El nihilismo


EL NIHILISMO SIN FUNDAMENTOS DE MAX STIRNER Sólo una cosa no es yana: la perfección sensual del instante



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EL NIHILISMO SIN FUNDAMENTOS DE MAX STIRNER
Sólo una cosa no es yana: la perfección sensual del instante.



La primera auténtica teorización de una posición filosófica que puede ser definida como nihilismo, aunque en ausencia del uso explícito del concepto, aparece con Max Stirner. Su obra capital El único y su propiedad (Der Eínzige und seín Eígentum, 1844) es la expresión más rabiosa y corrosiva del radicalismo de izquierda, nacido como reacción al hegelianismo. Propugnando las razones de una revuelta anárquicolibertaria llevada al extremo, Stirner se arroja contra toda tentativa de asignar a la vida del individuo un sentido que la trascienda y que pretenda representar sus exigencias, necesidades, derechos e incluso su imagen. Y llama “el Unico” a la indefinible entidad que yo mismo soy, así como en esos años Kierkegaard —también contra Hegel— la llama “el Individual”.
Príncipe de los iconoclastas modernos, Stirner intenta desmontar todo sistema filosófico, toda abstracción, toda idea —Dios, pero también el Espíritu de Hegel o el Hombre de Feuerbach— que se arrogue para sí la imposible tarea de expresar la “indecibilidad” del Unico. Sabe que éste no es objeto de pensamiento y no tolera usurpadores de su mahenable derecho a autodeterminarse. En tal sentido, en el inicio de su
-obra Stirner pone a modo de emblema la tesis que rige toda la auto- afirmación especulativa del Unico: “Yo no he fundado mi causa sobre la nada”. No “sobre la nada” (auf das Nichts), sino precisamente “sobre nada” (a uf nich ts). Ello significa que el nihilismo que se obtiene a partir de aquí no se basa sobre una afirmación filosófica de la nada, sino que es simplemente la negación y el rechazo de todo fundamento que trascienda la existencia originaria e irrepetible del individuo.
Es éste el motivo conductor de toda la obra, del inicio al fin. Ella p1eza con la perentoria declaración de la inexpropiable unicidad del ;tU1ico:
:
Dios y la humanidad han fundado su ¿ausa sobre nada, sobre ninguna otra cosa que sí mismos. Del mismo modo, yo fundo pues

El nihilismo nihilismo sin fundamentos de Maz Stirner

mi causa sobre mí mismo, yo que, igual que Dios, soy la nada de todo otro, yo que soy mi todo, yo que soy el único. [...} Yo no soy nada en el sentido de la vaciedad, sino la nada creadora, la nada de la cual yo mismo, en cuanto creador, creo todo. (Stirner, 1972: 5)
Y después de haber fatigado este motivo a través de páginas y páginas, la obra se cierra con el categórico rechazo de cualquier deber, misión O ideal en el cual el Unico se identifique, esto es, se anule a sí mismo en cuanto único. Hasta el punto de rechazar cualquier nombre que pretenda ser su “nombre propio”:
Se dice de Dios: “Ningún nombre puede nombrarte”. Esto vale para mí: ningún concepto me manifiesta, nada de cuanto se indica como mi esencia me satisface: son sólo nombres. [...] Propietario de mi poder soy ,yo mismo, y lo soy en el momento en el cual só ser tmnico. En el Unico el propietario mismo vuelve a entrar en su nada creadora, de la cual ha nacido. Todo ser superior a mí mismo, sea Dios o el hombre, debilita el sentimiento de mi unicidad y empalidece apenas reluce el sol de esta conciencia mía. Si yo fundo mi causa sobre mí, el Unico, ella se apoya sobre el efímero, mortal creador de sí que a sí mismo se consume, y yo puedo decir: he fundado mi causa sobre nada. (Stirner, 1972: 412)
El tenor blasfemo del rechazo stirneriano de todo fundamento resulta claro si se considera que la expresión “Yo no he fundado mi causa sobre nada” fue introducida por Goethe en la poesía “Vanjtas! Vanitatum vanitas!”, invirtiendo el título de un canto eclesiástico de Johannes Pa- pus (1549-1610) que recita: “Yo he confiado mi causa a Dios” (Ich hab’ mein’ Sach’ Gott heimgestellt).
Retomando a Goethe pero ignorando a Stirner, pocos años después también Schopenhauer incide sobre este motivo, contribuyendo a posicionar históricamente la tesis de Stirner. En los “Aforismos sobre la sabiduría de la vida”, publicados en 1851, con gran éxito de público, en Parerga y Paralipomena, escribe:
El tan popular Lied de Goethe: “Ich hab’ mein’ Sach’ auf nichts gestellt” significa propiamente que sólo cuando el hombre haya abandonado todas sus pretensiones y haya sido reconducido a una existencia desnuda y despojada, podrá participar de aquella tranquilidad de espíritu que constituye el fundamento de la felicidad humana. (Schopenhauer, 1972: V, 443)
Pero el resultado último al que en su pensamiento nómada arriba Stirner queda esbozado en una carta sobre la cual ha llamado la atención Carl Schmitt:

Su pulsión última la expresa en una carta en la cual dice: nos volveremos entonces como los animales del bosque y las flores del campo. Esta es la verdadera nostalgia de este obsesionado del yo. Esto es el nuevo paraíso. Éstos, la naturaleza y el derecho natural, la eliminación de la autoalienación y del autoextrañamiento en una corporeidad sin problemas La felicidad adánica del Jardín de las delicias, que Hieronymus Bosch ha arrojado en blanca desnudez sobre la mesa. Mas se os unen los animales del bosque y las flores del campo. El vuelo de los mosquitos al rayo del sol. La naturaleza del todo natural y el derecho natural de las esferas más profundas de la existencia telúrica. El gorjeo completamente despreocupado de la urraca ladrona de Rossini. La pura identidad consigo mismo, en el sentido de felicidad de una circulación sanguínea beatamente acelerada. (Schmitt, 1950: 82)


Si en su orgulloso aislamiento el Único ya no puede tener puntos de apoyo para este retorno a la naturaleza, ellos están en las dos únicas ‘verdades que reconoce: “mi potencia” y “el espléndido egoísmo de las eatrellas”. Una profesión de fe muy contagiosa, que excitó los ánimos y gucit6 de inmediato reacciones escandalizadas. No por casualidad en la Ideología alemana Marx y Engels dedicaron al Unico una crítica de más de trescientas páginas. Pero la excentricidad y la marginación del
• ator hicieron que el morbo anárquico-individualista quedase aislado »çr el momento. Pocos decenios después -.digamos pues: de ahí en adeflte— se difundiría de manera rápida e imparable. Sólo a posteriori, fltonces, ha encontrado Stírner un espacio y un sitio en la historia del :hilismo.

Capítulo sexto






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