El misterio de los orígenes



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156 JUN PABLO II, Audiencia general, 23–IV–1986.

157 J. MARÍAS, Persona, cit, 75.

158 JUAN PABLO II, Familiaris consortio, 11,1. La persona no puede ser meramente entelecheia –una esencia ordenada al autocumplimiento y a la autorrealización, como se ha entendido a menudo a partir de Aristóteles. La persona es, más bien, una Transentelecheia, que tiene su primera determinación en poder conocer y juzgar adecuadamente lo que es y, sobre todo, en amar y poder amar propter se ipsum, amar aquello que es digno de ser afirmado por sí mismo. Esto es, ante todo, el tú personal, la persona del otro.

En esta evidencia tiene su raíz la denomina ética personalista polaca que ha elegido como principio fundamental el principio del Concilio Vaticano Segundo (Gaudium et Spes), a saber, el hombre (toda persona creada) es la única criatura que Dios ha querido por sí misma. En el centro de esta ética está la exigencia moral, que Kant expresa en la versión personalista del imperativo categórico y que desarrolla expresamente Karol Wojtyla en su obra Amor y responsabilidad en la crítica del hedonismo, de que la persona nunca puede ser considerada y tratada como medio, sino como fin en sí mismo, está en el centro de esta ética.

Sólo así puede comprenderse que la ley de la vida personal sea la entrega a las otras personas, a un tú, por su dignidad de ser afirmado por sí mismo, y que la felicidad no es fin al cual la moral y el amor sirven como medio, sino un fruto superabundante de la entrega a las otras personas y a Dios por ellos mismos. Amar al Tú, porque es digno de ser amado, amar a Dios y alabarle propter magnam gloram suam (por su gran gloria) abre el corazón y las fuentes de la felicidad de la persona que se ha de perder a sí misma para encontrase. J. SEIFERT, Essere e persona, Milán, 1989.


159 Cfr. J. L. LORDA, Antropología, cit. 158 ss. <>. (Enc Redemptor hominis, n. 10).

160 Se está promocionando incluso una economía de comunión en la empresa, que gana dinero, pero a la vez crea empleo y se enorgullece de favorecer unas relaciones de comunión personal en una economía libre de mercado, pero no desde el liberalismo, sino desde el cristianismo. En la II semana de la solidaridad celebrada en Madrid en 1997.

Alberto FERRUCHI, prestigioso empresario italiano, consultor de Naciones Unidas, e impulsor de la "Economía de Comunión" en libertad, dió a conocer en una conferencia la iniciativa socio–económica ideada por Chiara Lubich, fundadora de los Focolares. Más de 700 empresas de todo el mundo se adhieren a este modelo, haciendo un reparto tripartito de sus ganancias: inversión en la propia empresa, promoción de proyectos sociales y caritativos, y formación de hombres nuevos según la cultura de dar. Es una nueva mentalidad en la que la persona pasa a ser objeto primordial de la empresa económica. Son extraordinariamente positivas las experiencias de estas empresas, que muestran cómo esta nueva mentalidad favorece su desarrollo económico, a la vez que devuelve al empresario su verdadera identidad, que no es la de quien quiere hacer dinero, como el financiero, sino la de emprender una iniciativa creativa con éxito, para lo cual es necesario que gane dinero, pero, a la vez, que dé puestos de trabajo, y que pueda sentirse orgulloso de su comunidad de trabajo.



161 Cfr. J. PIEPER, El concepto de pecado, Barcelona, 1986, pp. 9–23.

162 S. WEIL, Le pesanteur et la grâce, París, 1964, p. 145. CEC, n. 387.

163 Cfr. JUAN PABLO II, Audiencia general, 27–VII–1986.

164 Confesiones, 7, 7.11.

165 J. RATZINGER, Creación y pecado, cit., p. 88.

166 CEC, n. 387.

167 JUAN PABLO II, Audiencia general, 27–VII–1986.

168 CEC, n. 388–398.

169 CEC, n. 385.

170 CEC, n. 389.

171 GS., n. 13.

172 J. RATZINGER, ibid., p. 91.

173 Cfr. CASCIARO – MONFORTE, Dios, el mundo y el hombre, cit., p. 470.

174 Así resume J. RATZINGER (ibid., p. 91 ss) las ideas expuestas ampliamente por G. VON RAD, en Das erste Buch Mose, Göttingen, 1964, que aparecen en la encíclica Dominum et Vivificantem de Juan Pablo II (y en su catequesis).

175 S. AGUSTÍN, De civitate Dei, XIV, 28.

176 Audiencia general, 10–IX–1986.

177 CEC, n. 396. Esta misma doctrina aparece ampliamente comentada en la Veritatis Splendor, de 6–VIII–1993, especialmente en el n. 35.

178 CASCIARO – MONFORTE, o.c., p. 477 ss.

179 Cfr. CEC, n. 399.

180 Audiencia general 12–XI–1986.

181 Ibid. Sobre el sentido de la expresión "pecado social" y "pecado del mundo", cfr. Audiencia del 5–XI–1986, que comenta la doctrina de la Exhort. Apost. Reconciliatio et poenitentia, n. 16 (2–XII–1984). Un resumen de esta idea del pecado como alienación contra el bien del hombre aparece en CEC, n. 398.

182 Vid. Capítulo V.

183 CASCIARO – MONFORTE, o.c., p. 482. R. GUARDINI (Der Anfang aller Dinge 90) observa: “qué razón tan inquietante tiene esta revelación; aunque parezca estúpida, sobre todo a la ciencia, es la ´´unica sabia”. Nos hace comprender que el mundo y cada ser humano necesita redención –la victoria del nuevo Adán y la nueva Eva en su hostilidad contra la antigua serpiente, y la activación de la gracia que brota de la Cruz salvífica ya desde las puertas del paraíso perdido. La fatiga en el trabajo y el yugo del matrimonio son remedio y curación. “Se necesita la fuerza y el poder de la gracia para sanar las profundas heridas del pecado original”. (Cf. Mons. Ch. SCHÖNBORN, Amar a la Iglesia, Madrid 1997, 75 ss).

184 Cfr. Heb. 2, 14.

185 Audiencia general, 8–X–1986.

186 Veritatis Splendor, n. 35.

187 Cfr. CASCIARO – MONFORTE, o.c., p. 487.

188 Eccli. 10, 14–15.

189 SAN AGUSTÍN, In Ps. 52, 1. PL 36, 614; SANTO TOMÁS, In Ep. ad Rom. cap. 1, lect. 6.

190 Cfr. J. PIEPER, Las virtudes fundamentales (Sobre la fe), Madrid, 1990; Veritatis Splendor, n. 35; CASCIARO – MONFORTE, o.c., p. 475. J. MARITAIN, Neuf Lêçons sur le notions fondamentales de la philosophie morale, París, 1965, p. 185, muestra cómo sólo es posible escapar a la "atadura" de la atracción del bien absoluto de la moralidad (bonum honestum) –es decir, al sentimiento de la obligación moral– desviando voluntariamente la atención de la norma que lo propone, para aplicarse al bien "ontológico" del deleite o utilidad egoístas: "vio que era bueno para comer y apetecible a la vista y excelente para alcanzar sabiduría" (Gen. 3, 6).

191 CEC, n. 397.

192 Audiencia general, 10–IX–1986.

193 CEC, n. 400

194 Dominum et Vivificantem, n. 2.

195 J. RATZINGER, Creación y pecado, cit., p. 98.

196 CASCIARO-MONFORTE, o.c., p. 490, que cita a W. EICHRODT, Teología del Antiguo Testamento, Madrid, 1975, vol. 2, p. 233.

197 Audiencia general, 17–IX–1986.

198 Gen. 7, 9. Cfr. CEC, nn. 56–58.

199 Gen. 11, 1–9. Cf CEC, n. 57. Reconciliatio et poenitentiae, nn. 13–15.

200 INSCHOOT, T. del Ant. T., p. 683.

201 GS, n. 27.

202 Audiencia General, 17–IX–1986.

203 Rom. 7, 15–19.

204 OVIDIO, Metamorphosis, 7, 20. El comentario de Rom. 7, 14–21 es de la Audiencia General que acabo de citar, y que aquí resumo.

205 Jb. 4, 17; 14, 4; 15, 14.

206 Prov. 20, 9.

207 Ps. 142–143, 2.

208 Ps. 50–51, 7 y 12.

209 Ibid.

210 GS, n. 13, 1. Vid. CEC, n. 401.

211 Audiencia General 29–IX–1986.

212 CEC, n. 403.

213 CEC, n. 402.

214 Rom. 5, 12–13.

215 Rom. 5, 14.

216 Rom. 5, 20–21.

217 Gen. 2, 17.

218 Concilio de Trento, vid. infra.

219 S. AGUSTÍN, De Spiritu et Littera, 19, 224, cit. en Veritatis splendor, n. 23 nota 30.

220 Summ. Theol. I–II, q. 106, a. 1, c, ad 22m. Vid. CASCIARO – MONFORTE, o.c., pp. 493 ss. Cfr. S. LYONNET, "Una reflexión sobre el c. 7 de la Carta a los Romanos", reproducido en 30 Días, n. 73, 1993, pp. 62 ss.

221 SANTO TOMÁS DE AQUINO, Q. disp. De malo, q. 4 a. 1.

222 CEC, n. 404.

223 Es Cristo que pasa, n. 111.

224 Reconciliatio et poenitentia, n. 16. Cfr. J. RATZINGER, Creación y pecado, cit., p. 99 ss. El tema de la solidaridad con la humanidad del viejo y del nuevo Adán puede verse tratado en J.M. BOVER, Teología de S. Pablo, Madrid, 1960 y L. MALEVEZ, "l'Eglise dans le Christ", Recherches de Sciences Religieuses, vol. 25, 1935, pp. 492 ss. S. IRENEO y los Padres griegos de la gran época patrística son la fuente de inspiración de GS, n. 22, que hace referencia a este tema: "En la Encarnación, Cristo se unió, en cierto modo, a todo hombre" (cfr A. ORBE, Parábolas evangélicas de S. Ireneo, Madrid, 1972, tomo II, pp. 117–177). "Cristo toma al encarnarse a todos los hombres, como la oveja perdida, sobre sus hombros". Esa unión de todo hombre con el Verbo encarnado no debe interpretarse como una especie de santificación "por contagio", que haría inútil el bautismo, en la línea de un falso cristianismo anónimo. Alude a la solidaridad de Cristo con los hombres en cuanto asume el papel de cabeza desempeñado por el primer Adán, formando con ellos "como una persona mística" (Summ. Theol. III, q. 46 a. 1), para hacer así posible la Redención por vía de satisfacción. Es, pues, una capitalidad a título de presupuesto de la Redención, distinta –como lo virtual de lo actual– de la capitalidad que le compete respecto al Cuerpo Místico que surge del costado abierto de Cristo, el cual es consecuencia de su acción redentora, consumada en el misterio pascual y actualizada progresivamente por la fe y los sacramentos en aquellos hombres que reciben libremente en sí el fruto de la Redención ya realizada. (Cfr. J. H. NICOLÁS, Synthèse dogmatique, París, 1986, p. 441; F. PRAT, Teología de S. Pablo, París, 1967, vol. II, pp. 235 ss. y F. OCÁRIZ, L. MATEO SECO y J.A. RIESTRA, El Misterio de Jesucristo, Pamplona, 1991, pp. 278 y 386).

225 J. RATZINGER, Introducción al Cristianismo, Barcelona, p. 214. Cfr. también pp. 150 ss.

226 GS, n. 13, 1.

227 Cfr. Eph. 1, 10.

228 TERTULIANO, De anima, 6.

229 Phil. 2, 5–7.

230 J. RATZINGER, Creación y pecado, cit. Cfr. P. RODRÍGUEZ, "Omnia traham ad meipsum. El sentido de Juan 12, 32 en la experiencia espiritual de Mons. Escrivá de Balaguer", Romana, vol. VII, n. 13, 1991, pp. 331 ss. Para una matafísica relacional –insinuada por Sto. Tomás en su concepción del "orden" finito de la participación en el Ser, fundado en el respeto creatural al Ipsum Esse y cotejada con el correlacionismo de Amor Riubal y la respectividad zubiriana, entre otros sistemas de pensamiento sensibles a la constitutiva dimensión relacional de la persona, tan presente en el Concilio Vaticano II (Gaudium et Spes, nn. 12 d, 25, 32 y Lumen Gentium, n. 9) y en la antropología de Juan Pablo II– puede encontrarse amplia información en mi estudio "Fundamento ontológico de la persona. Inmanencia y trascendencia", Anuario filosófico, vol. 27 (1994), pp. 893–922. Ahí se citan y resumen los escritos que dediqué al tema en los años 60, intentando justificar la fórmula definitoria de la persona como distinctum subsistens respectivum, especialmente en "Persona y respectividad", Actas del XIII Congreso Mundial de Filosofía de México, 1963, tomo II, pp. 126–138.

231 SAN IRENEO, Adversus haereses, 5, 21, 1.

232 Ioh. 3, 14.

233 Ch. JOURNET, Charlas sobre la gracia, Madrid, 1979, p. 136 ss.

234 S. FRANCISCO DE SALES, cit. por Journet.

235 CEC, n. 406.

236 Audiencia General, 6–X–1986.

237 Cfr. C. POZO, Correcciones al Catecismo holandés, Madrid, 1966. Es muy clarificadora, en orden a evitar el confusionismo dominante, la distinción que se hace de tres sentidos de la expresión de moda "pecado social", en la Reconciliatio et poenitentia, n. 16.

238 CEC, n. 405. La Audiencia General del 5–XI–1986 fue dedicada íntegramente a este tema de la dimensión social del pecado personal y al concepto bíblico "pecado del mundo" (Jn. 1, 29), que no puede identificarse con el pecado original.

239 CEC, n. 408.

240 CASCIARO – MONFORTE, o.c., p. 496, señalan la importancia que tiene para el diálogo teológico el texto sapiencial de Sirac: "El hizo al hombre desde el principio y lo dejó en manos de su albedrío. Si tú quieres, guardarás mis mandamientos, cumplirás fielmente su beneplácito. Ante ti he puesto fuego y agua: a donde quieras extenderás tu mano. Ante los hombres está la vida y la muerte: lo que apetece a cada uno se le dará, porque grande es la sabiduría del Señor" (Sir. 15, 14–18). Este texto da a entender que no sólo Adán y Eva fueron seres libres, sino que incluso en el estado de humanidad lapsa (caída), en que se mueve el Antiguo Testamento, o mejor, lapsa sed nondum redempta, el hombre sigue teniendo libertad y no ha perdido una cierta capacidad de sabiduría.

241 J. IBÁÑEZ – F. MENDOZA, Dios Creador y Enaltecedor, Madrid, 1983, pp. 334–338. Expone muy bien la equilibrada doctrina de Sto. Tomás, que no ha sido en modo alguno superada.

242 Audiencia General, 8–X–1986.

243 Ibídem.

244 Summ. Theol. I–II q. 82 a. 1 ad 3m. IBÁÑEZ – MENDOZA, o.c., p. 338 ss, donde se exponen las tres opiniones clásicas de la teología católica.

245 Audiencia General 8–X–1986. Subrayado por JUAN PABLO II en el texto de l' Obsservatore romano.

246 Cfr. CASCIARO – MONFORTE, o.c., p. 498.

247 Audiencia General, 17–XII–1986.

248 J. GALOT, Dieu et la femme, Sintal, Louvain 1986, 39–43. 188–190. 248–249.

249 Cit. por C. POZO, María en la Obra de la Salvación, Madrid, 1990, 2ª ed., p. 147.

250 Cfr. ROSCHINI, La Madre de Dios según la fe y la teología, Madrid, 1959, vol. I, p. 230.

251 Ibídem. Cita como ejemplo el famoso pasaje de Isis y Osiris de Plutarco, donde después de haber dicho que la serpiente Tifón había trastornado todo por su envidia y malignidad, y llenado de males el cielo y la tierra, añade él: "Y después fue castigado por ello y la mujer y la hermana de Osiris tomaron venganza, extinguiendo y superando su rabia y su furor". Es, en efecto, frecuente encontar en las tradiciones religiosas de muchos pueblos, la idea de una mujer que debe traer al mundo al Salvador de los hombres; como un eco, quizás, de ese oráculo de Yahwé pronunciado en los orígenes del género humano.

252 Audiencia General, 17–XII–1986.

253 JUAN PABLO II, Audiencia general, 24–I–1996, n. 2.

254 POZO, o.c., p. 148.

255 Concilio de Trento, Dz. 1511.

256 Heb. 2, 14.

257 Audiencia General, 10–XII–1986.

258 POZO, ibid. Vid. COPPENS, "Le Protoevangile. Un nouvel essai d'exégèse", Eph. Theol. Lov., n. 26, 1950, pp. 5–36.

259 GS, n. 37.

260 CEC, n. 409.

261 CEC, n. 407.

262 Cfr. Dt. 32, 17; Lev. 17, 7; Ps. 106, 37; 1 Cor. 10, 20; Ap. 9, 20.

263 POZO, o.c., p. 150.

264 Por ejemplo, ROSCHINI, que cita un elenco de autores de esa opinión (ibid.). La Lumen Gentium n. 56 parece favorecer la exégesis que ahí hacemos nuestra.

265 CASCIARO – MONFORTE, o.c., p. 500.

266 C. POZO, María en la Escritura y en la fe de la Iglesia, Madrid, 1979, 4ª ed., 1988, p. 47.

267 Eclo. 25, 24; 2 Cor. 2, 3; I Tim. 2, 14.

268 POZO, ibid. Para la doctrina hermeneútica del sentido eminente, cfr. VACCARI, De libris didacticis V.T., Romae, 1933, p. 23 y 125.

269 ROSCHINI, o.c., pp. 258–300 estudia amplísimamente esa tipología.

270 JUAN PABLO II, Audiencia general (24–I–1996, n. 5).

271 Gen. 13, 15; 17, 7; 22, 17, etc.

272 Gen. 4, 25; 21, 13.

273 Jn. 11, 52.

274 POZO, o.c., p. 151. He desarrollado el sentido eclesiológico del versículo en J. FERRER ARELLANO, "Eclesiología implícita en el Protoevangelio", en Eclesiología, 30 años después de "Lumen Gentium". Actas del XV Simposio de Teología de la Universidad de Navarra, Pamplona, 1994.

275 Ibid., p. 153. Los autores hacen notar que en la traducción griega de los LXX, el linaje (sperma: neutro) no concierta con el pronombre él (hu': masculino) que aplasta la cabeza, para indicar que no se trata de una colectividad, sino de un Mesías personal. Dentro del sentido pleno, sin embargo, debe verse aludida la Pasión mística del Pueblo de Dios peregrino que, unida a la de Cristo, realiza hasta la consumación escatológica del Reino, por mediación del misterio Eucarístico, la obra de la Redención. Es el triunfo del Cristo total, que incluye una participación corredentora en el triunfo sobre la antigua serpiente del Unus Mediator. De ahí el carácter personal del texto hebreo, que insinúa la dualidad relacional (uni–dual) del nuevo Adán con María y la Iglesia, Cristo. Cfr. mi estudio cit. en la nota anterior. La Persona mística de la Iglesia forma con su Esposo la unidad del Cristo total, reflejando el misterio de María, la nueva Eva, íntimamente unida al nuevo Adán en el ser y en el obrar; misterio salvífico, como lo fueron la pareja originaria, tanto en la inicial comunión con Dios, como en la caída ("unidualidad relacional" en el designio de Dios, a la que confió Dios no sólo la obra de la procreación y la vida de familia, sino la construcción misma de la historia. Cfr. JUAN PABLO II, Carta a las MuJres, n. 8). De ahí la suma conveniencia –que subraya la Tradición, desde S. Ireneo– de que el plan salvífico incluya a la Mujer, en profunda unión ontológica y dinámica con el nuevo Adán.

276 CASCIARO – MONFORTE, o.c., p. 500.

277 Es la tesis de Goldberg, a la que se adhiere COPPENS, o.c. y otros autores citados por POZO, o.c., p. 156.

278 P. ORBE, "Ipse tuum calcabit caput (S. Ireneo y Gen. 3, 15)", Gregorianum, n. 522 (1971), pp. 95–149 y 215–269.

279 CEC, n. 411.
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