conexión, nada puede ir mal.

Swami Paramananda


Prólogo
El libro que el lector tiene entre sus manos y toda la información que contiene era al principio una idea informe enraizada en los invisibles dominios del campo de la intención. Esta obra está concebida para llegar al mundo material tras aplicar todos los principios sobre los que se escriben en ella. Logré que mi energía vibratoria coincidiera con la Fuente de toda la Creación, y dejé que estas palabras y estas ideas fluyeran para que pudieran ser transmitidas directamente de mí a ti. Tienes en tus manos la prueba de que cualquier cosa que concibamos —mientras estemos en armonía con la omnicreadora Fuente universal— puede y debe ocurrir.

Sí quieres saber cómo puede afectarte este libro, y cómo puedes pensar, sentir y colaborar en la Creación tras haber leído y aplicado sus mensajes, te ruego que leas el último capítulo, «Retrato de una persona conectada al campo de la intención», antes de iniciar este viaje. Tú, todo el mundo, la vida entera han surgido del campo omnícreador de la intención. Vive con esa perspectiva y llegarás a conocer y a aplicar la fuerza de la intención, Todos los semáforos se te pondrán en verde.

Maui, Hawai, 2004 Wayne W. Dyer


PRIMERA PARTE
LOS PUNTOS ESENCIALES DE LA INTENCIÓN
Junto al río se yergue el árbol sagrado de la vida. Allí mora mi padre, y en él está mi hogar. El padre celestial y yo somos uno.

Evangelio escenio de la paz


  1. La intención desde una nueva perspectiva

Hay en el universo una fuerza inconmensurable, indescriptible, que los chamanes llaman «propósito», y absolutamente todo lo que existe en el cosmos está ligado al propósito por un vínculo de conexión.

Carlos Castañeda
Durante los últimos anos me he sentido atraído de tal manera por el estudio de la intención que he leído centenares de libros de psicólogos, sociólogos y escritores espirituales, de eruditos antiguos y actuales, de investigadores. En mi investigación desarrollo una definición bastante corriente de la intención, en el sentido de un firme propósito u objetivo unido a la decisión de alcanzar el resultado deseado. Se caracteriza a las personas impulsadas por la intención por una fuerza de voluntad que no permite que nada se interponga en la consecución de su deseo íntimo. Yo me imagino una decisión o determinación inquebrantables. Si eres una de esas personas con la actitud de “nunca me voy a rendir” y además con una visión interna que te empuja a hacer tus sueños realidad, encajas en la descripción de una persona con intención. Lo más probable es que seas un super-triunfador, y también que te sientas orgulloso de tu capacidad para reconocer y aprovecharte de las oportunidades que se te presentan.

Yo he mantenido una creencia semejante sobre la intención durante muchos años. Aún más; he escrito muchas cosas y hablado muchas veces sobre la fuerza de la intención, tal y como he dicho anteriormente. Sin embargo, durante los últimos veinticinco años he notado un cambio en mi pensamiento, que ha pasado de lo puramente psicológico o de desarrollo personal a una orientación espiritual, en la que existen verdaderas posibilidades de curación, de obrar milagros, de manifestar y establecer contacto con la inteligencia divina.

No se trata de un esfuerzo deliberado por librarme de mi pasado académico y profesional, sino de una evolución natural que se ha desarrollado al tiempo que empezaba a tomar contacto consciente con el Espíritu. Mis escritos hacen hincapié en la convicción de que podemos encontrar soluciones espirituales a los problemas viviendo en niveles superiores y recurriendo a energías más rápidas. Mentalmente, la intención es un concepto mucho más amplio que la decisión del ego o la voluntad individual. Es casi justo lo contrario. Quizá se deba a que me he despojado de muchos niveles del ego en mi propia vida, pero también noto la fuerte influencia de dos frases que leí en un libro de Carlos Castañeda. En mi vída de escritor, me topo con frecuencia con algo en un libro que provoca la germinación de un pensamiento que al final me impulsa a escribir otro libro. El caso es que leí esas dos frases en el último libro de Castañeda, “El lado activo del infinito”** (**lV Trnd, cast., Ediciones B, Barcelona, 1999.), mientras esperaba una intervención quirúrgica para abrir una arteria obstruida que me había provocado un ataque cardíaco no demasiado grave.
Las palabras de Castañeda eran las siguientes: «El propósito es una fuerza que existe en el universo. Cuando los hechiceros (los que viven de la Fuente) llaman al propósito, él acude y señala el camino de la realización, lo que significa que los hechiceros siempre consiguen lo que se proponen». Al leer esas frases me quedé estupefacto por la claridad que me aportaban sobre la fuerza de la intención. ¡La intención no es algo que la persona hace, sino una fuerza que existe en el universo como campo de energía invisible! Nunca había pensado en la intención en esos términos hasta leer las palabras de Castañeda. Anoté esas frases, y después me las imprimieron en una tarjeta plastificada. Me llevé la tarjeta a la sala en la que me iba a someter a la pequeña intervención quirúrgica, y en cuanto pude empecé a hablar sobre la fuerza de la intención a quien estuviera dispuesto a hacerme caso. La intención pasó a formar parte de todas mis conversaciones. Me sumergí en esta idea, no solo para mi propia curación, sino para ayudar a otros a utilizar la fuerza de la intención para llevarlos hasta donde estaban completamente equipados para ir. Había experimentado el satori, o despertar .. instantáneo, y estaba empeñado en transmitir esa idea a los demás. Veía claramente que tener acceso a la energía de la intención aliviaba gran parte de la tarea, en apariencia imposible, de luchar por cumplir los deseos con la simple fuerza de voluntad. Desde aquel momento decisivo pienso en la fuerza de la intención prácticamente durante todo el tiempo que permanezco despierto, y los libros, los artículos, las conversaciones, las llamadas telefónicas, lo que me llega al buzón de correos y cualquier obra que busque en una librería parecen contribuir a mantenerme en ese camino.

Y este es el resultado: El poder de la intención. Espero que este libro te ayude a pensar en la intención de una forma distinta y a emplearla de modo que llegues a definirte como proponía Patanjali hace más de veinte siglos: «Se abren a la vida las fuerzas, las facultades y las posibilidades durmientes, y descubres que eres una persona mucho mejor de lo que jamás te habías considerado».

Esas dos palabras de Patanjali, «fuerzas durmientes», me dieron el impulso para escribir sobre la intención. Patanjali se refería a las fuerzas que parecen inexistentes o muertas, y también se refería a la poderosa energía que siente una persona cuando está inspirada. Si te has sentido alguna vez inspirado por un objetivo o una llamada, conocerás la sensación del Espíritu actuando sobre tí. Inspirado equivale a animado interiormente. He pensado mucho sobre la idea de poder acceder a las fuerzas en apariencia durmientes con el fin de que me ayudaran en momentos clave de mi vida a hacer realidad un ardiente deseo íntimo. ¿En qué consisten esas fuerzas? ¿Dónde están situadas? ¿Quién puede emplearlas? ¿A quién se le niega el acceso a ellas? ¿Y por qué? Estas preguntas me han impulsado a investigar y a escribir este libro, después de lo cual he llegado a un perspectiva completamente nueva de la intención.

En estos momentos, mientras escribo sobre mi entusiasmo al comprender una verdad largo tiempo oscurecida, sé que la intención es una fuerza que todos llevamos en nuestro interior. La intención es un campo de energía que fluye de una forma invisible, fuera del alcance de nuestros hábitos normales, cotidianos. Está ahí aun antes de que seamos concebidos. Tenemos los medios de atraer esa energía y experimentar la vida de una forma fascinante, nueva,


¿dónde se encuentra ese campo llamado «intención»?

Algunos destacados investigadores creen que nuestra inteligencia, creatividad e imaginación interactúan con el campo de energía de la intención, no que sean pensamientos o elementos de nuestro cerebro. El genial científico David Bohm apunta en Wholeness and the Implicate Order [La totalidad y el orden implicado] que toda la fuerza y la información ordenadora están presentes en un terreno invisible o realidad superior y que se puede acudir a ellas en momentos de necesidad. He encontrado miles de ejemplos de esta ciase de conclusiones en mis investigaciones y lecturas. Sí al lector le atraen las pruebas científicas, le recomiendo la lectura de The Field: The Quest for the Secret Force of the Universe [El campo: búsqueda de la fuerza secreta del universo], de Lynne McTaggart.

Su libro presenta numerosos estudios que corroboran la existencia de una dimensión de energía más alta y más rápida o campo de la intención al que cualquiera puede conectarse.

La respuesta a dónde está ese campo es la siguiente: no existe ningún lugar en el que no esté, porque en el universo todo lleva una intención intrínseca. Esto se aplica a todas las formas de vida, ya sea un ñu, un rosal o una montaña. Un mosquito tiene un propósito intrínseco en su propia creación y su experiencia vital. Una bellota, que aparentemente no tiene capacidad para pensar ni hacer planes de futuro, contiene la intención del campo invisible. Sí abres la bellota, no verás un enorme alcornoque, pero sabrá:; que está ahí. Una flor de manzano en primavera parece simplemente una florecita preciosa, pero tiene un proposito intrínseco y en verano se manifestará como una manzana. La intención no yerra. La bellota no se transformará en calabaza, ni la flor del manzano en una naranja. Todo aspecto de la naturaleza, sin excepción, tiene una intención intrínseca y, que nosotros sepamos, nada en la naturaleza cuestiona el camino que ha de seguir para hacerla realidad. La naturaleza se limita a desarrollarse armónicamente a partir del campo de la intención. La energía de este campo también dispuso esa intención en nosotros.

Existe lo que algunos llaman el tirón del futuro del ADN, presente en la concepción de todo ser humano. En el momento de la concepción, cuando una gota infinitesimal de protoplasma humano se combina con un óvulo, comienza la vida en su forma física, y ía intención dirige el proceso de crecimiento. La estructura del cuerpo, los rasgos físicos, el desarrollo, incluyendo el envejecimiento, ya están dispuestos en el momento mismo de la concepción. La piel flácida, las arrugas, incluso la muerte: todo está incluido allí. Pero ¿qué ocurre exactamente en el momento de la concepción? ¿Dónde empieza esa vida, nacida de la intención?

Al examinar la danza de la semilla y el óvulo para intentar descubrir su origen, retrocediendo hacia la Creación, al principio encontramos moléculas, después átomos, electrones, partículas atómicas y partículas sub subatómicas. En última instancia, si pusiéramos esas minúsculas partículas subatómicas cuánticas en un acelerador de partículas y las hiciéramos colisionar para intentar dar con la clave del origen de la vida, descubriríamos lo que ya habían descubierto Einstein y sus colegas: que no existe una partícula en la Fuente; las partículas no crean más partículas. La Fuente, que es intención, es energía pura, ilimitada, con unas vibraciones tan rápidas que desafían toda medición y observación. Es invisible, sin forma ni límites. De modo que, en nuestra Fuente, somos energía amorfa, y en ese campo espiritual de la energía, informe y vibrante, reside la intención.

En tono más desenfadado, sé que está ahí, puesto que de alguna forma logró entrar en una gota de esperma y un óvulo y determinar que no me seguirá creciendo el pelo de la cabeza después de los veinticinco años y que a los cincuenta me crecerá en la nariz y las orejas, y que lo único que yo (el observador) puedo hacer es verlo y quitármelo.

El campo de la intención no se puede describir con palabras, porque las palabras emanan de ese campo, al igual que las preguntas. Ese lugar que no ocupa lugar es la intención, que es lo que decide todo por nosotros. Es lo que hace que me crezcan las uñas, que lata mi corazón, que digiera los alimentos, que escriba mis libros, y hace otro tanto para todo y todos en el universo. Y eso me recuerda un antiguo relato chino de Chuang Tzu, que me encanta:

Érase una vez un dragón cojo llamado Huí.

—¿Cómo demonios controlas tantas patas? —le preguntó a un ciempiés—, ¡si yo casi no controlo una!

—Pues la verdad es que no controlo las mías.
Existe un campo, invisible y amorfo, que lo controla todo. La intención de este universo se manifiesta en tropecientas mil fomas en el mundo físico, y cada parte de todos nosotros, incluyendo el alma, los pensamientos, las emociones y, por supuesto, el cuerpo físico que ocupamos, forman parte de esa intención. Entonces, si la intención lo determina todo en el universo y es omnipresente, es decir, que no hay sitio donde no esté, ¿por qué tantos de nosotros nos sentimos desconectados de ella, y con tanta frecuencia? Y algo aún más importante, si la intención lo determina todo, ¿por qué nos falta a tantos de nosotros tanto de lo que nos gustaría tener?
El significado de la intención omnipresente

Imagínate una fuerza que está en todas partes. No hay sitio alguno en el que no esté. No se puede dividir y está presente en todo cuanto ves y tocas. Extiende tu consciencia de este campo infinito de energía hasta más allá del mundo de la forma y los límites. Esta infinita fuerza invisible está en todos lados, tanto en lo tísico como en lo no físico. Tu cuerpo físico forma parte de la totalidad que emana de esa energía. En el momento de la concepción, la intención pone en marcha la forma física que adoptarás y el desarrollo del proceso de crecimiento y de envejecimiento. También pone en marcha los aspectos no físicos, como las emociones, los pensamientos y la forma de ser En este caso, la intención es el potencial infinito que activa tu aparición física y no física sobre la tierra.

De lo omnipresente has pasado a ser presente, en el tiempo y el espacio. Porque es omnipresente, puedes acceder a este campo de la energía de la intención tras tu llegada física a la Tierra. La única manera de desactivar esa fuerza durmiente consiste en convencerte de que estás separado de ella.

Activar la intención significa reintegrarte a tu Fuente y convertirte en un moderno hechicero. Ser hechicero significa alcanzar el nivel de consciencia en el que se pueden conseguir cosas antes inconcebibles. Como explica Carlos Castañeda: «La tarea de los hechiceros consistía en enfrentarse a la infinitud (la intención), y se sumergían en ella a diario, como el pescador se sumerge en el mar», La intención es una fuerza presente en todas partes como campo de energía; no se limita al desarrollo físico. También es el origen del desarrollo no físico. Ese campo de la intención existe aquí y ahora, y puedes acceder a él. Cuando lo actives, empezarás a notar que tu vida tiene un objetivo y te dejarás guiar por tu ser infinito. Así describe un poeta y maestro espiritual lo que yo denomino intención:


Oh, Señor, tú que estás en los bancos de arena

y en medio de la corriente también,

ante ti me inclino.

Tú que estás en los guijarros

y la calma extensión del mar;

ante ti me inclino.

Oh, Señor omnipresente,

que estás en la tierra yerma

y entre las multitudes,

ante ti me inclino,

Sukla Yajur, Veda XVI
Al tiempo que te inclinas simbólicamente ante esa fuerza, reconoce que te estás inclinando ante ti mismo. La energía omnipresente de la intención late en tu interior hacia tu potencial para una vida con sentido.
Cómo llegaste a experimentar la desconexión con la intención

Si existe una fuerza omnipresente de la intención que no está solo dentro de mí sino en todo y en todos, estamos conectados por esa Fuente omnipresente a todo y a todos, así como a lo que nos gustaría ser, lo que nos gustaría tener, a lo que queremos alcanzar y todo lo que nos ayudará en el universo. Lo único que necesitamos es reajustarnos y activar la intención.

Pero, para empezar, ¿cómo nos desconectamos? ¿Cómo perdimos nuestra capacidad natural de conectarnos? Los leones, los peces y las aves no se desconectan. Los mundos animal, vegetal y mineral siempre están conectados a su Fuente. No ponen en entredicho su intención. Los seres humanos, a pesar de nuestra capacidad supuestamente más elevada para las funciones cerebrales, tenemos algo que denominamos el ego, una idea sobre quiénes y qué somos que elaboramos nosotros mismos.

El ego está compuesto de seis elementos primarios que explican cómo sentimos la experiencia de nosotros mismos al estar desconectados. Al permitir que el ego decida el sendero de tu vida, desactivas la fuerza de la intención, A continuación resumo las seis convicciones del ego. En otras obras mías, sobre todo en Tu yo sagrado, tengo escritas más cosas sobre este tema.




  1. Soy lo que tengo. Lo que poseo me define.

  2. Soy lo que hago. Lo que consigo me define.

  3. Soy lo que los demás piensan de mi. Mi reputación me define.

  4. Estoy separado de todos los demás. Mi cuerpo me define como ser único.

  5. Estoy separado de todo lo que me falta en la vida, MÍ espacio vital está desconectado de mis deseos.

  6. Estoy separado de Dios. Mi vida depende de la evaluación de mis méritos por parte de Dios.

Como, por mucho que se intente, no se puede acceder a la intención a través del ego, dedica tiempo a reconocer y reajustar alguna de estas convicciones, o las seis. Cuando se debilite en tu vida la supremacía del ego, podrás buscar la intención y aumentar al máximo tu potencial.


Agarrarse a la correa del trolebús

Es una práctica que me resulta extraordinariamente útil cuando quiero activar la intención. Quizá también te funcione a ti. (Vease el capítulo 3, donde se describen diversas formas de acceder a la intención.)

Uno de mis primeros recuerdos es un día en que mi madre llevó a sus tres hijos en el trolebús desde el este de Detroit hasta Waterworks Park. Yo tenía dos o tres años, y recuerdo que al mirar hacía arriba desde el asiento vi unas correas colgando. Los adultos podían agarrarse a ellas, pero lo único que podía hacer yo era imaginar la sensación de ser lo bastante alto como para agarrarme a esas correas tan por encima de mi cabeza.

Pensé que era lo suficientemente ligero como para flotar y alcanzar las correas colgantes. Después me imaginé seguro mientras el trolebús me llevaba a donde tenía que llegar, a la velocidad que quisiera, e íba recogiendo a otros pasajeros que compartían aquella maravillosa aventura de ír en trolebús.

En la vida adulta, me imagino la correa del trolebús para recordarme que he de volver a la intención. Imagino una correa colgando a más de un metro por encima de mi cabeza, a una altura que no puedo alcanzar con la mano. La correa está unida al trolebús, pero ahora éste simboliza el flujo de la fuerza de la intención, La suelto o está fuera de mi alcance temporalmente. En momentos de tensión, angustia, preocupación o incluso de malestar físico, cierro los ojos y me imagino que subo el brazo y me veo flotando hacía la correa, Al aferrarme a ella tengo una tremenda sensación de alivio y tranquilidad. Lo que he hecho es eliminar pensamientos del ego y dejarme llevar hasta alcanzar la intención, confiando en que esa fuerza me llevará a mi destino, deteniéndose cuando sea necesario y recogiendo a los compañeros de viaje.

En algunas obras mías denomino este proceso el «sendero hacia la maestría». Los cuatro senderos pueden resultarte útiles como pasos para activar la intención.


Cuatro pasos hacia la intención

Activar la fuerza de la intención es un proceso que consiste en conectar con tu ser natural y deshacerte de la identificación del ego. El proceso se desarrolla en cuatro etapas:




  1. La disciplina es la primera etapa. Aprender una nueva tarea requiere entrenar el cuerpo para que actúe como lo desean tus pensamientos. Por eso, eliminar la identificación del ego no significa desconectarte de la relación con tu cuerpo, sino entrenarlo para activar esos deseos. Se consigue con práctica, ejercicio, hábitos saludables, comida sana, etcétera.




  1. La sabiduría es la segunda etapa. La sabiduría combinada con la disciplina fomenta tu capacidad para centrarte y tener paciencia a medida que armonizas tus pensamientos, tu intelecto y tus sentimientos con el trabajo de tu cuerpo. Cuando mandamos los niños al colegio les decimos: «Sed disciplinados», «Pensad con la cabeza», y a eso lo llamamos educación, pero con eso no se alcanza la maestría.



  1. El amor es la tercera etapa. Tras disciplinar el cuerpo con la sabiduría y estudiar intelectualmente una tarea, este proceso de maestría supone amar lo que haces y hacer lo que amas, En el mundo del comercio, yo lo denomino enamorarse de lo que ofreces y vender tu amor o entusiasmo a potenciales clientes. Cuando se aprende a jugar al tenis, hay que practicar todos los golpes mientras se estudian las estrategias del juego. También supone disfrutar la sensación de golpear la pelota, de estar en la cancha y todo lo demás relacionado con el juego.




  1. La entrega es la cuarta etapa. Ese es el lugar de la intención. Aquí es donde tu cuerpo y tu mente no llevan la batuta y te aproximas a la intención, «En el universo hay una fuerza inconmensurable, indescriptible, que los chamanes llaman "propósito", y absolutamente todo lo que existe en el cosmos está unido a! propósito por un vínculo de conexión.» Así lo describe Carlos Castañeda. Te relajas, te agarras a la correa del trolebús y te dejas llevar por la misma fuerza que transforma las bellotas en árboles, las flores en frutos y unos puntitos microscópicos en seres humanos. Agárrate a esa correa del trolebús y crea tu propio vínculo de conexión. Ese «absolutamente todo en el cosmos» os incluye a ti y a tu ser disciplinado, sabio y amante, y todos tus pensamientos y sentimientos. Cuando te entregas, te iluminas y puedes consultar a tu alma infinita. Entonces puedes acceder a la fuerza de la intención, que te llevará a donde crees que estás destinado a llegar.

Todas estas reflexiones sobre la intención y la entrega quizá te lleven a plantearte dónde tiene cabida el libre albedrío. Quizá llegues a la conclusión de que no existe el libre albedrío o que te transformas en lo que diere tu programa. Así que examinemos la voluntad y veamos cómo encaja en esta nueva perspectiva de la intención. Y te ruego que mientras lees las dos secciones siguientes mantengas una actitud abierta, incluso sí lo que lees está reñido con lo que has creído toda la vida.


La intención y tu libre albedrío son paradójicos

Una paradoja es una exposición aparentemente absurda o contradictoria, aun si está bien fundamentada. No cabe duda de que la intención y el libre albedrío entran en la categoría de las paradojas, Están reñidos con muchas ideas preconcebidas sobre lo que es razonable o posible. ¿Cómo puedes tener libre albedrío mientras la intención da forma a tu cuerpo y a tu potencial?

Puedes fusionar esta dicotomía si decides creer en la infinitud de la intención y en tu capacidad para ejercer el libre albedrío. Sabes pensar racionalmente sobre las reglas de la causa y el efecto; pon a trabajar tu intelecto en eso.

Evidentemente, es imposible tener dos infinitos, porque ninguno de los dos sería infinito; cada uno estaría limitado por el otro. El infinito no se puede dividir en dos. En esencia, el infinito es unidad, continuidad, unicidad, como el aire que respiras en tu casa. ¿Dónde acaba el aire de tu cocina y empieza el del salón? ¿Dónde acaba el aire de tu casa y comienza el del exterior? ¿Y el aire que inspiras y espiras? El aire quizá sea lo que más nos ayude a comprender el Espíritu infinito, universal, omnipresente. Debes recorrer con el pensamiento el camino desde la idea de la existencia individual hasta la idea de una unidad del ser universal, y a continuación llegar a la idea de una energía universal. Cuando piensas en una parece de un ser completo en un sitio y otra parte en otro sitio, pierdes la noción de la unidad. Y (manteniendo una actitud abierta, como te rogaba antes), debes comprender lo siguiente: en cualquier momento, todo el Espíritu se concentra en el punto en el que fijas tu atención. Por consiguiente, puedes consolidar toda la energía creativa en un momento dado. Ese es tu libre albedrío en pleno funcionamiento.

Tu mente y tus pensamientos son también los pensamientos de la mente divina. El Espíritu universal está en tus pensamientos y en tu libre albedrío. Cuando trasladas tus pensamientos del Espíritu al ego, parece como si perdieras contacto con la fuerza de la intención. Tu libre albedrío puede avanzar con el Espíritu universal y su despliegue o alejarse de él, hacia el dominio del ego. Al alejarse del Espíritu, la vida parece una lucha. Por tí fluyen energías más lentas, y quizá te sientas desamparado, abatido, perdido. Puedes acudir a tu libre albedrío para unirte de nuevo con las energías más altas, más rápidas. La verdad es que no creamos nada solos; todos somos criaturas con Dios. Nuestro libre albedrío combina y redistribuye lo que ya ha sido creado. ¡Tú eliges! El libre albedrío significa que puedes elegir entre conectarte con el Espíritu o no conectarte.

De modo que la respuesta a las siguientes preguntas; «¿Tengo libre albedrío?» y «¿Actúa en mí la intención como una fuerza universal omnipresente?» es «sí». ¿Eres capaz de vivir con esta paradoja? Si te paras a pensar, vives con la paradoja cada momento de tu existencia. Desde el momento en que eres un cuerpo con principio y fin, con límites, y una definición en el tiempo y el espacio, eres también un ser invisible, amorfo, ilimitado, que piensa y siente. Una máquina con vida propia, por así decirlo. ¿Qué eres? ¿Materia o esencia? ¿Eres físico o metafísíco? ¿Forma o espíritu? La respuesta es ambas cosas, aunque parezcan opuestas.

¿Tienes libre albedrío y formas parte del destino de la intención? Sí. Fusiona la dicotomía. Mezcla los opuestos, y vive con ambas creencias. Inicia el proceso de dejar que el Espíritu actúe en ti y vincúlate al campo de la intención.

En la intención, el Espíritu trabajará por ti


Cuando con el libre albedrío decides conscientemente volver a conectarte a la fuerza de la intención, cambias su dirección. Empezarás a reconocer y venerar la unidad del Espíritu y tú como una concentración individual de esa fuerza. Yo repito en silencio la palabra «intención» o «propósito» para que me ayude a librarme del ego y estar centrado en mí mismo. Pienso con frecuencia en estas frases de La fuerza del silencio de Castañeda: «Al haber perdido la esperanza de volver a la fuente de todo, el hombre medio busca consuelo en su egoísmo». Personalmente, intento volver a la fuente dé todo día tras día, y me niego a ser el «hombre medío» del que habla Castañeda.

Hace muchos años decidí dejar de beber alcohol. Quería estar sobrio para mejorar mi capacidad de realizar la tarea que parecía quemarme por dentro. Sentía la llamada de enseñar la confianza en uno mismo con mis escritos y mis discursos. Varios maestros me habían dicho que el prerrequisito para la tarea que estaba llamado a realizar era la sobriedad absoluta. En las primeras etapas de este drástico cambio de mi vida me pareció que me ayudaba una fuerza cuando sentía la tentación de volver a la antigua costumbre de tomarme unas cervezas todas las noches. En una ocasión, todavía indeciso, salí a comprar una caja de seis botellas pero se me olvidó el dinero, algo que jamás se me olvida.

Durante los pocos minutos que tardé en regresar a casa a recoger el dinero, volví a evaluar el libre albedrío que me permitiría comprar cerveza y decidí aferrarme a mi intención. Tras las primeras semanas descubrí que empezaba a ocurrir esa clase de acontecimientos con frecuencia. Me dejé orientar por las circunstancias que me alejaban de las situaciones en las que podía sentir la tentación de beber. Una llamada telefónica podía distraerme de una de esas situaciones de tentación, o estallaba una pequeña crisis familiar que me disuadía de un potencial desliz. Hoy, tras dos décadas, veo con claridad que aferrarme con firmeza a esa correa del trolebús que he descrito anteriormente me permite recorrer rápidamente el sendero hasta los destinos invocados hace millones de años por la intención. Y también veo que mi libre albedrío es un paradójico compañero de la fuerza de la intención.

Tener conciencia de la intención como una fuerza a la que volver a conectarme, en lugar de algo que debe conseguir mi ego, ha supuesto un enorme cambio en la obra de mí vida.

El simple hecho de tener conciencia de que mis escritos y mis discursos se manifiestan desde el campo de ia intención me ha reportado beneficios inconmensurables. No siento sino respeto por la energía creativa cuando me libro de la presunción y de la identificación con el ego. Antes de coger el micrófono, mando el ego al vestíbulo o le digo que tome asiento entre el público. Repito la palabra «propósito» para mis adentros y me parece estar flotando hacia ese campo de la energía de la intención. Me entrego y me dejo llevar, y me encuentro totalmente a gusto; recuerdo pequeños detalles en medio del discurso, jamás pierdo el hilo y experimento un contacto especial con el público. El cansancio se desvanece, desaparece el hambre.., ¡e incluso la necesidad de hacer pis! Todo lo necesario para transmitir el mensaje parece accesible, casi sin esfuerzo.
Combinar el libre albedrío con la intención

En geometría, dos ángulos que coinciden encajan perfectamente. La palabra «coincidencia» no se refiere a la suerte ni los errores, sino a lo que encaja perfectamente. Al combinar el libre albedrío con la intención, armonizas con la mente universal. En lugar de funcionar en tu propia mente fuera de esa fuerza llamada intención, bien puede ocurrir que, mientras lees este libro, intentes que ese objetivo empiece a armonizar con la intención en toda ocasión. Cuando parece que la vida va en tu contra, cuando pasas una racha de mala suerte, cuando aparecen los personajes que no deberían o cuando metes la pata y vuelves a viejas costumbres de autorrechazo, reconoce las señales de que no estás en armonía con la intención. Puedes volver a conectarte y lo harás de una forma que te alinee con tu propósito.

Por ejemplo, cuando escribo me abro a las posibilidades de colaboración del Espíritu universal, de mis pensamientos individuales y del destino para producir un libro útil, lleno de ideas. Pero al volver a examinar cómo dejé el alcohol, quería poner otro ejemplo en este capítulo para explicar cómo colabora la intención con las circunstancias déla vida para producir lo que necesitamos.

Mi hija Sommer, de diecinueve años, me dijo que había dejado su trabajo temporal en un restaurante y que no estaba segura de lo que quería hacer antes de reanudar sus estudios. Le pregunté qué le hacía sentirse más decidida y feliz, y me dijo que enseñar a montar a caballo a niños pequeñas, pero que no quería volver a las cuadras en las que había trabajado un año antes porque pensaba que no la valoraban, que trabajaba demasiado y le pagaban poco.

Yo estaba en Maui escribiendo este primer capítulo sobre una nueva perspectiva de la intención cuando mantuvimos esta conversación por teléfono.

Le solté mi rollo de la intención como fuerza del universo y le dije que debía reestructurar sus pensamientos y tal y cual. «Ábrete a la posibilidad de recibir la ayuda que deseas —le dije—. Confía en la intención. Existe para ti. Mantente alerta y dispuesta a aceptar cualquier orientación que se te presente. Vibra en armonía con la Fuente omniproveedora.»

Al día siguiente, en el mismo momento en que estaba buscando el otro ejemplo de la intención para incluirlo en este capítulo, sonó el teléfono, y era Sommer, desbordante de entusiasmo. «No te lo vas a creer, papá. O pensándolo bien, sí te lo vas a creer. ¿Te acuerdas de que ayer me dijiste que estuviera abierta a la intención? Yo me sentí escéptica, incluso pensaba: "Ya está papá con sus cosas raras", pero decidí intentarlo. Entonces vi un anuncio en un poste de teléfonos que decía; "Clases de equitación", con un número de teléfono. Lo apunté y llamé. La señora que contestó me dijo que quería contratar a alguien de confianza para entrenar a niños pequeños. Me paga justo el doble de lo que ganaba en el restaurante. Voy a verla mañana, ¿A que es guay?»

¿Guay? ¡Desde luego que es guay! Allí estaba yo escribiendo un libro, buscando un buen ejemplo, y se presenta bajo la forma de ayuda que intentaba ofrecerle a mi hija el día anterior ¡Maté dos pájaros de un tiro!


Fusionar tus pensamientos individuales con la mente universal

Nuestros pensamientos individuales crean un prototipo en la mente universal de la intención. Tú y tu fuerza de intención no estáis separados. Así, cuando formas un pensamiento en tu interior acorde con el Espíritu, formas un prototipo espiritual que te conecta con la intención y pone en marcha la manifestación de tus deseos. Los deseos que quieras cumplir son hechos existentes, ya presentes en el Espíritu. Elimina de tu mente todo pensamiento de condiciones, limitaciones o la posibilidad de que no se manifiesten. Si lo dejas tranquilo en tu mente y en la mente de la intención al mismo tiempo, germinará en la realidad del mundo físico.



En palabras más sencillas: 'Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y vendrá» (Marcos, 11, 24). Esta cita bíblica nos dice que creamos que nuestros deseos ya se han cumplido y se cumplirán. Has de saber que tu pensamiento u oración ya está aquí. Disipa toda duda para que puedas crear un pensamiento armonioso con la mente o intención universal. Cuando lo sabes sin que te quepa ninguna duda, se hará realidad en el futuro. Así es la fuerza de la intención en funcionamiento.
Voy a concluir esta sección con unas palabras de Aldous Huxley, uno de mis escritores preferidos: «El viaje espiritual no consiste en llegar a un nuevo destino en el que una persona obtiene lo que no tenía, o se convierte en lo que no es. Consiste en la disipación de la propia ignorancia sobre el ser y la vida de cada cual, y en el gradual aumento de esa comprensión que inicia el despertar espiritual. Encontrar a Dios es llegar al propio ser».
En este primer capítulo te he pedido que dejes de dudar de la existencia de una fuerza universal y omnipresente que yo denomino “intención», y te he dicho que puedes vincularte a ella y ser transportado hasta tu destino con la energía de la intención. He aquí mis sugerencias para que pongas todo esto en funcionamiento en tu vida.
Cinco consejos para poner en práctica las ideas de este capítulo


  1. Siempre que te sientas mal; perdido, o incluso de un humor de perros, visualiza la correa del trolebús colgando del campo de la intención a más de un metro por encima de tu cabeza. Imagina que flotas, asciendes y dejas que el trolebús te lleve hasta tu intención intrínseca. Es una herramienta para poner en práctica la entrega en tu vida.

  2. Repite la palabra intención o propósito cuando te sientas angustiado o cuando te dé la impresión de que todo lo que te rodea se ha puesto de acuerdo para evitar que cumplas tu misión. Es un recordatorio de que debes de mantenerte en calma, tranquilo. La intención es espíritu, y el espíritu es silenciosamente gozoso.

  3. Di para tus adentros que tienes una misión que cumplir en la vida y un compañero silencioso accesible en cualquier momento que quieras Cuando el ego te define por lo que cienes o lo que haces, o cuando te compara con los demás, aplica tu capacidad de libre albedrío para eliminar esos pensamientos. Debes decirte: «Estoy aquí a propósito, puedo conseguir cualquier cosa que desee, y lo hago estando en armonía con la omnipresente fuerza creadora del universo». Se convertirá en tu respuesta automática a la vida. Empezarán a producirse resultados sincrónicos.

  4. Actúa como si cualquier cosa que desees ya estuviera aquí. Convéncete de que cuanto buscas ya lo has recibido, que existe en espíritu, y ten la certeza de que tus deseos se cumplirán.

Uno de mis diez secretos para alcanzar el éxito y la paz interior consiste en tratarte a ti mismo como si ya fueras la persona que te gustaría ser.

  1. Copia este antiguo dicho del hasidismo y llévalo a todas partes durante un año. Es un recordatorio de la fuerza de la intención y de cómo puede ayudarte todos los días en todos los sentidos.

Cuando caminas por el campo con la mente pura y santa, de todas las piedras, de todos los seres que crecen y de todos los animales saltan las chispas de su alma y se adhieren a ti, y entonces se purifican y se convienen en fuego sagrado en ti.


En el siguiente capítulo describo cómo podría presentársete el campo de la intención si fueras capaz de verlo y de ver las siete caras de la intención. Finalizaré el capítulo con otra cita del maestro de Carlos Castañeda, don Juan: «el espíritu se revela a todos con la misma intensidad y la misma coherencia, pero sólo los guerreros están adaptados coherentemente a tales revelaciones».

Lectores y guerreros, avanzad con el espíritu del libre albedrío para acceder a la fuerza de la intención.




  1. Las siete caras de la intención


Ni cuatro mil libros de metafísica podrían enseñarnos qué es el alma.

Voltaire
De pensar en la intención a conocer la intención

Ayer, mientras escribía este libro aquí, en Maui, experimenté un saber que voy a intentar explicar. Una mujer japonesa llegó hasta la orilla arrastrada por el oleaje, su cuerpo hinchado por el agua del mar que había tragado. Me arrodillé ante ella, con otras personas, para tratar de que recuperase el ritmo cardíaco con reanimación cardiopulmonar, mientras sus amigos japoneses gritaban angustiados al ver lo vano de nuestros esfuerzos. De repente noté la calmada consciencia del espíritu de aquella mujer flotando sobre nuestras tentativas por salvarla. Mientras observaba aquella escena en la playa, noté la presencia de una energía sosegada, tranquila, y, sin saber por qué, comprendí que no iba a reanimarse y que ya no estaba conectada al cuerpo que tantas personas bien intencionadas, incluyéndome a mí, estaban intentando devolver a la vida.

Este sosegado saber hizo que me levantara, juntara las manos y rezara en silencio una oración por ella.

Éramos de distintas partes del mundo y ni siquiera hablábamos el mismo idioma, y sin embargo me sentía conectado a ella. Me sentía en paz, con la certeza de que su espíritu y el mío estaban conectados de algún modo en el misterio de la naturaleza pasajera y efímera de nuestra vida física,

Mientras me alejaba de allí, mis pensamientos no estaban dominados por el dolor de la muerte. Por el contrario, sabía y sentía que la partida del espíritu de aquella mujer, de aquel cuerpo sin vida, hinchado, formaba parte inexplicablemente de un orden divino perfecto. No podía demostrarlo. No tenía pruebas científicas. No lo pensaba; lo sabía. Este es un ejemplo de lo que quiero decir con el saber silencioso. Aún noto la presencia de esa mujer mientras escribo esto, al cabo de veinticuatro horas. En La fuerza del silencio, Carlos Castañeda describe el saber silencioso como «algo que tenemos todos, algo que posee absoluto dominio, absoluto conocimiento de todo, Pero no puede pensar, y por consiguiente no puede hablar de lo que sabe... El hombre ha renunciado al saber silencioso en favor del mundo de la razón. Cuanto más se aferra al mundo de la razón, más efímero es el propósito».

Como la intención se presenta en este libro como un campo de energía invisible inherente a toda forma física, pertenece, por lo tanto, al mundo inexplicable, inmaterial, del Espíritu. El Espíritu escapa a nuestros esfuerzos por explicarlo y definirlo, porque es una dimensión ajena a principios y fines, ajena a los límites, ajena a los símbolos y ajena a la forma misma. Por consiguiente, las palabras habladas y escritas, los símbolos para comunicar nuestras experiencias en este mundo, no pueden explicar reamente el Espíritu como explican el mundo físico.

Estoy de acuerdo con la frase de Voltaire del principio de este capítulo y estoy dispuesto a reconocer que no puedo enseñarle con autoridad a nadie qué es el espíritu ni trazar con palabras un cuadro preciso de cómo es. Lo que sí puedo hacer es describir mi forma de conceptuafizar la intención. Si fuera posible descorrer el velo que oculta el campo de la intención a la percepción sensorial y la mente racional. Expondré mi concepto de lo que denomino las siete caras de la intención». Estos puntos representan cómo me imagino yo el aspecto de la fuerza de la intención.

Creo que la intención es algo que podemos sentir y conocer, que podemos conectarnos con ella y confiar en ella. Es una conciencia interior que notamos explícitamente, pero que al mismo tiempo no podemos describir con palabras. Empleo este concepto para orientarme en el camino hacia la fuerza de la intención que es la fuente de la creación y para activarla en mi vida cotidiana.

Espero que también tú empieces a reconocer lo que necesitas personalmente para empezar a activar la intención en tu vida. Las siguientes descripciones salen de mi experiencia con maestros, mi trabajo profesional con otras personas durante los últimos treinta anos, de toda una biblioteca de metafísica que he leído y estudiado y de mi evolución personal. Voy a intentar transmitir mi saber personal sobre los extraordinarios beneficios que reporta vincularse a la intención. Confío en que te inspire el saber silencioso de la fuerza de la intención y que sigas creando una experiencia cada día más mágica, para tí y para cuantas personas haya en tu vida.

El saber silencioso comienza cuando invitas a la fuerza de la intención a representar un papel activo en tu vida. Se trata de una elección privada y muy personal que no hay que explicar ni defender. Cuando tomas esta decisión íntima, el saber pasará gradualmente a formar parte de tu conciencia normal, cotidiana. Al abrirte a la fuerza de la intención empiezas a saber, a conocer que la concepción, el nacimiento y la muerte son aspectos naturales del campo de energía de la creación. Es ínútíl intentar pensar o razonar una forma de llegar a la intención. Si destierras tus dudas y confías en tus intuiciones, dejarás espacio para que fluya la fuerza de la intención. Puede parecer un galimatías, pero yo prefiero considerarlo de otra manera: vaciar la mente y penetrar en el misterio. En este sentido, dejo a un lado los pensamientos racionales y me abro a la magia y la excitación de una conciencia nueva, iluminadora.

J. Krishnamurti, uno de los grandes maestros que me han influido, comentó en una ocasión: «Estar vacío, completamente vacío, no es nada a lo que hayas de temer. Es absolutamente imprescindible que la mente esté desocupada, que no se le imponga nada, que esté vacía, porque solo entonces puede trasladarse a profundidades desconocidas».

Deja este libro unos momentos y empieza a confiar y a experimentar tranquilamente la conciencia de tu ser no físico; déjate llevar. En primer lugar, cierra los ojos y vacía tu mente de pensamientos racionales, aleja ese guirigay que te ronda. A continuación, pulsa la tecla de borrar cada vez que te surja la duda. Por último, ábrete al vacío. Entonces empezarás a descubrir cómo conocer silenciosamente la fuerza de la intención. (En el siguiente capítulo profundizaré en otros métodos para acceder a la intención y volver a conectarse a ella.)



Pero a continuación voy a describir lo que creo que podríamos ver si saliéramos de nosotros mismos, si flotáramos por encima de nuestro cuerpo, como el espíritu de la señora japonesa de la playa. Desde esa perspectiva me imagino mirando las caras de la intención con ojos capaces de ver vibraciones más altas.
Las siete caras de la intención


  1. La cara de la creatividad. La primera de las siete caras de la intención es la expresión creativa de la fuerza de la intención que nos proyectó, nos trajo aquí y creó un entorno compatible con nuestras necesidades. La fuerza de la intención tiene que ser creativa, porque en otro caso nada nacería, A mí me parece una verdad irrefutable sobre el espíritu/intención, porque su propósito consiste en dar la vida en un entorno adecuado, ¿Por qué he llegado a la conclusión de que la fuerza de la intención, que da la vida, dispone que tengamos vida y que la tengamos con una abundancia creciente? Porque, si fuera al contrario, no podría adquirir forma la vida tal y como la conocemos.

El hecho mismo de que podamos respirar y experimentar la vida, para mí es prueba suficiente de que la naturaleza del Espíritu que da la vida es creativo en su núcleo mismo. Puede parecer evidente, o por el contrario, confuso o incluso irrelevante. Pero hay una cosa clara: que estás aquí en tu cuerpo físico, y que en su momento eras un embrión, y antes una semilla, y antes de eso, energía amorfa. Esa energía amorfa contenía la intención, que te trajo de ninguna parte a aquí y ahora. En los niveles más elevados de la conciencia, la intención te inició en el sendero hacia tu destino. La cara de la creatividad te dispone hacía una continua creatividad para que crees y contribuyas a crear cualquier cosa sobre la que dirijas tu fuerza de la intención. La energía creativa forma parte de tí; se origina en el Espíritu dador de vida que te disporte.


  1. La cara de la bondad. Cualquier fuerza a cuya naturaleza sea inherente la necesidad de crear y convertir la energía en una forma física ha de ser bondadosa. También en esta ocasión lo deduzco de lo contrario. Si en el corazón mismo de la fuerza de la intención, que todo lo da, se albergara el deseo de no ser bondadosa, de ser malévola o perjudicial, la creación resultaría imposible. En el momento en que una energía no bondadosa adquiriese forma, se destruiría el Espíritu que da la vida. Pero la fuerza de la intención tiene una cara bondadosa. Es energía bondadosa con la intención de que lo que está creando florezca y crezca, y que sea feliz y plena. Decidir ser bondadoso es decidir activar en tu vida la fuerza de la intención. Diversas investigaciones han demostrado el efecto positivo de la bondad sobre el sistema inmunológico y el aumento de la producción de serotonina en el cerebro. La serotonina es una sustancia que se produce de forma natural en el cuerpo y que nos hace sentir más tranquilos, cómodos e incluso felices.

En realidad, la función de la mayoría de los antidepresivos consiste en estimular la producción química de serotonina para ayudar a aliviar la depresión. Las investigaciones han demostrado que un simple acto de bondad hacia otra persona mejora el funcionamiento del sistema inmunológico y estimula la producción de serotonina en quien recibe y en quien realiza ese acto bondadoso. Aún más sorprendente es que las personas que son testigos de ese acto obtengan parecidos beneficios. Imagínate lo que supone: que prodigar, recibir o ser testigo de la bondad influyen beneficiosamente en la salud y los sentimientos de quienes participan en ese acto, con el rostro sonriente de la bondad y de la creatividad. Cuando no eres bondadoso, tapas la cara de la bondad y te apartas de la fuerza de la intención. Ya la llames Dios, Espíritu, Fuente o intención, ten presente que los pensamientos no bondadosos debilitan tu conexión y que los pensamientos bondadosos la fortalecen. La creatividad y la bondad son dos de las siete caras de la intención,


  1. La cara del amor La tercera de las siete caras de la intención es la del amor Hemos de llegar a la irrefutable conclusión de que existe una naturaleza que otorga la vida inherente a la fuerza de la intención, ¿Cómo llamar a esta cualidad que fomenta, amplía y apoya toda la vida sino amor? Es la fuerza impulsora primordial del Espíritu universal de la intención. Como lo expresó Ralph Waldo Emerson: «El amor es la palabra más elevada y sinónimo de Dios». El campo energético de la intención es puro amor que desemboca en un entorno vigorizante y de absoluta cooperación.

En él no se desarrollan la censura, el odio, la ira, el temor ni los prejuicios. Por eso, sí fuéramos capaces de ver realmente ese campo, veríamos creatividad y bondad en un campo infinito de amor. Entramos en el mundo físico de los límites y los comienzos a través del campo de fuerza universal del puro amor. Esta cara de la intención que es una expresión de amor solo desea que crezcamos y prosperemos, que nos convirtamos en todo lo que somos capaces de convertirnos. Cuando no nos encontramos en armonía con la energía del amor nos alejamos de la intención y se debilita nuestra capacidad para activarla mediante la expresión del amor. Por ejemplo, si no haces lo que amas ni amas lo que haces, tu fuerza de intención se debilita y atraes a tu vida más insatisfacción, algo que no forma parte de la cara del amor. En consecuencia, en tu vida aparecerán más elementos que no amas.

Pensamientos y emociones son pura energía, unas más altas y rápidas que otras.

Cuando las energías más altas ocupan el mismo campo que las más bajas, estas últimas se transforman en energías más altas. Un ejemplo sencillo consistiría en una habitación oscura que tiene una energía más baja que una habitación inundada de luz. Como la luz se mueve con mayor rapidez que la no luz, cuando se enciende una vela en una habitación oscura no solo desaparece y se disuelve la oscuridad, sino que parece transformarse en luz como por arte de magia. Lo mismo se puede decir del amor, que es una energía más alta y más rápida que el odio. En su conocida oración, San Francisco implora a Dios: «Donde existe el odio, deja que siembre el amor». Lo que está buscando es la fuerza para disolver el odio y convertirlo en la energía del amor El odio se convierte en amor cuando la energía del amor está en su presencia. Lo mismo puede decirse de todos nosotros. El odio, dirigido hacia ti mismo o hacia otros, puede convertirse en la fuerza de la intención que concede y garantiza la vida. Así lo expresaba Pierre Teilhard de Chardin: «La conclusión es siempre la misma: el amor es la energía más poderosa del mundo, y también la más desconocida»,


  1. La cara de la belleza. La cuarta cara de la intención que yo propongo es la belleza. ¿Qué otra cosa podría ser una expresión creativa, bondadosa y amante sino bella? ¿Por qué iba a decidir la inteligencia organizadora de la intención manifestarse de una forma que le repugnara? Por supuesto, no lo hace. De modo que podemos llegar a la conclusión de que la naturaleza de la intención tiene una interacción eterna de amor y belleza, y añádela expresión de la belleza a la cara de la fuerza de la intención creativa, bondadosa y amante.

El genial poeta romántico John Keats concluye así su «Oda a una urna griega»: «La belleza es verdad, la verdad belleza. Es cuanto sabéis en la tierra, y cuanto necesitáis saber». Evidentemente, la verdad existe en la creación de todo. Es la verdad que se muestra aquí bajo cierta forma. Está aquí bajo una forma que es expresión del invisible poder creador. Por eso coincido con Keats en que tenemos que saber silenciosamente que la verdad y la belleza son una y la misma cosa. De la verdad del espíritu creador en una expresión de la fuerza de la intención surge la verdad como belleza. Este saber lleva a ideas valiosas para ejercitar la voluntad, la imaginación y la intuición individuales.

Para comprender la importancia de la belleza como una de las caras de la intención, hay que recordar lo siguiente: los pensamientos bellos construyen un alma bella.

Al hacerte receptivo a ver y sentir la belleza que te rodea, sintonizas con la fuerza creadora de la intención que existe en el interior de todo el mundo natural, en el que tú estás incluido.

Al decidir ver belleza en todo, incluso una persona nacida en la pobreza y la ignorancia podrá experimentar la fuerza de la intención.

Al buscar la belleza en las peores circunstancias posibles con un propósito individual nos conectamos con la fuerza de la intención. Y funciona. Tiene que funcionar. La cara de la belleza siempre está presente, incluso donde los demás no ven belleza.

Me sentí muy honrado de participar en un debate con Viktor Frankl en 1978, en Viena. Recuerdo con toda claridad que compartió conmigo y con el público su idea de que es ía capacidad de ver la belleza en todas las circunstancias lo que da significado a la vida. En su libro El hombre en busca de sentido* (Trad. cast, Herder, Barcelona, 2001.)describe el cuenco de agua sucia con una cabeza de pescado flotando que le daban sus carceleros nazis en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Se acostumbró a ver belleza en esa comida, en lugar de centrarse en el horror que le producía. Consideraba su capacidad para ver belleza en todas partes un factor vital para sobrevivir en aquellos campos espeluznantes. Viene a recordarnos que si nos centramos en lo feo, atraemos más fealdad a nuestros pensamientos, a nuestras emociones y en última instancia a nuestra vida. Al decidir aferramos a nuestra pequeña parcela de libertad incluso en las peores situaciones podemos procesar nuestro mundo con la energía del reconocimiento y la belleza, y crear la oportunidad de trascender nuestras circunstancias.

Me encanta la respuesta de la madre Teresa de Calcuta cuando le preguntaron sobre esta cualidad: «¿Qué hace todos los días en las calles de Calcuta para cumplir su misión?». Ella contestó: «Todos los días veo a Jesucristo con todos sus angustiosos disfraces».


  1. La cara de la expansión. La naturaleza elemental de la vida consiste en encontrar continuamente más expresión. Si pudiéramos fijarnos de verdad en las caras déla intención, nos quedaríamos pasmados. Supongo que una de las caras que veríamos sería la expresión en continua expansión de la fuerza de la intención. La naturaleza de este espíritu creativo funciona continuamente con el fin de expandirse. El espíritu es una fuerza de formación. Posee el principio del incremento, es decir, que la vida sigue expandiéndose para originar más vida. La vida tal y como la conocemos tiene su origen en la intención amorfa.

Por consiguiente, uno de los rostros de la intención es el de algo en eterna evolución. Puede parecer una minúscula partícula en un estado de continua repetición y después de ampliación, que a continuación avanza, siempre expandiéndose y mostrándose. Eso es precisamente Io que ocurre en nuestro mundo físico. Esta quinta cara de la intención adquiere la forma de lo que la expresa. No puede ser de otra manera, porque, si su fuerza, que no deja de expandirse, no se gustara a sí misma o se sintiera desconectada, solo podría autodestruirse. Pero no funciona así. La fuerza de la intención se manifiesta como expresión de la creatividad, la bondad, la belleza y el amor en expansión. Al establecer tu relación personal con esta cara de la intención expandes tu vida por mediación de la fuerza de la intención, que era, es y siempre será un elemento de esta intención creadora. La fuerza de la intención es la que te permite expandir y aumentar todos los aspectos de tu vida, sin excepciones. Está en la naturaleza misma de la intención el estado de expresión continua y aumentada, y lo mismo puede aplicarse a todos nosotros.

La única condición para este movimiento hacia delante consiste en colaborar con él en todas partes y dejar que ese espíritu se exprese a través de ti, por ti y por cuantas personas te encuentres. Entonces dejarás de sentir angustia y preocupación. Confía en la cara de la expansión y haz lo que haces porque amas lo que haces y haces lo que amas. Has de saber que esos resultados expansivos y beneficiosos son las únicas posibilidades.




  1. La cara de la abundancia ilimitada. La sexta cara de la intención es la expresión de algo que no conoce límites, que está en todas partes al mismo tiempo y es infinitamente abundante. No se trata sólo de que sea enorme, sino de que no cesa jamás. Tú fuiste creado con este prodigioso don. Por eso tú también io compartes en la expresión de tu vida. Estás cumpliendo la ley de la abundancia. Estos dones se te conceden libremente y a manos llenas, como se te proporcionan el aire, el sol, el agua y la atmósfera con una abundancia ilimitada.

Probablemente te enseñaron en la infancia a pensar con limitaciones. «Lo mío empieza aquí/Lo tuyo está ahí.» Así construimos barreras para señalar nuestras fronteras. Pero los exploradores de la Antigüedad nos hicieron tomar conciencia de que el mundo es potencialmente infinito. Incluso los astrónomos más antiguos cambiaron la idea de un inmenso techo en forma de bóveda que cubría la Tierra. Conocemos la existencia de galaxias cuya distancia se mide en años luz.

Los libros científicos publicados hace sólo dos años ya se han quedado anticuados. Las marcas de los deportistas que supuestamente demostraron los límites de nuestras proezas físicas se superan cada dos por tres.

Lo que significa esto es que no existen límites para nuestro potencial como personas, como entidades colectivas y como individuos. En gran medida es así porque emanamos de la abundancia ilimitada de la intención. Si la cara de la fuerza de la intención es una abundancia ilimitada, sabemos que lo mismo ocurre con nuestro potencial para manifestar y atraer cualquier cosa a nuestra vida. La cara de la abundancia no tiene límite alguno. Imagínate la inmensidad de los recursos a partir de los cuales son creados todos los objetos. Después reflexiona sobre el recurso que destaca por encima de todos los demás: tu mente y la mente colectiva de la humanidad. ¿Dónde empieza y dónde termina tu mente? ¿Cuáles son sus límites? ¿Dónde está situada? Y más importante aún, ¿dónde no está situada? ¿Nace contigo o existe antes de que seas concebido? ¿Muere contigo? ¿De qué color es? ¿Qué forma tiene? Todas las respuestas están contenidas en dos palabras: abundancia ilimitada. Tú fuiste creado por esa ilimitada abundancia.

La fuerza de la intención está en todas partes, y es la que permite que todo se manifieste, aumente y provea infinitamente.

Has de saber que estás conectado con esa fuerza vital y que la compartes con todos y con todo lo que, según percibes, te falta. Ábrete a la expresión de la cara de la abundancia ilimitada y así contribuirás a crear tu vida como te gustaría que fuera. Como ocurre tantas veces, los poetas son capaces de expresar con unas cuantas palabras lo que a nosotros nos resulta tan difícil comprender. He aquí lo que nos dice Walt Whitman en «Canto a mí mismo». Al leer este poema, sustituye Dios por la cara de la abundancia infinita para hacerte una idea de lo que es la fuerza de la intención.
Oigo y contemplo a Dios en todo objeto, mas a Dios no comprendo... .

Veo algo de Dios cada hora de las veinticuatro y a cada momento, en fin,

en las caras de hombres y mujeres veo a Dios,

y en mi cara ante el espejo.

Encuentro cartas de Dios en la calle,

todas con la firma de Dios,

y las dejo donde están tiradas, pues sé

que allí a donde vaya

llegarán otras puntual y eternamente.

No hay que comprenderlo intelectualmente. Basta con saber silenciosamente y continuar viviendo con la conciencia de esta cara de la abundancia interminable.




  1. La cara de la receptividad. Así imagino yo la séptima cara, la cara receptiva de la intención. Sencillamente, es receptiva a todo. No rechaza ni a nadie ni nada. Acoge a todos y a todo ser viviente, sin enjuiciar nada, sin conceder la fuerza de la intención a algunos mientras que se la niega a otros. Para mí, la cara receptiva de la intención significa que la naturaleza entera está a la espera de entrar en acción. Sólo se necesita estar dispuestos a reconocer y recibir. La intención no puede responderte si tú no logras reconocerla. Si ves que la casualidad y la coincidencia rigen tu vida, la mente universal de la intención no te parecerá sino una amalgama de fuerzas carentes de orden y poder.

En términos más sencillos, no ser receptivo significa negarte a tí mismo el acceso a la fuerza de la intención. Para utilizar la receptividad global de la intención has de producir en tu interior una inteligencia que iguale en afinidad a la mente universal. No solo debes ser receptivo a la orientación que se te ofrece para manifestar tus intenciones humanas, sino ser receptivo a devolver esa energía al mundo. Como he dicho tantas veces en mis discursos y en mis libros anteriores, tu tarea no consiste en decir cómo sino en decir sí: «Sí, estoy dispuesto. Sí, sé que la fuerza de la intención es universal. No se le niega a nadie». El rostro de la receptividad me sonríe, ya que lo que necesito fluye desde la Fuente hasta mí, y la Fuente es receptiva a que me conecte a ella para contribuir a crear libros, discursos, vídeos, audios y todas las demás cosas qué he tenido la suerte de añadir a mi curriculum. Al ser receptivo estoy en armonía con la fuerza de la intención, de la fuerza creativa universal, algo que funciona de muy diversas maneras. Verás que en tu vida aparecen como por arte de magia las personas adecuadas, que tu cuerpo se cura, y, si es algo que deseas, incluso descubrirás que bailas mejor, que juegas mejor a las cartas o que se te dan mejor los deportes. El campo de la intención permite que todo adquiera forma y su potencial ilimitado se incorpora a cuanto se ha manifestado incluso antes de que se expresaran los primeros dolores del parto.
En este capítulo he hablado de mi concepto de las siete caras de la intención. Son la creatividad, la bondad, el amor, la belleza, la expansión, la abundancia infinita y la receptividad hacia todo y todos podemos conectarnos con este seductor campo de la intención. A continuación presento cinco sugerencias para poner en práctica los mensajes esenciales de este capítulo,
Cinco consejos para poner en práctica las ideas de este capítulo


  1. Visualiza la fuerza de la intención. Invita a tu visualización del campo de la energía, que es la fuerza de la intención, a que aparezca en tu mente. Sé receptivo a lo que aparece mientras visualizas tu concepto de este campo de energía. Aun sabiendo que es invisible, cierra los ojos y ve las imágenes que recibes. Recita las siete palabras que representan las siete caras de la intención: creatividad, bondad, amor, belleza, expansión, abundancia y receptividad. Memoriza esas siete palabras y sírvete de ellas para armonizar con la fuerza de la intención mientras la visualizas. Recuerda que cuando te sientes o te comportas en contradicción con las siete caras de la intención te desconectas de la fuerza de la intención. Deja que las siete palabras decoren tu visualización de la fuerza de la intención y notarás un cambio de perspectiva en cuanto recuperes la conexión con ella,




  1. Refleja. Un espejo refleja sin distorsiones ni enjuiciamientos. Imagínate como un espejo y refleja lo que llega a tu vida sin juicios de valor ni opiniones. Mantente independiente de cuantos lleguen a tu vída, no exigiendo que se queden, se vayan o aparezcan a tu antojo. Desiste de juzgarte a ti misino y a los demás por ser demasiado gordo, demasiado alto, demasiado rico.., demasiado lo que sea. Si la fuerza de la intención te acepta y te refleja sin juicios ni compromisos, intenta tú ser igual con lo que aparece en tu vída. Sé como un espejo.




  1. Espera la belleza. Esta sugerencia supone que esperes la llegada a tu vida de la bondad y el amor junto con la belleza amando profundamente, a ti mismo y lo que te rodea, y mostrando veneración por la vida entera. Siempre hay algo bello que puedes experimentar, estés donde estés. Mira a tu alrededor en este mismo momento y elige la belleza como centro, algo que es completamente distinto de la atención que normalmente prestas a tantas maneras de sentirte herido, enfadado u ofendido. Esperar la belleza te ayuda a percibir la fuerza de la intención en tu vida. .

  2. Medita sobre la valoración. Aprecia la energía que compartes con todos los seres vivos ahora y en el futuro, e incluso con los que han existido antes que tú. Siente la oleada de esa fuerza vital que te permite pensar, dormir, moverte, digerir e incluso meditar. La fuerza de la intención responde a la estima que le demuestras. La fuerza vital que existe en tu cuerpo es clave para lo que deseas. Al estimar tu fuerza vital como representación de la fuerza de la intención te recorre una oleada de decisión y saber. La sabiduría de tu alma al responder a tu meditación sobre la estima asume el mando y sabe qué pasos hay que dar,




  1. Disipa la duda. Cuando se disipa la duda, florece la abundancia y todo es posible. Todos tendemos a utilizar nuestros pensamientos para crear el mundo que elegimos. Si dudas de tu capacidad para crear la vida que te propones rechazas la fuerza de la intención. Incluso cuando nada parece indicar que estés logrando lo que deseas en tu vida, niégate a albergar dudas. Recuerda que la correa del trolebús de la intención te está esperando para que flotes y te dejes llevar. En palabras de Shakespeare: «Las dudas son traidoras y nos hacen perder el bien que podríamos obtener por el temor a intentarlo». Y Ra mana Maharshi observa lo siguiente: «Las dudas surgen debido a la falta de entrega». Muy bien podría suceder que decidieras dudar de lo que te dicen los demás o de lo que experimentas con tus sentidos, pero debes disipar las dudas cuando se trata de saber que hay una fuerza universal de la intención que te proyectó y te trajo aquí. No dudes de que fuiste creado de un campo de energía al que siempre tienes acceso.

En el siguiente capítulo expondré unos métodos, que quizá parezcan un tanto insólitos, para perfeccionar el vínculo de conexión entre la persona y ese fascinante campo de energía que llamamos «intención».


3. Conectarse a la intención


La ley de la flotación no se descubrió contemplando el hundimiento de las cosas, sino la flotación de las cosas que lo hacen de forma natural e indagando inteligentemente en por qué ocurre así.

THOMAS TROWARD
Examinemos esta observación de Thomas Troward, famoso psiquiatra de principios del siglo XX. En los primeros tiempos de la construcción naval, los barcos se hacían de madera, con el argumento de que la madera flota en el agua y el hierro se hunde. Hoy en día, todos los barcos del mundo son de hierro. A medida que fue estudiándose la ley de la flotación se descubrió que cualquier cosa puede flotar siempre y cuando sea más ligera que la masa de líquido que desplaza. Y hoy en día podemos hacer que flote el hierro por la misma ley que hace que se hunda. Ten en cuenta este ejemplo mientras lees y aplicas el contenido de este capítulo sobre la conexión a cuanto fue dispuesto que fueras.

La palabra clave es contemplar, es decir, dónde sitúas tus pensamientos cuando empiezas a utilizar el enorme potencial y la fuerza de la intención. Tienes que ser capaz de conectarte a la intención y no puedes acceder a la intención y trabajar con ella si lo que prevés es la imposibilidad de tener un propósito y manifestarte. No puedes descubrir la ley de la contribución a la creación si contemplas lo que no está presente. No puedes descubrir la fuerza del despertar sí estás contemplando lo que aún está dormido. El secreto de manifestar cualquier cosa que desees consiste en tu disposición y capacidad para realinearte de modo que tu mundo interior armonice con la fuerza de la intención. Cada avance de este mundo moderno que ves, que te parece normal y corriente, fue creado (y precisamente es lo que hacemos en este libro, crear) por alguien que contemplaba lo que tenía intención de manifestar.

La forma de establecer una relación con el Espíritu y de acceder a este principio creativo consiste en contemplar que te rodean las condiciones que deseas producir. Te aconsejo que realces esta idea subrayando la frase anterior en el libro que tienes entre las manos y en tu mente. Reflexiona sobre la idea de una fuerza infinita, suprema, que produce los resultados que tú deseas. Esta fuerza es la fuerza creativa del universo, responsable de que todo empiece a definirse. Al confiar en que proporcione la forma y las condiciones para su manifestación, estableces una relación con la intención que te permite seguir conectado durante todo el tiempo que practiques esta clase de propósito personal.

Los hermanos Wright no contemplaban las cosas quietas en el suelo. Alexander Graham Bell no contemplaba la no comunicación de las cosas, como Thomas Edison no contemplaba la oscuridad de las cosas. Para que una idea salga a flote en tu realidad, tienes que estar dispuesto a dar un salto mortal para llegar a lo inconcebible y caer de pie, contemplando lo que deseas en lugar de lo que no tienes. Entonces tus deseos empezarán a salir a flote, no a hundirse. La ley de la manifestación es como la de la flotación, y debes contemplarla como si estuviera funcionando para ti en lugar de considerar que no funciona. Esto se consigue estableciendo un fuerte vínculo de conexión entre el campo de la energía, invisible e informe, la fuerza de la intención y tú.


Entrar en el Espíritu de la intención

Cuanto te propongas crear en tu vida supone generar la misma cualidad dadora de vida gracias a la cual existe todo. Si el espíritu que hay en todo, la cualidad que le permite llegar al mundo de la forma, es aplicable como principio general, ¿por qué no activarlo en tu interior? La fuerza de la intención simplemente está a la espera de que seas capaz de establecerla conexión.

Ya hemos dicho que la intención no es una sustancia material con cualidades físicas que se puedan cuantificar. Pongamos un ejemplo, el de los pintores. Sus creaciones no están simplemente en función de la calidad de la pintura, los pinceles, los lienzos ni de cualesquiera otras combinaciones de materiales que empleen. Para comprender la creación de una obra maestra hay que tener en cuenta los pensamientos y los sentimientos del pintor. Tenemos que conocer el movimiento de la mente creativa del pintor, entrar en ella, para comprender el proceso creativo. El pintor crea algo de la nada. Sin los pensamientos y los sentimientos del pintor no existiría el arte. Es su mente creativa en contemplación lo que se vincula con la intención para dar lugar a lo que llamamos creación artística. Así es como actuó la fuerza de la intención para crearte, a alguien nuevo, único, a alguien salido de la nada. Reproducir esto en ti mismo significa encontrarte con el impulso creativo y saber que la fuerza de la intención se está poniendo en contacto para hacer realidad lo que siente, y que se está expresando como tú.

Lo que sientes está en función de cómo piensas, lo que contemplas y cómo se formula tu discurso interior. Sí pudieras meterte en la sensación de la fuerza de la intención notarías que aumenta continuamente y que confía en sí misma porque es una fuerza formativa tan infalible que nunca falla. El movimiento hacia delante del Espíritu es algo dado.

La fuerza de la intención ansía expresiones de vida más completas, al igual que los sentimientos del pintor se revelan en una expresión más completa de sus ideas y pensamientos. Los sentimientos son las claves de tu destino y tu potencial, en busca de la expresión completa de la vida a través de tí.

¿Cómo entrar en el espíritu de la intención, de los sentimientos que expresan la vida? Puedes alimentarlo con la continua expectativa de la infalible ley espiritual de que el incremento forma parte de tu vida. Lo hemos visto en la capacidad imaginaria de ver vibraciones más altas y lo hemos oído con la voz que le han prestado los maestros espirituales en el transcurso de los siglos. Está por todas partes, y quiere expresar la vida. Es el amor puro en acción. Tiene confianza, ¿Y sabes una cosa? Pues que tú eres ese espíritu, pero se te ha olvidado. Simplemente tienes que basarte en tu capacidad para confiar tranquilamente en que el Espíritu se exprese a través de y por ti. Tu tarea consiste en contemplar las energías de la vida, el amor, la belleza y la amabilidad. Cada acción que esté en armonía con este principio creador de la intención da expresión a tu propia fuerza de la intención.




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