El misterio de los orígenes



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114 Cfr. L. E. ORGEL, Origen de la vida sobre la tierra, “Investigación y ciencia”, n. 270, 1999, 7-37; J. HORGAN, Tendencias en evolución, Ibid, n. 175, 1991, 80-90. M. ARTIGAS presenta un breve resumen de las diversas teorías en Desarrollos recientes, cit. (Scr. Th. 2000, 246 ss).

115 J. MADDOX, Lo que queda por descubrir. (Una incursión en los problemas aún no resueltos por la ciencia, desde el origen de la vida hasta el futuro de la humanidad), Madrid 1999.

116 J. MADDOX, Lo que queda por descubrir, cit., hace una incursión en los problemas aún no resueltos por la ciencia, desde el origen de la vida hasta el futuro de la humanidad. El cometido de la ciencia –según el A.– sería más formular preguntas naturalmente inteligentes, que dar respuestas. Todo descubrimiento científico presenta nuevos interrogantes. Así, Popper ha podido escribir que “el antiguo ideal científico de la episteme –de un conocimiento absolutamente seguro y demostrable– ha demostrado ser un ídolo. La petición de objetividad científica hace inevitable que todo enunciado científico sea <
>: sin duda, cabe corroborarlo, pero toda corroboración es relativa a otros enunciados que son, a su vez, provisionales. Su finalidad consiste en descubrir siempre problemas nuevos, más profundos y más generales, y de sujetar nuestras respuestas (siempre provisonales) a constrastaciones constantemente renovadas y cada vez más rigurosas”.

“Todavía no se le ve el final proceso de investigación. Los problemas sún no resueltos son gigantescos. Mantendrán ocupados a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos durante siglos, y tal vez hasta el final de los tiempos”.



117 Cf. P. C. LANDUCCI, o.c., 6.

118 C. TRESMONTANT, El problema, cit., o.c. 96 ss, expone con gran claridad y rigor la emergencia de la "nuevo" en la vida, que puede descubrirse en la más elemental bacteria. Basta, para argumentar filosóficamente como hace Tresmontant, con la observación vulgar de los fenómenos vitales que constituyen el punto de partida de la filosofía de la naturaleza de Aristóteles y de la Escolástica medieval a la del siglo de oro o del barroco español. Las teorías actuales de la evolución no hacen más que confirmar aquellas reflexiones y reforzar el punto de partida experimental que impone –velis nolis– la inferencia de Dios Creador, que suscita y dirige el proceso evolutivo.

119 Un sabio tan poco sospechoso de "idealismo" o de "espiritualismo" como el soviético A. Oparine es del parecer de que las leyes biológicas son, en la Cosmogénesis, leyes nuevas que no pueden reducirse a leyes simplemente físico–químicas: "Según la doctrina mecanicista que predominaba en las Ciencias naturales del siglo pasado y que persiste parcialmente en nuestros días, el conocimiento de la vida se limita a una explicación lo más completa posible por medio de la Física y de la Química, a reducir totalmente los fenómenos vitales a los procesos físicos y químicos. Este punto de vista niega la existencia de leyes específicamente biológicas. No habría más que leyes que reinan en la naturaleza inorgánica, y que regirían también todos los fenómenos en los organismos vivientes. De hecho, es la negación de toda diferencia cualitativa entre los organismos y los cuerpos de la naturaleza inorgánica. Se seguiría o que estos últimos están dotados de vida o que la vida misma no existe en realidad. A. OPARINE, L'origine et l'evolution de la vie, Moscú ed. de la Paix, 7. (Cit por C. TRESMONTANT, ibid).

120 Cf. C. TRESMONTANT, L'histoire de l'Universe et le sens de la Creation, París 1985, 66–73, donde resume –y actualiza– la exposición más amplia sobre nuestro tema de su conocida obra, Como se plantea hoy el problema de la existencia de Dios, cit.

121 Muchos representantes del evolucionismo materialista para no caer en la absurda –para ellos, dados sus presupuestos– "instantaneidad" de la aparición de las especies vivientes “a saltos”, debe necesariamente suponer que las "perfectas" estructuras actuales han sido precedidas por estructuras "progresivas" esencialmente imperfectas e "incompletas". Pero de éstas no existe ningún rastro experimental, ni actual ni paleontológico. Es un hecho experimental que tanto los hallazgos paleontológicos como las especies vivas se presentan con estructuras perfectas, es decir, "completas" en sí mismas, lo que en ciertos aspectos destaca todavía más en las especies inferiores. Son tan perfectas en el hombre como en el mosquito, la araña o la pulga. Incluso los más mínimos insectos, en su estructura adecuada a su propio nivel de vida (prescindiendo de si son útiles o dañinos para el hombre, problema extraño a nuestro análisis), suponen una completa y sorprendente obra maestra de la naturaleza. Cf. P. L. LANDUCCI, o. c., 6, donde ejemplifica como sigue: "En el mundo vegetal, piénsese solamente en ciertas formas sofisticadas que facilitan la polinización por los insectos, en donde se delinea un cuadro de sorprendente unificación y solidaridad entre los reinos animal y vegetal. Para fijar las ideas sobre algún otro ejemplo concreto y sin poder entrar aquí en los detalles, piénsese en la obra maestra (incluso estética, cualidad extraña a la pura realidad material) que es un caballo de carreras, en la perfecta línea dinámica y deslizante de un escualo, en el colibrí que puede detenerse en el aire para sumir el néctar batiendo las alas a 70 vibraciones por segundo, en la increíble máquina predadora de la mantis religiosa, en la organización social y la división por castas de las abejas, de las termitas o de las hormigas, en la asombrosa estrategia de los animales de todas las especies, hasta los más pequeños insectos (en los cuales resalta mucho más) para preservar a la prole, nutrirla, e incluso darle de comer en la boca si es necesario, y todo en forma onerosísima para los padres, que a menudo ni siquiera verán a sus crías, y mucho menos obtendrán ventaja alguna de ellas: maravillas y perfecciones de los animales y de sus instintos, preservados por la especie. Un renombrado profesor evolucionista, buscando y rebuscando, no supo explicar el caso del ornitorrinco autraliano (descubierto en 1797), que entre otras cosas, extrañamente, aún siendo mamífero, es ovíparo, y hacía pensar en una estructura rudimentaria e intermedia, pero una vez bien estudiado ha sido reconocido como obra maestra de perfección plenamente adaptada a su ambiente vital".

Es muy posible, yo lo creo probable, que cada cierto tiempo Dios creara millones de esencias distintas (“explosiones”, dicen los paleontólogos: explosión del cámbrico, explosión de los mamíferos); que la mayor parte de ellas se extinguieran; que subsistieran algunas en equilibrio y que evolucionaran dentro de sus propias formas y algunas de ellas, aparecidas (creadas), más o menos antes, llegaran hasta hoy



122 Cf. C. TRESMONTANT, El problema de la existencia de Dios, cit. 80.

123 A. DAUVILLER, Les hipotèsis cosmogoniques, París 1965, 118.

124 Contra Gentes, cc. 31–38.

125 C. TRESMONTANT, L'histoire de l`Univers et le sens de la Creation, cit, 73. La prueba de Dios consiste en mostrar, haciendo un examen crítico de la finitud, que ese Absoluto y necesario que se impone con ocasión de cualquier experiencia humana: si algo existe, algo existe necesariamente, porque el ser es trascendental, trasciende el orden de la finitud. El Absoluto es, pues, trascendente al orden de participación finita en el Ser y su causa creadora, en tanto que Ser irrestricto e imparticipado. El ateísmo es, pues, una desvinización del mundo. El panteismo es pereza metafísica, pues se detiene acríticamente en la primera fase de la prueba de Dios, que es la toma de conciencia del valor absoluto y necesario del ser y sus trascendentales, en tanto que omniabarcante y omniconstituyente.

126 Cada vez más son los científicos serios que rechazan el modelo del big–bang ( cfr. el estado de la cuestión en la serie de artículos reunidos bajo el título “Informe especial: evolución de la cosmología, “Investigación y ciencia”. 219, XIV 1994, 46 ss. Yo carezco de competencia para pronunciarme: recojo aquí datos e hipótesis en función de un interés filosófico y teológico, motivado por la necesidad de salir al paso de objeciones al creacionismo procedente de la “ciencia de falso nombre”. De hecho, abundan los fieles seguidores ateos del modelo big.–bang concebido de modo tal que producen una gran implosión seguida de otra gran explosión, etc... en una serie indefinida, que exorciza la nada y el comienzo absoluto del existir (y la ley de la entropía). En todo caso, es absurdo apoyarse en esta teoría como recurso apologético fácil.

127 Escribe J. L. ARSUAGA, premio “Príncipe de Asturias” por las investigaciones del equipo paleontológico de Atapuerca que él dirige: “La ciencia sólo elabora hipótesis, vacilantes aproximaciones a la verdad, que siempre pueden ser modificadas total o parcialmente por la fuerza de los hechos: pero es lo mejor que el espíritu humano es capaz de crear”. Cfr. El collar de neandertal. En busca de los primeros pensadores, Madrid 1999.

128 LÓPEZ MORATALLA, Origen monogenista, cit. 230 ss.

129 Cf. M. ARTIGAS, o. c., 109 ss, y La mente del Universo, cit. En el próximo capítulo trato del origen del hombre desde el punto de vista teológico –valoración de las hipótesis más difundidas en la historia de la teología– y filosófico: del proceso de hominización –surgimiento de tipos de homínidos prehumanos– que aboca a la humanización, entendida como emergencia del hombre en sentido propio (el "homo sapiens").

130 El agua pensada no ahoga ni calma la sed, porque no es esta agua particular, práctica, física, sino el agua en cuanto agua, abstracta, en general: un objeto universal que prescinde de sus propiedades concretas, cada una de las cuales conocemos a su vez por las correspondientes ideas universales (peso, dimensión, temperatura, estado fuído, etc...). Cf. capítulo siguiente 2. d.

131 Cf. P. C. LANDUCCI, Darwinismo, cit, 7.

132 M. ARTIGAS, o, c., 110 ss. Las teorías materialistas que identifican los estados mentales con los físicos responden a lo que KARL POPPER Y JOHN ECCLES han denominado materialismo promisorio, ya que siempre remiten a promesas asegurando que el progreso futuro proporcionará las explicaciones necesarias. Pero esas promesas nunca se cumplen.

133 B. PASCAL, Pensamientos, n. 348.

"Los millones de galaxias, cada una formada de millones y millones de estrellas, aparecen como hechas de hidrógeno, es decir, de un núcleo y de un electrón, lo más pobre que conocemos; las estrellas, como laboratorios de átomos; y la tierra, como un laboratorio de grandes moléculas siempre más complejas. Es como si se mirara un mismo paisaje después de haber vuelto la lente: es la tierra quien, por consiguiente, lleva la fortuna del mundo, y el hombre la fortuna de la tierra". Escribe P. TEILHARD DE CHARDIN, Vida y planetas, "Estudios", mayo de 1946, 146–157. (El final del artículo, donde el autor emplea un tecnicismo puramente científico para ilustrar problemas cada vez más filosóficos, termina en la fantasía, como observa el Cardenal CH. JOURNET).



134 B. PASCAL Ibid. "Jesucristo, sin bienes y sin producción alguna en el campo de la ciencia, está en su orden de santidad. No hizo inventos, no reinó, pero fue humilde, paciente, santo, santo para Dios, terrible para los demonios, sin pecado. Para resplandecer en su reino de santidad habría sido inútil a nuestro Señor Jesucristo venir como rey, pero vino en el brillo de su orden... Cristo en su humanidad no tenía necesidad de ser grande y parecerlo en el orden de las grandezas temporales y sociales, en el de la ciencia y de la cultura. Pero en el orden de la gracia, de la sabiduría divina, de la caridad, estuvo más allá de cuanto cabe decir. Porque él vino a realizar ese orden y establecerlo en la tierra. Y eso sólo podía hacerlo Dios hecho hombre" (Concluye PASCAL).

135 LEÓN BLOY: La muJr pobre. Es muy sugerente y profundo el simbolismo del delicioso libro de E. MONASTERIO, El Belén que puso Dios, Madrid 1996. La creación de las galaxias no tenía otro fin que señalar con una estrella el lugar de nacimiento del Dios hombre.

136 El Instituto para la Investigación de la Creación (ICR) de California, difunde cientos de publicaciones especialmente de Henry Morris, cuyo influjo está detrás de las medidas del estado de Kansas, Nuevo México y Nebraska, de Agosto de 1999 , en contra de la enseñanza de la teoría de la evolución en centros educativos.

137 Las cosmogonías antiguas egipcias y babilónicas (a las que antes aludíamos) o el mito del "huevo cósmico" de los orígenes, reviven, en sus elementos sustanciales, en el preformacionismo evolucionista de raíz hegeliana y marxista. Véase en C. Tresmontant la crítica a E. KAHANE, (Raison présent, Materialisme et realité). El problema de la existencia, cit 87 ss.

138 El atomismo materialista, tanto en su forma marxista como en la mecanicista premarxista, reduce lo viviente y lo presente a materia en movimiento. No habría, pues, emrgencia de algo nuevo: no hay originalidad alguna específica del viviente, sino materia eterna colocada con cierto orden. Se violenta la experiencia para evitar a la inteligencia el escándalo de la aparición de lo nuevo, Cf. la atinada crítica de TRESMONTANT (Comment se pose...) cit –donde se recogen diversas formulaciones con amplia bibliografía– a lo absurdo de esta posición.

J. MONOD (El azar y la necesidad), renuncia a pensar: debería "imitar el mutismo de las plantas" (ARISTÓTELES). El azar no permite explicar la constitución de la menor de las moléculas y, por tanto, del más simple ser monocelular. Las posibilidades de que se forme casualmente se han calculado en cifras que rebasan todo lo que nos está permitido imaginar, sobre todo si se piensa que –como hemos expuesto– la vida ha aparecido después que el planeta ha sido preparado para recibirla, sin demora, y que, además, la evolución biológica es acelerada.

¿Podría un bloque de mármol, separándose "casualmente", transformarse en "La Pietá" de Miguel Angel? Y sin embargo esto no es nada en comparación con la hipótesis de que, como consecuencia de "casuales" dinamismos, no surjan de la "ciega" materia estatuas, sino seres vivos.

Es un simple ejemplo simbólico, pero que da idea y sentido de lo que es una absoluta imposibilidad, la misma que el evolucionismo espontáneo. Ya no estamos en el cuadro de las opiniones al menos discutibles. Estamos en la absoluta certeza, en la absoluta imposibilidad.

Lo que no puede dejar de inducir, con todo respeto, a una reflexión sobre la impresionante miopía, más bien sobre la ceguera de tanta ciencia oficial, de tantos ilustres científicos. Sobre todo sorprendente la enorme incoherencia de los dos pesos y las dos medidas.

"Supongamos un palenteólogo que recoge una pobre esquirla de piedra con clara forma de lanza. No hay duda: "es obra de un ser inteligente". Pero supongamos que ve una epeira –araña– en el centro de su espléndida red, o contempla el vuelo majestuoso del águila, o admira la perfecta dinámica de un pura sangre al galope, o estudia la perfecta línea penetrante de un escualo, o verifica el increíble desarrollo de una célula microscópica, del huevo fecundado en el seno materno, hasta convertirse en el neonato, y escucha hablar a ese niño y lo ve convertirse en un hombre, y sin embargo sentencia: "he aquí, en definitiva, la lenta, espontánea, admirable construcción de la actividad caótica. He aquí la obra de la materia ciega". No es sino la humillante consecuencia de la apriorística, y por consiguiente anticientífica, negación del Creador: como confesó el gran biólogo Jean ROSTAND, "no se ve entonces otro camino" que aceptar el evolucionismo espontáneo. (Cf. P. C. LANDUCCI, Ibid, 87).

Hay excelente libros que ejemplifican muy eficazmente lo absurdo del intento de explicación por el azar de las maravillas de la creación en cualquiera de los seres de la escala óntica, en el macrocosmos, en el microcosmos (como el difundido de J. SIMON, A Dios por la ciencia, Sevilla 1985).


139 "Actualmente no se nos dice –escribe C. TRESMONTANT– que los dioses se engendren a partir del caos original y se destrocen mutuamente, como exponían las antiguas mitologías egipcias y asirio–babilónicas. Pero se nos dice que el Absoluto se engendra progresivamente mediante un proceso trágico. El desgarramiento, die Enteweiung; la alineación de la sustancia divina, die Entfremdung, son necesarios a la génesis del Absoluto. El mal no es ajeno a la esencia divina. Es necesario que el Asoluto supere, die Aufhebrung, su propia alienación para volver a sí mismo y acceder así a su propia plenitud, con miras a llegar a ser finalmente, El Espíritu Absoluto. La creación del mundo no es más que la alienación de la Scie divina. La teogonía hegeliana no es politeísmo, sino monista. Pero conserva de las antiguas mitologías los elementos sustanciales que no pueden disimular ni transformar radicalmente con su conceptualización. Y cuando esta teogonía es actualizada, proponiéndosenos en vez de una génesis del Espíritu absoluto una autogeneración –Selbsterzengung de la materia (Marx)– esa transposición, esa inversión, no cambia en nada el carácter fundamentalmente mitológico de la teoría propuesta".

"Siempre se trata, como doce S. IRENEO a propósito de la gnosis de Valentín, de una mitología trágica y de una tragedia fantástica. (Adv. Haer I, IV, 3)". "Un análisis objetivo y fiel mos inducirá inevitablemente a admitir con Aristóteles que el mundo real con todo lo que contiene presupone y prerrequiere un Ser en acto que sea Vida y Pensamiento. "Si no se adopta nuestra explicación, el mundo debería venir de la Noche, de la Confusión general y del No–ser, lo cual es absurdo". C. TRESMONTANT, Como se plantea hoy... cit. 363.



140 Ibid. Cf. ARISTÓTELES, L, 6, 1071 b; 7, 1072. C. TRESMONTANT se apoya en el Estagirita; pero es evidente la inspiración de la 5ª y 4ª Vías de TOMÁS DE AQUINO, que implican la perspectiva trascendental de la participación en el ser más allá del horizonte del genial pensador griego.

141 Ch. JOURNET, Introducción a la Teología, Bilbao 1967, 125 ss. Sobre el estado de la cuestión desde el punto de vista de la ciencia es especialmente fiable la obra de F. J. AYALA, La teoría de la evolución. De Darwin a los últimos avances de la genética, Madrid 1994. El A. pese a declararse agnóstico, admite la compatibilidad de la evolución con la creación, “que por su propia naturaleza, queda fuera del ámbito de la ciencia”, como la existencia de Dios y los espíritus, y cualquier actividad o proceso definido como estrictamente inmaterial” (p. 147). Ayala reconoce la coherencia de la tesis teológica según la cual <Sobre el origen del hombre según la Biblia, editado por la BAC).

142 III, Contra Gent., capítulos XXII y XXIII.

143 Puede verse un acertado comentario del texto de SANTO TOMÁS en A. GARDEIL, El evolucionismo y los principios de Santo Tomás, "Rev. Thom", 1896, 215 y ss.

144 TOMÁS DE AQUINO, In octo libros Physicorum Aristoteles Exposotio, Marietti, Torino-Roma 1965, libro 2, cap. 8: lecc. 14, n. 268.

145 Pedro TERMIER: El gozo de conocer. BERGONIOUX Y GLORY: Los primeros hombres, Toulouse, 1943, 96.

146 No se trata, por tanto, como lo hacía en el siglo XIX Isaac Peyrère, de oponer a Adán, padre del pueblo de Dios, a los preadamitas, antepasados de los gentiles. El notable escritor francés R. AUCLAIR, muy conocido por sus ensayos de Teología de la historia (p.ej. Histoire et prophetie, París 1969), en su sugerente obra L'homme totale dans la terre totale (Quebec, 1985) reserva al final de los "tiempos de las naciones" la elevación y redención de los hombres “psíquicos” que provienen de la evolución preadámica. Sólo Adán y su descendencia fue –según Auclair– espiritualizado y elevado a la vida sobrenatural, en el presente "eon" (hasta el final de los tiempos). Pero en el juicio de las “naciones” tendrían su oportunidad salvífica todos los "pueblos" sin excepción. (Algunos Padres de la Iglesia dijeron cosas parecidas, cf A. STOLZ, Teología de la mística, Madrid 1957).

ZUBIRI sostiene que el hombre es "animal de realidades", abierto a la realidad trascendental que se actualiza en la inteligencia sentiente. Es lo que él llama "impresión de realidad estimúlica" (a diferencia del mero estímulo que suscitan las cosas en el "sentir" de los animales). Pero sólo en los hombres más evolucionados la formalización del cerebro permite un uso racional de aquella "inteligencia sentiente" como "inteligencia inquirente". Adán sería la cabeza de este tipo humano, que –según él– sería –en Adán– el único "elevado al orden teologal" (en su terminología). Cf. X. ZUBIRI, El origen del hombre, cit.



147 Es la opinión de SANTO TOMÁS, S. Th I, 94, a. 3; I, 101, a. 1 y 2.

148 Hay numerosas revelaciones privadas que privilegian esta IV hipótesis (completada con algunos elementos de la V). Por ejemplo A. C. Emmerich y María Valtorta.

149 Cf. Diccionario de Teología Católica, col. 2.536. A. M. DUVARLE (Los sabios de Israel, París, 1946., 21), y algunos autores católicos, pretenden que la descendencia de toda la especie humana, partiendo de un tronco único, no parece contenerse en la revelación. El pecado original sería, propiamente hablando, no "una misteriosa transmisión de culpabilidad", sino "la privación hereditaria de la benevolencia divina manifestada primeramente, y como consecuencia, un estado de penuria, de dificultad y de tensión con respecto a Dios", "una caída hereditaria universal, que dependería, sin embargo, de muchas faltas libres independientes entre sí, y no de una sola falta. Según estos autores se podía salvar el dogma del pecado original hablando de una "unidad corporativa"; es decir, que las expresiones bíblicas que hablan de una sola pareja deberían interpretarse como unidad colectiva: Así como era costumbre en el oriente que un pueblo tomara el nombre de su progenitor –argumentaban estos autores–, como es el caso de Israel, de la misma forma, hablar de Adán sería hablar del "género humano", expresando el nombre de un supuesto progenitor, pero sin significar que se trató de uno solo. El argumento no parece concluyente ya que se hace una transposición de tiempos. Cf. J. de FRAINE, Adam et son lignage. Etude sur la notion de "personalité corporative" dans la Bible, París 1959.



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