El misterio de los orígenes



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150 Cfr. Natalia LÓPEZ MORATALLA, Origen monogenista y unidad del género humano, cit., 205-241. CASCIARO, MONFORTE, o. c, 445 (con bibliografía) y más adelante en éste estudio 2c.-

151 En todo este apartado se resume y glosa –junto con otras aportaciones que aquí se aducen, coherentes con ella– la reflexión filosófica sobre este tema de los cursos de L. POLO. Véase especialmente en su luminoso ensayo, Etica. Hacia una versión moderna de los temas clásicos, Madrid, 1996, 24–66 y passim. Recientemente se ha celebrado un congreso internacional sobre la filosofía de Leonardo POLO. Sus voluminosas actas, que recogen notables estudiosos de ambos lados del Atlántico, han sido publicadas por Anuario Filosófico, 1996 (Universidad de Navarra).

152 Hay otras hipótesis de especiación instantánea o simpática", que se fundan, no tanto en la mutación de la dotación genética, como en la diversa organización de la misma. Es decir, en los llamados "cromosomas". En individuos de similar dotación genética, pero organizada de distinta manera –con distintos cromosomas– no hay interfecundidad. (Nuestra dotación genética y la del chimpancé –por ejemplo– es casi por entero la misma, pero muy distintos los respectivos cromosomas). El único criterio científico de especiación, es, por eso, de interfecundidad, no la mayor o menor afinidad ce caracteres genéticos. Cf. L. POLO, o.c., 28.

153 Hace 1.500 millones de años aparecen las primeras células con núcleo. Los mamíferos aparecen hace unos 200 millones de años. Los prosimios hace unos 50 millones; los póngidos, animales que tienen una dotación genética muy parecida a la nuestra, hace aproximadamente 30 millones de años. No es nuestro tema. Aquí nos interesan las implicaciones o consecuencias filosóficas y teológicas de los datos más firmes de experiencia científica.

154 La generalidad de los paleontólogos y biólogos moleculares consideran como verdaderos hombres a las especies “homo” del proceso de hominización, que se extinguieron más adelante. Por ejemplo, la ilustre bióloga Natalia LÓPEZ MORATALLA (Origen monogenista, cit. 240), que defiende el modelo de dispersión de África, cree probable que la primera pareja humana tendría la morfología del homo habilis hace casi dos millones de años, y se fue humanizando progresivamente.

“La especie humana no se ha dividido en especies diferentes, debido a que los mecanismos de cambio evolutivo, que conducen a un aislamiento reproductor, como es el caso de la selección natural, tienen muy poca <> en los hombres. (...) Todos los hombres actuales procedemos de esa población moderna que hace 150.000 años salió de África, hacia Asia y Europa, sustituyendo o en ocasiones mezclándose con los componentes de las poblaciones humanas con aspecto corporal más primitivo, y que milenios atrás ocuparon esos mismos territorios. (...) La biología humana, bien diferente de la animal, ha hecho posible que cada hombre pueda alcanzar una especificidad individual, que se hace única, con una singularidad irrepetible que es la expresión biológica de la singularidad de la llamada a la existencia por parte de Dios a cada hombre engendrado a lo largo de la Historia por los hijos de Adán y Eva”.

No parece probable esta hipótesis -plenamente respetuosa con el dato revelado- por las razones que exponemos en el texto, que propone con gran acierto, a mi juicio, Leonardo Polo.


155 X. ZUBIRI habla de una progresiva independencia del medio y control específico sobre él en la escala ascendente de la vida, según 3 habitudes, modos diversos de habérselas con respecto al medio vital : nutrición –vegetal–, sentir (estimulico), –animales–, e inteligencia –el hombre– (estímulos reales) por el que se enfrenta a la realidad (como "de suyo"), actualizada en la inteligencia sentiente (por impresión de realidad). Cf., p. ej., Sobre el origen del hombre, cit.; Sobre el hombre, 1986, 57 ss. J. FERRER ARELLANO, Evolución de la teoría de la respectividad en el pensamiento personalista de Zubiri, en Anuario Filosófico 1997, fasc. 2. Cf. nota 5.

156 TOMÁS DE AQUINO, S. Th., I, 91,3. ARISTÓTELES, Acerca del alma, I, 431 b. L. POLO insiste en el significado filosófico de la relación cerebro–bipedismo–manos–técnica, que hace posible la humanización. Todo este apartado es un resumen –en buena parte con sus propias palabras– de sus brillantes y acertadas ideas sobre nuestro tema.

157 GEHLEN, A., Der Mensch. Seine Natur und seine Stellung in der Welt, 1940. (Versión española, El hombre, Sígueme, Salamanca 1980).

158 El lenguaje tiene que ver con las manos y el cerebro. He aquí por qué la boca humana es como es para permitir la articulación de voces y de esa manera la discriminación de sentidos verbales.

159 Durante los años 70 y principios de los 80 se ha tenido por seguro que estos primeros homínidos compartieron con Homo sapiens una etapa de desarrollo de duración similar. Sin embargo, las investigaciones sobre el crecimiento y desarrollo de los dientes han dado un giro radical a esta cuestión. Estas han permitido concluir que todas las especies de Australopithecus y Homo habilis tuvieron un período de desarrollo notablemente más corto que el nuestro, similar en duración al de los gorilas y chimpancés. La evolución del género Homo en los dos últimos millones de años, por tanto, ha venido marcada por la adquisición de los rasgos que configuran nuestro peculiar desarrollo. Así, la aparición de la niñez, una etapa ausente en el desarrollo de gorilas y chimpancés, probablemente tuvo lugar hace algo más de 1,6 millones de años.

Los homínidos de hace 1,5 millones de años probablemente alcanzaban el estado adulto alrededor de los once o doce años, sin sufrir el fuerte estirón puberal que nos caracteriza.

Los homínidos recuperados en el yacimiento de Gran Dolina, en la Sierra de Atapuerca, de una antigüedad mínima de ochocientos mil años, pertenecen a diferentes individuos, algunos de los cuales murieron antes de alcanzar el estado adulto. Estos restos fósiles ofrecen información relevante sobre su desarrollo dental, lo que muy posiblemente permitirá llegar a conocer algunos aspectos de la biología del desarrollo de las especies de homínidos antecesoras del Homo sapiens, que es parecida a la de los hombres propiamente dichos, y aprender algo más sobre nosotros mismos. (Cfr. J. M. Bermúdez de Castro en su informe a la prensa, con ocasión de la concesión del premio "Príncipe de Asturias" de 1997 a los investigadores del yacimiento de Atapuerca).


160 J. L. ARSUAGA, El collar de neandertal. En busca de los primeros pensadores, Madrid 1999.

161 Cf. Capítulo anterior, apartado primero.

162 Para todo este apartado, Cfr. Allan C. WILSON y Rebeca L. CANN, Origen africano reciente de la humanidad, “Investigación y ciencia”, n. 189-1992, 8-13. M. DELGADO, El origen del hombre, en Palabra, Mayo 1966, 6–8–73, de quien tomo estos datos. En cuanto al "homo antecesor" de Atapuerca, se trata claramente de una especie extinguida de homínidos prehumanos, según el A.

163 J. LEJEUNE, Sur le mecanismes de la spéciation, Comptes rendus des scéances de la Societé de Biologie, 1975, t. 169, 828. Cfr. LÓPEZ MORATALLA, Origen monogenista, cit, 227.

164 Según LUIGI LUCA CAVALLI SFORZA, profesor de genética en la Universidad de Stanford: "genes, pueblos y lenguas se han diversificado a la par, a lo largo de una serie de movimientos migratorios que, según todos los indicios, comenzaron en Africa y se propagaron, a través de Asia, por Europa, el Nuevo Mundo y el Pacífico". Hablando de la teoría de la Eva africana, escribe: "el grupo de Allan C. WILSON construyó un árbol genealógico que indicaba que era en Africa donde el ADN humano mitocondrial había evolucionada durante un período de tiempo más largo, y que podía seguirse su pista hasta una sola mujer africana que vivió hace unos 150.000 ó 200.000 años.

Sin embargo, algunas conclusiones siguen levantando controversia. Aunque los paleontólogos aceptan que el género Homo apareció en Africa hace unos 2'5 millones de años y que las pruebas fósiles del anatómicamente moderno H. Sapiens se datan en sólo hace unos 100.000 años, en Africa o aledaños, no todos aceptan la teoría africana.

Abundan las revelaciones privadas que no favorecen en nada esas teorías (por ejemplo Sta. Ludovina, S. Alonso Rodríguez, Ana Catalina Emmerich, y –ya en nuestros días– María Valtorta). Rechazan con frecuencia la evolución en lo que al hombre se refiere (salvo en sentido "dispositivo" preparatorio en la intención del Autor de la naturaleza “quae non procedit per saltus”, que antecede temporalmente al orto de la humanidad en Adán-, –por una progresiva emergencia de homínidos prehumanos hasta la aparición del hombre Adán de una intervención creadora especial de Dios–. Dios habría creado directamente al hombre entero sin contar con una materia orgánica preexistente animal de más o menos parecido morfológico –en cuerpo y alma– y la mujer a partir del varón, según la literalidad bíblica (hipótesis (2) de las antes reseñadas). Presentan a la primera pareja envuelta en un manto de luz –por la gracia transfigurante– y hacen notar un gran parecido a Jesús y María, nuevo Adán y nueva Eva. ¿Podrían ser –en la hipótesis de su autenticidad– meros cuadros simbólicos: o reflejan, quizá de alguna manera, lo realmente acontecido? Todo es opinable, en este ámbito como en el de los datos científicos, que no autorizan, sino a formular hipótesis más o menos plausibles y siempre cambiantes. Lo que de hecho sucedió, en detalle, sólo Dios lo sabe. No es bueno pontificar en estos temas.

Lo más razonable es atenerse sobriamente a los datos ciertos de la interpretación magisterial de la Escritura, e investigar –el que se sienta vocacionalmente impulsado a ello– sin apasionamientos dogmatizantes o fundamentalistas. (Teilhard da la impresión de entender la evolución como el dogma fundamental desde el cual todo debe ser comprendido). Los libros sapienciales (cfr. Prov, 25,24; Sir. 3, 22) vedan, por lo demás, una inquisición curiosa e inmoderada de los misterios ocultos (como los que afectan al alfa y al omega de la vida humana, o a la posibilidad de otros mundos habitados, etc.).



165 Cfr. Natalia LÓPEZ MORATALLA, Origen monogenista y unidad del género humano: reconocimiento mutuo y aislamiento procreador, en “Scripta Theologica” XXXII (2000) 205-24.

166 Ian TATTERSALL, De África ¿una... y otra vez?, “Investigación y ciencia” n. 249, junio 1997, 28. Cfr. N. LÓPEZ MORATALLA, Origen monogenista, cit.

167 ANTONIO MILLÁN PUELLES acentúa la irrealidad objetiva y la extiende a los proyectos. Véase su libro Teoría del objeto puro, Rialp, Madrid 1990.

168 Cf. J. FERRER ARELLANO, Fundamento ontológico de la persona, cit. L. Polo considera la persona como coexistencia, asimétrica al ser de la metafísica (la antropología es –según él– de otro orden). El método del abandono del límite mental, en sus diversas dimensiones, aboca a ese planteamiento, que no sigo. Yo defino la persona como “distinctum subsistens respectivum”, en cuanto no puede constituirse ni desplegarse –ni es concebible– sino en la alteridad (desde, con y para otros), y ello en virtud del respecto constituyente de total dependencia de su ser y de su obrar a Dios, su Creador y Salvador, que es uno y único, pero no un solitario, sino una familia en alteridad temporal. Cfr. Mi Metafísica de la relación y de la alteridad, cit.

169 F. J. AYALA, una autoridad mundial en evolucionismo, (Cfr, La evolución del hombre, en “Ciencia y sociedad”, Madrid 1998, 246 ss.), argumenta, desde su personal condición de no-creyente, que las normas de la moralidad no son productos de la evolución biológica, sino de la cultural; emergen como consecuencia de las tradiciones sociales y religiosas. Estas emergen del libre comportamiento del hombre en sociedad (“animal político”, que precisa de los demás hombres y de las tradiciones culturales de su entorno convivencial para existir y realizarse como hombre) constitutivamente religado a su Creador.

170 Cfr. Antonio RUIZ RETEGUI, La pluralidad humana, “Annales Theologici”, vol. 11, 1997, 67-109. N. LÓPEZ MORATALLA, Origen monogenista, cit., 229 ss.

171 Cfr. J. FERRER ARELLANO, Dios Padre, origen de la vida trinitaria, como fuente ejemplar y meta de la maternidad de María y de la Iglesia, “Eph. Mar. 49 (1999) 53-125. Un resumen puede verse en Actas del XX Simposio Int. De Teol. De 1999. Pamplona, 324-342

172 CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Pedagogo, I, 6.

173 Ese es el error de fondo de las actuales cristologías no calcedonianas de abajo arriba, inspiradas en un teilhardismo mal comprendido: en la evolución ascendente y universal desde el átomo hasta Cristo. (Puede verse su exposición crítica en J. FERRER ARELLANO, Sobre el saber humano de Jesucristo. Análisis crítico de las nuevas tendencias. Actas del XVII Simposio de Teología de la Universidad de Navarra de 1997).

174 S. Th. III, 33,3. Cf. Ch. JOURNET, Introducción a la Teología, cit. 138.

175 S. Th. III, qu. 34, a. 1, ad 1.

176 Sobre este tema he escrito un amplio estudio: La doble misión conjunta del Verbo y del Espíritu comoIncarnatio in fieri”, en “Ephemérides Mariologicae”, 1998, Nov.

Dios ha dejado una huella de su ser trinitario en la obra de sus manos, no sólo en el hombre -única criatura (con el ángel) querida por sí misma, hecha a su imagen y partícipe de su espiritualidad-, sino también en el universo de la materia en lo “infinitamente pequeño” de su estructura atómica. Se ha descubierto la presencia en él de tres partículas que han sido llamadas “quarcs”. Tienen estas la particularidad de ser distintas, iguales entre sí e inseparables, y su carga total es equivalente a una unidad, a la manera de pálido reflejo de su origen, en “Aquél que es”, uno y único, en tres Personas distintas.

En cuanto a la imagen de Dios en el hombre es especialemente conocida la analogía que toma como punto de partida para la explicación teológica de la Trinidad, la trinidad de potencias del alma, que desde S. Agustín, tanto ha influído en la Teología latina. Se ha señalado también como “marca” de su origen trinitario, la antropología bíblica que distingue la triple dimensión constituyente del hombre, basar, nepthes y ruah, equivalente a la triple dimensión del hombre -soma (sarx), psyché, pneuma- propia de la teología de San Pablo. Hay otras analogías tomadas de la dimensión comunional constitutiva del hombre, que refleja -y toma como norma de su expresión en la vida comunitaria- la Familia Trinitaria que es Dios “uno y único”, pero no solitario. De este tema me ocupo en “Metafísica de la relación y de la alteridad”, cit, Anexo II.

Algunos mariólogos han creído descubrir, además, una huella, en la estructura atómica del universo de la materia, de la la peculiar relación de la Trinidad con la Inmaculada (presente, “inde ab initio” en la mente de Dios, en cuanto predestinada a ser madre del Verbo encarnado, e indisociablemente vinculada a Él en su ser y en su obrar salvífico), en la relación bipolar del núcleo de cada átomo, –de estructura ternaria, como decíamos–, con un complemento de bipolaridad opuesta, el electrón, que asegura el equilibrio y estabilidad de la materia (como –en el orden antroplógico– ocurre con la unidualidad complementaria varón-mujer). Se trataría, claro está, de analogías de proporcionalidad impropia o metafórica pero de gran valor significativo para determinados espíritus científicos abiertos a la Trascendencia y sensibles al Espíritu.



177 S. AGUSTÍN, Tract. 26 in Ioann., sub fine. La tradición medieval se complace llamar a María “Consummatio synanogae”. Sto. Tomás la llama “mater et figura synanogae” (de Israel). Todo Israel se recoge y condensa en su persona (la “Hija de Sión” mesiánica). Comienza con ella el tiempo mesiánico; el tiempo de la Iglesia hasta la consumación final de la historia de la salvación. La maternidad de María se extiende, pues, de Abel al último de los elegidos. Cfr. I. de la POTTERIE, María en el misterio de la alianza, cit. 24 ss.



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