El misterio de los orígenes



Descargar 1.39 Mb.
Página22/40
Fecha de conversión17.12.2017
Tamaño1.39 Mb.
1   ...   18   19   20   21   22   23   24   25   ...   40

4. El fundamento antropológico de la religión en sus diversas expresiones es precisamente la constitutiva dimensión religiosa del hombre que Sto. Tomás identifica con el respecto creatural de absoluta dependencia al Creador (la creación "passive sumpta": "relatio quaedam ad Deum cum novitate essendi", De potentia, 33). De ella brota en la criatura espiritual (finita, pero capaz, en tanto que espiritual –según las acertadas palabras de Millán Puelles– "capaz de vivir la infinitud del ser") la religión, como actitud subjetiva y como cuerpo doctrinal objetivado.

El hombre se encuentra –recuérdese en permanente situación de apertura, al menos implícita, al carácter trascendental y absoluto del ser –al poder de la "deidad"–, en termonología zubiriana– en virtud de la experiencia ontológica dl ser del ente, implícito en cualquier experiencia propiamente humana (haciéndola posible). Si se cierra culpablemente al descubrimiento explícito del Absoluto trascendente que funda el universo de los entes relativos y finitos con una actitud religiosa desvíada, se inclinará a absolutizar al mundo en su totalidad o en alguno de los reflejos especulares del Creador. La aspiración tendencial del dinamismo del hombre, que radica en su apertura religada a Dios, se orientará entonces hacia mitos de sustitución, a los que se exige una absoluta, íntegra y total sumisión. Se explica así como se ha ido sucediendo, a lo largo de la historia, el culto a la naturaleza, a la razón, a la libertad, a la sociedad, a la clase, la raza, el progreso, etc... Es el ateísmo religioso positivo de sustitución.

Dada la vivencia del Absoluto implícita en cualquier experiencia humana, la sofística negación crítica de un Absoluto trascendente deja abierta la puerta –que se abrirá antes o después– a una divinización del hombre en cuanto dominador del mundo (absolutizando lo relativo), –en algunas de sus dimensiones–. Más directa y claramente en el ateísmo moderno postcristiano. Pero también –"nihil novum sub sole"– aparece la misma absolutización autónoma del yo indirectamente, en la voluntad de dominio mágico de la naturaleza no dominada, propia del paganismo idolátrico antiguo, que busca la afirmación del yo al margen del orden natural expresivo de la Sabiduría de Dios presentido al menos en el fondo del alma como bueno y providente. Es la vieja magia de raíz oscura y a veces demoniaca.



Idolatría y magia son la teoría y la práctica de un mismo pecado de soberbia –rebeldía prometeica– que alcanza su expresión más acabada en el humanismo ateo postcristiano, tal y como se reflejara en Nietzsche –"voluntad de poder" dionísica del superhombre–, o en J. P. Sartre. En el marxismo (al que saludó este último autor como para tranquilizar su conciencia de burgués, festejado por cierta "inteligentzia" europea y americana por los años de su efímera moda) el humanismo ateo se presenta como altruismo, comprometido en una violenta lucha contra las estructuras alineantes –de raíz religiosa, como tan falsamente calumnia– y su violencia institucional. El rotundo fracaso de la tiránica dictadura estatal de su puesta en práctica, que ha destrozado físicamente y moralmente a masas ingentes humanas, en uno de los mayores genocidios de la historia, ha provocado su estrepitosa caída al final de los 80, que marca un final de época.

Si se pierde la trascendencia –por el olvido del ser del ente–, surge el ateísmo como forma de religión intramundana, la veneración del hombre por sí mismo. La antigua religión cósmica de la naturaleza, expresada en el mito de la eterna circularidad –que reaparece en Netzsche– y vivida en el mirto que la hace salvíficamente presente, es ahora sustituida por la religión técnica; la divinización del hombre, tras la divinización de la naturaleza.

El nuevo paganismo postcristiano que resulta de la nueva situación no es absolutamente peor que el antiguo, pero sí esencialmente diverso. Una idolatría y una actitud mágica, manipuladora de las fuerzas numinosas del cosmos al arbitrio del hombre al margen de toda moral heterónoma, de raíz religiosa trascendente, es sustituida por otra idolatría del "yo" más sutil y "civilizada" (aunque vuelve de nuevo "el terror de los demonios"), y por otra magia, la de la agresión inmoral y salvaje de una técnica destructiva y deshumanizadora.

El hombre, sordo al mensaje que pregona en la naturaleza la Sabiduría creadora, destruye la armonía de la creación. El cosmos infrahumano, sometido a su dominio, deja de servir a su función primordial de servicio al hombre, haciéndose inhóspito, inseguro y peligroso (sometido a la vanidad de la corrupción, Rom 8,15). De ambos temas de la vuelta del terror de los demonios y de la Teología ecológica (que nada tiene que ver con una veneración deista de la naturaleza que conduce a un lamentable salvajismo antihumanista que está en el transfondo de cierta estirpe de ecologistas afines al movimiento New Age, lamentable expresión de la decadente postmodernidad) tratamos más arriba en esta monografía83.

El nuevo paganismo no somete al hombre a una naturaleza tenida por divina, sino que diviniza al hombre, que es considerado como medida de todas las cosas en una naturaleza definitivamente vista como profana sometida al dominio creador –que más bien suele ser destructor– de ese Absoluto que es el hombre84.

Danielou respondió a los profetas de la "ciudad secular", que auguraban un futuro arreligioso de total marginación de Dios, anunciando el advenimiento de una religiosidad salvaje,85 manifestado en la proliferación de sectas pseudoreligiosas y un satanismo galopante, que recuerda y amplifica las peores perversiones de la religiosidad pagana. El marxismo se bate en retirada, pero se resiste a morir por lo que tiene de religión prometeica de tipo materialista inspirada en la dialéctica del odio y del resentimiento, porque el fracaso de los sistemas opresores, de la dictaduras por él inspirados, ha sido estrepitoso y fulminante. Ratzinger cree que si rebrota, será con nueva veste pseudoreligiosa (ecológica, nacionalista, cultural...), que pueda de nuevo fascinar a cierta estirpe intelectual proclive, desde la llamada "Ilustración" (¿de quién?) a dejarse seducir por los encantamientos engañosos de la antigua serpiente86, que hizo poner la estatua de Promdeo, como símbolo del hombre que se pone –como nuevo ídolo– en lugar de Dios, en el antiguo museo de ateísmo de la ex–Leningrado.



5. La rebeldía prometeica pseudohumanista del humanismo ateo, que comenzó proclamando proféticamente con Nietzsche la muerte de Dios y ha conducido a levantar acta de la muerte del hombre, con cuyas ruinas intenta construir el "pensiero devole" del irritante y superficial movimiento "postmoderno", una sociedad relativista de religiosidad "light" sincretista que huye de todo compromiso, fácil presa de los movimientos de raíz esotérica oriental englobado en la atractiva etiqueta del "New Age" –ante el que alerta Juan Pablo II por su letal peligrosidad adormecedora de las conciencia– en una sociedad hedonista sin otro horizonte que el bienestar material, que margina las cuestiones últimas, para volver a empezar de nuevo la fatídica escala hacia el abismo del fracaso absoluto en la desesperación total87.

"Pero nunca segundas partes fueron buenas". La tentación de la desesperación ante el rotundo fracaso ("la venganza de la finitud") de los mitos de sustitución que no sólo no sacian el corazón del hombre, sino que lo envilecen, pueden dar ocasión a acogerse a la misericordia de Dios en el retorno del hijo pródigo, si no se sucumbe al preocupante estado que facilita caer a su vez en la vieja tentación del antiteísmo de las sectas satánicas, de tan amplia difusión, en las que se realiza existencialmente –en nuestro tiempo de manera masiva– el mito de Fausto, que vende su alma al diablo. Es la prometeica rebeldía del hombre que, en el colmo del engaño seductor del padre de la mentira, pone su esperanza en Satán.

6. Nunca es tarde para la conversión del Dios vivo. También la faústica actitud de los adoradores de Satán puede ser fulminada por un rayo del amor misericordioso del Padre de las luces que eviten la desesperación del odio de enemistad luciferino de los réprobos en vida (en la medida –que ignoro– en que sea posible), o la reprobación efectiva de la impenitencia final que siempre acecha a las víctimas del engaño del que es homicida y mentiroso desde el principio).

Tal sería el cruel destino del que no se detiene a tiempo –por cerrarse obstinadamente o los incesantes requerimientos del Amor misericordioso, que sale al encuentro de la oveja perdida; y llama sin cesar a las puertas del corazón para que interrumpa su loca carrera hacia el abismo– emprendiendo el camino de regreso del hijo pródigo a la Casa del Padre. Sólo el rechazo obstinado de la misericordia, "obliga" al Amor, que también es Justicia, a la reprobación del odio luciferino que se cierra por completo al Amor. "Terrible cosa es caer en la manos del Dios vivo" (He 30,31).



Recapitulemos, para concluir, los caracteres de esas seis escalas de la siniestra relación dinámica descendente de la negación de Dios; hacia el abismo. (Insisto en que aquí tratamos de una tipología de actitudes personales y –emergiendo de ellas– de las diversas formas de negación de Dios, cada una de las cuales, por una relación dialéctica inmanente, tiende a transformarse en escala descendente –paso a paso– en la siguiente).

Que se cumplan o no tales pasos en cada caso concreto, depende de muchos factores. Ante todo de la libre respuesta humana a la llamada de Dios a remover los obstáculos –en su raíz culpable– que impiden abrirse a la luz de su Palabra creadora y a las activaciones de la gracia que invitan a la conversión del Dios vivo. Y en segundo lugar, tantos otros factores de orden personal y sociocultural que pueden interferir en el curso connatural de su proceso dinámico gradual.



Lo califico de "connatural" porque se funda en la constitución esencial de la persona humana como tal, que no es otra que su respecto creatural a Dios que puede describirse como relación dialógica a la Palabra creadora que le llama a la existencia –en coexistencial comunión con los otros hombres también constitutiva de cada persona individual– por su propio nombre. Dios manifiesta a la libertad creada –sin forzar a seguirlo– el camino que conduce al logro de su bien plenario en la comunión salvífica con El que la caridad opera, y alcanza su consumación en la gloria de la eterna bienaventuranza.

Este "galardón de la soberana vocación del hombre en Jesucristo" (Fil 3, 20), puede malograrse por desatención culpable a la voz de Dios que es el inicio de un proceso que tiende a conducir al hombre, peregrino de lo absoluto, al abismo de la religiosidad pervertida de raíz satánica, y –a la postre– al abismo más profundo y definitivo de la frustración definitiva de su existencia: a la desesperación total y odio luciferino de los réprobos.

El ateísmo práctico que margina a Dios tiende, por un vértigo fatal, de abismo en abismo, al más rotundo e imparable de los fracasos: de la falsa crítica de las religiones establecidas, pasará al autoendiosamiento enmascarado, a los mitos de sustitución que terminan con la honda decepción del corazón humano insatisfecho –con la experiencia decepcionante del hijo pródigo ("la venganza de la finitud")–. El rechazo al Dios vivo que le invita a saciarse en el festín de la casa paterna, –porque prefiere endurecerse en la rebeldía prometeica, al retorno humilde de los brazos acogedores de un Padre lleno de misericordia–, puede conducir al abismo de la desesperación de los réprobos.

Dios espera pacientemente que la experiencia de la caída de tantos hijos suyos rescatados con la Sangre de su Unigénito en el abismo del mal toque fondo, para que la humanidad, que tanto ama, reaccione –alguien dijo que el próximo siglo será cristiano o no será–, y retorne hacia los brazos del Padre que la espera.

“Usa de longanimidad, no queriendo que algunos perezcan sino que todos vengan a penitencia” (2 Pe. 3, 9), volcándose misericordiosamente sobre sus hijos pródigos, para acelerar el cumplimiento del prometido triunfo de la descendencia de la mujer88 sobre la antigua serpiente (Gen 3,15; Ap 12), arrebatándole el mayor número posible de quienes formando parte de su descendencia, con la señal quizá marcada del número de la bestia 666, abran su corazón al amor misericordioso de Dios manifestado en el "misterio de piedad" (1 Tim 3,16); y convencidos de su culpable engaño, y laven sus vestiduras manchadas con la sangre del Cordero, que ha vencido y borrado aquella señal maldita, con el gloriosísimo signo de la Cruz triunfante, en la cual está nuestra salvación, vida y resurrección (Gal 6, 14).

CONCLUSIONES

Las conclusiónes de esta tercera aproximación a nuestro tema –la toma de conciencia de la relación de origen del hombre a su Creador– son las siguientes:

1/ La religión –expresión de la originaria experiencia religiosa fundada en el respecto ontológico creatural, constitutivo del hombre– es, en sus diversas formas, más o menos desvíadas, natural a la condición humana.

2/ La inferencia espontánea de Dios creador como Persona trascendente al mundo, le es connatural, pero nada fácil a la naturaleza caída no sanada y confortada con la gracia (moralmente imposible de lograr,sin ella, en toda su pureza, aunque no de presentir).

3/ El cristianismo (e incoativamente la antigua alianza que lo prepara) es sobrenatural. Y como tal, asume, perfecciona y transfigura, elevándola, aquella natural dimensión religiosa del hombre. Es, pues, una respuesta trascendente y gratuita, a una apelación impotente del hombre naturalmente religioso89, que busca a Dios que viene al encuentro del hombre en oferta de comunión salvífica con El en el misterio de Cristo y de su Iglesia.

Juan Pablo II lo expresa profunda y vigorosamente en la carta apostólica "Tertio Milenio adveniente":

"Encontramos aquí el punto esencial por el que el cristianismo se diferencia de otras religiones en las que desde el principio se ha expresado la búsqueda de Dios por parte del hombre. El cristianismo comienza con la Encarnación del Verbo. Aquí no es sólo el hombre el que busca a Dios, sino que es Dios quién viene en persona a hablar d sí al hombre y mostrarle el camino por el cual es posible alcanzarlo. Es lo que proclama el prólogo del evangelio de Juan: "A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único que estaba en el seno del Padre, El lo ha contado" (1, 18). El Verbo Encarnado es, pues, el cumplimiento del anhelo presente en todas las religiones de la humanidad: este cumplimiento es obra de Dios y va más allá de toda expectativa humana. Es misterio de gracia, preparado por la economía del Antiguo Testamento, esencialmente destinada a preparar y anunciar la venida de Cristo, Redentor del Universo y de su Reino mesiánico. Los libros de la Antigua Alianza son testigos permanentes de una atenta pedagogía divina. En Cristo esta pedagogía alcanza su meta : El no se limita a hablar "en nombre de Dios" como los profetas, sino que es Dios mismo quien habla en su Verbo eterno hecho carne.

En Cristo la religión ya no es un "buscar a Dios a tientas" (cf. Hch. 17, 27), sino una respuesta de fe a Dios que se revela: respuesta en la que le hombre habla a Dios como a su Creador y Padre; respuesta hecha posible por aquel hombre único que es al mismo tiempo el Verbo consustancial al Padre, en quien Dios habla a cada hombre y cada hombre es capacitado para responder a Dios. Más todavía, en este Hombre responde a Dios la creación entera"90.

4/ El ateísmo –si es verdaderamente tal, no mera teología negativa de búsqueda sincera del fundamento que da sentido a la vida humana– es antinatural, porque tiene su raíz en un no uso o abuso de la inteligencia (insensata) por una desatención culpable –y como tal, voluntaria– que impide, al violentarla en el connatural dinamismo de su ejercicio –radicado en su apertura religada–, el acceso noético a la noticia que el Creador ha dejado de Sí en la obra de sus manos (revelación natural) y un rechazo de las divinas activaciones de la gracia de Cristo "que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad". Es antinatural, pues la negación de Dios implica la negación del hombre, de su propia identidad



Tales son –hemos tenido ocasión de comprobar lo bien fundado de estos enunciados a lo largo de estas páginas– las principales conclusiones de las reflexiones que aquí se ofrecen. (Completamente obvias, por lo demás, a quién tenga alguna familiaridad con la Escritura y medite su mensaje a la luz de la metafísica prendida en el uso espontáneo de la inteligencia, en la que Dios creador ha dejado grabada la imagen de sí mismo para que le busque el que le ame, el que ame la verdad que es El, –procurando evadirse de los ídolos de la tribu–). El que busca, "encuentra" a Aquél que sale al encuentro del hombre –tomando la iniciativa– en oferta de comunión salvífica con El por la doble misión del Hijo y del Espíritu, que reúne en el misterio de la Iglesia a los hijos de Dios caídos y dispersos por el pecado, por obra del Espíritu Santo que se derrama a la humanidad desde el trono triunfal de Cristo –el de su glorificación en el monte Calvario– como fruto de la Cruz salvadora "atrayendo todas las cosas" hacia sí (Cfr. Jn 12, 23 y 32).

En El y por El, llama Dios Padre los hombres que el pecado dispersó, a que sean uno, en una comunión que restaura el orden relacional proyectado por la Sabiduría creadora, convocándolos a unidad de su familia, la Iglesia91 salida del costado abierto del nuevo Adán. Es el pueblo de Dios (que tiene por Cabeza a Cristo) signo e instrumento de la unión íntima del hombre con Dios y de la unidad del todo el género humano reunido en virtud y a la imagen de la unidad del Padre del Hijo y del Espíritu Santo92. Genialmente lo sintetiza Clemente de Alejandría, en la feliz fórmula popularizada por el Catecismo de la Iglesia Católica: "Si la voluntad de Dios es un acto que se llama mundo, su intención es la salvación de los hombres y se llama Iglesia"93.

PARTE III

LA APROXIMACIÓN CIENTÍFICA AL MISTERIO DE LOS ORÍGENES Y EL ACCESO INTELECTUAL A DIOS CREADOR

INTRODUCCIÓN

Esta cuarta parte, con la que se cierra el presente estudio interdisciplinar sobre “el misterio de los orígenes”, se aborda el tema en la perspectiva propia de las ciencias positivas experimentales. Comprende dos capítulos sobre la evolución y el origen del hombre, con la intención expresa –que explica la selección de datos (siguiendo sugerencias especialmente de C. Tresmontant, M. Artigas y L. Polo)– de mostrar cómo una aproximación honestamente científica al misterio de los orígenes, contribuye a reforzar el punto de partida experimental intramundano –no hay otro– que conduce inexorablemente a la inferencia de Dios creador como exigencia inteligible, que es –siempre y sólo–, de orden metafísico (No hay pruebas físicas ni matemáticas de Dios).



La evolución, en efecto –al menos como hipótesis, si no tesis probada– bien fundada en ciertos fenómenos establecidos por la observanción metódicamente realizada desde diversos sectores científicos, presupone la creación como un acontecimiento que se extiende en el tiempo: a modo de creación continuada en la cual Dios se hace “como visible”, a los ojos del creyente y del metafísico en tanto que Creador del cielo y la tierra.

En contra de lo que intenta hacernos creer el bombardeo mediático que proviene de una “ciencia de falso nombre” (I Tim 6, 20), no hay “evolución creadora” –entendida de modo tal, que excluya al Dios creador bíblico o de la metafísica clásica, que todo lo implanta en el ser sin nada prexistente–, sino –en todo caso– “creación evolvente” (según feliz expresión de X. Zubiri)94.

Estoy convencido de que esas afirmaciones irresponsables que niegan la creación para explicar el origen del Universo, sustituyéndola por nociones psudocientíficas –tales como la del “azar y la necesidad” de J. Monod–, son fruto de la ignorancia, o quizá; en no pocas ocasiones, de una desatención más o menos culpable a las exigencias inteligibles de datos científicos de orden fáctico –tremendamente tozudos como todos los hechos– cuya única explicación etiológica posible es la existencia de un Dios creador. A no ser que, por ceder a a pereza mental de dejarse dominar por los ídolos de la tribu –o en determinados ambientes, por lo políticamente correcto–, renunciemos a pensar. Pero si negamos la evidencia cegadora de los principios axiomáticos del pensamiento, deberíamos imitar, como repetía el viejo Aristóteles, el mutismo del las plantas. Caeríamos, si así fuera, en una retórica sofística sin sentido.

No es preciso subrayar que el origen creado del Universo entero postula la perspectiva trascendental propia de la metafísica o filosofía primera, en cuyo horizonte irrestricto acontece la divina Revelación que Dios Creador hace del misterio de su íntima vida trinitaria, a cuya participación invita al hombre en la historia salvífica, por un designio benevolente de su Voluntad (Ef 1 y 2)95.

Es indudable, por otra parte, que la Metafísica de la creación puede enriquecer el punto de partida empírico de su estudio –de intención ontológica y causal– con las aportaciones científicas al misterio de los orígenes (de las ciencias que investigan el fenómeno de la evolución de lo inerte a la vida, el origen de las especies y la emergencia del fenómeno humano, por ejemplo). Pero “no se requiere que el filósofo tenga un conocimiento de aquellos hechos de la ciencia positiva completamente pormenorizado y tan copioso y circunstanciado como el que conviene al especialista. Mas bien, por el contrario, le interesa olvidar el detalle en beneficio mismo del conjunto y del sentido fundamental de las grandes líneas sistemáticas. Los hechos capitales, principales, son los que han de atraer su atención. Más, para que estos hechos puedan ser manejados con plena garantía se necesita, por cierto, que en verdad gocen de la condición de tales, de manera que no se encierre en ellos alguna confusión, frecuente a veces, entre lo que es realmente un hallazgo seguro de la ciencia y lo que sólo tiene un valor simplemente hipotético96, como ocurre especialmente en las ciencias de la evolución y del origen del hombre, en las que no faltan mixtificaciones, conclusiones precipitadas y extrapolaciones del método científico, en las que se incurre, con lamentable frecuencia, en interpretaciones de conjunto pseudocientíficas de una superficialidad irritante. Desenmascararlas, poniéndolas en evidencia, es uno de los objetivos que aquí me propongo.

Me propongo mostrar también en esta última parte la superficial insuficiencia pseudoargumentativa de quienes hacen de la evolución algo así como el dogma fundamental de una nueva religión en el que debe creerse con un apriorismo anticientífico que sustituiría al viejo dogma de la creación por caduco e incompatible con “la ciencia”

No son pocos los que, seducidos por le prestigio de la ciencia de la evolución, consideran esta como un absoluto que todo lo explica, a modo de “religión liberada” –un mito de sustitución– que sustituye la Escrituras de los autores bíblicos, capaz de responder a todos los interrogantes, incluso al del sentido último de la vida. Algunos profesan el nuevo dogma con un pathos religioso que recuerda a los “beatos” teilhardianos de los años 60.




Compartir con tus amigos:
1   ...   18   19   20   21   22   23   24   25   ...   40


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad